— ¿Qué…?— quedo paralizado un momento— ¿No estabas con el Yokai? — carraspeo un poco antes de ponerse de pie. Pero inmediatamente allí fue jalado hasta caer de rodillas frente al moreno— ¿Qué te pasa?

— ¿Qué te pasa a ti? — Rihan no reía— he esperado que me lo dijeras, pero debí saber que no lo harías.

— Claro que no— acepto sin más, sin embargo, siguió sin poder levantarse— Rihan— mascullo. El aludido siguió allí, sin diversión, en su lugar parecía exasperado.

— No te estoy preguntando, ni pidiendo opinión— su voz bajo una octava— me dirás que pasa, ahora mismo— Sesshomaru se sentía particularmente suicida, así que se acercó hasta rozar sus narices.

— No— La esclerótica del moreno inmediatamente se volvió negra.

— Ojala no te arrepientas de eso— su voz sonó grave y ligeramente monstruosa. Acto seguido Sesshomaru se sintió cargado como un bulto y moviéndose velozmente hasta llegar a una cueva.

— ¿Cómo supiste de esto? — pregunto mirando su alrededor.

— Explore— fue todo lo que dijo, se quitó la tira con la que amarraba la parte inferior de su kimono, por supuesto esta parte cayó, pero no se inmuto.

— Rihan, ¿Qué estas…?— el daiyokai frunció el ceño, la parte superior del kimono lo tapaba pero, no era algo que lo hiciera sentir más tranquilo. — ¿Rihan?

— No quieres hablar por las buenas— dijo el moreno apareciendo tras él y amarrando sus manos con una velocidad y eficacia envidiables. — Lo harás por las malas.

— ¿Qué harás? — gruño Sesshomaru intentado romper las tiras sin éxito— ¿Torturarme? —se petrifico al sentir el aliento ajeno en su oreja.

— De cierto modo, si— el moreno lo empujo hasta que este cayó acostado en medio de gruñidos y amenazas.

— Suéltame idiota, pelea como un hombre— bufaba retorciéndose.

— Lo voy a hacer— respondió tranquilo, había extendido sus pantalones en el suelo, de modo que Sesshomaru no se lastimaba la piel.

— Amarrarme, no dice eso— increpo indignado, pero su sorpresa fue mayúscula cuando Rihan se rio, no una alegre, ni siquiera burlona risa, era más bien, maliciosa.

— Te torturare como un hombre puede torturar a otro, sin matarlo— se sonrisa no disminuyo y sus ojos negros tenía un anormal brillo.

— ¿Perdiste la cabeza? — Sesshomaru abrió los ojos con sorpresa cuando Rihan se inclinó sobre él y paso sus manos por su cintura— ¿Qué…?— vio cómo su obi era quitado, el cinturón de tela que había comprado también, hasta que quito la parte superior de su kimono. — ¿Rihan? — Ahora más que impertinente, sonaba nervioso— ¿Qué haces? — el tercer heredero soltó sus manos un momento y las amarro a un raíz sobre su cabeza sin darle tiempo de huir.

— Ya te lo dije— el moreno, miro la piel blanca, las tetillas rosadas y bajo hasta ver los marcados abdominales; ambos eras de músculos magros, aunque Sesshomaru aún era el más delgado — Voy a torturarte— acto seguido se inclinó hasta lamer el cuello del daiyokai, el cual se estremeció. Por sorpresa, claro.

— No, ¿Qué demonios? — Rihan se abría reído por el juego de palabras pero miraba el chupón que acababa de dejar en la nívea piel. — Detente, ¿Finalmente perdiste la cabeza? — Sesshomaru parecía más que querer insultarlo, hacer que parara.

— Eso parece— admitió sin dejar de mirar, bajo la mirada y siguió lamiendo— porque no puedo dejar de pensar en marcarte.

— ¿Deten…?— Sesshomaru inspiro con fuerza, cuando Rihan mordisqueo su pezón— Para Rihan— susurro con los dientes apretado.

— ¿Por qué? — lamio para calmar el dolor de la mordida, sintió los músculos del abdomen bajo él tensarse— Parece que lo disfrutas—

— No lo estoy disfrutando— gruño molesto, aunque su jadeo decía lo contrario— ¿Qué clase que porquería estás haciendo?

— Marcarte— el moreno no había llegado hasta donde estaba porque se dejara provocar, aunque había tenido sus momentos, no lo negaba.

— Detente Rihan— mascullo— Para esto— seguía, el aludido decidió callarlo, subió y lo beso.

Ambos gimieron, aunque el daiyokai lo negaría toda la vida, Rihan se concentró en besar al hombre bajo él, nunca se había sentido atraído por un hombre y a pesar de que era nuevo para él, no por eso era menos emocionante y excitante. Incluso el genio del hombre lo hacía más atractivo, y eso que se había inclinado por las tranquilas como Otome y las lindas como Wakana. Al parecer también le gustaban con lengua afilada. Si pensara en ello, no se consideraría realmente homosexual, a pesar que no podría tener menos problema con eso, no creía que fuera el caso, de ser así se habría sentido atraído por más de uno de sus soldados. ¿Qué tendría este daiyokai de diferente? Cuando lo sintió gemir de nuevo en su boca, y las manos ajenas en sus brazos intentando acercarlo, no le pudo importar menos que era lo que había o no en el hombre. El hecho era que lo tenía loco.

— Detente— susurro de nuevo Sesshomaru, sus ojos vidriosos y sus rostro sonrojado era algo que hasta ese momento no había visto. ¿Quién habría pensado que el demonio lograría verse lindo?

— Eres hermoso— susurro, se inclinó y lo beso de nuevo, el otro respondió de nuevo, pero se puso tenso de repente.

— Detente Rihan— hablo de nuevo, recuperando su cordura— he dicho que pares, idiota— gruñía, aun siendo ignorado— ¡Que te detengas! —

— ¡¿Por qué?! — gruño de vuelta molesto y más que un poco frustrado.

— ¡Porque Otome no te lo perdonara!