— Uh — Sesshomaru abrió los ojos, encontrándose con el hombre de la máscara. — ¿Qué demonios hiciste? — gruño levantándose.
— Él no quería que estuvieras en peligro— fue la respuesta. Sesshomaru miro la entrada del lugar donde estaba el idiota.
— ¿A alguno se le ocurrió que no necesito que me cuiden? — se levantó molesto emprendiendo el camino antes frustrado.
— No vayas, — Hihi se paró frente a él — deberías tener en cuenta lo que él quiere.
— Bueno, él no tiene muy en cuenta lo que quiero yo, entonces no se puede quejar— devolvió. El otro suspiro. Levanto la mano hasta la máscara — ¿Uh? — su sorpresa fue mayúscula cuando el hombre se quitó la máscara. Él había llegado a pensar que no podía quitársela.
— Escúchame — el hombre de cabello y ojos negro lo miró. Hihi tenía unos rasgos considerablemente femeninos, y un porte elegante. — está preocupado por ti, él ya está muerto, solo vive tiempo prestado — el daiyoukai gruño — más que venir por su deseo de vivir, lo hizo por respuestas — sus gestos eran suaves — Por favor Sesshomaru.
— Y ¿que se supone que hará allá? — Bufo — no puede entrar al inframundo hasta que sea un alma — sus nervios estaban a un paso de tomarse vacaciones.
— Bueno, está muerto, no habrá problema con que pase al inframundo— el otro estaba tranquilo, pero el de cabello plata era consciente de la atención de Hihi. No lo dejaría ir fácilmente.
— Espera — respiro de repente. Mando su mando a su obi y saco su espada, esa que le había dado tantas frustraciones en el pasado. Hihi lo miro con sorpresa.
— ¿Esa es…?— su pregunta no fue terminada, pero era obvio lo que seguía.
— Tenseiga — dijo mirándola. — Yo reviví a Rihan con ella, la primera vez que lo vi. — Tenía un mal presentimiento— ¿No cambia eso las cosas? — Hihi tenía los ojos abiertos con sorpresa.
— Rihan — susurro el hombre mirando con apremio la entrada.
— Eso responde todo — guardo la espada y se transformó en una esfera de luz. Rihan no lo había visto de ese modo. Si el idiota quedaba vivo de esa y de la venganza que iba a tener, se lo mostraría.
— ¿Sesshomaru? — Hihi se veía sorprendido. No le prestó atención y se movió rápidamente a la cueva hasta estar dentro frente a las estatuas. Las puertas se estaban cerrando.
— Demonios — mascullo volviendo a su forma.
— Ya te habíamos visto por acá— dijo una de las estatuas mirándolo — ¿Planeas entrar de nuevo?
— Te advertimos, no es un buen momento — hablo quien tenía un arma parecida a una lanza.
— Hay dos demonios muy poderoso adentro, pueden matarte si entras allí— respondió el otro, quien la cuchilla de su arma tenia forma de media luna.
— ¿Por qué dejaron entrar a Rihan? — Pregunto molesto — es solo para quienes están muertos o yo por mi espada— Uno enarco la ceja como si no pudiera creer el descaro.
— Él ya está muerto — Gozu, o Mezu, vaya Kami a saber, le contesto.
Les dijo lo mismo que a Hihi, ambas estatuas entonces quedaron en silencio.
— Bueno, sino está muerto pronto lo estará — respondió uno con simpleza — si quieres salvarlo debes apresurarte.
— ¿Ustedes saben qué hace él aquí? — pregunto, ambos se miraron unos momentos como sopesando si responder.
— Son dos Youkais muy poderos, hemos tenido a uno atrapado aquí por algo más de 200 años esperando— inicio uno.
— Finalmente los dioses se estaban dando por vencidos cuando una sacerdotisa trajo un youkai del futuro— siguió el otro.
— Por supuesto todos quienes vigilamos el equilibrio lo notamos de inmediato.
— Pero hubo órdenes de esperar a que muriera por sí mismo.
— Y tuviera que entrar al inframundo.
— ¿Por qué los reunieron? — pregunto con el ceño fruncido.
— Ambos son muy poderosos, lo suficiente para que se destruyan uno al otro.
— Incluso su alma —la mirada de ambos fue siniestra. — y así ninguno vuelva a renacer.
— ¿Quién es el otro demonio? — pregunto ocultando su ansiedad. — ¿Naraku?
— ¿Ese despojo de ser? — se burló uno — claro que no.
— Deberías saberlo — hablo uno abriendo las puertas — lo conociste muy bien.
— Lo admiraste — Sesshomaru abrió los ojos con sorpresa.
— ¡Maldición! — gruño adentrándose rápidamente. "Lo hemos tenido a uno atrapado aquí por algo más de 200 años esperando" — padre.
— Maldición — Rihan gruño cuando sintió las garras ajenas atravesar su carne. — Loco bastardo — le gruño al demonio de cabello plata.
— ¿Quién eres? — con unos ojos iguales a los de Sesshomaru cuando perdía el control, eran muy similares. Demasiado.
— Nura Rihan, segundo comandante de la procesión de cientos de demonios — el hombre enarco ligeramente la ceja.
— Nunca he escuchado ese nombre — un tono de burla se hizo presente.
— Bueno, no es sorpresa — Rihan inhalo; a pesar de ser el infierno, todo dolía igual. Que desventaja.
— Lo siendo chico — el mayor saco sus garras de nuevo — pero debo matarte, realmente estoy cansado de estar aquí — acto seguido lo ataco.
Tensándose, Rihan se agacho apenas a tiempo para esquivar un nuevo tajo en su piel. Su cabello se levantó de nuevo hasta quedar horizontalmente, su esclerótica se volvió roja.
— Tampoco tengo planes de quedarme acá anciano — su voz gruesa.
Por mucho que dijera eso, era poco probable; sus espadas habían desaparecido, apenas entro a la misma "habitación" que el otro. Infortunadamente, tenía algunos planes que le faltaban por realizar, y que le aspen si no los cumple. Ni siquiera había podido tener sexo con el daiyoukai, y eso era lo primero en su lista.
Ambos se lanzaron uno contra el otro, Rihan esquivo unas garras, pero una patada dio en su costado. Luchar contra un hombre acostumbrado al combate hacia eso. Siendo sincero el poder del tipo era abrumador, y de nuevo, muy similar al de Sesshomaru.
Se levantó y usando su miedo, se hizo invisible, el hombre pareció en un inicio sorprendido, pero rápidamente se recompuso.
— Hacia mucho tiempo no veía esa técnica — el hombre salto agitando sus garras hacia el logrando hacerle un corte en la mejilla.
— Me encantaría saber cómo la conoces, pero estoy un poco apurado— se giró conectando un golpe a los pies del viejo antes de alzarse con intención de acabarlo.
— ¡Rihan! — ambos demonios se sobresaltaron ante la voz.
— ¿Que…? — gruño cuando vio al hombre avanzar rápidamente hacia ellos. — Por una vez, deberías obedecerme — mascullo sin energía.
— Bueno, resígnate — el moreno suspiro, y trastabillo — debiste pensar mejor antes de hacer que me golpearan — con el gesto adusto, Sesshomaru lo reprimió.
— ¿Sesshomaru? — Rihan miro al hombre con quien había estado luchando.
— ¿Lo conoces? — pregunto al aludido.
— Es mi padre — murmuró.
— ¿Eh?
