Hola, ¿como están?, espero que bastante bien. Yo por mi parte estoy feliz de poder traer un nuevo capítulo para esta historia, así que sin más que decir por el momento, los dejó con el capítulo.

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Capítulo 15: "Revelaciones, Parte 1".
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El dragón siguió rugiendo y retrocediendo, en esa pose que claramente era defensiva. La rubia se acercaba a pasos lentos, con su brazo aún estirado y esperando que quedara claro que no quería hacerle daño. Mientras tanto Snotlout seguía observando todo a la distancia, quiso ir a tratar de convencer a la chica de alejarse de allí, pero decidió también ir despacio, los movimientos bruscos podrían asustar a la criatura, y desconocía el como podría reaccionar. Poco a poco se acercó por detrás de la rubia, y estuvo a una distancia suficiente como para ser escuchado por ella.

— No hagas tonterías, no deberías acercarte tanto — le dijo Snotlout susurrando.

— Callate, podrías asustarlo — le contestó ella de igual forma susurrando.

— Creo que el que me está asustando es él — dijo el chico con sarcasmo.

Se siguió acercando poco a poco, hasta que llegó el momento en que el animal dejó de retroceder, y se quedó quieto en su sitio. Astrid no sabía como interpretar esto, así que simplemente se siguió acercando, con el brazo aún estirado por delante. Snotlout se desesperó, creía que hacer eso era un error, así que sin pensarlo, sujetó a la chica del brazo y la comenzó a jalar bruscamente para alejarla de allí. En ese momento el dragón rugió ferozmente, comenzó a llenar su boca de algo azul y luego lanzó un disparo de su peculiar plasma. El disparo pudo haber herido a ambos de no ser porque la rubia rápidamente empujó a Snotlout hacía un lado y ella se arrojó hacía el otro, cayendo los dos al suelo. El ataque impactó en un árbol, dejándolo quemado, casi reducido a cenizas.

— ¡Torpe!, lo tenía todo controlado — le dijo Astrid.

— ¿Llamas a eso controlado? — Snotlout señaló al árbol derribado.

— Eso no habría pasado si tu no me hubieras jalado de esa manera — siguió acusando ella.

— Oye, creo que tenemos otro problema — dijo el chico dejando de mirarla a ella y mirando al dragón.

— No me cambies el tema — le siguió diciendo ella enojada — la próxima vez que me jales así voy a... —.

— No, enserio, tenemos un problema — repitió él nuevamente, interrumpiendo a la chica.

La rubia miró al dragón y se dio cuenta de lo que hablaba, la criatura caminaba en círculos, rodeándoles, como un depredador que acecha a su presa.

— Parece que ahora sí se enojó — dijo Snotlout levantándose del suelo.

— Todo es tu culpa — siguió reclamando la rubia mientras también se ponía de pie.

— Puedes dejar los reclamos para otra ocasión, ahora hay que pensar en como evitar morir aquí — dijo Snotlout.

El dragón dio un par de vueltas alrededor de ellos, luego se detuvo y corrió hacia Astrid, pareciendo que se iba a abalanzar sobre ella. La chica cerró los ojos ante la cercanía de la criatura, jurando que la atacaría. Snotlout también cerró los ojos y desvió la cara, no quería ser testigo del brutal ataque, sin embargo, nada pasó. El silencio reinó en aquellos segundos de tensión, Snotlout abrió los ojos en cuanto escuchó el sonido de respiración nuevamente, giró de nuevo la cara y vio que el dragón no atacó a Astrid. Ella también los abrió, al no sentir nada, y comprobó que la criatura estaba muy cerca de ella, olfateando a la chica. El animal la olfateó unos cuantos segundos más, y después se alejó unos pasos, para finalmente quedarse quieto y agachar la cabeza. Ambos se quedaron viendo como el dragón no hacia otra cosa, sólo se quedó quieto con la cabeza gacha.

— ¿Pero que rayos? — dijo Snotlout al no saber que fue lo que pasó.

Astrid se quedó viendo esa escena por unos cuantos instantes, luego se acercó despacio a él, se dio cuenta de que la criatura no hacía por alejarse, así que cuando estuvo cerca, puso la palma de su mano en la cabeza del dragón. La chica no sabía porqué, pero en el fondo sentía como si ya hubiera hecho eso antes. En cuanto hizo ese movimiento, el dragón volvió a levantar la cabeza, se alejó de ella y comenzó a caminar hacía una dirección, luego se regresó y volvió a irse, y así repitió tal acción varias veces, recorriendo ese pequeño tramo.

— ¿Y ahora que la pasa? — dijo Snotlout desconcertado.

— No tengo idea — la rubia estaba en el mismo estado.

— En cuanto te olió se calmó y empezó a hacer eso — comentó Snotlout — lo sabía, eres una bruja — dijo con burla.

— No empieces con tus chistecitos — le dijo ella en tono irritado.

— Lo siento, pero es que de verdad esto es de locos — opinó.

— A mi me parece que... — Astrid observó el comportamiento del animal antes de seguir hablando — pareciera que quiere que lo siga —.

El dragón se quedó quieto al oír eso, mirándola fijamente.

— ¿Quieres que te siga amigo? — le preguntó al rubia amablemente.

La criatura soltó un leve gruñido que ella interpretó como un sí.

— Ojalá tuviéramos tiempo para seguir dragones, pero por desgracia no lo tenemos — dijo el chico de nuevo usando el sarcasmo.

— Lo siento amigo, tengo que ir a buscar a mi compañero — le siguió hablando Astrid al dragón.

Pero él seguía repitiendo el mismo movimiento, insistiendo en que la rubia lo siguiera, lo cual la desconcertaba bastante.

— No lo entiendo, ¿porque de repente quiere que lo siga? — se preguntó Astrid.

— Eso pasó en cuanto te olió — le dijo Snotlout — ¿acaso usaste un nuevo perfume o algo así? —.

— Yo ni siquiera uso perfume — dijo ella — no entiendo nada —.

La rubia sin saber que más hacer, se acercó de nuevo al dragón, en cuanto estuvo cerca de él, éste comenzó a agitar sus alas y a elevarse poco a poco en el aire, sin dejar de mirarla. Astrid también lo siguió mirando, pero esta vez hacia arriba.

— Creo que él piensa que también puedes volar — comentó Snotlout.

— Creo que ya no se que pensar — le dijo ella.

Luego siguió viendo a la criatura, que parecía que la esperaba.

— Oye — le habló en voz alta — no puedo seguirte, tengo que buscar a alguien, pero si quieres puedes ayudarme — le dijo, no estaba segura si el dragón la entendía o no, pero debía hacer el intento — si me ayudas terminaré mas rápido, y en cuanto termine te seguiré a donde quieras —.

El dragón se quedó en el aire unos segundos más, hasta que por fin comenzó a descender de nuevo, aterrizando en el suelo como lo estaba anteriormente. No había forma exacta de saber si había entendido lo que la chica le dijo.

— Entonces, ¿me ayudas? — dijo ella amablemente.

La criatura volvió a soltar un pequeño sonido, al mismo tiempo que movía un poco la cabeza, eso podía ser interpretado como un sí.

— No me lo creo, hiciste que un dragón te obedeciera con sólo tu olor, y luego dices que no eres una bruja — comentó Snotlout.

— Ya para con eso — le reclamó ella — tampoco tengo idea de lo que está pasando, pero hay que aprovechar este golpe de suerte, ¿no? — comentó.

— Supongo, ¿cual es el plan? —.

Astrid lo pensó un momento, luego se puso dos dedos entre los labios y soltó un silbido.

— ¿Entiendes los silbidos? — le dijo Astrid al dragón — iremos por el bosque y te esconderás allí, luego esperarás y cuando te necesite soltaré ese silbido, confío en que lo escuches — le explicó ella — luego volarás hasta donde yo esté —.

El dragón solo se quedo quieto, volvió a hacer el mismo movimiento de hace unos momentos, como si entendiera.

— ¿Crees que el muy imbécil entienda lo que dices? — le dijo Snotlout con burla.

— No le digas así — dijo Astrid — tenemos que confiar en que entiende, este es el as bajo la manga del que hablaba Hiccup — comentó.

— Aunque odie admitirlo, la tonta teoría de Hiccup era cierta — opinó Snotlout — después de esto, ya nada me sorprende — dijo.

— No perdamos más tiempo, aprovechemos este golpe de suerte y vayamos allá — dijo Astrid con decisión, después de todo, encontrar a Hiccup era lo que más le importaba en esos momentos.

Fue así como los dos emprendieron el camino de regreso por el bosque, no sin antes de que Snotlout recogiera su arma, antes de que se le olvidara otra vez. Esta vez el dragón los seguía, y esperaban que contar con la ayuda de tan peculiar criatura les supusiera una ventaja contra el desalmado grupo al que se podían enfrentar.

(...)

Los gemelos, junto a Fishlegs y Gustav, siguieron las marcas de huellas en el suelo, hasta que llegaron a las orillas del pueblo, dónde podían verse las primeras casas que lo conformaban. Allí las huellas desaparecían, pero aún así no era difícil suponer que Hiccup se encontraba en el pueblo. Se acercaron a la pared trasera de una de las casas, desde donde podían asomarse y tener una vista de lo que acontecía en el lugar.

— No veo nada — dijo Fishlegs — tenemos muy poco rango de visión, no veo nada más que casas — comentó.

— Pero que hacemos, ¿nos acercamos más? — preguntó Ruffnut.

— Oigan, no se han dado cuenta de algo — les dijo Gustav mirando hacia todos lados — ¿dónde están la señorita Astrid y el señor Snotlout? —.

Los demás miraron hacia atrás y se dieron cuenta de lo que hablaba el niño.

— ¿Pero qué rayos?, cuando fue que... — Ruffnut estaba desconcertada.

— Creí que nos estaban siguiendo — dijo a su vez Fishlegs.

— ¿Se habrán perdido? — dijo Tuffnut.

— No creo, debieron haber visto las huellas — opinó Ruffnut — ¿porque se retrasaron? —.

— Entonces que hacemos, los esperamos o empezamos la acción sin ellos — dijo Tuffnut, al parecer seguía en busca de diversión.

— Tal vez no tarden en venir, no nos preocupemos — comentó Fishlegs — que les parece si nos acercamos sigilosamente a cada una de las casas, y así vamos viendo poco a poco cuanta gente hay — explicó.

Los demás concordaron con él, decidieron caminar despacio hacía la casa que estaba enfrente, la cual tenía un jardín trasero rodeado por una valla, rodearon dicha valla, y se agacharon para poder ver lo que había en las casas de junto.

— ¿Ven algo? — preguntó Gustav.

— Veo a dos tipos allá — dijo Ruffnut mirando hacía frente, dos hombres habían pasado frente a una de las casas.

— Ví a otros cuatro — comentó Fishlegs, los hombre habían pasado frente a la casa donde ellos se escondían, en la parte de atrás.

Se quedaron mirando un poco más de tiempo, intentando pensar a dónde se moverían esta vez, cuando de repente Ruffnut vio pasar unas siluetas que ella conocía muy bien, en las casas que estaban frente a ellos, pero algo alejadas.

— Oigan, creo que son ellos, por allá — señaló.

— ¿Estás segura? — preguntó Fishlegs, entendiendo a qué se refería la rubia.

— Claro que sí, vamos con ellos — dijo empezando a caminar despaciosa hacia allá.

— Espera — la detuvo Fishlegs — para ir allá tenemos que cruzar la calle, nos pueden ver — advirtió.

— ¿Entonces qué hacemos? —.

— Debemos llamar su atención de alguna manera — dijo Fishlegs, pensando en alguna forma de cruzar sin ser vistos.

(...)

Astrid y Snotlout dejaron al dragón escondido detrás de unas ramas y unos árboles caídos, recordándole la instrucción de que sólo acudiera a la ayuda cuando escuchara el silbido de la chica. Luego de eso, caminaron lo que les faltaba para llegar al pueblo, analizaron un poco la vista que tenían, y caminaron detrás de algunas casas. Tuvieron que ser muy sigilosos y caminar agachados, en una de las casas casi los descubren, cuando estuvieron a punto de cruzar una ventana sin darse cuenta que del otro lado estaban un grupo de hombres sentados alrededor de un comedor, los cuales podrían verlos a través del cristal. Tuvieron que cambiar de ruta he irse a otro lado, así que rodearon una cuadra de casas, a través de los pequeños pasillos que éstas dejaban como separación. Sin embargo, se toparon con el problema de que para seguir avanzando, tenían que cruzar una calle muy ancha, al parecer era la calle principal del pueblo. El problema es que cruzarla los expondría a ser vistos por alguien, las posibilidades eran muy altas, por lo que tenían que pensar en alguna solución.

— Voy a asomarme a ver si alguien está en la calle — dijo Snotlout acercándose a la orilla del callejón en el que estaban.

— Ten cuidado, no te vayan a ver — dijo Astrid precavida.

Snotlout se asomó sólo un poco, recargando todo su cuerpo en el muro, y no vio a nadie en ese extremo de la calle, luego fue hacia el muro opuesto, para hacer lo mismo pero viendo el otro lado de la calle.

Justo cuando Snotlout iba a decir algo, una especie de alarma empezó a sonar por todo el lugar, se escuchaba como una alarma de emergencia, pero muy fuerte, como si alguien la estuviera reproduciendo con megáfonos.

— ¿Pero qué diablos es eso? — dijo Snotlout sorprendido al escuchar la alarma.

— ¡No tengo idea! — dijo Astrid preocupada — esto no pinta nada bien —.

Vieron como de algunas casas que estaban a su vista, comenzaron a salir algunos Berserkers, lo cual no auguraba nada bueno, sin embargo, Astrid sintió el miedo, cuando volteó a la ventana de una de las casas, y vio como un hombre la miraba fijamente, sin inmutarse ni siquiera un poco. El hombre se alejó corriendo de la ventana después de unos segundos, y desapareció de la vista de la chica.

— Oh no, ¡ya nos vieron! — dijo Astrid asustadas, enfrentarse ellos dos solos contra todo un grupo criminal, era algo que definitivamente no les saldría nada bien.

— Tranquila, si nos escondemos no nos verán — dijo Snotlout intentando consolarla.

— No lo entiendes, ya nos vieron — le dijo Astrid sin entrar en más detalles — tenemos que correr — se dio vuelta y corrió por el pasillo para salir a la calle.

— Espera, que te pasa — a Snotlout no le quedaba de otra más que seguirla.

Aunque la chica odiara huir, sabía que era la opción más viable, pues les sería imposible enfrentarse a tanta gente, por lo que debían regresar al bosque, dónde tenían más posibilidad de poder ocultarse. Fue así que corrió a la calle, para pasar unas cuantas más y poder llegar al bosque. Cuando salió del pasillo y pisó la calle, se dio cuenta de que un grupo de al menos 10 berserkers iba caminando en dirección hacia donde ella estaba. Fue cuando escuchó que uno de ellos decía "¿quién es esa?", así que decidió correr el lado contrario, lo cual arruinaba sus planes de huida. El camino al bosque era precisamente la dirección de dónde venía aquel grupo, y acercarse a ellos definitivamente no era buena idea.
Snotlout seguía corriendo tras ella, también vio al grupo de Berserkers que venían por la calle, quienes también corrieron para alcanzarlos, ahora comprendía porque la rubia huía. Snotlout corrió lo más rápido que pudo y por fin la alcanzó, justo cuando llegaban a una especie de plaza, con una fuente y varias bancas donde sentarse.

— ¿Y ahora qué hacemos? — le preguntó Snotlout sin dejar de correr.

— Tu sólo sigue corriendo — le dijo Astrid sin detenerse tampoco.

Siguió avanzando hasta que estuvo a punto de chocar contra alguien, que salió de otra calle, apenas y pudo detenerse debido a la prisa que llevaba. Su sorpresa fue grande al ver que se trataba de Ruffnut, detrás de ella venía su hermano, Fishlegs y Gustav.

— ¿Dónde estaban? — preguntó Astrid demasiado agitada, en ese momento Snotlout también llegó junto a ella.

— Nos estábamos escondiendo cuando de repente una alarma sonó y todos comenzaron a salir — contó Ruffnut — cuando menos lo esperábamos teníamos a esos sujetos detrás de nosotros — señaló ella a su costado.

Astrid volteó y vio que un grupo de al menos 50 personas venían también a toda prisa por la calle.

— ¡Lo que faltaba! — dijo Astrid desesperada y volviendo a correr — sigan corriendo — les dijo a sus amigos.

No hubo tiempo para descansar, todos tuvieron que seguir corriendo, pero por lo menos ya estaban juntos, aunque, ¿eso les serviría para algo?. Corrieron hacia el centro de la plaza, pero tal vez ese fue su error, la plaza era un lugar grande, rodeado por las casas, que le daban la forma de un círculo, de donde se desprendían las calles. Pronto se vieron rodeados por todos los Berserkers que asistieron al llamado de la alarma, y al final se quedaron sin un lugar a donde ir.

— Esto no se ve nada bien — dijo Snotlout intentando mantener la calma, al ver que estaban rodeados sin posibilidad de escape.

— Supongo que nos confiamos demasiado — opinó Ruffnut, quien poco a poco también caía en la desesperación.

La gente reunida formó una especie de círculo alrededor de los intrusos, y no se sabía que es lo que harían después.

"¿Quiénes serán estas personas?, ¿serán habitantes del pueblo que regresaron?", escucharon que se hablaba entre la multitud. Notaron que había unas cuantas mujeres entre el barullo, pero la mayoría de los integrantes del grupo Berserker eran hombres.

Fue cuando Astrid decidió usar su plan de respaldo, esperando que realmente funcionara y los sacara de tal aprieto, ya que si no lo hacía, quién sabe que harían con ellos. Sus compañeros ya estaban desesperados, el pequeño Gustav casi estaba al borde del llanto, por lo que rogaba en sus adentros que su "as bajo la manga" funcionara.
La rubia se puso dos dedos entre sus labios, y silbó, el sonido se perdió entre todo el ruido que hacia la multitud, y la chica no estaba tan segura de si el animal habría escuchado el silbido. Poco a poco la multitud comenzaba a acercarse, como si disfrutaran ver la desesperación en los rostros de los intrusos. Ruffnut y Tuffnut adoptaron una pose defensiva.

— No sé ustedes — habló Ruffnut intentando disimular el temor — pero no voy a dejarme capturar sin antes pelear — dijo con decisión.

— Yo te apoyo hermana — concordó Tuffnut — estaremos juntos hasta el final — dijo.

Fishlegs y Gustav no dijeron nada, debido al miedo de no saber que pasaría con ellos, mientras que Snotlout también concordó con los gemelos.

— Si no hay de otra — dijo tomando su mazo y preparándose para dar unos cuantos golpes.

Astrid también abandonó toda esperanza, y decidió que también pelearía junto a sus amigos, como los gemelos lo habían dicho, debían pelear hasta el final.
Cuando los gemelos de preparaban para lanzar ataques de agua a distancia, se escuchó un fuerte rugido en lo alto, la poca gente que le tomó importancia y alzó la vista, pudo presenciar una criatura negra y alada surcando los cielos.

"¿Que demonios es eso?", se escuchó en una parte de la multitud.
"Eso no puede ser", se escuchó en otra parte.

Por su lado, Astrid también miró al cielo y no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su rostro.

— Esperen un momento, no me digan que es... — Ruffnut no terminó la frase mientras miraba al cielo sorprendida.

— Sí, es el dragón de aquella ocasión — completó Astrid — ¡Hiccup tenía razón! — dijo feliz.

— Lo que dijo Hiccup era cierto — dijo Fishlegs mientras también se sorprendía al ver al dragón volar.

Poco a poco, la gente de la multitud alzó la vista, y contemplaron a la criatura que volaba dando vueltas sobre ellos.

"¡Vayan por todas las armas que tengan", se volvió a escuchar que alguien decía.
"Ballestas, pistolas, lanzas, cualquier tipo de arma a distancia que tengan", fue esta vez una voz femenina la que dijo eso.

La multitud se dispersó, muchos fueron a buscar armas para derribar a la criatura, y dejaron de lado el tema de los intrusos. Así que Astrid y los demás tenían el momento para poder escapar.

— Tenemos que irnos de aquí — comentó Astrid.

— Oigan, ¿notaron la mansión que está por allá? — dijo Fishlegs — al mirar un poco a su alrededor y notar la enorme construcción que se alzaba a unos 100 metros de ellos.

Los demás también se impresionaron al no haber notado la construcción antes, y si lo pensaban bien, ese podía ser el lugar idóneo para buscar a su compañero.

— No se ustedes — dijo Snotlout — pero si yo fuera el jefe del grupo, allí es donde me metería —.

— Entonces vayamos hacia allá — les dijo Astrid — aprovechemos el alboroto, ¡corran y no se detengan! — ordenó.

Rápidamente todos corrieron, esquivando a toda la gente que se les atravesaba, los berserkers les dejaron a prestar atención, debido a lo sorprendidos que estaban al ver a un dragón de verdad, algunos llegaron con armas a distancia, otros con arcos y flechas, y algunos con lanzas, todo lo que sirviera para derribar a la criatura.

"¡No lo dejen escapar!", se escuchó que alguien gritaba.
"No lo puedo creer, de verdad existen", se alzó otra voz entre el ruido.
"¡Maten al desagraciado!", se escuchó con furia.

Mientras corría, Astrid se preocupó por lo que pudiera pasarle al dragón, pero no tenía otra opción que confiar en él. De alguna forma sabía que el animal era listo, además de que podía cuidarse solo, por lo que estaría bien, o al menos eso esperaba.
Siguieron corriendo sin detenerse, y tratando de no separarse mucho los unos de los otros, finalmente llegaron a una barda de color rojo, el la cual había un gran portón, que estaba abierto. Por ahí pudieron acceder a la mansión, corrieron por un pasillo rodeado por una gran cantidad de plantas y flores por ambos lados, y finalmente vieron el pie de unas escaleras que llevaban a la entrada principal, una gran puerta se podía ver en la cima. Ya desde ahí pudieron divisar a dos hombres que custodiaban la entrada, y que fungían como guardias, los hombres estaban consternados por escuchar el barullo en el exterior, y cuando vieron a los chicos acercarse a las escaleras, no dudaron en correr a su encuentro.

— Los guardias vienen hacia nosotros — dijo Snotlout, pero nadie se detuvo — no se ven muy amigables —.

— No se preocupen, sigan corriendo — les dijo Ruffnut — mi hermano y yo nos encargamos —.

Fue así como los gemelos adelantaron a todos, y cuando estaban ya muy cerca de los guardias, decidieron usar un ataque de agua.

— ¡Látigo! — dijeron ambos al mismo tiempo.

El agua en sus manos tomó rápidamente la forma alargada de un látigo, y cuando las distancias se acortaron, lanzaron sus látigos a los pies de los hombres, el agua realmente se cerró en torno a las piernas de aquellos sujetos, haciéndolos caer y rodar un poco.
Snotlout se detuvo, y con su pie detuvo al hombre que venían rodeando hacia él, no permitió que se levantara y se agachó a golpearlo en la cara, para dejarlo inconsciente.

— No quiero parecer un salvaje, pero no quiero arriesgarme a que nos ataquen por sorpresa — dijo Snotlout en cuanto hacia eso.

El hombre también dejó de rodar, al ver lo que le hacían a su compañero, se levantó rápidamente para huir. Astrid, que era la que estaba más cerca, decidió hacer lo posible para evitar que el hombre huyera. Corrió detrás de él, y cuando estuvo cerca, se lanzó hacia su espalda para dificultarle la huida. El hombre se detuvo abruptamente y comenzó a moverse bruscamente de un lado a otro para quitarse al peso que tenía encima.

— ¡Súeltame perra! — exclamó furioso al estar siendo sujetado por detrás.

La chica enredó sus brazos en el cuello de él y comenzó a apretar, no iba a dejarlo ir bajo ninguna circunstancia. Los gemelos acudieron a su ayuda, disolviendo sus látigos de agua y preparando otro ataque.

— ¡A un lado! — le gritó Ruffnut a Astrid para que se alejara de su objetivo.

La rubia vio lo que iba a pasar, así que esperó el momento y cuando éste llegó, se arrojó hacia atrás, alejándose del hombre, quién recibió dos "chorros de agua" provenientes de los gemelos, el agua llevaba tanta presión que lo empujó hacia atrás y lo hizo chocar fuertemente contra el piso, eso fue suficiente para dejarlo fuera de combate.

Astrid se levantó del suelo, y vio que Snotlout también había terminado con el otro guardia, al mismo tiempo que los gemelos se acercaban a ella.

— Buen trabajo deteniendo al tipo ese — felicitó Tuffnut.

— Somos un buen equipo — dijo ella sonriendo.

Los tres subieron de nuevo las escaleras, y se agruparon con el resto.

— El tipo no va a levantarse en un buen rato — dijo Snotlout junto al cuerpo inmóvil del guardia.

Cuando terminaron de subir, vieron que Gustav y Fishlegs ya estaban en la cima, casi con al boca abierta al ver como habían derrotado a los guardias.

— ¡Eso fue genial! — dijo Gustav emocionado — el agua es fantástica —.

— Un usuario de "water control" puede crear agua y hacer que esta tome cualquier forma — explicó Ruffnut orgullosa — aunque no es fácil — señaló.

— Creo que mejor dejamos la charla para otra ocasión — comentó Snotlout.

— Tienes razón, entremos — concordó Astrid.

Fue así como todos juntos se acercaron a la puerta, que estaba abierta, y entraron por esta. Se sorprendieron al ver el recibidor, todo decorado con paredes pintadas de una forma increíble, candelabros en el techo y muebles con adornos lujosos, una escalera central parecía ser la que conducía al piso superior.

— Esto es increíble — dijo Tuffnut impresionado al ver tal construcción.

— Este sitio es enorme, ¿por dónde empezamos? — preguntó Fishlegs.

— Lo cierto es que no tenemos todo el día — dijo Astrid — así que nos vamos a separar para abarcar más espacio — aseguró — los gemelos y Fishlegs revisarán toda la planta baja, Snotlout, Gustav y yo revisaremos la planta alta — explicó.

— Me parece bien — dijo Ruffnut.

— Recuerden, no nos iremos de aquí sin Hiccup, o sin haber buscado bien en caso de que no esté — les comentó la rubia.

Luego de haber estado todos de acuerdo, se separaron como les habían dicho, para buscar más rápido alguna señal de su compañero extraviado.

(...)

Luego de la amenaza de parte de su hermano, Heather no tuvo otra opción que deshacerse de Hiccup, así que le ordenó que se levantara y la siguiera. Salió de su habitación, con él detrás, y comenzó a caminar por el pasillo, mientras lo hacia notó que ya no había nadie en la mansión, se acercó a un reloj de péndulo que había a la vuelta del pasillo y vio que ya pasaba del mediodía. Así que recordó lo que debía hacer, su hermano le había dicho en días anteriores, que ese mismo día iba a convocar una junta a toda su gente, el punto de reunión era la plaza central del pueblo, y la manera en la que convocaría a toda la gente era sonando la alarma que la mansión tenía. Por alguna razón, la mansión tenían megáfonos colocados en distintas zonas, que hacían sonar una alarma cuando la activaban, desconocían porqué los anteriores habitantes de la mansión tenían instalado todo eso, tal vez también hacían reuniones o cosas así. Les daba igual, el punto era sacarle provecho, por lo que la pelinegra se dirigió a la biblioteca que tenía la mansión, la cual estaba ubicada en esa misma planta, la planta alta. Allí, en dicha biblioteca, estaba el interruptor de la alarma, con solo pulsarlo, ésta comenzaba a sonar, y así convocaría a todos. El castaño le seguía los pasos, mientras se dirigía hacia allá, ya buscaría la forma de deshacerse de él mientras su hermano hacía la junta. Luego de unos minutos, y de cruzar frente a la puerta de un montón de habitaciones, acomodadas a lo largo de unos cuantos pasillos, finalmente llegó a la biblioteca. Abrió la puerta e ingresó, se dirigió a una de las paredes y presionó el botón que activaba todo el equipo de sonido, durante varios minutos escuchó el incesante sonido de la alarma, y un poco de ruido en el exterior, señal de que la gente comenzaba a acudir al llamado. Ella rara vez se presentaba a las juntas que hacía su hermano de vez en cuando, no le encontraba sentido, ya que él le contaba todo después, por lo que ahora tenía algo de tiempo libre, el suficiente para decidir qué hacer con el castaño que la seguía. Sin embargo, no pudo evitar sentir nostalgia, al estar en un lugar como ese, con los estantes por toda la enorme habitación, llenos de libros de todo tipo. Recordó cuánto le gustaba leer en su niñez, a pesar de que había sido entrenada por su hermano desde que tenía memoria, siempre que encontraba la forma de escabullirse para leer un buen libro, su hermano la encontraba y la golpeaba, argumentando que no quería verla perder el tiempo en esas patrañas. Simplemente se dejó llevar, recorrió poco a poco los pasillos que formaban los estantes, y se puso a ver todo el gran expendio de libros que allí había, mientras Hiccup estaba detrás de ella, inmóvil y todavía como una marioneta.

(...)

Los gemelos y el buen Fishlegs recorrieron algunas habitaciones de la planta baja, pasaron por un enorme comedor, una cocina, una sala de estar, una sala de juegos, y se dieron cuenta de que al parecer todas las habitaciones de ese lugar eran enormes. El lugar también estaba vacío, no se encontraron con nadie allí dentro, lo cual era raro, pues realmente esperaban toparse con alguien. Luego de recorrer los pasillos y cada uno de los espacios que allí había, llegaron a la entrada de unas escaleras, que descendían hacia un lugar poco iluminado.

— ¿Qué hacen unas escaleras aquí? — preguntó Ruffnut.

— Tal vez llevan a una especie de sótano — concluyó Fishlegs.

Luego de analizar un poco el lugar, decidieron comenzar a descender, poco a poco, con cada escalón que bajaban, su atención se incrementaba. La iluminación cada vez se hacia menor, hasta que llegaron a un punto dónde ya no podían ver los escalones, tuvieron que ir a tientas y muy despacio, hasta que se dieron cuenta que las escaleras habían terminado y ya estaban en suelo firme. Comenzaron a estirar los brazos y a tantear por todas partes, buscando algo que les permitiera guiarse acerca de dónde estaban.

— Qué tontería, ¿porqué entramos aquí? — dijo Fishlegs, al pensar que tal vez fue un error meterse allí.

— ¡Hola! — gritó Tuffnut.

— No grites, no sabemos que puede haber aquí — le dijo Ruffnut.

Tuffnut sintió una superficie firme con sus manos, podía tratarse de una pared, siguió tanteando hasta que sintió algo saliendo de la pared, al parecer era un interruptor.

— Creo que encontré algo importante — dijo.

Lo pulsó e inmediatamente la luz se encendió, iluminando todo el lugar, se trataba de un espacio muy grande, lleno de todo tipo de objetos, muebles, aparatos, ropa, todo regado y en desorden. Aún así, este no era un sótano como el que cualquiera se imaginaría, oscuro, húmedo, y maloliente. Este sótano era brillante, con los azulejos en el piso y las paredes pintadas, a pesar del desorden el lugar estaba limpio.

— ¡Hasta el maldito sótano es de lujo! — dijo Ruffnut sorprendida.

— Dudo mucho que Hiccup esté por aquí — comentó Fishlegs.

— Tal vez no esté aquí, pero hay un montón de cosas interesantes — dijo Tuffnut emocionado.

Los dos chicos se pusieron a hurgar entre todas las cosas que había allí, había ropa antigua, artilugios extraños como brújulas y compáses, mapas de la zona, desde muy antiguos hasta modernos. Incluso había juguetes de aquellas épocas, también había objetos de la época moderna actual, como por ejemplo, algunos muebles que allí había, como burós, mesitas de noche, etc.
Mientras ellos hacían todo eso, Ruffnut se puso a ver algunas pinturas y cuadros que había en la pared, había pinturas de paisajes, o retratos de gente que parecía importante, así siguió viendo todo eso hasta que un cuadro en específico llamó su atención. Era el retrato de una persona, específicamente una mujer, la cual tenía rasgos particulares que no la dejaban despegar la vista.

— ¡Oigan! — llamó a sus compañeros.

Éstos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para acudir al llamado.

— ¿Qué ocurre? — preguntó su hermano.

— Miren este cuadro — señaló ella, al cuadro puesto en la pared.

Los dos se quedaron viendo fijamente al cuadro, intentando descifrar lo que su amiga quería decir, en el cuadro podía verse retratada una muchacha, de cabello rubio, ojos azules, que usaba un vestido color rozado, larga y esponjado, estaba sentada en una lujosa silla, con porte de realeza y las manos sobre su regazo, con porte fino.

— Bueno, creo que es bonita — dijo Tuffnut sin entender muy bien cual era el detalle allí.

— Yo también lo creo — concordó Fishlegs — se parece a alguien que conozco — mencionó.

— ¿Es enserio? — Ruffnut quería darles un golpe a los tres — ¿no ven el parecido de esa chica con cierta persona que conocemos? — dijo en tono de obviedad.

— Se parece a...¿ti? — dijo Tuffnut sin saber que más decir.

— A lo mejor si se parece a ella — comentó Fishlegs.

— ¡No sean imbéciles! — Ruffnut se desesperó — es Astrid, se parece mucho a ella — dijo.

Los chicos volvieron a analizar la foto, como si no se creyeran nada de lo que dijo ella.

— Ahora que lo mencionas... — dijo Tuffnut pensativo — tiene cierto parecido —.

— A mi me parece que es idéntica — opinó Ruffnut.

— Realmente se parecen mucho — dijo Fishlegs — con razón se me hacia tan familiar — dijo con una risa.

— No sólo la cara, también la complexión se parece, hasta se ven de la misma edad — dijo Ruffnut.

— Pero, ¿quién es esta chica? — preguntó el rubio.

— Creo que... — Fishlegs notó algo en la parte inferior del cuadro, había una pequeña placa de oro en esa parte, con una frase grabada allí.

"Camicazi Hofferson
1932 — Año 0
Princesa del reino Lullaby".

Era lo que podía leerse en dicha placa.

— Allí dice que la chica se llamaba Camicazi, o algo así — mencionó Fishlegs, luego de leer rápidamente.

— Este cuadro ya es viejo, así que esta no es Astrid — concluyó Tuffnut.

— Según las fechas, está chica murió hace 50 años, ¿no? — dijo Ruffnut.

— Exacto, en el año cero, el año en el que terminó la guerra y reiniciaron el calendario — dijo Fishlegs — si hacemos las cuentas, la chica murió a los 18 años, el año cero vendría siendo el equivalente a 1950 — explicó — así que no encuentro explicación del porqué se parecen tanto —.

— Bueno, Astrid tiene 18 también, tal vez por eso se parecen — dijo Ruffnut — que tal que son familia o algo así — concluyó.

— Pero tendrían que ser familia muy directa para parecerse tanto — opinó Fishlegs — como hermanos, o padres —.

— No creo que esa chica haya tenido hijos tan joven — dijo Tuffnut.

— Es posible, hoy en día las chicas hasta con 14 años tienen hijos — dijo Ruffnut con diversión.

— Pero no tiene sentido, si Astrid fuera su hija, en este momento sería una señora de 50 años — explicó Fishlegs.

— Eso es cierto, no se que rayos pensar — opinó Ruffnut — creo que le hicieron este retrato poco antes de que muriera —.

— Es un poco triste que haya muerto tan joven — opinó Tuffnut.

— Oigan, ¿notan algo más? — preguntó Fishlegs de repente.

— No — contestaron ellos.

— Miren a su cuello — les dijo el chico.

— Oye, ¿qué tanto le andas viendo? — le preguntó Ruffnut con un toque de sarcasmo.

— No es el escote que tiene ese vestido, te lo aseguro — le dijo él con el mismo sarcasmo — pero ya hablando enserio, miren bien — dijo.

Los gemelos hicieron lo que él dijo, y miraron ese peculiar collar que la chica del cuadro tenía puesto en su cuello, Ruffnut fue la primera en notarlo.

— Esperen, no me digan que... — no pudo terminar.

— Ese collar también lo he visto en alguna parte — dijo Tuffnut.

— Sí, se parece mucho al collar que tiene Astrid — confirmó Fishlegs — lo cual hace que esto se ponga el doble de misterioso —.

— También parece ser el mismo — dijo Ruffnut.

— Pero no creo que sea el mismo, si no, ¿de dónde lo sacó Astrid? — dijo Tuffnut.

— Recuerden que ella tiene amnesia, ni si quiera ella misma sabe de dónde viene, puede ser una herencia familiar o algo así — les dijo Fishlegs.

— Eso querría decir que Astrid es descendiente de la realeza — opinó el rubio, aunque sólo era una suposición.

— ¿Pero dónde queda ese reino? — preguntó Ruffnut — jamás había escuchado de un reino o país con ese nombre —.

— Yo tampoco — mencionó el regordete — no sé porque esa chica tiene el mismo collar que ahora tiene Astrid —.

— Mejor vámonos — dijo Tuffnut — esto se pone misterioso y mi cerebro no puede con tanto — dijo riendo.

— ¿Desde cuando tu cerebro a podido con algo? — le dijo su hermana para molestarlo.

Se pusieron a discutir en lo que se dirigían a las escaleras para dejar el sótano, sin querer romperse la cabeza pensando en lo que habían descubierto, pero quizá la pregunta más importante y que se debieron haber hecho era, ¿porqué los berserkers tienen ese cuadro allí?, por ahora no lo sabrían.

(...)

Astrid, acompañada de Snotlout y Gustav, subieron por las amplias escaleras hacia la planta superior, que suponían, era muy grande. Al ir recorriéndola se dieron cuenta de que efectivamente el lugar era enorme. Pasaron por varios pasillos dónde había puertas, cada una dejaba entrar a una habitación, por lo que el lugar estaba lleno de habitaciones, aún así, todas las puertas estaban cerradas, por lo que no podían saber lo que estaba del otro lado. Al ver que el lugar era más grande de lo que pensaron, decidieron separarse para buscar más rápido, acordando que en 10 minutos volverían a reunirse, y en caso de no encontrar al castaño, bajarían para reunirse con el resto de sus amigos. Al llegar a una puerta más grande que el resto, y mejor decorada, Astrid se dio cuenta de que al girar la chapa, la puerta si abrió, por lo que decidió abrirla despacio para inspeccionar el interior.

— Ustedes vayan por allá — señaló en voz baja — si no encuentro nada aquí, iré con ustedes —.

— Está bien, sólo no te tardes — le dijo Snotlout estando de acuerdo.

Él junto con Gustav, se fueron a seguir recorriendo ese pasillo, mientras la rubia ingresaba al cuarto, cerrando la puerta despacio tras ella. Rápidamente se dio cuenta de que la habitación no era pequeña en absoluto, y tampoco era una habitación. Por la gran cantidad de estantes con libros, podía deducir que estaba en una biblioteca, recorrió despacio los pasillos que formaban los espacios entre los estantes, y vio asombrada la variada colección de libros que allí había, siguió recorriendo el lugar, olvidando momentáneamente su objetivo de buscar a Hiccup para prestar más atención a los libros que allí había. Uno de ellos llamó su atención, no era un libro como tal, más bien era una libreta que lucía muy vieja. Estaba acomodada entre los libros, pero se notaba que la habían puesto allí sin mucha delicadeza.
Al tomarla y abrirla notó que había muchas cosas escritas con lápiz en ella, cosas que no comprendía. Había direcciones, nombres de personas, de calles, de ciudades y pueblos, y un montón de notas. Al leer pudo ver que se trataba de una especie de diario, donde alguien escribió una especie de investigación que había estado haciendo. Esto lo confirmó cuando en una de las notas leyó la frase "teorías acerca de la ubicación del ojo del dragón". En todas las páginas de esa libreta, había relatos escritos por alguien, en primera persona, que al parecer había estado investigando acerca de la ubicación de dicho artefacto, el cual la chica aún no comprendía del todo bien. Leyó una parte que decía, que según lo que había escuchado en otros lugares, había una persona que estuvo directamente relacionada a la creación del artefacto, su nombre era Camicazi Hofferson, y fue una princesa del reino Lullaby, sin embargo, la chica murió en el año en que terminó la gran guerra, hace 50 años, y se desconocía todavía en dónde descansaban sus restos. También decía, en otra parte, que debido a ciertos datos que recaudó, tenía una teoría de que tal vez en el collar de la princesa había alguna pista de la ubicación del ojo del dragón, pero tampoco se sabía la ubicación de dicho collar, más adelante decía que mostraba un bosquejo de dicho collar. Astrid pasó rápido las páginas, con el fin de buscar el bosquejo, y cuando lo encontró, se quedó impactada. Era un dibujo, también hecho con lápiz, que mostraba el supuesto collar de la princesa, pero lo que la impactó es que el collar allí dibujado era idéntico al que ella traía en su cuello. Debido a la sorpresa, soltó la libreta, la cual cayó al suelo haciendo algo de ruido, y se quedó tratando de analizar mejor las cosas. Ya había escuchado mencionar al ojo del dragón, desde la pelea contra Alvin, pero ahora le daba curiosidad saber qué rayos era eso, y porque las organizaciones criminales se empeñaban tanto en encontrarlo, además, lo que más la preocupaba, era saber porque el collar de la princesa era igual al que ella tenía. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz femenina, suave, que preguntó tranquilamente.

— ¿Quién eres tú? —.

La rubia volteó sorprendida, pues fue algo inesperado, y pudo ver a una chica joven, delgada, de cabello negro y ojos negros que la miraba fijamente, no lucía molesta ni nada parecido.

— Yo... — Astrid todavía estaba sorprendida por lo que descubrió — sólo estoy buscando a alguien — dijo, intentando dialogar antes de iniciar un conflicto.

— Nunca antes te había visto por aquí — dijo Heather — ¿eres una intrusa? — preguntó.

— En realidad sólo estoy buscando a alguien — repitió la rubia — no quiero problemas —.

Heather puso atención a la libreta tirada en el suelo, cerca de la chica intrusa, notó que era esa libreta donde su hermano recaudaba todo lo que había averiguado con el paso de los años.

— Sabes, odio varias cosas, y una de ellas es a la gente fisgona y chismosa — dijo Heather, hablando en tono más amenazante.

— ¿Esa es una amenaza? — la rubia seguía intentando ser amable, pero comenzaba a costarle.

— Tómalo como quieras, me da igual — le respondió ella — lo que quiero que me digas es qué haces aquí —.

— Ya te dije que estoy buscando a alguien, no diré nada más — dijo Astrid perdiendo la paciencia.

— Admito que tienes pelotas para venir a meterte aquí, y eso que no eres hombre — dijo Heather entre risas — ¿tienes idea de quiénes somos? —.

— Son los berserkers, ya lo sabía desde antes de entrar aquí — respondió la rubia mostrando indiferencia.

— Exacto, y tienes que saber que mi hermano y yo no tratamos muy bien a los intrusos — dijo la pelinegra.

Fue cuando Astrid puso atención a la palabra "hermano", recordó a aquel sujeto contra el que peleó Hiccup en la Ciudad de los magos, al cual visitaron cuando estaba en su celda antes de ser trasladado, el hombre había mencionado al jefe y a su hermana, la segunda al mando.

— Espera un momento — Astrid se atemorizó un poco — no me digas que tu eres...¿Heather? — preguntó dudosa.

— Vaya, sabes mi nombre, supongo que somos más conocidos de lo que pensé — dijo ella riendo un poco.

La rubia sentía un poco de miedo, pero obviamente no lo demostraría, no era lo suyo mostrar miedo o temor frente a sus enemigos, así era comí consideraba ahora a la chica frente a ella.

— No tengo tiempo para ti, quitate de enfrente y dejame irme — le dijo Astrid amenazante.

— ¿Eres una agente del gobierno o del ejército? — le preguntó ignorando lo dicho por la rubia.

— No soy nada de eso, sólo soy una chica normal buscando a alguien — dijo Astrid comenzando a enojarse.

— ¿A quién buscas? — preguntó de nuevo.

— No te lo diré, ¡ahora quitate! — dijo la rubia comenzando a levantar la voz.

— ¿Segura que no me lo dirás? — dijo ella confiada.

— No se que pretendes, pero no voy a caer en tu juego — dijo Astrid desafiante.

— Eso lo veremos — una sonrisa apareció en el rostro de Heather — escuchar mi voz tu debes, porque resistirte no puedes, debes saber que desde ahora, harás mi voluntad a toda hora — recitó la chica, sin embargo, no terminó la última linea del conjuro.

Astrid por su parte se quedó callada, confundida al no saber que diablos estaba diciendo aquella chica, la confusión podía verse en su cara.

— No me lo creo — dijo Heather sin más.

— ¿Qué tonterías estás diciendo? — le dijo Astrid — quitate de mi camino, ya no quiero irte — dijo.

— Ya conoces mi magia ¿cierto? — le preguntó la pelinegra.

— Por supuesto que no, y sinceramente no me importa — le dijo ella, ya sin paciencia.

— Claro que la conoces, mi magia prohibida — la rubia nuevamente se sorprendió al escuchar lo dicho por la pelinegra — el "Mind Puppet", me permite entrar en las mentes de las personas y controlarlos a mi voluntad, se activa en cuanto la persona escucha el conjuro que estaba recitando hace un momento — explicó.

— ¡No me importa! — dijo Astrid fingiendo indiferencia, aunque por dentro se asustó un poco al saber que estaba frente a una maga prohibida.

— Sin embargo, mi magia tiene una debilidad, no funciona en personas que ya saben de la existencia de ésta — siguió explicando ella — por eso pienso que tu ya sabías de ella, y eso me impidió controlarte —.

— Yo...no tenía idea — la rubia seguía disimulando — ahora dejame ir —.

Heather se le quedó mirando, durante un par de minutos, lo cual tenía aún más nerviosa a la rubia, que intentaba poner una cara de seriedad.

— No, no era por eso — dijo Heather seriamente — lo que está bloqueando tu mente es otra cosa — dijo ella — cuando ya sabes acerca de mi magia, tu mente se bloquea inconscientemente, pero la tuya no está bloqueada por eso — le dijo.

— No me importa, quiero que te quites — dijo Astrid.

— Es como si casi no hubiera nada en tu mente — dijo ella — ya veo, tienes amnesia ¿verdad? —.

— Eso es algo que no interesa — dijo Astrid.

— Si, esa es la razón por la que no pude controlarte, tu amnesia bloquea tu mente — dijo Heather sin darle importancia, luego comenzó a darse la vuelta — escucha, hoy no tengo ganas de andar aplastando cucarachas, así que voy a darte la oportunidad de que te vayas y no vuelvas a poner un pie aquí nunca más — le dijo.

— Si me voy va a ser cuando yo quiera, no cuando tu me lo digas — dijo Astrid desafiante, odiaba que le dieran órdenes.

— Está bien, puedes quedarte aquí a esperar a que mi hermano te encuentre, el no será piadoso contigo en lo absoluto — advirtió la chica — de todas formas no tengo tiempo para ti, debo deshacerme de un chico que encontré en el bosque — dijo ella.

— ¿En el bosque? — esa última frase llamó la atención de la rubia — ¿cómo es? — preguntó refiriéndose al chico que ella había mencionado.

— ¿Enserio quieres seguir charlando? — dijo Heather — ya te dije que no tengo tiempo — dijo en tono de broma.

— Espero que no sea quien estoy pensando — dijo Astrid apretando los puños.

— Puedo controlar mentes, no leerlas como tal, así que no sé que estás pensando — dijo la chica todavía en tono de burla.

— Dime como es, ¡no estoy para tus juegos! — de repente Astrid ya no sentía miedo, ahora comenzaba a sentir furia, y sentiría más si se confirmaba su sospecha.

— Ya te dije que me voy a deshacer de él, sin quieres puedes acompañame — sugirió la chica siguiendo con su burla.

Astrid no pudo más, se llenó de valor y desenvainó la espada de Hiccup, que cargaba atrás de ella, tomándola entre sus manos.

— Dímelo, o te obligaré a decirlo — amenazó ella.

Heather reconoció la espada que cargaba la rubia entre sus manos, y no pudo evitar soltar unas sonoras carcajadas.

— No puedo creerlo — dijo ella entre risas — ¿buscas al chico castaño? — dijo entre risas — que pequeño es el mundo ¿no crees? —.

Las palabras de la chica confirmaron las sospechas de Astrid, quien apretó más fuerte el mango de la espada, dispuesta a sacarle la ubicación de Hiccup aunque fuera a la fuerza. La espada no se encendió en fuego, debido a que sólo funcionaba en usuarios de la magia "fire control", pero aún así servía como una espada normal.

— Dime donde lo tienes — ordenó la rubia.

— Oblígame — dijo Heather mirándola fijamente con mirada burlona.

— Si quieres esto por las malas, por las malas será — dijo Astrid, dispuesta a averiguar dónde estaba Hiccup a como diera lugar.

— No estás para saberlo pero, me encantan las cosas por las malas — dijo Heather también desafiante.

Lo que la rubia no sabía es que Hiccup estaba en esa misma biblioteca, Heather le ordenó que se quedara quieto, cuando ella fue a investigar el ruido que escuchó, producido por la libreta que Astrid dejó caer. Aunque eso ya no importaba mucho, al parecer una batalla se desataría allí, y todavía faltaba ver cual era la otra magia de Heather, ya que como se sabía, los magos prohibidos poseían dos magias.

(...)

En la isla remota, a cientos de kilómetro lejos de allí, el hombre cuidador de los dragones se hallaba sentado sobre una roca, con un extraño objeto alargado en las manos.

— Qué lástima que ella haya tenido que hacer lo que hizo sólo por esta cosa — dijo el hombre anciano hablando consigo mismo, junto a él estaba la dragona color azulado — este objeto todavía tiene su olor impregnado, a pesar de haber pasado por tantas manos, lo bueno es que Toothlees pudo captar su aroma, y así ayudarse a encontrarla — explicó él.

Se levantó de la roca, y miró al cielo, se trataba de un rojizo atardecer, que él contemplaba mientras los recuerdos lo invadían.

— Estoy seguro que Toothlees en cuanto la huela podrá identificarla, y entonces debe traerla aquí, no que alguien tenga su mismo olor —dijo el hombre, mientras la dragona se acercaba lentamente por su espalda — pero ya tardó demasiado y no ha vuelto — el hombre se dio la vuelta y acarició a la dragona — ya lo pensé bien, y pronto enviaré a otro dragón a buscarla, pero no serás tú — le advirtió — ahora acompañame a alimentar a los látigo afilado que nacieron hace poco — le dijo.

El hombre se guardó el objeto que traía en las manos, en el bolsillo del pantalón, y luego comenzó a recorrer la isla, junto con la dragona. La isla era algo grande, y el hombre la había bautizado como "la orilla del dragón", justo como ella se lo pidió. Una isla que hasta ahora no había sido visitada por humanos, y en donde los dragones habitaban tranquilos y hasta habían comenzado a reproducirse, como en su hábitat natural. El anciano siguió caminando por entre las veredas y la vegetación, mientras el ojo del dragón, que se había metido en su bolsillo, tintineaba.

Continuará en el Capítulo 16: "Revelaciones, Parte 2".

Y hasta aquí lo dejaré por hoy.

En el próximo capítulo veremos la pelea de Astrid contra Heather, pero esto no quiere decir que ella tendrá todo el protagonismo, también los demás personajes tendrán algunos problemas, y deberán superarlos.
En este capítulo hubo algunas revelaciones, tanto para los lectores como para los personajes de esta historia, aún así, el misterio todavía no se aclara, y quedan algunas pistas por revelar.

Gracias a todos los que comentan y votan en la historia, les agradezco todo el apoyo, también a los que leen sin dejar ningún rastro de su existencia jajaj, con el simple hecho de que lean es suficiente. Yo me despido y hasta la próxima :)