La Última Misión
Capítulo V
Si pudiera contar todas las cosas que sucedieron luego de aquella Navidad ¡No terminaría nunca! Sería como contar la arena del mar o encontrar dos copos de nieve idénticos, es literalmente imposible en una sola vida…
Lo que siguió durante los siguientes meses no tenía relevancia como los primeros días en la Academia. Renata era una excelente líder y constructora en ese tiempo de pequeñas armas de acuerdo a lo que les permitían hacer en la escuela, Danny un investigador y elaborador de planos muy detallista y Francine muy sigilosa cuando se le proponía, literalmente una roca muda para no llamar la atención. Al último año de primaria estuvieron discutiendo sobre quienes quedarían para ser espías o agentes secretos, no soportaban la idea que tendrían que ser separados de sus clases. Además de las horas de estudio, no tenían mucho tiempo para hacer relaciones externas.
Así fue corriendo de a poco los días, semanas, meses, hasta que llegó la hora de terminar las clases, estando a punto de comenzar otro verano y de ahí, otro año de estudios, en la secundaria.
- ¡Señores! Este es su último examen. Aquí su carrera y el resto de su futuro están puestos en juego –decía una señora con voz exigente, entregando las pruebas -¡Si pasan impecablemente de esta serán agentes! ¡Si son los mejores, solo uno de esta clase llegará a ser un espía como tal!
- ¿Qué pasa si reprobamos? –preguntó uno de los estudiantes.
La mujer se acercó de nariz a nariz al chico, como si fuera una pregunta obvia y tonta la que había hecho.
- ¿Sabes quiénes son los barrenderos y asistentes de esta Academia?
El joven asintió con la cabeza.
- Bueno, espero que te haya quedado claro. Aunque se hayan sacado la mejor de las notas durante la primaria estos años, esta evaluación corresponde a un gran porcentaje de su promedio en esta etapa de su vida. Será mejor que pongan todo su empeño, alma, corazón y sangre en esto ¿Quedó claro?
- Sí señorita… -murmuraron todos.
- ¿¡SÍ QUÉ!
- ¡Sí señorita! –gritaron ante la orden de ella.
Cuando tocaron la primera campana, que era la señal del inicio de la prueba, todos se encogieron de hombros y empezaron a tachar las respuestas que consideraban correctas, de las más fáciles y rayando hojas con el lápiz en las preguntas de desarrollo.
A Danny, Franny y Renny no les complicaba tanto el examen. Eran muy capaces, habían estudiado los tres juntos durante todo el año y se sentían preparados para contestar cada una de las alternativas sin ningún problema.
Pero solo uno de ellos lograría la tan preciada tarea de seguir los estudios y convertirse en todo un espía.
Luego de varias horas, los últimos que habían terminado entregaron sus pruebas, ya hace mucho rato los tres amigos habían completado todos los espacios en blanco de la hoja.
- ¿Cómo crees que te fue en la prueba? –preguntó Francine a sus amigos mientras guardaban unos libros en sus casilleros.
- Pues… suponemos que bien. Nos matamos y quemamos las pestañas estos últimos meses frente a los libros –se reía Renata.
- ¿Y cómo te fue a ti?
- ¿Ah? –se sorprendió Danny –creo que bien… supongo…
- ¿Cómo supongo? ¡Eres el más inteligente de los tres –dijo la pelimorada.
- Bueno… solo dije "supongo" porque no es bueno cantar victoria antes de tiempo.
- En eso tienes razón –susurró la chica de cabello verde.
- OK… solo nos queda esperar hasta que entreguen las calificaciones… entonces sabremos si seguiremos juntos los siguientes años –se lamentó el muchacho agachando la cabeza.
- ¡Oigan! ¿Por qué las caras largas? ¡Este podría ser nuestro último año con los tres juntos, pero valdrá la pena! ¿Qué acaso no estaríamos orgullosos si uno de nosotros terminara la primaria con honores? Por esa persona yo estaría feliz –animó Franny –Además, tenemos el verano ¿Qué otra cosa podríamos pedir? ¡Carpe diem!
La espera por los resultados era una tortura cada día. Danny la pasaba sentado aquél principio de las vacaciones sobre un balcón que daba vista a todo el campus de la escuela y al techo del domo, que era de cristal resistente pero que permitía que se pudiera ver aquella bola de fuego que todo el mundo llamaba sol. Para comodidad de ellos la temperatura era agradable ahí, mas qué cosas no daría por sentir aquella brisa de verano, que desde afuera se veía como algunos árboles de la pradera se mecían como ninfas danzantes, como si fuera una fiesta en honor al verano.
Francine se comía las uñas de los nervios.
Renata pasó todo el verano tranquila, como una lechuga. Últimamente se estaba volviendo muy callada en ese sentido.
En cuanto Danny, no perdía el tiempo. Dibujaba en su escondite, de vez en cuando para estar solo. Se había conseguido una croquera con hojas limpias, amarilla y estampada de ornitorrincos ¡Siempre ese animalito le causó una gran curiosidad! ¿Un pato con cola de castor? ¡Vaya qué extraño!
Realmente estar encerrado como un pájaro con las alas cortadas era angustiante. No podían vivir así ¡Simplemente no podían! Pensamientos como esos cruzaban la mente del castaño cuando pasaban volando cerca de allí las primeras golondrinas que venían del sur para pasar la temporada. No había forma de escapar ¿o la había? ¡Nada es imposible! ¡En lo absoluto! Sin darse cuenta, de hecho por el tiempo que pasaba observando la cúpula, había estado estudiante durante medio mes la estructura, de qué estaba hecha y si se podía atravesar. Producto a fuerza humana no se podía ¿pero si construía algo para hacerlo? ¿Dónde y cuándo sí que lo descubrieran? Era arriesgado, una muy mala idea. Si no se podía desde el cielo, entonces desde la tierra. Definitivamente estaba perdiendo la cabeza.
Un día, cuando estaba en el balcón trazando líneas en el papel, sin percatarse había estado elaborando un plano ¿Un plano de qué? ¡Vaya que le parecía una fabulosa idea al niño! Pero necesitaba ayuda y apoyo, y solo tres personas estaban disponibles para él.
Aquella tarde Francine, Renata y Wesh se encontraban conversando en la cafetería para pasar el tiempo.
- ¡Hey, muchachos! –corrió hacia ellos el chico de cabeza triangular.
- ¡Danny! ¿Dónde te habías metido estos días? –lo regañó Franny.
- No hay tiempo para explicaciones, amigos. Perdemos tiempo. Tengo un plan, y si ustedes están de acuerdo, no creo que falle.
- ¿Qué dices?
- Miren esto –y les mostró a escondidas el plano. Era una idea, de cómo salir de ahí. Había que trabajar en un túnel excavando sobre el suelo.
- ¿QUÉ ACASO ESTÁS LOCO DANIEL FLYNN? –gritó Renata.
- ¡Shhhhh! Por favor, esta podría ser nuestra única oportunidad de ver el mundo exterior.
- ¿Pero a dónde iríamos, Danny? Esto nadie lo ha hecho jamás…
- Hasta ahora –respondió con una sonrisa irónica.
- ¡Eres un tonto!
- No lo sé, pero me parece una idea genial –lo defendió Francine.
- ¡Franny! –hizo un puchero la peliverdeazulada.
- Renny, también estoy de acuerdo con estos dos –se unió Wesh -¡No podemos encerrados en este domo para siempre!
- ¿Acaso la estupidez es una enfermedad?, porque creo que se contagiaron…
- No seas aguafiestas, Renny ¡Vamos, será divertido! ¿Qué perderíamos con el intento?
- ¿Y si nos regresan de nuevo al subterráneo? ¡No soportaría otra noche ahí!
- Por favor… si nos envían a los tres, al menos estaremos juntos. Algunos hasta me conocen si vamos –trató de convencerla.
- No sé… allá ustedes. Yo me quedo aquí. Si quieren arriesgarlo todo por escapar, ustedes asumirán las consecuencias.
- Vamos, amiga –la codeó el de los lentes –no te quedes el verano sola aquí… solo vamos por un rato, para poder respirar un poco de aire fresco antes de pasar tu adolescencia en la Academia ¡Será divertido!
La niña no se inmutó.
- ¿No quieres correr por los campos en donde vivías antes? ¡Nadie se dará cuenta que nos fuimos!
Silencio…
- ¿Carpe diem?
Renata, frente aquellas dos simples palabras dirigió una mirada de lástima a su amigo. Danny sabía que si le decía esto ella cedería sin dudas. Pero se equivocó. La jovencita volvió a mirar al suelo sin siquiera contestarle.
- Bueno… si quieres unirte a nosotros, solo ve al manzano que está en dónde tú sabes dónde. Así que nos vemos…
Y los tres se retiraron del lugar.
"¿Así que nos vemos?" pensaba la peliverdeazulada "¿Acaso cree que cederé? Es un idiota ¡Exacto! ¡Danny es un idiota! Se cree muy inteligente, pero y lo será, pero en sí es solo un necio soñador que no piensa las cosas ¿Escapar? ¿Y por qué he de hacerlo? ¡Tengo todo lo que quería y quiero aquí ¡En el domo!"
De acuerdo avanzaban las semanas de trabajo. Aquél manzano era un escondite perfecto para realizar todas las operaciones necesarias sin ser descubiertos. Consiguieron algunas palas que se utilizaban el invierno para sacar el hielo del tejado. Al fin y al cavo, ese lugar no era cubierto por la cúpula gigante. Aquí se sostenía aquella en una especie de muralla semejante a tierra muy sólida. La única opción oficial de entrada y salida era una caverna firmemente sellada y que solo era abierta dos veces al año. Cuando los nuevos estudiantes llegaban y los graduados eran despedidos de la Academia.
Nadie sabía qué había pasado al final con todos los chicos que terminaban sus estudios y salían por aquél umbral gigante con puertas de acero. Los profesores solo estaban permitidos de informar a los alumnos que luego de estudiar en la Academia debían ser agentes encubiertos bajo apariencias de civiles y les entregaban una beca para que eligieran cualquier carrera en alguna universidad de uno de los países natales de donde vinieran y le asignaban a cada uno un enemigo al azar en un sorteo (que obviamente era realizada por una viejísima computadora para nuestra época) según les correspondiese.
Para realizar la obra, también se vieron facilitados de la bodega del colegio, con unas vigas de madera de pino con las cuales sujetas la cavidad.
- ¡Vamos chicos, sigan cavando! –los animaba Danny, que él también trabajaba –Wesh, para que no se caiga la tierra sobre nosotros, acomoda los pilares a los costados...
Arduas tardes de trabajo y ahí abajo el calor era agotador. La ropa sucia la lavaban ellos mismos antes que enviarla a la lavandería para no levantar sospechas, sin darse cuenta que ya las estaban levantando…
Renata, en cambio, no emitía ninguna palabra del asunto. Creía que lo que hacían no era correcto, mas no estaba dispuesta a traicionar a sus propios amigos acusando su actividad.
De vez en cuando iba a echar una mirada a los matorrales en donde se ocultaban. Sin que ellos la vieran los observaba un poco, ya que estaba preocupada por ellos, si los habían descubierto o no.
Justo cuando iba a mitad del camino, Francine se topó con la pala frente a una roca que obstruía el camino.
- ¡Danny! ¡Pero si tú habías estudiado que en esta zona no había rocas! –se quejó la pelimorada.
Preocupado, el castaño examinó el pedazo de piedra que los detenía, levantándose los lentes cada vez que fruncía el ceño.
- Hmmm… esto va muy mal, muy mal… -meneaba la cabeza de chico en forma negativa.
- Si Renny hubiese estado aquí no tendríamos este problema ¡Ella sabría qué hacer! –se lamentó Wesh.
- Si Renata no está aquí es porque ella no quiso y será mejor que aceptemos su decisión –respondió Danny en forma molesta.
- Estás enojado con ella porque no se presentó como tú esperabas –se reía el morocho.
- Bueno… solo esperaba menos obstinación de su parte ¿Acaso no piensa que hay otros mundos además de este?
- Tampoco nosotros lo creíamos antes. Ya se le pasará ¡Confía en ella! Y si no… bueno… ella se lo pierde ¡Es una gran aventura!
- Solo quería compartir algo con mis mejores amigos…
- ¿Y por qué están tan tristes? ¿No se supone que esto sería divertido?
Nadie de los tres que estaban excavando allí había dicho esto último. Todos elevaron las linternas que llevaban y alumbraron a quién había hablado. Era Renata, vestida especialmente para trabajar con ellos ¿Había recapacitado o qué
- ¡Renny! –se emocionó el joven, pero se avergonzó luego y se puso serio –Ah… seh… hola Renata…
- ¿Renata? Oh, bueno… -murmuró triste la chica, pues solo su compañero la llamaba por su nombre completo cuando estaba molesto con ella –Pues… venía a ayudarlos… ¡Pero no grites victoria, porque sigo pensando que esto es una mala idea! ¡No te sientas que has ganado!
- Solo estás fastidiada porque estás acostumbrada a siempre salir ganando –se burlaba Danny.
- ¡Cállate, charlatán! Ahora continuemos esto para que salgamos y volvamos lo más rápido posible…
Reanudaron el proyecto con la nueva a la cabecilla junto al muchacho de los lentes. Al principio volvieron a tener el problema de qué hacer con la roca que obstaculizaba el paso. La respuesta al dilema de parte de Renata era obvia: había que rodearla, pasando por debajo de ella. Eso daba un giro radical a lo que decían los planos, pero valía la pena.
- ¡Continúen! ¡Solo son unos cuantos metros más de tierra! ¡Lo vamos a lograr! –alentaba la peliverdeazulada.
- Ya siento el viento veraniego… -decía Francine.
- Los trinos de los pájaros… -soñaba Wesh.
- El calor del sol… la luz natural… -cerraba los ojos Danny imaginando el paisaje de la pradera inglesa.
Mas algo comenzó a salir mal. Pronto el suelo empezó a inundarse de agua, mojándole los tobillos y de a poco siguió con todo el túnel. Algo habían olvidado…
- ¡LAGO SUBTERRÁNEO! –gritó el castaño -¡ESTO SE VA A INUNDAR! ¡SALGAN PRONTO!
Inmediatamente los chicos salieron gateando (el túnel era demasiado angosto como para salir erguidos) del lugar a medida que el agua subía con una rapidez que aumentaba segundo a segundo.
- ¡Ay! –gimió Franny al resbalarse con una de las paredes de tierra, que ahora era barro y era fácil deslizarse por él. Abajo se derrumbaba el túnel hecho, el trabajo de los niños -¡Auxilio! ¡Me estoy cayendo!
- ¡Toma mi mano! –la ayudó el morocho, que la tironeó del brazo para sacarla del líquido que la había apresado, dejándola toda empapada.
Cuando todos estaban a salvo, el pasadizo subterráneo ya había colapsado por completo y no quedaba nada de la salida secreta que habían construido.
- Eso estuvo cerca –jadeaba la pelimorada.
- Más que cerca ¡Casi nos ahogamos! –indicaba Wesh.
- Si no hubiera sido por ese maldito lago subterráneo todo hubiera resultado como esperábamos –se lamentaba Danny rechinando los dientes.
- Es por eso que esta Academia se construyó aquí –dijo una voz.
- ¿Eh?
El que hablaba era William, el maestro. Ante su gran figura, todos los muchachos se alinearon uno detrás de otro. Era obvio que estaban en problemas. Habían intentado escapar, y eso era una falta más que imperdonable, aunque era lógicamente imposible, merecía un castigo memorable.
- Ajá… -fruncía el ceño el profesor -¿A quién se le ocurrió semejante estupidez?
Nadie respondió nada. Mas Francine, como la más ladina de los cuatro, empujó a Danny, dejándolo en el medio, como señal que él había sido.
- Ah, con que el muchacho de las ideas locas…
- S-sí… señor… fui yo… -murmuró en un tartamudeo -¡Pero si hay alguien que deba sufrir un castigo, soy yo! ¡No culpe a mis amigos! ¡Ellos solo me apoyaron! El verdadero culpable aquí soy yo y es mejor que pague por lo que han hecho ellos.
El hombre se rascó su corta barba blanca en señal de intriga.
- ¿Y por qué lo hiciste? Bien saben que no pueden salir de aquí…
- Bueno… ¿sabe? Solo queríamos volver el mundo de nuevo… solo por un rato...
- Jóvenes… -contestó dando un suspiro –No sé que voy a hacer con ustedes… volverán al exterior, a su debido tiempo… tampoco saben que los maestros tampoco podemos salir del domo, solo muy limitadas veces. La única vez que pude salir fue solo cuando me dieron la orden que buscar a Renata. Solo eso… Sé que ustedes no eligieron esto, pero quedarme aquí, para servirles a ustedes en su educación fue una elección mía. Yo la elegí, y deberían estar contentos que haya sido yo el que descubrió su plan antes que Monograma o los otros profesores…
- ¿No nos acusará?
- Si tú lo dices…
Y dio un giro, dándoles la espalda.
- ¿Saben? Muchos han intentado escapar, pero su idea me ha parecido la más tonta, original y la que estuvo más cerca de lograrse de todas…
Continuará...
