Capítulo 45


Unos minutos después de que Kotoko recibiera sus regalos de los Irie y de platicar sobre temas banales —principalmente con la otra mujer—, ella siguió su camino con los invitados restantes, dejando al castaño con la tarea de lidiar con Irie Noriko… una pletórica Irie Noriko.

Su hijo la veía muy receloso, imaginándose qué clase de cosas pasaban por su cabeza, ninguna de las cuales iba a saber, porque a veces ella tenía una mirada enigmática y al final se lo callaba; similar a lo que hacía él.

—Esta vez me has sorprendido, onii-chan —comentó su madre, a quien Naoki no iba a contestar. —¿Puede ser que estés tomando la ruta intensiva?

Él dejó escapar una carcajada con semejante expresión, ni afirmando o negando su pregunta.

—Tampoco le has dicho lo bien que se ve —protestó ella moviendo la cabeza. —¿Cuándo será el día que sigas uno de mis consejos?

Cuando perdiera el juicio.

—Bien, como Kotoko-chan está por concluir, mejor iré a la cocina para comprobar cómo está todo.

Su madre se levantó con toda la dignidad del mundo y fue a cumplir su cometido, dejándole a él y los demás enfocados en sus propios asuntos.

Para él y su padre, significaba quedarse observando a su alrededor —habría sido muy grosero de su parte llevar un libro—; para Yuuki, concentrarse en el teléfono, murmurando cosas como "tonta", "debería entenderlo", "¿para qué me molesto en explicarlo por aquí?", que resultaban intrigantes.

Así, las horas transcurrieron, curiosamente como si la partida de su madre a la cocina hubiese acelerado la fiesta, poniendo en marcha la repartición de la deliciosa comida, la presentación digital de momentos de la vida de Kotoko, la música para bailar y el ansiado momento del "feliz cumpleaños", donde la festejada se emocionó hasta las lágrimas.


Cerca de la medianoche, la celebración para el vigésimo cuarto aniversario de Kotoko concluyó y poco a poco la gente restante fue despidiéndose, alabando el suceso y abrazando a la pelirroja, quien para entonces se masajeaba una que otra vez los tobillos. Por fortuna, no había ocurrido otro incidente —menos con Kamogari, el cual se retiró pronto—, pero el dolor y el cansancio sí habían hecho acto de presencia.

Naoki la observó hasta despedirse de sus últimas invitadas —las amigas—, tras lo cual ella llegó al taburete de la barra y se sentó cerrando los ojos, balanceando sus pies con círculos lentos. Solamente quedaban su familia, el padre de ella y la pareja multirracial que trabajaba en el restaurante, que comenzaba a recoger los restos de basura y limpiar. Shigeo-san se había retirado a la cocina para adecentarla.

Su madre empezó a quitar unos adornos, así que él se acercó a auxiliarla con los de mayor altura. Su padre y hermano les imitaron, acelerando el proceso de limpieza.

Vio el momento exacto en que Kotoko abrió los ojos y se quiso poner en pie para ayudar.

—Tú no tienes por qué limpiar hoy, Kotoko-chan —dijo su madre con una sonrisa, acercándose para detenerla.

Ella señaló un reloj en la pared. —Ya no es mi cumpleaños —argumentó triunfante, pues el reloj marcaba un cuarto de hora del día veintinueve.

—No es necesario que limpies, Kotoko —manifestó Shigeo-san, asomando su cabeza por la puerta de la cocina—. Esa tarea no te corresponde.

—Déjanos hacerlo a nosotros —completó su madre—. Debes querer descansar. ¿Por qué no dejas que Naoki te lleve a casa? No te preocupes por Ai-san, nosotros le llevaremos más tarde.

Como siempre, su madre no podía dejar de meterse en sus asuntos. Sin embargo, por una vez parecía una idea excelente; el momento que estaba esperando con Kotoko.

Silencioso, él empezó a juntar los regalos de las esquinas de las mesas, para que fuese más sencillo llevarlos a su automóvil. Las réplicas de Kotoko habían sido acalladas por su madre, y ahora se despedía de su familia y amigos.

De soslayo, la vio aproximarse a él —ya con su abrigo puesto— y tratar de coger todos los regalos, lo que resultó en casi dejarlos caer.

Se rió en voz baja, se colocó su chaqueta y sacó las llaves de su coche, entregándoselas. A continuación, cogió las cajas que podía y le indicó tomar las demás, cosa que hizo a regañadientes.

—Buenas noches. —Él se despidió de los otros en voz alta, antes de salir del restaurante con Kotoko.

Afuera, le señaló el sitio donde había aparcado, así que caminaron sin intercambiar palabras. El único ruido entre los dos fue cuando ella desactivó la alarma de su coche y abrió los seguros y el maletero, donde guardaron los regalos.

Con una idea en mente, la acompañó a su puerta e impidió que pudiera abrirla. Le observó a conciencia unos instantes, de modo que la hizo sonrojar y bajar la mirada.

—Te ves bien —halagó en tono quedo inclinándose hacia ella, que retrocedió hasta apoyarse en la ventana trasera del coche. Al ver eso, él estiró su mano para abrirle la puerta del copiloto.

Asintiendo temblorosa, Kotoko se subió al vehículo y se acomodó en el asiento. Él cerró y se apresuró a su lado, sonriendo de forma torcida mientras no podía verle. Saber que le ponía nerviosa conseguía disminuir la inseguridad que le ocasionaba su posible alejamiento.

Echó a andar el auto y condujo en silencio, teniendo la sensación de que el interior estaba tenso, observándola cada tanto. No era un camino muy largo, y a esa hora el tráfico era ligero, pero se le antojó eterno el viaje hasta su casa. Era como si un mal presentimiento le rondara… y pesaba.

Los dos jóvenes bajaron del vehículo al mismo tiempo, y mientras la pelirroja se acercaba a abrir la puerta, él procedió a bajar los obsequios que pudo cargar, llevándolos hasta el lugar de la entrada donde ella le indicó.

Al segundo viaje las cosas estuvieron dentro y fue en ese instante que Kotoko temió que su peor miedo se confirmara.

Toda la semana había estado distraída con la plática interrumpida entre los dos y su respuesta a una declaración de parte de él. Ese domingo había decidido de una vez lo que iba a hacer, de lo que ya estaba segura, pero era complicado. Se ponía en su lugar e imaginaba el dolor que podía sentir, uno que no quería causar.

Habría esperado no tener que hacerlo. Que no hubiese sentimientos de él de por medio… manejar sus propias emociones era más fácil que tener que considerar las suyas. Si Irie-kun no sentía amor por ella, podría mantenerse en calma, porque era lo que había hecho por mucho tiempo y a lo que se había resignado. De la otra forma tendría que llevar en su cabeza sus sentimientos.

—Debería ofrecerte una bebida —propuso nerviosa, notando la mirada atenta de Irie-kun. Le causaba escalofríos y palpitaciones el modo intenso en que sus ojos la contemplaban.

—Estoy bien.

Se llevó una mano al pecho, rozando el collar que le había dado. El significado le había llegado al alma, casi queriendo llorar por haber conseguido un interés de él luego de muchos años. Era como si alguien se burlara de ella y quisiera romper todas sus convicciones, pero también como si le dieran un recuerdo permanente de él para la posteridad.

Pasara lo que pasara, ese regalo la acompañaría siempre. Sería una muestra de que sus tontos intentos y su amor interminable por él habían conseguido una respuesta suya, por pequeña que fuera… que nada había sido en vano y que todo había ocurrido así por una razón.

Era la manera de dar final a una historia que nunca empezó de forma oficial, de concluir ese ciclo y llevarse un recuerdo que al verlo le evocara su aprendizaje.

Él carraspeó, obligándola a elevar la mirada.

—Gracias por…

Irie-kun le cortó las palabras con su boca, apretando y mordiendo sus labios en un beso que casi rozaba lo desesperado. Le besaba de forma hambrienta, arrancándole gemidos de la garganta y una fuerte sensación de dolor, pues su corazón entendía lo que él estaba experimentando. Él era muy listo para sospechar de sus evasivas y llegar a la conclusión de que un futuro entre los dos era un panorama inexistente.

Probó en él su propio dolor, recordando aquella noche donde su corazón se rompió y tuvo que recoger los pedazos que quedaron, que todavía seguían allí, esperando poco a poco reunirse y pegarse para poder funcionar, hasta el día en que llegara a sentirse segura y completa.

Un día que no era ése.

Sintió sus propias lágrimas corriendo por sus mejillas, sufriendo por él y soltando un coraje hacia sí misma por ser tan débil, no solo por su propia inseguridad, sino por estar aceptando su beso cuando no tenía nada que ofrecerle. Era un cascarón fragmentado con un polluelo aun no listo para nacer.

Gimió y él separó sus labios, con una mirada consternada.

—No quería lastimarte —le dijo él en voz baja, llevando un dedo a su labio inferior.

Agitó la cabeza.

—Es la segunda vez que me besas —susurró por decir algo, hasta que pudo hacerlo.

—En realidad, la tercera. Esa vez de la oficina, yo fui quien te besó, no estaba dormido —confesó él, sujetándola todavía de la cintura con su mano izquierda.

Kotoko rió con unos sollozos.

—Tiene sentido.

—Tus sentimientos no son unilaterales —pronunció él fuerte y claro.

—Irie-kun… no puede ser.

A pesar de presentirlo, Naoki sintió una corriente de aire frío rodeándole, y no tuvo que ver que ella se apartara.

—¿Por qué? —preguntó temeroso. Necesitaba escuchar sus razones para poder trazar un plan. No quería que fuese demasiado tarde.

No podía haber errado y ocasionado eso.

—No quiero seguir detrás de un imposible. Tú lo dijiste, que no buscara un imposible contigo… que no te interesaba.

El sábado en el restaurante.

—Estaba equivocado —arguyó—. Estaba celoso de una inexistente relación tuya con Kamogari.

—¿Cómo? —Ella se limpió las lágrimas de su rostro. —¿Él y yo?

Se sonrojó, incómodo, pero tenía que aclarárselo. —Los vi entrar juntos a su casa, con él cargándote, y después creí que estabas embarazada.

Kotoko se tambaleó y él la sostuvo de los brazos.

Esperó a que se quitara los tacones y continuó: —Nunca había sentido una emoción como ésa, que me nubló el juicio y me hizo actuar tan fuera de mí mismo. No soportaba la idea que fueras de un hombre que no era yo.

—Y yo pensaba que tú… —murmuró ella, apretando sus manos en sus brazos. —Las cosas ocurrieron tan mal… y todo pasó…

—Déjame estar contigo —pidió esperanzado.

Los ojos de ella se apagaron.

—Te…

—No lo digas, por favor —suplicó ella cubriendo su boca. —O no podré hacerlo.

Tragó saliva. —Kotoko…

—Irie-kun… necesito tiempo. Yo sé que te quiero y que estoy enamorada de ti, pero es muy pronto. Todavía no puedo… Irie-kun. —Ella hipó. —Sé que me gustaría estar contigo y que sería feliz, pero no ahora. No estoy lista. No… no lo estoy. Y entiendo si no te interesa estar conmigo cuando lo esté. A veces comenzar relaciones cuando no estamos preparados, también es ir detrás de un imposible. Si dijera que sí en este momento, nos estaría haciendo un daño más grande a los dos —expresó volviendo a sollozar.

» Esa noche, al llegar a mi casa, algo cambió en mí; me dolió, aún… aún me duele… pero también me hizo abrir los ojos y darme cuenta de la persona que quería ser, que quiero ser, y todavía no he llegado a ser esa persona… quiero llegar a serlo para convertirme en una persona plena. Quiero sentirme orgullosa de mí, preparada y… alguien que no soy en este momento. No me siento… Diciéndote que sí ahora, estaría apostando por algo que ni tú ni yo merecemos, sería un fracaso o… dependería tanto de ti… de la relación, y no puedo. —Ella gimió—. Sé cómo duele el rechazo… pero… es lo que mi corazón me dice… y… y…

Sin dejarla terminar, Naoki la abrazó a su pecho y besó su coronilla, sintiéndose inmerso en una terrible pena, dejándola llorar como él no podría hacerlo. Y quería hacerlo de coraje hacia sí mismo, porque la había roto de una manera espantosa; era responsable de hacer creer a una persona maravillosa que no lo era. Le había hecho romperse a sí misma.

Y no importaba si la quisiera o si la ayudaba a reconstruirse… porque él podía hacerlo; era ella quien tenía que conseguirlo por su cuenta.

Era su deber soportarlo. El que le hubiera hecho daño… ese día en el restaurante él había abierto la puerta a un camino en ella que necesitaba cruzar, en el que no había cabida para él. Eso lo había visto en su libro, sin querer admitirlo ese día.

Tenía que darle su espacio para enfrentarse a su propia batalla y esperar el día que ella lograra triunfar.

Era su turno de esperar.

Kotoko había esperado muchos años para estar con él, podía demostrar que la merecía haciendo lo mismo. Era una prueba para la fidelidad e intensidad de su amor por ella.

Y él se prepararía para cuando Kotoko estuviera lista. Trabajaría arduamente para consolidar su proyecto naciente y tener el tiempo de dedicarle más de él, con la esperanza de poder atesorar correctamente una relación.

—Yo también tengo mucho que hacer en mi vida —susurró a su oído, para consolarla. —Querré saber cuando te sientas preparada.

Entonces le diría que la quería y estarían juntos.

—Irie-kun…

La abrazó fuertemente para recordar la sensación de tenerla en sus brazos y silenciosamente partió.

…dejando una parte de su corazón en pausa.


En algún lugar Naoki había leído que se iba a casa de los padres a sanar las heridas, aunque le parecía tonto; ahora, en algún recóndito lugar de su mente empezaba a comprender el calor que daba la compañía de la familia y la seguridad de un sitio conocido.

Su intención no era regresar por ello, sino atender un asunto que necesitaba después de hablar con Kotoko. Ella se merecía que él lidiara con su madre para permitirle un respiro de intentos casamenteros, con lo que podría conseguir lo que deseaba.

Tenía que ser él quien pusiera el límite definitivo y no nadie más. Su madre debía de comprender la importancia de hacerlo y por una vez él tenía que hablar claro con ella.

—Si te mira a los ojos y te ruega por hacer lo que ella pida, te niegas. Inventas cualquier excusa, Sagawa-san. —Escuchó la voz de su hermano a su espalda.

Se giró, extrañado.

—Sí, ya entendí, me lo habías dicho antes, Irie-san. No tenías por qué salir de tu casa para recordármelo… me parece que exageras un poco.

Una adolescente pelinegra apareció junto a Yuuki, quien se detuvo en seco al verlo.

—Onii-chan… —musitó su hermano sorprendido. Asintió saludándolo.

—Él no exagera —le hizo saber a la chica, suponiendo que hablaran de su madre.

Los ojos oscuros e inocentes de ella se mostraron atónitos.

—Si los dos lo dicen… Te pareces mucho a él, Irie Yuuki-san —manifestó ella inclinando su cabeza. —Soy Sagawa Konomi. Perdón por irrumpir, Irie-san.

—Ya no vivo aquí —replicó inspeccionando rápidamente a la adolescente. Parecía tímida, pero buena chica.

Satisfecho, volvió a mirar de frente a la casa. Solo que, tras pensarlo un segundo, miró sobre su hombro.

—¿Perteneces a la clase F? —preguntó curioso, capturando el momento en que Yuuki se sonrojaba.

Sagawa movió la cabeza en asentimiento.

—Gusto en conocerte —contestó él antes de avanzar hasta la puerta de entrada.

Imaginaba lo que ocurría ahí. Lejos de sentir envidia, le gustó que su hermano aprendiera de su experiencia y no cometiera los mismos fallos. Esperaba que terminara bien, sería un buen ejemplo para él.

Abrió la puerta de la casa familiar y oyó unos pasos apresurados mientras se quitaba el abrigo.

—¡Yuu… ¡Naoki! —gritó su madre—. Qué sorpresa, estaba esperando a tu hermano, traerá a una compañera a casa para ayudarla a estudiar. ¡Oh! ¡Cuántas ganas he tenido de ver un suceso así!

—Están por llegar —informó colocándose el calzado interior. —Tengo una cosa que hablar contigo, mamá. Estaré en el salón.

Ella lo miró anonadada, pero no llegó a preguntarle porque los dos adolescentes hicieron acto de presencia, distrayéndola.

Se hizo ajeno a los ruidos y esperó pacientemente en el salón, aguardando esa "confrontación" de la que preveía posibles escenarios; después de todo, su madre difícilmente dejaba sus costumbres.

Tuvo que pasar un largo rato para que ella apareciera en la habitación, llevando consigo una bandeja con dos tazas y unos bocadillos. Le miraba con el ceño fruncido y ojos preocupados, por lo que intuía que se moría por saber lo que iba a decir.

—¿Estás bien? —cuestionó ella en tono consternado, acercándose a comprobar la temperatura de su frente.

Seguramente el hecho de ser rechazado esa misma madrugaba no podía disimularlo tan bien.

—No pareces tener fiebre, ¿te resfriaste anoche?

Negó y apartó la mano de ella sin brusquedad, preguntándose si en el fondo hasta él sucumbía al consuelo de una madre cuando tenía los ánimos decaídos.

Había comprendido a Kotoko, y vaya que lo había terminado de hacer durante las largas horas en que no pudo dormir. Pero no dejaba de ser difícil, sentía la garganta pequeña y unas punzadas en el cráneo, signos de que no era tan fuerte como presumía.

—Onii-chan, estás extraño. ¿Ocurrió algo con Kotoko-chan?

Asintió.

—Debes cesar tus intentos de emparejarnos o cualquier mención de una relación entre nosotros, especialmente a ella.

—¿Có… cómo? Es… ¿Por qué… dices eso? No es tiempo de bromas, Naoki. Ayer fue perfecto y hoy… ¿qué le hiciste anoche? —exigió saber su madre con tono grave.

Rió en su mente, se lo merecía.

—Kotoko quiere que su vida tome un rumbo diferente. Sigue enamorada de mí, pero no puede estar conmigo —explicó inexpresivo.

—No… no, eso no puede ser —dijo ella con pánico—. ¿Le has dicho que la quieres? No debiste hacerlo y… ¿es mi culpa? ¿Es por algo que hice? ¿Por eso me pides que no me meta? ¡Juro que no lo haré! —Se sujetó de su brazo. —Si soy un impedimento prometo no volver a entrometerme, Naoki. Yuuki me lo había dicho, ¿es que soy tan mala mad…

—No lo eres —interrumpió sonriendo de lado—. Es decisión de Kotoko y hay que respetarla. —Ella suspiró y asintió. —También es tiempo de que me dejes a mí mi vida amorosa y no busques imposibles queriendo convencerme de cumplir tus sueños. Tengo mi propia vida.

Su madre se soltó de él y sonrió con ojos llorosos. —Naoki, no eran mis sueños… quería aliviar tu corazón de la oscuridad del pasado. Empezaste a parecer infeliz después de que se burlaran de ti por usar falda, yo solo esperaba verte sonreír así de nuevo, pero veo que no me correspondía, lo arruiné otra vez. —Ella sollozó.

Automáticamente sintió una punzada en su interior.

Suspirando, apoyó los codos sobre sus rodillas. Por mucho que se equivocara, no dejaba de ser su madre; ninguno de los dos la había pasado bien luego de eso. Antes había sido incapaz de ver que no solo él se había visto afectado, ella también lo había resentido, y también había perdido la buena relación que tenían.

Pero, a pesar de todo, ella había seguido preocupada por él.

—Gracias —articuló en voz muy baja.

—Hijo…

¿Desde cuándo ella no usaba aquel apelativo? Siempre había sido onii-chan o Naoki.

—No tienes que seguir pensando en lo que pasó —expresó mirándola de reojo, dando el brazo a torcer.

—Debo aceptar que ya eres un adulto y tú buscarás tu felicidad —dijo ella, a lo que él asintió.

Su madre se tomó un tiempo considerable en derramar más lágrimas y limpiarse el rostro; entretanto, él bebió de su té sin molestarse por aquel sentimentalismo. Esperaba que con eso entendiera.

Ella dio un sorbo a su té, posteriormente suspirando.

—Ay, onii-chan, ¿y qué va a pasar ahora con todos mis planes?

Soltó una carcajada divertida, cayendo en su trampa para aliviar el momento.

Era su problema por estar pensando en bodas de forma temprana. Como penitencia, se guardaría para él la espera a la que se sometería y la posibilidad de que las cosas no acabaran entre ellos.

Sería muy cómico ver su reacción más adelante.


Naoki entró a su apartamento, colgó sus llaves, guardó sus zapatos y el abrigo, y masajeó su cuello ligeramente, pensando entretenido en la comida de la tarde. Yuuki había estado ansioso, preparado para cualquier movimiento de su madre con su nueva amiga, y eso había impedido comer con naturalidad… para luego ver estupefacto que nada pasaba.

No sabía con certeza si su madre cumpliría lo pactado, pero había valido la pena verla actuando con temerosa normalidad, haciendo que a ojos de la adolescente su hermano —y tal vez él— pareciera un loco. Sin embargo, era evidente que a la pelinegra le gustaba Yuuki y que a todos les agradaba ella por igual, por lo que las condiciones eran favorables para el menor.

Desde salir de casa, nunca había disfrutado tanto una cena ahí, aunque debía admitir que ya se había acostumbrado a las constantes insinuaciones de su madre y a los movimientos de su padre para tranquilizarla, hechos que le distraían de los pensamientos sombríos en su cabeza.

Por supuesto, prefería un tiempo en familia sin ser bombardeado sobre su vida amorosa.

Tal vez, y solo tal vez, era un presagio de que la vida marcharía bien.

Sintiéndose mejor que en la mañana, Naoki se encaminó a donde estaba su ordenador portátil y se acomodó en el asiento. Allí en el escritorio, junto al portátil, vio unas anotaciones de su nuevo proyecto y sonrió.

Cumpliría su propio sueño. No ese día, ni el siguiente, pero pronto. Porque se esforzaría para ello. No debía temer el futuro, pues éste aún tenía muchas cosas por darle y él muchas expectativas profesionales.

Y con ella… Con ella guardaría la esperanza de que las cosas funcionarían, cuando llegara el tiempo correcto. Confiaba en Kotoko y en sus propios sentimientos. Confiaba en que ambos crecerían individualmente para ser mejor para sí mismos y para el otro.

Entonces sus mundos podrían unirse.

Y mientras él ponía las piedras para un nuevo nivel de madurez emocional, en otra parte de la ciudad, la impulsora de esa nueva etapa, Kotoko, releía la última frase escrita de su novela, utilizando los momentos melancólicos de una forma positiva.

Así, la pelirroja continuaba su propio camino de crecimiento, acompañada de la persona más importante de su vida: ella misma.

—…porque cuando Sachi se soltó de aquellos imposibles que le gastaban la existencia, se dio cuenta del mundo de posibilidades que no había explorado y el tiempo que había perdido buscando lo que no era para ella. Como un pájaro cayendo de la copa de un árbol, probó sus alas y voló alto, viendo que el mundo era mucho más que su nido y el suelo.

De esa forma ella emprendía su propio viaje.

Con sus posibles.


NA: Queda uno más.

Bueno, ¿qué esperaban? Aunque no lo parezca, apenas ha pasado un mes desde el restaurante (ahora debería encontrar el modo de no recibir reviews, por si acaso). Es un poco cruel de Kotoko no dejar que le diga que la quiere, pero él debe sufrir ja,ja,ja.

Mi alma perversa podría concluir aquí, pero tendrán su final juntos en el próximo.

Besos, Karo.

PD: [Si leen entre líneas, hay algunas partes que se influyeron por mi fic "Plenitud"]


Sydney: Ha,ha, yeah. I spent three days writing, so I finished this fic. The kiss. Sometimes, I have to renew myself, because I want different scenes. Here, the timing works he,he. Well, Naoki's confession was cut, but he'll have his moment.