Los días siguientes fueron más calmados, Rihan se tomó muy enserio su pedido, aprovechaba cualquier oportunidad para besarlo, a veces con intensidad y otras solo como una suave caricia, el daiyoukai no estaba seguro de cual le trastornaba más la cabeza.
— Sesshomaru— se giró al escuchar el llamado del que ahora era su amo— Es hora, debo reunir demonios— sonrió y cerro un ojo.
— Ya era hora— bufó molesto. Vio con confusión como el ayakashi iba detrás de un árbol y volvía con una bolsa— ¿Qué es?
— Te lo diré si prometes no enojarte— sonrió sacando la punta de su lengua.
— Está bien, supongo— se arrepintió enormemente cuando vio lo que saco; poco falto para que la vena de su frente estallara— Te voy a matar.
— Prometiste que no— respondió confiando, le extendió lo que llevaba.
Era su ropa. Por la que había vuelto en el mes que el idiota había desaparecido, pero ya no estaba; había dado por hecho que los humanos se lo habían llevado; pero no, era el sinvergüenza que tenía en frente y sonreía con confianza. La próxima lo pensaría mejor, antes de prometer algo.
— Te ayudare a vestirte.
— Si te acercas, perderás algo— aclaró, consiguiendo que el idiota ya fuera camino en sentido contrario; realmente agradecía, que el hombre aún lo tomara en serio, teniendo en cuenta que solo le había dado un golpe, por pura suerte. Era arrogante lo aceptaba, pero definitivamente no era idiota.
— Vamos a la aldea — dijo Rihan tranquilo, después de ponerse su ropa estaba tras él, camino a su destino.
— ¿Por qué? — frunció el ceño viendo como la aldea se veía cada vez más cerca.
— Tengo que despedirme— sonrió el moreno, Sesshomaru enarco una ceja con incertidumbre. — Puedes comprar frutas, me gustan— le entrego un dinero, que no tenía idea de donde había sacado.
— ¿Crees que soy tu mandadero? — gruño molesto, pero solo recibió una palmada en la cabeza como si fuera un crio. Lucho contra el instinto de sacar sus garras y atacarlo, no era un buen lugar. — Me las pagarás— amenazó por lo bajo, el otro se despidió y empezó a caminar; él por su parte se giró y busco algún pequeño puesto donde vendieran las dichosas frutas.
Compro lo necesario, se enojó y amenazó a más de un imbécil que lo quería robar. Por Rin había aprendido lo suficiente de como funcionada el lado humano. Y luego cuando por fin tuvo lo que el caprichoso quería, empezó a buscarlo. Pero no lo encontraba, recorrió la aldea de arriba a abajo y nada que aparecía. Empezó a gruñir por lo bajo y las personas comenzaron a evadirlo, si no aparecía rápido haría algún daño.
— Señor Koi— escuchó de nuevo el nombre y sabía de quien se trataba, se giró y su rostro se heló un momento, el hombre tenía chupones por su cuello y ya que la parte superior de su kimono estaba medio abierta se veían también los de su pecho. Rihan sonreía con su ojo cerrado, pero su sonrisa se congelo cuando lo vio.
— Sesshomaru— susurró sorprendido, el daiyoukai que no era considerado frio en vano, se acercó con su elegancia característica e hizo una reverencia que solo hizo que los ojos del moreno se abrieran más.
— Señor Nura, ya compre lo necesario; lo esperare en el lugar de siempre. Con permiso señoritas— dijo con toda la tranquilidad. Se giró aun consiente de la sorpresa que no abandonaba al idiota y se dirigió de nuevo al bosque. Medio enojado, medio indignado.
Lo peor fue que realmente tuvo que esperar bastante, era de noche cuando el otro al fin regresó; el de cabello plata hizo la comida y se la sirvió. Rihan no dijo nada, no se explicó, ni excuso, para ser sinceros no mencionó nada. No sabía si enojarse o algo, ¿Debería? O más bien ¿Tendría el derecho? Era claro que no tenía ninguna relación o algo así, después de todo solo se había dado besos, pero ¿Era necesario hacerlo en su cara? Bueno realmente no había sido en su cara ya que él mismo lo había buscado.
Cerró los ojos decidiendo no pensar más en ello, si para el otro no era importante; no se mataría la cabeza con eso.
— ¿Celos?— preguntó al otro día el moreno al ver que el daiyoukai no lo había mirado. Sesshomaru enarcó la ceja con algo de sorpresa.
— No digas tonterías — bufó el aludido dándole la espalda.
— Entonces ¿Puedo darte un beso? — pregunto sonriendo.
— No — su rostro no dejo de estar impasible. Una risa hizo que mirara al de cabello negro — No te equivoques — aclaro con seriedad logrando que la sonrisa de Rihan se perdiera y fuera reemplazada por un ceño fruncido. — No soy ningún púbero para competir por la atención de nadie — Rihan se quedó en silencio ante estas palabras — si quieres quedarte con ellas, puedes hacerlo, pero conmigo no te involucraras más. — Sin decir otra cosa se alejó.
— Entonces, ¿ya terminaste conmigo? — pregunto serio el segundo heredero.
— Tal parece — su frialdad se derritió rápidamente cuando sintió al otro tras él.
— ¿Y qué te hace pensar que lo aceptare tan fácilmente? — Susurró en su oído — De mí no te has librado.
— No digas tonterías — se retorció el daiyoukai ya que el moreno había puesto sus brazos alrededor.
— Si me dejas hablar lo haré— dijo el moreno sin soltarlo.
— ¿No te hacías el interesante hace un momento? — gruño sintiendo que sus colmillos bajaban.
— Sé que esto no arreglara nada, tal vez lo empeore, pero tengo que decirlo— hablo con seriedad, el de ojos oro lo miro confundido— te vez sexy enojado.
— ¿Qué…?
— Dije que no serviría de nada, ahora, déjame hablar— siguió como si nada, pero Sesshomaru se retorció con más fuerza.
— Suéltame.
— Deja de ser terco y déjame hablar— gruño apretando con fuerza, el de cabello plata era fuerte.
— Cállate.
— Está bien ¡Maldición! Estos no son chupones— esto finalmente llamo la atención de un incrédulo daiyoukai— y esas tampoco eran mujeres.
