— ¿Qué? — Rihan se veía desconcertado— ¿Qué tiene que ver Otome con todo esto? — El de cabello plata estaba en silencio, sorprendido por sus propias palabras.

— Olvídalo, no es nada— en algún momento había soltado sus manos, así que intento alejarlo. — Rihan — advirtió sin mirarlo a los ojos, sentía vergüenza por su estallido.

— Sabes que no me detendré hasta saberlo — el moreno se veía serio y francamente confundido, no parecía entender nada de lo que pasaba— así que podrías evitarnos otra tensa semana y solo decirlo.

— Deberías conocerme— hablo el daiyoukai con una ligera sonrisa arrogante— creo que tendremos nuestra tensa semana de nuevo— se movió de modo que logro salir del encierro.

— Demonios— mascullo Rihan, Sesshomaru compartió mentalmente la opinión.

— Vamos— hablo alejándose, como si él fuera quien decidiera. Por el momento el moreno hizo lo que dijo, había pasado a la etapa de observación, para intentar descubrir que había pasado ahora. Pensándolo bien, Sesshomaru en ocasiones parecía una mujer. Siempre complicando todo.

Mejor no decirle eso— pensó divertido, definitivamente se quedaría sin una parte de su anatomía si lo hiciera.


— Rihan— llamo el daiyoukai a su acompañante, Rihan tenía unos ligeros círculos oscuros bajo sus ojos— Rihan— llamo de nuevo, los ojos miel se abrieron repentinamente mientras una mano iba directo alrededor de su cuello — Soy yo— dijo con voz estrangulada.

— ¿Sesshomaru? — La mano inmediatamente se soltó— lo siento— sus ojos se veían atormentados, pero no pudo ver eso mucho, dado que desvió la mirada— ¿Hora de irnos? — pregunto levantándose.

— Si— el daiyoukai frunció ligeramente el ceño, Rihan se veía ansioso, y miraba alrededor con nervio— ¿Rihan? — Cuando el aludido lo miró— ¿Pasa algo? ¿Te sientes bien? — el moreno lo miro pocos segundos antes de negar con la cabeza.

— No es nada— fue todo lo que dijo, se giró y empezó a caminar— busquemos un arroyo, quiero darme un baño.

— ¿Crees que soy tonto? — gruño el peli plata caminando tras el— no duermes más de un par de horas y cuando los haces parece que te estuvieran torturando— ¿Qué pasa?

— No es nada— repitió como si se tratara de un mantra. Eso le valió un gruñido. — Sesshomaru— hablo con acidez— No. Quiero. Decírtelo.

— ¿Por qué? — Bufo molesto— soy tu maldito sirviente, y por algo; no puedo tocarte un pelo a menos que quieras— el comandante del festival de cientos de demonios lo miro directamente.

— Lo siento, pero me niego a confiar en alguien que no confía en mi— devolvió— no quiero hablar de nuevo de esto, ¿entendido? — acto seguido se volvió de nuevo en busca del dichoso arroyo, mientras un fastidiado daiyoukai lo miraba alejarse.

Te haré hablar— se prometió.


— Está bien, ¡es suficiente! — Rihan se despertó al escuchar el grito, cuando abrió los ojos se sentó buscando de donde era, Sesshomaru estaba frente a él, su ceño severamente fundido y una cara arruinada debido a unas ligeras ojeras.

— ¿Estas durmiendo bien? — pregunto sin pensar, se ganó un gruñido ante estas palabras.

— No puedo creer que escuche eso de ti— el youkai se acercó y lo hizo recostarse en el suelo antes de poner un paño con agua en sus ojos— pareces un maldito mapache.

— ¿Para qué es esto? — pregunto quitándose el paño, recibiendo un manotazo para que se quedara quieto. — ¿Sessho…?—

— Para que descanses los ojos— bufo el de cabello plata— lo mejor sería dormir bien, pero parece imposible para ti—

— Estas hablando mucho— hizo la observación, al recibir silencio supuso que lo había enojado— lo siento— casi se sobresalta cuando sintió la mano del otro en su mejilla, deseo quitarse el paño, pero si lo hacía era probable que se alejara. Empezó a sentir que el cuerpo se iba a la deriva— me gustaría dormir de nuevo en tus piernas— susurro antes de dormirse.


— Rihan— el aludido se giró para ver al daiyoukai, que sonreía de una forma que solo podía ser producto de su imaginación, un sueño, adivino; el mismo de siempre, recordó. — Ven— llamaba el hombre.

— ¿Qué pasa? — Decía sin voluntad propia— ¿Sesshomaru?

— Debes dormir, pareces un panda— se reía de él— tampoco estas comiendo bien. Ven te daré de comer.

— Tú no dirías eso en la realidad— susurro medio triste. El Sesshomaru de su sueño se río.

— Claro que no, pero si hay algo que le pasara al real— la sonrisa cálida se perdió al decir eso, mientras una flecha le atravesaba el pecho— por tu culpa no podrá seguir viviendo Rihan. Siempre por tu culpa.


— ¡Rihan! — el aludido se levantó temblando, no podía seguir con esto, el cansancio lo mataría, si el mismo no hacía el trabajo. — ¡Maldición! — Pero él no escuchaba nada, se sentía mareado— ¡Rihan!

— Lo siento— susurro mirándolo a la cara— lo siento— Sesshomaru abrió los ojos con sorpresa cuando las lágrimas cayeron de sus ojos— Lo siento— repitió sin cesar— lo…

— Cálmate Rihan— el daiyoukai se tensó, las lágrimas no paraban de correr— Rihan— pero parecía ido, levanto la cara del moreno que seguía en su retahila— Maldición— susurro de nuevo.

Se acercó y le dio un ligero beso, pareció sorprendido pero seguía sin detenerse, por lo que volvió a hacerlo, solo era un rose de labios; así fue varias veces hasta que dejo de decir lo mismo, pero seguía sin reaccionar, por lo que fue dando besos ligeramente más largos donde movía los labios solo ligeramente, hasta que respondió esos.

— ¿Mejor? — pregunto, sintiendo una no deseada preocupación. El moreno asintió algo reacio, antes de intentar alejarse— Claro que no, me contaras que te pasa— reto a su dueño.

— No lo diré Sesshomaru— fue todo lo que respondió.

— ¿Por qué demonios eres tan terco? — gruño mientras salían un poco sus garras.

— No puedo confiarte esto, y sabes el motivo— Rihan parecía estar volviendo en sí. El daiyoukai lo miro un instante antes de levantarse.

— Bien— acepto volteando, pero había dado solo unos pocos pasos cuando se giró de nuevo— al diablo— se acercó hasta quedar a un paso— la tarde que te dormiste en mis piernas— recordó. Rihan lo miró con sorpresa, ¿Al fin lo diría? — dormido, mencionaste a tu esposa Otome— soltó sin más.

— ¿Otome? — Pregunto sorprendido, recibiendo solo un asentimiento como respuesta— ¿Qué dije? — El daiyoukai frunció el ceño.

— Dijiste que lo sentías— hablo como quien no quiere la cosa. Rihan por su parte se quedó en silencio.

Sesshomaru espero, pero nada paso, ¿Qué le pasaba? ¿Se enojaría? ¿Suspiraria y lo calmaría? O ¿Se burlaría de él? El destino, cruel como siempre ante su presencia, le dio lo que no solo más lo molestaría, sino que también, más lo lastimarías.

— ¿Qué? — Rihan soltó una larga carcajada— ¿Era eso? — el moreno no podía creerlo, realmente había esperado algo serio, mucho más serio— ¿Y no querías decirlo? — se rio de nuevo, eso era algo bizarro— Es increíble— murmuro divertido, pero cuando centro su mirada en el hombre, noto que había metido la metafórica pata. Hasta el fondo.

Su acompañante estaba en silencio, la cabeza ligeramente gacha y su columna rígida, respiraba acompasado, pero el aire pasaba forzoso.

Sus pensamientos pasaban rápido por su cabeza, debía haberlo sabido, pero claro, se estaba ablandando con el idiota, y allí tenía su recompensa.

— Sessho… — su palabra quedo en el aire; demostrando de nuevo ser el más rápido de ambos, el daiyoukai desapareció.