La Última Misión
Capítulo VIII
A la hora del primer receso, Danny, Renata y Wesh se encontraban conversando juntos en el pasillo, junto a los casilleros, ideando la estrategia para poder conseguir lo que necesitaban para salir desapercibidos de sus respectivas clases. En eso estaban cuando Francine salió de su sala rodeada de un séquito de muchachos de su grado que alababan sus proezas hechas anteriormente.
- ¡Franny! –corrió hacia ella la peliverdeazulada -¡Qué alegría verte! ¿Sabes? Estábamos planeando…
- ¿La conoces? –le preguntó John, uno de los muchachos del grupo en el que se encontraba la niña de cabello morado, con quien había simpatizado mucho aparentemente
Aquellas palabras lo había dicho él con tanto desprecio que se sintió avergonzada de que la relacionaran con sus antiguos compañeros.
Mientras tanto, Renny aún esperaba la respuesta.
Se produjo un incómodo silencio cuando su supuesta amiga la observó con una ironía burlesca.
- No sé de lo que me estás hablando –fingió sonrojada-Y no me llames Franny, soy Francine Bouvier.
- P-pero…
- ¿Pero? Y creo que me estás confundiendo con alguien más. No te conozco y ahora déjame sola. Debo hablar con mis amigos.
- ¿Amigos?
Sin responder ante la duda de Renata, la chica se retiró con su corte, ante la mirada confundida de los jóvenes agentes.
- ¿Pero qué le sucede a Franny? –dijo con extrañeza Wesh.
- Se comportó de una forma muy, pero muy rara…
En cambio Renata no emitía ningún comentario al respecto. Realmente el comportamiento de la que alguna vez fue su amiga le dolió bastante. Sabía que eso pasaría, que si uno de ellos se transformaba en espía se le subiría el cargo a la cabeza, cosa que detestaba con todo su ser.
La habían decepcionado, lo que la hería profundamente…
- ¿Te sientes bien, Renny? –se preocupó Daniel.
- Nooo… sigo… seeeh… solo… sigamos sin Francine –contestó cabizbaja.
Lo último hizo que ambos muchachos abrieran sus ojos como platos. Jamás Renata había tratado a uno de sus amigos por su nombre real, a excepción de Wesh.
- ¿Seguir sin Franny? –exclamó el castaño -¡No podemos! ¡Es la única espía de nosotros y la necesitamos!
- Pues yo lo creo –agregó obstinada -¿Cree que somos inferiores a ella? ¡Pues bien! Pero no seguiré su jueguito…
- Por favor, cálmate…
- ¿Calmarme? ¿Cómo puedo calmarme? En primer lugar casi nos matan de frío hace poco y ahora esto… ¡No lo soporto más! –y pesadamente cayó en una especie de silla de parque que estaba en el pasillo, presionando sus sienes con la yema de sus dedos.
- No otra vez… -suspiró el chico.
- Querida –intentó tranquilizarla el moreno acariciando su cabello como un hermano mayor-Al menos trata de calmarte hasta que todo este circo termine… tal vez Franny nos haya fallado, mas procura mantenerte firme. No le tengo rencor a ella, pero me duele más que esto te haga sentir tan mal… ¿prometes no perder la cordura mientras todo esto dure?
La joven suspiró hondamente antes de asentir con la cabeza en señal de sí.
- Muy bien… -la soltó Wesh –Será mejor que arreglemos todo para estar preparados…
Francine se encontraba aún con sus compañeros de clase, paseando por la escuela a lo que durara el recreo. En subsiguiente, ella comenzó a sentirse mal. Le remordía la conciencia haber negado su amistad con los muchachos, en especial con Renata. Todavía recordaba la expresión de la chica en ese momento. Por dentro se sentía sucia y traicionera.
- ¿Te sucede algo, Francine? –le inquirió John.
- No… nada… es que aquí se está muy encerrado y… eso es todo…
- ¿Cómo no va a sentirse uno encerrado en este domo? ¡No existe libertad para hacer nada! –dijo esto frunciendo el ceño. Entonces se percató que la de cabello violeta lo estaba observando extrañada y recuperó la compostura –Este… lo siento… a veces digo cosas locas y ya sabes…
- No, no lo sé –contestó tajante.
- Bueno… seguro debes estar cansada de tanta compañía… es decir… ¿por qué mejor no lo hacemos… solos?
La idea perturbaba un poco a la joven, mas el semblante relajado de su nuevo "amigo" hacía desaparecer sus sospechas y pronto se sin confiada a su lado.
- Y… -murmuró el chico.
- Pues… está bien… -respondió dubitativa.
- ¡Fuera todos! –bufó repentinamente John.
Al instante, los compañeros huyeron como si hubieran visto un demonio.
- OK… ¿empezamos?
John era un joven, obviamente de la misma edad de Francine. Tal vez un poco más alto que ella, de cabello claro, no rubio, pero sí de un color castaño bronceado. Era muy atractivo, y no lo decía solo ella, sino muchas niñas de la Academia, aunque eran prohibido los noviazgos en la escuela, siempre eran llamados "amigos con ventaja", algo más que solo significaba lo mismo, pero con otro nombre.
Era obvio que Franny estaba en su siguiente "amiga".
Pasearon juntos por los diferentes patios llenos de verdor y flores (aunque sea una escuela, por ser un internado y tener niños metidos las 24 horas había que tener algo de colorido), por los invernaderos, hasta llegar a los pasillos principales. Curiosamente en ese lugar no habían muchos chicos, tal vez porque prefirieron disfrutar el "exterior" o que ciertas personas no permitían que los demás pasaran cerca…
- Este… John… ¿por qué me trajiste aquí?
- Vamos, querida… entremos.
Y este abrió una de las puertas de un casillero.
- ¿Qué pretendes? –hizo una mueca de disgusto Franny.
- Nada malo, quiero mostrarte algo…
- ¿Y por qué no lo traes aquí?
- ¿Acaso no eres una de nosotros?
- ¿Y qué te hace pensar que lo soy?
Mientras desafiaba al muchacho, sin darse cuenta aparecían de todas partes sombras, sombras desconocidas, que iba a su acecho.
- ¿Qué te pasa? ¿No quiere saborear la libertad?
- ¿De qué estás hablando?
Sin poder evitarlo, maliciosamente John la tomó de la cintura. Fue cuando supo que no venía nada bueno para ella.
- ¡Suéltame! –intentó zafarse, y lo logró, mas aquellas lúgubres siluetas la agarraron por los brazos, inmovilizándola.
- Vaya, y yo que iba a compartir mi plan contigo. Eres fuerte, Francine, pero no lo suficiente para nosotros.
- ¿Qué planeas? –la voz de la pelimorada, aunque decidida, en el fondo estaba asustada, y más entre aquellas personas tan oscuras que la sujetaban.
- Te lo iba a decir, pero como veo que no estás dispuesta a pagar el precio, será mejor que…
Y antes que el malvado chico pudiera terminar su frase, aquellos desconocidos la empujaron al casillero, encerrándola con llave.
- … Esperes mientras terminamos nuestro "trabajito" –finalizó John con una risa siniestra.
- Eres un imbécil, desgraciado y un…
- Oh, no, esas palabras no las puede decir una señorita.
- ¡Ah! ¿Y qué te hace pensar que soy una señorita? ¡No soy una niña, John! Por algo soy espía…
- Y era por eso que te tenía fe… mas fallaste. Eres una decepción para los espías.
- No sé lo que tendrás en mente, pero los maestros de detendrán…
- ¿Maestros? Ni ellos sabrán quién los golpeó –reía sarcástico -¿Sabes por qué…? Porque nosotros somos los que produjimos la explosión… ¿entiendes? Tenemos esto en nuestro poder –y sacó de su bolsillo una bomba, anaranjada, con la apariencia de una naranja, mas se notaba que era falsa –Esto es lo que causó todo… ¡la bomba cítrica!
- ¿La bomba cítrica? –se extrañó la joven.
- No seas tonta, seguro escuchaste la clase de ciencias. Todo esto lo hice casi por obra accidental… ¡Nunca supe que esto me sería útil algún día hasta este año, cuando la perfeccioné! Con solo una ¡Una sola! Puede destruir todo un pasillo, con el sumo cuidado. Eso hice, con la bodega. Para mi suerte ese día habían naranjas, así que robé algunas y la usé para mi creación. La idea que fueran usadas naranjas fue casualidad. La bomba en sí no es letal, solo explota y lanza lejos lo que toca, como distracción al enemigo. Está hecha de bicarbonato de sodio y vinagre, lo básico en fermentación, además de otros químicos menores que reaccionan. El ácido cítrico de la naranja fue el toque final. Con ella, la gente queda dormida al instante, como un somnífero. Lo de la explosión de hace unos días no resultó cómo esperaba, mas hice unas cuantas modificaciones y estaba listo… en definitiva saldríamos de la Academia antes de lo esperado.
Lo último que había dicho "saldríamos de la Academia" intrigó mucho a Francine.
- ¿Y para qué quieres salir? O mejor dicho… ¿por qué me querías a mí?
- ¿Crees que no lo sé? Supe que fuiste una de las pocas personas que han intentado escapar de la escuela en su historia y la que ha estado más cerca de hacerlo… en definitiva… tú nos servías, pues eras espía y tenías ese antecedente. Pero veo que no eres tan ambiciosa como creía…
- Todavía no has respondido mi primera pregunta.
- ¿Qué no lo sabes? Afuera, en el Exterior, existe una guerra, y no nos han dicho.
- ¿Guerra?
- Una guerra, pero no de esas sangrientas que nos cuentan las clases de Historia. Es una guerra sin balas, sin sangre derramada, sin muertos. Es una Guerra Fría, y cuando salgamos de aquí, seremos los conejillos de indias, que irán al frente, para servirles de espías al lado al cual pertenecemos, contra el bando contrario.
- ¿Y cómo sé que no me estás mintiendo? Una "guerra fría" ¡Es absurdo! Todas las guerras tienen batallas…
- Esta no… ¡Es verdad! Nosotros no queremos ser parte de ella. Si tú tampoco, sé inteligente y únetenos, y seremos libres, sin responsabilidades… solo tú y yo…
Y terminó su clásico discurso de villano.
La oferta sonaba tentadora. Además que lo que le había contado sobre esa "guerra fría" parecía muy convincente y real, pero era una idea ilógica.
- Lo siento, señores… -suspiró la muchacha –pero no puedo aceptar su invitación.
Y de una patada se liberó que sus opresores. Rápida como un rayo salió corriendo de aquellos oscuros pasillos, como si su vida dependiera de ello, hasta que la perdieron de vista, y no pudieron alcanzarla.
Danny, Renata y Wesh estaban en la oculta sala de "Multitaller", donde se encontraban los materiales que necesitaban para su plan. La idea era elaborar unos señuelos, que se asemejaran a ellos y que pudieran engañar a sus profesores. Lo que se proponían era algo tonto, incluso la misma peliverdeazulada opinaba lo mismo.
- ¿Cómo se les ocurre? ¡Esto no engañaría a nadie! –decía en forma despectiva la chica.
- Bueno… algo es algo… -justificaba el castaño –tenemos que intentarlo… al menos para que podamos salir sin que nos descubran…
- Pero es una total estupidez. Queremos engañar a personas que en su juventud fueron alguna vez espías y agentes ¿No se darán cuenta?
- Entiende, que nuestra maestra no tiene buena vista, y el de Wesh es medio ciego, así que hagamos el intento.
- OK, confío en ustedes, pero a medias…
Mientras trabajaban con los muñecos de papel maché, llegó Franny, jadeando, donde estaban ellos.
- Oh… viniste… -murmuró reacia Renata.
- Está bien, lo siento mucho, Renny… y a ustedes también, chicos –se disculpaba la de cabello morado –Solo que tengo que decirles algo…
- ¿Cómo qué cosa? –sonrió sarcástica la joven –Que ya no somos tus amigos, que nos tirarás como un pañuelo sucio al suelo, nos pisotearás y olvidarás. Ya lo dijiste, Francine. No somos tus amigos…
- Renata, no… -trató de intervenir Danny, quien sentía que las disculpas de Franny eran sinceras, así como Wesh.
- ¡Calla, Danny! –lo empujó hacia un lado Renata –Ya no soportaré más que nos traten como trapero…
- Dirás TÚ no soportarás más…
Entonces comenzó una discusión muy fea entre ambos compañeros, con el moreno de árbitro, que intentaba separarlos. Franny ya no aguantaba más la pelea.
- ¡Basta! –bufó molesta la chica francesa, cosa que muy pocas veces pasaba, mas todo lo que e había pasado durante el día la había puesto de muy mal humor –Si por causa mía hacen todo esto, será mejor que ya no sea más su amiga…
El muchacho de lentes, quien se sentía avergonzado por lo ocurrido, quiso detenerla.
- Franny, yo no…
- Está bien, Danny. Yo no estoy enojada con ninguno de ustedes. Solo quiero lo mejor para cada uno de mis amigos, así que creo que es lo correcto. Si van a resolver todo esto, háganlo sin mí.
Triste y cabizbaja, la joven se retiró del salón, ante la mirada compasiva de los dos varones y la acusadora de la niña de cabello verde y azul.
Después, Danny encaró con los ojos a su otra compañera.
- ¡Oh, por favor! –exclamó Renny.
- Bueno… solo esperaba un poco de compresión para tu amiga que durante tanto tiempo te aconsejó…
- Y que nos apuñaló por la espalda en público…
- Rencorosa… -murmuró entre risas el chico, junto a Wesh.
- ¿Qué dijiste?
- Nada –carcajeaba el morocho –Pero, ambos creemos que eres algo rencorosa…
- ¡Claro! O sea YO soy la culpable de todo esto. Estamos en una situación seria, de investigación. Hay que tener algo de profesionalismo…
- Renny, somos niños…
Ante eso no podía discutir, iba a decir algo más para justificarse, cuando sintió que la golpeaban por la nuca, y que caía al suelo y todo se nublaba.
Antes de caer en la inconsciencia, alcanzó a ver que sus otros dos amigos eran golpeado de la misma forma como lo habían hecho con ella.
Todo fue oscuridad y tinieblas. Silencio, como un sueño. Un sueño que de a poco se volvió doloroso. Quien sentía todo era Renata. Lentamente abrió los ojos y pudo observar que la habían amarrado con gruesas cuerdas alrededor del cuerpo. Sus manos estaban maniatadas y al lado suyo estaban Danny y Wesh, todavía desmayados.
Con horror vio hacia abajo y descubrió que los tres estaban pendiendo del techo del gimnasio de la Academia. Estaban todos los cursos y grados de la escuela, profesores y Monograma estaba por iniciar el primer acto del año.
A su lado se encontraba el maestro William, quien estaba nervioso. Era obvio. Sabía que en cualquier momento podrían atacar los responsables de la explosión y que él pagaría los platos rotos, por no haberlo impedido.
- ¡Chicos, chicos, despierten! –remeció suavecito a sus amigos para que despertaran.
Estos dos tenían un enorme chichón morado en un costado de sus cuellos. Se notaba que les dolía, pues al tocarlos hacían unas muecas de molestia.
Hasta que al fin recuperaron la conciencia.
- ¡R-R-Renny! –tartamudeaba el castaño. Este ya no usaba sus lentes. Seguro que cuando los arrastraron hasta allí se habían caído en la sala -¡Renny! ¿Dónde estamos?
- Será mejor que los veas tú mismo.
Observó hacia abajo y casi grita de susto al ver toda la gente que había.
- ¡No quiero morir! ¡No quiero morir! –lloraba.
- ¡No seas llorón! –lo retó Wesh –Si pudiera sacar mi mano, te golpearía… No podemos llamar la atención.
- ¿Por qué? –preguntaron ambos al unísono.
Como si fuera obvia la respuesta, el morocho miró hacia arriba y en donde se sujetaba la cuerda en un fuerte nudo, una silueta oscura estaba por cortar las hebras. Cada vez que subían el volumen de la voz, la daga que estaba dispuesta a romperla se acercaba más y más para hacerlo.
Para evitar el fin de sus vidas, murmuraron.
- ¿Cómo saldremos de aquí? –susurró Danny.
- Nosotros no podremos. Si tan solo hubiera otra persona que lo hiciera… -musitaba Renata.
- Franny nos hubiera servido en este momento –masculló Wesh.
Renny le dirigió una mirada asesina al mencionar a su ex-amiga.
Pero como si las oraciones fueran respondidas, la mismísima Francine apareció y se deshizo del enemigo.
- ¡Eso Franny! –gritaban los dos muchachos. Mas abajo las personas no escuchaban lo que decían. Estaban demasiado alto como para saberlo.
La muchacha amarrada no decía una sola palabra. Era demasiado orgullosa para reconocer que se había equivocado en lo que pensaba en que ella se había olvidado de su amistad.
La que venía en su rescate estaba dispuesta a subirlos y desatarlos, cuando John, el causante de todo este embrollo, fue a su encuentro.
Lo curioso es que no movió ni un dedo por un momento, ni siquiera se acercó a Franny, pero una risa siniestra invadió su blancuzco rostro, como si tuviera algo macabro en mente.
Y así era: Sacando de su bolsillo la temida bomba, la que tanto había hablado a la joven. Con terror, Francine se dio cuenta de lo que pasaría, así que tenía dos opciones. O salvar a sus amigos y que la bomba explotara sobre todos ellos, o quitarle el arma y dejarlos morir de una caída de más de 30 metros de altura.
Difícil dilema, mas como espía que era, su decisión fue pensada con sabiduría y con una rapidez envidiable.
Se lanzó con todo su peso a la cuerda en la que pendían los tres chicos. Estos primero creyeron que ella se iba a suicidar (cosa que no fue). La pelimorada, ya sujetándose de esta, sobre las cabezas de ellos, empezó a balancearse en forma expedita para llegar hasta el techo. Ya estando lo suficientemente alto, sacó una pequeña navaja suiza que había sacado de la bodega (ya saben, lo que había pasado hace dos capítulos atrás) y cortó de la soga, para que los cuatros cayeran en los balcones en donde se encontraba John.
- ¡Quieres terminar toda esta locura y entregarte! –le gritó Francine.
- ¿Y por qué habría de hacerlo? ¡Estoy cerca de lograr todo lo que quería! Solo tengo que lanzar esto al suelo y ¡Boooom! Adiosito a todos…
- ¿Tú crees? –y como cerca de ella había una caja en la cual había diversos utensilios de cocina, entre ellos una sartén. Franny la sacó de inmediato y con ella golpeó certeramente en la nuca, tal como lo habían hecho aquellas personas oscuras, lo que lo dejó inconsciente.
Como el rubio, al caer al suelo, la bomba salió disparada al techo, y luego se disponía a explotar al tocar el piso.
- ¡La bomba! –se horrorizó la pelimorada. Pero para su consuelo, Renata se lanzó al mismísimo estilo Tarzán con la cuerda como si fuera una liana y alcanzó atrapar el arma, sin que los alumnos y profesores abajo se dieran cuenta.
Al ver que su líder había sido capturado, aquellos que eran sus secuaces (las sombras, que en realidad eran agentes y uno que otros espía alumno cómplice de sus actos), escaparon, cosa que no les serviría, porque después de que John hablara, era seguro que los atraparían.
- ¡Franny! –vino a su encuentro Renny, aunque después su voz suave se volvió dura. Estaba reacia a pedirle disculpas –Esteee… Francine… volviste…
- Seh, volví, porque sabía que ustedes necesitarían ayuda. Ya John nos había querido eliminar una vez, era obvio que lo volvería a intentar.
Ante el comentario irónico, los compañeros comenzaron a carcajear.
- Ah, bueno… es bueno que todo haya vuelto a la normalidad… -suspiró feliz Renata.
- ¿Tienes algo que decir? –le codeó Danny a la pelimorada.
- ¿Qué?
- No te hagas la tonta ¡Dí algo! –le murmuró a oído.
Renata entonces supo a lo que se refería y bajando la cabeza, musitó unas palabras ininteligibles.
- ¿Ah? –no pudo escuchar Franny.
- P… Fra…
- ¿Qué?
- Que me perdones, Franny… -masculló entre dientes la adolescente.
- Creo que no oí…
- ¡QUÉ ME PERDONES, FRANCINE BOUVIER! –gritó al borde de la histeria.
Nuevamente, todos rieron con ganas. Era divertido ver cuando la muchacha perdía los estribos.
- ¡Jajaja! Está bien… -se moría de la risa la de cabello morado –No importa… la que debería pedir perdón soy yo. No sabes cuántos malos ratos te hice pasar…
- Bueno… Entonces perdonémonos mutuamente y terminamos esto… creo que fueron suficientes aventuras por hoy…
- No lo creo… -dijo Danny –La secundaria recién empieza, y nuestras vidas como agentes y espías no comienzan como tal… No pidas peras, cuando el árbol te da manzanas…
Continuará...
