La Última Misión
Capítulo X
- Muy bien, Danny, ¿partimos ya…?
Doof quedó boquiabierto cuando vio que su amigo estaba con Linda. No soportaba verla, la encontraba presumida y tonta. Y se disgustó más en ver al castaño de lentes con ella.
- ¡Hola! Solo Linda vino a conversar unos asuntos conmigo y…
- ¡Ven acá! –le tiró de la oreja y mientras Danny pataleaba, la pelirroja veía la escena confundida.
- ¿Nos vemos el viernes para el ensayo? –le gritó la joven a Daniel.
- ¡Auch! ¡Allí estaré! ¡Auch! –respondió él quejándose.
Ya alejados de la muchacha, discutieron en el baño.
- ¿Qué pasa contigo? –le regañó Heinz.
- Nada, solo me invitó a ser su guitarrista en el Festival, cosas mías…
- ¿Ves? ¡Eso es lo que hacen! Creen que siendo buenas y amables contigo te tienen…
- ¿Qué tiene de malo? Es mi vida, y puedo hacer lo que quiera con ella… Además… -revisó su reloj -ya es tarde, tengo cosas que hacer…
El castaño se disponía a dejarlo solo, pero Doofenshmirtz le cerró el paso.
- ¡Te digo que no! Irás conmigo a terminar mi proyecto…
- ¿Por qué tanta insistencia? ¡Ni siquiera somos muy cercanos!
- Al menos quería ser un buen compañero.
Danny ya no tenía nada más que decir. Estaba cansado y no quería seguir peleando con él.
- Bueno… ¿me ayudas, sí o no? –le preguntó el de acento alemán.
- OK… bueno, ya, seguro que luego me dejarás en paz después de todo esto…
- ¡Te lo dejo firmado si quieres!
Ambos fueron a la casa de Doof con sus herramientas y planos en mano. Aunque el joven Flynn aún no estaba muy seguro de su decisión, mas se sentía bien ayudando a su "amigo", solo porque le daba lástima que fuera menos comprendido que él mismo.
Entraron por la puerta y lo primero que vio fue el living. Ordenado y lleno de diplomas en la pared del hermano de su compañero, Roger Doofenshmirtz, lo que hacía hervir la cabeza de Heinz a más no poder.
- ¿Quién es el de la fotografía de centro?
Se alzaba en el muro arriba de la chimenea el cuadro de un hombre moreno, con bigote, una sombrero y poncho mexicanos.
- Es mi tío José Doofenshmirtz. Ah, esa historia te la contaré otro día, ahora comencemos a trabajar.
En el cuarto de Doof sacaron las cosas que estaban desparramadas por el escritorio. Lápices, papeles, restos de cinta adhesiva, migas y trozos de pan, hasta que pudieron hacer un espacio y se pusieron a trazar en limpio nuevos planos. A Danny le intrigó que Heinz quisiera construir un rayo inador para apagar el sol.
- ¿Y por qué deseas hacer esto? –no evitó preguntar.
- ¿El rayo? ¡Ah, no es para mí! Mi tutor, el profesor Destructicom me pidió que lo contruyera, para cosas suyas…
- Seguro debe trabajar en alguna sociedad afiliada a la NASA…
- Nah, es un rebelde de la comunidad científica. Lo entiendo, esos anticuados de las academias de ciencias no aceptan ideas.
Para pasar el tiempo conversaron de demás cosas triviales, hasta que empezaron a armar el artilugio. Una especie de pequeña bazooka, que aparentemente no hacía nada más que disparar balas, pero Doof tenía en su poder un concentrado de hierro puro, algo que se consigue fácilmente derritiendo una sartén o el hierro sacado en bruto. Daniel se impresionaba que tenía conocimiento sobre la vida de las estrellas y que la única sustancia que mataría literalmente una estrella es el hierro.
- Y… ¡ya está! –gritó triunfal el alemán –Tenemos el aparato listo… solo nos queda enviarlo al profesor –entonces sonó el timbre de la puerta -¡Oh, seguro llegó el cartero!
En efecto, era el cartero, quien se disponía a llevarse el inador. Lo empaquetaron en una caja y el hombre lo cargó a su camión. Danny y Doof alcanzaron a ver como el vehículo se perdía en el horizonte junto a su invento.
Ya terminada toda la tarea se acomodaron en un sofá, vieron unas cuantas películas y bebían una soda, cuando el comunicador en forma de brazalete que tenía Daniel comenzó a sonar en pitidos. Afortunadamente Heinz no escuchó, lo que hizo que respirara calmado.
- ¿Qué sucede, Danny? –le notó extraño el joven extranjero -¿No te gusta la película?
- No es eso… necesito ir al baño…
- ¡Ah, la naturaleza llama! Al fondo a la derecha…
Ya había terminado de decir dónde era, pero este ya había corrido directo al sanitario.
- ¡Wow! Creo que la soda hizo su efecto… -se dijo Doof.
Ya solo en el lavado, el castaño encendió su trasmisor.
- Agente D.F.6083. Necesitamos que ingreses a nuestros cuarteles inmediatamente. Te daremos tu nueva misión… -era Wanda, la mayor de esa zona que estaba a cargo de él, como su superiora.
- ¡Genial! Digo… ¡A sus órdenes!
- ¡Ah! Y serás asignado mientras dure su misión a dos agentes y una espía.
- ¡Oh! Cuando lleguen los recibiré, pero ahora es tarde y…
- ¡Y otra cosa más! Llegaron hacia 10 minutos…
- ¿Cómo qué? ¿Llegaron? –se asustó el muchacho.
- Sí, y debes pasar a recogerlos en el aeropuerto en este instante. Hace mucho rato que te estábamos llamando y no contestabas, ¿qué estabas haciendo?
- Este… solo ocupándome de mis obligaciones civiles –se excusó como si la causa fuera algo importante.
- Que sea la última vez que hayan estos contratiempos. Ahora ve rápido y repórtate en el cuartel subterráneo más cercano que encuentres cuando estés con ellos.
El joven Flynn esperaba paciente en espera de quienes batallarían junto a él en este nuevo trabajo de agente secreto que tendría que ejercer. En el aeropuerto de Danville pasaban varias personas, de distintas nacionalidades. Con curiosidad observó que tres jóvenes, dos de su misma edad y el otro un poco más alto lo que sugería que era el mayor, estaban reunidos en un solo lugar, conversando animadamente. Danny pudo ver sus caras, una imagen borrosa y distante regresó a su mente, de tres niños y volvió a observar de reojo ese grupo.
El chico de más años era moreno, de cabello oscuro y ojos castaños; una de las muchachas tenía pelo color violeta, sus ojos parecían almendras con un brillo miel y la más pequeña, un poco más baja que él, era peliverdeazulada, arreglada con una larga cola de caballo que caía en uno de sus hombros y ojos azul profundo. Curiosamente, los chicos que estaba imaginando encajaban muy bien con la fachada de esos tres, como si fueran una versión ya adulta de cada uno, mas algo no le permitía recordar…
De pronto, la de pelo verde y azul se dio la vuelta y al instante reconoció a nuestro castaño.
- ¿Danny? ¡Danny! ¡Eres tú! –gritó entusiasmada, corriendo hacia él y abrazándolo, ante la mirada confusa del joven Flynn -¿Qué acaso no recuerdas? ¡Soy Renata! ¡Renata Abbott, de "tú-sabes-dónde"! –terminó esto riendo últimamente.
Luego de unos segundos de esfuerzo para tratar de recordar, al fin pudo hacer memoria de ella y de los otros que la acompañaban.
- ¡Oh, Renny! –le devolvió el abrazo -¿Cuántos años han pasado?
- ¡No lo sé! ¡Pero no importa ya! Estamos juntos… nunca habría pensado que volveríamos a vernos, yo ya me había acostumbrado a no hacerlo jamás…
Después de una larga charla de reencuentro, sobre lo que había sucedido en sus vidas, Danny recordó que debía llevarlos con su superior al mando, la mayor Wanda.
Buscaron durante un buen rato una entrada secreta a una guarida en la cual reportarse. A pesar de lo complicado, encontraron una, dentro del baño para discapacitados del aeropuerto, en el excusado, lo que resultaba un asco terrible a todos.
- Y… -dudaba Francine, la más delicada -¿Quién entra?
Nadie dijo nada. Era obvio que ninguno quería.
- Entren ustedes dos –dijo Wesh haciéndole una ligera reverencia a las jóvenes –Las damas primero…
- ¡Oh, no! –bufó enojada Renata –El anfitrión primero…
Danny la miró en forma asesina.
- Ustedes son los invitados, mi baño es su baño…
- Ni siquiera es tu baño...
- No es el baño de nadie.
- ¡Silencio! –los acalló Franny –Como la que está a cargo de esta tropa haremos esto. Wesh, tú te subirás antes.
El morocho hizo una mueca de disgusto, mientras Renny y Danny se burlaban a sus espaldas por su mala suerte.
- ¡Y no se rían, porque a ustedes también les tocará!
Eso desilusionó a ambos.
- Renata y Daniel serán los siguientes y al final yo…
- ¿Y por que tú al último? –reclamó la peliverdeazulada.
- Ten un poco de lógica, querida. Yo cuidaré la retaguardia. Cuando saltemos todos debemos dejar la puerta abierta para que otra gente entre ¿No lo habías pensado?
Como tenía muchísima razón, Renata terminó de hablar.
- Bien… ¿preparados?
Dando un suspiro cada uno, aguantaron la respiración y en filita india de adentraron en las aguas turbias de un salto. Como el orden mandaba, Wesh, Danny y Renata bajaron por las amplias tuberías hasta llegar a su término, en las fosas y alcantarillas, donde según las leyendas moraba un ser al cual denominaban la "Bestia", un cocodrilo que se alimentaba de peces dorados muertos que desechaban por el inodoro.
- Espero que la leyenda no sea cierta… -masculló entre dientes el castaño, que era el único que sabía del animal.
- ¿Qué cosa?
- ¡Nada, Renny! ¿Cuánto se demorará Franny en cerrar una simple puerta…?
Y como si su pregunta fuera respondida, la mujer de cabello morado cayó a las aguas. Para su mala suerte, había caído en una parte donde había más profundidad, así que se embarró entera de una cosa oscura y maloliente de los pies hasta la cintura.
- Por favor, díganme que no es lo que pienso… -rogó Francine.
- Sep, sí lo es… -dijo burlesca su amiga.
Iba a regañarla, cuando una sombra gigantesca y amenazante apareció. La joven francesa puso cara de horror al ver quién estaba en verdad detrás de todos sus compañeros.
- Franny, ¿qué te pasa? –el americano estaba todavía con la risa en la garganta por lo que había pasado.
- Co-co-co… -tartamudeaba sin poder terminar.
- ¿Qué sucede? ¡Levántate y apresú…!
Habían dado la vuelta cuando se encontraron frente a frente con el cocodrilo más grande que se pueda conocer en el mundo. Estaba lamiéndose el hocico, como esperando a que corrieran para comenzar la persecución y luego atraparlos y comerlos.
- Cuando… diga… tres… corremos, ¿ya?… -susurró inmóvil Danny para que el cocodrilo no escuchara.
Los tres asintieron nerviosos, sin mover un músculo…
- Muy bien… ¡Tres!
Y ya dada la orden del castaño, escaparon por las alcantarillas esquivando a la bestia cada vez que se disponía a arrancarles un pedazo de carne.
- ¿Sabes? Si salimos de esta, te juro que te voy a matar Danny –lo amenazaba la chica inglesa.
- ¿Yo? ¿Y por qué yo? –se quejó este.
- ¡Porque a ti se te ocurrió meterte a esta entrada!
- ¡Hey, dejen de pelear y vengan aquí!
Era Wesh. Había encontrado una puerta anexa que daba a un cuartel de la O.W.C.A. Inmediatamente los otros restantes fueron a lo que daban sus piernas para entrar y salvarse. Casi la francesa no lo logra, y a pesar que casi pierde una pierna en la boca del reptil, llegó al fin y el moreno cerró rápidamente la puerta, haciendo que el cocodrilo chocara con ella y se rompiera todos los dientes.
- Eso estuvo cerca… -jadeaba Danny.
- Más que cerca ¡Me deben una! –respondió molesto el moreno.
Continuará...
