Capítulo 3: "Un hombre patán"
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Isla Berk, pueblo...
Luego de despedirse de Astrid y salir de su casa, Valka se dirigió al pueblo a hacer las compras, pero antes de eso, necesitaba hacer una pequeña parada. Llegó hasta el "gran salón", apodo con el que la gente llamaba al ayuntamiento del pueblo debido a sus viejas costumbres. Inmediatamente pidió hablar con el alcalde, y al ser ésta su esposa, nadie le negó la entrada a su oficina.
— Hola, ¿estás ocupado? — dijo Valka después de tocar a la puerta y que Stoick le diera permiso para entrar.
— Un poco, pero ¿que se te ofrece? — contestó él.
— Venía a hablarte sobre algo — dijo ella tomando asiento frente al escritorio de su marido.
Valka le contó todo, desde la repentina llegada de Hiccup junto a la chica, hasta llegar a la parte del collar. Valka le explicó la forma y diseño del escudo grabado en dicho collar.
— Ahora que me lo explicas, creo que me suena de algún lado — dijo Stoick, quien se puso a buscar algo en su escritorio. Luego de remover las cosas de distintos cajones, encontró lo que buscaba. Una foto de su padre, y abuelo de Hiccup, de sus años de guardia.
— Ese escudo que mencionaste ¿se parece a éste? — dijo Stoick mostrándole la fotografía a su mujer. Dicha foto estaba algo vieja y descuidada, además de que la calidad de aquella época no era muy buena. Aún así, en ella se podía observar a un hombre robusto, parecido a Stoick, con una armadura, el hombre había sido guardia real, y se ganó la reputación de ser un guerrero hábil y fuerte, uno de los mejores del reino. Pero lo que realmente destacaba era el escudo grabado en el pecho de la armadura de aquel hombre, el escudo real, el cual era exactamente el mismo que el que tenía el collar de Astrid.
— Es el mismo escudo, ¿pero cómo? — dijo Valka impresionada.
— Tal vez sólo lo encontró por ahí, o puede que sea descendiente de algún guerrero de ese reino, y se lo hallan dejado como herencia — dijo Stoick quien no le daba mucha importancia al asunto.
— Puede ser, aunque el collar tenia la palabra "Lullaby" grabada justo debajo del escudo, ¿es ese el nombre del reino donde vivía tu padre? — preguntó la mujer quien aún seguía interesada en el collar.
— Mi padre nunca quiso hablarme mucho acerca de su pasado, el era guardia real desde antes de que ocurriera "la gran guerra", cuando la guerra inició y se extendió, inevitablemente también llegó a aquel reino, mi padre junto con el resto del ejército real, pelearon arduamente para defenderlo, hasta que aquel objeto al que llaman "ojo del dragón" apareció para frenar la guerra, después de un tiempo, cuando la paz regresó y el calendario se reinició, el dejó su cargo como guardia real y siguió su vida, no sé que habrá pasado después — finalizó Stoick con su explicación.
— Vaya, nunca me habías contado esa historia — dijo Valka, a quien realmente le había interesado el pequeño relato.
— Mi padre decidió olvidarse de todo aquello y comenzar una nueva vida, ojalá lo hubieras conocido — dijo Stoick.
— Me gustaría haberlo hecho — coincidió Valka.
Y así, los dos esposos continuaron charlando un rato más, dejando de lado el tema de la misteriosa chica rubia y su collar.
En algún lugar del mar...
Habían pasado alrededor de 30 minutos desde que Hiccup y Astrid dejaron Isla Berk. Ambos se habían mantenido callados, como ya era común entre ellos, hasta que la chica decidió hablar.
— Si nunca habías venido ¿como es que sabes la dirección correcta? — preguntó.
— Una vez escuché que sólo debías navegar en línea recta, así que he tratado de mantener el mismo rumbo todo este tiempo — explicó Hiccup.
— Entonces ¿podríamos quedar varados en medio de la nada si llegaras a desviarte? — preguntó Astrid en tono asustado.
— Pues si podríamos — dijo Hiccup soltando una risita nerviosa — pero yo confío en mi habilidad, se que podemos llegar, Johann lo hace todas las semanas — concluyó Hiccup.
— Sólo espero que no nos mates — dijo la chica con sarcasmo.
La rubia estaba sentada en la parte delantera de la lancha, dándole la espalda al joven y mirando el extenso mar frente a ella. Hiccup estaba en la parte trasera manteniendo firme el motor, al mirar a la rubia de espaldas se le ocurrió una idea, era un tanto arriesgada pero por alguna razón quería intentarlo.
Sin previo aviso, comenzó a incrementar la velocidad hasta llegar a su punto máximo, la joven al sentir el cambio, se agarró de donde pudo, quería reclamarle a Hiccup pero comenzó a sentir algo extraño. Una sensación de euforia la invadió, admitía que la velocidad se sentía bien, sentada en donde estaba, extendió sus brazos hacía arriba mientras reía y disfrutaba de la sensación del viento y la brisa marina sobre su piel. Hiccup se contagió de la risa de Astrid, también disfrutaba el momento, por lo que ambos siguieron riendo durante varios minutos hasta que Hiccup pensó que la velocidad podría distraerlo y hacerlo desviarse del camino. El joven comenzó a disminuir la velocidad poco a poco hasta llegar a la que tenían inicialmente.
— Fue divertido — dijo Astrid una vez que la velocidad se normalizó.
— Sí, lo fue — Hiccup estuvo de acuerdo.
Los dos no hablaron por el resto del trayecto, pero realmente se habían divertido un poco y disfrutado del momento.
Una hora después...
Luego del momento de risa, Hiccup y Astrid se habían mantenido callados, la chica seguía dándole la espalda. Durante un largo rato, ella no veía nada más que agua, hasta que vio una linea gris aparecer en el horizonte.
— ¿Qué es eso? — preguntó la chica curiosa.
— Creo que ya estamos cerca — afirmó Hiccup.
La línea gris comenzó a agrandarse, conforme pasaban los segundos, comenzaron a aparecer algunas casas, edificios pequeños, entre otras construcciones.
— ¡Que bien! — exclamó Astrid con alegría — ya llegamos —.
— Así es, por fin estamos aquí — dijo Hiccup quien de igual forma estaba emocionado.
Pasaron unos cuantos minutos más, pudieron ver un muelle donde habían otras lanchas aguardando por sus dueños, Hiccup se acercó a un lugar vacío para poder dejar la lancha y subirse al muelle. Una vez que Hiccup apagó el motor, Astrid se subió al muelle dando un pequeño salto, no esperó a que el joven se lo dijera.
Hiccup también la imitó unos instantes después, lo había logrado, había podido llegar sano y salvo a tierra firme, el chico estaba orgulloso consigo mismo.
— Entonces, ¿que hacemos ahora? — dijo Astrid, ansiosa por ir a dar un vistazo a la ciudad.
— Pues ya estás aquí, creo que debo regresar a mi casa — dijo Hiccup quien no sabía si irse o quedarse un rato.
— Vayamos a dar una pequeña vuelta por los alrededores — dijo la chica — tu dijiste que siempre habías querido ver la ciudad, ¿por que no aprovechas? —.
— Es que no sé, no quiero que se me haga tarde — dijo Hiccup algo apenado.
— Vamos, tratemos de no tardar mucho para te vayas a buena hora — trató de convencerlo la rubia.
Hiccup estaba indeciso, al final pensó que debía aprovechar la oportunidad ya que tal vez no se repetiría, sólo darían un pequeño paseo, ¿que podría salir mal?.
— De acuerdo — dijo Hiccup en un suspiro — pero no tardaremos — dictaminó.
— Claro, vamos — dijo la rubia comenzando a caminar hacia unas escaleras de concreto junto al muelle, aquello también era nuevo para ella.
Ambos jóvenes caminaron integrándose más al ambiente, la ciudad tenia un aspecto como de la edad media o algo así, no era muy moderna pero tampoco era tan rústica como Berk. Había todo lo básico de cualquier ciudad, grandes caminos por donde podían circular todo tipo de transportes, había fuentes, zonas arboladas, y una gran variedad de negocios y establecimientos, así como variedad de viviendas. Los dos estaban fascinados, sin duda ese paseo por la ciudad era una experiencia que ambos recordarían siempre.
— ¡Este lugar es fascinante! — exclamó Hiccup — me gusta — concluyó.
— Lo sé — dijo Astrid riendo — si alguien nos viera se reiría de nosotros y de nuestra fascinación por ver una simple ciudad — dijo riéndose aún más.
— ¿Y a quien le importa lo que piensen? — Hiccup tampoco pudo evitar reír — yo disfruté con esta experiencia — dijo volteando a ver a la chica.
— Yo igual — Astrid estuvo de acuerdo mientras de igual forma volteaba a ver al chico.
Ambos se quedaron mirando frente a frente, durante el siguiente lapso de tiempo, se perdieron en los ojos del otro. Los minutos seguían pasando y ambos seguían mirándose, en una especie de trance, hasta que Hiccup fue quien pensó primero, ¿que estaba haciendo?, se cuestionó. Se dio cuenta que ya había pasado un buen tiempo desde que llegaron y debía volver.
— Creo que es hora de irme — dijo Hiccup — se está haciendo tarde —.
Astrid tampoco sabía porque se quedó mirando a Hiccup, decidió no darle importancia.
— Entonces vamos, te acompañaré al muelle — dijo Astrid comenzando a caminar por la misma dirección por la que llegaron. Hiccup simplemente la siguió.
Después de otro largo rato de silencio, Hiccup y Astrid ya estaban cerca de los muelles, el joven consideró ya era hora de empezar a despedirse.
— ¿Estas segura que estarás bien? — le preguntó a la chica.
— Sí, me las arreglaré yo sola, no te preocupes — dijo la rubia.
Hiccup no contestó, comenzaron a bajar las escaleras de concreto que daban al muelle donde había dejado la lancha.
— Entonces, aquí nos separamos — dijo Astrid mirando a Hiccup.
— Eso parece — contestó el joven dando una mirada hacía la lancha, sin embargo, su mirada cambió a una de sorpresa y angustia. Astrid volteó para ver que había causado ese cambio en el chico, y pudo darse cuenta rápidamente. La lancha no estaba.
Hasta ese momento, Hiccup cayó en cuenta del gran error que había cometido, se había confiado y se distrajo. Dejó la lancha sola, sin ningún tipo de protección o amarre, flotando libremente, perfecto para que cualquiera pudiera tomarla cuando quisiera. Se sentía como un gran tonto.
— ¡No puede ser! — exclamó el chico con enfado — ¿como pude ser tan tonto? —.
— ¿Se la robaron? — preguntó Astrid quien no podía creer lo que pasaba.
— ¿Que clase de pregunta estúpida es esa? — habló Hiccup quien seguía muy enfadado consigo mismo.
— Solo quiero ayudar — dijo Astrid un poco ofendida.
— No necesito tu ayuda, fue tu culpa que me descuidara — dijo el joven quien seguía haciendo rabietas.
— ¿Qué?, espera un momento, ¿me estás echando la culpa? — esta vez la chica si se ofendió.
— Tu fuiste quien me convenció de ir a pasear, pude fácilmente irme a mi casa sin contratiempos — dijo Hiccup con furia.
— ¡No puedo creer lo que me estas diciendo!, todavía que me preocupo por ti, ¿como se suponía que supiera que algo así pasaría? — Astrid comenzó a subir la voz.
— ¡Si no me hubieras distraído, esto no habría pasado!, ¡ES TU CULPA! — Hiccup también subió la voz, por alguna razón, el hecho de Astrid casi le gritara, hizo aumentar su ira y frustración.
— VETE AL DIABLO — gritó Astrid para finalmente darse la vuelta y salir corriendo por las escaleras. Hiccup siguió culpándose a si mismo por tan torpe error.
Muchos minutos pasaron después de aquello, la chica caminaba por la ciudad sin mirar a ningún lado , no le importaba a donde fuera a dar, se mantenía mirando al suelo mientras pensaba. Ella sólo quería darle un momento de alegría a Hiccup, una pequeña compensación por toda la ayuda que él le había dado. No se imaginaba que algo así pasaría, o que el joven reaccionaría de esa manera. Tan sumida iba en sus pensamientos que no se dio cuenta que caminaba demasiado rápido, fue hasta que chocó con la espalda de una persona, que se dio cuenta de ello. El golpe la tiró de sentón al piso.
— ¿Tanta prisa tienes?, fíjate antes de... — un joven dijo eso pero se interrumpió al ver a la chica en el piso.
— Oh cuanto lo siento, ¿estas bien? — dijo el joven agachándose para tenderle una mano.
Astrid quedó un poco atontada después del golpe, pero levantó rápido la mirada para ver con quien había chocado, encontrándose con un joven de cabello negro un poco largo, con una musculatura más desarrollada que la de Hiccup, el joven le tendía la mano para ayudarla a levantarse. Astrid la tomó y se levantó.
— Discúlpame tu a mí, estaba tan distraída que no te vi — fue el turno de Astrid de disculparse.
— No te preocupes, no podría enojarme con una muchacha tan linda como tú — dijo aquel joven.
Astrid se quedó callada por un minuto, acaso aquel tipo estaba ¿le estaba coqueteando?, aunque ese último comentario le recordó a Hiccup y el cómo habían discutido.
— Emm, creo que debo irme — la rubia no sabía que decir.
— Espera, ¿tu no eres de aquí cierto?, lo digo por tu ropa taaan... peculiar — dijo el joven quien no sabía como describir la extraña ropa de la chica.
— Pues no — dijo Astrid — yo soy de otro lado, supongo — lo último lo dijo en voz baja.
— Yo tampoco soy de aquí, llegué ayer — dijo el joven — pero he venido desde niño a esta ciudad, la conozco bien — terminó de decir.
— ¿Entonces tu podrías guiarme por la ciudad? — preguntó Astrid con cautela.
— Claro, yo podría ayudarte emm... ¿cómo te llamas? — preguntó el joven.
— Astrid, sólo Astrid — dijo la chica, usaba ese nombre sin saber si era su nombre verdadero.
— Yo soy Snotlout — dijo el joven estirando la mano para saludarla — pero puedes llamarme Snotlout "futuro novio" — finalizó el joven.
Astrid estrechó su mano correspondiendo el saludo, decidió ignorar esa última parte, aún así el chico le pareció gracioso, tal vez podía ser el inicio de una nueva amistad.
Mientras tanto...
Ya había pasado un largo rato en el que Hiccup caminaba de un lado a otro maldiciendo su descuido. Después de que poco a poco se calmara y pensara mejor las cosas, se dio cuenta de que tal vez se había excedido con la rubia. La culpó de todo cuando en realidad el descuidado había sido él, pero en aquel momento el joven realmente se había enfadado por cometer tal error, ¿que se supone que haría ahora?, ¿como le repondría la lancha a Johann?, y lo más importante, ¿como regresaría a casa?, eran preguntas que Hiccup deseaba poder responderse. Finalmente el chico se dio cuenta que maldecir y enojarse no arreglaría nada, gritarle a la rubia tampoco lo haría. Decidió ir a buscarla para disculparse y de paso pedirle que lo ayudara a pensar en una solución, solo esperaba que la chica no se hubiera ido muy lejos.
Hiccup caminó por el mismo trayecto que él y Astrid recorrieron antes de discutir, miraba para todos lados pero no conseguía verla. Se adentró en otras zonas de la ciudad que no habían recorrido antes, no le importaba perderse, lo que le importaba era encontrarla a ella. Luego de perderse y no poder encontrarla, el chico se resignó, tal vez ella ya se había ido.
Observó una fuente a lo lejos, en una pequeña plaza, podía distinguir lo que parecían ser dos personas sentadas en la orilla de la fuente. Decidió que iría hasta allá para sentarse y pensar bien en lo que haría. Fue así como el chico caminó hacía aquella fuente sumido en sus pensamientos, cuando estaba cerca de llegar, alzó la mirada sólo para encontrarse con una figura conocida, era ella, era Astrid.
Astrid conversaba alegremente con un joven que él nunca había visto, ella se veía contenta con aquel sujeto y eso por alguna razón a Hiccup no le gustó. Se acercó a ellos sin pensarlo dos veces para interrumpir la conversación.
— ¡Astrid!, te he estado buscando — dijo Hiccup llegando con ellos. Astrid lo miró sorprendida al principio, pero después con recelo. Snotlout sólo lo miró con confusión.
— Dudo mucho que yo pueda ayudarte en algo — dijo Astrid quien estaba molesta.
— Tenemos que hablar, no podemos dejar las cosas así — dijo Hiccup, algo incómodo al sentir la miraba del joven al lado de Astrid.
— No tenemos nada de que hablar, ¿por que no te vas de una vez?, ¡oh espera!, que no tienes con que irte ¿cierto? — dijo Astrid con la clara intención de burlarse.
Y funcionó, Hiccup se sintió culpable al ver que ella realmente estaba enojada.
— Por favor Astrid, solo escucha... — Hiccup empezó a hablar pero fue interrumpido.
— Ella ya dijo que no quiere hablar contigo — habló Snotlout quien se paró de donde estaba para caminar hacia Hiccup y quedar frente a frente — es mejor que la olvides — finalizó.
Hiccup se desconcertó, ¿olvidarla?, al parecer aquel joven creía que se trataba de un problema de pareja, lo que también notó Hiccup es que aparentemente él joven estaba tratando de ligar con ella.
— ¿Y quien se supone que eres tú? — dijo Hiccup quien también comenzaba a enojarse.
— No te importa quien soy yo ¿o sí? — dijo Snotlout de manera amenazante.
Hiccup se molestó aún más, parado frente a aquel joven, comenzó a sentir una extraña sensación, una extraña calidez, supuso que era a causa del enojo. Estaba a punto de responderle, cuando Astrid intervino poniéndose en medio de los dos. Ella también notó que Snotlout estaba malinterpretando las cosas.
— Ya basta los dos, no armen un alboroto — dijo subiendo un poco la voz — Snotlout, ¿podrias esperarme en la fuente?, iré a hablar con el para aclarar todo de una vez — terminó de decir mirando al joven mencionado.
— Por supuesto preciosa, te estaré esperando — dijo con una sonrisa en el rostro, se dio la vuelta para ir a sentarse de nuevo al borde de la fuente.
— Ven — dijo Astrid jalando por el brazo a Hiccup, él sólo se dejó guiar. No se alejaron mucho, sólo unos cuanto metros de la fuente.
Una vez que se alejaron, Astrid soltó a Hiccup, quedando frente a frente, el chico comenzó a rascarse la cabeza, no sabía por donde empezar.
— ¿Y bien? — la chica comenzaba a perder la paciencia — no tengo todo tu tiempo —.
— Soy un idiota — dijo Hiccup ya sin detenerse a pensar en que decir, sólo dejo que las palabras salieran — ¿es eso lo que quieres escuchar?, no debí culparte de lo que pasó, el descuidado y torpe soy yo, por favor acepta mis disculpas — dijo el chico mirándola a los ojos.
Astrid se quedó pensando, creyó que Hiccup solo la buscaba para seguirle reclamando, pero se dio cuenta que él en verdad quería disculparse.
— No lo sé, tal vez no quiera disculparte — dijo la chica con resentimiento, aunque en el fondo sólo quería jugar un poco con él.
— ¡Oh vamos! ¿qué tengo que hacer para que me disculpes? — Hiccup ya no sabía que más decir.
Astrid pensó un poco hasta que se le ocurrió algo.
— Pídemelo de rodillas — dijo ella simplemente, aunque intentaba reprimir una risita.
Hiccup se quedó mirándola raro, creyó que ella bromeaba con él, pero al ver que la chica ni siquiera se inmutaba, no le quedó de otra que acceder a la petición. Sin saber porque lo hacia, Hiccup se arrodilló en el suelo.
— Perdóname — dijo Hiccup pensando que ya no podría humillarse más.
Astrid no pudo evitar soltar una carcajada, no pensó que el muchacho realmente aceptara pedirle perdón de rodillas, siguió riendo durante varios minutos.
Hiccup se levantó de golpe, al darse cuenta que la chica sólo jugaba con él.
— Y entonces, ¿eso significa que me perdonas? — dijo mientras seguía viendo a la muchacha reírse.
— Sí jajaja, claro, te perdono jajaja — dijo Astrid entre risas.
Hiccup soltó un suspiro, lo había conseguido, su humillación había válido la pena.
— También necesito que me ayudes — dijo Hiccup después de un rato.
Astrid dejó de reír, simplemente tosió un poco y luego se puso seria.
— ¿Sólo para eso me buscaste? — dijo ella.
— No, en realidad si quería pedirte disculpas, pero estoy desesperado, no sé que hacer — dijo el chico.
— ¿Qué quieres que haga? — dijo Astrid, quien aún sin decirlo, había aceptado ayudar al joven.
— Ayúdame a pensar en algo, en alguna solución — contestó él, mientras ponía una mano en su barbilla, pensando.
— Mmm, ¿porque no le preguntamos a Snotlout?, el conoce mejor los alrededores, tal vez pueda ayudarnos — dijo Astrid.
— ¿A quién? — preguntó Hiccup con confusión.
— A él — dijo la chica señalando al sujeto que seguía sentado en la fuente, observándolos a la distancia. Hiccup inmediatamente cambió su estado de ánimo.
— ¿A él? ¿Y porqué a él? — cuestionó con enojo.
— Ya te dije porqué, solo vamos — dijo la chica que comenzó a caminar en dirección a la fuente.
— ¡No quiero su ayuda! — comenzó a replicar Hiccup — no me cae bien —.
— Apenas y han cruzado unas cuantas palabras — dijo la chica restándole importancia.
— ¿No te das cuenta de lo que quiere? — cuestionó Hiccup — el tipo intenta coquetear contigo, se nota que es un completo mujeriego y un patán —.
— No exageres, a mi me cae bien — dijo Astrid quien no paraba de caminar, Hiccup la seguía aunque no quisiera.
— ¿Lo ves?, ¡ya estás cayendo! — el chico seguía sin estar de acuerdo con la idea de la rubia.
— No es como tu lo piensas, él no es malo, ya lo verás — dijo Astrid. Hiccup estaba a punto de seguir replicando pero ya no pudo, habían llegado frente a la fuente dónde estaba aquel sujeto. El joven se puso de pie y habló.
— Oye — dijo dirigiéndose a Hiccup — ví tu pequeña actuación, eres ridículo jajaja — dijo Snotlout burlándose con fuerte risas.
Hiccup no perdió el tiempo y se puso frente a él.
— ¿Eso crees?, ¿quieres que te demuestre que tan ridículo soy? — allí estaba otra vez,aquella sensación de calidez, esa sensación que nunca antes había sentido, ¿porque la sentía ahora?, supuso que era porque ahora si se había enojado de verdad.
Snotlout iba a contestarle a Hiccup, pero Astrid nuevamente intervino.
— Más ridículos se ven ustedes discutiendo por tonterías — comenzó a decir la chica — por cierto Snotlout, ¿podrías hacerme un favor? — dijo mirándolo.
— Por su puesto lindura, ¿que se te ofrece? — dijo Snotlout con aires de galán. Esto no pasó desapercibido para Hiccup, quien sólo se mantenía serio, aunque la extraña sensación de calor que sentía antes ya se había ido.
— ¿Sabes donde podemos conseguir una lancha?, o algo que nos pueda ayudar a cruzar el mar, lo que sea — pidió Astrid.
Snotlout se quedó pensando.
— No conozco a nadie que venda lanchas, botes y esas cosas, pero hay algunos negocios por aquí donde podrían adquirir una, aunque desconozco el precio — dijo Snotlout.
— Lo que menos tenemos es dinero — Hiccup finalmente habló.
— Vaya, parece que están metidos en un problema — dijo Snotlout, aunque en esta ocasión no buscaba burlarse — si quieren puedo ayudarlos, ya pensaremos en algo — finalizó.
— ¿ En serio lo harás? — preguntó Astrid con una sonrisa.
— Claro, pero primero dejenme ir a hacer algo — dijo el pelinegro.
— ¿Qué cosa? — preguntó la chica.
— Tengo que ir a ver a una persona, esa es la razón por la que vine a la ciudad —contestó Snotlout.
— De acuerdo, entonces te esperaremos —.
— Si quieren pueden acompañarme — Snotlout pensó que sería mejor a que se aburrieran quedándose en ese lugar.
— ¿De verdad?, entonces vamos — dijo Astrid animada, a Hiccup no le agradaba mucho la idea, pero era la única opción que tenía. Snotlout comenzó a caminar y Astrid lo fue siguiendo, a Hiccup no le quedó de otra más que hacer lo mismo. Conforme avanzaban, Hiccup decidió hablar con Snotlout, debía empezar a fraternizar con él para que no desistiera de ayudarlos.
— ¿Es tardado lo que tienes que hacer? — Hiccup se puso a la par de Snotlout para poder hablar con él, mientras que Astrid iba tras ellos.
— No lo creo, sólo iré a recoger un pedido que le hice al herrero — contestó sin voltear a ver a Hiccup.
— ¿Un herrero? — dijo Astrid desde atrás.
— Así es — Snotlout continuaba caminando — Se llama Gobber, es un herrero muy querido entre la gente de esta ciudad, debe ser por que puede hacer los trabajos que le encargan más rápido que nadie — finalizó.
— ¿Encerio es tan bueno? — preguntó Hiccup.
— Sí, lo es, pero eso se debe a que él es un mago — comentó Snotlout — Gobber es un mago elemental, usa la magia "Iron Control", magia que te permite moldear el hierro a tu alrededor y darle la forma que quieras, él usa esa habilidad para crear objetos de hierro y poder ganarse la vida — dijo Snotlout como si nada mientras seguía caminando.
Luego de que Snotlout dijera todo aquello, Hiccup se detuvo abruptamente, estaba pasmado, ¿magia?, ¿mago?, ¿de que estaba hablando Snotlout?. Al ver que Hiccup se detuvo, Astrid también lo hizo.
Snotlout los imitó después de dar unos cuantos pasos, volteó a mirarlos con el ceño fruncido.
— ¿Ocurre algo? — dijo.
— ¿Mago? — dijo Hiccup refiriéndose a lo anterior que había dicho Snotlout — ¿esos que actúan frente a la gente y desaparecen cosas? — terminó de decir todavía confundido.
— No idiota, esos solo existen en los cuentos infantiles, yo hablo de los reales — dijo Snotlout.
— ¿Los reales?, ¿que no son lo mismo? — dijo Hiccup quien seguía sin creer lo que oía. Al igual que Hiccup, Astrid tampoco hablaba, estaba seria mirando a los dos muchachos conversar. La razón por la que no hablaba no era porque estuviera incrédula como Hiccup, si no que era porque no había entendido absolutamente nada de lo que dijo Snotlout.
— ¿Qué ocurre con ustedes dos? — dijo Snotlout mirando alternadamente a ambos — pareciera que nunca habían escuchado acerca de un mago —.
— Yo sólo conozco a los que hacen trucos, esos que actúan y esas cosas — dijo Hiccup confundido.
— Yo no entiendo de lo que hablas — dijo Astrid del mismo modo.
— Ustedes si que son raros, ¿como es que no saben nada?, ¿acaso han vivido en una cueva todo este tiempo? — dijo Snotlout quien seguía sorprendido por el hecho de que sus acompañantes no supieran nada del mundo.
— En realidad yo he vivido toda mi vida en mi isla natal — habló Hiccup — pero allí nunca había escuchado nada sobre magia —.
— Yo no sé nada porque perdí la memoria — dijo Astrid, quien enseguida se arrepintió, afortunadamente, lo dijo en voz tan baja que no la escucharon.
— Que raro, a veces incluso en las islas hay magos — dijo Snotlout — no se cómo es que no saben nada, supongo que tendré que despejar sus dudas — dijo Snotlout quien comenzaba a caminar de nuevo, esta vez hacia otro rumbo — siganme —.
Hiccup y Astrid se voltearon a mirarse el uno al otro, no entendían nada, así que simplemente decidieron seguir al otro joven. Luego de un rato, llegaron a una zona con árboles, Hiccup reconoció que estaban en una especie de parque. Snotlout los guió hasta una banca, donde les dijo que se sentaran, ambos se sentaron y Snotlout se quedó parado frente a ellos, dando vueltas de un lado a otro como un profesor a punto de dar clase.
— A ver, por donde empiezo — dijo Snotlout pensando en como explicarles — la magia existe en este mundo desde hace siglos, algunos nacen con magia mientras que otros no. Existen mas personas normales, que las que usan magia, la gente con magia es poca, comparado con la gente normal. Esa gente con magia es llamada "magos". El hecho de nacer con magia, no te convierte automáticamente en mago, ya que algunos nunca consiguen despertar y controlar su magia. Existen varios tipos de magia, algunos más raros que otros. Pero en general los magos están clasificados, de acuerdo a su magia, en tres grupos. — Snotlout seguía explicando todo sobre la magia, los otros dos no podían creer lo que escuchaban — el primer grupo son los "magos sanadores", éstos magos tienen magia de curación, la cual es bastante débil debido a que no causa ningún daño si peleas con ella, pero es muy útil en casos extremos, la mayoría de gente con esta magia se dedica a curar a los enfermos, así ganan dinero para vivir. La única debilidad de esta magia es que no sana enfermedades terminales, tampoco evita que la gente muera si es que tiene heridas mortales. — Snotlout prosiguió — en segundo lugar están "los magos elementales", magos que como su nombre lo dice, pueden controlar algún elemento de la naturaleza, pueden alcanzar mucho potencial si entrenan sus habilidades, la mayoría suelen ser amistosos, aunque claro, no todos, y eso nos lleva a la tercera y ultima clase, los "magos oscuros". Estos pueden ser o bien magos sanadores, o bien magos elementales, pero lo que los diferencia del resto, es que usan su magia para destruir o ganar dinero fácil dañando a otros, son criminales y por eso se ganan ese título, la mayoría son muy buscados por ejércitos de distintas ciudades,espero que no lleguen a toparse con uno — terminó de dar su explicación.
Astrid estaba fascinada, todo eso se le hacía muy interesante, pero Hiccup pensaba de otro modo. Estaba anonadado, no sabía que decir o que pensar, ¿de verdad todo eso existía?, no cabía duda que el mundo era más grande y complejo de lo que se había imaginado. El mundo fuera de su isla tenía mucho que ofrecer.
— Yo... no sé que decir, todo eso que has dicho es tan... — Hiccup tartamudeaba.
— Me sorprende que de verdad no supieran nada, todo mundo lo sabe — dijo Snotlout aún de pie.
— A mí me parece muy interesante lo que dijiste — mencionó Astrid alegremente — ¿crees que yo tenga magia? — dijo.
— En realidad no tengo forma de saberlo — dijo Snotlout — pero podría ser —.
— Yo sigo sin creerlo — dijo el castaño quien aún no salía de su impresión.
— Pues ese no es mi problema — dijo Snotlout, dándose la vuelta para retomar el camino hacía su destino — ahora vamos, ya me demoré mucho —.
Astrid fue la primera en seguir a Snotlout, en realidad no le daba tantas vueltas a la historia que contó, pero Hiccup si lo hacía, aun no podía creer todo lo que oyó, después de enterarse de eso, la historia que Astrid le contó acerca de su pérdida de memoria ya no se le hacía tan descabellada.
Minutos después...
Luego de un rato y de una caminata, llegaron a una casa pequeña, Snotlout se acercó y tocó a la puerta, pasaron unos instantes hasta que abrieron.
— ¡Snotlout!, creí que ya no vendrías — dijo el hombre tras la puerta.
— Perdona el retraso Gobber, tuve algunos contratiempos — contestó Snotlout.
— Esta bien, no hay problema, pasa — el hombre se quitó para que Snotlout pudiera entrar. Hiccup y Astrid lo siguieron sólo por inercia.
— ¿Y ustedes que quieren? — preguntó Gobber al ver a los dos entrar.
— Ellos vienen conmigo — dijo Snotlout.
— Oh está bien, lo siento — se disculpó Gobber — siganme, vamos al sótano —.
Los tres muchachos lo siguieron, Gobber los guió hasta su sótano, el cual era su lugar de trabajo, una vez llegando, se sorprendieron al ver la gran colección de armas que tenía. Astrid se acercó a ver todas las armas, pero lo que le llamo la atención fueron las hachas, no sabía porqué pero sentía que ya había usado una antes. Hiccup también se distrajo viendo las armas que Gobber había creado, mientras los dos se distraían viendo aquello, Snotlout se acercó a Gobber.
— Entonces, ¿mi pedido está listo? —.
— Por supuesto Joven Snotlout, aquí lo tiene — Gobber señaló una mesa donde yacía el pedido de Snotlout, un mazo de hierro con un mango corto, Snotlout se acercó y lo revisó.
— Es perfecto, sin duda hiciste un buen trabajo — dijo Snotlout animado.
— Me alegra que te guste — dijo Gobber.
Justo en ese momento, un fuerte estruendo se escuchó, Astrid al intentar tomar un hacha que estaba en lo alto de una repisa, acabó volcando dicha repisa, provocando que el resto de armas también cayeran al suelo. Hiccup se acercó a ayudarla, afortunadamente la chica fue ágil y esquivó la repisa para que no le cayera encima, Hiccup levantó la repisa volcada, la cual no era muy pesada, y comenzó a acomodar las armas tiradas, Gobber y Snotlout se acercaron.
— Lo siento mucho señor — dijo Astrid muy apenada.
— No te preocupes jovencita, pudo haber sido peor — dijo Gobber comprensivo.
Hiccup ya casi había terminado de recoger y acomodar las cosas faltantes, lo último que quedaba en el suelo era una espada de hierro, Hiccup la recogió para acomodarla, pero al tomarla por la empuñadura, la hoja entera se prendió en llamas, al ver esto, el joven la dejó caer por impulso.
— ¡Vaya!, no sabía que las espadas podían hacer eso — comentó Astrid.
— En realidad no pueden, pero esa es una espada especial que construí hace mucho — dijo Gobber.
— Se supone que una espada no hace eso, ¿que acaba de pasar? — preguntó Hiccup
— Esa espada es especial, solo un mago usuario de la magia "fire control" puede usarla, un cliente me la encargó hace mucho, pero por algún motivo nunca regresó — comentó el hombre de barba rubia.
— ¿Magia? ¿Entonces Hiccup es un mago? — preguntó Astrid confundida.
— No sabías lo que es un mago, ¿pero eres uno?, ¿que clase de tontería es esa? — dijo Snotlout.
— Es cierto — dijo Astrid estando de acuerdo con el pelinegro.
Mientras tanto Hiccup no podía explicar nada, no sabía lo que pasaba, de nuevo estaba impactado y sin saber que hacer, demasiadas emociones en un sólo día.
— Y-y-yo... no... estaba, ¿como?, ¿cuando?... esto — Hiccup no podía ni articular una frase coherente.
— ¿Cual es el problema? — preguntó Gobber — si de verdad tienes esa magia que mencioné, entonces no es de extrañar que la espada se encendiera —.
— ¡Pero yo no tengo magia! — dijo Hiccup sofocado — yo no soy mago, solo soy un chico de 17 años que ha vivido en su isla toda su vida — finalizó.
— ¿Y cómo era tu vida en esa isla? — preguntó Gobber repentinamente interesado en el chico.
— Ayudaba a mis padres en lo que pudiera, me enseñaban a pescar, a cortar leña y un montón de cosas más, pero nada de magia y esas cosas — dijo Hiccup, quien se veía un poco asustado.
— Mmm, ya veo — dijo Gobber pensativo — lo que es un hecho es que encendiste la espada, por lo tanto, tu tienes la magia "fire control" —.
— Entonces es un mago o no — dijo Snotlout.
— Por lo que me has dicho — dijo Gobber dirigiéndose a Hiccup — nunca habías despertado tu magia, es normal, algunas personas nunca se enteran que tienen magia y nunca la despiertan, pero tu la despertaste al tocar la espada — concluyó Gobber.
Inmediatamente Hiccup recordó algo, cuando conoció a Snotlout hace unas horas y se enojaba con los comentarios que éste hacía, sintió una extraña sensación de calidez, ¿se debía a su magia?,pensó.
— Que interesante — dijo Snotlout para llamar la atención — pero debemos irnos, Gobber, ¿cuanto te debo? — le preguntó al hombre.
— No es nada, te lo doy como un regalo — Gobber tomó una pausa — lamento lo que ocurrió con tu padre, el fue un gran amigo mío en nuestros mejores tiempos — soltó una risilla nostálgica.
Snotlout solo asintió con una mirada también de nostalgia, esto no pasó desapercibido para todos los presentes, Hiccup al presenciar todo ese pequeño diálogo, se dio cuenta que algo le había pasado al padre de Snotlout, por un momento se olvidó del asunto de la espada.
— Gracias Gobber — habló Snotlout después de un rato — significa mucho para mí —.
— No es nada muchacho — dijo Gobber quien comenzó a caminar a la salida del sótano — ahora siganme —.
Los tres jóvenes se voltearon a ver, no sabían que quería Gobber, pero decidieron seguirlo.
Después de subir escaleras y salir del sótano, los tres jóvenes se reunieron con Gobber en una pequeña sala.
— En el piso de arriba están dos dormitorios, uno es mío pero el otro está libre, pueden usarlo para pasar la noche — les ofreció Gobber. Los tres se sorprendieron, Snotlout fue el que habló.
— ¿Estas seguro? — dijo con duda.
— Por supuesto, soy sólo un viejo que vive sólo, no me molesta que duerman en esa habitación, nunca la uso — contestó el hombre.
— Pues... no lo sé, ¿que opinan ustedes? — dijo Snotlout volteando a ver a los otros dos para que lo ayudaran a decidir. Los dos se habían mantenido callados hasta ese momento.
— Yo no tengo a donde ir, así que me quedo — dijo Astrid.
— Y yo no tengo forma de irme, además que pasar la noche a la intemperie no está en mis planes — dijo Hiccup.
— Entonces nos quedamos — le confirmó Snotlout a Gobber.
— Bien, están en su casa — dijo Gobber con amabilidad — y ahora si me disculpan, iré a ver algunas cosas al sótano, nos vemos luego — dijo caminando de nuevo escaleras abajo.
Snotlout fue a sentarse a un pequeño sofá.
— Creo que tenemos suerte — dijo.
Hiccup se sentó en otro sofá más grande que estaba enfrente. Astrid se sentó junto a él momentos después.
— Yo creo que ha sido interesante — dijo Astrid.
— No le veo lo interesante —dijo el castaño.
— Yo tampoco — secundó el pelinegro.
— Sólo relajense — dijo Astrid estirando las piernas.
— ¿Que haremos mañana? — dijo Hiccup para cambiar el tema.
— No se ustedes, pero yo regresaré a mi pueblo, tengo algo importante que hacer — dijo Snotlout.
— Y yo tengo que seguir con mi búsqueda — dijo Astrid — aunque no sé a donde debo ir —.
— Esperen, ¿no se supone que me ayudarían? — preguntó Hiccup.
— Es cierto — recordó Snotlout — lo había olvidado, te ayudaré en cuanto termine con lo que tengo que hacer —.
— ¿Tiene que ver con tu padre? — preguntó Astrid, recordando la pequeña conversación de Snotlout con Gobber. Al instante el pelinegro se puso pensativo, bajo la mirada y no habló. Hiccup lo notó y decidió intervenir.
— No deberías ser tan inoportuna Astrid — dijo Hiccup hablándole a la rubia a su lado. Astrid se dio cuenta de su error.
— Es verdad, lo siento mucho Snotlout — dijo apenada.
— Está bien, después de todo tu no sabes nada — dijo Snotlout — creo que no me hará daño contarles lo que pasó —.
— No tienes que hacerlo — dijo Hiccup.
— De todas formas lo haré, no es una historia muy larga — dijo Snotlout — creo que me sentiré mejor después de esto —.
Snotlout se tomó un pequeña pausa, suspiró hondo y luego comenzó, los otros dos lo veían atentamente.
— El pueblo de donde vengo se llama "Villa Boro", solía ser un pueblo de gente pacífica y trabajadora, pero desde hace algunos años, una extraña organización a estado sembrando el caos y el miedo. Tomaron el pueblo, hacen lo que quieren y obligan a la gente a trabajar para ellos, se hacen llamar "los marginados", desconozco cual es su propósito o quien será su líder, pero sabemos que han tomado otro pueblos cercano al mío, supongo que su objetivo es ganar poder para expandirse a otros lugares —.
— Eso es terrible, ¿que clase de gente es esa? — dijo Astrid desanimada por lo que estaba oyendo. Hiccup sólo seguía escuchando.
— Y eso no es todo, hace una semana intentamos detenerlos, todos los hombres del pueblo nos reunimos para pelear, pero debido a la escasez de armas y a que nos superaban en número, no pudimos ganar. Algunos cuantos murieron en esa pelea, entre ellos mi padre — dijo Snotlout con pesar.
— Oh dios — fue lo que alcanzó a decir Astrid por la impresión.
— ¿Que le ocurrió a tu pueblo? — se atrevió a preguntar Hiccup.
— Muchos se resignaron, decidieron ya no intentar defenderse, los que sobrevivimos a la pelea decidimos seguir luchando, estamos dispuestos a defender nuestro hogar hasta el final — dijo Snotlout con convicción — planeamos un nuevo ataque para mañana, por eso vine a esta ciudad a conseguir esto — señaló al mazo de hierro en el suelo, recargado en el sofá en el que estaba sentado — esta vez debemos lograr algo, ellos creen que yo también morí, aproveché eso para escaparme del pueblo, no sin antes ponerme de acuerdo con los demás — finalizó.
— Vaya, su valentía es admirable — dijo Astrid.
— ¿De verdad tienen un plan? — preguntó Hiccup.
— Por supuesto, ya te dije que pelearemos hasta el final, vengaré a mi padre — dijo Snotlout decidido.
Esa seguridad en la voz de Snotlout hizo que Hiccup se pusiera a pensar, todo ese tiempo vivió cómodamente en su isla, alejado de todo, nunca supo lo que era luchar por algo que quieres, y Snotlout realmente quería ayudar a su pueblo y vengar a su padre.
— Te ayudaremos — dijo repentinamente Hiccup — iremos contigo — estaba decidido.
— ¿Encerio? — dijo Astrid dudosa.
— ¿Que? ¡Esto no es un juego! — dijo Snotlout desconcertado.
— Ya lo sé, pero si tu vas a ayudarme, entonces yo haré lo mismo por ti — dijo Hiccup.
— Es peligroso — siguió replicando Snotlout.
— Una de las cosas que solía hacer en mi isla era entrenar con la espada, mi padre me enseñaba a usarla, según el decía que me podía servir alguna vez — contó Hiccup.
— ¿Te crees capaz de poder hacerlo? — preguntó Snotlout aun dudoso.
— Bueno, si las cosas se ponen feas podemos salir huyendo de ahí ¿no? — dijo Hiccup con humor.
— Si eso es lo quieres, entonces no te detendré — dijo Snotlout — pueden venir —.
— Que bien, iremos contigo — habló Astrid.
— Les aviso que no será fácil, no me hago responsable de lo que les pase — dijo Snotlout quien no cambiaba su expresión seria.
— Entre más gente seamos es mejor ¿no?, tu sólo dame una espada y veré que puedo hacer — dijo Hiccup convencido, no sabía ni de donde había sacado aquella convicción.
— Descuida Snotlout, nosotros te ayudaremos, no estas sólo — dijo Astrid dándole una sonrisa al mencionado.
Snotlout los miró a ambos, era extraño que unas personas que apenas conoció hace unas horas, le ofrecieran su apoyo. No cabía duda de que había encontrado dos grandes amigos.
— Gracias chicos, prometo que les devolveré el favor — dijo Snotlout el cual sonrió por primera vez en todo el rato.
— No se ustedes, pero yo quiero dormir — dijo Hiccup — hoy a sido un día muy agotador —.
— Subamos entonces — dijo Snotlout.
Los tres se encaminaron a las escaleras y subieron hacía la habitación que les indicó Gobber. Al llegar, en seguida Astrid se agenció de la cama, los dos jóvenes supieron que les tocaba dormir en el suelo, buscaron algunas cobijas y las extendieron en el suelo, luego de acomodarse y prepararse adecuadamente para dormir, los tres se despidieron.
— Buenas noches — dijo Astrid.
— Buenas noches — contestó Hiccup.
— Descansen bien, mañana habrá algo de acción — dijo Snotlout a modo de despedida.
Hiccup y Snotlout dormían en el suelo, uno en cada lado de la cama dónde dormía Astrid. La rubia tardó un poco en quedarse dormida, cuándo estaba a punto de lograrlo, un sonido llamó su atención. Snotlout roncaba como un oso hambriento, la rubia se puso la almohada en la cabeza en un intento por no escuchar aquel sonido, pero repentinamente Hiccup también empezó a roncar. La chica no se esperaba eso, su noche sería muy larga, al no poder dormir se empezó a preguntar que pasaría mañana, que les depararía el destino.
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Continuará en el Capítulo 4: "Los marginados"
Espero que el capítulo les haya gustado, muchas gracias a todos los que lean, comenten que les está pareciendo la historia, nos leemos hasta la próxima.
