— Malditos locos — bufo Sesshomaru cuando ambos se atacaron mutuamente fue como presenciar una explosión. Fue expulsado hacia atrás ante la honda.
— Salgamos de aquí — el daiyoukai se sorprendió al ver a Hihi allí.
— ¿Cómo demonios entraste? — pregunto desconfiado, no podía verlo, pero sintió claramente su sonrisa.
— Tengo mis trucos — dijo levantándolo — ahora vamos.
— Pero… — su voz fue callada por otro encuentro del par. — ¿que…?
— No hay nada que hacer Sesshomaru — susurro Hihi.
— ¿a qué te refieres? — pregunto molesto.
— Izanagi, es un dios primordial, desde el momento en que poseyó el cuerpo de Rihan, su energía empezó a destruirlo — El youkai hablo con pesar — aunque se detuvieran ahora mismo, el cuerpo de Rihan no podrá resistir.
— Maldición — gruño intentado ir allí, sin embargo el otro lo detuvo — ¡déjame! — su grito sonó desesperado, nunca pensó que podría sonar así. — Va a morir — susurro.
— Lo siento — fueron las palabras del otro.
— Debemos detenerlos — hablo con alteración — debemos… — pero no pudo acercarse — suéltame — exigió.
— No — fue su respuesta — lo único que mantiene ese cuerpo moviéndose es la energía del dios, Sesshomaru. — Hablo con pesar — Rihan ya no está.
Si alguien alguna vez le hubiera dicho que sentiría como si abrieran su pecho y arrancaran sus entrañas ante la muerte de alguien. El personalmente le habría arrancado las entrañas al atrevido. Pero en ese momento, se le hizo casi imposible respirar, y si no hubiera sido por Hihi, seguramente habría caído al suelo como un saco.
— No, — susurro — no, — repitió — por favor — intento acercarse, pero en este punto solo estaba gateando — aún no está muerto — dijo, su voz con un toque de histeria. Aun sentía el deseo de reclamarlo, esa urgencia solo desaparecería si el otro moría. Aun había tiempo, aun…
— Es hora — Izanagi en el cuerpo de Rihan levanto una espada sobre Izanami — Es hora de que desaparezcas — entonces hundió la espada en el pecho de la que en un pasado fue su esposa.
— ¡No! — grito al mismo tiempo el daiyoukai al sentir como el lazo que se había formado con el granuja empezaba a desaparecer. — ¡No! — Grito de nuevo luchando contra los brazos de Hihi — ¡Suéltame! ¡Rihan! — Logro zafarse y fue corriendo hacia el moreno. — ¿Rihan? — este se giró a mirarlo, pero sus ojos seguían siendo negros.
— Oh, la pieza inesperada — hablo con soltura — debo admitir que hiciste mucho más de lo que esperaba de ti — elogio — Rihan está bien — esto logro la atención de Sesshomaru — como lo reviviste su cuerpo está vivo, solo falta que regrese a su lugar allá.
— ¿Está bien? — pregunto quedo. El dios asintió.
— Si, gracias a ti podrá volver con su esposa y su hijo — sonrió — te lo agradezco, el hombre merece ser feliz, volverá con su familia y vivirá el resto de su vida como debe.
Hihi se acercó con cautela, pensando que esas no eran las mejores palabras para decirle a alguien que había perdido a su amante. Vivo, pero fuera de su alcance.
— Esta vivo — repitió Sesshomaru asintiendo — es suficiente — se levantó con dificultada, las energías parecían haberlo abandonado.
— Esta bien, entonces, me marcho — Izanagi pareció irse, porque el cuerpo del moreno cayo inerte. Sesshomaru se acercó a este, pero no alcanzo a tocarlo, el cuerpo empezó a desintegrarse, como si nunca hubiera existido. Como si todo fuera una mentira.
— Vamos — urgio Hihi, queriendo salir de allí rápidamente, con un asentimiento el daiyoukai acepto.
A lo lejos se veía la figura de Inu no Taisho, herido y cansado, le deseo suerte a su hijo. Y fuerza para seguir.
— Fuiste un maldito — susurro, un cuervo a su lado soltó un graznido, parecido a una risa
— Así es la vida Inu no Taisho — hablo Izanagi con voz incorpórea — A veces da y a veces quita.
— Ustedes los dioses realmente necesitan salir más — gruño molesto. — mi hijo sufrirá por tu culpa.
— De hecho por su propia culpa — el dios rio — lo que está destinado a ser será. No desesperes — el cuervo grazno antes de alzar vuelo — disfruta tus 500 años más en el infierno — se despidió el dios.
Nunca entendería el razonamiento humano, o demonio para el caso; el dios no comprendía muchas cosas, pero no era la primera vez que veía algo así. Inu no Taisho, había intercambiado 500 años en el infierno a cambio de que entrara el youkai a salvar a su hijo. Pero bueno, era un dios de vida. Él le tenía su propia sorpresa.
Y ni siquiera había pedido nada a cambio esta vez.
— ¿Estas bien? — pregunto Hihi al daiyoukai cuando salieron.
— Lo estoy — gruño en respuesta — debo irme — bufo acomodando sus espadas. Su porte rígido. —… cias por salvarme — hablo entre dientes.
— ¿Qué? — con una sonrisa escondida pregunto, el chico era divertido, debía admitir.
— Gracias por salvarme — hablo más claramente, pero no menos forzado.
— Es un gusto, además le prometí a Rihan que te cuidaría. — recordó, aunque inmediatamente se arrepiento cuando un velo cayó sobre el gesto ajeno. — Lo siento — suspiró, habría preferido que las cosas no terminaran así, aunque había sido lo más probable, la esperanza había estado presente. Y esa misma es la que ahora hacia todo más difícil.
— No importa, está vivo — repitió, como quien tiene un mantra y solo puede aferrarse a el — es lo que importa. — Hihi se preguntó, de ahora en adelante, cuantas veces tendría que repetir eso el daiyoukai para tener un poco de normalidad.
— Está bien — acepto — te acompaño a tu aldea. — ofreció acercándose.
— No — se negó Sesshomaru — no estoy herido, puedo ir solo — rechazó— solo vuelve a tu tierra, yo volveré la mía, es más sencillo — el de cabello plata desvió la mirada. Se sentía extraño, un incómodo vacío ocupaba su pecho, sentía su propia respiración fría, y un impulso terrible de tirarse al suelo y desaparecer.
— Pero… — Hihi no pudo terminar, el otro se había convertido en esa esfera de energía y había avanzado rápidamente hasta perderse de vista. — Espero estés bien Sesshomaru — hablo mirando por donde había desaparecido para luego pasar a observar al cielo — menudo lío dejaste Rihan. — Suspiro — espero que al menos tú, logres ser feliz.
