La Última Misión
Capítulo VII
Al primer lugar donde había que iniciar la investigación era en la bodega de los alimentos, donde se guardaba la comida que se serviría los días siguientes. Los auxiliares de la Academia limpiaban los restos de cáscaras que había en los patios y demás lugares del colegio. Era una tarea complicada, y más si ese día había explotado donde guardaban las provisiones y cientos de naranjas se encontraban desparramadas por cada metro cuadrado de la escuela.
- Creo que ya sé qué habrá de postre mañana… -le dijo al oído Wesh a la niña de cabello morado.
- ¿Y ya piensas en comer?
- Bueno… los misterios me dan hambre y nunca dejo pasar una excepción… -y recogió una naranja de un arbusto.
- ¿Qué no sabes qué eso estuvo en el suelo, no? –lo miró con repugnancia Renata.
- Después de todo ustedes no son mi problema ¡Provecho!
- Si no fueras mi amigo te abofetearía…
- ¡Silencio! –los acalló Danny –Venimos a resolver un crimen, así que no hay que hacer ruido, y menos si ha pasado muy poco tiempo. Recuerden que hace unos minutos solamente ocurrió la explosión…
- ¡Ay, sí! ¡El detective Sherlock Holmes al rescate! –ironizó la muchacha.
El castaño hizo una mueca de disgusto y examinó atentamente el cuarto. Estaba impregnado de aroma cítrico en su alrededor, inundado de jugo de naranja y repleto de gajos. Todos allí sintieron unas ganas tremendas de llorar por el nivel de acidez, así que se cubrieron el rostro con unas bufandas que seguro debían ser de los encargados de la limpieza.
- ¡Uf! ¡Con esto jamás comeré naranjas…! –replicaban con repugnancia las niñas.
- ¡Qué delicaditas! En tanto yo este es mi paraíso ¡Y fíjense! ¡Ya no estoy refriado! –dijo con alegría Danny respirando a todo pulmón.
- En cambio, yo soy alérgica a las naranjas… -tosía Francine, alejándose de las montañas de basura.
- ¡Shhhhh! Ya les dije que silencio –volvió a acallarlos el castaño –Todo está muy calmado, más de lo normal…
Entonces, una sombra se presentó en la cocina, que estaba cerca de allí. Cerró la puerta bajo llave y como la bodega de las frutas tenía un congelador, bajó a temperatura en donde estaban los chicos a -5°C.
- Danny… ¿no escuchaste algo extraño por ahí?
- No, para nada –respondió tranquilo el chico.
- ¿No sienten que hace un poco más de frío?
La pregunta resultó incómoda para todos los que estaban allí adentro.
- Será mejor que nos vayamos –sugirió Wesh, quien se dirigió a la salida. Inmediatamente comenzó a forcejear la puerta de acero -¡No… no se abre! –jadeaba.
- ¡No puede ser! ¡Debe abrirse! Es decir… no podemos quedarnos mucho tiempo aquí ¡Vamos a terminar congelados! –Franny estaba a punto de perder la compostura.
- Tranquilos, muchachos –trató de mantener la calma Renata –Saldremos de aquí… o sea… debe haber una salida. Jeje, no nos dejarían morir de frío… ¿o sí?
El comentario dejó más helados de lo que estaban.
- Mejor no arruines más las cosas, Renny. Para colmo, estoy rodeada de naranjas…
En menos de media hora, los jóvenes agentes más la espía primeriza se encontraban más que tiesos por el frío que ya se había hecho sentir en sus cuerpos. Las narices de cada uno destilaban agua y los lentes de Danny estaban escarchados. Para no perder calor se mantenían en constante movimiento, cosa que con el paso de los minutos se hacía cada vez más difícil a medida que sus articulaciones se congelaban, comenzando por los de los dedos a las rodillas y codos.
- ¡Ah! –se quejaba el chico de cabello castaño.
- ¿Qué te sucede? –le preguntó la peliverdeazulada, quien se había rendido hace rato y estaba tumbada en el suelo, durmiendo.
- No siento… mis piernas…
Ante la respuesta de su compañero, Renata empezó a preocuparse por la situación. Observó a su alrededor y no había mucha diferencia de estado en sus otros amigos del grupo. Francine estaba tiritando, al borde de la inconsciencia y Wesh no estaba mejor que ellos. De todos, la única que todavía conservaba fuerzas era ella.
- Esto no se puede quedar así –se dijo.
- ¿Qué? –habló confundido el muchacho al ver a la joven que subía por las cajas de abarrotes hasta una escotilla que había en el techo.
- Solo quédate en silencio, necesito concentrarme…
Confiando en su compañera, no la siguió molestando con sus palabras. La niña ya arriba forcejeó contra la abertura para ver si cedía a una salida al exterior. Todo era en vano, esta se encontraba congelada por las bajas temperaturas, reforzada en hielo.
- ¡Rayos! Con manos humanas esto no dará resultado… -gritó enojada –A menos…
Rápidamente bajó de nuevo para escarbar por los rincones de la bodega, ante las miradas confundidas de los demás. Luego de mucho tiempo de búsqueda, halló lo que esperaba encontrar.
- ¡Eureka! –exclamó triunfal, alzando un pedazo de fierro, a la mirada inservible para quien no tiene imaginación.
- ¿Y de qué servirá eso para salir de aquí? –le expresó en forma despectiva el morocho.
- Oh, solo espera y verás –y de un solo golpe, rompió varias capas de escarcha que estaban pegadas a la compuerta. Aunque fue certero, varias veces tuvo que hacerlo para que estas fueran retiradas por completo.
Al final, ya logrado su idea, pudo abrir la escotilla. Sin pensarlo dos veces, todos los chicos se encaramaron en las cajas (subiendo como si fuera una escalera) y escaparon de su prisión helada a la calidez de las afueras.
- ¡Eres una heroína! –la abrazaba Franny -¿Cómo se te ocurrió la idea?
- Pensando –rió la niña.
- ¡Ojalá fuera tan inteligente como tú! Si pudiera, te entregaría mi título para que tú fueras espía…
- ¡Bah! No es para tanto… ¡Pero no nos salgamos del tema! ¿Quién habrá sido el que nos encerró en la bodega?
- ¿Y el que disminuyó la temperatura…?
- Pues es el mismo que hizo toda esta función… -habló tajantemente Danny mientras se sacudía su ropa.
- ¿Estás seguro?
- ¿Quién tiene más razones para hacernos daño?
Nadie dijo nada ante aquél detalle obvio.
- Bueno… hago caso a las palabras del niño de cuatro ojos –se burló Renata.
- ¡Oye!
- Ya en serio, su teoría no es nada mala… al menos ya tenemos una pista, y un tema más personal por la cual pelear…
No continuaron con la investigación hasta el día siguiente…
Estudiaron un poco la situación, y pudieron observar que la causa por la cual estaban sucediendo estos eventos no era por una sola simple casualidad (a pesar que eso ya estaba demostrado desde el principio), sino por una razón en particular: el comienzo del nuevo semestre de clases.
¿Qué significaba? Que esperaban sabotear la escuela en sus inicios, y así poder escapar de la Academia.
La finalidad era muy parecida a la de ellos cuando deseaban salir en vacaciones del colegio, pero el asunto ahora que los responsables estaban dispuestos a herir personas para lograrlo.
Era peligroso, pero necesaria la investigación.
- Ahora debemos descubrir cuál será su siguiente objetivo –estudiaba la peliverdeazulada unos planos que había hecho el castaño- Ellos esperarán una confusión, para entrar a la cabina que abre la entrada de la escuela y salir. Mas necesitarán una hora, un lugar, un momento en que se junte demasiada gente para ejecutar su plan…
- ¡Yo tengo una! –exclamó a los cuatro vientos Wesh –Ustedes saben que el segundo día todos se juntan en el Aula Magna de la Academia para el acto de iniciación. Es la ocasión perfecta, donde todos los maestros, inspectores y otras autoridades del establecimiento estarán preocupados de los alumnos ¡El crimen perfecto como dirían! Mas eso será el día de mañana…
- Suficiente tiempo para estudiar todo esto a fondo, compañero –contestó Renny en forma marcial –ahora descansemos, tomen leche o lo que sea… seguiremos más tarde…
Lo anterior ocurrió a las 6 de la mañana. Ya todos a esa hora estaban listos, pues era el primer día de clases, había que prepararlo todo, limpiar las habitaciones, ordenar los nuevos cuadernos que les proporcionada la organización. Era un alivio que todo les fuera dado en ese ámbito, ya que ellos no podía comprar los materiales y libros de texto y lo otro es que no se podía, pues no podían ir a las grandes ciudades a comprarlos.
- Es hora de ir a clases muchachos… -dijo Renata –La secundaria… ¿Preparados?
Los jóvenes asintieron ante lo dicho por ella.
- Bien… aquí nos separamos… ¡Estaremos en contacto, Franny!
- ¿Amigas? –le ofreció la mano la pelimorada.
- Amigas –respondió estrechándosela –Y no te pongas a llorar, que todo estará bien ¿Tranquila?
- ¿Llorar? ¿Y qué no tú no eres la llorona aquí? –contestó en forma burlona Francine.
- Ya vete, sino esto se volverá un mar de lágrimas –y en eso, a pesar que sonreía, se secó una pequeña lágrima que resbaló por su mejilla.
Ya hecha la despedida, terminando con el resto de la pandilla, Franny corrió a la nueva aula que le habían asignado a los espías de primer grado en secundaria.
- Una menos… -murmuró Danny -¿Y tú Wesh?
- Pues nos vemos, camaradas… ustedes saben que yo voy a un grado mayor que a ustedes… ¿Y Danny?
- ¿Si?
- Cuida bien a la pequeña Renny, mira que es tan frágil…
- ¡No soy frágil! –bufó molesta.
- Lo que tú digas, pero vigílala bien…
- No te preocupes, la estaré observando segundo por segundo –decía el de los lentes.
Daniel y Renata estaban sentados juntos, como acostumbraban todos los años. Haberse separado de Francine igual había sido un golpe duro, mas ambos estaban felices por ella, como correspondía ser. Además, las chicas se podrían ver por las noches, pues compartían habitación…
Para colmo, el primer día, la maestra (pues ya no les hacía clases el profesor Hugges), quien era la misma que los había inspeccionado en el examen global, no descansaba de sus ideas pasadas y el primer día les dio la carga de realizar una prueba de todos los contenidos ya hechos los años anteriores.
- ¡Pssssss! ¡Pssssss!
- ¿Eh? –se sobresaltó Renny, al escuchar que Danny buscaba llamar su atención.
- ¡Sí! ¿Cómo haremos para detener al chico sin que nos echen de menos en clases?
- Pues… no sé cómo… -respondió en un murmullo, para que la maestra no los oyera mientras hacían el trabajo, hasta que se le ocurrió una idea -¡Ya sé! Solo necesitamos un par de uniformes, los pompones de Artes que hicimos esa vez, una muñeca inflable y un esqueleto…
- ¿Esqueleto?
- ¡Calla! Cuando toque la campana iremos por esos artículos y solo sigue mis instrucciones…
- ¿Quién hace tanto escándalo? –bufó la profesora.
Afortunadamente, ambos muchachos reanudaron sus actividades sin que nadie sospechara nada de lo que habían estado hablando entre los dos.
Con Francine todo era muy distinto. Ella era parte de una clase única, donde solo iban los espías de su grado. Eran apenas 10 alumnos y la primera asignatura que debieron realizar fue la de Educación Física, para preparar su cuerpo a situaciones arriesgadas en el área de campo.
Para ello, la clase tenía un espacio especial para el aprendizaje. Esta era una cancha, donde se simulaban toda variedad de terrenos que existía en el mundo, natural o artificial. Desde la jungla y desierto, a las grandes ciudades y la altitud de un rascacielos.
- ¡Ya, señoritas! –gritó el maestro canoso pero robusto, vestido con un buzo y un silbato en el cuello -¡Esta es nuestra primera clase! ¡Así que a cada uno les haré una prueba de rendimiento físico que medirá si son lo suficientemente fuertes para ser espías! Tal vez se hayan ganado el puesto por el mérito intelectual, pero gran parte de esta tarea implica desarrollo corporal en una misión. Si los capturan ¿Los defenderán sus mamitas? ¡Pues tendrán que lidiar ustedes mismos por su mugrosa vida? ¿Han entendido?
- ¡Sí señor! –respondieron los estudiantes sin reparos.
El profesor echó una mirada acusadora a todos los niños de la fila. Muchacho por muchacho, niña por niña (aunque la cantidad era pequeña y equitativa) y de entre los alumnos. Casi como si el destino le estuviera jugando en contra, fue elegida Franny.
- Tu nombre…
- Francine Bouvier, maestro –susurró la joven.
- ¡No balbucees! Mira que con ese acento hablas como boba. Bien… al frente…
Sin rebeldía, dio unos pasos adelante, hasta el centro de la cancha, que en ese momento tenía una superficie lisa y estaba dividida en diferentes baldosas negras con cuadrículas verdes fluorescentes.
- Alumnos –les ordenó a los demás chicos el profesor –A la cabina…
Ya abandonada la pelimorada, sin saber lo que pasaría, el hombre y los estudiantes estaban estáticos en la sala de comandos.
- Ahora veremos qué haces, flacucha… -y pulsó un botón rojo que se encontraba en el compartimiento.
Las ventanas del salón de los paneles de control se oscurecieron, haciendo que Franny no pudiera verlos (solo que ellos sí). Ante ella se presentó una pequeña mesa grisácea, en la cual reposaba un casco, que sin dudarlo se lo puso encima de la cabeza.
Ya puesto, al instante pudo ver un campo de batalla, en dónde habían varios espías enemigos rodeándola para atacarla al más mínimo movimiento. Era obvio que era un simulador y ellos solo hologramas que eran visualizados por proyectores, mas si la llegaban a herir, lo que le hicieran sería real por medio de la electricidad que utilizaba el casco.
- Pero qué… -no pudo terminar de hablar porque ya uno de aquellos personajes extraños la habían atacado con una katana en el hombro. Aunque fue leve, de inmediato sintió que una lengua de fuego cruzaba por él. No pudo evitar caer de rodillas producto del dolor que le causaba.
Sin quejas volvió a levantarse. No tenía nada a la mano para defenderse. Entonces intuyó que debía arreglárselas por fuerza propia, fue cuando recordó las clases de yudo y karate que había practicado desde principios de su estadía en la escuela.
Mientras tanto, sus compañeros la observaban con terror y el maestro no se inmutaba. Solo estudiaba atentamente sus movimientos, nada se le escapaba.
Rápida como un rayo fue derrotando cada uno de los espías sin que la toquen ni un solo cabello. Solo ella los hacía caer y les aplicaba llaves que les había enseñado William antes de que terminaran la primaria.
No pasaron si quiera unos cinco minutos y ya todos sus oponentes estaban deshabilitados para luchar, lo que significaba que el "juego" había acabado.
- ¡Bravo! –aplaudía sin mucho entusiasmo el profesor –Le he hecho clases a muchos estudiantes, pero ninguno logró derrotar a todos sus oponentes con tanta rapidez cómo tú. Tal vez te hayan herido, mas eso es lo de menos.
- ¿Eso significa que estoy bien?
- No bien… tal vez bien para ser principiante, pero la mejor que he visto ¡Y espero que todos ustedes logren un desempeño como el de ella? ¿Me oyeron?
Luego de aquella mañana, Francine se convirtió en una de las más populares de su clase ¿Qué popular? ¡La más popular! A pesar de ser el primer día, los halagos y palabras que les decían sus nuevos "amigos" aumentaban su orgullo y muy rápido olvidó su misión personal que tenía con Renata y los demás…
Continuará...
