Epílogo


El aire gélido de febrero sopló con toda su fuerza y Kotoko se abrazó a sí misma, observando el vaho que escapó su boca al suspirar de alivio por haber llegado a su destino. El frío le llegaba hasta los huesos y no quería estar más en el exterior, anhelaba la calefacción de los sitios cerrados.

Con el rostro tenso no pudo sonreír al entrar al edificio ante a ella, pero se sintió reconfortada con la calidez que la envolvió de pronto, después de estremecerse por el cambio de temperatura.

Alcanzando el ascensor, abrió su bolso y sacó su móvil, debatiéndose sobre mandar un mensaje de que ya estaba ahí o no. Tal vez interrumpiría a Naoki-kun en alguna reunión de última hora o él lo vería cuando ya se encontrase en frente suyo.

La verdad era que esperaba sorprenderlo al ir a buscarlo a la oficina que tenía ahí… quería presenciar la reacción en su rostro.

Sería la primera vez que lo viera en persona después de casi año y medio de esporádicas conversaciones en línea, felicitándose por fechas importantes y hablando brevemente de sus vidas. Sus pláticas electrónicas habían empezado cuando ella se atrevió a enviarle un regalo en su cumpleaños veinticuatro, a través de su oji-san, teniendo presente los buenos obsequios que él le había hecho en su celebración de ese año; él había mandado su respuesta a través de un mensaje y habían cultivado una pequeña amistad de tal modo, manteniéndose silenciosos sobre aspectos amorosos. Cosas como los zapatitos de su sobrina y su trabajo, y los proyectos en los que él se embarcaba, había sido abordados a en ese transcurso de tiempo.

Para ser sincera, al principio ella no había querido seguir en contacto, pero la naturalidad de él la había animado y quizá aquello también la ayudó a hacer maravillas en ese tiempo, sintiéndose muy contenta con lo que había conseguido personal y profesionalmente.

No sabía si Naoki-kun había avanzado y dejado atrás sus sentimientos por ella, mas deseaba conservar, al menos, su amistad. Ya era más madura para estar enamorada y lidiar con no ser correspondida por su persona especial, incluso si solo podían ser amigos.

Satomi decía que había crecido mucho para lograr algo como eso.

—Lo siento —le dijo una mujer cuando ésta tropezó con ella, sacándole de sus reflexiones.

Kotoko miró hacia el frente. Sorprendida, se dio cuenta que las puertas del ascensor se habían cerrado ya en el piso que quería, y tenía que pagar su distracción esperando al siguiente nivel y utilizando las escaleras.

Refunfuñando, salió en el piso equivocado y siguió el letrero con las escaleras de emergencia, las cuales descendió con prontitud sin perder un solo paso. Seguía cometiendo torpezas como la del ascensor, cuando iba distraída, pero ya no tantas como antes, solo porque procuraba estar más consciente de su alrededor.

Ya en la planta donde estaba Naoki-kun, caminó hasta la puerta que decía el nombre de su creciente pequeña empresa; según tenía entendido, la ocupaba para reunirse con potenciales clientes, investigaciones o trabajos menores, y a unos metros estaba el "centro", apartado de las oficinas debido a la imposibilidad de rentar los espacios vecinos.

Lo primero que vio al entrar fue una recepción con elegante y pulcro aspecto. Allí, un joven amable le indicó el camino, después de ella decirle que venía de parte de Pandai y mostrarle su gafete de mensajera (afortunadamente él reconocía el nombre de la empresa del padre de su jefe, o habría sido descubierta, aunque no fue necesario porque parecía un fanático de "Kotorin").

Las oficinas tenían vista al interior, por lo que se sintió un poco observada al recorrer el pasillo hasta el final, pero también le sirvió para ver que Naoki-kun estaba en una sala de juntas con cinco personas, dos mujeres y tres hombres.

Como si sintiera su mirada, él alzó la cabeza y notó el momento exacto en que sus ojos se abrían un poco más de lo acostumbrado. Sonriendo, ella siguió andando y atisbó de reojo que él comentó algo y se puso en pie, abandonando la sala.

Ella se detuvo junto a la puerta de su oficina y momentos después, él la abrió, invitándola a pasar. Al ver que bajaba unas persianas que obstruían a algún fisgón, perdió el interés de observar su oficina y lo miró.

Sin embargo, él no dijo nada, le hizo una señal con su cabeza y caminó hacia las puertas de cristal que daban hacia un balcón, fijando su atención en el exterior con las manos en los bolsillos de sus pantalones grises.

Nerviosa, siguió su indicación y avanzó hasta donde estaba. Se colocó a su lado, observando también hacia afuera, donde el cielo se tornaba oscuro y dejaba ver la nieve que comenzaba a caer

—Hola… —murmuró ella.

Él asintió lacónicamente.

—Bienvenida.

—Espero no llegar en mal momento.

—No tendría un equipo que no pudiera trabajar sin mí —repuso él como un hecho, haciéndola reír a pesar de no hablar con arrogancia.

—Es verdad —reconoció. —Pero, bueno, no estaba segura si venir hasta después del atardecer. O esperar poco antes de las diecinueve horas.

Ese fue el turno de él para reír, aunque más bien fue una disimulada risa entre dientes.

—Eh, en fin. Vine a invitarte. Comenzaré una firma de libros en distintas ciudades del país y la primera será en Tokio este viernes, en la librería junto a la preparatoria Tonan, a las diecisiete.

—Mi edición ya está firmada.

Ella se sonrojó, recordando que fue la segunda que firmó, después de la que dio a su padre.

—Quizás estás ocupado con un nuevo robot para operaciones y…

—Iré.

—Gracias. —Sonrió—. Estaré feliz de verte ahí.

Suspiró, sabiendo que venía la parte difícil. Él le había dicho que cuando estuviera lista, se lo dijera, pero no sabía cómo expresarlo adecuadamente. Se había imaginado diciéndoselo cara a cara, después de platicar unos momentos, aunque verse de nuevo no estaba siendo igual de ameno que su relación electrónica.

Una persona no podía hacer una declaración sin ver a los ojos a la persona, y eso le incomodaba un poco.

El hecho de ser rechazada no suponía mucho impedimento, preparada mentalmente para esa posibilidad. Más de un año era un tiempo considerable.

—Eh… —Ella giró su cuerpo hacia él—. Probablemente mi evento concluya a las veinte horas, podrías ir cerca de esa hora y, tal vez después, ¿querrías ir a un restaurante a cenar… esto… como una cita?

El castaño dejó de mirar al horizonte, ladeando su cabeza primero y después su cuerpo.

A continuación, él elevó sus manos y comenzó a quitarle la bufanda cuidadosamente, mientras la respiración de ella se agitaba y su cuerpo producía pequeños temblores. Poco a poco, él dejó a la vista su cuello, donde la estrella plateada resplandecía, contrastando el color oscuro de su blusa.

Él sujetó el colgante entre sus dedos. —¿Ya estás preparada? —preguntó en un susurro, cuestionándole también con los ojos.

Pasando saliva, Kotoko respondió: —Sí. ¿Crees que tú…

Ella calló cuando ambas manos de él comenzaron a ascender, deslizándolas poco a poco hasta los costados del rostro de ella, acariciando su piel con movimientos circulares de sus pulgares. Lentamente, Naoki se inclinó hacia ella, que instintivamente se puso en puntas y se sujetó a sus hombros, observando los ojos que brillaban tanto como los suyos.

A un palmo de distancia, los dos bajaron los párpados, sintiendo las respiraciones calientes del otro muy cerca de sus bocas. Expectantes, rompieron la distancia que faltaba.

Entonces sus labios se unieron.

Un sentimiento indescriptible les atravesó a ambos. Estaban ansiosos, pero su beso fue acompasado, temeroso de probar más allá. Sus bocas se fundían como los metales incandescentes, y recordaban poco a poco la lejana sensación de los labios del otro, deseados en silencio.

No hubo otro mundo para ellos más que los dos y, con sus corazones latiendo a la par, se abrazaron como si no quisieran alejarse de nuevo.

Cada uno quería recuperar la sensación de estar juntos. Y aunque sus bocas se separaron, siguieron sosteniéndose mutuamente, todo cuanto fuera posible.

—¿Eso responde a tu pregunta? —preguntó Naoki sin saber después de cuánto tiempo, todavía sujetándola contra su cuerpo.

Kotoko rió, asintiendo.

—Estoy lista… —susurró ella apoyada donde latía el corazón de él, acelerado.

Los ojos de ella vieron que la oscuridad en el exterior había llegado, llena de pequeñas motas blancas. Pero la perspectiva del frío invierno se evaporó con la sensación de estar acogida en su hogar.

—Te quiero —pronunció él por primera vez, haciéndola estremecer.

Las lágrimas acudieron a los orbes avellana, mientras su dueña pensaba en su yo de quince años, enamorándose de un imposible; la persona de casi once años atrás nunca había creído que al dejar de ir detrás de él y solo andar en su propio camino hasta encontrarse con el suyo, llegaría a escuchar aquellas palabras.

Sonriendo, ella musitó un "Te quiero, Naoki-kun" desde el fondo de su alma.

Y con esa pequeña pero significativa frase, terminaba la historia que Irie Kotoko contaba a su hija y nietas sobre ella y su esposo.

…aquella historia de cómo llegaron a estar juntos, porque su vida en común era mucho más larga.


NA: ¡Hola!

Llevaba días pensando, lo subo o no lo subo, pensando en qué más agregar. Bien, no creo que deba prologarlo más, pues en sí no es muy largo. Quedó un intermedio entre final abierto y cerrado, mucho más del primero, pero ya saben cómo soy ja,ja. En realidad pude haber sido muy cruel manteniendo solo el anterior. XD

En otro punto, confieso que me quedé con muchas escenas eliminadas, que tal vez ponga por separado en mi fic "Con amor a la pluma"; créanme, son bastantes. Había muchas posibilidades con este universo, del que podía seguir escribiendo más y más, pero decidí concluir en el punto importante. De hecho, he pensado en reescribir algunas partes de este fic, por cuestiones de redacción; no había experimentado con tantos cambios de puntos de vista en una sola historia y quizá llegue a hacer la redacción similar para todo (sin modificarlo).

Supongo que depende de mi tiempo. Hablando de este, pues mis planes fijos a partir de aquí son concluir "Regálame cincuenta primaveras", cuyos capítulos ya están planeados, pero no escritos. Tras eso, me tomaré un descanso de fics largos en INK; es muy probable que ponga más oneshots por un rato (en realidad, pasó por mi cabeza hacer song fics, díganme si les atrae la idea y tienen sugerencias). Tengo diferentes historias largas que quiero publicar, pero necesito acomodar mis ideas y trabajar en mi fic de otro fandom. Todavía no me voy. :)

Finalmente, gracias por leer este fic, y acompañarme a lo largo de este año que me llevé en publicarlo. Perdonen los fallos que cometí, aunque me sirvieron sus comentarios. Espero mejorar y seguir publicando, así como encontrarlos de nuevo en otra aventura que se me meta en la cabeza, sea la que sea, ojalá pueda compartir algo que les guste.

Me dejan feliz con su apoyo y sus reviews, y con el número de lectores que se unieron aquí, algunos de los cuales no había interactuado antes. Es un honor para mí que les gusten mis historias.

¡Hasta luego!

Besos, Karo.


Guest: Sí, no sé si todos lo entendemos diferente, pero creo que Kotoko dependía mucho de Naoki, y siempre pensé que era necesario para ella tomarse un tiempo para sí misma. De lo contrario, estaría como dices, en una jaula de oro, sufriendo. ¡Gracias por tu review y por leer este fic!

Sydney: I think I understood Naoki when I wrote this. I felt sad too, because letting go is hard; you can have hope, a lot of it, but it isn't sure. Ah, he needed comfort. Now, God! It's wonderful you like "Fullness" (actually, I use "Blissful" in the translation, but you get the idea), I like that fic too, because deep inside of me I wanted something better for Kotoko, not because Naoki was bad for her, but her self-esteem. I have plans for a new fic with this for this topic, but maybe until 2019 it'll come into existence. Once again, thanks for reading and reviewing, I loved having you here. Take care! :D