Hola, aquí de regreso con nuevo capítulo, espero que lo disfruten y ya saben que pueden dejar sus comentarios con opiniones y sugerencias. Ahora si a leer.

Los personajes no me pertenecen, yo solo los uso para diversión y sin fines de lucro.

Capítulo 8: "Dificil decisión".

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El bosque frondoso, húmedo y lleno de vegetación variada los recibía, de nuevo, se acercaban con sigilo, cuidándose de que ahora nada ni nadie los sorprendiera con la guardia baja. Conforme se acercaban aún más a la fortaleza que anteriormente había sido testigo de una feroz batalla, escuchaban ruidos, murmullos, provenientes de esa zona del bosque. Se acercaron hasta que pudieron ver la fortaleza cerca de ellos, pero seguían cubiertos por plantas y arbustos, podían ver un montón de gente caminando de un lugar a otro, algunos con uniformes de policía, otros que parecían ser simples civiles, algunas personas que vestían trajes de bomberos ya habían apagado la gran fogata que Hiccup y sus amigos encendieron, y que daba la impresión que el bosque estaba ardiendo en llamas, o por lo menos una gran parte de éste. Los policías cargaban a los cuerpos inconscientes y se los llevaban a otros lugar del bosque, donde habían vehículos y camionetas todoterreno. Lograron abrir un sendero entre los árboles y la maleza, para que los vehículos pudieran entrar y salir de ese punto del bosque. Los que se encargaron de abrir el paso fueron gente vestidos de militares, gracias a toda esta organización, era posible sacar y llevarse a los cuerpos de los marginados, la mayoría no estaban muertos, sólo inconscientes, pero por lo visto les esperaba un buen rato en prisión, eran delincuentes después de todo.

— Parece que si alertaron a las autoridades después de todo — habló Astrid.

— Por lo menos el gobierno sabe lo que hace — dijo Snotlout.

— Pero si nos encuentran podrían confundirnos con marginados — dijo Hiccup.

— Porque no vamos y les decimos la verdad — comentó Tuffnut.

— Es cierto, ¿que puede pasar? — concordó Ruffnut.

— Es obvio que no nos van a creer — dijo Hiccup.

— Nos confundirán con uno de ellos y nos llevarán a prisión — habló Snotlout.

— Debemos pensar en algo, se nos va nuestra recompensa — comentó Astrid señalando un punto frente a ellos. Todos miraron hacia donde na rubia señalaba, vieron a dos soldados sacando a Alvin de la construcción frente a ellos, lo traían atado de hombros brazos con dos cadenas, como si de un animal salvaje se tratara.

— Esas cadenas no deberían ser suficiente para detenerlo — comentó Ruffnut.

— Es cierto, ¿cómo lo hacen? — Hiccup tenía esa duda.

— Eso no importa, lo que debemos pensar es en como demostrarles que nosotros hicimos posible la captura de Alvin — habló Astrid

— Tal vez si vamos a hablar con ellos si nos crean — replicó el rubio.

— ¿Otra vez con lo mismo? — habló Snotlout — No nos van a creer —.

— Sólo hay una forma de saberlo — dijo Hiccup, en ese momento salió de entre los matorrales y se encaminó hacían el amplio lugar lleno de Policías y Soldados que transportaban a los inconscientes.

— ¡Pero que hace! — exclamó Snotlout al ver al castaño caminar.

— Y luego dicen que yo soy el tonto — dijo Tuffnut.

Astrid no dijo nada, pero al ver al castaño hacer algo tan precipitado, decidió guardar la calma, ella sabía que él pensaba muy bien las cosas antes de hacerlas, así que sólo debían aguardar.

Hiccup siguió caminando sin detenerse, cuando ya estaba cerca, un soldado lo vio, y rápidamente disparó su arma al suelo, muy cerca de los pies de Hiccup, el sonido del disparo alertó a todos los presentes, rápidamente todos los uniformados pusieron su atención en el castaño frente a ellos. Un soldado se acercó a Hiccup, sin dejar de apuntarlo con el arma, al parecer era el capitán de todo el pelotón.

— ¡Identificate! — exclamó el soldado.

— Me llamo Hiccup, andábamos por aquí y escuchamos el alboroto —.

— Eres un marginado ¿cierto? — dijo el soldado como no queriendo la cosa.

— No, no lo somos — dijo Hiccup firmemente.

— Hablas en plural, ¿acaso alguien más viene contigo? —.

— Sí, mis amigos — respondió Hiccup.

— ¿Dónde están? — preguntó el soldado de forma ruda.

— Detrás de esos matorrales — señaló Hiccup.

— ¡Rápido, vayan a ver! — le ordenó el soldado a otros dos, que fueron corriendo al lugar señalado.

Los otros cuatro jóvenes, se asustaron un poco al ver lo que hacia Hiccup, y cuando vieron que Hiccup le señaló al soldado el lugar donde se ocultaban, entraron en pánico.

— ¿Que está haciendo? ¡Les dijo donde estamos! — dijo Snotlout a la defensiva.

— Creo que está asustado y no sabe lo que hace — dijo Ruffnut.

— ¿Y ahora que hacemos? — preguntó el gemelo.

— Correr — habló Snotlout — no les daré el gusto de atraparme — dijo preparándose para salir corriendo, al ver como dos soldados se acercaban a donde ellos estaban.

— Te seguimos — dijeron los gemelos al unísono.

Los tres dieron unos cuantos pasos, sin embargo, Snotlout se detuvo al ver que Astrid no los seguía.

— ¿Que ocurre? — le preguntó.

— Confiemos en Hiccup — dijo la rubia, quien se mantenía en la misma posición, viendo como los soldados estaban ya muy cerca.

— Ese idiota va a hacer que nos encierren — dijo Snotlout con enojo — !Muevete Astrid! — exclamó en un intento por convencer a la rubia de correr. Pero fue demasiado tarde, los soldados llegaron a su altura y los apuntaron con sus armas.

— ¡Quietos! — gritaron, un solo movimiento en falso y se llevarían un disparo.

Los cuatro se quedaron inmóviles, ya no tenían oportunidad de huir. En silencio acataron las ordenes de los soldados, quienes los esposaron uno por uno y los llevaron a reunirse con Hiccup. Una vez que llegaron, escucharon al castaño que seguía conversando con el capitán.

— ¿Qué estaban haciendo aquí? — preguntó éste ya desesperado.

— Ya se lo dije, los marginados nos tomaron como rehenes, y nosotros peleamos contra ellos, este fue el resultado — explicó Hiccup.

— ¿Esperas que me crea eso? — dijo el capitán.

— Pues de hecho sí, porque es la verdad — dijo Hiccup.

— De acuerdo, interrogaremos a varios marginados y a Alvin para ver que tienen que decir al respecto, por lo pronto, estarán encerrados hasta que se aclare su situación — concluyó el capitán. Dio la orden para que se los llevaran a donde estaban los vehículos.

— Lo sabía — murmuró Snotlout en voz muy baja y con molestia.

Sólo Astrid lo escuchó, debido a que se encontraba junto a él, todo ese tiempo había creído en Hiccup, en que tenía un plan, pero ahora empezaba a dudar, ¿que tal que Hiccup no tenía ningún plan?, ¿que tal que sólo había actuado sin pensar? Y los hubiera metido en problemas a todos por actuar por impulso, pero lo mas extraño, y que ponía a pensar a la rubia, era que seguía teniendo fe en Hiccup, seguía teniendo la esperanza de que él sabía lo que hacía, y se preguntaba ¿por qué?, eran preguntas complicadas de responder.

Conforme caminaban, vieron a Hiccup caminar cada vez más rápido, a los soldados no les importaba, al contrario, para ellos era mejor. El castaño se puso a la par con un criminal que otros soldados llevaban encadenado, el mismísimo Alvin.

— Nos volvemos a encontrar ¿eh? — dijo Hiccup con toda la intención de provocarlo.

— Que haces aquí — dijo Alvin que apenas y podía hablar — ¿eres tan estúpido que no encuentras el camino a casa? —.

— En realidad vine a ver si ya te habías recuperado de la paliza que te dimos — dijo Hiccup que seguía en su plan de molestar. El capitán del pelotón puso atención al escuchar esas palabras.

— No te creas tanto — le dijo Alvin — allá afuera haya gente peor que yo —.

— Te haremos decirnos donde están — interrumpió el capitán, poniéndose a la par con Hiccup.

— No escucharán nada de mí, prefiero podrirme en prisión — contestó Alvin de modo despectivo.

El capitán se puso enfrente de los dos y ordenó que se detuvieran. Los soldados que custodiaban a los acompañantes de Hiccup también los hicieron detenerse.

— Me parece que ustedes ya se conocían — dijo el capitán.

— Así es, nosotros le dimos una paliza, a Alvin y al resto de sus marginados — respondió Hiccup.

— ¿És eso verdad? — le preguntó el capitán a Alvin.

— ¿Qué no es obvio? Maldito imbécil — contestó éste con rabia.

— No lo puedo creer, entonces ustedes son magos — afirmó el capitán mirando a todo el grupo de Hiccup.

— Todos excepto él — dijo el castaño señalando a Snotlout, el cual le lanzó un mirada despectiva.

— Esto está interesante, los interrogaremos en la base — dijo el capitán haciendo una seña para que todos continuaran con la caminata.

Astrid, al igual que los demás, estaban confundidos, aún así, la rubia sabía que Hiccup planeaba algo, tal vez sólo debía esperar, tenía que confiar en que lo que fuera que planeaba el castaño, los ayudara.

Los soldados los guiaron hasta una zona amplia, donde estaba estacionada una camioneta con colores militares, los hicieron subirse a una de ellas, sin quitarles las esposas. Mientras que los soldados que los escoltaron se fueron a subir a otro vehículo, el capitán sería quien conduciría la camioneta donde se encontraban los cinco jóvenes, Hiccup ya no pudo ver en que vehículo se llevaban a Alvin.

— Relajense, tenemos un largo camino por delante — dijo el capitán mientras encendía el vehículo, todo se quedó en silencio, solo les quedaba esperar lo que tuviera que pasar.

Mientras tanto...

En una pequeña casa común y corriente, se encontraba Fishlegs preparándose un té. Estaba algo preocupado por sus amigos, el anochecer estaba cerca y ellos aún no volvían, no quería pensar mal, no quería pensar en que Alvin les volviera a dar pelea, necesitaba ser positivo. Cuando el té estuvo listo, fue a la sentarse a un sofá de la sala, para pensar un poco, pensaba en el viaje que sus amigos estaban planeando, ¿amigo?, ¿de verdad eran amigos?, se preguntó. Mientras estaba sumido en sus pensamientos, Gothi llegó a la sala, recién había despertado de su siesta. Se acercó y se sentó en el sofá frente a Fishlegs, usó su dedo para "escribir" en la mesita de centro frente a ambos.

— "¿Donde están los demás?" —.

— Se fueron a buscar a Alvin — le respondió Fishlegs.

— "¿No lo habían derrotado?" — .

— Sí, pero querían ir a buscarlo para entregarlo a las autoridades y así cobrar la recompensa que ofrecen por él — explicó Fishlegs — de hecho, yo fui quien se los dijo —.

— "¿Y para que quieren tanto dinero?" —.

— Dicen que van a viajar al norte — le dijo Fishlegs. Antes de que la anciana preguntara, el regordete le explicó todo lo que Hiccup y los demás estuvieron planeando, y como él les dio la idea para que consiguieran el dinero que necesitaban.

— "Y porque no vas con ellos" — Gothi lo animó después de enterarse que se había negado a acompañarlos.

— No lo sé, tengo el deber de cuidarte — sinceró Fishlegs.

— "No me debes nada" —.

— Claro que sí, tu fuiste mi maestra, es lo menos que puedo hacer — Fishlegs realmente le era fiel a su mentora.

— "Sé que en el fondo quieres ir, quieres saber si de verdad existe el libro que te conté" —.

— El libro de las curaciones, aún recuerdo esa historia — dijo Fishlegs recordando cuando Gothi le contó esa historia.

Fue hace muchos años, cuando Fishlegs era un niño, cuando estaba aprendiendo a entender la manera tan singular que usaba la anciana para comunicarse.

El libro de las curaciones es un antiguo libro escrito hace siglos, por los primeros magos sanadores de los que se tiene registro, se dice que en ese libro escribieron sus mejores hechizos. Hechizos de sanación muy complejos y superiores a los que sabían Fishlegs y la misma Gothi, en ese libro plasmaron como aprenderlos y realizarlos, de tal forma que las futuras generaciones de magos sanadores pudieran estudiarlo. Luego de la guerra de hace 50 años, el libro se perdió y ahora nadie sabe su localización, pero se dice que es probable que se encuentre en algún lugar hacía el norte. Fishlegs pensaba que tal vez podía averiguar mas del libro una vez estando allá, pero no quería abandonar a Gothi, le debía mucho, lo recibió en su casa después de que sus padres murieran, le enseñó a desarrollar y perfeccionar su magia de sanación una vez que la descubrió. Sus padres murieron luego de tener un accidente cuando él sólo tenía 6 años, los médicos no pudieron salvarlos, ya que tenían heridos muy graves y los magos sanadores son muy escasos. Sus padres eran muy amigos de Gothi, y por esa razón ella adoptó al pequeño Fishlegs, un año después la magia de Fishlegs despertó, y Gothi se dedicó a enseñarle todo lo que sabía sobre la magia de sanación. Cuando la anciana le contó sobre el libro de curaciones, Fishlegs pensó en sus padres, deseó poder leer ese libro, aprender de él y así poder ayudar a gente que sufriera algo similar a lo que le pasó a sus padres, la magia Dr sanación no puede curar enfermedades terminales, pero si puede curar heridas graves, teniendo esos conocimientos, podía ayudar a mucha gente. Durante años, ese fue el sueño de Fishlegs, pero conforme pasaba el tiempo, se dio cuenta que era imposible, o por lo menos, bastante difícil encontrar ese libro, así que al final acabó olvidándose de su sueño, pero ahora, ese sueño regresaba.

— "El libro si existe" — le dijo Gothi con su típica forma de comunicarse — "no se donde estará o quien lo tendrá, pero si vas al norte puede que encuentres más información" —.

— ¿Estás segura?, no quiero que pienses que soy egoísta y que sólo pienso en mi — dijo Fishlegs con sinceridad.

— "No lo eres, sólo mirame, los magos sanadores no somos inmortales" —.

— ¿Que quieres decir? —.

— "Ya soy bastante mayor, no voy a durarte muchos años, ya es hora de que pienses en tu futuro" —.

— No digas eso — dijo Fishlegs poniéndose melancólico.

— "Hay que ser realistas, ya es hora de que veas por ti mismo, yo estaré bien, nada me haría más feliz que saber que cumpliste tu sueño" —.

— Entonces, ¿quieres que vaya? — dijo Fishlegs con los ojos un poco húmedos.

— "Eso lo decidirás tu, yo sólo te estoy aconsejando" — Gothi estaba en un estado similar al de Fishlegs.

— Pues, no sé que decidir —.

— "No te preocupes por mí, le pediré a otra persona que me ayude con la casa, tu persigue tus sueños, esa es nuestra razón de vivir" — Gothi le dio una mirada conciliadora al muchacho, con los ojos también húmedos.

— De acuerdo, seguiré tu consejo — dijo Fishlegs con tristeza — espero que tu estés bien durante mi ausencia —.

— "Lo estaré, en estos años que has estado conmigo me he encariñado mucho, pero no seré una carga para ti, debes seguir con tu vida" —.

— Lo haré — dijo Fishlegs, levantándose para ir a abrazar a Gothi, en todo ese tiempo, había llegado a considerarla como su abuela, le tenía mucho cariño y respeto, no quería dejarla pero Gothi tenía razón, el debía pensar en el futuro y en lo que quería hacer, y eso ya lo tenía muy claro.

— Encontraré el libro, me convertiré en un gran mago sanador y salvaré a mucha gente, te haré sentir orgullosa — dijo Fishlegs ya casi al borde del llanto.

— "Estoy segura que así será" — quiso decir Gothi, pero Fishlegs no pudo saberlo. Aún así, los dos se sentían mas conectados y en paz, Fishlegs había tomado una decisión, se iría a perseguir su sueño.

En otro lugar...

Veían el paisaje cambiar frente a ellos, del frondoso bosque, pasaron a amplias praderas, pastizales, y verdes campos, sabían que ya estaban lejos de Pueblo Cobre, detrás de ellos, una larga fila de vehículos militares se dirigían al mismo lugar. Luego de poco más de una hora, finalmente el vehículo redujo la velocidad, vieron a través de las ventanas que habían llegado a una enorme construcción de concreto, la camioneta se detuvo frente a una enorme reja, que daba acceso a la base militar, el capitán habló con uno de los soldados que custodiaban la entrada. Rápidamente la reja se abrió, dándole el paso a la camioneta y al resto de vehículos que venían detrás. El capitán condujo hasta llegar a un amplio estacionamiento, donde finalmente se detuvo, apagó el motor y luego habló.

— Iré a ayudar a mis soldados a bajar a todos los prisioneros, más les vale quedarse aquí dentro y no intentar nada — amenazó.

Nadie respondió, el capitán no perdió el tiempo, se bajó y los dejó a solas dentro del vehículo.

Pasaron unos minutos de silencio, hasta que Snotlout habló para dejar salir su desconformidad.

— Excelente trabajo Hiccup, ahora iremos a prisión por tu culpa — dijo con coraje. El mencionado sólo se quedo serio y no se inmutó.

— No creo, solo nos interrogarán y nos ofrecerán rosquillas — dijo Tuffnut.

— Yo quiero — se saboreó su gemela.

— ¿Podrían callarse? ¡Hablo enserio! — dijo el pelinegro irritado.

— Hiccup sabe lo que hace, ¿cierto? — Astrid se dirigió a Hiccup — más te vale que así sea — ella también comenzaba a dudar.

— Todos calmense — habló finalmente Hiccup — ya hicimos todo el trabajo, y ni se dieron cuenta — dijo un poco divertido.

— Explicate — le dijo Snotlout aún irritado.

— Cuando salí de los matorrales y me mostré ante ellos, lo hice para poder acercarme a Alvin, y les dije donde estaban ustedes para no levantar sospechas, luego cuando nos esposaron, me acerqué a Alvin para provocarlo, y él reveló que efectivamente peleó contra nosotros, sé que el capitán lo escuchó, pero se hizo el tonto — siguió explicando Hiccup — así que ahora estamos aquí, interrogarán a Alvin y el les dirá toda la verdad, de seguro pensará en que nos culparán por haberlo atacado y nos encerrarán también por causar desorden, es su la única esperanza que tiene, lo único a lo que aferrarse —.

— ¿Y si les inventa que nosotros también somos marginados? — preguntó Astrid.

— No lo hará, no tiene sentido, si nosotros fuéramos marginados, no habríamos vuelto a ese lugar, nos habríamos ido muy lejos desde antes que los soldados llegaran — respondió el castaño.

— Nada nos asegura que tu plan funcione — dijo Snotlout ya más calmado.

— Diga lo que diga, Alvin no saldrá de ésta, lo menos que puede hacer es decir la verdad, se supone que si confiesan les reducen la sentencia, ¿no? — explicó Hiccup.

— ¿Creen que nos den rosquillas? — preguntó el rubio.

Snotlout estaba a punto de decirle unos cuantos insultos al gemelo, cuando unos ruidos en el exterior los alertaron, las puertas de la camioneta se abrieron y unos soldados les ordenaron bajarse, todos obedecieron, y fueron escoltados y guiados por los soldados hasta una puerta de metal, frente a ella se encontraba el capitán.

— Tendremos la base llena esta noche — habló con aparente tranquilidad — los llevaremos a una celda, y luego los interrogaré uno por uno —.

— Está bien, espero que pronto sepa lo que de verdad pasó — le dijo Hiccup.

— Pronto lo sabré — dijo lo capitán dando la orden después de que los escoltaran al interior de la base.

Ya en el interior, vieron como todos los marginados que habían vencido eran escoltados de igual manera que ellos, y llevados por pasillos distintos. Cruzaron un amplio pasillo y luego llegaron a otro que estaba lleno de celdas por ambos lados. Los soldados los llevaron frente a una, la abrieron y los hicieron entrar, no les quitaron las esposas.

— Esta celda está hecha con "Magic drenator", sus poderes no funcionan aquí — les dijo uno de los soldados — ahora quedense quietos y esperen ordenes — concluyó para después irse, el resto de soldados también se fueron.

Durante los siguientes minutos escucharon como metían a más marginados a las celdas contiguas, el alboroto no tardó en aparecer, se escuchaban gritos, silbidos e insultos por todas partes, el lugar ya parecía una auténtica cárcel, a pesar de no serlo.

— ¿Y ahora qué? — dijo Ruffnut, tratando de ignorar la bulla a su alrededor.

— Sólo queda esperar a que nos interroguen — dijo Hiccup.

— No puede ser, esta va a ser una larga noche — dijo Snotlout con su característico humor, cuando estaban afuera vio que ya había anochecido.

— Yo sólo quería rosquillas — dijo nuevamente el rubio.

— ¿Entonces todos diremos lo que pasó? — preguntó Astrid ignorando al gemelo.

— Así es — respondió Hiccup — no inventen nada, digan la verdad, sólo omitan la parte del dragón — aclaró Hiccup.

— Esa fue la parte más épica — dijo Tuffnut.

— Es cierto — lo apoyó su hermana.

— Tenemos que omitir esa parte, lo que menos necesitamos es que nos tomen a locos — les explicó Hiccup.

— Tienes razón, así lo haremos — dijo Astrid decidida.

— Admito que fue un buen plan — dijo Snotlout — pero si falla, te daré una paliza en prisión — dijo más en tono de broma, que hablando enserio. Hiccup no pudo reír con el comentario del joven, igual que todos los demás. Sin más que hacer, sólo se dedicaron a esperar y dejar pasar los minutos, escuchando la bulla.

Luego de un tiempo que les pareció eterno, dos soldados llegaron y se pararon frente a la celda, la abrieron y se quedaron afuera, en el mismo lugar.

— Tú, la rubia de blusa azul, el capitán quiere interrogarte — dijo el soldado mirando a Astrid. La rubia se desconcertó al saber que era la primera.

Rápidamente se dio valor, se levantó y se dirigió fuera de la celda, una vez que se puso a la par con los soldados, uno de ellos cerró la celda de nuevo, dejando a los jóvenes expectantes.

— No le harán nada ¿cierto? — preguntó Hiccup con un dejo de preocupación.

— Nosotros no — dijo el soldado con una risita burlona.

Hiccup enfureció un poco, ¿que había querido decir con eso?. Los soldados, sin decir nada más, se llevaron a Astrid, dejando a los jóvenes de nuevo a solas en su celda.

Mientras caminaban por el pasillo lleno de celdas, todos los encerrados gritaban en cuanto veían a Astrid pasar frente a ellos, algunos le silbaban, otros le decían cosas obscenas, y los que la reconocían sólo la insultaban. La rubia se sintió un poco asqueada y avergonzada al mismo tiempo, pero sabía que pronto pasaría. Cruzaron una puerta metálica, y llegaron a otro pasillo, pero esta vez más angosto y sin celdas, la llevaron por varios pasillos y salas, hasta dar con un pequeño cuarto, con una puerta también metálica. Al entrar al cuarto, vio una especie de ventana en una de las paredes, que más parecía un espejo que una ventana, en el centro había una mesa y dos sillas, una en cada extremo de la mesa rectangular.

Los soldados salieron del cuarto y la dejaron sola, se sentó simplemente en una de las sillas.

Pasaron unos pocos minutos hasta que el capitán entró por la puerta, la cerró y se sentó en la otra silla, frente a ella.

— Muy bien, vamos a comenzar — dijo el capitán — ¿cuál es tu nombre? —.

— Astrid — dijo la rubia.

— ¿Astrid qué? —.

En ese momento la rubia se asustó un poco, no recordaba su apellido, seguía sin saber quien era, pero decirle eso al capitán podría perjudicarla en vez de ayudarla, tenía que pensar rápido.

— Astrid Haddock — decidió usar el apellido de Hiccup, fue lo primero que se le vino a la mente, el punto era no tener explicar su falta de memoria.

— De acuerdo, ¿podrías decirme que hacían cerca de la fortaleza de los marginados? — preguntó el capitán.

— Nosotros lo vencimos, a él y al resto de los marginados, pero más tarde nos enteramos de que ofrecían una recompensa por su captura, así que por eso regresamos a ese lugar, para entregarlo y cobrar la recompensa — explicó Astrid, hizo lo que Hiccup les pidió, que dijeran la verdad.

— ¿Y para que quieren ustedes una recompensa tan alta? — preguntó el capitán con desconfianza.

— Queremos usar el dinero para viajar — dijo Astrid — además, ni siquiera sabemos cuanto es la recompensa — en eso la rubia mintió, si sabían cuanto era la recompensa, pero decidió decir eso para sonar más creíble.

— No me creo que ustedes derrotaran a Alvin —.

— Sí lo hicimos, todos nosotros somos magos — dijo Astrid — excepto mi amigo de cabello negro — dijo refiriéndose a Snotlout.

— ¿Entonces todos juntos lo vencieron? —.

— Sí, si no nos cree preguntele a Alvin — dijo Astrid con seguridad.

— Lo haremos — dijo el capitán analizándola con la mirada — ahora dime, ¿tienes novio? O algún interés amoroso — dijo el capitán mirándola.

— ¿Y eso que tiene que ver? — Astrid se desconcertó sobremanera.

— Pues eres una jovencita muy bella, y pensaba que tal vez podías hacerme un favorcito a solas, a cambio de tu libertad claro — dijo el capitán de manera descarada.

— ¡Por supuesto que no! — dijo la rubia realmente ofendida — ¡prefiero quedarme encerrada! —.

El capitán la miró por un minuto, luego empezó a reírse hasta terminar a carcajadas.

— ¿Qué es tan gracioso? — Astrid estaba realmente enojada.

— Realmente te ofendiste — contestó entre risas — solo te estaba probando —.

— No entiendo — dijo la chica en tono de reproche.

— Si fueras una de ellos — dijo refiriéndose a los marginados — abrías aceptado mi ofrecimiento sin dudar, ya han habido mujeres entre los marginados, se metieron por su propia voluntad, los ayudaban con sus crímenes pero también con otras cosas, eran todas unas zorras, pero también eran las más débiles, sólo a ellas pudimos arrestarlas — explicó el capitán — pero veo que tu no eres así, tienes moral, principios y educación, puede que te de el beneficio de la duda — dijo.

Astrid se alegró, al parecer si era posible demostrar lo que hicieron.

— Ya mandé a otro a interrogar a Alvin, yo interrogaré al resto de tus amigos — le dijo el capitán — si sus declaraciones coinciden con la tuya, entonces puede que se vayan a casa —.

— Muchas gracias — dijo Astrid con alegría, hasta se le olvidó el enojo de hace unos momentos.

— Mandaré a que te lleven de vuelta a la celda y traigan a otro de tus amigos — dijo el capitán levantándose de su silla — gracias por tu colaboración señorita Astrid — dijo en tono formal.

— No fue nada capitán... — la rubia no pudo seguir debido a que no sabía el nombre del oficial.

— Eret, capitán Eret — dijo el capitán con una leve sonrisa.

— Claro, como usted diga capitán Eret — dijo Astrid con respeto.

El capitán solo le asintió con la cabeza, y salió del cuarto, Astrid se quedo más relajada en el asiento, estaba satisfecha con los resultados, ya casi se sentía con la recompensa entre sus manos.

Por otro lado, en cierta celda, se encontraban los otros jóvenes, viendo a Hiccup caminar de un lado a otro, con desesperación.

— Ya calmate, ¿quieres hacer una zanja? — le dijo Snotlout con sarcasmo.

— Estoy preocupado — respondió.

— Sólo la van a interrogar, no exageres — dijo el pelinegro.

— Es cierto, solo les gusta intimidar — dijo Tuffnut.

Hiccup agradeció que sus nuevos amigos, a su manera, intentaran tranquilizarlo, pero no era suficiente, no podía evitarlo.

Pasaron los minutos, el castaño trató de quedarse quieto y calmarse, cuando creía que comenzaría a entrar en desesperación de nuevo, se escuchó de nuevo un gran alboroto, el capitán llegó frente a su celda, sólo con Astrid a su lado, abrió el candado, y la hizo pasar.

— Tú, el de cabello negro, acompañame — dijo Eret refiriéndose a Snotlout.

— ¿Te vas a desesperar también por mi? — le dijo Snotlout a Hiccup, burlándose, Hiccup solo hizo oídos sordos al comentario.

Snotlout salió de la celda, el capitán volvió a cerrarla bien y se fue con el pelinegro siguiéndolo, de nuevo se escuchó alboroto y gritos de todos los que se encontraban prisioneros.

— ¿A que se refería Snotlout con lo que dijo? — preguntó Astrid.

— A nada — contestó el castaño apresuradamente. Se fue a sentar recargado en una de las paredes de la celda, igual que como lo estaban los gemelos en la pared de enfrente.

— Hiccup estaba preocupado por ti — dijo Tuffnut.

— Es verdad, lo hubieras visto, parecía animal enjaulado — siguió la gemela, ambos sólo buscaban avergonzar a Hiccup.

— ¿Eso es verdad? — preguntó Astrid, levemente apenada.

— No les hagas caso — Hiccup volteó la cara para que no viera lo avergonzado que estaba.

— No tienes que avergonzarte, somos amigos ¿no? — le dijo Astrid mientras se acercaba a él — los amigos se cuidan entre sí —.

— Supongo que tienes razón — dijo Hiccup sin mirarla.

— Mejor cuentanos como fue el interrogatorio — dijo Ruffnut.

Astrid se sentó junto a Hiccup, recargándose en la pared, la celda no era muy grande, así la rubia podía ver perfectamente bien a los que tenía en frente. Les contó todo con lujo de detalle, hasta la parte dónde el capitán se portó amable con ella y le dijo que había posibilidad de que obtuvieran la recompensa.

— Es genial, es mucho dinero — dijo Tuffnut realmente emocionado.

— Lo usaremos para el viaje, tampoco te emociones — le dijo Hiccup — a la larga no nos alcanzará para tanto —.

— Eso si salimos libres — dijo Ruffnut.

— Lo haremos, se darán cuenta de que no somos marginados — dijo Astrid con seguridad.

Siguieron conversando, Astrid les contó todo lo que dijo en el interrogatorio, para que ellos dijeran lo mismo. Omitió la parte en dónde usó el apellido de Hiccup, luego de eso, simplemente se quedaron en silencio, cada quien sumido en sus propios pensamientos.

Dejaron pasar el tiempo, solo hubo silencio, pero no era incómodo, tampoco había tensión de por medio, solo se dedicaron a relajarse, aunque fuera difícil con todo el bullicio y ruido a su alrededor. Luego de minutos que les parecieron eternos, el capitán trajo de regreso a Snotlout, y llamó a Ruffnut, repitiendo el proceso.

Snotlout se quedó mirando a sus acompañantes, todos sentados en el suelo y recargados en la pared.

— ¿Y bien? ¿No me van a preguntar como me fue? — habló Snotlout.

— Como te fue — le respondió Astrid no muy interesada.

— Me preguntó un montón de cosas, pero no se preocupen, no hablé de más — dijo confiado.

— Mas te vale — le dijo Hiccup.

— ¿Creen que tardaremos mucho? — dijo Snotlout — empiezo a fastidiarme de estar aquí —.

— Todavía falta a interroguen a Tuffnut — dijo la única rubia presente en el lugar.

— Y además tengo hambre — comentó Tuffnut.

— Te diría que te callaras, pero yo también tengo hambre — dijo Snotlout.

— Sólo tenemos que esperar, todo saldrá bien, ya verán — les dijo Hiccup confiado.

Snotlout sólo le dedicó una mirada de fastidio y se sentó en el suelo justo como sus compañeros, pero el se sentó sólo. Luego de otro rato de aburrimiento, el capitán regresó junto con Ruffnut, la hizo pasar y luego hizo que Tuffnut lo acompañara.

— ¿Que pasó? — le preguntó Astrid a la otra rubia.

— Nada, sólo contesté a sus preguntas, justo como ustedes me dijeron — respondió ésta.

— Ojalá pronto terminen con ese tonto para poder irnos de aquí — dijo Snotlout.

— ¿Cómo sabes que nos iremos? — le dijo Ruffnut.

— Hiccup está muy confiado, no se si sólo es muy optimista o muy idiota — respondió mirando al castaño. Hiccup ya sabía como era la forma de ser de Snotlout, por lo que sabía que no tenía caso discutir con él.

Nuevamente se quedaron sin tema de conversación, el silencio en la celda reinó una vez más, aunque afuera de ella el bullicio incrementaba cada vez más. Luego de otro rato, finalmente el capitán regresó con Tuffnut, ahora tocaba el turno de Hiccup de ser interrogado, sólo faltaba él y finalmente sabrían lo que pasaría con ellos. El capitán llamó a Hiccup y éste se levantó para seguir al capitán, una vez que cerró bien la reja, los dos se fueron rumbo al cuarto de los interrogatorios. Cabe aclarar que en todo momento, ni a Hiccup ni a sus amigos les habían quitado las esposas que mantenían sus manos sujetadas.

A los otros jóvenes en la celda no les quedaba de otra más que esperar una vez más, la situación comenzaba a tornarse aburrida.

— ¿Creen que Fishlegs se esté preguntando donde estamos? — dijo Tuffnut para romper el silencio.

— Al gordo ni le importamos, apenas y nos conocemos — dijo Snotlout lo que opinaba.

— Yo creo que si — dijo Astrid — después de todo, él fue el que nos dio la idea de entregar a Alvin —.

— ¿Creen que nos pida parte de la recompensa? — comentó Ruffnut

— No lo creo, no hizo mucho que digamos — dijo Snotlout.

— Si lo hizo, cuando yo estaba peleando sola contra Alvin, el intentó ayudarme, se llevó un buen golpe, estuvo con nosotros, así que merece una parte — explicó Astrid, creía que era lo justo.

— Eso no le quita lo cobarde — dijo Snotlout.

— Sólo necesita práctica, hasta él puede ser valiente si se lo propone — dijo Ruffnut.

— Es cierto, recuerdo yo era tímido y cerebrito — comentó Tuffnut.

— Eso nunca pasó — le dijo su gemela.

— De todas formas es bueno tener a alguien como él con nosotros — opinó Astrid.

Y así siguieron conversando de cosas triviales y nada relevantes, sólo para dejar pasar los minutos.

Mientras tanto, en la sala de interrogatorios, Eret había terminado con las preguntas hacia Hiccup.

— Ya los interrogué a todos, pero sigo sin creerme que ustedes estuvieran allí sólo por la recompensa — le dijo el capitán Eret.

— Es verdad, sólo usa la lógica — le dijo Hiccup — si nosotros fuéramos marginados, ¿realmente crees que regresaríamos a ese lugar?, además, si otra persona hubiera acabado con ellos, rápidamente habría ido a entregar a Alvin y a cobrar la recompensa —.

— Es cierto, pero, ¿porqué esperaron tanto para cobrar la recompensa? — cuestionó el capitán.

— Porque no sabíamos, hasta que un amigo del pueblo nos lo dijo, así que decidimos regresar por Alvin — respondió Hiccup.

— ¿Que harán con el dinero? —.

— Lo usaremos para ir de viaje, queremos irnos cuanto antes pero no tenemos dinero, así que decidimos que la recompensa era una buena forma de ganar dinero fácil de manera legal — respondió el castaño.

— Ya veo, ¿entonces ustedes derrotaron a Alvin? — dijo el capitán.

— Sí, todos somos magos excepto Snotlout — explicó Hiccup.

— Me sorprende, deben ser muy buenos, ni siquiera un pelotón completo de mis mejores hombres han podido contra los marginados — dijo el capitán — ¿y sabes que es curioso?, que no tengan ni un sólo rasguño después de su supuesta lucha —.

— Si se fija bien, podrá ver que nuestras ropas están un poco rasgadas y con algunos agujeros — explicó Hiccup — y en cuanto a las heridas, el amigo que mencioné hace unos momentos es mago sanador, el nos las curó —.

— Demasiada coincidencia, ¿no lo crees? —.

— Es la verdad, si no me cree puede ir al pueblo a buscar a nuestro amigo e interrogarlo — dijo Hiccup con determinación. El capitán se quedó en silencio unos pocos segundos analizándolo con la mirada.

— ¿Qué magia usas? — le preguntó.

— Fire control, soy mago elemental — Hiccup comenzaba a acostumbrarse a considerarse a si mismo un mago.

— De acuerdo, ponte de pie, te llevaré a otro lugar para que me muestres tu magia — le dijo el capitán.

Hiccup se desconcertó un poco, pero decidió que no estaba en posición de negarse, en ese momento recordó que no llevaba su peculiar espada con él, de hecho, ninguno de sus amigos llevaba sus respectivas armas, las habían dejado en casa de Fishlegs.

— Claro — dijo Hiccup, aunque no llevara su espada, había aprendido a encender sus manos en llamas, eso debería bastar.

El capitán lo hizo salir del cuarto y seguirlo, lo llevó hasta un enorme salón, donde en medio había un ring, y cerca de las paredes había diversas maquinas para hacer ejercicio, desde caminadoras hasta pesas, entre otras. Hiccup comprendió que estaban en el gimnasio de la base militar.

— Ven — dijo Eret, haciéndolo acercarse al ring, era un lugar bastante amplio — muestrame lo que sabes —.

Hiccup se quedó quieto por unos momentos, estaba un poco nervioso, sin embargo, se tranquilizó a si mismo, no debía mostrarse inseguro, debía mostrar seguridad. Se preparó mentalmente y después puso las manos hacía delante.

— Espera — dijo el capitán — te quitaré eso, o no podrás hacer nada — se acercó a Hiccup para quitarle las esposas, el castaño estaba tan nervioso que no se dio cuenta de ese detalle.

Una vez que se vio liberado de sus manos, Hiccup volvió a concentrarse, mantuvo sus manos firmemente a sus costados, y después de unos minutos, estas se envolvieron en llamas, al sentir el ligero calor, Hiccup se examinó las manos y luego se las mostró al capitán.

— Lo ves, controlo el fuego — dijo Hiccup con confianza en si mismo.

— ¿Es todo lo que puedes hacer? — le dijo el capitán.

— Pues, creo que sí — dijo Hiccup, la poca confianza que había ganado comenzaba a desaparecer.

— Si vendieron a Alvin, deberían tener habilidades asombrosas, ¿tus amigos también pueden hacer algo tan mediocre como lo que acabas de hacer? — le dijo el capitán con burla.

— Recién estoy practicando mi magia — dijo Hiccup algo molesto — yo tengo una espada de fuego, que fue la que usé contra Alvin, pero la olvidé en otro lado — explicó Hiccup.

— ¿Una espada? ¿Peleaste contra Alvin con una espada? — dijo el capitán incrédulo.

— Claro que si, si la tuviera aquí mismo te mostraría de lo que soy capaz — desafío Hiccup.

— ¿De verdad?, bueno, yo no soy muy bueno con espadas pero, podría hacer el intento — dijo el capitán, Hiccup no creía que de verdad el capitán se lo hubiera tomado como un desafío.

— Aquí tenemos soldados que disfrutan practicar con esas armas tan anticuadas en sus ratos libres — explicó el capitán — puedes verlas allá — dijo señalando hacía un anaquel pegado en la pared — ve y toma una, muestrame si es verdad lo que dices — desafió esta vez el capitán.

Hiccup no sabía que pensar, no sabía si debía aceptar el desafío, pero al final decidió que si, era lo único que podía hacer, así que caminó hacía donde Eret le señaló y vio todas las espadas que estaban apiladas, las analizó y buscó alguna que mas le gustara, la mayoría estaban desgastadas y hasta un poco oxidadas, se notaba que casi nunca las usaban. Al final se decidió y tomó una, la verdad era que no le importaba mucho la espada, lo que le importaba era poder irse de ese lugar cuanto antes.

Regresó junto al capitán, el cual mandó a llamar a uno de sus soldados, quien llegó acudiendo rápidamente al llamado de su capitán.

— El es uno de mis hombres a quien mejor se le da eso de la espada — dijo el capitán presentándolo — veamos que puedes hacer —.

Hiccup vio como el soldado recién llegado pasaba al lado suyo, dirigiéndose al mismo anaquel donde estaban las espadas, escogió una, y luego regresó para hacerle frente a Hiccup. El castaño entendió que tendría que combatir contra el soldado, el cual no había ni mencionado una palabra siquiera, así que decidió dar lo mejor de sí, y demostrar de lo que era capaz. Los dos se pusieron en guardia, sujetaron sus espadas, y se abalanzaron el uno contra el otro al mismo tiempo, se escuchó un choque metálico, los dos detuvieron el golpe con sus respectivas espada, rápidamente iniciaron un intercambio de ataques con la espada, pero era indudable que Hiccup mostraba mejor habilidad y firmeza en su uso que el soldado, el capitán Eret se dio cuenta de ese detalle. No pasaron ni cinco minutos cuando Hiccup logró tirarle la espada de las manos al soldado, y lo acorraló poniéndole el filo de la espada en el cuello. Era obvio que no lo mataría, sólo era la forma de dejar en claro que era el ganador.

— Impresionante, admito que eres muy bueno — dijo el capitán con sinceridad — aunque no entiendo que tiene que ver el fuego con que sepas usar la espada — agregó.

— No tiene nada que ver — le dijo Hiccup — yo he practicado con la espada desde niño, mi padre me enseñó —.

— Veo que no me mentiste, creo que has pasado la prueba — dijo el capitán.

— ¿Prueba? — preguntó Hiccup confundido.

— Así es, te estaba probando, cuando te liberé pudiste haber tratado de atacarme para escapar, pudiste intentar algo, pero no lo hiciste — explicó — puedo ver que no me has mentido, y que realmente estás empeñado en que te crea, así que confiaré en mis instintos y los dejaré libres — concluyó el capitán.

— ¿De verdad? — Hiccup no se la creía — gracias capitán —.

— Y ahora tú — dijo dirigiéndose al soldado que había mandado a llamar — vuelve a tus deberes — ordenó. El soldado sólo contestó con un firme "Si señor", y salió del lugar.

— Ahora sigueme, vamos a las celdas por tus amigos para que se larguen de aquí — dijo el capitán en confianza.

— Claro — contestó Hiccup de la misma forma.

— Ya mandé a que interrogaran a Alvin, no sé si ya habrán terminado, iré a ver antes de liberarlos — le dijo Eret a Hiccup.

— De acuerdo, ojalá allá dicho la verdad — respondió Hiccup.

— Ya veremos — fue lo único que respondió el capitán.

Hiccup lo fue siguiendo, para ir a la zona de las celdas dónde estaban sus amigos, se dio cuenta que el capitán ya no le puso las esposas, por lo que supo que era verdad lo que le dijo, que podrían irse a casa, aunque le preocupaba que no hubiera dicho nada acerca de la recompensa, pero lo importante era que no estaban en problemas, ese era suficiente motivo para sentirse satisfecho.

Minutos más tarde...

Astrid y el resto de sus acompañantes comenzaban a sentirse preocupados, el silencio de antes se había tornado tenso, Hiccup estaba tardando mucho en volver, el interrogatorio no tardaba tanto, por lo que la duda de que estaría pasando con el castaño no dejaba de dar vueltas por la mente de la rubia.

— ¿Porque tardará tanto? — dijo Ruffnut.

— Espero que no haya hecho alguna tontería — comentó Snotlout.

— Sí yo no la hice, no creo que el si la haga — dijo Tuffnut.

Astrid estaba pensativa, se quedó callada y después habló.

— No creo que él haga alguna tontería, y si lo hizo entonces lo golpearé — dijo para aligerar el ambiente.

— Yo te ayudo — dijo Snotlout con humor.

— ¿Porqué el alboroto? — habló Ruffnut al escuchar que nuevamente se hacía presente un gran bullicio y gritos por todos lados, todos los prisioneros se alborotaban cuando alguien entraba al área de las celdas. Un soldado que no habían visto antes llegó frente a la celda y comenzó a abrirla.

— El capitán me mandó por ustedes — dijo cuando finalmente abrió la reja — salgan en fila y siganme —.

Los jóvenes se extrañaron sobremanera, pero obedecieron y salieron de la celda en fila, siendo Snotlout el primero, luego los gemelos y al Finan Astrid, seguían esposados y no hicieron nada más que seguir al uniformado, tuvieron que escuchar todos los gritos e insultos de la gente encerrada en las otras celdas, una vez que salieron de esa área, los llevaron por varios pasillos con oficinas a los lados, hasta llegar a una zona en el exterior, amplia y con un montón de vehículos militares de distintos tipos estacionados. Arriba podía verse el cielo lleno de estrellas, comprendieron que estaban en una especie de estacionamiento, los jóvenes no sabían porque los habían llevado hasta allí, así que estaban confundidos. Fue cuando vieron salir de una puerta a su derecha, a Hiccup y el capitán, los dos se veían serios pero sin estar enojados. Verlos llegar juntos confundió aún más a los acompañantes de Hiccup, si es que eso era posible.

— Veo que ya están todos — dijo el capitán en cuanto estuvieron cerca — quedense en donde están mientras les quito las esposas —.

Fue así como procedió a quitarles las esposas, uno por uno hasta que los todos se vieron liberados.

— Ahora siganme, les daré un aventón de vuelta al pueblo — dijo el capitán.

— Espera, ¿de verdad estamos libres? — dijo Snotlout sin poder creerlo.

— Claro que sí, a menos que quieran quedarse — contestó.

Todos se miraron entre sí, para finalmente obedecer, lo siguieron por todo el amplio estacionamiento, hasta un pequeño vehículo militar, el capitán les indicó que subieran, los gemelos fueron los primeros en subirse, en los asientos de atrás. Luego los siguió Snotlout, Hiccup le iba a decir a Astrid que ocupara el espacio que quedaba vacío en los asientos de atrás, pero la rubia se le adelantó y se subió al asiento del copiloto, al castaño no le quedó de otra más que subirse al espacio que quedaba junto a Snotlout y los gemelos.

El capitán Eret se subió al asiento del conductor, y cuando vio que ya todos se habían acomodado y cerrado las puertas, encendió el motor.

— Han tenido toda una experiencia ¿no? — dijo el capitán.

— He tenido aburrimiento — dijo Tuffnut.

— A mi me da lo mismo — dijo la gemela rubia.

Finalmente el vehículo comenzó a moverse, partirían de regreso al pueblo, todo marchaba bien hasta que escucharon un extraño y muy ruidoso sonido, Snotlout se había quedado dormido y ahora roncaba como si su vida dependiera de ello.

— No puede ser — dijo Hiccup con un dejo de frustración.

— ¿Tan rápido se durmió? — dijo Astrid volteando a ver hacía atrás, observando a Snotlout dormir con la boca abierta.

— Su amigo tiene el sueño pesado — dijo el capitán.

— Creo que yo también me dormiré — dijo Ruffnut.

— Mientras no ronques todo está bien — bromeó Hiccup.

— De hecho si ronca — dijo Tuffnut con diversión.

— Hay callate, tu también roncas — se defendió su gemela.

— Disculpe capitán, ¿puedo hacerle una pregunta? — dijo Astrid, cambiando de tema e ignorando la pequeña discusión de los gemelos.

— Por supuesto, y puedes llamarme sólo Eret — dijo el capitán con amabilidad.

— Está bien, Eret — dijo Astrid con una risita.

Hiccup se quedó tenso en su reducido espacio, ¿desde cuando Astrid y el capitán se habían tomado confianza?, no creía que un simple interrogatorio bastara para eso, ¿o si?.

— ¿Cuál es la pregunta? — dijo Eret.

— La recompensa, ¿aún la podemos obtener? — preguntó Astrid.

— Si pueden, sigue vigente, si quieren yo puedo encargarme de ese asunto —.

— ¿De verdad?, muchas gracias — dijo Astrid amablemente.

Hiccup comenzaba a enojarse de que esos platicaran tan alegremente, como si fueran viejos amigos, y lo peor era que no sabía porque se molestaba, no debería sentirse así, pensó el castaño. Al final decidió hablar para dejar de pensar en eso.

— Es genial, gracias — fue lo único que alcanzó a decir.

— Claro, lo usarán para viajar ¿no? — dijo Eret.

— Así es — dijo Hiccup con aparente tranquilidad.

— Iremos al norte — dijo Astrid volteando a darle una fugaz mirada a Hiccup, antes de regresar su vista al frente, a la carretera.

— ¿Al norte? — dijo el capitán — eso suena bien —.

— Gracias — dijo Astrid.

— Si me permites una sugerencia, visiten Ciudad Plata — dijo Eret — es una ciudad costera allá en el norte, tiene una playa muy bonita —.

— Vaya, deberíamos ir, ¿no Hiccup? — dijo la rubia sin voltear a mirarlo.

— Sí — contestó éste sin mucho interés.

— Es muy bello y todo, hay muchos lugares que visitar, pero también deben tener cuidado — advirtió el capitán.

— ¿Porqué? — preguntó Astrid.

— La mayoría de ciudades y pueblos allá en el norte están bajo el control de las dos organizaciones criminales mas poderosas — explicó Eret.

— Eso no suena bien — dijo Hiccup.

— Existen muchas organizaciones pequeñas, pero no son muy fuertes, un pelotón del ejercito fácilmente puede acabar con una de ellas, pero todas estas organizaciones están lideradas por las tres más fuertes del mundo; los marginados, los berserker y los cazadores — siguió explicando el capitán — ustedes acabaron con los marginados, pero creanme cuando les digo que son basura comparados con los berserker y los cazadores, así que cuidense — terminó de decir.

— O diablos — fue lo único que dijo Astrid. Hiccup, por su parte, sólo se quedo pensando en lo que acaba de decir el capitán.

— No les digo eso para meterles miedo, sólo es un consejo — dijo Eret después de un rato — si hacen las cosas con cuidado y sin llamar mucho la atención no deberían tener problemas, ustedes diviertanse —.

— Claro, entonces, ¿ni siquiera el ejército puede contra ellos? — preguntó Hiccup con curiosidad.

— Tienen magos muy poderosos, y con magias muy buenas, unos simples humanos sin magia no son rivales para ellos — dijo el capitán Eret.

— Que mal, de seguro tienen hasta magos sanadores entre ellos — opinó Astrid.

— Eso lo desconozco, pero lo que si sabemos es que tienen el libro de las curaciones, un libro con hechizos de sanación muy avanzados que sólo un mago sanador puede aprender —.

— ¿De verdad algo así existe? — preguntó Hiccup sorprendido.

— Si existe, aunque no se sabe mucho sobre él, lo último que supimos es que una de estas dos organizaciones lo tiene, pero no sabemos si lo tienen los berserker o los cazadores — dijo Eret.

— Bueno, entonces tendremos cuidado — dijo Astrid, relajándose y olvidándose por un momento de todo lo que les dijo Eret

— Sólo una última pregunta antes de cambiar de tema — dijo Hiccup, queriendo soltar una duda que daba vueltas por su mente — ¿cuál es el objetivo de estas organizaciones?, ¿sólo el dinero o hay algo más? —.

— No lo sabemos — respondió el capitán — pero hay rumores de que buscan algo llamado ojo del dragón, o algo así, la verdad es que no tengo idea de que será eso —.

— Alvin también mencionó algo llamado ojo del dragón — dijo Astrid — me pregunto que cosa será —.

— Quien sabe, tal vez lo mejor es no saber — dijo el capitán.

— Oye Astrid, ¿y tu collar? — preguntó Hiccup.

— Aquí lo traigo, debajo de mi blusa, siempre lo escondo — respondió la rubia.

Siguieron viajando por la carretera rumbo al pueblo, a bordo del vehículo, mientras los tres conversaban, Snotlout y los gemelos estaban completamente dormidos, al parecer no les importaba lo que pudiera suceder, continuaron con el viaje sin ningún contratiempo.

Luego de aproximadamente una hora más de viaje, finalmente llegaron a las afueras del pueblo, Eret estacionó el vehículo a la orilla de la calle de entrada al pueblo, la calle principal. No apagó el motor y habló.

— Aquí me despido, tengo que volver cuanto antes a la base, hay mucho trabajo —.

— No te preocupes, gracias por traernos Eret — agradeció Astrid, abriendo la puerta del copiloto para bajarse.

Hiccup mientras tanto trataba de despertar a Snotlout y a los gemelos, los cuales no reaccionaban, si que tenían el sueño pesado.

Luego de mucho intentar y moverlos cada vez más bruscamente, finalmente comenzaron a despertar.

— ¿Qué ocurre? — dijo Snotlout completamente desorientado.

— Bajense, ya llegamos — le dijo Hiccup.

Los jóvenes dentro del coche se bajaron como sonámbulos, cerraron las puertas y el capitán habló.

— Arreglaré todo lo de la recompensa, vendré mañana a este mismo lugar a las 2 de la tarde — dijo Eret.

— De acuerdo, aquí estaremos — aseguró Hiccup.

Eret dio marcha atrás al vehículo, le dio la vuelta y regresó por el mismo camino en el que llegaron.

— Tuvimos suerte que nos trajera hasta acá — dijo Astrid.

— ¿Dónde estamos? — dijo Snotlout todavía adormilado.

— En el pueblo de Fishlegs, ya llegamos — le dijo Hiccup — vámonos a su casa antes de que se duerman a media calle — dijo comenzando a caminar por el pueblo a oscuras, sólo se veían muy pocas casa iluminadas, ya era bastante de madrugada. Hiccup y sus amigos finalmente habían conseguido el dinero necesario para su viaje, no solo en busca de aventuras, sino también en busca del pasado de Astrid y de Stormfly, ¿lo conseguirán?.

Continuará en el Capítulo 9: "Piensa bien lo que deseas".

Y bueno, esto es todo por hoy, agradezco todo el apoyo y buenos comentarios que me han dejado estos últimos días, me animan a continuar y dar lo mejor para desarrollar bien la historia. Gracias por leer y esperen con ansias el siguiente capítulo xD