si ya sé que no tengo perdón de kami debí haber actualizado hace siglos (o de perdida hace una semana) pero mis "adorados" sobrinos arruinaron mi borrador así que tuve que empezar de nuevo y sinceramente no había podido escribir algo medianamente decente por lo menos pero al fin logre algo que vale un poco la pena espero que me perdonen y prometo que tratare de actualizar más rápido
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Kaede
Caminaban rumbo al instituto uno junto al otro en silencio como si fueran desconocidos pero vaya que no lo eran ella llevaba una sonrisa en el rostro, él con la misma expresión de siempre: indiferencia, su rostro rara vez mostraba alguna emoción y cuando lo hacían eran a causa de una sola cosa: tenis, es por eso que al llegar a la entrada del instituto cuando todas las miradas se posaron sobre ellos no se altero, al contrario de su acompañante que tomo su muñeca para hacer notar su incomodidad acercándose a él para susurrarle
- Ne Ryoma ¿Es normal que todos me miren como si nunca hubieran visto a una chica?-
- Solo ignóralos - susurro de regreso sin dejar de mirar al frente caminando hasta detenerse frente del edificio - La inscripción al club es después de clases y los entrenamientos comienzan mañana -
- Ok entonces te veré después - se despidió y entro al edificio ya que tendría que ver al director antes de unirse a su grupo, sin embargo no había forma de ignorar las miradas que se quedaron clavadas en ella desde que cruzara la puerta del instituto y más aún cuando la vieron hablar de lo más normal hablando con Ryoma
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Apenas había logrado llegar antes que el maestro, no podía creer que se hubiera quedado dormida era su ultimo año y muy seguramente su última oportunidad para ser reconocida por la persona que le robo el corazón desde hace años: Echizen Ryoma el cual regreso a finales del semestre pasado para ocupar el lugar que le correspondía como capitán y pilar del seigaku. Para ese entonces ya formaba parte del cuadro titular del equipo femenino, aun así seguía cometiendo un sin número de torpezas frente a él ese era la mayor razón por la que estaba segura nunca dejaría de verla como la tonta nieta de la entrenadora Ryuzaki, sus pensamientos divagaban en ello cuando llego al salón por lo que poco pudo apreciar del alboroto existente donde solo lograba apreciar que pronunciaban el nombre de su amado príncipe o tal vez solo era su imaginación haciéndole malas pasadas como muchas veces ocurría, por lo cual intento averiguar qué pasaba cuando su mejor amiga la tomo del brazo y comenzó a llamarla
- Ne, ne Sakuno lo has oído hay una nueva alumna dicen que viene de Alemania ¿Cómo crees que sea? Seguramente es una de esas chicas rubias y bobas que se creen superiores - dijo mientras la seguía jalando discretamente hasta su lugar
- Tomo-chan deberíamos esperar hasta conocerla para opinar - contesto la chica de largas trenzas
- Pero Saku… - se vio interrumpida por el sonido de la puerta al abrirse el maestro se adentro en el salón que quedo en silencio desde que la puerta comenzó a abrirse y toda la atención se centro en él y en la persona que se quedo parada en el umbral de la puerta
- Bien como todos ya saben hay una nueva alumna y se incorporara a este grupo así que espero que la hagan sentir en casa - por la puerta entro una chica de cabello negro con destellos azules un poco mas debajo de los hombros de ojos azules muy claros algunos podían jurar que grises, y piel ligeramente bronceada con el uniforme típico de la escuela
- Hajimashite soy Meino Kaede espero que nos llevemos bien - saludo sorprendiendo a todos pues esperaban algo completamente diferente
- Bien señorita Meino tome asiento junto a la señorita Ryuzaki - dijo el maestro al término de su pequeña presentación - Señorita Ryuzaki alce la mano para que su compañera sepa quién es y le pido se encargué de ser su guía por el día de hoy - añadió el maestro antes de volverse hacia el pizarrón para comenzar con su clase
Kaede emprendió el camino hacia el lugar que le indicaron al llegar esbozo una tímida sonrisa a su forzada guía pero al mirarla esa sonrisa se convirtió una sonrisa de felicidad pues la reconoció enseguida era la chica la que había conocido hace una semana en el parque mientras practicaba la chica le agrado desde el primer momento hablaron un poco, pero aun antes de eso tenía la sensación de haberla visto en otro lugar.
Por otro lado Osakada veía a la recién llegada con recelo recordaba haberla visto llegar junto al príncipe, así como verla tomarlo por la muñeca y hablarle cuando se encontraron frente al edificio principal, al ser una chica nueva le pareció que no había nada de raro pues bien podría haberle pedido que le indicada el camino a Seigaku y pedir referencia sobre la oficina del director pero ahora que veía la sonrisa que le dedico a su amiga pensaba muy diferente, la chica nueva había sonreído a su amiga pero a ella le parecía más bien una sonrisa maliciosa como si estuviera atenta para atacar, por ello cuando el timbre sonó anunciando que la clase termino y el inicio del primer descanso se acerco rápidamente a ella para escuchar de que hablaban
- ¿Kaede-chan vienes a almorzar con nosotras? - pregunto la chica de trenzas mientras la morena recogía sus cosas en la mochila
- Claro, solo tengo que ver a alguien antes así que dime ¿donde las veo? - contesto la morena mientras tomaba su mochila y se enfilaba hacia la salida
- Tomo-chan y yo solemos almorzar en el árbol que está cerca de las canchas ¿segura que no tendrás problemas para llegar? - se encontraba dudosa pues aunque le habían pedido ser su guía la chica se había negado alegando que no lo necesitaba y solo hubiera aceptado si fuera otra persona a quien lo hubieran encomendado pues no habría tenido valor para decirle que ya conocía el lugar
- Claro, nos vemos - respondió dejando ver su mano diciendo adiós a través del hueco de la puerta
- Sakuno - la voz de la castaña se escucho a sus espaldas era dudativa pero también con un ligero dejillo de molestia
- Tomo-chan me espantaste - la chica de cabellos caoba separo las manos de su pecho al ver a su amiga frente a ella - Kaede-chan estará con nosotros no te importa ¿verdad? -
- Sakuno ¿ella te agrada? - pregunto intentando no mostrar su preocupación
- Hai, Es muy linda siempre se ha portado muy bien conmigo - contesto mientras guardaba sus cosas en la mesilla que compartían se veía una hoja que recordaba estuvo pasando entre ambas chicas durante la clase y antes de que se percatara de ello la castaña la tomo y la escondió en su falda
- ¿Siempre? - pregunto mientras desviando la atención
- Bueno solo la he visto dos veces hace una semana en el parque cuando la conocí y hoy, pero es muy amable ¿Por qué preguntas Tomo-chan? -
- Por nada Sakuno - contesto desviando la mirada
- Tomo-chan… kaede me agrada pero tú siempre serás mi mejor amiga - dijo la pelicaoba al ver el semblante de su amiga y compañera pensó que este se debía que se sentía desplazada por la recién llegada
- Hai, mejor vamos se hace tarde -
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Sentadas bajo un árbol cerca de las canchas de tenis femeninas se podía apreciar a un grupo de chicas reunidas alrededor de otras tres que intentaban comer o al menos una de ellas lo intentaba, pues era constantemente acosada por las preguntas del resto no quería ser grosera pero se sentía realmente incomodo con todas esas preguntas y sin poder consumir sus alimentos
- Chicas, voy a estar aquí así que tendrán todo el año para preguntar lo que quieran - trato de calmar a la cantidad de chicas que las rodeaban, la incomodidad de sus acompañantes era evidente y temía más por ellas que por ella misma
- Estas diciendo que no contestaras a nuestras preguntas - dijo de forma amenazante una de ellas
- No quise decir eso… solo que pregunten de una a la vez - respondió la pelinegra al parecer negarse a contestar era más peligroso de lo que pensó
- ¿Eres alemana? - pregunto una
- No, estuve en Alemania el último año pero soy de aquí -
- ¿Por qué no te quedaste allá? - se escucho a otra
- Mi tiempo de estancia se acabo - contesto con cierta molestia evidenciando que no quería hablar de ello
- ¿Por qué no volviste al instituto en el que estabas? - pregunto alguien más
- Fue decisión de mis tíos, debí venir a Seigaku desde el principio pero no lo hice, así que no pude negarme nuevamente -
Antes de que alguien pudiera agregar alguna pregunta el timbre sonó anunciando el término del receso, por lo cual cada una de las reunidas se apresuro a dirigirse a su salón, las tres chicas que se habían visto rodeadas caminaban tranquilamente hacia el gimnasio donde tendrían su próxima clase
- Ne ¿Kaede puedo hacerte una pregunta? - hablo de repente la castaña quien se había mantenido callada desde que se encontraran para almorzar
- Claro - contesto la chica tratando de sonar amable ya que percibió cierta hostilidad en la voz de su compañera
- ¿Por qué no viniste a Seigaku desde el principio? - dijo, la pregunta con seguridad la hubiera formulado cualquiera pero ya no hubo tiempo
- Porque aquí será igual o peor que en todos lados… - susurro de forma triste con su mirada clavada en el suelo obteniendo una mirada de desconcierto por parte de sus acompañantes al notarla alzo la mirada y agrego - no se preocupen pronto lo averiguaran -
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Por la tarde la nula actividad en los clubs al ser el primer día de clases anunciaba que todos los alumnos se habían retirado dejando vacías las instalaciones del Seigaku sin embargo no era del todo cierto, en el patio se podía apreciar a una figura masculina paseando de un lado a otro hasta que la puerta del edificio se abrió dejando ver la figura de una chica salir por ella
- Ya era hora - cometo el chico al darse cuenta de quién era la persona que salió por ella
- Calma, no es mi culpa que mi expediente no llegara completo y me haya tenido que pasar más de una hora en la oficina del director - dijo la chica mientras se acercaba a él - Además podrías haberte ido sin mí, te aseguro que puedo regresar sin perderme - concluyo con una sonrisa
- Hmp - fue todo lo que se escucho por parte del chico
- Vamos Ryo-chan era broma, sabes que me encanta que me esperaras - dijo mientras jugueteaba con su dedo en la mejilla del chico y después agrego - Pero será mejor irnos ya es un poco tarde y no quiero que mi tía se preocupe - lo tomo del brazo y comenzó a correr con él a cuestas, sin percatarse de que había dos personas quienes contemplaron en total silencio la escena una con una sonrisa maliciosa la otra con una clara duda en el rostro
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