Hola, aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que lo disfruten y que los entretenga, gracias por el apoyo y sin mas que decir, comencemos con el capítulo.

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Capítulo 9: "Piensa bien lo que deseas".

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La noche cubría el cielo, ya era de madrugada y unos jóvenes viajeros se encontraban caminado por las calles del Pueblo Cobre, luego de varios minutos y de tener que combatir el sueño, finalmente llegaron a su destino. Tocaron a la puerta de la pequeña casa, y esperaron a que atendieran, cosa que no tardó mucho en suceder.

— ¿Qué pasó con ustedes? ¡Estaba muy preocupado! — dijo Fishlegs sorprendido de ver llegar a sus nuevos amigos a esas horas de la noche.

— Es una larga historia — dijo Hiccup.

— Sólo dejanos pasar — dijo Snotlout medio adormilado.

Fishlegs les concedió el paso, y todo entraron a la casa uno por uno.

Sin preguntar ni nada, tomaron asiento en los sofás de la sala, el sueño ya casi los dominaba por completo.

— ¿Que fue lo que pasó? — preguntó Fishlegs sin tomar asiento, ya que literalmente los gemelos se habían desparramado a dormir en el sofá más grande.

— Supongo que tuvimos un golpe de suerte — dijo Hiccup.

— ¿Porqué? —.

— Obtuvimos la recompensa — esta vez fue Astrid la que respondió.

— Esas son buenas noticias — dijo Fishlegs con alegría — pero, ¿dónde está la recompensa? —.

— Haces muchas preguntas gordo, deja dormir — dijo Snotlout a punto de caer rendido.

— ¿Que haces despierto a esta hora? — preguntó Hiccup, él y Astrid eran los únicos que no habían sucumbido ante el sueño.

— Gothi me recomendó que me quedara esperándolos un rato más, de hecho apenas hace poco se fue a dormir — le contestó Fishlegs.

— Creo que yo también quiero dormir — dijo Astrid.

— Disculpen que no pueda ofrecerles una buena cama, pero nuestra casa es pequeña y sólo hay dos habitaciones, la mía y la de Gothi — explicó Fishlegs — si quieren les prestó mi cama, y yo dormiré en uno de los sofás —.

— No te molestes, no es necesario, podemos dormir aquí — dijo amablemente Hiccup.

— Sólo miralos — dijo Astrid señalando a los gemelos, los cuales dormían en el sofá casi abrazados, y a Snotlout, el cual dormía sentado y con la cabeza gacha.

— Pero en ese sofá no podrán dormir los dos — dijo Fishlegs.

— Yo dormiré en el piso, junto a la mesa de centro, y Astrid en el sofá, sólo préstanos unas cobijas y listo — explicó el castaño.

— ¿Están seguros? —.

— Es tu casa, no queremos causarte molestias — dijo también Astrid.

— Está bien, como ustedes quieran — dijo Fishlegs — esperen, ya vuelvo — se dirigió a su habitación para traer algunas cobijas.

— Estoy agotado — dijo Hiccup estirando los brazos.

— Yo también — dijo Astrid.

— Aún no puedo creer que tengamos ese dinero —.

— Igual no es de nosotros, lo usaremos para el viaje — dijo la rubia.

— Lo sé, espero que sea divertido — dijo Hiccup con una sonrisa y en tono soñador.

— Yo también — dijo Astrid en el mismo tono.

— No he olvidado la promesa que te hice, te ayudaré a recordar tu pasado — dijo Hiccup dedicándole una mirada reconfortante.

— Gracias, de verdad, no sabes cuanto me tranquiliza saber eso — dijo Astrid mostrando verdadera gratitud.

— Aquí están — dijo Fishlegs regresando a la sala, debajo de su brazo traía dos cobijas enrolladas.

— ¿dormirán aquí? — preguntó nuevamente.

— Ya te dijimos que sí, no te preocupes — confirmó Hiccup, se acercó para tomar las cobijas, luego le dio una a Astrid.

— Gracias — dijo ésta.

— Está bien, entonces si me disculpan, yo me iré a dormir — dijo Fishlegs en forma de despedida — ¿creen que ellos estarán bien? — dijo señalando a los gemelos, los cuales dormían en el sofá más grande, casi abrazados y roncando muy fuertemente.

— La que no estará bien seré yo con esos ronquidos — dijo Astrid.

— A mi no me molestan — comentó Hiccup extendiendo la cobija en el suelo y acostándose sobre ella — buenas noches — sin esperar más detalles, se recostó de lado y cerró los ojos.

— Buenas noches a ambos — Fishlegs se despidió amablemente, dejó la sala para irse a su propia habitación a descansar.

Astrid se acostó en el sofá y se tapó con la cobija, creyó que finalmente tendría una buena noche de sueño, como esas que no tenía desde hace mucho, pero su idea se vino abajo cuando escuchó que Hiccup también comenzaba a roncar, y su sonido se mezclaba con el de los gemelos. Astrid se tapó la cara con la cobija, en un intento por ignorar esos sonidos.

— "¿Quien podría dormir con éstos sonidos?" — se preguntó Astrid en sus pensamientos.

A los pocos minutos, Snotlout también se unió a la orquesta de ronquidos, eso desesperó mas a la rubia.

— "Diablos, justo cuando pensé que hoy dormiría bien" — Astrid se imaginaba dándoles de golpes a todos para que se callaran, no le quedaba de otra que tratar de ignorarlos e intentar dormir aunque fuera unas cuantas horas.

Al amanecer...

Una chica rubia se encontraba en un lugar muy extraño, todo a su alrededor era de color blanco, un blanco brillante y segador, no podía distinguir nada, comenzó a caminar, pero no parecía avanzar en lo más mínimo por más pasos que daba. Cuando se detuvo,escuchó una voz, una que ya estaba acostumbrada a escuchar.

— "Busca a Stormfly" — decía la voz — "tienes una misión" —.

Astrid despertó de golpe, dando fuertes respiros y muy exaltada, había tenido ese extraño sueño otra vez.

— ¿Qué te ocurre? — le dijo Hiccup, que estaba a su lado levantando la cobija del suelo, en donde durmió.

— Nada, estaba soñando — dijo la rubia a secas.

— Ya estamos aquí — se escuchó desde la puerta, los siempre alegres gemelos llegaban junto con Snotlout, Fishlegs los había mandado a comprar algunas cosas para preparar el desayuno, obviamente indicándoles bien por dónde debían ir.

— ¿Cómo dormiste mi bella dama? — preguntó Snotlout al ver a Astrid despierta.

— Mal, con los sonidos que emanaban de sus bocas era imposible dormir — dijo la rubia.

— Nosotros ni roncamos — dijo Tuffnut.

— Es cierto, no nos levantes falsos — siguió Ruffnut.

— Lo que sea, callense y dejenme dormir un rato más — dijo Astrid tapándose de nuevo y recostándose.

— Alguien se despertó de mal humor — dijo Hiccup — de todas formas, vamos a preparar el desayuno — dijo muy animado.

Caminó hacía la cocina y los demás lo siguieron, allí ya se encontraba Fishlegs buscando todos los trastes y utensilios necesarios para cocinar.

— ¿Que es lo que prepararán? — preguntó Tuffnut.

— Carne de Yak asada, estofado de verduras con un poco de pescado — dijo Fishlegs — así que pongamos manos a la obra —.

— Yo sólo vine a ver, ni crean que me voy a poner a cocinar — dijo Snotlout con evidente tono de burla.

— Cocinar es todo un arte, no creas que es algo fácil — dijo Hiccup.

— Arte mi trasero, eso es cosa de mujeres — siguió Snotlout.

— Pensar eso es machista ¿no crees? — dijo Ruffnut.

— No empieces con cosas feministas por favor — dijo el pelinegro.

— ¿Qué es feminista? — Tuffnut se metió en la conversación.

— Mejor empezamos ¿no Hiccup? — le dijo Fishlegs al ver que los otros tres comenzaron a discutir.

— Claro, empecemos — Hiccup estaba más que dispuesto.

La discusión de los otros tres jóvenes se prolongó durante más tiempo, cuando dejaron de discutir se dedicaron a observar lo que hacían Hiccup y Fishlegs.

Por otro lado, Astrid, acostada de lado y tapada, fingía dormir, pero en realidad tenía los ojos abiertos, mientras pensaba. Cada vez era más frecuente tener ese extraño sueño, escuchaba esa voz y la hacia cuestionarse muchas cosas, si hubiera tenido ese sueño sólo una vez, no le tomaría importancia, pero lo tenía casi a diario, así que debía de ser algo más, ¿se estaría viviendo loca?, ¿seria normal soñar eso?, ¿tendría algún significado?, eran preguntas que Astrid no podía evitar hacerse.

Estaba indecisa entre si levantarse e ir a ver a los demás, o quedarse a seguir "durmiendo". Un olor bastante agradable llegó a su nariz, y su estómago rugió como aprobándolo, eso fue lo que la hizo levantarse y decidirse a entrar a la cocina, caminó hasta allá y vio a todos conversando mientras esperaban algo.

— Dentro de unos momentos podrán apreciar nuestro arte culinario — dijo Hiccup con tono alegre.

— Por favor ¿como puede ser arte cocinar? — dijo Snotlout.

— Tu no entenderías de arte ni aunque te pateara en los bajos — dijo Ruffnut con burla.

— ¿Y tu que sabes? Sólo te quedaste mirando — se defendió Snotlout.

— Eso no significa que no sepa cocinar — siguió Ruffnut.

— ¿Tu cocinar? Dejame que me ría — dijo Snotlout soltando una risa falsa.

— La bella durmiente por fin vino — comentó Tuffnut notando finalmente a Astrid, la cual se había quedado simplemente de espectadora.

— Si, supongo — contestó ésta.

— ¿Dormiste bien? — preguntó Fishlegs a manera de saludo.

— No, los ronquidos no me dejaban, además tuve un sueño raro — contestó.

— A mi me gustan los sueños raros — dijo Tuffnut.

— No comparto tus mismos gustos — dijo Astrid bromeando.

Pasaron más minutos, Fishlegs ordenó que cada quien acomodara sus platos y cubiertos en el comedor, todos obedecieron y cuando la comida estuvo lista, Hiccup y Fishlegs la llevaron al comedor para que cada quien se sirviera.

— Esto está riquisimo — dijo Ruffnut comiendo rápidamente.

— Admito que es bueno, pero no es lo que esperaba — dijo Snotlout, obviamente no alagaría a Hiccup.

— Es realmente bueno — alagó Astrid.

— Me alegra que les halla gustado — dijo Fishlegs.

— Supongo que ya sabemos quienes cocinarán durante nuestro viaje — dijo Hiccup entre risas.

— ¿A que hora iba a venir el capitán? — preguntó Ruffnut.

— Me parece que a las 2 de la tarde — dijo Hiccup.

— Debemos apurarnos para no hacerlo esperar — dijo Astrid.

— Todavía es temprano, además ¿cual es el problema con hacerlo esperar? — preguntó Snotlout con burla.

— Que nos traerá la recompensa, si tardamos en llegar se puede ir — respondió Astrid.

— A mi se me hace que lo que quieres es verlo — comentó Ruffnut soltando una risa.

— No es eso — se defendió Astrid — aunque pensándolo bien, si que es muy apuesto — dijo.

— No tanto como yo — habló Snotlout.

— Si te gusta, ¿porque no tratas de coquetear con él? — le dijo Tuffnut.

— Yo no dije que me gustara, sólo dije que me parecía apuesto — respondió Astrid.

Hiccup se levantó rápidamente del comedor, tomó los trastes que había utilizado para comer y se fue al lavabo que estaba en la cocina, para lavarlos.

— ¿Que pasa Hiccup? — preguntó Fishlegs.

— Nada, ya terminé y tengo que lavar los trastes que utilicé — respondió éste seriamente.

— Eres raro — opinó Ruffnut.

Hiccup no sabía porque le molestó lo que dijo Astrid sobre el capitán, y el rumbo que estaba tomando aquella conversación, debía dejar de pensar en eso, y concentrarse simplemente en ignorarlo.

Uno a uno todos terminaron su comida, y cuando Hiccup terminó de lavar, otros le siguieron. Al final todos habían lavado y el comedor estaba libre.

— Vamos a la sala, debemos planear lo que haremos — convocó Hiccup.

Todos obedecieron y lo siguieron, al poco rato ya todos estaban en la sala, dispuestos a conversar.

— ¿Sobre que querías hablar? — preguntó Fishlegs.

— Sobre como repartiremos el dinero — dijo Hiccup.

— Es fácil, compramos un pequeño barco, lo suficiente para que no estemos tan apretados, y lo que sobre lo usamos para comprar comida, productos de limpieza y algo de ropa — mencionó Astrid.

— ¿Pero cuanto puede gastar cada quien? — habló Snotlout.

— Lo que sobre después de comprar la embarcación lo repartiremos en partes iguales, para que cada quien compre lo que considere necesario — comentó Hiccup — es una buena idea —.

— A mi me parece bien — dijo Fishlegs.

— A nosotros nos da lo mismo — dijeron los gemelos.

— Muy bien pues no se diga más, espero que éste sea el inicio de una gran aventura — dijo Hiccup con alegría.

— Ojalá así sea — dijo Astrid, todos los demás estuvieron de acuerdo.

Las próximas horas, los amigos las usaron para conversar y conocerse un poco más, en lo que llegaba la hora de reunirse con Eret.

— No tengo mucho que contar — habló Snotlout — nací y he vivido toda mi vida en Villa Boro, mi padre siempre me crió para ser valiente y fuerte, dijo que sangre vikinga corría por nuestras venas —.

— ¿Tus antepasados eran vikingos? — preguntó Astrid sorprendida.

— Eso decía él, tal vez sólo se lo inventó — respondió.

— Ya veo, así que por eso eres fuerte — dijo Hiccup.

— Claro, más que tú — dijo Snotlout con burla.

— Ahora es mi turno de presentarme — dijo Hiccup ignorándolo — yo he pasado toda mi vida en Isla Berk, una isla al norte de aquí, un poco aislada del resto de la población, en mi isla tenemos muchas costumbres y creencias antiguas, mi padre también me enseñó todo lo que sé, incluso el uso de la espada, aunque nunca me imaginé que yo pudiera usar magia, eso lo descubrí recientemente — explicó Hiccup.

— Tu isla suena interesante — dijo Ruffnut.

— Podríamos ir — sugirió Tuffnut.

— De hecho, esa será nuestra primera parada luego de conseguir una embarcación, tengo algo importante que hacer antes de seguir con viaje — dijo Hiccup.

— Le va a pedir permiso a mami — dijo Astrid con una risa.

— ¡Oye! — Hiccup se hizo el ofendido.

— Que buen hijo eres — dijo Snotlout con sarcasmo y burla.

— ¿Nosotros también tenemos que pedirle permiso a tu mami? — dijo Tuffnut metiéndose en la conversación, aunque en realidad no era una burla.

— No voy a hacer eso — dijo Hiccup — se trata de otra cosa, no lo entenderían —.

— Descuida Hiccup, sólo bromeamos — dijo Astrid.

— Yo no — Snotlout seguía con sus burlas.

— Está bien, es el turno de Fishlegs — dijo Hiccup para cambiar el tema.

— Bien — Fishlegs se preparó para hablar — no sé nada sobre mis padres, me abandonaron cuando era muy pequeño, Gothi me encontró y me crió desde ese entonces, he estado ayudándola en todo lo que puedo y al mismo tiempo aprendiendo, todo lo que sé es gracias a ella, la razón por la que decidir ir con ustedes fue para seguir un viejo sueño mío, algo que Gothi me contó hace mucho — explicó el chico.

— Eso es genial — dijo Astrid.

— Claro, es genial que persigas tus sueños — comentó Hiccup.

— ¿Vamos a viajar o a perseguir sueños? — dijo Snotlout con su característico humor.

— Tal vez podamos hacer ambos — dijo Ruffnut.

— Aunque yo no tengo ningún sueño — habló Tuffnut.

— Cada quien piensa lo que quiera — dijo Hiccup — ahora le toca a los gemelos —.

— No hay mucho que contar — dijo Ruffnut — nuestros padres eran berserkers, desde pequeños nos enseñaron a cometer crímenes y hacer lo que fuera por dinero, un día murieron en un enfrentamiento que tuvimos con un batallón del ejército — explicó.

— ¿Y que pasó después? — preguntó Astrid con curiosidad.

— Éstos últimos años nos dimos cuenta que no nos gustaba ese tipo de vida, fue por eso que decidimos abandonar a los berserker y seguir por nuestra cuenta — completó Tuffnut.

— ¿Y no los siguieron? — preguntó Hiccup.

— No, esos tipos están más preocupados por juntar dinero que por perseguirnos a nosotros — explicó Ruffnut.

— ¿Entonces ustedes eran criminales?, no les creo, son demasiado tontos — dijo Snotlout.

— Es más complicado de lo que crees — dijo Ruffnut.

— En fin, la única que falta es Astrid ¿no? — dijo Tuffnut en tono alegre.

— Emm pues yo... — era el turno de la rubia de hablar sobre ella — estuve en un pueblito hace 6 meses, la gente era muy amable — dijo la rubia.

— ¿Y luego? — preguntó Tuffnut.

— Ya, es todo — dijo Astrid.

— Cuentanos más, algo sobre tu infancia o cosas así — insistió Ruffnut.

— No te hagas la misteriosa — dijo Snotlout con una sonrisa.

El único serio era Hiccup, él sabía porqué la rubia no quería hablar, por su memoria perdida.

— Dejenla, si no quiere decirnos está en su derecho — intervino Hiccup.

— En realidad tengo un secreto, tal vez no me crean pero prometo que se los contaré en otra ocasión, pronto — dijo Astrid con la mirada gacha.

— ¿Porque tanto misterio? — preguntó Snotlout.

— Lo sabrán pronto — dijo Astrid con voz baja.

— Está bien, si eso quieres, ahora dejenme contarles algo divertido — habló Tuffnut.

Durante las siguientes horas, Tuffnut se dedicó a hablar de cualquier tontería, más tarde su hermana se unió a sus ocurrencias, Hiccup y los demás reían con todo lo que los gemelos decían, en ese mañana, reunidos todos como estaban, se habían unido más como amigos.

Horas después...

Luego de charlar, reír y pasarla bien por un rato, había llegado la hora esperada, eran la 1:45 de la tarde, faltaban 15 minutos para reunirse con Eret. Todos se levantaron, se organizaron un poco y se prepararon para salir, Snotlout y los gemelos salieron primero, luego salieron Hiccup y Astrid, Fishlegs se retrasó un poco debido a que Gothi despertó, así que le fue a servir el almuerzo. Una vez que Fishlegs se desocupó, también salió, todos los amigos se encontraban reunidos en el exterior.

— Vamos — animó Hiccup.

Todos caminaron hacia las afueras del pueblo, rumbo a esa calle descuidada y vieja, donde el capitán los había dejado la noche anterior, a todos menos a Fishlegs.

Cuando llegaron, no tuvieron que esperar mucho, el capitán llegó puntual, justo a las 2 de la tarde, la hora que acordaron. Detuvo el vehículo y se bajó, los chicos notaron que traía un maletín negro en una mano.

— Hola, ¿cómo están todos? — saludó el capitán amablemente.

— Todo bien, me alegro que haya venido — dijo Hiccup como contestación.

— Claro, teníamos un trato ¿no? — mencionó el capitán — aquí está lo que acordamos, tres millones de monedas — dijo Eret bajando la voz — sólo no lo muestren mucho, es peligros cargar con tanto dinero —.

— No te preocupes, nadie podrá quitarnos ese dinero — dijo Snotlout con suficiencia.

— De acuerdo, toma — Eret le dio el maletín a Hiccup, el cual lo tomó sin dudar — es la recompensa por lo que han hecho — dijo a manera de gratitud.

— No fue nada — dijo Astrid.

— Astrid, ¿como estás? — Eret ignoró a todos y se acercó a Astrid.

— Yo...bien — Astrid se puso nerviosa y se sonrojó un poco, pero era por la repentina cercanía del capitán que por otra cosa.

— Me alegro, ten mucha suerte en tu viaje — le dijo Eret amablemente.

— Gracias, eres muy amable — le contestó Astrid con una sonrisa.

— Por cierto, bonito collar — mencionó el capitán — se ve que es muy valioso —.

— No sé si lo es, pero me gusta — contestó Astrid, esa mañana había decidido ya no esconder el collar debajo de su blusa, decidió usarlo normalmente y que se luciera.

— Bueno pues yo me voy — dijo Eret llamando la atención de todos — según los reportes que nos llegaron esta madrugada, la caída de los marginados alertó a las otras organizaciones, se han puesto más violentos y reforzado sus operaciones, tengan cuidado — les advirtió Eret.

— Claro, lo tendremos — dijo Hiccup — estando juntos podemos cuidarnos muy bien —.

— Bien, de nuevo gracias por su ayuda, ha sido muy valiosa — se despidió Eret — cuidense, adiós — se dirigió a su vehículo para subirse y encender el motor.

Hiccup y los demás se quedaron observando, hasta que el vehículo desapareció de su vista.

— Por fin se fue — dijo Hiccup con un toque de molestia.

— ¿Porque ese tono? No pensé que te cayera mal — comentó Ruffnut.

— De seguro esto tiene que ver con Astrid — dijo Tuffnut.

— ¿Y yo porqué? — habló la rubia.

— Hiccup se molestó de que el capitán te coqueteara — dijo Ruffnut con cierto toque de burla.

— Yo no lo tomé como coqueteo — se defendió Astrid.

— No te hagas, si hasta te pusiste nerviosa y te sonrojaste — siguió Ruffnut.

— No fue por eso, no inventes cosas — dijo la otra rubia.

— Lo que sea, ¿podemos irnos ya? — dijo Hiccup.

— No te molestes Hiccup, no es tu culpa que el capitán sea mejor que tú — se burló Snotlout.

Hiccup dio media vuelta, ignorando como siempre las provocaciones y burlas de Snotlout. Los demás al ver que Hiccup caminaba sin detenerse, decidieron seguirlo, no tardaron muchos en regresar de nuevo a la casa de Fishlegs. Hiccup ingresó a la casa sin decir nada, los demás, extrañados, se limitaron a seguirlo.

— ¿Porque estás molesto? — dijo Astrid una vez que estuvieron todos dentro.

— No estoy molesto, sólo estoy pensando lo que vamos a hacer ahora — dijo Hiccup.

— ¿Y que haremos? — preguntó Fishlegs, que se había mantenido callado todo ese rato.

— Pienso que debemos ir a Ciudad Zinc cuanto antes y conseguir un bote, entre más rápido nos vayamos, más rápido iniciaremos nuestra aventura — explicó Hiccup.

— Entonces, ¿nos preparamos para salir? — preguntó Ruffnut.

— Claro, entre más rápido mejor — dijo Hiccup.

Todos estuvieron de acuerdo, se fueron a prepararse, lo cual no era tarea tardada, debido a que ninguno llevaba equipaje o cosas así, sólo sus típicas armas, en el casi de Snotlout y los gemelos, Hiccup fue a tomar su espada, que estaba recargada en una de las paredes de la sala, se puso la vaina, para acomodar la espada en su espalda, Fishlegs se fue a su habitación para preparar algunas cosas.

— Ya estamos listos — dijo Astrid.

Fishlegs salió de su habitación, traía una especie de mochila, se detuvo frente a todos.

— ¿Podrían darme algunos minutos? Quiero despedirme — pidió el muchacho.

— Claro, te esperaremos afuera — dijo Hiccup amablemente.

— Gracias — Fishlegs se dirigió a la cocina.

Hiccup y todos los demás, ya listos, salieron de la casa, para esperar a Fishlegs.

El regordete se dirigió a la cocina, para despedirse de su mentora, era algo difícil lo que estaba a punto de hacer, pero sentía que era necesario, de niño soñó que encontraría el libro de curaciones, sabía que nada haría más a Gothi que verlo cumplir su sueño.

— Adiós — dijo simplemente Fishlegs acercándose a donde su maestra se hallaba reposando.

— "A llegado la hora de que sigas con tu viaje, no te preocupes por mí, no quiero ser una carga emocional" — escribió Gothi con su bastón en el suelo.

— Lo sé, me cuesta trabajo dejarte, pero esto es algo que quiero hacer — se sinceró el muchacho.

— "Adelante, eres libre, se que usarás de forma correcta todo lo que te he enseñado" —.

— Gracias — el muchacho se acercó y abrazó a la anciana, un abrazo fraternal con el que expresaba todo su sentir, incluso sentía sus ojos un poco húmedos, su duda era una despedida bastante difícil para ambos, pero que al mismo tiempo, les dejaba la seguridad de que siempre se recordarían.

Afuera de la casa, los chicos se encontraban reunidos, esperando a que Fishlegs saliera para poder irse.

— ¿Porque el gordo tarda tanto? — dijo Snotlout impaciente.

— No seas exagerado, ni ha pasado tanto tiempo — le reclamó Ruffnut.

— Debe ser difícil despedirse de la persona que lo cuidó desde que tiene memoria — comentó Astrid.

— Debemos darle su tiempo — dijo Hiccup.

— Bueno, supongo que tienen razón — dijo Snotlout, el que Astrid mencionara eso lo hizo recordar a su padre.

Siguieron esperando un rato más, Hiccup daba vueltas de una lado a otro, Snotlout se recargo en la pared cruzado de brazos, Ruffnut y Tuffnut platicaban alegremente sobre cualquier cosa que se les ocurriera, y Astrid simplemente se quedó en un sólo lugar, de pie observando a todos.

No tuvieron que esperar tanto para que saliera Fishlegs, éste cerró la puerta y se acercó a ellos, con la mochila que le habían visto hace unos momentos.

— ¿Estás listo? — Astrid fue la primera en preguntar.

— Si, ya me he despedido como se debe — dijo el muchacho.

— Sabemos que es difícil, si no quieres venir nosotros no te obligáremos — le dijo Hiccup.

— Claro que quiero ir, y Gothi también me animó a hacerlos, por alguna razón dice que es viaje podría enseñarme muchas cosas — explicó.

— Entonces, ¿nos vamos? — dijo Snotlout.

— Ya todo está listo, supongo que es hora — comentó Hiccup.

En ese momento partieron, caminando por la calle principal del pueblo, Fishlegs volteaba de vez en cuando para ver de reojo su casa, hasta que ésta desapareció de su vista. Gothi le dijo que le pediría a otra persona que la ayudara, no debía pensar que era egoísta irse y dejarla, el quería ver más allá, y su maestra estaba de acuerdo, entonces, ¿estaba siendo egoísta o no?.

Recorrieron la calle, y rápidamente salieron del pueblo, poco a poco lo dejaron atrás, para dar paso a la vegetación de los bosques abundantes en la zona, mientras caminaban por una camino de tierra que parecía interminable.

— ¿Que tan lejos está la ciudad? No pensaran caminar todo ese tramo ¿o si? — preguntó Ruffnut.

— Claro que si, ¿cual es el problema? — dijo Snotlout.

— Me niego, de seguro está muy lejos — replicó Ruffnut.

— Yo la apoyo, no quiero caminar — habló Astrid.

— Pero si ayer caminamos desde el pueblo de Snotlout hasta aquí — dijo Hiccup.

— Está más lejos la ciudad que el pueblo de Snotlout, es demasiado — replicó Astrid.

— Si, me rehuso a caminar tanto — siguió Ruffnut.

— A mi no me importa caminar, pero tengo que apoyar a mi hermana — opinó Tuffnut.

— No puede ser, ¿de verdad van a ponerse con esa actitud? — dijo Snotlout, las dos rubias asintieron — y tú de seguro tampoco quieres caminar gordo — dijo volteando a ver a Fishlegs.

— Al contrario, creo que no me vendría mal — opinó Fishlegs — pero las damas no quieren caminar —.

— Damas mi trasero, vamos a caminar y punto — dijo Snotlout dando media vuelta para empezar a caminar.

— Obliganos — le dijo Ruffnut desafiante, Snotlout se regresó a donde estaba ella.

— ¿Que dijiste? — preguntó éste acercándose demasiado a ella.

— Que me obligues a caminar, ¿aparte de idiota eres sordo? — contestó ésta con burla.

— ¿A sí? — Snotlout estaba a punto de decir algunas cosas cuando Hiccup interrumpió.

— Ya tranquilos, debe haber alguna forma de resolver éste dilema — opinó el castaño.

— No digas eso Hiccup, ¿no ves lo que quieren?, quieren manipularnos para tenernos a su merced durante el viaje, todas las mujeres son iguales — replicó Snotlout.

— Lo que pasa es que Hiccup si es un caballero — comentó Astrid.

— Una cosa es ser caballero y otra es ser manipulado, ¡te tendrán de su esclavo! — siguió diciendo Snotlout.

— Ya no seas exagerado y mejor ayudame a pensar en algo — dijo Hiccup.

— Está bien, luego no digas que no te lo advertí — Snotlout seguía con su extraña creencia, luego hizo como que estaba pensando.

— ¿Y porque no simplemente esperamos a que pase alguien y le pedimos un aventón? — opinó Fishlegs.

— ¿Y cuando pasa eso? — preguntó Hiccup.

— Normalmente no hay una hora fija, pero por aquí suelen pasar muchos granjeros en sus carretas, que van a vender su mercancía a la Ciudad — explicó Fishlegs.

— Entonces sólo tenemos que esperar a alguien que tenga espacio para llevarnos — dijo Astrid feliz.

— ¿Y si no quieren? — preguntó Hiccup.

— Tenemos un maletín lleno de dinero, si no quiere le pagaremos — opinó Ruffnut.

— Entonces no se diga más, esperáremos — dijo Tuffnut.

Y encontrar de los otros tres hombres, se quedaron esperando a que alguien pasara.

Minutos después...

Durante un buen rato, estuvieron parados a la orilla del camino, esperando, pero el tiempo seguía corriendo el camino no podría estas más desolado.

— ¿De verdad piensan quedarse aquí? — preguntó Snotlout bastante irritado.

— Oigan chicas, creo que ya esperamos demasiado, si seguimos así nos va a agarrar la noche — dijo Hiccup, quien también ya se había cansado de esperar.

— Yo las apoyaba, pero creo que Hiccup tiene razón — comentó Fishlegs.

Para desgracia de Astrid y Ruffnut, no les quedó de otra que aceptar que debían caminar.

— Bueno, supongo que no hay remedio — dijo Astrid.

— Vámonos — dijo Ruffnut no muy convencida.

— ¡Por fin! — festejó Snotlout.

Todos comenzaron a andar, por la orilla del camino, el viaje hacia la gran ciudad definitivamente era largo, luego de haber caminado alrededor de 300 metros, se escuchó un leve golpeteo detrás, Astrid volteó y vio venir por el camino a una carreta, jalada por un caballo.

— ¡Gracias a los dioses! — dijo Astrid feliz deteniéndose.

Los demás también se detuvieron y voltearon al escuchar la voz de la rubia.

— Vaya tipas con suerte — dijo Snotlout, al ver lo que Astrid y Ruffnut tanto esperaban.

Las mencionadas se pusieron en medio del camino, haciendo movimientos con las manos para detener al jinete, el hombre, un humilde granjero, detuvo el caballo.

— Señor, que bueno que se detuvo — se acercó Astrid.

— Me detuve porque estaban en medio del camino — respondió el hombre.

— Disculpenos por eso, pero queremos pedirle de favor que nos lleve a Ciudad Zinc — pidió Astrid de la forma más amable posible.

Ruffnut se acercó a Hiccup, le arrebató el maletín que éste tenía en las manos, y fue a ponerse junto a la otra rubia.

— Si no quiere hacernos el favor, podemos pagarle muy bien — dijo Ruffnut con todo tentativo abriendo al mismo tiempo el maletín.

— No seas estúpida — Snotlout se acercó a Ruffnut para iniciar una discusión — ¿como se te ocurre andar enseñando que traemos ese dinero? —.

— A nadie le importa, lo único que quiero es no caminar — se defendió Ruffnut.

— Lo único que conseguirás es atraer a los ladrones, todo por tu flojera — siguió reclamándole Snotlout.

Los dos comenzaron a discutir y a decirse un montón de cosas, algunas sin sentido, mientras que Hiccup y Fishlegs sólo veían a la distancia, dispuestos a no meterse para evitar más problemas, Tuffnut estaba a las carcajadas al ver tal escena, y Astrid estaba avergonzada de estar dando tan mala primera impresión.

— Disculpelos señor, no somos unos problemáticos — dijo Astrid con una risilla nerviosa.

El granjero por su parte, se río un poco al ver la discusión de los dos muchachos.

— Los jóvenes de ahora discuten por todo — dijo entre risas.

— Supongo que sí — respondió Astrid.

— ¿Necesitan ayuda? – preguntó el amable granjero.

— Necesitamos un aventón a la ciudad – respondió la rubia.

— Suban atrás, no llevo nada así que hay espacio suficiente – dijo el hombre.

— ¿De verdad? ¡Gracias, que suerte! — Astrid estaba feliz de que el hombre hubiera aceptado, se fue a decirle a los demás la buena noticia, mientras Snotlout y Ruffnut continuaban peleando y discutiendo.

— Chicos, ya basta – Hiccup trató de hacer que los dos dejaran de discutir.

— Yo tengo razón, ¿cierto Hiccup? – preguntó Snotlout para defenderse.

— No me interesan sus discusiones, hay cosas más importantes – dijo Hiccup.

— ¡Oigan! – dijo Astrid en voz alta para llamar la atención de todos – ¿piensan quedarse allí todo el día? – luego de decir eso, fue a la parte de atrás de la carreta para subirse.

— Vaya, ¿así de fácil? – dijo Hiccup sorprendido.

— Ya oyeron a la dama, ¡todos arriba! – dijo Snotlout corriendo como niño para subirse.

Todos los demás obedecieron y se subieron a la carreta, mientras el granjero solo reía fuertemente al ver la energía e hiperactividad de los jóvenes, una vez que todos estuvieron a bordo, el granjero dio marcha de nuevo, rumbo a la gran ciudad.

Mientras viajaban, todos platicaban efusivamente sobre cualquier cosa, ya sea del paisaje, o comentaban que harían una vez que llegaran a la ciudad, de vez en cuando reían, principalmente con alguna ocurrencia que dijeran los gemelos, otras veces se quedaban callados, o simplemente se contaban anécdotas de su vida.

Cuando menos se lo esperaron, casi dos horas habían pasado, y habían dejado atrás el ambiente forestal y rural, para dar paso al ambiente urbano. Recorrieron algunas calles, y finalmente llegaron a una especie de almacén, donde la carreta se detuvo. El granjero se bajó de su asiento, y fue a la parte de atrás.

— Hasta aquí llego yo, jóvenes – dijo el hombre.

— No se preocupe señor, aquí está bien – dijo Astrid amablemente.

— Muchas gracias, ha sido usted muy amable – agradeció también Hiccup.

Los gemelos, Snotlout y Fishlegs también agradecieron amablemente la ayuda que les brindó el buen señor, éste se despidió y se dispuso a recoger la mercancía por la que había ido a la ciudad, los jóvenes se alejaron del lugar para planear lo que harían.

— Es bueno ver que todavía hay gente buena en este mundo – comentó Fishlegs.

— Claro que sí, hemos tenido mucha suerte últimamente, ¿no creen? – dijo Hiccup.

— Sí la hemos tenido, y eso asusta — dijo Astrid.

— ¿Asustar? ¿Y eso porqué preciosa? — preguntó Snotlout.

— Porque la suerte tarde o temprano se acaba, ahora hemos tenido suerte, pero más adelante tal vez ya no — comunicó Astrid lo que pensaba.

— No hay que ser pesimistas, todo irá bien — opinó Fishlegs.

— Tienes razón — concordó Hiccup.

Llegaron a una fuente pequeña, que dejaba caer el agua cristalina y limpia, la fuente estaba rodeada de bancas de madera, por el momento no había nadie sentado allí.

— Muy bien, ahora nos dividiremos en dos grupos, unos irán a buscar por un lado algún lugar donde nos puedan vender un bote, el otro equipo hará lo mismo por el otro lado, esto es con el fin de abarcar más terreno para conseguir el bote lo antes posible — explicó Hiccup lo que tenía planeado.

— Muy bien, ¿como nos dividimos? — preguntó Ruffnut.

— Astrid y yo no conocemos muy bien la ciudad, Snotlout si — comentó Hiccup — ¿Ustedes saben andar por la ciudad? — preguntó.

— Yo una vez vine por algo que me mandó a traer Gothi — dijo Fishlegs — creo que puedo andar por la ciudad —.

— Eso es perfecto, entonces tu irás con los gemelos, y Snotlout vendrá con Astrid y yo — dijo Hiccup.

— Bien, vámonos — Tuffnut salió corriendo, aparentemente emocionado por recorrer la ciudad.

— Oye esperame — Ruffnut corrió detrás de su hermano, Fishlegs no tuvo más remedio que seguirlos antes de que se perdieran.

— Esos dos tienen mucha energía — comentó Astrid.

— Y que lo digas — respondió Hiccup.

— Si si lo que sea, ¿nos vamos de una vez? — dijo Snotlout comenzando a caminar.

— ¿Por donde empezamos? — preguntó Astrid caminando a la par de Hiccup, Snotlout iba un poco más adelante.

— Creo que buscar en el muelle sería una buena forma de empezar — respondió el pelinegro.

— Estoy de acuerdo — dijo Hiccup.

Y sin perder tiempo ni detenerse, recorrieron calles y corredores hasta llegar a los muelles, donde podía sentirse la brisa marina y el aire fresco, había una gran cantidad de barcos y botes anclados en los muelles.

— ¿Y ahora que? — preguntó Hiccup.

— A veces aquí se pone gente a vender sus botes, podríamos recorrer los muelles haber si hay alguien — respondió Snotlout.

— Entonces creo que no tuvo sentido que mandara a los demás por otro lado — dijo Hiccup con una risa nerviosa.

— Todavía falta ver si encontramos algo por aquí —.

Recorrieron los muelles, se acercaron un poco a la gente que subía y bajaba cosas a los barcos, pero nadie vendía nada, justo cuando iban a llegar al final de los muelles, decidieron rendirse.

— Olvidenlo, fue un fracaso venir aquí — dijo Snotlout — busquemos en otra parte —.

Hiccup y Astrid estuvieron de acuerdo, decidieron dar media vuelta y regresar por donde vinieron, pero cuando estaban a punto de hacerlo, escucharon un llanto. Un llanto fino y desolador, como de un niño o una niña.

— ¿Que fue eso? — preguntó Hiccup volteando.

— Yo también lo oí — comentó Astrid.

— ¿No será por allá? — dijo Snotlout señalando hacía enfrente, un poco mas lejos de donde estaban, se podía distinguir una pequeña figura, sentada en el suelo.

— ¿Porque llorará? — dijo Astrid mostrando un poco de lástima.

— Sea lo que sea no nos incumbe — dijo Snotlout.

— Yo digo que deberíamos ir a ver — opinó Hiccup.

— No tenemos tiempo para eso, hay cosas que hacer — dijo Snotlout.

— No seas así, deberíamos ayudar — atacó Astrid.

— No lo digo por ser mala persona, tal vez simplemente quiere estar sólo sin ser molestado — dijo Snotlout refiriéndose a la persona que lloraba a lo lejos.

— Iré a ver de todas formas, si no quiere ayuda pues nos vamos y ya — opinó Hiccup caminando en aquella dirección, Astrid no tardó en seguirlo.

— Que necios son — dijo Snotlout para si mismo, resignándose a seguirlos.

Caminaron todo el tramo, los tres se acercaron a la figura que yacía en el piso, al estar cerca, se dieron cuenta que se trataba de un niño, el cual estaba sentado, abrazando sus rodillas y con su cabeza en medio de ellas, podía oírse como lloraba desconsolado.

— Amiguito, ¿te encuentras bien? — preguntó Hiccup suavemente, para llamar la atención del pequeño pero sin acercarse demasiado para no asustarlo.

El pequeño niño dejó de llorar al escuchar la voz, pero no cambio su postura, simplemente se quedó esperando. Hiccup al ver esto no supo como reaccionar, decidió acercarse al pequeño niño y arrodillarse enfrente de él.

— Oye, ¿todo está bien? — preguntó Hiccup en tono amable.

El pequeño niño no dijo nada, levantó la cabeza poco a poco y finalmente miró a Hiccup a los ojos. Se quedó mirándolo sin decir una sola palabra, Hiccup también lo miró sin saber realmente que hacer.

— Y bien mocoso, ¿vas a hablar o no? — interrumpió Snotlout de repente, con sus características ganas de molestar.

— ¡Oye! ¿Porque tienes que ser así?, lo vas a asustar — le dijo Astrid.

— Ustedes son los que querían venir, no yo — se defendió Snotlout.

— Deberías de ser más un poco más bondadoso — siguió Astrid.

— Ser bondadoso no nos va traer un bote — dijo Snotlout.

— Comportarte como un idiota tampoco lo hará —.

— ¿Me has llamado idiota pequeña bruja? —.

— ¿Como me llamaste? ¡Tú, imbécil! — Astrid estaba a punto de arrojarse contra Snotlout, pero una repentina risa la detuvo, el pequeño niño comenzó a reírse al ver la discusión de esos dos, mientras que Hiccup solo fue espectador sin darle mucha importancia al asunto.

— ¿De que te ríes mocoso? — habló Snotlout.

— La señorita tiene razón, eres un idiota — dijo el pequeño aún riendo.

— ¿Lo ves? Hasta el niño lo notó — dijo Astrid victoriosa.

— ¿Eso crees pequeño granuja? — Snotlout comenzó a acercarse al pequeño, pero Hiccup intervino.

— Creo que ya fue suficiente — dijo deteniendo a Snotlout — ahora pongamonos serios — dijo arrodillándose de nuevo en frente del pequeño — dime amigo, ¿porque lloras? —.

— Porque tengo hambre — dijo el pequeño.

— ¿Hambre? Y donde están tus padres — dijo Hiccup.

— Eso es lo que no sé, me dejaron aquí y se fueron — respondió el niño.

— ¿Te dejaron?, no querrás decir que... — Astrid no quiso terminar la frase.

— Así que simplemente te abandonaron — dijo Snotlout como si nada.

— No digas eso — Hiccup lo miró mal, luego regresó su mirada de vuelta al niño — dime amigo, ¿exactamente que pasó? —.

— Hoy en la mañana venimos aquí, mis papás dijeron que tenían que hacer algo importante, cuando llegamos, mi padre me dejó adentro del barco, me dijo que me dejaba a cargo de cuidarlo, que ellos tenían que hacer algo importante y que pronto regresarían, pero siento que ya ha pasado mucho tiempo y no han vuelto — explicó el niño.

— Que extraño, ¿hace cuanto fue eso? — preguntó Hiccup.

— No lo sé, creo que era mediodía cuando llegamos —.

— Ya han pasado varias horas — dijo Hiccup pensativo.

— Me bajé del barco para ir a buscarlos, pero me di cuenta que este lugar es muy grande, así que no quise alejarme para no perderme, sólo me senté aquí a esperar — dijo el niño.

— Descuida, nosotros te haremos compañía — dijo Hiccup amablemente — te cuidaremos hasta que tus padres regresen —.

— ¿De verdad señor? — dijo el niño ilusionado.

— Así es — confirmó Hiccup.

— ¿Es enserio?, no tenemos tiempo para esto — opinó Snotlout.

— Lo haremos de todas formas, yo también me quedo — dijo Astrid.

— No puede ser —.

— Si de verdad quieres hacer algo que ayude — habló Hiccup — ve a buscar a los demás, probablemente vayan a la fuente, ya que allí fue donde nos separamos, traelos aquí —.

— Bien — Snotlout soltó un suspiro de resignación — lo que ordene jefe — dijo con sarcasmo.

Snotlout se fue a hacer lo que Hiccup le dijo, mientras que el castaño se sentaba a un lado del niño, Astrid no tardó en sentarse del otro lado, y así fue como el pequeño se vio rodeado de los dos jóvenes.

— Y dime amiguito, ¿como te llamas? — le preguntó Hiccup.

— Mi nombre es Gustav — dijo el niño volteando al lado contrario de Hiccup, mirando a cierta rubia.

El niño le sonrió, y Astrid sólo sonrió sin saber que más hacer, Hiccup se sintió ignorado.

— ¿Como te llamas? — le preguntó Gustav.

— Astrid — respondió la rubia.

— Un nombre muy hermoso, igual que su dueña — dijo el niño.

— Que simpático — la rubia rió ante lo que había dicho el niño, Hiccup puso cara de pocos amigos.

— Entonces, ¿tu me cuidarás? — preguntó Gustav.

— Yo no he dicho eso, solo te haremos compañía en lo que tus papás regresan —.

— ¿Y si no regresan? — dijo Gustav desanimado.

— No digas eso, ellos volverán — animó Astrid.

— Yo sé que aveces soy muy inquieto y travieso, pero no pensé que me abandonarían — dijo el niño con tristeza.

— Oye no pienses así, nadie te ha abandonado — consoló Astrid.

— Es cierto, no seas exagerado niño — dijo Hiccup ya no tan amablemente, pero fue ignorado por ambos.

— ¿Puedo darte un abrazo? — preguntó el niño inocentemente.

— Claro, ven aquí — Astrid estiró los brazos, para recibir al pequeño.

Gustav le dio un abrazo y Astrid lo correspondió, ante la mirada molesta de Hiccup, el castaño notó que mientras la abrazaba, el niño ponía una de sus manos en cierta zona del pecho de la rubia.

— ¡Oye mocoso! cuida donde pones las manos — dijo Hiccup molesto.

— ¿Que te ocurre Hiccup? — preguntó Astrid confundida.

— Deja de abrazarlo — dijo Hiccup acercándose para quitarle al niño de los brazos.

— ¿Hice algo malo? — dijo Gustav con tono inocente.

— Hiccup, ¿y ahora que mosca te picó? — dijo Astrid molesta, Hiccup la ignoró y se dirigió al niño.

— Ví lo que hiciste, te mantendré vigilado — amenazó Hiccup.

— ¿Ahh si?, creo que más bien te dio envidia — se burló el niño.

— No se de que hablas — dijo Hiccup para finalizar la conversación.

— ¿Se puede saber de que hablan? — preguntó Astrid, quien no entendía nada.

— No es nada, mejor cambiemos de tema — dijo Hiccup.

— Oigan, ¿tienen comida?, me muero de hambre — comentó Gustav.

— Nosotros tampoco hemos comido — le dijo Hiccup — tal vez compremos algo por aquí —.

— ¿Porque traes esa espada en tu espalda? — preguntó el niño.

— Es mi arma para pelear, soy un mago — respondió Hiccup, aún se sentía raro al decir eso.

— ¿Un mago?¡Increible! — el niño dijo impresionado — mis papás también son magos —.

— ¿Lo son?, entonces tu también lo eres — concluyó Hiccup.

— No lo sé, tal vez aún no he despertado mi magia, o puede que yo no sea mago — opinó Gustav.

— Yo digo que puedes intentarlo —.

Luego de esa pequeña conversación, Gustav de nuevo ignoró a Hiccup y se fue a sentar junto a Astrid, el castaño se sorprendió de que el niño no preguntara por el maletín que traía en una de sus manos.

— Tu collar es muy bonito, ¿quién te lo dio? — preguntó Gustav al ver el collar que la rubia traía puesto.

— Lo encontré — mintió Astrid — no sé de quien habrá sido —.

— Tienes suerte, se ve muy bien — dijo Gustav — ¿puedo verlo de cerca? — pidió.

Astrid se rió un poco y se quitó el collar, para dárselo al niño, éste lo tomo en sus manos para verlo bien. Al verlo notó el diseño de un dragón grabado en él, pero lo que llamó la atención del pequeño fue la palabra "Lullaby" grabada detrás del collar.

— Yo he oído sobre ese reino — dijo el niño luego de ver el collar.

— ¿Cual reino? — Astrid lo miró confundida.

— El reino Lullaby, mi papá me contaba sobre él —.

Hiccup se acercó para escuchar mejor lo que decía Gustav, ya que le dio curiosidad.

— ¿Un reino? — dijo Astrid para animar a Gustav a que le contara.

— Mi padre decía que una vez existió un reino con ese nombre, pero que desapareció hace 50 años, la persona que creó el ojo del dragón nació y vivió allí — comentó el niño.

— He escuchado algunas sobre el ojo del dragón, pero si era tan importante, ¿porque el reino desapareció? — preguntó Astrid.

— Quien sabe — dijo el niño sin tener respuesta a esa pregunta.

Hiccup sólo se quedó serio mirando a ambos, ahora tenía curiosidad por saber que era el ojo del dragón, ya que lo había escuchado mencionar varias veces a lo largo de esa aventura. Pero al parecer, la respuesta a esa duda no llegaría ese día, por lo que tenía que pensar en seguir delante con el plan que ya tenían.

Gustav y Astrid continuaron platicando sobre otras cosas, principalmente el niño le preguntaba a la rubia cosas sobre su vida, las cuales Astrid respondía de forma corta o las inventaba, esto debido a que no sabía nada sobre su pasado. Hiccup solo se dedicó a dar vueltas de un lado a otro, sumido en sus propios pensamientos, y escuchando un poco de lo que los otros dos conversaban. Un pequeño alboroto llamó su atención, al voltear la mirada, vieron a Snotlout venir junto a los gemelos y Fishlegs, los gemelos eran los culpables de hacer ruido, ya que venían discutiendo sobre algo que los demás no entendían.

— Ya encontré a los idiotas — dijo Snotlout cuando llegó junto a Hiccup — les conté lo que pasó —.

— ¿Ahora quieres ser niñero? — dijo Ruffnut terminando de discutir con su hermano.

— Sólo quiero ayudarlo, ser amable no está de más — dijo Hiccup.

— Entonces, ¿ya no nos iremos? — preguntó Fishlegs.

— Esperaremos un rato más a que lleguen sus padres, si no llegan entonces tomaremos una decisión — explicó Hiccup.

— ¿Sus padres? — preguntó Ruffnut pensativa.

— Dice que sus padres lo dejaron aquí, que ellos prometieron que regresarían pero no han vuelto — respondió el castaño.

— Entonces hiciste bien en quedarte a cuidarlo, en el pueblo escuchamos rumores de un secuestro — comentó Tuffnut.

— Eso es malo — dijo Astrid.

— Lo es — habló Ruffnut — dicen que alrededor del mediodía, una pareja fue secuestrada por unos extraños hombres, algunos vieron como los obligaban a subirse a un barco y se los llevaban, fue aquí en los muelles —.

— Mis padres se fueron al mediodía — habló Gustav metiéndose en la conversación — me dejaron sólo, diciéndome que me quedara escondido y no saliera sin importar lo que escuchara —.

— Bueno, los secuestrados eran un hombre y una mujer — dijo Ruffnut pensativa.

— ¿Como iban vestidos? — preguntó Gustav levantándose del suelo donde estaba sentado.

— No lo sé, no recuerdo si lo mencionaron — dijo Ruffnut.

— ¿Donde escucharon eso? — le preguntó Astrid.

— La gente hablaba de eso por todas partes, al parecer hubo mucho alboroto — respondió la otra rubia.

— Lo único que recuerdo que mencionaron es que la mujer llevaba un vestido color verde — comentó Fishlegs.

— Mi mamá llevaba un vestido color verde, ¡deben ser ellos! — dijo Gustav exaltado y comenzando a dar vueltas en círculos.

— Tranquilo amigo — Astrid también se puso de pie para intentar calmar al pequeño.

— Todo encaja, ¿porque creen que no han vuelto?, algo malo les pasó — Gustav estaba preocupado, su voz se notaba entristecida.

— No pienses eso, debe haber otra explicación — Astrid se acercó al pequeño y se puso de rodillas para estar a su altura.

— No hay otra explicación, ¿que voy a hacer ahora? — el pequeño abrazó a la rubia, tenía los ojos llorosos, Astrid correspondió al abrazo, dándole ligeras palmadas en la espalda.

— ¿No escucharon si alguien vio hacía donde se fueron? — les preguntó Hiccup a los gemelos.

— No lo escuchamos, pudieron haberse ido por la costa, hacía un lugar cercano, o hacía el norte, si es que planean ir más lejos — dijo Ruffnut.

— Esto es malo, no me lo creo — dijo Hiccup pensativo.

— ¿Qué haremos ahora? — preguntó Fishlegs.

— Sea lo que sea que quieran hacer, los padres de este chico ya son historia — opinó Snotlout.

Escuchar eso hizo que Gustav finalmente se echara a llorar.

— ¿Podrías cerrar la boca? — Astrid regañó a Snotlout dándole una mirada molesta.

— Sólo digo la verdad — siguió éste.

— No tiene sentido, si quisieran dinero habrían secuestrado al niño, o uno de los dos padres para que el otro pagara, si se los llevaron a ambos debe haber otra razón — opinó Hiccup, fue y se arrodilló a un lado de Astrid para hablar con Gustav — ¿tienes algún familiar cerca con el que podamos llevarte? —.

El niño se tomó unos segundos para responder entre lágrimas.

— La única familia que conozco son mis abuelos, pero no viven cerca, viven en otro continente, el continente Silver — explicó Gustav.

— Ese es el continente que queda al norte, se supone que es el continente al que planeamos ir, aunque queda bastante lejos — comentó Fishlegs.

— Oh vaya, ¿como se supone que lleguemos allí? — dijo Hiccup pensando.

— Supongo que tendremos que desistir de esa idea — dijo Snotlout.

Mientras escuchaba la conversación, Astrid notó que el pequeño Gustav se había calmado, al verlo más relajado, se atrevió a preguntarle.

— Dijiste que llegaron aquí al muelle a mediodía, ¿como llegaron? — le preguntó de forma amable al pequeño.

— En el bote de mis padres, ese que está allí — Gustav señaló con uno de sus dedos al agua.

Todos voltearon hacía donde el niño señalaba, para ver un bote atado a la orilla del muelle, uno no muy grande ni lujoso, pero que lucía bastante decente.

— ¿Eso estuvo ahí todo este tiempo?, ¿Cómo es que no lo vimos? — dijo Snotlout sorprendido.

— Es cierto, como no lo vimos — opinó Tuffnut.

— Entonces es así como llegaron — dijo Hiccup.

— Sí — Gustav se secó las lágrimas con la mano — es un bote con un buen motor, no muy potente pero bastante economizador, tiene 3 camarotes, una cocina, un baño, depósito para agua potable de 200 litros, y un espacio con asientos al aire libre, por si quieres disfrutar de la brisa marina mientras descansas — explicó Gustav con orgullo — no es un yate de millonarios ni nada por el estilo, pero no está mal —.

— Esto no me lo esperaba — dijo Ruffnut.

— Entonces tienes una forma de irte, puedes ir con tus abuelos — le dijo Astrid.

— Lo haría, si supiera como manejar esa cosa — respondió Gustav.

— Bueno, definitivamente no te vas a quedar aquí para siempre, así que tendrás que irte tarde o temprano, a un lugar donde puedas estar salvo y denunciar lo que pasó con tus padres — le dijo Hiccup.

— Lo sé, pero no puedo, tengo miedo — el pequeño se quedó mirando al suelo.

— No tienes que tenerlo, estamos contigo — animó Hiccup — ¿cierto chicos? —.

— Claro, ¡definitivamente! — dijo Astrid con alegría.

— No se muy bien que ocurre aquí, pero los apoyo en lo que sea — comentó Ruffnut.

— Yo también — apoyó Tuffnut a su hermana.

— Supongo que entonces yo también — dijo Fishlegs.

— Hablen por ustedes — fue lo único que dijo Snotlout.

— ¿Lo ves? No estás sólo, y si quieres, te llevaremos al norte con tus abuelos — le dijo Hiccup.

— ¿Harían eso por mi? — preguntó Gustav.

— Claro — todos le dedicaron una sonrisa a Gustav, el niño se sintió feliz por primera vez en todo ese rato, por alguna razón, sentía que Hiccup y sus amigos no querían hacerle daño, y hablaban enserio.

— Muchas gracias - dijo Gustav feliz — y diganme,¿saben manejar el barco? —.

La emoción que todos sentían se esfumó de repente.

— Es cierto, no pensé en eso — dijo Hiccup.

— Yo lo haré — dijo Snotlout de repente, todos lo miraron sorprendido — yo sé mover esa cosa, no me pregunten cómo lo sé — agregó.

— Y yo tengo conocimientos sobre navegación, si conseguimos un mapa y una brújula les aseguro que no nos perderemos — comentó Fishlegs.

— Yo sé cocinar, así que supongo que puedo encargarme de eso — dijo Hiccup no muy convencido.

— Diablos, ¡yo no sé hacer nada! — exclamó Astrid sintiéndose inútil.

— Podríamos encargarnos del aseo del barco — dijo Ruffnut — yo te diré que hacer — ofreció.

— Está bien — respondió Astrid sin más.

— Entonces yo dormiré — comentó Tuffnut feliz de lo que supuestamente le tocaba hacer.

— No, tu me ayudaras a revisar que el bote esté en buen estado, sobre todo el motor — le dijo Snotlout.

— Que aguafiestas — le dijo Tuffnut.

— Muy bien, estoy seguro que esto si funcionará, ¿ves Gustav? Será divertido — le dijo Hiccup.

— Supongo que sí, tal vez cuando llegué con mis abuelos y les cuente lo que pasó, ellos sepan que hacer — dijo con cierta tristeza.

— No estés triste amigo, te llevaremos con bien, y cuando lleguemos a tierra firme trataremos de encontrar información sobre tus padres — afirmó Hiccup.

— Está bien, entonces a bordo todos — dijo el pequeño, empezando a caminar por el muelle y haciendo señas con sus manos para que los demás lo siguieran.

Todos lo siguieron, sin separarse mucho el uno del otro.

— ¿Esto está bien? — preguntó Astrid.

— ¿A que te refieres?, no le vamos a robar su bote ni nada por el estilo, tu lo sabes — le dijo Hiccup.

— Si ya sé, pero tengo esa duda — respondió.

— Lo que realmente estaría mal sería abandonar a ese niño a su suerte — le dijo Ruffnut.

— Lo único que me alegra es que por fin nos podemos largar — opinó Snotlout.

Llegaron finalmente a la orilla del muelle, donde se hallaba el bote atado, bastaba con dar un pequeño salto para abordarlo, por la parte descubierta, donde había mesas y sillas para tomar el sol.

Una vez que todos abordaron, Gustav habló.

— No se preocupen por el combustible, tenemos suficiente almacenado, el agua también está en un nivel aceptable, lo que me preocupa es la comida — comentó.

— No hay problema, haremos una pequeña parada en mi casa, allí podemos comprar toda la comida necesaria — habló Hiccup para todos.

— Pero no tengo dinero — repuso Gustav.

— No te preocupes por eso, nosotros nos encargamos — dijo Hiccup, sin especificar el contenido del maletín que traía en la mano.

— ¿De verdad?, entonces no perdamos más tiempo, vámonos — el pequeño estaba en cierto modo emocionado.

Snotlout fue al interior del bote, y finalmente llegó a donde se hallaba el timón y todos los demás controles.

— ¿Hacia donde debemos ir? — dijo Snotlout ya preparado para ponerse en marcha.

— Apunta el bote hacia allá y sigue todo derecho, sin desviarte — dijo Hiccup apuntando con su dedo, una vez que llegó junto a Snotlout.

— ¿Estás seguro? —.

— Así fue como llegué aquí, si funciona — respondió Hiccup con cierto toque de nerviosismo.

Snotlout se limitó a seguir las instrucciones de Hiccup, mientras que el resto sólo se limitó a escuchar la conversación un poco más alejados, al parecer era hora de relajarse en lo que duraba el viaje.

Tiempo después...

El viaje por el inmenso océano ya había comenzado; Hiccup, Snotlout y Gustav se quedaron dentro de la cabina, mientras Snotlout dirigía el bote hacía el rumbo antes planeado.

Astrid, Fishlegs y los gemelos se quedaron en en exterior, donde estaban los sillones y la mesa de centro, donde podías disfrutar de la vista y de la brisa marina.

El viaje hacia la isla Berk ya llevaba un buen rato de haber comenzado, y el grupo de amigos en el exterior comenzaba a aburrirse.

— Dejame recordar — habló Ruffnut de repente — ¿que se supone que iremos a hacer a esa isla? —.

— Hiccup va a hablar con sus padres — respondió Astrid en un tono bastante despreocupado, al parecer el aburrimiento la estaba dominando.

— Entonces, ¿ni siquiera es seguro que hagamos este viaje?, ¿Hiccup todavía tiene que pedir permiso? — dijo Ruffnut de forma incrédula.

— No lo sé, preguntale a él si tanto quieres saber — respondió la otra rubia secamente.

— Vaya, creí que esto sería más divertido — opinó Tuffnut.

— Vamos a jugar con el agua — dijo Ruffnut de repente, levantándose de golpe de su asiento y dirigiéndose a la orilla del bote, para estirar su brazo hacía abajo y mover el agua, haciendo que ésta tomara distintas formas. Su hermano no tardó mucho en seguirla y unirse al juego, al ser usuarios de la magia "Water control", realizar esa tarea no era impresionante ni complicada, sin embargo, si que era divertida.

Astrid no pudo hacer más que quedarse viendo sentada en su asiento, con uno de sus codos recargado en la mesa de centro y con su mano de ese brazo sosteniendo su mentón, debía encontrar una forma de no aburrirse si es que de verdad iban a viajar.

El tiempo había pasado más rápido de lo que cualquiera de ellos esperaba, poco a poco, una porción de tierra se hacía visible en el horizonte, la cual crecía más y más. Era la isla Berk, la isla natal de Hiccup, a la cual se acercaban, el castaño al notar esto, se puso mas nervioso de lo que ya estaba, y lo demostró caminando de un lado a otro sin parar, en la pequeña cabina donde se encontraban.

— Si sigues así vas a hacer una zanja y hundirás el barco — le dijo Snotlout.

— Tu ironía es lo que menos necesito — respondió Hiccup.

— Bueno pues por desgracia para ti, ya estamos muy cerca, ¿donde se supone que detenga el bote? — preguntó Snotlout.

— Hay un muelle que un conocido construyó para dejar su lancha, podemos parar allí — dijo Hiccup sin poner mucha atención a lo que decía.

— ¿Y donde esta? —.

— Sigue derecho, yo te diré cuando lo vea — Hiccup hizo un esfuerzo por dejar a un lado los nervios y concentrarse en el frente, para indicarle a Snotlout dónde debía parar.

— Gustav hazme un favor, dile a los chicos que ya estamos a punto de llegar — le pidió el castaño al niño.

— Claro — dijo el pequeño alegremente y salió corriendo a cumplir la tarea encomendada.

Hiccup sólo tragó fuerte, suspiró y se mentalizó para lo que sea que viniera después.

En la cubierta del barco, los gemelos continuaban jugando en la orilla con el agua. Astrid estaba a punto de dormirse en esa posición en la que se hallaba, y ni que decir de Fishlegs, que desde hace un buen rato dormía plácidamente en su asiento.

Todo continuaba igual hasta que un niño llegó corriendo, con una energía natural de un niño de su edad.

— ¡Ya llegamos! — exclamó, como si hubiera llegado a la feria o algo por el estilo.

Ese gritó bastó para llamar la atención de los gemelos, evitar que Astrid se durmiera, y despertar a Fishlegs.

— ¿Que ocurre? — preguntó Fishlegs somnoliento.

— Hemos llegado a la isla de Hiccup — repitió Gustav con emoción.

— Es verdad, veo una isla — comentó Tuffnut, quien se estiraba todo lo que podía desde la orilla para ver lo que tenían delante.

— Ya era hora — dijo Astrid mientras se estiraba, como si de verdad hubiera dormido todo ese rato.

Mientras todo eso ocurría, la pequeña embarcación se acercó al muelle que Hiccup había mencionado, y con una habilidad magnífica, Snotlout acercó el bote al muelle, lo suficiente para que cualquiera pudiera bajar y subir al bote sin problemas.

— Ya estamos aquí, ¿y ahora que? — dijo Snotlout una vez que el bote se había detenido.

— No tenemos nada con que sujetarlo, así que ustedes se quedarán aquí para vigilar el bote — explicó el castaño.

— ¿Irás tu solo?, ¿y que pasará con nosotros? ¿Y si al final decides ya no ir? — dijo el pelinegro de forma acusatoria.

— No te preocupes, en caso de que pudiera ir, yo vendría a avisarles, de todas formas ustedes pueden seguir sin mí si así lo quieren — contestó.

— Bien, sólo espero que no tardes, si llega el anochecer y no vuelves, nos largaremos — amenazó Snotlout.

— Si claro, lo que digas — dijo Hiccup simplemente — ahora si me disculpas, tengo que irme —.

Hiccup caminó hacía el exterior, listo para hacer lo que había venido a hacer.

Afuera, en la cubierta, Astrid y los demás se colocaron en la orilla, curiosos por conocer el lugar, pero indecisos acerca de si bajar o no.

No tuvieron tiempo de pensarlo mucho, ya que Hiccup apareció desde dentro, para informar lo siguiente que harían.

— No podemos dejar el bote sólo, por lo que ustedes se quedarán aquí en lo que yo voy a hablar con mis padres — explicó.

— ¿Qué?, ¿entonces planeas que nos quedemos aquí? — preguntó Ruffnut.

— Que aburrido — opinó Tuffnut.

— Les prometo que trataré de no tardar mucho — dijo Hiccup.

— Supongo que no nos queda de otra — dijo Ruffnut resignándose a seguir esperando.

— Eso es cierto — concordó Hiccup, después miró a Astrid, la cual lo miraba fijamente, como tratando de decirle algo con la mirada, algo que él no pudo descifrar — ¿eso está bien para ti? — le preguntó, en el fondo no sabía porque le preguntaba eso a ella.

— No sé, no es como si me tuvieras que pedir permiso — respondió la rubia, tratando de fingir un tono despreocupado, pero en el fondo estaba preocupada, lo cual no tenía sentido, ¿porqué se preocupaba por él?.

— Tienes razón — dijo Hiccup simplemente, él interpretó lo que dijo la rubia como un simple "no me importa" — entonces esperen aquí — dijo, para después disponerse a bajar del muelle, aunque en el fondo no quisiera.

Los demás simplemente lo dejaron marchar, Hiccup bajó del bote, pisó el muelle, y finalmente allí estaba, en su isla.

Luego de quedarse parado un momento y tomar aire, caminó a través del muelle, luego a la playa, y emprendió el camino hacia su hogar.

Recordó que cerca de allí, fue donde conoció a Astrid, ese único pensamiento era lo que le servía de consuelo.

Todos se quedaron viendo como Hiccup se alejaba, después de una rato Snotlout también salió, lo único que les quedaba por hacer era esperar, para ver cual sería el resultado de esa parada repentina.

Todo estaba tal y como el lo recordaba, lo cual era obvio, apenas se había ausentado prácticamente por 3 días, pero se sentía extraño volver.

Caminó a lo largo de la playa, y luego por un sendero a través del bosque, conforme más se acercaba a su hogar, más aumentaba su nerviosismo.

Caminó y caminó, hasta que finalmente ocurrió lo inevitable, llegó a esa casa cerca de la costa, sola, pero que dejaba en claro el estatus de los que habitaban allí.

El anochecer estaba próximo, recién el cielo se estaba tiñendo de ese rojizo que caracteriza al atardecer, por lo que sabía que sus padres estarían allí dentro, sí que lo sabía.

Se acercó a la puerta de la casa, y trató de hacer lo posible por dejar a un lado sus nervios y dudas, algo en lo que no tuvo éxito. Pensó en tocar a la puerta, algo que consideró tonto ya que esa también era su casa, por lo que simplemente la abrió y entró. El pueblo de Berk era muy seguro, todos se conocían y se llevaban bien, por lo que no había necesidad de cerrar las puertas con llave, eso era algo que Hiccup agradecía.

Una vez adentro, miró alrededor, la luz estaba apagada, por lo que la iluminación en la sala era mínima, decidió caminar silencioso, pero falló en el acto. Se golpeó el pie contra una mesita que estaba cerca, y el movimiento tiró un vaso que por casualidad habían dejado allí. El vaso no alcanzó a romperse, pero sí hizo un sonido al chocar contra el piso, un sonido que alertó a alguien en el piso de arriba.

— Stoick, ¿eres tú? — se escuchó una voz venir desde el piso alto, una voz aguda, una voz femenina.

Hiccup conocía muy bien esa voz, la había escuchado incontables veces a lo largo de su vida, esa voz lo paralizó en su sitio, pero no porque le diera miedo o algo así, si no porque no sabía que hacer.

De repente se escucharon pasos en el piso superior, luego, pisadas en las escaleras. Una silueta se pudo ver bajando, hasta que estuvo en el piso bajo.

Hiccup se quedó sin habla y sin moverse.

— ¿Hola? — dijo la voz, y al final corrió rápidamente al interruptor de la luz, para encenderla.

Lo que siguió después fue un silencio, un silencio sepulcral, de esos que ocurren en las películas de suspenso. Ambas personas se quedaron estáticas, mirándose la una a la otra sin decir nada.

— ¿Hiccup? — soltó Valka una vez que salió del trance — no es posible, ¿de verdad?... — no pudo continuar, las lágrimas inundaron sus ojos.

— b-b-bueno yo... — Hiccup no podía articular palabra alguna.

No pasaron ni dos segundos, cuando Valka corrió y abrazó a Hiccup, no fue un abrazo común, fue un abrazo dado con toda el alma, un abrazo que expresaba la auténtica preocupación que sólo una madre puede tener para sus hijos, pero el mismo tiempo reflejaba cariño y alegría.

— No puedo creerlo — fue lo único que alcanzó a decir la mujer, las palabras no le salían debido a toda la oleada de sentimientos encontrados.

Y tan rápido como dijo eso, soltó una sonora bofetada en la mejilla izquierda de Hiccup, lo cual era raro.

Aunque tal vez no lo era tanto, es cierto que ella nunca le había dado ni un sólo golpe a su hijo, pero no hacía falta ser un genio para deducir lo que sentía la mujer en ese momento, y el porque de ese golpe.

— ¿Pero qué?... — fue lo que alcanzó a soltar Hiccup luego de aquello.

— Eso es para que no vuelvas a hacerme algo así — dijo Valka ya un poco mas tranquila, luego volvió a abrazarlo — no tienes idea todo lo que pasé al no saber nada de ti —.

— Yo lo entiendo — dijo el castaño, poniéndose en el lugar de su madre — lamento mucho haberte preocupado tanto, pero pasó algo que no tenía planeado — explicó.

— Pensé...que tal vez te había pasado algo — dijo la mujer pausadamente.

— No, no me pasó nada — dijo Hiccup — en realidad yo... —.

— ¿Qué es esto? — interrumpió la mujer, ya que notó algo raro en la espalda de su hijo al abrazarlo.

— Es sólo una espada — explicó el chico tratando de mantenerse sereno — nada fuera de lo común — dijo.

— ¿De dónde la sacaste? — preguntó Valka.

— De Ciudad Zinc, la ciudad a donde fui, verás yo... — Hiccup se pausó para coordinar bien las palabras — perdí la lancha que me prestó Johann, más bien me la robaron —.

— ¡Pero cómo!, ¿tu estás bien?¿te hicieron algo? — preguntó la mujer de manera apresurada.

— No, nada de eso, en realidad fue un error mío, no la aseguré antes de bajar, la dejé a la deriva, cualquiera podía llevársela cuando quisiera — explicó.

— Pero entonces, ¿cómo regresaste? — dijo Valka, quien ya se había calmado, y ya no lloraba.

— Cuando me di cuenta de lo que había pasado, me molesté mucho y discutí con Astrid —.

— ¿Quién es Astrid? — volvió a interrumpir.

— La chica con la que me fui, la que encontré en el bosque — respondió éste.

— Ohh sí —.

— Entonces nos separamos — Hiccup siguió contando — pero después de un rato decidí que no era culpa de ella, me sentí culpable, así que fui a buscarla y la encontré con un chico —.

— ¿Qué tiene que ver eso con que hayas tardado? — volvió a interrumpir una vez más.

— Que ese chico que encontró ella, nos ayudó, nos contó sobre la ciudad y nos llevó con un herrero llamado Gobber, él me dio ésta espada — señaló hacía atrás — Gobber fue muy amable, incluso nos dio asilo en su casa para pasar la noche, y al otro día fuimos a la villa de Snotlout, el chico del que te hablo, para... — Hiccup hizo una repentina pausa, no sabía si contarle a su madre todo lo que había vivido, lo que había descubierto, que él tenía magia, ¿ella le creería?.

— ¿Para qué? — preguntó Valka en tono acusatorio.

— Para...ayudarlo con un favor que nos pidió — dijo Hiccup simplemente — fue fácil, y después... — Hiccup volvió a pausarse, se dio cuenta de que todo lo que había pasado en esos tres días era demasiado para explicar, probablemente su madre no lo creería, era más probable que creyera que sólo eran puras invenciones para librarse de un sermón.

— Hiccup, no me estas diciendo la verdad — no era una pregunta, Valka lo afirmó.

— Si, lo hago, luego conocí a algunos amigos, varios de ellos, y me ayudaron a conseguir un bote, para venir aquí — explicó Hiccup lo más seguro que pudo, tragándose su nerviosismo — solo es eso, me perdí, busqué personas que me ayudaran, nada fuera de lo normal — dijo para sonar lo más seguro posible.

— ¿De verdad estás siendo honesto? — dijo Valka mirando a su hijo, Hiccup vio a su madre a los ojos, notando los restos de las lágrimas.

— Si mamá, de verdad — dijo Hiccup simplemente.

— Bueno, supongo que no fue todo tu culpa, pero si debes ser más responsable — dijo Valka, en tono de regaño pero sin sonar brusca.

— Tienes razón, me equivoqué — dijo Hiccup.

— Se que sólo eres un muchacho, pero ya estás cerca de ser adulto, debes tener más cuidado — siguió Valka.

— Si lo sé, estoy de acuerdo pero... — Hiccup se preparó mentalmente — en realidad quiero decirte otra cosa —.

— ¿Qué cosa? — preguntó Valka.

Hiccup se preparó, había llegado el momento, de decir lo que había ido a decir en un principio, de hablar con su madre sobre el viaje que planeaba hacer.

Mientras tanto en el bote, los amigos de Hiccup se habían reunido alrededor de la mesa de centro, en la cubierta. Hablaban acerca de lo que creían que pasaría, si realmente Hiccup los acompañaría, o si realmente harían el viaje del que habían estado hablando.

— Yo opino que nos larguemos de una buena vez — dijo Snotlout.

— Tal vez ni siquiera va a volver, y nosotros aquí esperando — opinó Ruffnut.

— A mi ya me dio hambre — dijo Tuffnut.

Los únicos que no hablaban, eran Astrid y Fishlegs, en el caso de Fishlegs, él sólo hablaba cuando lo consideraba necesario, no hablaba sólo por hablar, analizaba bien todo lo que pasaba antes de hablar.

En el caso de Astrid, estaba pensando en Hiccup, en lo que estaría pasando con él, en si estaría teniendo problemas con su madre.

Se sentía culpable, ya que en el fondo ella había sido la de la idea de hacer el viaje. Ella se lo había contado y él se había propuesto acompañarla, luego los demás estuvieron de acuerdo, en el fondo ella era la que inició con ese plan.

Esos pensamientos hacían que se preocupara más, ¿tal vez debería ir a ver?.

— ¡Astrid! — esa exclamación sacó de sus pensamientos a la rubia.

— ¿Qué? — dijo ésta confundida.

— Yo te estaba hablando — mencionó el pequeño Gustav — te ví muy pensativa y me preguntaba que te ocurre —.

— Nada, es solo que... — la rubia no quería admitir que estaba pensando en Hiccup.

— Dejame adivinar — habló Snotlout — estás pensando en el idiota de Hiccup —.

— ¿Porque estás tan preocupada? — preguntó Ruffnut.

— Bueno yo...en cierto modo me siento culpable — dijo Astrid.

— ¿Pero culpable porqué? — preguntó Gustav.

— Yo fui la que tuvo la idea de viajar, se la comenté a Hiccup y fue cuando el decidió acompañarme, luego se lo dijo a ustedes —.

— Pienso que estás exagerando — dijo Snotlout — no tienes porque sentirte culpable, tu no lo obligaste —.

— No lo obligué, pero le metí esa idea en la cabeza, no puedo evitar pensar que lo metí en problemas con sus padres — dijo Astrid, realmente preocupada.

— Bueno, ¿porqué no vas a buscarlo? — habló Fishlegs finalmente en todo ese rato — ve y explica todo lo que acabas de decir, frente a sus padres, tal vez eso ayude y logré que entiendan a Hiccup —.

— Fishlegs tiene razón, ¿qué es lo peor que podría pasar? — opinó Ruffnut.

— Oh diablos, ahora tendremos que esperar a dos — dijo Snotlout, con su característica forma de ser.

Astrid pensó bien las palabras de Fishlegs, tal vez tenía razón, tal vez eso ayudaría y podrían terminar antes con ese asunto. Luego de pensarlo bien, lo decidió, iría también a hablar con los padres de Hiccup, les mostraría que él contaba con apoyo, y que decía la verdad.

— Tienen razón — habló Astrid poniéndose de pie — iré —.

— ¿Pues que estás esperando?, no te vamos a esperar para siempre — le dijo Snotlout.

— Ve Astrid — animó Ruffnut.

Gustav y Fishlegs no dijeron nada, pero le dedicaron una mirada a Astrid, como diciendo "buena suerte". Para ella eso era suficiente, sabía que contaba con su apoyo, así que sin perder más tiempo, salió del bote hacia el muelle, y luego corrió por la misma dirección en la que había visto a Hiccup marcharse, sólo esperaba y rogaba no perderse.

Continuará en el Capítulo 10: "Viaje en altamar".

Hasta aquí lo dejaré por hoy, espero que les haya gustado, y que se hayan entretenido. Ya saben que pueden dejar un comentario con su opinión, siempre agradezco sus comentarios. Gracias por todo el apoyo que le dan a la historia, me esforzaré para actualizar mas seguido. Sin más que decir, hasta la próxima.