— ¿Qué? — Sesshomaru miro al moreno con la duda en su rostro— ¿crees que soy estúpido? —pregunto molesto, finalmente logró soltarse y se alejó.

— Sesshomaru, escúchame— gruño Rihan siguiéndolo, pero el daiyoukai no escuchaba — ¡maldición! — mascullo sujetándolo fuertemente de la muñeca.

— ¡Te dije que…!— el de cabello plata frunció el ceño en medio de su gesto de sorpresa, cuando el idiota se acercó hasta rozar sus labios— Aléjate— advirtió.

— Sólo quiero que me escuches— exigió sin pudor— si dejaras de comportarte como un niño y escucharas, entenderías las cosas— su tono fue suave y controlado.

— ¿Me estás diciendo inmaduro? — pregunto medio ofendido. Rihan sonrió con tensión mientras ponía una de sus manos en la nuca del otro y lo apretaba con fuerza sin llegar a lastimarlo.

— No, te estoy diciendo infantil— corrigió, sin ser realmente algo diferente. El de ojos ámbar entrecerró los ojos, indignado.

— Suéltame— gruño intentando alejarse, pero la mano que lo apretaba seguía sin aflojar.

— Creo que no has entendido Sesshomaru, — hablo el segundo comandante, con voz ronca y un brillo de picardía en sus ojos. — tú, eres mío. — acallo todas las palabras con un beso que dejo la mente del yokai en blanco, un beso que no hubo duda, era pura y llana posesión. Su lengua lo invadió con seguridad y algo de agresividad, no le dio tregua u oportunidad de rechazarlo.

— Estás loco— susurró sin aire cuando se separaron levemente.

— Parece que apenas lo entiendes— sonrió tranquilo— ahora, escúchame— exigió masajeando el cuello del otro, sonriendo satisfecho cuando los ojos ajenos se entrecerraban en ocasiones disfrutando. — ¿Entiendes?

— Habla rápido.

— Bien— sonrió pagado de sí mismo— el día que decidiste buscarme llegue a la aldea un poco antes que tu— hablo tranquilo sin dejar de masajearlo— conocí a tres bakemonos*— Sesshomaru abrió los ojos prestando atención, a pesar de la relajación de su rostro. — Ellos son quienes se transforman en mujeres para atraer clientes, son una buena fuente de información.

— ¿Y? —Frunció el ceño sin darse por vencido con su enojo— ¿los chupones? — gruño enojado, pero solo recibió una risa y un beso en el cuello debajo de su oreja.

— Son el tinte que desprenden las flores— respondió divertido— Me pinto para la imagen, no puedo pasar horas con unas mujeres y terminar igual de fresco— susurro en su oído— por supuesto, quizá acepte la invitación de otra persona— Rihan sonrió con diversión, cuando vio la incomodidad en el otro— pero eso será para luego— finalmente se alejó, y casi sintió el profundo respiro que tomo el daiyoukai.

— ¿Eso es todo? —preguntó frunciendo el ceño, pero a diferencia del iracundo de hace unos momento, este era más un sinónimo de duda y pensar.

— Esto es todo— finalizo— por muy problemático que seas, decidí quedarme contigo— sonrió divertido.

— Eso debería de decirlo yo— gruño de vuelta.

— ¿O sea? ¿Qué ya me consideras tuyo? — jugo divertido, pero su risa fue cayada por una respuesta inesperada.

— Por supuesto que me perteneces, con la actitud del diablo incluida. — Mascullo aun pensando— Supongo que tiene su lógica— acepto— eso no quiere decir que me agrade— aclaró.

— La próxima vendrás conmigo, ¿te parece? — su sonrisa fue entre contenta y afectada.

— No, ellos se sentirán más cómodos contigo, mi actitud no es la mejor para el caso— refuto el otro— tienes mejores tratos con los demonios— Sesshomaru se sentó con los pies extendidos.

— No pensé que lo aceptaras— murmuro divertido, recibiendo una mirada fulminante— no me puede culpar por eso— se defendió.

— Supongo que no— el daiyoukai miro las nubes con tranquilidad— Debemos investigar como llegaste aquí— hablo de repente.

— No creo que…

— Es necesario, por mucho que sean comunes los ayakashi, el hecho de viajar en el tiempo no es normal— lo calló el de cabello plata— aunque no tengo idea de dónde buscar.

— Por eso debemos buscar demonios— contesto el moreno recostándose en el suelo a su lado, con su cabeza apoyada en sus muslos. Espero recibir una reprimenda o un insulto, pero su sorprendido de nuevo cuando una delicada mano con unas garras de algún modo pulidas pasaron por su cabello con suavidad. Había ocasiones en las que todo era tan bello y tan feliz que lo asustaba un poco.

— Supongo que no queda de otra que darte la razón— Sesshomaru suspiro con su pelo cayendo hacia adelante, el moreno lo miró un momento e imito el gesto— ¿Qué pasa?

— Nada, solo que…— apretó los labios— lo siento, pero realmente no soy un santo.

— ¿Uh? — Sonó confundido— ¡¿Eh?! — fue lo siguiente cuando estuvo acostado en el suelo con un moreno sobre él sonriendo arrogante. Eso no se veía bien. — ¿Qué haces? — mascullo con sus manos en los hombros contrarios.

— Te lo dije, no soy un santo— Rihan se inclinó y mordió la unión de su cuello y su hombro, sin herirlo, pero lo suficiente para dejar una marca.

— No hagas eso— gruño el daiyoukai sintiendo cono su haori iba soltándose y sus hombros empezaban a descubrirse, se estremeció cuando sintió una mordida en su hombro y luego una lamida.

— ¿Por qué? Esto te gusta — Respondió en su oído disfrutando el temblor que recibió.

— Realmente eres bastante arrogante, ¿no? — su voz se mantuvo firme y Rihan no podía dejar de deleitarse en el temple del demonio.

— No lo niego— acepto besándolo con suavidad, pudo sentir la sorpresa del otro ante la delicadeza, Vamos abre la boca para mí, pidió mentalmente y como si lo hubiera escuchado Sesshomaru lo hizo; decidió tomarse su tiempo, después de todo eran pocas las veces que lo hacía así y descubrió con goce que este modo afectaba más a su tsundere compañero. — Realmente me encantas— susurro sobre sus labios, disfruto ver la mirada ajena desenfocada, los labios levemente hinchados y sus manos aferrándolo.

— ¿Sesshomaru? — el aludido abrió los ojos con sorpresa, enfocando repentinamente. Miro al moreno sobre él, este tenía una de sus piernas metidas ente las suyas. Eso no debía verse muy propio de él, mucho menos su haori a medio quitar.

— Maldición— mascullo intentando incorporarse, pero se sorprendió al sentir una fuerza impidiendo que lo hiciera— ¿Rihan? — este no lo miró tenía los ojos puestos en quien acababa de llegar, como si fuera una especie de amenaza.

— ¿Sesshomaru? — volvieron a llamar, aún con incredulidad.

— Sí, soy yo… Inuyasha.