A mis queridos lectores... hoy vengo a publicar completamente este fic :). Ya lo había estado en deviantART, pero desde hace un par de meses que no ocupo esta cuenta, así que iré subiendo los capítulos de uno. Ya que está terminado, lo prefiero así para los que están leyendo "El Código Maestro" :D


La Última Misión

Capítulo III

A medida que pasaba el tiempo, Renata trató de hacer todo lo posible por sacar de su nuevo amigo toda aquella timidez que lo abrumaba tanto. Le costó muchísimo, pero al menos logró hacer que no le tuviera tanto miedo a ella y a Francine.

Aquél año fue realmente duro. Lo más complicado fue cuando tuvieron que hacer un proyecto de Ciencias: transformar sustancias aparentemente inofensivas e venenos nocivos. El grupo de Renny, Franny y Danny tenían todo bajo control, cuando la pelimorada, en un descuido entre su parloteo, dejó caer una minúscula gota en la fórmula, haciendo explotar el laboratorio, dejando chamuscados a los maestros que pasaban cerca de allí, quedando también sus compañeros ennegrecidos por el experimento fallido.

La maestra de Ciencias, se acercó a los chicos y probó la sustancia como si fuera una comida.

- ¡Chiquillos idiotas! ¡Aparte de hacer explotar la mitad de la escuela, ni siquiera obtuvieron el mínimo de la calificación! ¡Esta sustancia podría matar tan rápido como una mantequilla derretida! ¡Al menos podrían haberse sacado un 8 si hubieran podido darme un dolor de estómago! ¡Un 0!

Para colmo, ni siquiera pudieron apelar a un segundo intento, aparte de que luego de la reprimenda de la profesora, vino el profesor que estaba a cargo de ellos, William Hugges a terminar el trabajo junto al director de la escuela, un hombre de unos 30 años, que usaba una peluca pelinegra y era un tanto narigón, que se decía llamar Francis Monograma.

Luego del segundo reto del maestro, los llevaron a la dirección.

- Maestro Hugges, ¿estos son sus estudiantes? –interpeló el director con voz severa aún mayor que la de William.

- Este… ¡Sí, señor! –respondió con temor. Comprendieron entonces los niños, que la situación era bastante seria. Si algo atemorizaba al profesor Hugges, era digno que todos también temieran. William era un hombre del cual era muy ajeno al miedo.

- Bien… Los cadetes Daniel Flynn, Francine Bouvier y Renata Abbott…-y con la mirada estudió la facha de Danny, Francine y Renata. Danny sentía que un escalofrío le recorría por la espalda, Franny que le hormigueaban en los brazos. La única tranquila era Renny, que trataba de verse segura y respetar aquella figura de autoridad -¡Tú, estás muy flaco! –juzgó Monograma golpeando la cintura del muchacho con una regla de madera -¡Y tú, he escuchado como hablas! ¡Pronuncia bien! –gritó a la niña francesa por su peculiar acento.

- ¡Sí, señor! –respondió Francine humillada y con el rostro rojo de vergüenza.

Por último, observó atentamente la diminuta figura de Renata, que por ser la menor de los tres, en comparación era bastante baja.

- ¡Y tú! ¡Eres muy pequeña! ¡Crece ya!

- Mejor lávese la peluca –murmuró la peliverdeazulada.

Los demás compañeros se rieron por lo que había dicho Renata.

Para desgracia de la chica, el hombre escuchó su irónica burla, entonces con la misma regla golpeó la mesa de la oficina, haciendo que todos dieran un respingo.

- ¡Ya mucho han hecho en esta Academia y deben aprender las penurias que les sobrevendrán más adelante! –gritó con su vozarrón -¡Ustedes mocosos, pasarán la noche que se merecen en las fosas subterráneas! ¡Se nota que necesitan unas buenas vacaciones!

De solo escuchar las palabras "fosas subterráneas", los tres muchachos tragaron saliva con nerviosismo. Ya muchos de los que habían estado ahí les habían contado cómo fue alguna vez su estancia en aquellas prisiones lúgubres y húmedas, que muchos tenían mordeduras de ratas que quisieron robarles el escaso alimento.

- Pero… -trató de apelar por los chicos, en especial por Renata, por la promesa que le había hecho a su amigo, el abuelo -¡Señor Monograma, solo son niños…!

- ¡Que pronto servirán a la organización! ¡No reclame si no quiere perder su cruz de hierro! –contestó seco el director.

El ambiente sin luz que la iluminase permanecía en silencio como quienes estaban en ella. De pronto, un haz que iluminación exterior se abrió paso luego de que alguien abriera la puerta blindada que daba al subterráneo. Los que vieron como se abría ocultaron su vista y ellos mismos de la ajena luz que los enceguecía luego de tanto tiempo sin haberla vuelto a presenciar.

- Bueno chicos… bienvenidos a la realidad –dijo William.

A la vista de los tres alumnos, delante de ellos se extendía un mundo totalmente desconocido. De solo echar una mirada se sentía un terror interior total.

- P-p-pero maestro…

- Lo siento, Renata, pero órdenes son órdenes. No puedo hacer mucho por ustedes más que… -el anciano sacó de su abrigo de cuadrillé una pequeña linterna y se la entregó en las manos de la niña –Toma, esto te servirá.

- ¿Una linterna?

- ¡Oye, le hice una promesa a tu abuelo y será mejor que aceptes la ayuda que te doy! Si no fuera por él te trataría como todos los demás. ¡Ahora váyanse! Vendré el viernes luego de las clases por ustedes si es que siguen vivos.

- ¿V-v-v-vivos? –dijeron todos al unísono, mas antes que pudiesen haber terminado la puerta ya estaba cerrada y sus ojos apenas podían distinguir sus propias narices.

- Oigan chicas, creo que el profesor Hugges lo decía en serio, así que será mejor que no nos… -sugirió Danny cuando entonces se dio cuenta que sus amigas se había separado de él –separemos… ¡Así son las mujeres! Ni aunque les pongas cadenas se quedan quietas…

Ambas niñas estaban juntas tratando de ubicarse en la oscuridad. Palpando las paredes húmedas por la respiración de los que estaban allí castigados, intentaban si podían encontrar un mínimo rastro de vida humana. Una persona, un niño que las pudiera guiar. Era imposible ya que todos con esta nueva compañía se sentían nerviosos y que su espacio estaba siendo invadido por seres de luz que venían del "otro mundo". Cuidaban de no respirar tan fuerte para que no los oyeran, abriéndoles paso sin tocarlas, cuando uno de ellos tropezó con una lata vacía que alguna vez guardaba frijoles.

- ¡Auch! –fue lo que se escuchó luego del crujido del envase metálico al ser aplastado y el deslizamiento de los demás muchachos para que no fueran vistos.

- ¿Ah? –se percató Francine. Afortunadamente en el techo había una rendija que daba los rayos del sol que pudo ver frunciendo un poco la vista a un jovencito, como dos años mayor que ella, moreno y de ojos grises. Solo es pudo destacar de su apariencia, pues no podía definir detalladamente con tan poca iluminación.

- ¡Hey, Renny! ¡Mira! –señaló al muchacho, que rápido como un rayo se ocultó bajo las sombras de nuevo -¡Oye!

- ¡Escucha! ¡No queremos hacerte daño! En realidad… ¡No queremos hacerle daño a nadie! Somos niñas… como ustedes… -intentaba la peliverdeazulada ganarse la confianza de los otros niños –También nos castigaron y… ¿podrían acogernos aquí?

- ¿Acogerlas? ¿A ustedes? –habló alguien con un tono sarcástico -¡Aquí cada uno se cuida por su lado! ¡Seguramente ustedes se quedarán unos días! ¡Unos aquí pasan hasta meses! ¡Incluso uno llegó a ser encerrado por un año…!

- ¿Es en serio?

- ¡Nadie aquí bromea! ¿Cierto, chicos? –todos asintieron al comentario -¿Y cuánto se quedan aquí?

- Hasta el viernes…

- ¡Esos son solo un par de días! No pasarán uno para que comiencen a extrañar las comodidades de "arriba". Si tanto piden una "ayudita", que este vago las acompañe –alguien empujó de su escondite al mismo muchacho que había llamado la atención a las amigas. Este cayó de nuevo, solo que esta vez de rodillas, frente a frente de Renata y Francine. Las dos lo miraron con compasión y este a su vez, con miedo.

- ¡Hola! ¿Cómo te llamas? –preguntó la pelimorada con su típico carisma.

Este se confundió entero y en vez de contestar, se pasó casi todo un minuto tartamudeando sin poder responder.

- OK… Nosotras somos Renata y Francine. También venimos acompañados de nuestro amigo Danny… por cierto… ¿Dónde está Danny?

Renata observó a todos lados, entonces sintió la presencia de alguien a su lado.

- ¡Vaya que me demoré en encontrarlas! –interpeló el cabeza triangular a las niñas. Este estaba todo sucio, porque no había hecho lo que ellas habían hecho de palpar con sus manos el camino. Además tenía un soberano moretón en la cara y la nariz aplastada.

- ¿En dónde estabas?

- Mientras ustedes me dejaron abandonado en la oscuridad sin siquiera acordarse de mí hasta ahora… creo que estaré mejor en… una eternidad –respondió sarcástico.

- Ah, bueno –dijo la niña indiferente -¿Y nos dices tu nombre?

Antes de contestar se puso a sudar frío… era notable que era muy tímido, aunque por el brillo de sus ojos que se podían ver por lo poco que había de luz, se veía que encerraba un espíritu muy efusivo.

- Soy Wesh Dómine… soy uno de los alumnos de la clase de séptimo grado...

- ¿Y por qué estás aquí?

- Pues… por traer conmigo unos cassettes de Los Beatles… -contestó agachando la cabeza.

- ¿En serio? A nosotros por hacer explotar el laboratorio…

- ¿Hicieron explotar el laboratorio? –se asombró el morocho, entonces emitió un silbido –Ustedes ahora se han convertido en mis nuevos héroes –agregó arrodillándose frente a Francine y besándole la mano derecha mientras esta se sonrojaba entera.

- Nah, solo fue un accidente –respondió la pelimorada con modestia –Oye, por tu acento me fijé que pareces ser de Francia….

- Así como yo también lo he hecho, preciosa madeimoselle. Mi madre era una espía inglesa y mi padre un simple juglar gitano de París. Aunque mis padres murieron antes de que tuviera memoria de ellos, siempre me crié en las calles hasta que vinieron a mi cueva debajo del puente en Notre-Dame cuando me encontraron los "Hombres de Negro" y me trajeron aquí –terminando su breve relato, se dejó deslizar por la pared silbando una dulce armonía.

- ¿"Hombres de Negro"? –exclamaron los tres chicos en un tono intrigado.

- Así se les llama a los que te vienen a buscar cuando es la hora de integrarse a la Academia.

Renata recordó entonces que estaba en lo correcto. Eso significaba que los dos que acompañaban a William cuando fueron a su hogar eran los famosos Hombres de Negro.

- ¿Y qué hiciste cuando fueron en tu búsqueda? –preguntó Danny.

- Pues… primero me escondí, no sabía a lo que venían. Luego al encontrarme en un barril de madera me echaron al suelo, aunque intenté defenderme me tomaron de los brazos firmemente. Antes que pudiera librarme golpeé a uno en el estómago y cuando pude escapar, una mujer de bata blanca de atrapó de nuevo y al instante me inyectó una cosa verde en el hombro. Fue cuando todo se volvió oscuro y… ¡Heme aquí!

- No sabía que ellos hicieran eso… -dijo Renata.

- Solo lo hacen cuando impones resistencia. Incluso pueden llegar a borrarte la memoria de los recuerdos que tuviste antes de venir para entregarte otra identidad, sin saber cómo fuiste o quién eras antes, pero llegan a ese extremo si es un niño abandonado y rebelde. Supe eso porque uno de los que están aquí no podía recordar nada de cómo vivía antes, de a poco comenzó a hacer memoria y cuando comenzó a contarnos lo que le habían hecho, vinieron a buscarlo y nunca más lo volvimos a ver…

- ¿En serio?

- Sí.

- ¿Y cómo se llamaba?

- Creo que era Bob o algo así… ya nadie tiene conciencia de cómo era, ya que apenas nos podemos ver entre nosotros con esta oscuridad…

- ¿Bob? No es ese chico que te amenazó la otra vez Danny...

- Tal vez sea él, porque era muy conflictivo al mostrar la mínima demostración de desafío. Le gusta que la gente sienta temor por él…

- Por cómo lo describes es una exacta copia de la personalidad de ese muchacho…

A medida que pasaban las angustiantes horas de cautividad, soportar el castigo impuesto por el director era una total tortura. La luz iba desapareciendo poco a poco hasta que no quedara ya vestigio de ella.

Así pasaron toda la noche. Se notaba que todos estaban durmiendo, aunque no se escucharan ni los ronquidos de nadie, a excepción de Danny, que era el que tenía el sueño más pesado y estaba echado en el pasillo junto a Francine.

Renata durmió aparte. Acurrucada en un helado rincón, el frío del lugar era insoportable que fuera normal que ella empezara a tiritar.

Además del ronquido del castaño, la niña castañeaba los dientes por el dolor que le causaba el frío. Entonces Danny despertó con el sonido.

- ¿Necesitas algo Renny? –fue a decirle el chico.

- ¿Qué… te hace pensar… que es… así? –contestó con voz trémula porque era obvio que estaba como un témpano de hielo.

- OK… toma esto –le entregó su chaleco de lana azul marina –Espero que esto te ayude a tener un poco de calor.

La pelimorada puso una cara de intriga por la conducta de su compañero aunque este no la pudo ver.

No pudo decirle ni gracias porque Danny ya había vuelto a dormirse al lado de su otra amiga.

"¿Es posible que haya gente con su misma alma en este mundo…"

- ¡Espero que hayan pasado una buena estadía en el palacio! –dijo sarcástico Monograma mientras salían los tres compañeros. Cerca de la puerta estaba Wesh, con su típica timidez primeriza, pero curioso por la excesiva luz que entraba al calabozo por el umbral -Y tú, mocoso… ¿Qué no vas a salir? ¡Ya terminó tu confinamiento!

- Gracias, señor –susurró el morocho, aunque en el fondo estaba que gritaba de la emoción por salir por primera vez por largo tiempo al mundo exterior.

Ya iban lejos conversando entre ellos sobre lo que harían los siguientes días. Detrás de los tres los seguía Wesh.

- ¿Y tú que nos sugieres? –preguntó Francine al nuevo.

- ¿Yo? ¿Qué?

- Ah, vamos, no te hagas el tonto. ¿Qué quieres hacer?

- Pues… sería genial que dejásemos todo al ritmo de lo que acontezca… ustedes entienden… ¡Carpe diem!

- ¿Carpe… qué? –se confundió Danny.

- ¡Carpe diem! Es latín para aprovecha el día…

- Así como aprovecha el día es el español de carpe diem –terminó Renata.

- Así es, por supuesto…

(Carpe diem-Phineas and Ferb)

Well we hope you all

enjoyoed the show, hope it

was not anti-climatic.

Now there´s something we

want you to know and we

don´t want to sound didactic.

But if there´s one thing

we can say, I know it

sounds a bit cliché.

There´s no such thing

as just an ordinary day.

And you don´t have to

build a rollercoaster

to find your own way

to make the most of these

days of summer.

You can dance to

the beat of

a different drummer.

Just grab those opportunities

when you see´em.

´Cause every day´s a

brand new day,

you gotta carpe diem.

Oohh, oohh, oohh,oohh

Oohh, oohh, oohh,oohh

Oohh, oohh, oohh,oohh

You don´t have to

build a rollercoaster

to find your own way

to make the most of

every minute.

No more waiting

for the right

time, you´re in it.

Just grab those opportunities

when you see´em.

´Cause every day´s a

brand new day,

baby carpe diem.

Oohh, oohh, oohh,oohh

Oohh, oohh, oohh,oohh

Every day´s a

brand new day,

baby carpe diem.

Oohh, oohh, oohh,oohh

Oohh, oohh, oohh,oohh

Every day´s a

brand new day,

baby carpe diem.

Oohh, oohh, oohh,oohh

Oohh, oohh, oohh,oohh

Every day´s a

brand new day,

carpe diem.

Continuará...