La Última Misión

Capítulo XI

Ya adentro del cuartel, pudieron ver que una enorme pantalla se alzaba sobre sus cabezas. Danny corrió hacia ella para ingresar la clave que daba acceso a la comunicación con su mayor.

- Hace más de una hora debieron estar aquí –los retó Wanda.

- Lo siento, mayor. Tuvimos percances en el camino por ese cocodrilo.

- ¡Ah! Ya le he dicho a Monograma que saque ese animalejo, pero no me hace caso.

- ¿Y cuál es la misión? –preguntó Renata.

- Escuchen con atención. En varias plantas nucleares, que han revisado sus inventarios, se han dado cuenta que les han robado una caja de plutonio por cada industria. El FBI rastreó al ladrón y llegaron a la conclusión que estaban en manos de un profesor de ciencias renegado por sus colegas. Se hace llamar Destructicom.

Al oír el nombre de ese personaje, el castaño sintió que un escalofrío recorría por su espalda.

- La policía no puede capturarlo pues no sabe dónde vive. Al parecer tiene su guarida secreta en el océano Atlántico, pero ninguno de nuestros escuadrones ha podido encontrar su ubicación. Ha permanecido desaparecida por varios años, ya que el profesor tenía ya sus antecedentes por contrabandear en el Congo Belga y piratear LP's de Michael Jackson… Ahora planea su venganza: Incendiar el sol.

Ahora todo encajaba. Daniel se había metido en terribles aprietos ¿Incendiar el sol? Eso no tenía sentido, es una bola de fuego, pero a lo mejor su idea no era específicamente eso, sino apagarlo con hierro, la debilidad de las estrellas.

Había ayudado a Heinz, su alumno el mal en construir el aparato. Si hubiera sido advertido anteriormente hubiera detenido todo chantajeando a Doof para que le dijera todo sobre su maestro. Ya era tarde, debía arreglar todo sin que nadie se diera cuenta.

Y lo más importante: llevaría tiempo. ¿Cómo le haría para ir a la tocata en el Festival con Linda y a la vez salvando el mundo?

- ¿Y cómo nos haremos pasar por civiles aquí sin levantar sospechas de nuestra doble identidad? –habló Wesh.

- Ustedes será ingresados a la universidad de Danville como simples estudiantes de intercambio en sus respectivas facultades. Solo continúen con sus estudios, sin olvidar el verdadero propósito de su misión: Encontrar y detener al profesor Destructicom lo más rápido que se pueda.


Daniel rentaba un pequeño departamento en el centro de la ciudad, cerca de la universidad. Allí alojó en su casa a sus compañeros de misión. A las mujeres les cedió su dormitorio, mientras los ambos varones se hicieron un hueco en dos viejos sillones para dormir. Estaban viendo televisión, mas el joven de Danville no parecía estar muy atento al programa, sino estaba absorto en sus pensamientos.

- ¿Sucede algo, amigo? –se preocupó el moreno.

- ¿Eh? Solo… nada… mis cosas…

- ¿Y no me cuentas nada? ¿Olvidaste que somos como hermanos y nos contábamos todas las cosas? ¡Oh, claro! Ahora me doy cuenta de por qué ni siquiera te acordabas de Renny…

- ¿Te gusta molestarme hasta conseguir lo que quieres?

- Me da la satisfacción de que te gano y saco algo en limpio –y soltó una carcajada que resultó molesta a Danny.

- Bueno… si contándote me dejas en paz… es una chica.

El morocho comenzó a interesarse por el tema.

- Una chica, ¿eh? ¿Y es linda?

- ¡Preciosa! ¡Es la más linda de todas!

Renata, quien hace mucho rato no podía conciliar el sueño, se había levantado al oír la conversación de sus dos amigos. Se alarmó al escuchar al muchacho Flynn mencionar a una mujer, así que a escondidas detrás de la puerta puso atención a sus palabras.

- ¡Wow! Debe serlo, para que te hayas enamorado. Nunca lo habías hecho. ¿Y por qué te gusta?

- No lo sé. Solo… ni siquiera me gusta ¡Estoy totalmente enganchado a ella! La forma en que me mira, camina, su cabello es rojo y brillante como el fuego que me quema… hasta su nombre es precioso y queda con ella: Se llama Linda…

La joven sintió que su corazón se destrozaba en mil pedazos al escuchar el nombre de la que se había robado a su enamorado. Desde entonces sintió un odio profundo a Danny, estaba celosa y molesta que a lo mejor una chica que ni siquiera le prestaba atención lo hubiera encantado y a ella, que siempre estuvo con él la tratara de invisible.

- ¡Linda! ¿Cómo Linda Blair?

- ¡No juegues! ¡Si es verdad lo que te digo!

- ¡Ya, ya! Relájate, te creo… pero todavía tengo dudas. Jamás habías estado interesado por una mujer… es decir… muchos en la Academia creían que estabas enamorado de Renny.

- ¿Renny? ¡Por Dios, Wesh! No es que no la quiera, pero ella es y siempre será como mi hermanita menor. Además… mírala, se nota que no le gusto…

- ¡Bah! ¿Y por qué no?

- No digas tonterías. Si tuviéramos algo entre los dos, ni aunque le correspondiera, jamás lo nuestro resultaría…


A la mañana siguiente todos estaban reunidos en una vieja mesa de madera redonda que estaba en la cocina del departamento. Los tres extranjeros estaban comiendo cereal con leche en un bol de porcelana gastada. Todavía Danny no se sentaba, y cuando llegó a comer, todos lo saludaron alegremente, mas Renata no dijo una sola palabra.

- ¡Hey! ¿Qué le sucede a Renny? –dijo el castaño con una sonrisa -¿Dormiste bien hoy?

- ¡Cállate, cabeza de pizza! Será mejor que te apures si queremos llegar temprano –respondió agresiva.

Muy molesta se levantó y dejó el tazón a medio vaciar.

- ¿Y a esta qué le pasa? –decía Wesh.

- Debe estar estresada con el viaje… supongo –creyó Daniel.

- Debió haber tenido una pesadilla. Estaba durmiendo, pero pude sentir que ella se levantaba en un momento –habló Francine.

- Sea como sea, algo le pasa… ojalá no sea nada por lo cual preocuparme…


Ya en el campus de la universidad, los cuatro agentes secretos llegaron juntos como aquellos viejos tiempos, en los que ni siquiera se los podía despegar el uno con el otro.

Habiendo llegado, todavía faltaba para que comenzaran sus clases. Algunos las tenían un poco más tarde, solo que Franny era la que debía ir a su facultad más temprano, así mientras los otros esperaban sus respectivos turnos en la cafetería.

- ¡Hola, Danny! –lo saludó Doof que llegaba recién. Llevaba una pesada mochila sobre sus hombros. Hace mucho su doctor le recomendaba no usarla tan cargada de cosas, pero se reusaba y ya le estaba quedando una enorme joroba en un costado.

- ¡Hola! ¿Qué tal?

- Muy bien… ¿y quiénes son tus amigos? Parecen ser nuevos.

- ¿Ah? ¿Ellos? Son unos estudiantes de intercambio que vinieron a estudiar por un tiempo aquí. Me los encontré y creí que sería bueno enseñarles la escuela…

- ¿Los conoces? –preguntó receloso el alemán –Se comportan de una manera tan familiar contigo que…

- Bueno… antes estudiábamos juntos en Inglaterra. Amigos del pasado… -en efecto, Danny no estaba mintiéndole, solo ocultando ciertos hechos.

- Nunca me habías contado de tu vida anterior…

- Es que no le gusta hablar mucho de nosotros… -se metió en la conversación Wesh –Han pasado tantos años que uno ya no recuerda…

- Entiendo… ¿y podrías presentármelos Danny?

- ¡Oh! ¿Y mis modales? –se avergonzó el castaño de Danville –El que te acaba de hablar es Wesh Dómine, la sentada en la derecha es Renata Abbott y la de cabello morado es Francine Bouvier.

- Enchanté, mon bon ami –expresó Franny su placer por conocerlo desplegando su encanto francés.

- ¡Wow! ¿Eres francesa? –exclamó fascinado Heinz estrechando su mano.

- Oui, cher.

- ¡De lujo! Yo soy alemán, de Druselstein.

- Se nota por tu acento –se molestó un poco ella –Aunque nosotros no pensamos muy bien de los alemanes…

- Oh, claro… -se dio un golpazo en la cabeza Doof –La Segunda Guerra Mundial, seh…

- Bueno… aunque me criaron odiando alemanes, tú no eres bueno que digamos…

Heinz bajó la cabeza rojo de la vergüenza.

- Eres mejor -agregó la joven, lo que hizo que le volviera el alma al cuerpo a él.

- ¿Y… qué estudias?

- Pedagogía en artes –contestó simplemente ella dándole una sonrisa.

Entonces tocó la campana de la clase de la francesa, a lo cual recogió sus cosas y se dispuso a partir.

- ¿Te veré algún día? –la detuvo por el brazo Heinz.

- ¿Qué? ¡Por supuesto que sí! –rió graciosa.

Ya habiéndose perdido Francine en una esquina, Doofenshmirtz dio un suspiro de enamorado y cayó pesadamente sobre una silla en la mesa donde estaban los demás estupefactos.

- Te gusta –le dijo con voz picarona Danny.

- ¿Qué? ¡No! ¡Ya te dije que hice un voto de nunca enamorarme! –gritó furioso.

- He visto esos ojos varias veces y sé de lo que estoy hablando.

- Seh, claro –susurró sarcástica Renata –Bueno… yo conozco a Franny, y creo que es verdad. También te corresponde.

- ¡Es mentira!

- Reconócelo, Doof. Estás enamorado –canturreaba burlesco su amigo.

- ¡No puede ser! ¡Es una vil patraña! ¡Un engaño! ¡Imposible!

- Nada es imposible si puedes hacerlo…

- Te crees tan inteligente… pero estás en las mismas que yo. ¡Ve a besar a tu noviecita!

Todos quedaron helados con lo último que dijo Heinz. Cada uno de los que estaban allí sabían de lo que hablaban. Danny estaba pálido entero y comenzó a toser para evitar hablar del tema.

Renata vio que era su oportunidad para encarar a su amigo, a pesar que ya sabía, debía hablar de esto para acabar esta incertidumbre.

- Daniel, ¿de qué está hablando? –decía la de cabello azul y verde con el ceño fruncido.

- Este… de nada, Doof está loco…

- Sé que no está hablando solo por hablar ¿No me quieres contar nada?

- Bueno… yo…

Justo entonces apareció Linda. Cuando la vio Wesh supo al instante que era ella de quien hablaba Danny la noche anterior. Hermosa, de cabello y labios rojos y una sonrisa que te hacía suspirar. Incluso sus ojos expresaban una alegría sin precedentes.

Venía junto a su mejor amiga, una joven bajita, robusta y morocha. Era Vivian García-Shapiro.

- ¡Hola Danny! ¿Qué estás haciendo? –saludó simpáticamente la pelirroja.

- ¿Tenías que decir mi líneas? –la regañó su compañera.

- ¡Llegaste justo a tiempo! –exclamó entusiasmado Daniel -¿Vamos a practicar para el recital?

- Pero si te dije que lo haríamos el viernes…

- Seh, pero en cuanto más pronto mejor… -y tomándola de la mano, se levantó de su silla y caminaron velozmente con Vivian a un lugar apartado para continuar la práctica con la guitarra.

Los otros tres no podían creer que Danny se hubiera puesto tan nervioso y los dejó abandonados con solo ver a Linda aparecer.

- Entonces ella es… -se dijo en voz baja el morocho.

- Ya se lo advertí: todas son iguales. Un día se va a arrepentir de todo esto –habló el alemán con desprecio.

Renata solo guardaba silencio. Reconoció a la muchacha al primer momento en que la vio. No sentía odio por ella, solo un malestar tremendo por ni siquiera haberle Danny dicho la verdad de que estaba enamorado. ¿Cómo confiar en alguien así?

Estaba sufriendo por alguien que no valía la pena. No había caso con Flynn: sería un despistado sin remedio para siempre…

Continuará...