Capítulo 43
Un silencio sepulcral se produjo en la habitación donde Naoki se encontraba con su madre y hermano. Acababa de comunicarles sus intenciones profesionales a los miembros restantes de su familia y esperaba sus reacciones.
La más delicada a tratar era la de Yuuki, pues sabía que se decepcionaría de no trabajar codo con codo para mantener a Pandai en una buena posición en el mercado, ni cumplir con ese plan de ayudarse como hermanos, algo que el menor le había comentado años atrás. Él lo habría hecho de no descubrir su propio anhelo.
—Oh, onii-chan —habló su madre, pestañeando—, es muy… inesperado. Yo pensé que te quedarías en Pandai por Kotoko-chan… ¿es que no quieres verla todos los días?
Él mantuvo su boca en una línea firme, sin responder. Solo su madre pensaría en aquel hecho.
Ella suspiró dramáticamente. —Espero que hagas esto para que pueda sentirse orgullosa de ti. Pero… —Hizo una pausa y sonrió serena, mostrándose sorpresivamente como la adulta madura que se suponía que era. —Estoy feliz por ti, Naoki. Siempre quise que tú… —Su madre se interrumpió con un sollozo. —¡Estoy tan feliz!
Dicho eso, ella se puso en pie, colocó una mano sobre los cabellos de Yuuki y se acercó a él para apretar sus hombros. —Te estás convirtiendo en un hombre, onii-chan. Mamá está contenta y tan orgullosa. Finalmente ha pasado lo que tanto esperaba. —A él le tembló el párpado—. ¡Siiií! ¡Pronto me darás nietas!
Él estuvo por replicar, pero su madre le guiñó un ojo moviendo la cabeza en dirección de su hermano y salió de la habitación, murmurando acerca del futuro.
Naoki puso los ojos en blanco y después los enfocó en Yuuki, quien parecía cabizbajo.
—No creas que estoy triste. —Su hermano tomó la palabra, alzando el rostro. Una ligera sonrisa curvaba su boca a la derecha. —Me encuentro… sorprendido, nunca creí que podrías hacer algo así. Eres muy valiente por enfrentarte a las expectativas de todos, onii-chan. Sé que llegarás a ser el mejor, no porque seas muy bueno para hacer las cosas, sino porque harás lo que te gusta… Y por eso no puedo sentirme decepcionado con tu decisión. —Yuuki hizo una corta venia. —Ten mucho éxito.
—Gracias —replicó él un poco corto de palabras. Su impresión pasada de la madurez de Yuuki volvía a repetirse. Sin duda, era la mejor versión de sí mismo, lo que tal vez podría haber sido si hubiese vivido diferente.
Su hermano se dejó caer al respaldo de su asiento con holgazanería.
—Has cambiado, onii-chan —musitó con más seriedad de la que dejaba ver su postura. —No es mi percepción de ti, sino que eres diferente; el Naoki que recuerdo de mi infancia parecía imposible de alcanzar. Y ahora… Incluso no podría haberte estado diciendo esto, me habría sentido intimidado de molestarte con este tipo de temas.
Naoki soltó una risa corta, enmascarando lo incómodo que se sentía por las emociones que experimentaba ante la verdad. Ciertamente, no era la misma persona que debía pasar por la mente de su hermano menor, y se preguntaba cómo podría haber pasado el tiempo de esa forma.
Siempre habían sido cercanos, pero existía algo que colocaba a Yuuki por detrás, en lugar de tenerlo a su lado. No era lo suficientemente "humano" entonces. Ahora podía estar más a gusto con su relación.
—Y pensar que estar cerca de una chica del F ha logrado algo como eso, creo que no hay que menospreciarlas… —comentó Yuuki, aunque parecía que hablaba para sí. —Tal vez…
—¿Hablas de alguien más? —preguntó Naoki, más para asegurarse que no se trataba de Kotoko y aprovechar el cambio de plática.
Su hermano menor rió suavemente. —Kotoko-san es demasiado mayor para mí, pero quizá he juzgado mal a las chicas del F y debo rectificarlo, puede darme una sorpresa.
Definitivamente había una persona, aunque Yuuki no iba a mencionarlo, menos con el peligro de su madre oyendo detrás de la puerta. Naoki se encogió de hombros y pensó que él tampoco era comunicativo; cada uno se enfocaría en su propia vida amorosa.
—A veces sorprenden —murmuró, pensando en la chica pelirroja.
A mitad del horario laboral del martes, Kotoko se dio cuenta que el día anterior no tuvo ningún otro contacto con Irie-kun, quien hasta ese momento de la jornada, en que ella recibía un documento del que necesitaba su firma, no había recibido nada más de los otros empleados.
Se preguntó si no había estado de humor u oji-san estaba involucrado, después de recibir la noticia de que su hijo abandonaría su puesto en la empresa.
Aunque sabía que no era su asunto, sentía la típica curiosidad de una persona normal (si supiese que el hijo del jefe rechazaba ser su sucesor). Esperaba que las cosas no tomaran un rumbo negativo para los Irie, porque eran una familia muy cercana para verse afectados de ese modo. Y mucho menos quería que Irie-kun la pasara mal; ya había padecido en el pasado a causa de su madre, no había que agregar al padre.
Por otro lado, un percance como ese retrasaría su conversación con él respecto a los sentimientos que tenía desde los quince años.
Emitió un largo suspiro. Debió haberle entregado una carta durante la preparatoria, como se estilaba en esos tiempos; de ese modo habría concluido todo en el pasado y no sería tan ridículo como decir que ya casi tenía diez años enamorada de él. Sobre todo tras su ridículo acoso, con el que Irie-kun debió sospechar de sus sentimientos.
Kotoko frunció el ceño y se golpeó las mejillas con las palmas de sus manos. Estaba flaqueando bastante luego de los ánimos de sus amigas de zanjar las cosas de una vez por todas, aclarando hasta los mínimos hechos para cerrar bien el ciclo y avanzar triunfante.
Era el momento, pensó sosteniendo con fuerza el carrito.
Llamó al ascensor y sintió que alguien se detenía a su lado.
—Hiroaki-san —saludó a su compañero, que inclinó su cabeza y presionó el botón de descenso en la pared, manteniendo a buen resguardo el paquete grueso en su brazo libre.
—Pareces tener un día ligero —observó el chico señalando su carrito.
Ella asintió y notó que él no tenía el suyo. —Hoy las cosas parecen un poco lentas.
Hiroaki-san frunció el ceño, mirándola casi escéptico. —No lo creo, con lo que se rumorea de… —Él calló sonrojado al tiempo que sonaba la campanilla del elevador. —Vaya, es el mío. Debo irme, tengo que hacer una entrega fuera de la empresa. Nos vemos, Kotoko-san.
Anonadada, ella se despidió con una mano y siguió esperando al ascensor que subía, preguntándose qué había estado por decir su compañero, más porque éste era un poco curioso a los rumores y conseguía enterarse de lo que pasaba en las diferentes áreas donde andaba.
Se encogió de hombros al abrirse las puertas de un elevador y caminó hacia la cabina. Era tanto lo que se podía comentar en una oficina que podía ser cualquier cosa; ella perdía la cuenta de todos los rumores, y sabía que iba muy atrasada en ellos. Si no los olvidaba, estaba tan distraída que no se enteraba… lo último que sabía era de la pareja entre el secretario del departamento de capital humano y un recepcionista, y eso había sido en abril o mayo.
Llegó rápido a donde estaba la oficina de Irie-kun y allí enfrente se cruzó con Shinohara-san de diseño, que guiñó un ojo antes de pasar a un lado de ella, haciéndole mirarla sobre su hombro confundida.
Debía ser su imaginación diciéndole que era para ella y no un tic nervioso; no había motivo alguno para que conspiraran juntas.
Volviendo la vista a la oficina de Irie-kun, llamó a su puerta; él le respondió rápidamente, invitándola a pasar.
Irie-kun estaba de pie junto a su escritorio, donde había algunas montañas de papeles, a una de las cuales agregó una hoja más antes de alzar la mirada y asentir en forma de saludo.
—Hola, Irie-kun. Me enviaron por una firma tuya —le informó, titubeando si hablarle de otra cosa, pues parecía muy ocupado, más que otras veces.
Él extendió la mano hacia ella y rápido le dio el fólder. —Toma asiento mientras leo —invitó a la vez que lo abría, apoyándose en una esquina del escritorio de manera desenfadada.
Para no acercarse demasiado a él, ocupó un espacio en el sofá, cruzando los dedos de sus manos sobre su regazo, debatiéndose consigo misma. Probablemente el sitio de trabajo no era el mejor sitio para lo que iba a decirle, pero no iba a poder reunir el valor de citarlo en otra parte y encararlo; además, allí podía poner la excusa que tenía otra cosa que hacer y huir.
—A partir de mañana comenzarás a llevar mi mensajería a Nishikado-san, que será mi reemplazo.
Ella miró a Irie-kun con ojos muy abiertos. —Oji-san… ¿él…
—Sí —respondió él sin despegar la mirada de su lectura—, dejaré la empresa en quince días, pero desde mañana será como si ya no estuviera en Pandai. Nishikado-san empezará a ser entrenado y mantendré comunicación constante con él, así que los papeles deben pasar por sus manos. De cualquier modo, antes del término del día todos recibirán un memorándum y mañana temprano habrá una reunión con los vinculados a mi puesto.
Asintió, aunque no la veía.
—¡Qué bueno, Irie-kun! Estarás más cerca de tu sueño. —Aplaudió y luego hizo una mueca al notar lo ruidosa que estaba siendo. —Supongo que conseguirás librarte de mis tropiezos de una buena vez.
Él puso sus orbes violáceos en ella y sonrió de un modo enigmático, como si supiera algo que ella desconocía… nada sorprendente.
Kotoko no podía saber que no verla constantemente era lo único que Naoki lamentaba en su decisión, mucho más porque dudaba qué hacer respecto al deseado estado romántico entre los dos.
Aquella joven pelirroja era lo único de su vida actual que no era arreglado todavía.
Él renovó la lectura del informe sobre el último proyecto en que se había involucrado y escuchó el sonido que hacía la falda de ella al moverse en el sofá, intuyendo que estaba inquieta por el ruido constante. De ser un documento con mayor longitud, se habría fastidiado, pero al poder firmar rápido, no hubo necesidad de llamarle la atención.
Cerró el fólder y la observó, lucía nerviosa.
—Ayer ibas a mencionar "algo" antes de la interrupción de mi padre —abordó sin regresarle el documento, que colocó en un espacio libre de su escritorio.
Ella tragó saliva y movió la cabeza a manera de afirmación.
—¿Tienes tiempo? —preguntó Kotoko en un susurro.
No tenía nada demasiado acuciante, por lo que asintió. Tampoco podría trabajar consciente de que ella estaba inquieta por no poder hablar con él. (Los rumores le traían sin cuidado.)
—También puedo reunirme cuando termines de trabajar —ofreció para animarla a hablar de una vez, caminando hacia ella para ocupar el asiento que tenía al frente, algo que resultó no ser buena idea, ya que se movió incómoda.
Ahora se sentía muy curioso al respecto.
—Tengo que hablar contigo antes de que te vayas de Pandai, creo que hoy es mejor que nunca —expresó ella sin respirar. —No habrá otra oportunidad después.
Él frunció el ceño, porque casi sonaba como si no fuesen a verse más adelante… cosa que él no permitiría. Y, por fortuna, para lo que la relación entre sus familias estaría de su lado.
—Adelante —pidió muy desconcertado sobre qué podía ser tan importante. Su rostro parecía más nervioso que nunca.
Ella se mordió el labio inferior y luego aspiró una gran bocanada de aire. Comenzó a sentirse tenso por tanto prolegómeno, mas tenía la sensación de que apremiarla sería contraproducente, sin importar lo preocupado que estuviera por ella.
—Sé de ti desde los quince años —murmuró Kotoko, apretando sus manos al punto de dejarla blancas. Él no supo si interrumpir, pese a su asombro. —El día que diste el discurso de bienvenida, atrapaste mi atención… y, en los años siguientes de preparatoria, me enamoré de ti.
Sintió su corazón saltar y acelerarse, escuchando repentinamente esa confesión de la mujer que quería.
—Estuve atenta a ti durante la preparatoria, aunque nunca lo notaste, después de todo yo era una tonta chica de la clase F… y tú el genio de CI de 200, y mejor estudiante de Japón. Pero eso no me detuvo, aun si quería ser tu amiga, me sentía feliz de mirarte desde lejos, eras tan genial, en la escuela y en el tenis.
Ella hizo una pausa que mantuvo la tensión en la oficina. Él no sabía si podía hablar, preguntándole si sus sentimientos eran solo del pasado o si quedaba una parte de ella que se interesara en él. Tenía temor de escuchar que no, como de decirle sobre las emociones que ella le ocasionaba.
Durante un instante, trató de imaginar cómo habría sido si la notara en su época escolar. Probablemente la habría rechazado igual que a las demás.
—Nunca me atreví a confesarme.
¿Y por qué ahora sí?
—Lo que hice fue poner todo mi esfuerzo en entrar a la universidad y no sentirme tan poca cosa, encontrar mi propio sueño como tú pareciste hallar el tuyo en Todai. Seguí… —Le temblaron los labios—. Seguí… A pesar de ser una adulta universitaria y no una adolescente estudiante… seguí atenta a ti y buscaba sobre ti en los lugares que podía.
Kotoko tenía mucho valor y devoción para hacer algo como eso. Ahora bien, comenzaba a sentirse confuso sobre el por qué hablaba de aquello.
—No me atreví a hacer más —dijo ella agitando sus manos al aire, mirándolo por primera vez. —Solo veía revistas y redes sociales. Lo juro.
En su rostro no atisbaba más que azoramiento, frustrándole por no encontrar la determinación que habría de tener en una confesión de amor. En el fondo de él experimentó diferentes clases de sentimientos difíciles de interpretar.
Asintió, porque ella esperaba su respuesta.
—Entré a trabajar aquí porque vi el anuncio en un periódico, no porque tú fueses hijo del dueño; no sabía mucho sobre lo que haría y pensé que no me cruzaría contigo… —Ella suspiró. —Pero no fue así y me correspondió ser tu mensajera. Estaba tan nerviosa y contenta, yo sabía que era torpe y más si te veía, no iba a dejar una buena impresión en ti, que comenzaste a odiarme por ser tan ineficiente y causar problemas en tu trabajo.
—Nunca lo he hecho —le recordó, al haberlo hablado antes.
—Lo sé, yo solo, es para que no me pierda. Y tengo que decirlo todo. Debe ser una molestia para ti…
—Continúa. Di lo que tienes preparado.
Ella sonrió y bajó de nuevo la cabeza con una actitud de lamento.
—Hasta junio pasado, yo… no era lo bastante normal, pero cuando conocí a oba-san ella me animó a estar enterada de tu vida para que tú me hicieras caso… De hecho, me envió información detallada de tu rutina y… fotografías tuyas.
Su párpado izquierdo tembló, aunque no estaba muy sorprendido de lo que podía hacer su progenitora. No obstante, recibió la confirmación de los sentimientos de Kotoko en esa etapa.
Kotoko se cubrió el rostro con las manos. —Me inscribí a tu gimnasio, te envié notas, te esperaba por las mañanas para coincidir contigo en el ascensor, te seguí al centro comercial, confabulé con tu madre y me entrometí en asuntos tuyos que no debía… y… aunque no quise, entré a tu casa sin tu permiso. La noche del restaurante yo no sabía que estarías ahí, pero estabas en lo correcto al decir que te acosaba. No pensaba que lo hacía… Yo solo estaba enamorada de ti y creía ingenuamente que nos acercaría… yo pensaba que después de años tú finalmente me verías.
Un sentimiento de inquietud se coló en su pecho. —¿Por qué estás hablando de esto? —musitó, incapaz de permanecer escuchando solamente.
Ella se apartó las manos de la cara.
—Debo cerrar ese ciclo… y debo ser valiente para hacerlo. Así puedo continuar. Supongo que… supongo que sospechabas que me gustabas, ¿no?
—Sí. —¿A qué se refería con continuar?
¿Le dejaría atrás y no permitiría que sus sentimientos la alcanzaran? ¿Ni que llegara a ser una persona digna de ella?
Kotoko soltó un resoplido, escuchando esa respuesta del castaño.
—Cuando dijiste que yo era transparente se me ocurrió que así sería —manifestó ella ya resignada. Había estado haciendo el ridículo siguiéndolo, con Irie-kun soportando muy bien. De pura fortuna le terminó agradando y "entendiendo su efecto".
—Para ser sincero, hubo un tiempo en que lo creí y otro en que no —respondió él en tono ecuánime.
Sin embargo, en ninguno de esos se le ocurrió alimentar sus ilusiones o confundirla.
—Hay algo más —agregó, para quitarse lo que quedaba de peso en sus hombros. —Hace unos días, cuando enfermaste, tú estabas dormido y yo te besé… me tropecé y caí sobre ti, no sé qué estabas soñando y me besaste también, pero yo no me separé.
Lo vio sonreír.
—¿No estás molesto? —inquirió dubitativa.
Él se mantuvo observándola silenciosamente, provocándole nervios y una boca seca. Ansiaba saber qué estaba pensado y por qué la analizaba de esa forma. Quería saber su opinión sobre esa violación a su intimidad y si iba a exigir una compensación por ello.
¿Por qué Satomi y Jinko tuvieron que convencerla? Apenas se daba cuenta de la magnitud de sus palabras; él debía creer que estaba loca. Ya ni servía investigar si a él le gustaba, porque le había dado la oportunidad de expresarlo en bandeja, y no hizo uso de ella.
Tenía emociones divididas en cuanto a eso.
Irie-kun siguió mirándola sin abrir la boca. ¿Podía ser que…
Se puso en pie con presteza y se inclinó lo más que pudo.
—Perdón —pronunció con un temblor interno, creyendo que eso exigía—, todas esas cosas… no volverán a repetirse nunca. Lo siento en verdad. A partir de ahora no tendrás que preocuparte porque daré vuelta a la página ya que te he dicho lo que siento después de tantos años. No quiero nada a cambio y no tienes que pensar nunca más en esto.
Sintió la mano de él sobre su cabeza, que poco a poco descendió por un costado de su rostro hasta alcanzar su mandíbula. Entonces, hubo un pequeño tirón hacia arriba que la obligó a enderezarse para que no doliera.
Llegó a incorporarse por completo con la mano de Irie-kun en su mentón; él tenía una arruga en su frente, aunque sus ojos parecían divertidos.
¿Se burlaba de sus sentimientos? Si lo hacía, tal vez recordaría diferente ese intercambio. Era una opción mejor, ¿no?
Y tan distraída estaba pensando, que el beso no se lo vio venir.
NA: Planeaba tanto esta confesión que no conseguía escribirla, ¿lo creen?
El capítulo terminó demasiado largo, así que concluyó justo en la mejor parte ja,ja. Mátenme.
Saludos, Karo.
Sydney: Always, always something is going to happen. Is Kotoko's bad luck catching on Naoki. He,he. I should feel bad about it, though. Thanks for reading, the ending is close. :)
Dh0Wi: Idk if you speak spanish, but thanks. Enjoy reading :).
