Hola mis amados lectores :D! Sé que estoy atrasada con la actualización de este fic ^^;... pero espero que les guste :D

Para los que quieren saber más, en mi página deviantART ya está publicada el capítulo 7 de "La Última Misión", por si no aguantan el suspenso xDDD (aunque hasta ahora no he sido misteriosa en ese asunto...)


La Última Misión

Capítulo II

Luego de varias horas de largo viaje, el sol comenzó a aparecer por la lontananza, y con él, también los primeros vestigios de una gran ciudad, con sus edificios y una edificación bastante peculiar, con un reloj gigante en el frente.

Ya con los rayos del astro rey cegando sus ojos, Renata se los restregó, después de despertar de su sueño. Su vida había dado un giro tan inesperado, que el cansancio logró por vencerla.

Contemplando con sus manos apegadas a la ventana, a medida que se acercaban cada vez más a la ciudad, observaba maravillada como se paseaban las personas a tan temprana luz del día. Las ferias, los autobuses rojos de dos pisos, la curiosa arquitectura de los palacios y abadías. Siempre había escuchado de las interesantísimas leyendas de héroes antiguos, caballeros, reyes y princesas, pero nunca habría creído que un día pudiera conocer el lugar en dónde se hicieros acabo aquellos relatos.

El anciano que la acompañaba sonreía al darse cuenta de la curiosidad de la chiquilla.

- ¿Dónde estamos, señor? –preguntó Renata en un hilo de voz.

- ¿Si en dónde estamos? ¡Es Londres! ¿Qué no ves?

- Sí, pero en la tele no se ve muy grande.

- Es que en la tele no se le muestra como en verdad es, niña.

El vehículo fue alentando un poco la marcha, por el hecho de ya ir en calles un poco más angostas. Pasaron cerca del Big Ben, uno de los sueños que deseaba con anhelo la pequeña peliverdeazulada, pero todavía no podía olvidar a su abuelo, preocupada de qué haría él sin ella en casa.

Cruzando el puente del Támesis y unas cuantas autopistas más, llegaron al otro extremo de Londres, por los suburbios. Casas con jardines decorados con árboles frutales, arbustos; llegando a los barrios bajos más adelante, donde pudo ver la otra cara de la famosa ciudad. Gente deambulaba por las calles con sus ropas avejentadas, vagabundos tratando de calentarse con lo que podían y niños viviendo debajo de los puentes. La niña no pudo sentir más que compasión por aquellos desdichados.

Ya al rato habiendo desaparecido gran parte de los últimos barrios, solo quedaba una carretera, que parecía ser infinita y desierta, bordeando entre praderas, pastizales y algunos árboles. Extrañamente, el conductor frenó el auto, deteniéndose a uno de los costados.

- ¿Llegamos? –dijo Renata algo confundida.

- Más o menos, amiguita, pero por favor, cierra los ojos –le contestó William.

- ¿Qué? –entonces el hombre de negro que iba adelante sacó una especie de lata para aerosol y lo roció en la nariz de la chica, quien luego de emitir un estornudo, sintió que un velo ennegrecido se acercaba a ella y desde entonces no supo lo que pasó después…


Poco a poco todo se fue aclarando para Renata. A medida que sus ojos se abrieron, la sensación extraña e incómoda, que parecía que le hubiesen golpeado la cabeza era cada vez más convincente. A pesar que ya había podido abrir los ojos, lo único que veía era de nuevo un entorno oscuro, sin señales de nada, ni siquiera un sonido. Por unos minutos pensó que se había vuelto ciega o algo por el estilo, cuando un ruido mecánico rompió el silencio y enfrente de ella se abría lo que aparentaba ser una puerta que se abría de abajo hacia arriba, al revés como lo hacen los puentes levadizos medievales.

Debido a la forma tan brusca al cual sus ojos pasaban de oscuridad a claridad, tuvo que colocar la palma de su mano como sombrilla para protegerse. Cuando todo se volvió más cómodo para seguir observando, cruzó el umbral y lo que se mostró delante era una escena curiosísima.

Un amplio campus como el de las universidades se ubicaba a unos metros, con un pasto verde y mullido, seguramente bastante cuidado por personas que se encargaban de aquella tarea. Más allá había un edificio con un estilo escolar muy obvio en los detalles, hecho de ladrillos y pintado de beige. Lo que dejaba muy intrigada a la niña era que había muchos chicos, de su edad y más, incluso unos de 18 años, pero separados en distintos grupos según los años que tenían.

Los que tenían 10 años como ella, usaban sus ropas normales, estaban un poco aturdidos, ya que eran nuevos. El resto solo vestía un uniforme específico. Las muchachas una blusa blanca con una falda del color que escogieran ellas. Los muchachos pantalones gris, un chaleco a depender del color que eligiesen y camisa blanca con líneas de color a elección que formaban cuadrados.

Se notaba que con respecto al uniforme había bastante libertad, pero había un aire de disciplina entre los que llevaban años de estudios.

Como no quería parecer un bicho raro, se acercó al grupo de los niños con su misma edad.

Entre ellos había mucho parloteo, el ir y venir de palabras, de preguntas de porqué estaban allí y no recibían respuestas por ellas. Renata no emitió ningún sonido, solo escuchaba con atención. Observó hacia el cielo y para su sorpresa, a solo unos cientos de metros encima, había una cúpula de cristal, que mostraba un cielo azul y con algunas nubes, más el sol, pero más que un reflejo, daba la impresión que era una grabación en varias pantallas.

- ¡PELEA PELEA PELEA PELEA PELEA…! –repetía los demás chicos incluyendo a los mayores.

Dejando de mirar el domo, el grito de los jóvenes la sacó de sus pensamientos. Varios niños se rodeaban como hacía antes la gente para ver un circo romano. Intrigada, se abrió paso entre la euforia de los muchachos para encontrarse con esta escena:

La causa de tanta gritería era que dos chicos estaban en guardia para enfrentarse el uno al otro.

Uno de ellos era alto, robusto, por su estatura era verdaderamente obvio que era mayor que ella, imponía autoridad y tenía las mangas de su camisa arremangadas con los puños cerrados para atacar. El otro, de menor edad, era solo un niño, con cabeza en forma de triángulo, ojos claros celestinos que expresaban una mezcla de temor y furia, como quien no está seguro de lo que va hacer. De cabello castaño oscuro. Sobre su nariz, dos lentes circulares color negro.

- ¡Prepárate para morir, cabeza de pizza! –amenazó el bravucón.

El niño, temblando del terror, levantaba sus brazos para poder defenderse, aunque su oponente aún no lo atacaba.

- ¿Qué sucede? –le preguntó Renata a un chico que estaba a su lado.

- El cabeza de pizza estaba comiendo un plátano, cuando Bob pasó encima de la cáscara que había tirado al suelo y resbaló. Ahora quiere venganza, por tanto…

- ¿Por tanto qué?

- Nadie que ha enfrentado a Bob ha sobrevivido un día. ¡Todos lo saben! ¿Tú eres nueva?

La peliverdeazulada entendió que de esta situación, el débil niño no podría contra tal enemigo. Era injusto lo que pasaría, a pesar que no conocía bien al muchacho, haría todo lo posible por salvarlo, pero primero tendría que idear un plan, por muy improvisado que fuera.

- ¿Qué? ¿Acaso la gallina no puede dar el primer golpe? ¡Defiéndete! –Bob empujó al chico por los hombros, haciéndolo caer al césped. Todos emitieron un "¡Oooooooh!" de impresión. El atacado se levantó, sacudiendo la tierra de sus pantalones. Todavía no quería golpear al mató, hacerlo era dictar su propia sentencia de muerte, así que solo le dio la espalda, con la cabeza gacha.

"Por favor… Dios, necesito una idea…" –rogaba Renata en su interior.

Se le estaba acabando el tiempo. El bravucón, se sintió ofendido al ver que el niño le daba la espalda. Furibundo como un toro enloquecido, puso todo el peso de su cuerpo y se lanzó contra él. El castaño se dio vuelta para encontrarse con la figura aterradora de su enemigo, que sus movimientos se frenaron y quedó en estado de shock.

Todo parecía perdido para él.

De pronto, en solo tres segundos, Bob saltó por los aires y cayó entre los botes de basura que estaban hacia unos metros. Nadie supo cómo pasó, fue tan rápido que ninguno se dio cuenta.

Hasta que vieron que Renata se levantaba con dificultad del suelo. Estaba justo en el lugar en donde había estado hace un rato corriendo hacia toda velocidad el matón.

Había sido ella…

Había empujado con lo que daba su peso contra Bob para que no hiriera al muchacho…

Lo que significaba que era una…

- ¡VIVA LA GRAN HEROÍNA! –gritó un chico que estaba cerca. Entonces todos saltaron con ganas, bailando y aclamando a la pequeña. Entonces, antes que pudiera ponerse derecha, la tomaron de los brazos y la llevaron a cuestas por toda la escuela, pero toda la reacción había dejado perpleja a la niña.

- Pero… ¿qué he hecho yo? –dijo ella aunque nadie la escuchó.

- Niña, ¿cuál es tu nombre? –preguntó alguien que no pudo ver.

- Renata Abbott –fue su humilde respuesta.


Ningún profesor se dio cuenta de la hazaña de la nueva alumna. Al rato llegó uno, para darle la orden a los recién llegados de que eligieran el diseño de sus uniformes. No había mucho que escoger, pero Renata supo elegir bien de acuerdo a su gusto. Una falda púrpura y un lazo del mismo color, para hacer juego. No era muy cómodo el vestuario, pero era lo mejor que había. Luego de que los demás buscaran su parte, le dieron a cada uno varias prendas para diferentes ocasiones más uniformes limpios para los días de clases.

Después los despacharon temprano, asignándolos a pequeños dormitorios, con una litera para dos personas.

"¿Esto significa que tendré una compañera?" –fue lo que pensó la niña al escuchar la orden.

Para su breve consuelo, al llegar a su habitación, en la sección de las damas, entró y no había tal compañera. Solo estaban sus cosas, las que no había visto desde que perdió el conocimiento en el automóvil. Revisó si estaba todos sus recuerdos de su abuelo y al asegurarse de que estaba todo intacto y que no habían hurgueteado en el bolso, suspiró de alivio.

Pero no predecía lo que sucedería después…

- ¡Hola! –saludó alguien detrás de ella.

- ¡Aaaaaaaaaah! –dio un salto Renata del susto. Felizmente, solo era una niña de cabello púrpura, ojos color miel y lentes rojos, al igual que su uniforme.

- ¿Qué te pasa? ¡Parece que hubieras visto un fantasma! –se burló la recién llegada, con un peculiar acento francés.

- ¿Y tú… quién eres?

- ¡Oh! Mis modales –se disculpó mientras dejaba en el piso de madera una mochila llena de peinetas y cartas -¡Soy Francine Bouvier! Vengo de Francia ¡Seré tu compañera de cuarto!

- ¿Compañera de cuarto? –dijo Renata como si no tuviera idea qué significara aquellas palabras.

- ¡Ya sabes! Dormiremos juntas ¿No es genial? ¡Será una pijamada permanente! –contestó entusiasmada –Oye, todavía no me has dicho tu nombre ¿Cómo te llamas?

- ¿Yo?

- ¡Sí, tú!

- Pues… mi nombre es Renata Abbott…

- ¿Renata? ¡Qué lindo nombre! ¿Puedo decirte Renny?

- Renata sería mejor…

- ¡Oh, vamos! ¡Seremos amigas!

- Bueno… si tú quieres…

- ¡De lujo! ¡Compartiremos todo! Aquí tengo muchas cosas que traje desde Francia ¿No quieres un dulce de caracol?

Renata negó el ofrecimiento, lo que Francine entendió sin problemas.

Pasaron largo rato conversando de cómo llegaron a la Academia. El padre de Francine era un agente inglés, mientras que su madre solo una fotógrafa parisina. A pesar de ser francesa, el hecho que de línea paterna fuera inglesa le daba el derecho de estudiar en Londres y no en la Academia de Francia. Al igual que ella, le costó mucho separarse de su mamá, pero desde que tenía memoria estaba consciente que tendría que partir para ser espía.

Al oír Renata esto último, mordió su labio de solo pensar que George nunca le había dicho la verdad.


Al día siguiente, comenzó la aventura…

Renata nunca había pasado una noche tan mala. Había pasado aquella madrugada pensando en su abuelo, en cómo estaría y los ronquidos de su compañera de litera no la dejaba dormir, quien había pedido la cama de arriba.

Había perdido el sueño y cuando pudo recuperarlo, eran las cuatro de la mañana. Para colmo, tocó el timbre para levantarse una hora después, y al despertar lucía unas ojeras dignas de un mapache.

En cambio Francine, lo había pasado genial. Tenía el rostro sonrojado y descansado, todo lo contrario a Renata.

- ¿Te sucede algo, Renny? –preguntó la francesa.

La niña no contestó, creyendo que después volvería a preguntar y le iba a contar lo que había pasado.

- Ah, bueno –dijo Francine para su decepción.

A pesar que hubiese querido escuchar otra cosa, no insistió en el tema.

Para Renata, Francine era una chica un tanto autorreferente, no presumida, algo vanidosa pero una buena persona. A pesar que tenían ciertas cosas diferentes, tal vez podrían ser, como decía ella, amigas. De todos modos Franny (como quería que la llamaran), ya la consideraba así, por lo tanto no habría muchos problemas para llevarse bien.

En un mare magnum de niños, se dirigieron juntas hasta el comedor de la Academia, para la primera comida de la jornada: el desayuno. Además que la institución tenía otros fines aparte del estudio, no había nada diferente a una escuela normal, solo que este tenía un diseño de internado y los estudiantes más avanzados usaban aparatos realmente extraños. Desde monopatines voladores que se podían transformar en skates con solo quitar el soporte para apoyar las manos, hasta arneses y teléfonos celulares semejantes a los más modernos e incluso más de los que hay hoy en día, lo que era extraño para aquellos años.

A los novatos no se les tenía permitido la usanza de las herramientas más básicas para el espionaje hasta pasar la última prueba del semestre.

La peliverdeazulada recogió la porción de alimento que le correspondía y mientras esperaba que Franny sacara la suya, de reojo pudo observar que en un rincón lejano del casino, estaba el muchacho del día de ayer, al cual había salvado del bravucón. Este levantó la mirada hacia donde estaba Renata, y esta sintió un pequeño rubor en las mejillas ¡Sentía vergüenza que la haya descubierto!

Trató de evitar de mirarlo de nuevo y bajó el rostro.

- ¿Qué te pasa, Renny? ¡Estás roja! –se percató Francine.

El solo comentario bastó para que se sonrojara más de lo que estaba.

- ¡Y tienes fiebre! –agregó poniendo su palma en la frente de su amiga –Mejor será que te tomes la leche fría y vayas al baño para mojarte la cara…


Ya siendo las ocho de la mañana, había llegado la hora de comenzar las clases. Este era el primer día, se podía ver, pues nadie tenía la menor idea de qué libros llevar ni el horario que se habría de tomar. Los que llevaban más tiempo de ellos, habían explicado a Renata que ellos en verano no se iban de vacaciones a sus hogares. El día en que partieron fue el último en que pudieron ver a sus seres queridos. Muchos de ellos estaban al tanto de lo que pasaría, pero otra gran parte se les había ocultado la verdad hasta el mismo día. Los que no estaban preparados, sufrieron mucho por la separación, pero con el tiempo lo supieron llevar bastante bien.

Así que en los veranos se quedaban en la Academia, con ciertas libertades para recrearse entre ellos, pero bajo estricta supervisión de los profesores de Historia Marcial, los que eran tenientes, mayores y los que daban clases a los que cursaban secundaria, eran coroneles.

La primera vez que vio pasar a aquellas autoridades por los pasillos, Renata sentía que le corría un escalofrío en la espalda de solo observar a uno que tenía una horrenda cicatriz que pasaba por encima de su ojo, que estaba parchado.

Había tocado el timbre, así que la niña, seguida de su amiga caminaron hasta ubicarse en donde supuestamente debería estar su salón, y para su suerte, allí estaba la puerta que con letras grandes decía: 5° grado A

- ¿5° grado A? –habló confundida Francine -¿Esta es?

- No lo sé, no me acuerdo con cuál maestro nos habían asignado…

- ¡¿Cómo que no te acuerdas?

- ¡Ay! Tampoco es mi culpa, Franny, además… ¿No que te habían entregado a ti la tarjeta y la perdiste?

Al estar observando el letrero, se dio cuenta que abajo decía otra cosa: Maestro William Hugges.

"¿William Hugges…?" –cavilaba Renata en su mente.

- ¿Qué piensas tanto?

- Oh, nada Fran… Bueno… creo que es aquí…

- ¿Segura?

Ni siquiera obtuvo respuesta, porque la chica ya había entrado al aula. A pesar del recelo de Francine, esta la siguió un poco desconfiada.

Todavía no había llegado el profesor, solo estaban los muchachos que habían llegado antes, quienes como niños y nuevos es el asunto, seguían esas costumbres anteriores como tirarse papeles, avioncitos y los chicos seguían molestando a las niñas que les gustaban mientras ellas escribían diarios, cartas y mensajes.

- Creo que nos adaptaremos bien a esto… -dijo Renata.

- ¿Adaptarnos? ¡Esto es como estar en casa! –exclamó la pelimorada, quien se sentó apresurada a un pupitre reservando uno a su amiga.

Antes que pudiera la de cabello verdeazulado tomar asiento, volvió a darse cuenta que aislado, allí estaba de nuevo el chico con cabeza triangular de ayer y que estaba solo en el desayuno.

- Ammmm… -titubeó -¿Sabes? ¿Podrías dejarme sentar en otro lado Franny?

Creyó que Francine no estaría de acuerdo, pero al final resultó una vez más lo contrario.

- ¡Cómo no! ¡Nos vemos en el recreo! –dijo indiferente al momento en que sacaba una revista.

Ya con el permiso de su amiga, se acercó al puesto vacío que tenía al lado el castaño.

- ¿Puedo sentarme contigo?

El muchacho no respondió, lo que no le importó mucho a la niña, así que se acomodó de todos modos en el puesto.

Luego de unos minutos de silencio, sacó un pequeño reproductor de cassette de música junto a unos auriculares, probando si así podría llamar la atención del chico.

Y resultó como quería…

- ¿Qué escuchas?

- ¿Te gusta John Lennon?

El carácter tímido del cabeza triangular pareció ir desapareciendo.

- ¿Qué si no me gusta? ¡Sé todas sus canciones! –y sacó un pequeño cancionero de una mochila que tenía al lado del escritorio –Mira, aquí tengo varias de él y los Beatles, más acordes de guitarra.

- ¿Y sabes tocar?

- ¡Por supuesto! ¿Y qué canción escuchas?

- "Give Peace a Chance" ¿Quieres? –invitó ofreciéndole un auricular.

Un poco desconfiado, lentamente extendió su brazo el muchacho y tomó del cable para colocárselo a su oído.

Ambos escuchaban la tocata del dúo Lennon/McCartney tarareando la letra:

(Give Peace a Chance-John Lennon/Paul McCartney)

Ev'rybody's talking about
Bagism, Shagism, Dragism, Madism, Ragism, Tagism
This-ism, that-ism
Isn't it the most
All we are saying is give peace a chance
All we are saying is give peace a chance

Ev'rybody's talking about
Ministers, Sinisters, Banisters and canisters,
Bishops and Fishops and Rabbis and Pop eyes,
And bye bye, bye byes.
All we are saying is give peace a chance
All we are saying is give peace a chance

Let me tell you now
Ev'rybody's talking about
Revolution, Evolution, Mastication, Flagelolation, Regulations.
Integrations, Meditations, United Nations, Congratulations
All we are saying is give peace a chance
All we are saying is give peace a chance

Oh Let's stick to it
Ev'rybody's talking about
John and Yoko, Timmy Leary, Rosemary, Tommy smothers, Bob Dylan,
Tommy Cooper, Derek Tayor, Norman Mailer, Alan Ginsberg, Hare Krishna,
Hare Krishna
All we are saying is give peace a chance
All we are saying is give peace a chance

Estaban en el coro, cuando llegó el maestro de la clase.

- ¡Hombros derechos, cabeza atrás! –fue la primera orden, con un vozarrón.

Los niños, obedecieron, incluso los más revoltosos.

Era él, el profesor William Hugges ¿No era aquél que había traído a Renata a la escuela? La niña lo creía más comprensible, pero era el mismo. Tal vez con ella sería diferente.

Lástima que se haya equivocado…

- ¿Y ese reproductor de música, señorita Abbott? –le dijo al ver que tenía en sus manos el aparato.

- Este… es mío, señor… ¿Sucede algo?

William arrebató el cassette y lo acercó a su oído.

- En esta Academia no se permite música que atente contra la moral y las buenas costumbres –explicó secamente.

- ¿Moral… buenas costumbres?

Y sacando un mazo del bolsillo de su chaquetón, destruyó el artefacto dejando solo los tornillos y los pedazos.

- ¡Mi música! –lamentó Renata.

- ¡Alumnos! ¡Este es su primer día de clases! Sé que muchos de ustedes no tenían ni idea que vendrían que estudiar a acá, pero ese no es mi problema. Aquí vienen a convertirse en los mejores agentes de la O.W.C.A., lo quieran o no, lo serán. Tal vez hasta ahora hemos sido demasiado suaves con ustedes, mas les aseguro que las cosas se pondrán más duras de lo que parecen ser. ¡El día de hoy veremos sus aptitudes físicas e intelectuales! ¿Quiénes aquí tienen dos padres agentes?

Casi todos los presentes levantaron la mano, incluyendo Renata.

- ¿Y los que tienen solo un padre agente?

El resto, entre los cuales estaban su compañero y Francine, indicaron a sí mismos.

- Bien… como verán, a depender de su aptitud serán clasificados como agentes o espías, para los que no saben la diferencia se las explicaré. Los agentes realizan la tarea de luchar contra enemigos en el área de campo, con solo un oponente, mientras que los espías, hacen el trabajo sucio de los agentes si no pueden hacerlo ellos, incluso teniendo que realizar la tarea de eliminar el objetivo, de manera intelectual y estratégica. ¿Cómo sé esto? Yo fui un espía, los mejores logran serlo y eso lo veremos ahora si algunos de ustedes llegan a serlo cuando terminen la primaria. Los que lleguen a ser espías, serán separados de los agentes en una clase distinta, incluso tendrán la oportunidad de estudiar en otra Academia, en otro país y con más libertades como ir a una escuela normal para poner en práctica la integración en las masas. Desde entonces, no se les tiene permitido salir del domo, y dudo que alguien pueda hacerlo. Cada una de nuestras escuelas en el mundo está hecha como esta, diseñada para que ningún estudiante se pase de listo y escape, así que ni siquiera lo intenten, no funcionará.

La calma relativa estaba haciendo sentir el temor por lo que podría pasar en el futuro y los alumnos comenzaron a murmurar entre ellos.

- ¡Silencio! Aquí no vinieron a divertirse. Sabrán lo que es el sufrimiento y es solo el comienzo. Si no obedecen al pie de la letra, irán castigados a las fosas subterráneas de la escuela. Si no quieren saber qué hacen ahí, entonces no hagan algo que haga que los alimentemos con pan duro roído por las ratas y agua rancia. Ahora, todos al patio.

Sin chistar, los chicos salieron del aula rápidamente sin hacer que el maestro se enfureciera.

- ¡Hey! ¿Quieres que vayamos juntos? –susurró Renata al niño.

- Pues… sí, sí quieres…

- ¿Cuál es tu nombre?

Antes de responder, dudó unos segundos.

- Mi nombre es Danny Flynn…

Continuará...


Muy bien... la fecha de actualización sigue siendo los lunes... como de costumbre hacia adelante :D

Respondo reviews:

phinbella2012: ¡Gracias! Me alegra muchísimo que te haya gustado. Ya sabes dónde leer el siguiente ;)

Doof-fan: También me dio pena... es decir... yo escribí esto xDDD. Muchos dicen que saco las escenas de "Harry Potter", pero... lo extraño es que yo nunca he leído ni visto las películas ^^;, aunque me gustaría...


Esos son todos... y recuerden ¡EL VIERNES "EL CÓDIGO MAESTRO" 8DDD!