Capítulo 9

De pie, junto a la puerta de entrada, sintió que sus recuerdos la golpeaban repentinamente. La mansión situada en la Toscana francesa, donde había pasado tantos días y tantas noches junto a Ian y su hijo, estaba ahora descuidada, rodeada de la maleza que había crecido en el jardín durante todos aquellos años de abandono. Sin embargo, detrás de todo aquello, aún se sobrecogía ante la magnificencia de la suntuosa residencia. Si se concentraba, todavía podía oler la fragancia de los lirios y los jazminez. Las madreselvas, se enredaban ahora alrededor de las columnas del porche, y las hojas de los árboles flanqueaban el paso hacia la entrada como si los árboles hubieran estado llorando por su ausencia.

- La recuerdo...- Susurró Declan, a su lado, sin apartar la vista de la aldaba de hierro del portón.

- Es tu casa- Le dijo suavemente Emily. Luego se giró hacia él- ¿Entramos?.

Declan asintió con la cabeza, y después de que Emily girara la llave dentro de la cerradura, empujó la puerta, que se abrió con un chirrido producto de la falta de mantenimiento.

Accedieron al salón, rodeado de enormes ventanales por los que se filtraba la luz de la mañana, inundando cada rincón de la estancia. Emily recordaba bien aquel lugar. Allí era donde Ian le había propuesto convertirse en una familia. Allí le había revelado quién era realmente Declan. Los muebles, se encontraban ahora cubiertos por sábanas raídas, y las lámparas del techo, daban cobijo a las telarañas. Pasó su mano por el borde del marco de la ventana, sólo para comprobar que todo había sido invadido por el polvo.

Notó cómo Declan, contenía la respiración durante unos segundos.

- ¿Estás bien?- Le preguntó preocupada.

- Sí- Respondió él mirándola a los ojos- Es solo que... Es una sensación extraña ¿sabes?.. Es cómo si este lugar fuera totalmente ajeno a mí, y al mismo tiempo me perteneciera.

Dio unos pasos hacia adelante, recorriendo la sala, como si tratara de hacer memoria y recordar los momentos de su infancia olvidados.

- En realidad te pertenece- Le dijo Emily a sus espaldas.

Declan se giró hacia ella, confuso.

- La mansión nunca estuvo a nombre de tu padre... Bueno... Lo estuvo, pero a través de un testaferro, por lo que no pasó a ser propiedad del Estado. Cuando organicé todo para venir hasta aquí, se puso en contacto conmigo... Tu padre la puso a tu nombre cuando descubrió que estabas vivo. Cuando cumplas los 18 años, podrás reclamarla... Si quieres.

Esperó por su respuesta, pero Declan permanecía en silencio, sorprendido.

- ¿Por qué querría que yo tuviera la casa?- Preguntó finalmente.

Emily se encogió de hombros, dibujando una leve sonrisa en la cara.

- Aquí fuisteis felices... Supongo...- Le sugirió.

Dio unos pasos hacia él, y le acarició la mejilla durante unos segundos.

- ¿Y tú?- La cuestionó con curiosidad- ¿Fuiste feliz aquí?.

Ahora la que estaba desconcertada era ella. Abrió la boca para contestar, pero las palabras parecían negarse a salir.

- Lo siento... - Se disculpó Declan rápidamente- Supongo que esta casa no te trae buenos recuerdos..- Añadió con gesto arrepentido.

Emily negó con la cabeza.

- No se trata de eso- Le explicó con un suspiro- Claro que fui feliz aquí... Es sólo que me recuerda lo que pudo haber sido y no fue posible...- Continuó con tristeza.

- ¿Y ahora qué?.

Emily parpadeó un par de veces. Siempre le había impresionado la capacidad de Declan para ver más allá de las palabras. Era algo que había heredado de su padre, aún sin haber crecido a su lado.

- Ahora... Supongo que hay que seguir adelante...- Le contestó simplemente.

Declan frunció el ceño durante unos instantes.

- ¿Con Derek?.

Ella lo miró con expresión perpleja, aunque en realidad no le sorprendía la pregunta. Desde que había salido del hospital, hacía algo más de un mes, Derek se había mantenido cerca de ella, pero al mismo tiempo, lo suficientemente lejos como para no agobiarla. Su relación con Declan, sin embargo, se hacía cada vez más estrecha. Tom pasaba mucho tiempo fuera, así que Derek había tomado la iniciativa de pasar algún tiempo con él, incluso sin la compañía de Emily.

- Tal vez...- Admitió ella veladamente, sin atreverse aún a confirmar nada. Aún le quedaba una conversación pendiente con Derek.- ¿Quieres ver el resto de la casa?- Lo invitó cambiando de tema- Arriba está tu habitación.

El hecho de nombrar su dormitorio infantil, despertó su interés de forma inmediata, y Declan desistió de continuar con aquella conversación. Juntos, subieron la escalera de acceso a la segunda planta, y luego Emily lo guió a lo largo del pasillo hasta una espaciosa habitación iluminada, al igual que la sala, por un enorme ventanal. Aún conservaba la cama en la que dormía de niño, y el resto del mobiliario. Declan sintió que su corazón daba un vuelco, e instintivamente, pasó su mano por el cabecero.

- Tu padre siempre te leía un cuento antes de dormir- Le informó Emily, apoyada en el marco de la puerta.

Declan estrechó los ojos, tratando de recordar.

- ¿El soldadito de plomo?.

Emily asintió con una sonrisa.

- Era tu favorito.

Declan se quedó mirándola durante unos segundos.

- Tú también me los leías, ¿verdad?.

Pero en realidad ya sabía la respuesta.

- A veces...- Le confirmó- Pero tu padre siempre estaba a mi lado cuando lo hacía. Nunca se iba a dormir sin venir primero a tu cama.

Declan se quedó con sus ojos fijos en la cama, y luego se volvió hacia ella de nuevo.

- ¿Le echas de menos?.

Durante unos segundos, ambos se quedaron en silencio.

- Sí... Supongo que una parte de mi echará siempre de menos a la parte de él que conocí aquí- Confesó con un suspiro triste.

El muchacho se acercó a ella.

- Siento lo que te hizo, Emily. No te lo merecías- Le dijo.

A Emily su disculpa le sonó como si tratara de enmendar el error de su padre. Tomó su mano entre las suyas.

- Declan, todo lo que hizo fue porque estaba cegado por el dolor...- Le explicó rozándole la mejilla- Pensaba que estabas muerto... No puedo aprobar la forma en que trató de vengarse... Pero no puedo culparlo tampoco... Te quería más que a nada en el mundo... Y eso es con lo que tienes que quedarte. Lo demás... No importa...

- Pero lo que te hizo... -Objetó Declan, recordando la forma en que la había torturado.

- Lo que ocurrió entre tu padre y yo, es cosa nuestra- Lo interrumpió de forma tajante- Tú no debes tomar partido por ninguno de los dos. Él no querría eso para ti... Y yo tampoco.

Declan asintió con expresión de comprensión. Emily notó el alivio que le habían provocado sus palabras. Con un gesto de su mano, lo invitó a seguir recorriendo la casa mientras Emilly le iba contando anécdotas sobre su infancia. Aquello no sólo estaba siendo útil para que Declan recuperara sus recuerdos, sino que también Emily estaba recordando cosas que había olvidado.

Se detuvo en la puerta del dormitorio que había compartido con Ian. La gran cama de roble donde tantas veces habían hecho el amor, seguía presidiendo la habitación, majestuosa. A su memoria vinieron los momentos que había vivido con él, la forma en que la besaba, la suavidad con que la acariciaba, el modo en que la miraba haciéndola estremecer. Incapaz de entrar en ella, se quedó embelesada mirándola, como si fuera una estatua de piedra.

- ¿Emily?- La llamó Declan, rozándole la mano.

El tacto de su mano hizo que volviera a la realidad, y fue entonces cuando notó la humedad en sus ojos. Pasó su dedo por sus párpados y rápidamente recuperó la compostura.

- Perdona... No sé qué me ha pasado- Se excusó avergonzada.

Pero sólo ver la expresión de Declan, supo que él sabía exactamente qué le ocurría. Agradeció que hubiera decidido optar por no hurgar más en la herida.

- ¿Te parece que vayamos a recorrer el jardín?. Al entrar he visto una fuente preciosa.

Emily asintió con una leve sonrisa de agradecimiento, y lo siguió a través del pasillo, cabizbaja, hasta la primera planta y luego hasta el jardín.

Durante casi una hora más, pasearon tranquilamente descubriendo cada rincón y con él, cada recuerdo de los momentos vividos allí.

Emily tuvo que admitir que en realidad, aquel viaje había sido tan necesario para ella como para Declan.