Capítulo 42


A Kotoko le servía la compañía de sus amigas tras haberse enterado del fallecimiento de su antigua vecina y de haber ido a presentar sus respetos debidamente, por lo que estaba muy contenta de tenerlas en casa ese domingo.

Estar con Irie-kun el día anterior le había ayudado de sobremanera, pero había momentos en los que las amigas eran un bálsamo para ella, y también su extroversión la distraía un poco más que la quietud de él. Sí era un poco más abierto con ella, aunque seguía siendo una persona guardada para sí misma.

Además, desde que le confesó que ya estaba decidido a seguir el rumbo que quería, o, más bien, con esa sonrisa, le pareció que el aire cambiaba, y necesitaba las locuras de sus amigas para no pensar en ello y que su mente lo dejara pasar. Más que nada, hasta que no lo viera de nuevo en Pandai y no fuera una constante semanal.

Con la partida de Irie-kun podría respirar con mayor tranquilidad; ya no sería como en su época universitaria, cuando estando lejos buscaba estar enterada de él. Seguiría enamorada, como durante más de nueve años, pero no pasaría el día a día distrayéndose con sus preocupaciones por lo que estaría haciendo.

—¡Kotoko! ¡Has hecho un buen trabajo hasta ahora! —La voz de Satomi le sacó de sus pensamientos y le miró. Su amiga castaña sostenía su zapatito casi terminado, que la noche anterior Irie-kun había evaluado, quizá rozando mucho sus manos, si recordaba el estado de su corazón entonces.

—Me sorprende mucho de ti, Kotoko. Has trabajado muy rápido —acotó Jinko cogiendo el tejido con el ganchillo en él, como lo dejara antes de retirarse a dormir, muy somnolienta.

Kotoko se rió entre indignada y divertida.

—Irie-kun es un buen maestro —admitió encogiéndose de hombros.

—Definitivamente —señaló Jinko. —¿Habría hecho milagros como tu tutor durante la escuela?

—No hubiese existido modo de convencerlo. —En esa ocasión era su "deuda" por el hecho en el restaurante, y que eran "amigos". —Él dice que ha cambiado su forma de ser.

—Ahora es un adulto —aseveró Satomi. —Pero de todas maneras me sorprende que se prestara para una actividad como el tejido. Aunque supongo que tu relación con él es diferente, ¿no? —Sonrió de forma entusiasta. —¿Cómo van las cosas? ¿Te has confesado? ¿A él le gustas?

Jinko asintió repetidamente y puso bastante atención.

—¿Se han besado? ¿Es bueno en eso?

Ante tales preguntas, ella se sintió enrojecer.

—¡Ohhhh! —gritaron sus amigas en unísono.

—Cuenta, cuenta —pidió Jinko.

Negó con un suspiro, esperando desalentarlas.

—Ya no voy detrás de Irie-kun.

—¿Cómo! —exclamaron las dos. —¡¿Ya no estás…

Elevó sus manos de forma frenética.

—No, no es eso. Aún sigo enamorada de él, haga lo que haga no dejo de estarlo, no tengo remedio, ¿no? —Rió nerviosa—. Desde los quince años he estado detrás de mi primer amor y pase lo que pase mi corazón se niega a olvidarlo.

Satomi le cogió una mano. —Kotoko, ¿qué pasó? La última vez que supe estabas ilusionada y tan determinada en capturar su corazón, y ahora dices esto. ¿Es que te rechazó después de confesarle tus sentimientos? Si te duele mucho no tienes que lastimarte siendo su amiga. O… te sonrojaste… ¿es que acaso pasó algo y ya no quiso nada más contigo?

—Si es así, nosotras podemos ir a golpearlo —terció Jinko, y le dio una mirada a la castaña—. Eh, ella hablará y yo usaré los puños. ¡Él no las pagará!

—Irie-kun no es así. Y no me confesé, pero él debía saberlo. Ah, es complicado de entender si no conocen la historia completa, que es bastante larga.

—Tenemos tiempo. —Satomi sonrió.

Jinko afirmó con la cabeza. —Sí, nuestros novios no importan.

La pelirroja esbozó una sonrisa de agradecimiento. A continuación, les narró a detalle los acontecimientos relacionados a Irie, desde que se enamoró al escucharlo en la ceremonia de bienvenida y los años posteriores; pasando por su ingreso a Pandai y los encuentros de esas veces, como su persecución animada por la madre de éste. Entre lágrimas, compartió la aciaga noche en que se le rompió el corazón y el cambio ocurrido en ella como consecuencia, que era su nueva constante y el motivo por el que había cesado su interés en ser correspondida, a pesar de seguirle queriendo.

También habló de sus momentos con él tras esa noche y la relación amistosa que ambos tenían ahora, en que comenzaba a conocerle más de lo que en tantos años enamorada, y en la cual mantenía el objetivo de no prestar atención a su enamoramiento, a pesar de la confusión a la que él a veces la sometía. Le fue difícil de explicar neutralmente sus últimas acciones, pero a su modo consiguió llegar al día anterior, en el que concluyó.

Ese tiempo contenía todo tipo de emociones, dentro de las cuales dejar ir las más tristes se sintió como un alivio, como si hubiera sido una carga contenida en una parte profunda de sí, que, aun desahogándose antes, necesitaba expulsar y contar a otra persona.

Ella exhaló al terminar y su amiga embarazada se secó una lágrima de su mejilla, mientras la otra inspiraba repetidas veces.

—No sé si esté bien odiarlo o no —susurró Satomi, apretando la mano que le había cogido en algún punto de su relato. —Es, podría decir que se ha resarcido un poco en los últimos tiempos, porque no va con su imagen… pero, aun así, como amiga no me gusta que pasaras por todo eso, menos tú sola, y no se merece mi consideración.

—Haces bien en mantener tu recelo, Kotoko —manifestó Jinko apretando sus manos en puños—. Irie es un tonto, después de lo que ha hecho lo menos que podría recibir es tu devoción. Cree que por ser un genio y un exitoso vale la pena.

Satomi le dio un codazo en el costado. —Nada de lo que creamos importa, nosotras te apoyamos en lo que decidas. Has decidido crecer personalmente e ignorar nociones románticas con Irie, pues bien. —Hubo un carraspeo de su parte—. Y si… digamos, esos momentos que te confunden significaran que él te corresponde, y él se confesara y pidiera una oportunidad contigo, ¿qué harías?

Kotoko rió rascándose la cabeza.

—Ya no quiero pensar en algo que no es.

—Piénsalo —agregó Jinko—, es bueno estar preparada. Si después de casi una década te dice que está enamorado de ti, si la persona que amas te quiere, ¿qué responderías? Toda chica se siente feliz cuando ama y es amada por el chico que quiere.

—Han sido muchas oportunidades para que él lo hiciera —replicó ella en forma monótona—, tantas, que las esperanzas se guardaron en un baúl en mi mente. Pero si pasa, si él me amara después de tantos años, yo… yo…

Sus amigas le miraron expectantes.


Naoki se encontraba en su oficina observando el rectángulo de papel en su mano, a la espera de la pronta llegada de la pelirroja.

Había buscado las fotografías del bosque el domingo y había impreso una en especial para entregársela a Kotoko, en tanto las otras pretendía enviárselas después de darle la primera.

La escena que había inmortalizado con la cámara era una que le había robado la respiración, quizá inspirado por la libertad que sentía en ese ambiente y después de mucho tiempo hastiado con la vida. La fotografía mostraba numerosas mariposas amarillas que sobrevolaban un arbusto de flores blancas, ubicado en un claro bañado por el sol; desde el ángulo que la había capturado, además, los restos de una lluvia reciente formaban un espectro luminoso con los colores del arco iris, magnificando el momento.

Era, sin duda alguna, una estampa muy pocas veces vista. Y él, en lugar de compartirla, la guardó celosamente y solo hasta tratarse de ella la mostraría, incluso se la daría para conservarla, ya que sabía que le podría gustar.

Se imaginaba la sonrisa que pondría, y si no tuviera muchas actividades en puerta, trataría de que ella permaneciera con él en la oficina, con tal de verla.

Había pensado en darle la fotografía justo antes de confesarse, pero prefería hacerlo por separado.

Y, además, se sentía un poco indeciso sobre expresar sus sentimientos, relativo a su próxima inseguridad laboral. Quería ser claro con Kotoko y sincerarse, esperando que ella le aceptara, lo cual le haría muy dichoso; sin embargo, al meterse de lleno en un nuevo proyecto no le dedicaría el tiempo ni los cuidados que ella merecía.

Si se confesaba, no estaría otra vez pensando que alguien se interpondría en su camino, pero su nueva etapa le robaría gran atención de Kotoko, del modo que a ella le gustaría ser tratada por él. Estar con alguien era un compromiso que no debía tomarse a la ligera. (Asimismo, de no cuidarse, su madre se involucraría.)

Por otro lado, si no se confesaba, corría el riesgo de dejar pasar la oportunidad y que ella encontrara a una persona con la que formar una relación; aunque él podría trabajar para ofrecerle un hombre mejor del que era ahora y tendría más tiempo para estar juntos.

Era irónico que la mañana de dos días antes hubiese estado seguro de intentarlo, y esa misma noche hubiese salido de casa de ella con dudas, tras decidir comenzar con su propio sueño profesional.

Querer a una persona daba miedo, y le producía incertidumbre. Nada era suficiente. Él, que nunca se debatía o flaqueaba, reconocía la diferencia que provocaba estar enamorado. No era tan sencillo como lo pintaban en las historias, sino tenía sus altas y sus bajas. Ninguna otra cosa lo habría hecho sentir tan humano como enamorarse.

Y, por sorprendente que fuese de pensar para su antiguo yo, no quería que esa emoción desapareciera.

—¿Hola?

La dueña de sus pensamientos llamaba del otro lado de la puerta, así que respondió al tiempo que ponía bocabajo la fotografía.

—Buenos días.

—Buenos días, Irie-kun, pensé que no estabas —dijo Kotoko ingresando a su oficina. —Llamé dos veces y no contestaste; no molesto, ¿o sí? —preguntó deteniéndose en seco tras unos cuantos pasos.

Naoki movió la cabeza en negación.

Suspirando, ella prosiguió su camino hasta el escritorio con el carrito y ya ahí cogió un par de folders.

Él volvió a tomar la fotografía y se la entregó bocabajo después de recibir su mensajería. Kotoko le dio la vuelta y jadeó sonoramente.

—¡Es hermoso! ¿Qué sitio es? Esta imagen es impresionante —alabó ella con los ojos resplandeciendo de emoción.

Reprimió una sonrisa. —Es una de las fotografías que tomé del bosque.

—¿Tú hiciste esto! Irie-kun, es asombroso, parece que la hizo un profesional. No se mueve, pero está llena de vida y casi puedo sentir lo que es estar ahí y ver a las mariposas volando en medio del arcoíris. ¡Me encanta!

—Utilicé el equipo de fotografía de mi madre, la resolución es bastante buena. —Mientras lo decía, la veía acariciar la imagen con su pulgar, absorta en el paisaje capturado. —Te enviaré ésa y las otras que tengo en digital.

—¿De verdad? ¡Gracias, Irie-kun! Deben ser igual de buenas. —Ella extendió su brazo hacia él para regresarle la fotografía.

—Quédatela.

—¿Está bien que lo haga? Puedo tenerla de forma electrónica —repuso ella con cara dubitativa.

Negó.

—Te lo agradezco, la cuidaré bien. —Sus orbes almendrados miraron la fotografía un momento antes de depositarla en el carrito, con el reverso blanco dando la cara al cielo. —Irie-kun…

Él hizo un sonido de reconocimiento, invitándola a seguir.

Kotoko, nerviosa, abrió la boca un par de veces, sin poder continuar. Conforme a lo decidido el día anterior con sus amigas, quería confesarle lo que pasó el día que estaba enfermo, y decirle de una buena vez, sin malentendidos ni verdades a medias, que estaba enamorada de él. Según Satomi, tenía que sacarlo de su sistema tras largos años.

Tenía que decirlo, independientemente de si le correspondía o no; era una forma de poder continuar con su crecimiento personal, así como el modo de poder aclarar si él sentía algo más que amistad por ella, o no.

(Y debía borrar las mentiras o secretos entre los dos, de ahí hablarle del beso.)

—¿Tienes algún problema? —pidió saber él en tono preocupado.

—No. —Al menos no lo veía así. —Verás, hay algo… eh…

En ese momento llamaron a la puerta y ella frunció el ceño irritada por la interrupción luego de reunir el valor.

—¿De quién se trata? —preguntó Irie-kun en voz alta.

La puerta se abrió y Shigeki-san se asomó con una sonrisa bonachona.

—¡Oh, Kotoko-chan! ¿Interrumpo?

Era incapaz de decirle a su jefe que sí, porque se trataba de un tema personal, de manera que negó con la cabeza.

—Traje la correspondencia de Irie-kun, oji-san.

—Bien. ¿También tienes la mía? Puedes dármela ahora. —Asintió y se dispuso a cogerla. —Nao, recibí tu mensaje, ahora tengo tiempo libre para hablar. Me pareció que querías conversar sin que mamá pudiera aparecer, o habrías ido a casa ayer por la noche.

Ella se quedó quieta un segundo, suponiendo que Irie-kun quería comunicar su futura renuncia. Si era así, debía abandonar la idea de hablar con él ese día, ya que debía tocarse un tema delicado a la vez.

Dándose cuenta que les estorbaba, se apresuró y entregó sus sobres al jefe de la compañía, quien sonrió agradecido, ocupando el uno de los asientos frente a su hijo.

—Yo me retiro —dijo ella, alejándose hacia la salida.

—Hasta luego, Kotoko-chan.

Junto a la puerta ella se volvió unos instantes y elevó un pulgar a Irie-kun. Él, apartando un momento la mirada de su padre, asintió.

Cuando salió, se preguntó cómo iría y deseó poder escuchar el intercambio.


En el interior de la oficina de Naoki, éste mantuvo su mirada en la puerta, preguntándose qué había tribulado a Kotoko momentos antes y si la interrupción de su padre había sido oportuna o no.

Diciéndose que después lo resolvería, regresó sus ojos hacia su padre, que parecía extremadamente contento contemplándolo. Para él debía ser toda una alegría que se fijara en la hija de su mejor amigo, pues si lo suyo progresaba hasta el matrimonio, sería familia con el chef.

—Fue una buena decisión destinarla a tu cuidado —comentó su padre sonriendo. —Kotoko-chan alegra el día de todos los que se cruzan con ella.

Él curvó su boca sin decir nada. Segundos después, recuperó la seriedad precisa para el tema que quería conversar con su progenitor, del cual le parecía más adecuado no irse por las ramas.

—Tengo nuevos planes laborales.

El hombre que se incorporó en el asiento le dejó claro que era el jefe de la empresa.

—¿Planes que incluyen a Pandai?

—No —contestó firmemente—. Permíteme renunciar a mi cargo y a la futura posición de presidente de la empresa.

El rostro de su padre se quedó lívido y Naoki le vio tomarse unos momentos para respirar, preocupado por alguna consecuencia imprevista con la noticia. En los chequeos constantes que se hacía no salía nada grave, por lo menos no desde su cambio de estilo de vida… pero tal vez requería más tacto por consideración a su salud.

Sintió un escalofrío recorrerle la columna conforme la tensión crecía.

—¿Papá? —musitó inseguro, a punto de ponerse en pie con el teléfono en mano.

El mayor enfocó sus ojos marrones en Naoki, analizándolo sin palabras.

—Has cambiado, Nao —pronunció Shigeki de forma lenta, finalmente recuperado de la impresión.

La noticia le llenaba de pesar, aunque conocía a su hijo y sabía que debía haberlo pensado bien, y tenía una explicación a esa decisión. Sin embargo, no se esperaba ver un rostro más expresivo que antes, que, no podía decir con seguridad, debía relacionarse a cierta jovencita pelirroja.

Su hijo mayor asintió.

Él, antes de pensar en su empresa, se alegró. Luego de mucho tiempo, Naoki había hecho a un lado los estragos de su infancia y parecía un joven más vivo que en los últimos años.

Lamentaba no haber sido partícipe de ese logro.

Y si también ese cambio se relacionaba a la decisión de dejar Pandai, aceptaría abandonar su sueño de que su primogénito tuviera las riendas de su empresa con su jubilación. Nunca antepondría el bienestar de su hijo a un bien físico, ni tampoco a sus deseos egoístas.

Sería triste, pero ver a Naoki con más soltura lo valía.

No obstante, quería escuchar lo que tenía por decir, el motivo que lo orillaba a abandonar un futuro bien establecido.

¿Sería eso lo que había insinuado una vez Ai-chan?, se preguntó.

—Explícame tu decisión.

Su hijo suspiró.

—Hasta ahora, nunca he tenido dificultades para hacer una actividad, pero no las he hecho con gusto, ni verdadero interés. Pandai incluida —expresó Naoki en tono de disculpa. —Sin embargo, he hallado algo que quiero hacer, a lo que deseo dedicarme, y no puedo continuar ignorándolo por más tiempo. Me disculpo por decepcionarte, pero me es imposible seguir en la empresa y hacer un trabajo que no disfruto… en un sueño que no es el mío.

Shigeki cerró los ojos un momento.

Naoki había encontrado su propia meta. Tenía interés en algo.

Le produjo una sensación de orgullo que tiró abajo cualquier argumento en contra que tuviera respecto al tema.

(Quizá, si Yuuki no estuviese tan seguro de trabajar en Pandai, habría tardado más en estar de acuerdo.)

Todavía no sabía qué era su meta, ni nada en específico, pero ya la apoyaba.

—Aprecio tu sinceridad —suspiró—. ¿De qué se trata?

—Quiero trabajar en el campo de la tecnología médica y enfocarme en ello a partir de ahora. Por supuesto, me tomaré quince días antes de concluir mis labores en la empresa y prepararé a mi sustituto.

Rió quedamente.

—Me hace feliz que encontraras algo para ti —dijo de forma sincera. —Y por eso tengo que aceptarlo, Nao.

El mayor de sus hijos parpadeó como si no creyera la facilidad con la que había recibido su noticia. Y no era el único sorprendido, probablemente más tarde tomaría verdadera consciencia de eso, pero Naoki no tenía por qué saberlo. Antes que su jefe, era su padre. Con una gran deuda después de no luchar más por él en la infancia y de imponer su sueño en él.

—Gracias, papá. —Su hijo se puso en pie y se inclinó respetuosamente, sentimiento que se reflejó en sus ojos, como nunca antes.

Sí, había cambiado.

—Siéntate —indicó sin dejarle así mucho tiempo. —¿Ya tienes un plan trazado?

Naoki asintió.

—Entonces no me queda más que desear éxito para tu nuevo proyecto. Mamá y Yuuki también lo querrán.

—Se los diré esta tarde.

—Bien. Y… ¿qué harás con Kotoko-chan?

Casi soltó una carcajada al ver que su hijo abría los ojos de más, desviando la mirada incomodado. Esa acción dejó en claro lo genuino de sus sentimientos, pues de otra forma su expresión se habría mantenido imperturbable, como antes.

—Si formalizara una relación con ella, tendría que estar debidamente establecido y preparado para poder darle la atención que se necesita. Quizás ahora no sea el momento.

—No hay tiempo adecuado para el amor —comunicó, copiando una de las frases de su esposa—; pero como hombre, comprendo lo que tratas de hacer. Eres inteligente, y harás aquello que consideres mejor.

Por su bien, esperaba que todo saliera como deseaba.


NA: Con la plática entre padre e hijo, escribía y borraba, y volvía a hacerlo. Las palabras nunca eran adecuadas.

Y lo de Kotoko no lo hice tan emocional, porque con esas amigas que tiene nada es un momento serio. Digo, son las chicas que "discutieron" el compromiso de Kin-chan con su amiga a espaldas de Naoki.

Besos, Karo.


Sydned: Ha,ha, it was pretty obvious that a kiss would happen, but nooooo. I have to change for a while, though the rain scene will allways be welcomed. I agree with you, I prefer a mature relationship between then, rather than a childish one. Maybe I enjoy writing both. xD - Thanks to you for reading and reviewing. Hugs!