Capítulo 4: "Los marginados"
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Un nuevo día comenzaba, una chica rubia recién despertaba, no había dormido muy bien, los ronquidos de sus compañeros de cuarto no la dejaron. Abrió sus ojos perezosamente, al levantarse por completo vio que estaba sola, los otros dos seguramente estaban en la planta baja. Lo supo porque ya no estaban en el suelo las cobijas que usaron para dormir, señal de que se estaban preparando para partir, ella debía hacer lo mismo. En realidad no tenía nada, así que no tardaría mucho, al revisar la habitación se dio cuenta de que había un baño, la habitación contaba con su propio baño, la rubia pensó que era perfecto, una buena ducha le vendría muy bien, aunque no le quedaba de otra que ponerse la misma ropa, pues no tenía otra.
Planta baja...
Hiccup y Snotlout estaban en la sala, sentados cada uno en un sofá, los dos se encontraban esperando a Gobber, que bajó al sótano a buscar algo.
— ¿Tu pueblo queda muy lejos? — preguntó Hiccup.
— No mucho, esta aproximadamente a 5 kilómetros de aquí, caminando nos tomará una hora máximo, y eso si caminos lento — dijo Snotlout.
Gobber llegó subiendo las escaleras que daban al sótano, traía algo entre las manos.
— Disculpen la tardanza — dijo Gobber — tengo esto para Hiccup — dijo dirigiéndose al mencionado, extendiéndole lo que traía en las manos. La espada que se encendió en llamas el día anterior, gracias a que Hiccup la tomó por la empuñadura.
— ¿Una espada? — preguntó Hiccup dudoso.
— Así es, es la espada que sólo una persona con la magia "fire control" puede usar — explicó Gobber. La espada estaba en una vaina, la cual tenía una correa cruzada que podías ponerte para que la espada quedara en la espalda.
— No puedo tomarla, ya has sido muy amable con nosotros — se excusó el castaño.
— Puedes llevártela, prefiero que la uses tú a que esté guardada en una repisa — dijo amablemente el hombre — tómala como un recuerdo de Ciudad Zinc —.
Ese era el nombre de la ciudad en la que estaban, Hiccup recién lo descubría. De alguna manera, sabía que el hombre rubio insistiría hasta que tomara su obsequio, por lo que lo tomó sin otra opción.
— Mientras no toques la empuñadura, la espada no se encenderá — comentó Gobber — hasta que aprendas a controlar tu magia, cuando eso pase, podrás controlar si encender la espada o no —.
— ¿Cómo le hago para aprender a controlarla? — preguntó Hiccup.
— Tendrás que aprenderlo por tu cuenta, cada magia es diferente — respondió el hombre — aunque puede que en tu viaje encuentres a alguien que sepa —.
Hiccup se paso la correa por la cabeza, la cual quedó en diagonal sobre su pecho, de tal forma que la vaina y la espada quedaron en su espalda, de esa forma podía desenvainar la espada cuando quisiera, solo tenía que levantar su brazo a la altura de su cabeza.
En ese instante oyeron pasos en las escaleras, la única chica de la casa venía bajando, traía la misma ropa que el día de ayer, pero la diferencia era que el cabello lo traía suelto y húmedo, ayer lo tenía en trenza.
— Hola, buen día — saludó Astrid de manera cordial.
— Buenos días muchacha, espero que hayas tenido una buena noche — dijo Gobber.
— Si la tuve — mintió Astrid, la verdad es que casi no durmió debido a los fuertes ronquidos de sus acompañantes.
— Ya era hora de que despertaras — habló Snotlout por primera vez en todo el rato.
Astrid no entendió el comentario, miró el reloj que estaba sobre una mesa al lado de uno de los sofás, marcaba las 11 de la mañana.
— Parece que dormí más de la cuenta — dijo para sí misma, aunque todos lo oyeron.
— Nos dio tiempo de prepararnos para partir — dijo Snotlout — ya estamos listos —.
— ¿No comerán algo antes de irse? — preguntó el mayor.
— Lo siento, debemos irnos ahora, se está haciendo tarde y no podemos perder más tiempo — dijo el pelinegro levantándose del sofá y tomando su mazo, realmente eso era lo único que tenía.
— Entonces andando — dijo Hiccup quien ya estaba de pie.
— Tengan mucho cuidado, que los dioses los acompañen — dijo Gobber a modo de despedida.
— Pero yo tengo hambre — dijo Astrid.
— Comeremos en cuanto lleguemos a mi pueblo — dijo Snotlout simplemente.
— No te preocupes, yo tampoco he comido nada — consoló Hiccup a Astrid. A la chica no le quedó de otra que aguantarse, los dos siguieron a Snotlout quien ya estaba en la puerta principal, a punto de salir.
— Nos vemos Gobber y gracias — dijo Snotlout despidiéndose. El hombre también se acercó a la puerta.
— Adiós señor — dijo Astrid saliendo también de la casa detrás de Snotlout — es usted muy amable — dijo alegremente.
— Cuidate Gobber — Hiccup faltaba de despedirse — y muchas gracias por esto — dijo señalando a la espada envainada detrás de él. Astrid recién en ese momento se dio cuenta de la nueva adquisición de su acompañante.
— Adiós muchachos, que tengan suerte — se despidió Gobber después de que los tres jóvenes habían salido de su hogar. Los tres le hicieron señales de despedida con la mano y comenzaron a caminar guiados por Snotlout. Un nuevo viaje comenzaba para ellos.
Minutos despues...
Habían pasado alrededor de 30 minutos desde que dejaron la casa de Gobber, Snotlout los guió por las calles para dejar la ciudad, poco a poco, el panorama urbano fue sustituido por vegetación. Finalmente dejaron la ciudad atrás, llegaron a una pequeña vereda que se internaba en el bosque.
— Por aquí podemos cortar camino y llegar más rápido — dijo Snotlout.
— ¿Vamos a caminar hasta tu pueblo? — preguntó Astrid confundida.
— No está tan lejos — dijo Snotlout sin darle importancia.
— Ahora que lo pienso — habló Hiccup — deberías decirnos lo que tienen planeado — dijo dirigiéndose a Snotlout.
— Se los diré una vez que lleguemos al pueblo y nos reunamos con los demás — contestó el pelinegro.
— ¿Y yo que haré? — preguntó Astrid.
— ¿Sabes pelear? — preguntó Snotlout.
— No sé — respondió melancólica — tal vez —.
— No te preocupes, yo te protegeré — dijo Snotlout con galantería — soy muy fuerte — dijo flexionando sus brazos para que resaltaran sus bíceps. Hiccup simplemente decidió ignorarlo y Astrid, un poco incómoda, decidió cambiar el tema.
— Esa espada es genial — dijo mirando a Hiccup — es la espada de fuego ¿no? —.
— Así es, Gobber me la regaló —.
— Fue muy amable, además te queda genial, te ves muy bien — elogió Astrid con una sonrisa. Hiccup se puso nervioso y desvió la mirada, era la primera vez que una chica lo elogiaba, no sabía que responder a eso.
— Tú... te ves bien con el cabello suelto — dijo Hiccup sin saber que más decir, esperaba no quedar como un tonto.
— Emm, gracias — dijo Astrid, ella también se sintió rara recibir el cumplido.
— Por cierto, ¿tu también eres mago? — la rubia le preguntó a Snotlout, para cambiar el tema.
— No, yo no tengo magia — contestó Snotlout.
— ¿Cómo lo sabes? —.
— Creeme, yo lo sé — dijo el pelinegro soltando una pequeña risa. Los tres siguieron hablando sobre cualquier tema sin importancia que se les ocurría, mientras el camino se hacia cada vez más corto.
30 minutos después...
En total había transcurrido una hora desde que dejaron Ciudad Zinc, los tres seguían caminando por la vereda.
— ¿Falta mucho? — preguntó Astrid, estaba cansada y lo peor era que no había comido.
— Mira por ti misma — dijo Snotlout señalando al frente. A lo lejos podía distinguirse un cúmulo de casas.
— Que bien, por fin llegamos — dijo Astrid.
— ¿No deberían estar vigilando quien entra y quien sale? — dijo Hiccup refiriéndose a la organización que amenazaba el pueblo de Snotlout.
— Esos idiotas se confían demasiado — contestó con desdén — saben que la gente está asustada y que no intentarán nada, pero hoy eso cambiará — dijo.
— Creo que me está dando miedo — dijo Astrid.
— Siendo sincero, a mi también — dijo Hiccup — no se en que pensaba ayer que me ofrecí a venir —.
— ¡O vamos! ¿no hablarán enserio? — dijo Snotlout, un poco divertido con la situación. Hicuup y Astrid pensaron en que responder, pero ya era tarde, habían llegado al pueblo. Un gran camino de tierra se extendía frente a ellos, pasaron junto a un letrero que tenia "Villa boro" escrito en él. Snotlout los llevó a través de las pequeñas calles del pueblo, hasta que llegaron a una especie de restaurante pequeño. El pelinegro entró y los otros dos lo siguieron.
— Este lugar está muy vacío — comentó Hiccup, no había nadie dentro del lugar.
Snotlout se acercó a la barra y dio un golpe en ella, se escucharon ruidos en la parte de atrás, donde estaba la cocina.
— ¡Snotlout!, que alegría que estés de vuelta — dijo un hombre de cabello negro, vestido de cocinero, quien salía de la cocina.
— Que tal Seth, ¿como va todo? — dijo Snotlout.
— La gente está en sus respectivas casas, saben que se acerca la hora — contestó Seth. Hasta ese momento, los otros dos presentes en el establecimiento se habían mantenido callados. Seth desvío la mirada y los notó, enseguida se puso a la defensiva.
— ¿Quiénes son ellos? — dijo dando un paso hacía atrás.
— Descuida, son amigos — dijo Snotlout para tranquilizarlo. — ellos también ayudarán —.
— De acuerdo — dijo Seth, la verdad seguía un poco dudoso.
— Dales algo de comer, te lo pagaré después — pidió Snotlout — yo iré a reunir a todos para que vengan aquí —.
— No tienes que hacerlo — dijo Hiccup refiriéndose a lo de la comida — podemos aguantar —.
— Sólo coman y esperen — dijo Snotlout dirigiéndose a la salida del lugar — volveré pronto — dijo saliendo.
A Seth no le quedó de otra que hacer lo que le pidió Snotlout, fue a la cocina sin decir ni una palabra. Hiccup y Astrid se quedaron sólos, y sin decir ni una palabra, se sentaron en la barra para esperar. Ninguno de los dos sabía que decir, no estuvieron mucho tiempo en silencio ya que Seth regresó con dos platos.
— Espero que les guste — dijo Seth poniendo los platos frente a ellos, los cuales contenían un guiso de carne y verduras. Ambos lo probaron sin hablar, la verdad no había mucho que decir.
— Está bueno — habló Astrid después de haber comido medio plato — eres un excelente cocinero —.
— Muchas gracias señorita — agradeció Seth — ¿de dónde vienen? — preguntó directo al punto.
— Vengo de una isla llamada Berk — respondió el castaño.
— Y yo... — Astrid no sabía que responder, no tenía idea de dónde venía.
— Ella también — dijo Hiccup para salvarla de la situación, la chica se lo agradeció con la mirada.
— No he escuchado de ese lugar — dijo Seth, aún dudaba un poco de los dos — ¿cómo conocieron a Snotlout? — cuestionó.
— Lo conocimos en Ciudad Zinc — mencionó Hiccup.
— Me crucé con él de casualidad — comenzó a relatar Astrid — hablamos un poco y después llegó él — dijo señalando a Hiccup — al final le pedí un favor a Snotlout y el aceptó, pero primero fuimos a ver a un herrero llamado Gobber, como él aceptó ayudarnos, entonces nosotros decidimos ayudarlo a él viniendo aquí — finalizó la rubia.
Seth no sabía si creer en esa historia, al final decidió confiar en Snotlout, en que no se equivocaría trayendo a esos dos foráneos.
— Disculpa, ¿podrias hablarnos mas de lo que pasa aquí en el pueblo? — pidió Hiccup — Snotlout sólo nos contó una parte —. Seth decidió hacerlo sin pensarlo mucho.
— Todo comenzó hace 6 años, de repente un grupo extraño llegó, en aquel entonces no eran muchos, pero aún así no pudimos detenerlos, su líder es un tipo llamado Alvin, es un mago oscuro, nos venció a todos ya que en nuestro pueblo no hay ningún mago. Con el paso de los años fueron aumentando en número, nos obligan a darles la mitad de todo lo que obtenemos trabajando, vienen cada semana a cobrarnos —. relató Seth con pesar.
— ¿Nadie ha intentado huir? — preguntó Hiccup.
— Muchos lo intentaron, pero Alvin manda a unos cuántos hombres a vigilar entre semana, los manda en días al azar, por lo que realmente no sabemos cuando vendrán. El único día que si sabemos que vendrán es el día de cobro, un día como hoy, todas las semanas — dijo Seth.
— ¿Entonces están atrapados? — dijo Astrid, fue un pensamiento en voz alta.
— Si vienen y encuentran a alguien intentando huir, lo matan al instante — dijo Seth con tristeza — pero además, todos los días de cobro nos cuentan, si llega a faltar sólo uno, matan a alguien escogido al azar, ya lo han hecho en el pasado, hemos visto como asesinan a quien caiga, incluso si es mujer o un niño, no tienen piedad por nadie. — dijo el hombre con pesar.
— Que horror — fue lo único que pudo decir Astrid.
— No lo puedo creer — dijo Hiccup de igual forma.
— Desde hace un tiempo ya nadie había intentado escapar, pero en secreto comenzamos a planear nuestra rebelión, decidimos que pelearíamos para defender nuestro hogar. Snotlout junto con su padre irían a Ciudad Zinc para conseguir más ayuda, pero los descubrieron. Fue así como asesinaron al padre de Snotlout — contó Seth.
— Que mal por él — dijo Hiccup compadeciéndose del pelinegro.
— Aunque Snotlout logró engañarlos haciéndolos creer que también lo habían matado, cuando ellos se fueron, Snotlout regresó y siguió haciendo planes para atacar, el sólo quiere vengarse — concluyó Seth.
— ¿Y quien no querría? — dijo Astrid con frustración — esa gente es despreciable —.
— Debe haber un objetivo mayor, una ganancia más grande — dijo Hiccup — me cuesta creer que hagan esto solo por pura diversión —.
— Lo único que sabemos es que Alvin está buscando algo, algo que no ha podido encontrar, obviamente no sabemos que podrá ser — dijo Seth.
No les dio tiempo de seguir hablando, escucharon fuertes murmullos que venían desde fuera y acercaban, murmullos de varias personas.
Snotlout había reunido a todos los hombres que participarían en la revuelta, los llevó al restaurante, en donde entraron. El grupo era de aproximadamente 30 hombres, todos dispuestos a pelear hasta el final. Hiccup y Astrid se levantaron de sus asientos frente a la barra, ambos ya habían terminado de comer. Seth sólo se quedó en su lugar.
— ¡Escuchen todos! — exclamó Snotlout en voz alta — los marginados llegarán pronto, ya tenemos todo listo, ya están en sus puestos los hombres que evacuarán a las mujeres y los niños, en caso de que nos empiecen a ganar. Las rutas de evacuación se internan en el bosque, con el fin de despistar al enemigo. Atacaremos desde la entrada del pueblo, los mantendremos lo más alejados que sea posible, para que los haya tiempo suficiente de evacuar. — explicó Snotlout el elaborado plan.
Todos los presentes estuvieron de acuerdo, eran de distintas edades, complexión y estatura, pero todos con el mismo ideal, defender su hogar y a sus familias. Hiccup y Astrid sintieron admiración por esa gente, dispuesta a defender lo suyo.
Unos pasos apresurados se escucharon desde afuera, un hombre sudoroso entró al lugar, al parecer había corrido apresurado.
— ¡Ya están aquí! — exclamó alarmado. El hombre había sido asignado para cuidar el camino que conducía al pueblo, cuando vio al enemigo acercarse a lo lejos, fue inmediatamente a informar a los demás.
— ¡A llegado la hora! ¡Ataquemos antes de que lleguen al pueblo! — dijo Snotlout en voz alta. Todos los presentes ya estaban equipados con distintas armas cuerpo a cuerpo, ya que los marginados también las usaban. Snotlout también equipado con el mazo que le hizo Gobber, fue el primero en dirigirse a la salida.
— ¡SETH! — gritó — en cuanto veas que comencemos a tener desventaja activa el plan de evacuación, la gente ya sabe que hacer — ordenó Snotlout.
Astrid se acercó a Hiccup.
— Yo iré con Seth — dijo Astrid — ayudaré en la evacuación, guiaré a la gente —.
— Pero ni siquiera te sabes la ruta — dijo Hiccup, no le gustaba la idea de que se separaran.
— Le diré a Seth que me la explique rápido — dijo la rubia decidida — creo que yo no puedo pelear, pero quiero ser útil de alguna forma, se que puedo hacerlo — dijo mirando fijamente al castaño. Hiccup aceptó la idea aunque no quisiera.
— Está bien, solo ten cuidado ¿si? — dijo no muy convencido.
— Lo tendré, tu también ten mucho cuidado, por favor — dijo Astrid, quien sin pensar, se acercó y le dio un fuerte abrazo a Hiccup. El chico no sabía como reaccionar, no se esperaba eso, sin saber que más hacer, correspondió el abrazo.
Hiccup vio que todos los hombres comenzaron a salir del local, siguiendo a Snotlout. Era momento de que el hiciera lo mismo. Deshizo el abrazo con la rubia.
— Es hora de irme — dijo simplemente, salió corriendo hacia la salida sin esperar respuesta.
Astrid se quedó viendo aquella salida, luego vio a Seth quien también se dirigía a dicha salida.
— ¡Espera! — lo llamó — quiero ayudar con la evacuación, ¿podrías explicarme que debo hacer? — pidió la rubia.
— La verdad es que entre mas ayuda tengamos es mejor — dijo Seth parándose en la entrada — sigueme — salió corriendo. Astrid también corrió para seguirlo. Finalmente el restaurante había quedado vacío.
En la entrada del pueblo...
Una multitud de alrededor de 50 hombres se acercaba al pueblo. El que los lideraba era un tipo de cabello negro, con una especie de armadura y una espada ya desenvainada en su mano, dicho hombre, vio a lo lejos a un montón de gente acercarse.
— ¿Que será eso? — dijo uno de los marginados.
— Espero que no sea lo que estoy pensando — dijo el lider — aunque si es eso entonces tendremos diversión — dijo con una sonrisa.
Cuando los segundos pasaron, ambas multitudes se encontraban muy cerca una de la otra.
— ¡ES AHORA O NUNCA! — gritó Snotlout guiando a su gente. Fue así como en cuestión de tiempo ambas multitudes finalmente chocaron.
— ¡Si era lo que estaba pensando! — dijo con diversión él líder de ese grupo de marginados, le divertía la idea de iniciar una masacre.
Fue así como una fiera batalla inició, ambos bandos chocaron espadas, mazos, cualquier arma cuerpo a cuerpo que tuvieran. Hiccup quien se encontraba algo lejos, debido a que fue el último en salir a la lucha, vio que la batalla había iniciado. Desenvainó su espada, la cual al toque con su mano, se encendió en fuego. Ya con su espada envuelta en llamas, el castaño decidió poner a prueba los resultados de los entrenamientos con su padre. Snotlout se lanzó a golpear algunos enemigos, era ágil y esquivaba sus ataques, después los derribaba con un fuerte golpe de su mazo, siguió derrotando a varios, hasta que se amontonaron 4 marginados que se lanzaron a atacarlo al mismo tiempo. El pelinegro estaba en problemas, no podría esquivar todos sus golpes, sin embargo, Hiccup llegó en ese momento y con su espada derribo a uno de ellos, haciéndole una cortada en el vientre. Ese ataque no se lo esperaban, Snotlout aprovechó la confusión de sus adversarios para darle un fuerte golpe a uno ellos, que bastó para dejarlo fuera de combate. Sólo quedaban dos, ambos jóvenes se lanzaron a atacar al mismo tiempo, Hiccup chocó espadas con uno de ellos, el calor que emanaba de la espada de Hiccup comenzó a debilitar y fundir la espada de hierro de su oponente.
— ¿Que clase de truco es ese? — dijo con asombro el miembro de los marginados.
— Esta espada es única — dijo Hiccup con una sonrisa en su rostro.
La espada del adversario finalmente acabó por romperse, Hiccup aprovechó para darle un corte en el pecho y luego una patada en el estómago, lo cual acabó por hacer caer al oponente. Por otro lado, Snotlout estaba teniendo problemas, lo único que hacía era esquivar los ataques de su enemigo, pero no podía atacar. Hiccup llegó para ayudarlo, intentó golpear por atrás, pero el adversario fue mas listo y lo esquivó, Snotlout aprovechó que el enemigo le dio la espalda al esquivar el golpe de Hiccup, y le soltó un gran golpe en la nuca.
— No eres tan debilucho como pensé — dijo Snotlout una vez que el marginado cayó al piso.
— Estos tipos se lo buscaron — contestó Hiccup. Los dos siguieron luchando a la par, de esa forma podían acabar con mas marginados en menos tiempo. El resto de la gente también luchaba arduamente, algunas personas del pueblo de Snotlout murieron, pero aún así la mayoría todavía seguía en pie, conforme continuaba la feroz batalla, los marginados se vieron superados en número.
— ¿Cómo es esto posible? — dijo sorprendido el líder del grupo de marginados.
— Estamos ganando — escuchó que dijeron a lo lejos — todo gracias a Snotlout y al chico que trajo de la ciudad —.
— Si seguimos así no habrá necesidad de evacuar — ese último comentario que escuchó, le llamó la atención, ¿tenían gente esperando a ser evacuada?, una sonrisa volvió a aparecer en el rostro del líder. Si iban a derrotar a sus compañeros, entonces el se llevaría a alguien del pueblo también. Se escabulló entre el desorden, y una vez que se alejó de la gente luchando, salió corriendo para adentrarse al pueblo.
En el pueblo...
Astrid y Seth fueron corriendo hacía la capilla del pueblo, dentro era donde se resguardaba la gente que no luchaba, esperando a ser evacuados.
— Iremos a ver que las cosas estén bien allí dentro, después iré a ver como van las cosas en la entrada del pueblo, si no regreso en 10 minutos, inicia la evacuación — le explicó Seth a Astrid lo que debía hacer.
— ¿Y como voy a saber por dónde ir? — preguntó Astrid.
— Dentro hay alguien que conoce la ruta a la perfección, tu sólo debes seguirlo y al mismo tiempo guiar a toda la gente — dijo Seth.
Astrid asintió, haría todo lo que fuera posible para mantener a la gente a salvo. Finalmente llegaron a una gran reja negra, la cual era la entrada a la capilla, la reja estaba cerrada con un candado.
— Vigila que nadie nos siguiera mientras abro — le ordenó Seth a la rubia. Ella le dio la espalda, para mirar el camino por el que habían venido, no veía a nadie. De repente escuchó un fuerte golpe detrás de ella, volteó rápidamente.
— ¿Aquí es donde esconden a la gente? — dijo el líder del grupo de marginados, el cual atacó a Seth por la espalda, y lo tenía sujetado con su brazo por el cuello.
Astrid quedó muda de la impresión, no sabía que responder, sin embargo, no se esperaba lo siguiente. El marginado apuñaló a Seth por el costado con su espada, el hombre solo dio un pequeño grito y cayó al suelo desangrándose. Astrid al ver eso sintió miedo, desesperación y enojo, todo en uno.
— ¡MALDITO! ¿Porque lo hiciste? — gritó Astrid impactada.
— Mejor abre el candado, no quiero tener que encargarme de ti también — dijo el hombre con calma, ignorando lo que le dijo Astrid.
Ella no sabía que hacer, tenía miedo pero al mismo quería darle su merecido al hombre frente a ella.
— C-c-corre — titubeó Seth en sus últimos alientos de vida.
— ¿Que estas esperando? — dijo el atacante — abre el maldito candado — exigió.
— NO ABRIRÉ NADA — gritó con furia, quiso tragarse su miedo y no mostrarlo.
— Insolente, yo te quitaré las ganas de gritar — dijo el hombre de manera amenazante — o pensándolo bien, vas a gritar mucho — comenzó a acercarse a ella. La chica daba pasos hacia atrás con la misma rapidez.
— Alejate — dijo ya sin poder ocultar el miedo. El atacante no se detenía. En ese momento la chica deseaba tener algo con que poder defenderse, cualquier cosa. Creyendo que el hombre la atraparía, se detuvo y cerró los ojos, esperando lo peor. Deseó con todas sus fuerzas tener algo que la ayudara a luchar, recordó el hacha que vio en el sótano de la casa de Gobber. El marginado estaba a punto de alcanzar a Astrid, de repente un destello muy fuerte lo cegó.
— ¡¿Que demonios?! — exclamó el hombre, una luz blanca no lo dejaba ver, el collar que llevaba la chica en el cuello estaba brillando. Por su parte, la chica continuaba con los ojos cerrados, simplemente esperando. Cuando escuchó la exclamación del malhechor, abrió los ojos. Se dio cuenta que el hombre no la miraba a ella, si no que miraba al suelo.
La chica también miró al suelo, y se dio cuenta que había un hacha tirada, la misma que había visto en casa de Gobber. Pero ella estaba segura de que antes no había nada, entonces, ¿de dónde salió?.
— ¿Cómo hiciste eso? — dijo el marginado sorprendido — nunca había visto magia que hiciera eso — terminó de decir.
La chica no sabía de que hablaba, estaba muy confundida. No tuvo tiempo de seguir pensando, ya que el hombre sin previo aviso se abalanzó contra ella con su espada. Ella en un impulso, se agachó rápidamente a recoger el hacha, y la usó para detener el golpe de la espada. No sabía como lo había hecho, pero de repente sentía que podía manejar a la perfección el hacha.
— ¡Estos trucos no te funcionarán! — exclamó el hombre enfurecido. Forcejeó contra el hacha de Astrid, la rubia logró empujarlo y aprovechó la distancia para atacarlo con un hachazo. El hombre fue ágil y lo esquivó, después hizo lo mismo intentando herir con su espada a la chica. Durante un rato, ambos estuvieron haciendo lo mismo, lanzado ataques y esquivando los del adversario. Sin embargo, el cansancio comenzó a hacerse notar en la joven, pero no quiso demostrarlo.
— No peleas nada mal — dijo el hombre con satisfacción.
Antes de que continuaran con su lucha, un sonido se escuchó desde el otro lado de la reja de la capilla, la gente del pueblo comenzaba a salir, y se toparon con el espectáculo.
— ¡Dejala en paz! — dijo en voz alta uno de los habitantes del pueblo.
— ¿Y que pasa si no lo hago? ¿que me harán desde allí adentro? — dijo el marginado con burla. Astrid aprovechó el momento de distracción para atacarlo nuevamente, pero este fue más ágil y la esquivó como lo venía haciendo desde hace un rato, aprovechó su posición para darle un rodillazo a la chica en el estómago, lo que hizo que soltara el hacha y cayera arrodillada en el suelo sujetándose la parte golpeada.
— Se acabó — dijo el hombre preparando su espada para el ataque final.
— No tiene caso — dijo uno de los pobladores — mira al frente —.
El marginado pensó que sólo trataban de distraerlo, pero aún así no pudo evitar mirar al frente, divisó una columna de humo, por la posición podía suponer que era en la entrada del pueblo.
— Lo vimos por la ventana — dijo una mujer, habitante del pueblo — nos dijeron que esa era la señal en caso de que consiguieran librarnos de ustedes — terminó.
El hombre estaba atónito, ¿su grupo había sido derrotado?, simplemente no lo podía creer.
— De seguro no tardan en venir, en cuanto te atrapen te irá muy mal — dijo la misma mujer — y si matas a la chica te irá aún peor — concluyó.
Astrid ya casi se recuperaba del golpe que le dieron, por su parte, el atacante no lo pensó, salió corriendo del lugar antes de que lo atraparan. La rubia ignoró el poco dolor que todavía sentía y tomó el hacha que había caído al suelo, siguió al malhechor.
El hombre corría como nunca antes lo había hecho, se aseguraría de que no lo atraparan, no les daría ese gusto. Se desconcertó al voltear y ver que la joven rubia corría detrás de él, persiguiéndolo y con hacha en mano.
— Esta chica si que es persistente — admitió el hombre para si mismo. Decidió correr entre callejones y entre casas, para despistar a la rubia, pero no funcionaba y no lograba perderla.
En su desesperación, vio un granero y decidió meterse allí, la atacaría sin que se lo esperara, el lugar tenía un segundo piso, el hombre entro y subió rápidamente la escalera a la segunda planta. Astrid también entró y subió, sabía que debía andar con cuidado y que el hombre planeaba algo. Cuando terminó de subir la escalera, comenzó a caminar despacio y con sigilo por el piso. No veía a su adversario, pero debía estar preparada para cualquier cosa. Repentinamente, vio como alguien le lanzaba un montón de paja, el cual esquivó, pero el marginado fue rápido y la atacó, ella interpuso su hacha y repitieron el combate de momentos atrás frente a la capilla.
— Eres mejor de lo que esperaba — dijo el hombre de cabello negro — creo que me confíe demasiado — declaró.
Astrid no dijo nada, los golpes entre hacha y espada no paraban, sin embargo, la chica estaba haciendo retroceder al hombre, sin que este se diera cuenta. Cuando menos se lo esperaba, el hombre se encontraba con la espalda muy cerca de la ventana sin cristal del granero.
— ¡Este es tu fin! — exclamó Astrid dando hachazos con toda su fuerza para que hicieran caer al hombre. Finalmente perdió el equilibrio y sintió que caería por la ventana, pero preferían eso, que ser derrotado por la rubia, antes de caer alcanzó a sujetar un poco la blusa de Astrid, jalándola con él. Ambos cayeron por la ventana de la segunda planta del granero. La caída era de poco mas de 3 metros, a pesar de eso, el mayor golpe se lo llevó el marginado, el cual caía de espaldas. El hombre se golpeó en la nuca, quedando tendido en el suelo, Astrid soltó el hacha mientras caía y por instinto intentó meter las manos. Aún así, su golpe fue amortiguado un poco por el cuerpo del hombre que fuera su oponente, pero se llevó un fuerte golpe en el brazo al ponerlo contra el suelo, cuando quiso ponerse de pie, éste le dolía. Logró pararse, pero no podía mover su brazo derecho, caminó un poco para alejarse del lugar, pero estaba un poco aturdida por el impacto, además de cansada por el combate contra el bandido. Finalmente se rindió y se acostó boca arriba en el suelo, estiró el brazo que no le dolía, y el otro lo tenía en una posición un poco chueca, se dio cuenta que se lo había fracturado.
En la entrada del pueblo...
La batalla continuaba, los habitantes del pueblo peleaban arduamente, aun con eso, los que mas derrotaban enemigos eran Hiccup y Snotlout, uno por su gran fuerza y otro por su espada envuelta en llamas. Conforme pasaron los minutos, los marginados se vieron superados, los desconcertó no ver a su líder por ningún lado, ya desorganizados y sin saber que hacer, el grupo de marginados finalmente cayó.
— ¡Así se hace! — dijo Snotlout dándole el golpe final al último de ellos — LO LOGRAMOS — gritó para llamar la atención de su gente.
Los gritos de euforia no se hicieron esperar, habían superado el primer paso para conseguir su libertad.
— Lo has hecho bien — le dijo Snotlout a Hiccup, mientras la gente festejaba y se reunía.
— Fue gracias a la espada que hizo Gobber — respondió el castaño sosteniéndola en una de sus manos — es genial — terminó de decir mirando la espada encendida.
— Sigueme, daremos la señal — le dijo Snotlout y salió corriendo. Hiccup no entendió lo que quiso decir pero aún así lo siguió.
Snotlout se acercó a aquel letrero que decía "Villa Boro", debajo de él había un montón de leños de madera. Snotlout los tomó y los puso en otro lugar, en ese momento el castaño llegó a su lado.
— Usa tu espada para encenderlos — le dijo Snotlout.
— ¿Esto para que es? — preguntó Hiccup.
— El humo que se genere servirá de señal para avisar al pueblo que ya todo está bien — explicó Snotlout.
Hiccup no necesitó más explicación, acercó su espada a la madera, la cual se encendió y comenzó a arder por si sola.
— Vayamos a ver a Seth y Astrid — dijo Snotlout —.
— Claro — contestó Hiccup. Snotlout se acercó a su gente y levantó la voz.
— Amontonen los cuerpos, ya decidiremos entre todos que hacer con ellos — ordenó. Hiccup se sorprendió de que el pelinegro pudiera liderar a la gente. Los habitantes hicieron lo que Snotlout dijo.
— Vamos al pueblo — le dijo Snotlout a Hiccup, y partió corriendo rumbo a esa dirección. Hiccup lo siguió, ambos se llevarían una gran sorpresa.
Ya en el pueblo...
Ambos muchachos corrían por las calles del pueblo, ambos se dirigían rumbo a la capilla del pueblo, que era el refugio designado. Quien llevaba la delantera era Snotlout, quien conforme se acercaba, pudo ver la capilla a lo lejos, pero lo que llamó su atención, fue algo tirado en la calle frente a la reja de entrada a la capilla. Mientras se acercaban, descubrió que en el suelo no había algo, sino alguien.
— No puede ser — dijo Snotlout sorprendido mientras se acercaba a inspeccionar — ¡Seth! ¿Que pasó? — dijo inspeccionando el cuerpo.
De igual forma, Hiccup llegó a su lado y se quedó con la boca abierta, vio a aquel hombre llamado Seth tirado en el suelo, en medio de un charco de líquido rojo, Snotlout lo inspeccionaba para ver si estaba vivo. Pero inmediatamente otra persona llegó a su mente, la rubia que se ofreció a acompañar a Seth, Hiccup comenzó a gritar para llamarla por si estaba cerca.
— ASTRID — Gritó el chico con todas sus fuerzas.
— No está aquí — habló uno de los pobladores — vimos como se fue siguiendo a uno de los marginados — concluyó.
— ¿Un marginado? — preguntó Snotlout incrédulo, al parecer alguien se escapó de la lucha.
Hiccup al escuchar eso se asustó, pensar en la chica siendo atacada era una idea que no le gustaba para nada. Fue así como decidió salir corriendo y buscarla, corrió sin ninguna dirección entre las casas.
Snotlout encontró la llave que abría el candado de la reja, estaba un poco manchada de sangre, con pesar la limpió y se dispuso a abrir el candado para que los pobladores pudieran salir.
Hiccup continuaba buscando a su compañera, recorrió gran parte del pueblo y no daba con ella.
— ASTRID — siguió gritando el nombre de la chica.
Finalmente se acercó a un granero, se detuvo enfrente de este debido a que vio una pequeña mancha de sangre en el suelo. El descubrimiento lo alarmó aún más, siguió corriendo, no pasó mucho tiempo para que descubriera algo. A unos 300 metros del granero, yacía alguien en el suelo, el castaño se acercó y confirmó que era a quien buscaba, la chica estaba tendida en el suelo, con uno de sus brazos estirado y con los ojos cerrados.
— ¡Astrid! ¿Estás bien? — dijo Hiccup con preocupación acercándose a la chica.
— Por fin llegas — dijo la chica con alegría y sin abrir los ojos.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó el chico agachándose a un lado de ella.
— Guarda tu espada antes de acercarte — dijo Astrid, quien sentía el calor muy cerca. En ese momento fue que el joven notó que todavía traía la espada en la mano. Sin pensarlo mucho la soltó y ésta cayo al suelo con un ruido metálico.
— No se como apagarla — dijo Hiccup — ahora ven, te ayudaré — dijo mientras tomaba la mano de la chica para ayudarla a levantarse, pero tomó la mano equivocada. Al jalar su brazo, la chica dio un grito.
— ¡HAY! ¡Ten más cuidado de dónde me agarras! — dijo la chica adolorida. Hiccup no supo porque la rubia hizo eso, soltó su mano y notó que su brazo estaba levemente torcido y había una gran mancha morada que cubría gran zona del brazo a la altura del codo.
— ¿Qué es esto? No me digas que... — Hiccup se silenció.
— Sí, me rompí el brazo — dijo la chica quien finalmente abrió los ojos para mirar a su acompañante.
— Oh no, debemos buscar quien te atienda y rápido — dijo Hiccup, quien pasó un brazo por debajo de las rodillas de la chica y el otro por detrás del cuello, y la alzó en brazos.
— ¿Qué estás... — dijo Astrid sin poder terminar su pregunta.
— Descuida, yo te llevaré — dijo Hiccup con serenidad. Astrid no se resistió y se dejó llevar.
Snotlout había conseguido abrir el candado y la gente ya había salido de la capilla, algunos levantaron el cuerpo de Seth y se lo llevaron a su casa, decidirían que hacer con él. El pelinegro estaba frente a la capilla, viendo a la gente irse y pensativo, escuchó pasos detrás de él y volteó, vio a Hiccup quien venía corriendo con Astrid en brazos. Inmediatamente fue a su encuentro.
— ¿Qué le ocurrió? — preguntó Snotlout alarmado.
— Se fracturó el brazo, aún no me ha dicho porqué — aclaró Hiccup.
— Rápido, vayamos a mi casa — dijo Snotlout quien se dirigió al lugar mencionado sin perder tiempo y el castaño lo fue siguiendo.
Una vez que llegaron a casa de Snotlout, los guió a su habitación el la segunda planta, donde le ordenó a Hiccup que pusiera a Astrid en la cama. Luego salió del cuarto para buscar algunas cosas. Cuando regresó, lo primero que hizo fue enderezar un poco el brazo de Astrid.
— Esto te dolerá un poco — le advirtió a la joven.
— No importa — contestó ella convencida.
Snotlout lo hizo y la rubia trató de aguantar lo más que pudo, en sí el dolor no duró mucho. Luego el pelinegro colocó dos trozos de madera en cada lado del brazo de la chica, y los sujetó a ambos por en medio con una venda.
— Esto evitará que el hueso se mueva y haga más daño, al mantener el brazo fijo también se reduce el dolor — explicó Snotlout.
— Que bien, es una suerte tenerte aquí — dijo Hiccup agradecido.
— No te hagas ilusiones, lo que hice sólo servirá por el momento, necesita a alguien que le de el tratamiento correcto — comentó Snotlout.
— ¿Y eso que significa? — preguntó Hiccup sin entender.
— Significa que necesitamos a alguien que sepa como tratarla, yo no puedo hacerlo — contestó Snotlout.
— Y entonces que hacemos — dijo Hiccup pensativo.
— No lo sé — dijo Snotlout. Se quedaron en silencio por un rato.
Minutos después alguien tocó a la puerta, Snotlout bajó a la primera planta para ver quien llamaba. El castaño y la rubia se quedaron sólos.
— Gracias por traerme — dijo Astrid en voz un poco baja.
— No fue nada — contestó el chico.
— ¿Que pasara con mi brazo si no logran curarlo? — preguntó la rubia con los ojos cerrados y un poco angustiada.
— No sé — dijo el chico con sinceridad — yo no sé de esas cosas —.
La chica solo se quedó callada.
— Mejor cuentame lo que ocurrió — pidió el joven. La chica se tomó su tiempo y después se lo contó, desde la muerte de Seth, hasta la caída en el granero, lo único que Astrid omitió fue lo de el hacha que apareció "mágicamente".
— ¡Vaya! — dijo sorprendido — no sabía que podías pelear —.
— Yo tampoco — dijo la chica. Hiccup recordó la memoria perdida de la joven. De repente la conversación se volvió incómoda.
Los dos no se dieron cuenta que el tiempo había pasado, Snotlout regresó después de un rato y subió a la habitación.
— Disculpen la tardanza, ya recogimos los cuerpos de los marginados y preparamos el entierro de Seth — dijo el pelinegro, se notaba desanimado al dar la noticia.
— Lo siento mucho, no pude evitarlo — se disculpó la rubia con pesar.
— ¿A que viene eso?, tu no tuviste la culpa — consoló Snotlout.
— Es que yo... — la chica decidió guardar silencio.
— No te mortifiques, tu no sabías que eso pasaría —.
— Snotlout tiene razón — apoyó Hiccup. La chica simplemente asintió cabizbaja.
— Pero lo que me preocupa es que no encontramos al tipo que te atacó y mató a Seth — dijo Snotlout con frustración.
— ¿No estaba en dónde caímos? — preguntó Astrid con sorpresa.
— No — dijo Snotlout con simpleza.
— Eso es malo, tal vez planea algo — dijo Hiccup sacando su propia conclusión.
— Sería muy estúpido si lo intentara, toda la gente está vigilando y buscándolo por el pueblo — contestó el pelinegro.
— Por cierto — volvió a hablar — creo que tengo la solución al problema de Astrid —.
— ¿Y cual es? — preguntó la rubia, Hiccup se hacía la misma pregunta.
— Me lo recordaron hace rato, cerca de aquí hay otro pueblo, llamado "Cobre", allí vive una anciana llamada Gothi, ella es muy mencionada por estos lugares debido a que es curandera y además hace predicciones de tu "futuro", tiene un asistente que le ayuda, ella podría curarte como se debe — relató Snotlout.
— Esas son buenas noticias ¿no Astrid? — dijo Hiccup feliz.
— Si, lo son — contestó Astrid, recuperando un poco de esperanza.
— Pero hay un problema — dijo Snotlout pensativo.
— ¿Cuál es? — preguntó el castaño confundido.
— Ese pueblo también está bajo el control de los marginados, hay rumores de que allí cerca se encuentra el escondite de los marginados que quedan y de su líder, un tal Alvin — explicó — si vamos y nos topamos con ellos, podríamos estar en serios problemas — terminó de decir.
La leve esperanza que había recuperado la rubia se esfumó, mientras que Hiccup también estaba sorprendido.
— No puede ser, ¿y ahora que hacemos? — preguntó Astrid desconcertada.
— Se me ocurrió una idea, podemos ir al pueblo, y si nos descubren, fingir que queremos unirnos a ellos — dijo Snotlout el plan que había pensado.
— ¿Crees que eso funcione? — preguntó Hiccup.
— Ellos siempre están aceptando nuevos miembros, con tal de obtener más poder — contestó el otro joven.
— Pero que pasará con Astrid, ella está herida — dijo Hiccup con preocupación.
— Podemos fingir que la secuestramos para pedir rescate pero no la devolvimos, que la tenemos de nuestra sirvienta y que hasta la golpeamos rompiéndole el brazo por no obedecer — explicó Snotlout — suena cruel, pero esos tipos adoran eso — dijo lo último con odio.
— No lo sé, tendríamos que fingir y actuar muy bien para que nos crean — dijo Astrid pensando en el plan de Snotlout.
— Ustedes deciden, yo los acompañaré si deciden ir a Pueblo Cobre — dijo Snotlout.
— Es complicado, podría ser muy peligroso — dijo Astrid no muy convencida.
— Lo que pasó hoy también fue peligroso — comentó Hiccup — lo importante ahora es que Astrid esté bien, así que me apunto para ir — finalizó decidido.
— Si lo pones de esa forma, entonces estoy más que dispuesto — concordó Snotlout.
La chica no lo podía creer, no creía que ellos dos estuvieran dispuestos a ayudarla a pesar del peligro.
— Chicos, ustedes... — la rubia no pudo continuar, estaba a punto de llorar.
— Te llevaremos a que te curen, no te preocupes, todo estará bien — animó Hiccup.
— Así es, te protegeremos, no te nos pongas sentimental — dijo Snotlout con un toque de sarcasmo.
Astrid no tenía palabras, era genial haber conocido a ambos, los ojos se le humedecieron.
— Gracias — dijo conmovida.
— Y ahora, creo que quiero dormir — dijo Snotlout.
— ¿Ya es de noche? — preguntó Hiccup quien volteó a ver a la ventana, comprobando que efectivamente ya había anochecido.
— Este día lleno de sorpresas y conflictos finalmente terminó — comentó Snotlout — ahora creo que dormiré como roca —.
— Yo igual — confirmó Hiccup con una sonrisa.
Ambos muchachos repitieron el procedimiento que hicieron en la casa de Gobber. Extendieron cobijas en el piso, a ambos lados de la cama donde dormiría la rubia. Cuando todo estaba listo, se dispusieron a descansar.
— Mañana continua nuestra aventura — dijo Snotlout en tono burlón. Hiccup sólo le dijo que se callara y Snotlout comenzó a insultarlo, comenzando una pelea verbal, Astrid sólo sonrió.
La aventura continuaria, sin embargo, lo que vivieron hoy no se comparaba a lo que les esperaba, todavía les faltaba más gente por conocer, algunos serían amigos y otros no tanto, les faltaba conocer un gran misterio, el misterio del "ojo del dragón".
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Continuará en el Capítulo 5: "Gothi y su asistente".
Seth y otros personajes que aparecieron fueron inventados por mi. Espero que les esté gustando la historia y nos leemos en el siguiente capitulo.
