Hola, ¿como están?, aquí les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Me he organizado mejor y creo que si podré actualizar todos los martes, con el fin de que no tengan que esperar tanto tiempo para la continuación. Ahora sin más que decir, los dejo con el capítulo.
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Capítulo 10: "Viaje en altamar".
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Recorrió una gran parte del bosque, sin llevar rumbo fijo, en realidad hace varios minutos que había perdido el rumbo. Se encontró con un sendero en la tierra, y lo siguió, no quería entrar en pánico antes de tiempo, no quería considerarse perdida.
Luego de caminar por el bosque durante un rato más, dio con un lugar donde casi no había hierba, ya que ésta había sido arrancada, había rastros de lo que hace días había sido una fogata, y también rastros de pescados, que habían cocinados y posteriormente devorados, y por último, un montón de hojas grandes, acomodadas en el suelo de forma que sirvieran de cama.
Astrid conocía muy bien ese lugar, allí había estado acampando un par de días, antes de conocer a Hiccup, eso era algo que ella no le había contado. Luego de llegar a la isla, se quedó a acampar en esa parte del bosque, un día salió a buscar más comida, y allí encontró a Hiccup. El lugar donde lo conoció quedaba cerca, y una vez allí, estaba segura que podría recordar el camino por el que Hiccup la llevó a su casa.
La rubia no perdió más tiempo, se dirigió hasta allá, y una vez llegando, poco a poco comenzó a recordar, a caminar, y luego de unos minutos, finalmente la vio a lo lejos, la casa en donde pasado una noche, la casa a la cual se dirigía.
Caminó hacia allá, con una decisión y una valentía dignos de admirar, pero conforme se reducía la distancia a su destino, esa valentía disminuía convirtiéndose en nerviosismo. Al final la valentía se esfumó, y cuando ya estaba a unos cuantos metros, las ganas de darse la vuelta y regresar la invadieron, estuvo a punto de hacerlo, pero al final hizo uso de su fuerza de voluntad y se quedó.
"Ya viniste aquí, no puedes huir como cobarde" se decía a si misma, luego de mucho pensarlo, se acercó los metros que le faltaban, quedando junto a la puerta. Allí estaba, había llegado el momento, cerró los ojos, y suspiró muy profundamente, justo cuando estaba a punto de tocar a la puerta, un grito la interrumpió, y la hizo aumentar su nerviosismo. Fue un grito de mujer, de eso estaba segura, y también estaba segura de lo que ese grito dijo, así que acercó su oreja a la puerta para intentar escuchar lo que ocurría en el interior de aquella casa.
— ¡¿Qué estás diciendo?! — dijo Valka subiendo el tono de voz, para muchos eso podía ser interpretado como un grito.
— Lo que escuchaste, quiero viajar — dijo Hiccup, manteniendo su postura.
— Esto es un chiste ¿verdad?, un chiste de muy mal gusto —.
— Sé que parece una locura, pero es verdad, planeo irme de viaje — afirmó el castaño.
— Pero, ¿cómo?, no puedes irte de un día para otro — decía Valka cada vez más desesperada.
— Tengo todo planeado, conseguimos un bote, y tiene lo suficiente para el viaje —.
— ¿Conseguimos? —.
— Sí, verás... — Hiccup hizo una pausa — no vengo sólo, vine con unos amigos —.
— Pero, ¿cuáles?, ¿los conozco? —.
— No, no lo creo, son los que conocí cuando anduve perdido estos días, ellos viajarán también —.
— No lo entiendo Hiccup, de verdad que no, ¿porque se te metió esta idea? — preguntó la mujer desesperada.
— Yo...bueno... — Hiccup se dejó dominar por el nerviosismo, se quedó sin palabras para explicar — yo...hice una promesa —.
— ¿Pero a quién? —.
— ¡A mí! — se escuchó una voz a sus espaldas, la puerta principal se había abierto de golpe, y allí estaba, Astrid había decidido entrar. ¿Porque decidió entrar?, fácil, porque escuchó cuando se quedaba sin palabras, y sin ideas, sabía que en el fondo no le gustaba mentir, y por esa razón entró para ayudarlo; ella lo metió en eso después de todo. Así que se armó de valor, y sin pensarlo dos veces, entró para tratar de llevar la conversación por buen término.
— ¿Quién diablos eres tú? — dijo Valka, perdiendo la paciencia y la tranquilidad, las cosas estaban cada vez más tensas, y eso Hiccup lo sabía. Lo sabía porque casi nunca escuchaba a su madre decir maldiciones, pero esta vez si la había escuchado, y eso no era presagio de nada bueno.
— Yo...mi nombre Astrid — hasta ella se había trabado al hablar, ya podía suponer lo difícil que la estaba pasando Hiccup.
La mujer sólo se quedó pensando, como si no supiera quien era esa chica rubia, y de cierta forma no lo sabía, Astrid se dio cuenta de eso, así que decidió aclarar.
— Estuve aquí hace tres días — aclaró.
— Tú — el rostro de Valka cambió, logró reconocer a la chica que recién había entrado de manera repentina — tú...tú le metiste todas esas ideas absurdas a mi hijo ¿cierto? — acusó.
— No, no fue así, verá... —.
— ¿Qué tantas cosas le dijiste? — la interrumpió Valka.
— Yo sólo...—.
— Mamá, no tienes porque ponerte así — habló Hiccup nuevamente.
— ¿No?, te quieres ir hasta quien sabe donde, ¿y no quieres que me ponga así? —.
— Pero esto es lo que de verdad deseo, yo sólo te pido que me entiendas —.
— Hiccup, creí que confiabas en mí, si te gustó está chica y quieres estar con ella, no hay necesidad de hacer tanto drama — confesó la mujer.
— ¿Qué? No...no...no es lo que crees — Hiccup se puso nervioso y tartamudeó ante esa confesión — no es nada de eso, te lo juro, sólo quiero acompañarla, eso es todo —.
— Ella puede irse sola —.
— Yo prometí que la acompañaría, la ayudaré a encontrar lo que busca — dijo Hiccup.
— ¿Y que se supone que busca? —.
— Señora...si me permite explicarle — Astrid trató de hablar.
— ¡Tú callate! No te metas — dijo Valka.
— No le hables así — la defendió Hiccup — yo no vine a pelear, vine para que vieras que estoy bien y no te preocuparas, además pensé que tenías derecho a saber lo que planeaba hacer, pero tal vez me equivoqué — concluyó Hiccup.
— ¿Y eso que significa? —.
— Que no dejaré que interfieras en lo que yo quiero, ya no soy un niño mamá, he crecido y puedo cuidarme sólo, tienes que aceptarlo —.
Un silencio se hizo en la sala, pero no de esos silenciosos que pregonan paz y tranquilidad, no, era de esos silencios incómodos, de esos que sabes que no pronostican nada bueno.
— ¿Qué ya creciste?¿Que lo acepte? — dijo Valka, de una forma tranquila y serena, por alguna extraña razón — bien, muy bien —.
Hiccup no sabía que decir, Astrid mucho menos.
— Entonces vete de una vez, haz lo que quieres hacer — siguió la mujer.
— Mamá yo... — Hiccup trató de acercarse a su madre, pero esta le dio la vuelta, y se posicionó detrás de él.
— Vete de una vez — dijo la mujer.
— No tienes que hacer esto — Hiccup volteó a ver a Valka.
— ¡Que te largues! — gritó ella — vete con esa tipa, hagan lo que quieran — dijo muy alterada.
— Yo...no — Hiccup se quedó atónito.
— ¿Qué estas esperando? ¡VETE! — dijo ya con lágrimas en los ojos, comenzó a empujar a Hiccup, y éste retrocedió poco a poco, Astrid al ver eso y sin saber que hacer, se apartó de la puerta.
Al final Hiccup terminó casi afuera, él no quería que las cosas terminaran así.
— Dejame explicarte mejor las cosas — pidió Hiccup.
— No tienes nada más que decir, sólo haz lo que quieres — dijo Valka, terminando de sacar a Hiccup de la casa, se notaba furia en su voz, pero también tristeza y frustración. Al final acabó cerrando la puerta frente a la cara de Hiccup.
— Mamá abre la puerta, por favor, no me quiero ir así — pidió Hiccup tocando insistentemente la puerta, pero no recibió respuesta del otro lado.
Sólo podía escuchar llanto y sollozos del otro lado, luego de un rato de seguir tocando, finalmente se rindió.
— Sabes que te quiero, voy a volver, te lo prometo, y como puedes ver, yo siempre cumplo lo que prometo — dijo Hiccup finalmente, antes de alejarse poco a poco de la puerta, dio la vuelta y caminó lentamente, para marcharse.
Astrid, que vio todo alejada, se acercó a él.
— Lo lamento mucho Hiccup, perdóname, es mi culpa — se disculpó Astrid.
— No tienes que hacer eso — Hiccup se detuvo — tu no me obligaste, yo te hice esa promesa porque quise, quitate esa tonta idea de la cabeza — dijo Hiccup, se notaba muy desanimado.
— Hiccup, de verdad, si quieres quedarte puedes hacerlo, no me molesta, hablaré con los demás — ofreció Astrid, de forma sincera.
— No hace falta, seguiré adelante pase lo que pase, tiene que valer la pena haber pasado por eso de hace unos minutos — dijo Hiccup.
— Pero Hiccup, tú... —.
— ¡DIJE QUE NO!, no tienes que hacer eso, si iré — Hiccup no pudo evitar gritar, pero no era porque estuviera furioso, mucho menos con la chica, en realidad era una forma de sacar la frustración y la ira que sentía.
Astrid se estremeció un poco ante el grito, pero inmediatamente sintió enojo, había descubierto que odiaba que le gritaran, y no podía evitar molestarse, pero comprendió a Hiccup, y comprendió que no la estaba atacando a ella, así que hizo lo posible por tranquilizarse y seguir hablando.
— Yo entiendo que... —.
— Perdón por eso — Hiccup la interrumpió de nuevo — ya sé lo que vas a decir, creeme cuando te digo que haré esto por mi propia voluntad; tú no tienes nada que ver — dijo.
— Sólo no quiero que te sientas obligado a nada, porque si eso pasa yo también me sentiré culpable — explicó Astrid.
— No me siento obligado, esto lo hago por mi propia decisión, y también por ti — se sinceró Hiccup.
— ¿Por mi? —.
— Sí, porque te lo prometí, y porque quiero ayudarte — dijo el castaño.
Astrid se quedó en silencio, pensando.
— Te ayudaré a descubrir quien eres y de dónde vienes, no importa con que dificultades nos topemos — siguió diciendo Hiccup.
El silencio perduró unos minutos más, hasta que finalmente pasó algo que Hiccup en definitiva no esperaba, la rubia se acercó rápidamente y lo abrazó.
— Gracias, no sabes cuanto te agradezco que hagas esto por mi — dijo Astrid de una forma demasiado sincera, que no daba lugar a dudas.
— Sí sí, sólo, súeltame — Hiccup no sabía como reaccionar, estaba indeciso si corresponder el abrazo o no.
— No lo olvidaré Hiccup — dijo Astrid.
Hiccup finalmente decidió corresponder el abrazo, aunque de forma tímida, se abrazaron durante varios minutos, sin importarles real mente cuanto tiempo pasó.
— Bien, dejemos los sentimentalismos de lado y volvamos con los demás — dijo Hiccup.
Astrid se separó de él rompiendo el abrazo.
— Tienes razón, vamos — dijo.
Y así, luego de todo eso, se dispusieron a caminar por el bosque, dirigiéndose a donde se hallaban sus nuevos amigos, y muy pronto, compañeros de viaje.
(...)
— ¿Y después que pasó? — preguntó un emocionado Gustav, que se encontraba escuchando la historia que Tuffnut le contaba.
— Allí estábamos, rodeados por un ejército de unos 100 soldados, mi hermana y yo utilizamos todo nuestro poder para pelear contra ellos, entrenamos nuestra magia durante muchos años para ese día — contaba el rubio haciendo voz de narrador, de esas que escuchas en la intro de alguna película.
— Y obviamente ganaron — dijo Gustav asombrado.
— No que va, nos dieron una paliza — dijo Tuffnut riendo.
— ¿De verdad? — Gustav fingió decepción.
— Sí, pero afortunadamente nuestra líder llegó para ayudarnos — contó el rubio — en aquellos tiempos todavía eramos berserkers —.
— Entonces, ¿ustedes eran malos? — esta vez fue Fishlegs quien habló, él también se encontraba oyendo la historia de Tuffnut.
Por otro lado, Ruffnut se había metido al interior del bote, para revisar en que estado se hallaban los camarotes, mientras que Snotlout se encontraba en el borde del bote, recargado sobre sus brazos, cerca de dónde estaban los demás platicando, mirando hacía el muelle y hacía la playa.
— Si te refieres a si matamos gente — siguió Tuffnut — la respuesta es no, nunca nos atrevimos, no le encontramos sentido matar a alguien solo por diversión, o para infundir miedo, pero si cometimos crímenes pequeños —.
— ¿Cuáles? — preguntó Gustav.
— Algunos robos, sobre todo a granjeros, también custodiábamos los pueblos dominados, para que sus habitantes no intentaran escapar — contó.
— Vaya, no me lo hubiera imaginado de ustedes — comentó Fishlegs.
— Creeme que no me siento orgulloso, y mi hermana tampoco, por eso escapamos, para encontrar la forma de enmendar nuestros errores — dijo de forma sincera.
— No te juzgo amigo — dijo Fishlegs.
— Yo tampoco — dijo Gustav.
— Mas te vale mocoso, debes evitar hacer eso o algo parecido cuando crezcas —.
— Claro — dijo Gustav con orgullo — seré una gran persona cuando crezca —.
— Y si no les gustaba, ¿por qué se unieron a los berserkers? — preguntó Fishlegs curioso.
— Bueno, cuando los berserkers recién se habían reunido eran muy pocos, así que se dispusieron a destruir pueblos enteros, para ganar poder y territorios, y así ir creciendo poco a poco, uno de esos pueblos era donde vivían nuestros padres — contó Tuffnut, si bien no se le veía triste, si se le podía escuchar un tono con cierto toque melancólico — a ellos los mataron, pero nosotros sólo eramos unos bebés, así que los berserkers nos llevaron con ellos —.
— Eso es terrible — expresó Gustav.
— Realmente lo es — coincidió Fishlegs.
— Nosotros no nos enteramos de eso hasta muchos años después, ese fue otro de los motivos por los que decidimos irnos — siguió diciendo el rubio — crecimos toda nuestra vida creyendo que nuestros padres nos habían abandonado, porque no nos querían, eso fue lo que ellos nos decían —.
— Tu historia sí que es triste — opinó Fishlegs.
— Mejor hablemos de otra cosa — dijo Gustav — sigue con la historia que estabas contando antes —.
— No pasó nada más, nuestra líder llegó y acabó con los soldados, luego ella nos dio una paliza por ser débiles y no poder con lo que nos mandó — dijo Tuffnut.
— ¡Que bruja tan mala! — comentó Gustav con supuesto enojo.
— Lo sé, y pensar que de niños me gustaba — comentó Tuffnut soltando una risa.
— ¿De verdad? — Fishlegs estaba sorprendido, al igual que Gustav.
— Ella tiene nuestra edad, también era una bebé cuando los berserkers nos recogieron a mi hermana y a mí — dijo Tuffnut.
— Ohh ya entiendo, me sorprende que quien lidera a los Berserkers sea una mujer — comentó Fishlegs.
— Ella no es la líder, le decíamos así porque es la segunda al mando, y la mano derecha del verdadero líder — explicó el rubio — además de que también es su hermana menor —.
— Increíble, entonces son un par de hermanos los líderes de ese horrible grupo — dijo Fishlegs.
— Así es — concordó Tuffnut.
— ¡Miren quiénes regresaron! — se escuchó la voz de Snotlout, alta y clara.
Desde la posición en la que estaba, distinguió dos figuras salir de entre la vegetación y acercarse a la playa, no necesitaba verlas con claridad para saber quienes eran.
Gustav, Fishlegs, y Tuffnut se pusieron de pie y se acercaron a Snotlout, para ver a los recién llegados.
Hiccup y Astrid cruzaron la playa, llegaron al muelle, y finalmente se acercaron al bote.
— Ya era hora de que llegaran — dijo Snotlout, a manera de bienvenida.
— Hubo algunos contratiempos — dijo simplemente Astrid.
— ¿Podrían dejarnos subir al bote? — pidió Hiccup, ya que todos obstruían el paso.
Dieron unos pasos hacía atrás, para que pudieran abordar, Hiccup subió y luego Astrid.
— ¿Todo está bien señor Hiccup? — preguntó Gustav, al ver la expresión desanimada en el rostro del castaño.
— Sí, es sólo que tuve un pequeño problema, pero descuiden, ya se me pasará — respondió Hiccup.
— Por un momento pensé que ya no vendrías — le dijo Snotlout.
— Descuida, el plan sigue en pie, de hecho de eso quiero hablarles — dijo Hiccup — Fishlegs y Snotlout, ustedes me acompañarán al pueblo — dijo a manera de orden.
— ¿Y para qué? — preguntó Snotlout.
— Tenemos que comprar comida, va a ser un largo viaje y necesitaremos muchos suministros, además también necesitamos un mapa del sitio a donde vamos — explicó Hiccup.
— Tengo entendido que hacía el norte queda otro continente, ¿cierto? — comentó Fishlegs no muy seguro.
— Es cierto — dijo Tuffnut.
— Entonces compraré un mapa de ese continente, para no andar tan perdidos — dijo Hiccup.
— ¿Y no lo puedes hacer tu sólo? — soltó Snotlout.
— Son muchas cosas las que hay que cargar, y ustedes me ayudarán — dijo Hiccup.
— Me lo suponía — fue lo único que contestó.
— Astrid, Gustav y los gemelos se quedarán aquí, para cuidar el bote — siguió diciendo Hiccup.
— Por cierto, ¿dónde esta Ruffnut? — preguntó Astrid interrumpiendo a Hiccup.
— Está adentro, revisando — le respondió Gustav.
— Voy con ella — dijo, yéndose y escapando de la conversación.
— Bueno pues eso es todo — dijo Hiccup — iré a sacar dinero del maletín, que lo dejé adentro — explicó — y dejaré mi espada, no veo el caso de llevarla —.
— ¿Puedo ir con ustedes? — pidió Gustav.
— No queremos estorbos — dijo Snotlout.
— Preferiría que te quedaras aquí, cuidando el bote y a las chicas, ¿lo harás? — le dijo Hiccup.
— No vas a cambiar de opinión, ¿cierto? — contestó Gustav con sarcasmo.
— Cierto —.
— Bien, si no hay de otra — dijo el niño simplemente.
— Buen chico — Hiccup le acarició la cabeza revolviéndole el cabello — ahora esperenme aquí — le dijo a Snotlout y Fishlegs, sin perder mas tiempo se fue al interior del bote, los demás sólo se quedaron viendo por donde él había entrado.
Estando en el interior, Hiccup fue hasta la cabina, donde había estado anteriormente Snotlout dirigiendo la pequeña embarcación, allí se encontraba el maletín, en el suelo. Fue una verdadera suerte que se ganaran esa recompensa, ya que sin ella no tendrían forma de comprar todo lo que necesitaban. Se acercó al maletín, lo abrió y extrajo de él un fajo de billetes, que en total sumaban alrededor de 100,000 monedas, o al menos eso calculaba él. Luego de eso, se quitó la espada y la vaina, dejándolo todo junto al maletín, se sentía raro, ya que le gustaba sentir el arma en su espalda, de alguna forma le brindaba seguridad, y porque no, hasta valor. Decidió seguir su camino, se guardó el fajo de billetes en el bolsillo de su pantalón, y se dispuso a salir, al pasar frente a uno de los camarotes, a su derecha, escuchó dos voces, al parecer Astrid y Ruffnut conversaban sobre algo que él no logró distinguir en la posición en la que se encontraba. Decidió hacer caso omiso, y seguir adelante, una vez en la cubierta vio que Snotlout y Fishlegs ya se habían bajado del bote y lo esperaban en el pequeño muelle, Tuffnut y Gustav se encontraban en la mesa, el pequeño disfrutaba de otra de las historias del rubio, así que no notaron cuando Hiccup salió dispuesto a irse.
— Todo está listo, vamos — dijo Hiccup llegando junto a quienes lo esperaban.
— ¿Estás seguro de llevar el suficiente dinero? — le preguntó Snotlout.
— Creo que llevo hasta de más, pero mejor que sobre y no que falte, ¿cierto? — respondió el castaño.
— Si si, lo que digas, vámonos de una vez, entre más rápido hagamos esto, más rápido nos largaremos de aquí — dijo Snotlout emprendiendo la caminata, sin importarle si lo seguían o no.
Los otros dos lo siguieron, en parte tenía razón, si querían irse rápido, tenían que apurarse con ese encargo.
(...)
— Entonces, ¿me dirás porque tardaron tanto? — seguía insistiendo Ruffnut.
— ¡Que no!, ya te dije que Hiccup me pidió que no les dijera nada — repitió Astrid por quinta vez.
— ¿Y porqué no?, ¿Acaso hicieron algo indebido? —.
— Nada indebido, sólo que Hiccup tuvo un problema, y eso es todo lo que te diré — dijo Astrid.
— Está bien, hiciste un juramento, lo entiendo — le dijo Ruffnut aparentando seriedad — entonces, ¿lo ayudaste o no? — preguntó.
— En realidad no hice nada, creo que mi presencia sólo empeoró la situación, no debí hacerles caso — dijo Astrid en tono de reproche.
— Nosotros sólo queríamos ayudar — se defendió la otra rubia — además, de verdad te veías preocupada, como si tuvieras miedo de que Hiccup ya no viniera con nosotros —.
— No, no era eso —.
— ¿Segura? —.
— Si — dijo Astrid con duda — yo, sólo estaba pensando en como podía animarlo, sabía que de alguna manera el acabaría teniendo problemas, sólo era eso — confesó.
— Pero debe haber alguna razón por la que querías animarlo, tal vez te importa más de lo que crees — dijo Ruffnut.
— Supongo que es porque él siempre fue amable conmigo, desde que nos conocimos se preocupó por mi, y prometió que me ayudaría a descubrir mi pasado, fue el único que me creyó y no me tachó de loca — explicó Astrid.
— Espera espera — Ruffnut estaba confundida — ¿descubrir tu pasado?¿no te tachó de loca?, ¿de que demonios estás hablando? —.
— Hay algunas cosas de mí que no sabes, cosas que sólo Hiccup conoce, porque se las conté, pero no te preocupes, se las contaré a todos muy pronto — explicó Astrid — tal vez más pronto de lo que crees —.
— No entiendo nada — dijo Ruffnut.
— Lo entenderás cuando te lo explique, a ti y a todos —.
— Lo que tu digas, creo que para mí si estás loca — dijo Ruffnut con sarcasmo.
— Después de que te cuente todo, tal vez tu opinión no cambie — dijo Astrid simplemente.
Y siguió otra ronda de preguntas por parte de Ruffnut, quien exigía saber a que se refería Astrid, y por qué tanto misterio. Astrid evadía las preguntas como podía, tratando de mantener la paciencia y la calma, al parecer les quedaba una larga charla por delante.
(...)
— ¿Y entonces qué compráremos? — le preguntó Snotlout.
— Me hubiera gustado hacer una lista, pero no tenemos tiempo — respondió Hiccup — así que trataré de acordarme de lo más importante, necesitamos algunas frutas y verduras, estas no durarán mucho, sólo unas cuantas semanas, así que no compraremos demasiadas — explicó.
— ¿Eso es todo? — preguntó Fishlegs.
— No, también compraremos cañas de pescar, todos los días pararemos un momento en medio del mar, para pescar, luego cocinaremos los pescados, eso comeremos cuando se nos acaben los demás alimentos, o se echen a perder, lo que ocurra primero — dijo Hiccup, dejando en claro que tenía todo planeado.
— Ya veo, admito que has pensado en todo — comentó Snotlout.
— También compráremos un mapa del continente, para no andar tan perdidos, y una brújula, para no perder el rumbo — explicó Hiccup — en lo que si tendremos problemas es en la ropa — dijo.
— ¿En la ropa? — preguntó Fishlegs.
— Si, es obvio que no vamos a andar con la misma ropa todo ese tiempo, tenemos que ducharnos, y no creo que haya espacio para lavar la ropa, así que compraremos ropa para todos — dijo Hiccup.
— ¿Y cuál es el problema? — soltó Snotlout.
— Comprar ropa para nosotros no es problema, sabemos nuestra talla, y Tuffnut seguramente usa una talla parecida, pero, ¿cómo haremos para escoger la ropa de las chicas? — dijo Hiccup — si escogemos ropa muy grande, nos acusarán de creer que están gordas, y si la escogemos muy chica dirán que las consideramos unas niñas — expuso Hiccup — ya saben que las mujeres son impredecibles —.
— Tienes razón — dijo Snotlout preocupado — ¿porqué no te las trajiste? — acusó.
— No lo pensé antes —.
— ¿Y ahora que hacemos? — preguntó Fishlegs también preocupado.
— Tranquilos, no se preocupen — dijo el castaño — no nos queda de otra más que tratar de adivinar su talla —.
— Con gusto adivinaré las medidas de Astrid — dijo Snotlout sonriendo con diversión.
— No seas idiota, no me refiero a eso — dijo Hiccup molesto — hablo sólo de su talla, no pienses cosas que no son —.
— Tranquilo Hiccup, no tienes porque alterarte — dijo Snotlout divertido — parece que se te está olvidando un detalle — dijo.
— ¿De qué hablas? — dijo el castaño no muy convencido.
— Si necesitamos cambiarnos, es obvio que también tenemos que comprar ropa interior — comentó el pelinegro.
Hiccup abrió los ojos sorprendido, y se sonrojó un poco, Fishlegs estaba en un estado similar.
— Oh diablos, ¡tampoco pensé en eso! — dijo Hiccup apenado.
— ¿Ahora me entiendes?, sí tendremos que pensar en las medidas de Astrid, y me refiero a todas — dijo Snotlout divertido, la situación era motivo de burla para él, esa era su forma de ser después de todo.
— Y de Ruffnut también — agregó Fishlegs.
— No puede ser, si no llevamos la ropa correcta, las chicas nos matarán — dijo Hiccup asustado.
— ¿Qué hacemos ahora? — Fishlegs también se unió al pánico.
— Como tú lo has dicho, sólo nos queda intentar acertar a la talla — opinó Snotlout — y que pase lo que tenga que pasar —.
— No quiero imaginarme cómo serán esas dos estando enojadas — dijo Fishlegs.
— Deben ser el diablo en persona — opinó Hiccup.
Y con toda la vergüenza que la tarea conllevaba, se dispusieron a realizar todas las compras que Hiccup había enlistado, obviamente comenzaron por las menos penosas.
(...)
Durante todo ese tiempo, Gustav había estado escuchando las historias que Tuffnut le contaba, el pequeño estaba fascinado, y ni siquiera notó el pasar del tiempo. Mientras comenzaba con otra historia, a Tuffnut le dieron ganas de ir al baño, así que se disculpó con el pequeño, y fue.
Gustav se levantó del asiento, y se puso a mirar a su alrededor, el barco se veía raro sin sus padres a bordo. Era un barco lo suficientemente grande para que todos cupieran sin problemas, pero no tan grande si lo comparabas con los barcos comerciales, de esos que transportan mercancías.
Recordó cuanto le gustaba salir a dar paseos con sus padres en ese bote, su infancia había sido bastante buena, pero ahora ellos no estaban. No pudo evitar sentirse triste, estaba feliz con Hiccup y sus amigos, pero extrañaba mucho a sus padres, esa tristeza no se iba, sólo la escondía.
Se dirigió al borde del bote, con el muelle y la isla a sus espaldas, admirando el inmenso océano, y el horizonte, dónde se unía con el cielo. Ese horizonte comenzaba a teñirse de rojo y naranja, dejando en claro que se aproximaba el atardecer. Gustav admiró todo eso frente a él, imaginando que clase de aventuras les aguardarían más adelante, mientras pensaba en todo eso, vio algo a lo lejos, en el horizonte.
Enfocó la vista, y pudo ver algo negro y grande moviéndose, en el cielo, al poner atención notó que esa cosa batía una especie de alas.
Lo primero que pasó por su mente es que de trataba de un pájaro, pero luego de analizarlos bien, en ese poca cantidad de segundos, llegó a dos conclusiones. La primera era, que los pájaros por lo general volaban en parvadas, y más en esa zona; la segunda era, que eso se veía demasiado grande como para ser un pájaro. Pensó bien en lo que veía, tratando de imaginar qué podía ser lo que volaba allá a lo lejos, lo que si tenía seguro, es que se trataba de algo grande, negro y con alas, ¿que podía sacar de todo eso?.
Luego de otros segundos, lo que sea que volaba desapareció de su campo de visión, ya no lograba distinguirlo, la cosa voladora ya se encontraba lejos de allí. Gustav decidió irse a sentar nuevamente, a esperar a que volviera Tuffnut, mientras pensaba en lo que había visto.
(...)
Hiccup y compañía llegaron al mercado de Berk, una enorme calle, llena de puestos, y de tiendas, donde se vendía de todo, incluso había una herrería, y una armería. Era un mercado bastante extenso dónde podías encontrar de todo.
Primero fueron a una tienda de navegación, donde Hiccup preguntó cuál era el continente que se hallaba al norte, el vendedor le dijo que ese continente se llamaba "Aciréma", luego de eso, Hiccup le pidió un mapa de éste, también compró una brújula. Después, fueron a una tienda para pescadores, donde compraron 4 cañas de pescar, Hiccup suponía que no todos sabrían pescar, pero aún así compró 4 por si las dudas.
Lo siguiente que hicieron fue comprar verduras y frutas, se aseguraron de que fueran las más frescas, para que les duraran más.
Cada uno cargó con un costal, lleno de esos alimentos, Hiccup puso en el suyo el mapa, la brújula y las cañas de pescar, ya que de otra forma le habría sido imposible cargarlo todo.
Finalmente había llegado lo último en la lista, la ropa, y allí se encontraban, frente a un establecimiento que prometía tener las mejores prendas de todo el lugar. Esa era la parte vergonzosa, ¿que pensarían de 3 chicos comprando ropa de chicas?, ¿pensarían mal?, eran preguntas que los tres se hacían, pero no tenían otra opción, decidieron hacerlo de una vez, para terminar con todo eso lo más pronto posible.
Una vez dentro, se pusieron a observar todo lo que tenían para ofrecer, comenzaron primero por la ropa para ellos, ya que en eso no había problemas, incluso escogieron la ropa para Tuffnut y Gustav más rápido de lo que pensaron, no compraron mucha ropa, sólo una poca, suficiente para que pudieran cambiarse regularmente, tampoco se trataba de comprarle un guardarropa a cada quien.
— Entonces, ¿que llevamos? — preguntó Fishlegs.
Allí se encontraban, frente a la ropa interior de chicas que se hallaba a la venta, antes escogieron ropa normal, no muy vistosa pero tampoco tan fea, no les fue tan difícil adivinar la talla, pero ahora sí que les sería difícil.
— Tendremos que adivinar la talla, supongo — comentó Snotlout.
— Aquí hay ropa demasiado provocativa, si la llevamos se molestarán con nosotros — dijo Hiccup — pero también hay ropa demasiado anticuada, ni mi abuela se pondría eso —.
— Podríamos llevar estas de aquí — señaló Fishlegs — no son ni tan anticuadas ni tan provocativas —.
— El problema es adivinar la talla — dijo Hiccup.
— Las dos son delgadas, y no tienen tanta pechonalidad, ¿entienden a lo que me refiero? — dijo Snotlout con diversión y su ya conocido sarcasmo.
— Me siento extraño de pensar en nuestras amigas de esa forma — opinó Fishlegs.
— Tienes razón, esto es muy raro — dijo Hiccup ya desesperado — ¿saben que?, al diablo, llevemos esos y vámonos de aquí — dijo Hiccup tomando las prendas lo mas rápido que pudo y corriendo a pagar, sus acompañantes lo siguieron a la misma velocidad.
Pagaron por todo, y salieron corriendo del lugar, corrieron cargando con toda la mercancía que llevaban, que ya era mucha.
— ¿Ya no falta nada? — preguntó Fishlegs.
— Espero que no — respondió Hiccup.
— ¿Podrían explicarme porqué corremos? — dijo Snotlout.
— No lo sé, fue un impulso que me dio y ustedes me siguieron — comentó el castaño.
No disminuyeron la velocidad, siguieron corriendo por donde llegaron, para abandonar el mercado, y posteriormente abandonar la isla, pasaron frente a la alcaldía, algo de lo que Hiccup no se había dado cuenta cuando llegaron. Allí se encontraba su padre, trabajando, administrando, por un momento se le pasó por la mente la idea de ir a ver su padre, comentarle lo que iba a hacer, pero la descartó rápidamente. Era una locura, hacer eso empeoraría aún más las cosas, y el resultado sería similar al obtenido con su madre, decidió dejar de pensar en eso, y enfocarse en seguir corriendo.
(...)
El tiempo pasó más rápido de lo que esperaban, cuando se dieron cuenta, ya habían llegado al muelle, sí que corrieron.
— No debimos correr de esa forma cargando todo esto, estoy agotado — dijo Fishlegs.
— Concuerdo con el gordo, necesito un descanso — comentó Snotlout.
— Ya estamos aquí, suban y podrán descansar — dijo Hiccup, caminando por el muelle y subiendo al bote, con dificultades por toda la mercancía que llevaba.
Los otros dos hicieron lo mismo, teniendo también dificultades para subir. Una vez en la cubierta, vieron a Gustav y Tuffnut, que seguían sentados alrededor de la mesa.
— Era algo grande y con alas, volaba a lo lejos — escucharon que el pequeño le decía a Tuffnut.
— ¿Donde dejamos todo esto? — preguntó Snotlout.
— En la cabina del capitán, allí hay suficiente espacio — dijo Hiccup, se dirigió hacia allá y los demás lo siguieron.
El interior era más estrecho, por lo que tuvieron dificultades para moverse con todo lo que llevaban, pasaron golpeando las puertas de los camarotes, ganándose un regaño por parte de Astrid y Ruffnut por golpear la puerta del de dónde ellas estaban. Finalmente lograron cumplir la tarea y llegar a la cabina, donde bajaron todo y lo pusieron en el suelo.
— Gracias por la ayuda chicos — les dijo Hiccup.
— Me vendría bien una buena siesta — dijo Snotlout.
— Esta vez estoy de acuerdo contigo — dijo Fishlegs.
— Vamos afuera, tenemos que hablar todos — dijo Hiccup.
Una vez afuera, se dirigieron a la mesa, donde estaban los otros dos conversando.
— Señor Hiccup, ¿en qué momento llegaron? — dijo Gustav al verlos acercarse.
— Su platica debe estar muy buena, que ni cuenta te diste — respondió Hiccup sonriendo.
— El niño dice que vio un pájaro gigante — les dijo Tuffnut.
— Yo no dije eso, sólo que dije que ví una cosa grande y con alas, no estoy seguro si era un pájaro — se defendió el niño.
— ¿De que estás hablando Gustav? — dijo Hiccup.
— Pues verán, cuando estaba... —.
— ¿Que fue todo ese alboroto? — Ruffnut interrumpió a Gustav, llegando junto con Astrid al lugar donde ellos se encontraban.
— ¿Por qué golpean las puertas de esa manera? — regañó Astrid.
— Que bueno que están aquí — dijo Hiccup ignorando sus reclamos — ahora podemos hablar —.
— ¿Sobre qué? — preguntó Ruffnut.
— Snotlout, Fishlegs y yo regresamos con todas las cosas que fuimos a comprar, ya estamos listos para iniciar el viaje — les dijo el castaño.
Todos se alegraron y hasta festejaron un poco, habían estado esperando todo el día para ese momento.
— ¿Cuándo nos vamos? — preguntó Astrid.
— Estaba pensando en irnos de una vez, pero todo depende de Snotlout, es el que sabe mover esta cosa — explicó Hiccup.
— Podríamos aprovechar las horas que nos quedan de luz, pero cuando llegue la noche y quiera dormir ¿quién se hará cargo del barco? — dijo Snotlout.
— Pues sólo te vas a dormir y ya, igual que todos ¿no? — respondió Hiccup sin saber a qué se refería el pelinegro.
— Dejar el barco sin capitán hará que se desvíe — explicó Snotlout — la marea lo arrastrará, perderíamos el rumbo y la dirección, eso podría hacer que vayamos a parar a otro lugar al que no queríamos ir, o quedar varados en medio del océano — dijo.
— Pero tenemos un brújula — dijo Hiccup — con eso podremos saber donde está el norte —.
— Eso sólo ayudaría a recuperar la dirección, pero el rumbo ya lo habríamos perdido — replicó Snotlout.
— ¿Entonces qué hacemos? — preguntó Tuffnut confundido.
— Podría desvelarme esta noche, pero está claro que no podré hacerlo siempre, tarde o temprano tengo que dormir — siguió explicando el pelinegro — el barco tiene que estar siempre moviéndose, si podemos pararlo pero no por mucho tiempo, así no perderemos el rumbo —.
— Vaya, es más complicado de lo que pensé — comentó Hiccup.
— Tengo una idea — dijo Gustav de repente, llamando la atención de todos — Snotlout podría enseñarles a Hiccup y Fishlegs a controlar este bote, de esa forma podrían turnarse, uno dormiría en la noche mientras el otro navega, luego el otro lo sustituiría en el día para que pueda dormir, y así — explicó Gustav.
Todos se quedaron mirándolo, expectantes y pensativos, Gustav se puso un poco nervioso.
— Este mocoso si tiene cerebro después de todo — dijo Snotlout.
— Es una gran idea Gustav, ¿cómo no se me ocurrió antes? — le dijo Hiccup, Gustav sonrió ante los halagos.
— Tienen razón, es una buena idea, entonces no pierdan más el tiempo y entren allí a aprender — Astrid comenzó a empujar a Hiccup y Fishlegs hacia el interior del barco.
— Oye tranquila, ¿cuál es la prisa? — le dijo Hiccup.
— Que ya quiero irme, así que entre más rápido aprendan, más rápido nos vamos — les dijo mientras los seguía empujando.
— Está bien, entraremos, deja de empujarnos — le dijo Hiccup, Astrid se detuvo y éste entró a la cabina, Fishlegs lo siguió sin decir nada, y finalmente Snotlout, quien estaba divertido con la situación.
— Así que, a seguir esperando — dijo Ruffnut luego de ver entrar a esos tres.
— Me temo que sí — concordó Astrid.
— Siganme contando historias — pidió Gustav alegremente.
— ¿Así que Tuffnut te ha contado historias? — le dijo Ruffnut — temo decirte que la mayoría son mentira, sólo unas cuantas son verdad —.
— No te creo — desafió en pequeño.
— ¿No?, dime que historias te contó y te diré cuales son mentira — le dijo Ruffnut.
Gustav comenzó a contar, y así iniciaron una nueva conversación, donde los que más hablaban eran Ruffnut y Gustav, de vez en cuando Astrid entraba a la conversación, junto con Tuffnut, pero preferían quedarse callados escuchando la platica, a veces reían por las ocurrencias de la gemela, otras daban sus propias opiniones, pero definitivamente no era incómodo, estaban pasando un buen rato.
Durante las siguientes horas, Hiccup y Fishlegs estuvieron practicando, y memorizando todo lo que Snotlout les decía. Les explicó para qué servía cada parte del barco, y sobre todo, como hacerlo navegar adecuadamente.
— Es como conducir un auto — dijo Fishlegs girando el timón, el motor estaba apagado, así que el bote no se movía.
— Algo así, pero no tan fácil, debes tener muy en cuenta las dimensiones de este barco — le dijo Snotlout.
— No debe ser tan difícil, sólo es cuestión de práctica — opinó Hiccup.
— ¿Eso crees? — desafió Snotlout — pues bien, descansen, yo navegaré esta noche, pero mañana les tocará a ustedes —.
— ¿Estás seguro?, no creo que... — trató de decir Hiccup.
— Claro, algún día tienen que intentarlo ¿no?, será su culpa si nos perdemos — dijo el pelinegro.
Hiccup y Fishlegs tragaron saliva, no se sentían seguros de poder hacerlo.
— No sé ustedes, pero yo ya quiero irme — volvió a hablar Snotlout — así que presten atención a como encender el motor —.
En el exterior, el resto de pasajeros seguían sentados alrededor de la mesa, conversando alegremente, de pronto se escuchó un ruido fuerte, como un gran ventilador, y sintieron que el lugar en que estaban parados comenzaba a mecerse con más intensidad.
— ¿Es idea mía o nos estamos moviendo? — dijo Ruffnut.
Astrid miró a su alrededor, veía la playa desplazarse, y el muelle alejarse, poco a poco el paisaje frente a ellos comenzaba a desaparecer.
— Sí, nos estamos moviendo — confirmó Astrid.
— Entonces por fin nos vamos, ¡excelente! — festejó Tuffnut.
— Espero que Hiccup y Fishlegs hallan aprendido bien — opinó Gustav.
— Hiccup es muy listo, puede aprender — aseguró Astrid.
— Bueno, a partir de ahora estaremos juntos por un buen rato, ¿verdad? — dijo Ruffnut.
— Espero que no tengamos problemas — opinó Astrid.
— Yo digo que será divertido — dijo Tuffnut.
— Para ti todo es divertido — comentó el pequeño Gustav.
Finalmente habían zarpado, hacía el destino planeado anteriormente, poco a poco, la isla iba quedando atrás, para dar paso a un interminable mar.
— ¿Se fijaron bien lo que deben hacer? — les dijo Snotlout a sus acompañantes en la cabina.
— Si bueno, tal vez... — dijo Hiccup dudoso.
— Está bien, ya lo veremos mañana — les dijo Snotlout con diversión — pueden salir si quieren, nos espera un largo camino por delante —.
Sin esperar que se los dijeran dos veces, Hiccup y Fishlegs salieron lo más rápido que pudieron, para despejar su mente y pensar bien en todo lo que Snotlout les había enseñado.
(...)
La noche llegó y cubrió con su manto negro a todo lo que quedaba a la vista, el mar, antes azúl, ahora era de color negro, reflejando las estrellas y la luna. El cielo estaba despejado, dejando una hermosa vista, y allí, justo en medio de toda esa agua y negrura, se hallaba un pequeño barco. Hacía un par de horas que habían partido, los ocupantes ya se habían acostumbrado a ver solo mar y cielo, era una experiencia para todos.
— ¿No es esto relajante? — dijo Astrid, quien se encontraba con los demás, todos sentados alrededor de la mesa disfrutando de la brisa marina y la fresca noche.
— Claro que lo es — coincidió Hiccup.
— Yo tengo sueño — comentó Tuffnut — ¿ya escogieron en dónde dormir? —.
— El camarote en donde Astrid y yo estábamos es muy cómodo — le dijo Ruffnut — dormiremos allí —.
— Excelente idea hermana, ¿qué estamos esperando? — Tuffnut se levanto y corrió hacia el interior, Ruffnut no tardó en seguirlo.
— Esos dos si que son hiperactivos — comentó Hiccup.
— ¿Cuántos camarotes tiene este bote? — le preguntó Astrid a Gustav.
— Cuatro, caben dos en cada uno — respondió.
— Nosotros somos siete, uno de nosotros se quedará sólo — dijo Fishlegs.
— Y ese alguien seré yo — festejó Gustav — soy el dueño del barco, me lo merezco — proclamó.
— Oye, ¡eso no es justo! — se quejó Hiccup.
— Ven a sacarme si puedes — desafío Gustav, luego corrió también hacía el interior.
— Ese mocoso — renegó Hiccup.
— En realidad otro de nosotros dormirá sólo, aparte de Gustav, ya que Snotlout se quedará despierto toda la noche — dijo Fishlegs.
— Es cierto — concordó Hiccup — supongo que tu puedes quedarte en uno sola — le dijo a Astrid — así estarás mas cómoda —.
— ¿De verdad? — preguntó la rubia sin creerlo.
— Sólo si Fishlegs quiere —.
— Supongo que hay que ser caballeroso — comentó Fishlegs — así que está bien, compartiré camarote con Hiccup —.
— Ustedes son geniales — alagó Astrid — gracias chicos —.
— Si bueno, ¿entonces nos vamos? — dijo Hiccup sin saber que más decir.
Los tres ingresaron, dispuestos a acomodarse, tocaron a las puertas para saber qué camarotes estaban disponibles, cuando encontraron los dos que quedaban, Astrid entró en uno y los dos chicos en otro, se instalaron para poder dormir, les esperaba un gran tramo por recorrer.
Un mes después...
Aún después de todo lo que pudieran pensar, el tiempo había seguido su curso más rápido de lo que todos esperaban. Parecía imposible que ya hubiera pasado un mes, desde que partieron de la isla Berk, pero realmente había ocurrido. Varias cosas sucedieron durante ese tiempo, no sólo se conocieron mejor los unos a los otros, si no que compartieron algunas experiencias.
Astrid le contó a todos su secreto, que tenía amnesia y no podía recordar más allá de 6 meses, contó lo que vivió en es tiempo y como llegó a la isla de Hiccup, dónde lo conoció. También les mostró su collar, el cual volvió a usar en su cuello, con el escudo de un reino llamado "Lullaby" grabado en su centro, y el nombre de Astrid escrito en la parte de atrás, pero con tinta. Todos se sorprendieron al escuchar su historia, pero en contra de lo que ella llegó a pensar, no la consideraron loca ni la juzgaron, y eso para ella era un alivio.
Lo único que no les contó fue la parte de los sueños extraños que tenía, los cuales habían incrementado en ese último mes, prácticamente todas las noches lo soñaba. Ni siquiera a Hiccup se lo había contado, sueños en los que escuchaba la voz de un hombre, que siempre decía frases como "tienes que destruirlo", " es tu deber", "no hay otra manera", entre otras cosas. Por alguna razón, Astrid sentía que esa voz iba dirigida a ella, pero lo extraño era que nunca podía ver nada, nunca se presentaba una imagen de lo que estaba soñando, sólo escuchaba la voz, lo demás se quedaba en negro.
Tampoco tardaron mucho en acostumbrarse a su rutina, Hiccup, Fishlegs y Snotlout se turnaban para navegar, uno en la noche, otro en el día, y así sucesivamente, el punto era que ninguno se desvelara más de una noche. Astrid y Ruffnut se encargaban del aseo del barco, Tuffnut y Gustav se encargaban de pescar, Hiccup les enseñó, y en poco tiempo aprendieron. Hiccup demostró que sí era bueno cocinando, todos los días preparaba platillos deliciosos, con los mismos ingredientes, pero diferentes platillos, para que no se aburrieran tan rápido. Cuando las frutas y las verduras se echaron a perder, luego de dos semanas, no les quedó de otra que depender del pescado, paraban todos los días un pequeño rato, para pescar, luego Hiccup hacía maravillas con lo que pescaban, también había comprado especias cuando estuvieron en su isla, las cuales duraban mucho más tiempo sin descomponerse. El depósito de agua potable realmente era grande, tal como Gustav dijo, por lo que no habían tenido problemas con ese asunto. Fishlegs trazó la ruta que seguían en el mapa que compró Hiccup, con el fin de llevar un cálculo de lo que llevaban de trayecto y cuánto les faltaba, además también iba contando los días, para saber en que fecha estaban. Su rutina era bastante agradable, no habían tenido muchos problemas de convivencia.
Pero sí que habían pasado cosas curiosas, como la vez en que Snotlout entró al baño, pensando que no había nadie. Grande fue su sorpresa al ver a Astrid allí dentro, recién saliendo de bañarse, con una toalla rodeando su cuerpo, que apenas y cubría lo justo. Ese pudo haber sido el mejor día en la vida de Snotlout, si no fuera por la paliza que le dio la rubia después. Le quedaron moretones durante los próximos días, y por si fuera poco, fue la burla de sus demás compañeros, quienes se divertían con lo que había pasado; luego de un tiempo, el pelinegro también se burló de la situación, pues en el fondo si era divertido. Otro día, Hiccup contó que había visto a una criatura grande, negra y con alas volando a lo lejos, en la misma dirección en la que iban ellos, cuando escucharon el relato Gustav dijo que el también vio lo mismo, y se pasaron el día debatiendo sobre lo que pudo haber sido, en el fondo Hiccup pensó que esa criatura le recordaba al dragón que los ayudó en la pelea contra los marginados, pero no lo dijo. En otra ocasión, durante una noche de tormenta, el mar estaba muy agitado, y había truenos. Snotlout decidió navegar esa noche, ya que era el que tenía más experiencia y el oleaje era algo alto. Gustav despertó en mitad de la noche, asustado por los truenos y el sonido del fuerte viento, se levantó de la cama y salió del camarote, ya en el pasillo, se dirigió al camarote en donde había visto meterse a cierta rubia. Ella dormía sola, así que supuso que no habría problema, se acercó sigilosamente para no llamar la atención de los demás, y abrió la puerta lentamente. Casi no podía ver nada, pero si pudo distinguir un pequeño bulto bajo las cobijas, en la cama. Se metió y cerró la puerta despacio, el barco se movía más de lo habitual, y el sonido del viento agitando las aguas del mar resonaba por todas partes, pero lo que realmente le aterraba, era el sonido de los truenos.
— Señorita Astrid — llamó Gustav en un susurro, un sonido tan bajo, que era imperceptible debido a los sonidos del exterior — Señorita Astrid — volvió a llamar el pequeño, esta vez un poco más fuerte y tocándole el brazo.
Ante el movimiento, la rubia soltó una gran inhalación y se removió en la cama, luego giró y abrió lentamente los ojos, para distinguir una pequeña silueta.
— ¿Quién anda ahí? — dijo alterada, no gritó, pero si alzó un poco la voz.
— No hable tan fuerte — respondió — no quiero despertar a los demás —.
— ¿Gustav? — la rubia reconoció la voz.
— Sí soy yo, disculpeme por despertarla — dijo el niño.
— ¿Qué haces aquí? — la chica se sentó en la cama mientras se tallaba los ojos, luego se levantó para pulsar el interruptor de la luz, encendiéndola.
— Bueno yo...me preguntaba sí...podía dormir aquí — de repente estaba muy apenado.
— Tú tienes tu propio camarote — le dijo la rubia.
— Sí pero, me siento un poco sólo — inventó.
— Bueno, creo que lo entiendo — dijo dudosa — puedes dormir en la parte de arriba — todos los camarotes tenían una litera, y Astrid ocupaba la parte de abajo.
— No...yo quería... — Gustav se puso bastante nervioso, de repente un nuevo trueno resonó en todo el lugar, y el pequeño se quedó paralizado, mientras temblaba un poco, Astrid notó esto.
— ¿Te encuentras bien? — le preguntó.
— Sí — respondió el niño muy despacio, casi inaudible.
— ¿Te dan miedo los truenos? —.
— N-no — dijo Gustav trabándose — yo no le tengo miedo a nada — trató de aparentar, la rubia sonrió y soltó una pequeña risa.
— Todos le tenemos miedo a algo Gustav — le dijo — no te sientas apenado por temerle a los truenos — le dijo con simpatía.
— Yo sólo quería... — Gustav no sabía que decir, pero la chica lo comprendía ahora.
— Está bien, te entiendo, puedes dormir conmigo — dijo Astrid.
La chica vestía una blusa delgada y un short muy corto, ese era su vestuario para dormir, una especie de pijama, pero Gustav no le puso atención a esto, era un niño, no le ponía atención a la forma en que vestía la rubia, lo cual era normal.
— ¿De verdad? — dijo Gustav entusiasmado — no quiero que pienses que busco aprovecharme de la situación — dijo.
— Sólo eres un niño y estás asustado, yo sé que no tienes malas intenciones, así que por eso te dejaré dormir aquí — le explicó la rubia.
— Gracias señorita — dijo Gustav acercándose y dándole un abrazo, apenas y le llegaba a la cintura.
— No tienes nada que agradecer, ahora a dormir — dijo la chica.
Gustav se acostó en la pequeña cama de la parte de abajo y se tapó con las cobijas, luego Astrid apagó la luz y se fue a acostar en la parte que quedaba libre, junto a Gustav. También se tapó y se acomodó, no había mucho espacio, pero cabían. Cuando un trueno volvía a oírse, Gustav se estremecía un poco y Astrid lo abrazaba para calmarlo. El pequeño cumplió lo que dijo, no intentó sobrepasarse, al contrario, se sentía cómodo con aquella situación, por fin podría dormir, le recordaba a cuando su madre también dormía con él sí habían truenos, así lo ayudaba a no estar asustado. A la rubia le pareció tierna esa situación, y luego de un rato ambos se quedaron dormidos, fue una situación que no le contaron a nadie.
(...)
Y así, después de acumular varias anécdotas, de compartir, y de convivir como los amigos que ahora eran, estaban cerca de culminar con el viaje por mar. Todos se hallaban reunidos en la mesa de la cubierta, a excepción de Hiccup, a quien le tocaba el turno de navegar. Fishlegs los reunió allí para comunicar las buenas noticias, durante la mañana siguió trazando la ruta y estaba convencido de que sus cálculos no fallaban.
— Estoy casi seguro de que estamos cerca de llegar a tierra — informó a los demás.
— ¿De verdad? — preguntó Ruffnut.
— Sí, probablemente lleguemos en un par días —.
— Esas son excelentes noticias — opinó Tuffnut.
— ¡Sí! Por fin dejaremos de comer pescado — festejó Gustav.
— No puedo creer que lo hayamos logrado — comentó Astrid.
— Y yo no puedo creer que Hiccup y Fishlegs no nos perdieran — dijo Snotlout con sarcasmo.
— Sólo queda esperar un poco más — dijo Fishlegs —.
Casi habían cumplido uno de sus propósitos, realmente se sentían felices, se propusieron realizar ese viaje, y lo estaban logrando con éxito, lo lograrían en un par de días más.
(...)
Había una enorme mansión a las afueras de un pueblo abandonado, una mansión con varios pisos, y un enorme patio. El patio solía tener albercas, campos de tenis, entre otras cosas. Pero todo eso había sido sustituido por tiendas de campaña, en la mayoría dormía gente, pero otras eran usadas como armerías, herrerías, enfermerías y otros servicios más, todos improvisados en dichas tiendas, ya que podían irse de allí en cualquier momento.
En la mansión, circulaba gente continuamente, pero solo dos personas dormían dentro. En esos momentos, se hallaban en el despacho principal, una habitación enorme con estanterías llenas de libros, y un enorme escritorio frente a la ventana. Detrás del escritorio se hallaba sentado en una silla rotatoria, un hombre de cabello castaño, con una gran barba del mismo color, algo musculoso, y con una vestimenta algo peculiar, un hombre a quien apodaban "el desquiciado".
— Y bien, ¿porqué no respondieron nuestra carta? — preguntó tranquilamente el hombre a una joven frente a él, parada del otro lado del escritorio.
— Me temo que ocurrió algo completamente inesperado — le dijo la joven.
— ¿Y que será ese algo? — preguntó el hombre.
— Los marginados fueron derrotados — le informó la joven — por eso no respondieron —.
El hombre se levantó de la silla, rodeó el escritorio y se acercó a la muchacha.
— Dime que estás bromeando, hermanita — dijo el hombre con un tono de voz que denotaba locura.
— Ojalá así fuera, pero no — dijo la chica sin inmutarse ni mostrar la mas mínima duda o temor. Se trataba de una joven con una trenza tirada hacia el lado derecho de su cabeza, su cabello era color negro, sus ojos verdes y su piel blanca. Cualquier chico la catalogaría como una verdadera belleza, una chica, no sólo bella, si no también fuerte.
— ¿Quién fue capaz de hacer algo así? — preguntó de nuevo el hombre.
— No tengo información precisa, pero oí rumores de que un grupo de personas fueron los que lo hicieron — dijo la chica.
— Alvin nos informó de que habían capturado a dos de los nuestros el otro día —.
— Sí, los gemelos Thorston — confirmó la joven — ¿que hay con ellos? —.
— Es probable que tuvieran algo que ver — comentó el hombre.
— ¿Ellos?, no lo creo, entrenamos juntos pero están a un nivel muy inferior al mío — dijo la joven con egocentrismo — no serían capaces de lograr algo así, mucho menos derrotar a Alvin —.
— Ellos solos no, pero dijiste que eran un grupo —.
— Sí — continuó la joven — recibieron ayuda de alguien, pero desconozco de quiénes se trata —.
— Interesante — dijo el hombre pensativo — así que esos gemelos están libres, no importa, no voy a preocuparme por algo tan insignificante — una sonrisa sádica apareció en su rostro — hiciste un buen trabajo investigando hermana — felicitó.
— Tengo mis métodos — contestó la joven — ¿qué sigue ahora? —.
— Ya estuvimos mucho tiempo aquí, es hora de expandirse — dijo el hombre — conquistaremos otro territorio, pero está vez quiero ir por un premio grande, nada de pueblos y villas, está vez iremos por una ciudad — dijo con orgullo.
— ¿Estás seguro? — dijo la muchacha mostrando duda.
— Por supuesto — confirmó — enviaré a Niels y Elin a la Ciudad de los magos —.
— ¿La Ciudad de los magos?¿te has vuelto loco? — dijo la joven alarmada.
— No hermana, todo está planeado, es hora de que demos un golpe a lo grande, para que todos sepan quiénes somos — afirmó el hombre con aires de grandeza.
— Esa ciudad está muy protegida y llena de magos poderosos, será demasiado complicado conquistarla — opinó la muchacha.
— No si tenemos estrategia y un gran plan — dijo el hombre — será cuestión de tiempo para que esa ciudad sea nuestra —.
— Bien, si eso quieres, entonces se hará — confirmó la joven.
— Esa es mi hermana, ahora llama a esos dos, necesito decirles lo que harán — ordenó el hombre.
— Enseguida, Dagur — dijo la joven saliendo para cumplir con la orden.
Continuará en el Capítulo 11: "La Ciudad de los magos".
Niels y Elin serán personajes creados por mí, que aparecerán en los próximos capítulos, quiero que esta historia también tenga personajes míos.
Espero que el capítulo les haya gustado, ya saben que pueden comentar sus opiniones, me hace muy feliz leerles y responderles, sin más que decir me despido y gracias por leer.
