La Última Misión

Capítulo XIII

Cerca del campus había un acceso secreto hacia una de las bases de la agencia. Allí llegaron sin problemas, no como el otro día. Si Wanda no les hubiese dicho que había una entrada por ahí, hubieran tenido que pasar una vez más por las alcantarillas.

Afortunadamente llegaron justo a tiempo, sin regaños de la mujer, aunque jadeando un poco.

- ¡A sus órdenes, señora! –saludó marcialmente Renata.

- Muy bien –dijo la imagen de Wanda en la pantalla –Según mis informes, hay un cómplice en la universidad a la cual asisten, en Danville. Es un joven, según lo que pudimos descubrir, pero no sabemos exactamente quién es…

"Espero que no sepan que Doof es el aliado de Destructicom. No soportaría la cárcel con lo debilucho que es…" –pensó Danny tragando saliva.

- Como ustedes estudian en esa institución, creo que tienen más facilidad para encontrarlo. Tenemos entendido que el profesor no construyó el aparato, sino este lo ayudó. También sabemos que pudo haberlo acompañado un tercero, aunque eso no es muy seguro… -agregó la mayor.

"Oh, no… si descubren que fui yo es seguro que me echan la culpa de todo…"

- Haremos lo que podamos y si llegamos a saber algo daremos la información de inmediato… -respondió Francine seriamente.

- Pueden retirarse. Fin de la transmisión…


Regresando al departamento de Daniel, este iba muy perturbado. Estaba muy callado, más de lo normal y sumido en sus pensamientos. Sabía que sería el fin de su carrera, había construido un arma poderosa, aún sin saberlo, había sido un ciego al ayudar Doof, a pesar de ser amigos.

- ¿Qué piensas tanto, Danny? –Wesh notó la preocupación del joven -Estás muy silencioso…

- Seh… ¿te comió la lengua el gato? –rió Franny.

- No, que va… -trató que desviar la atención –Pensando en un examen y el Festival…

- Ajá, problemas con la novia… -dijo el moreno.

- ¡Que no es mi novia!

- Admítelo, son el uno para el otro –molestaba la francesa –Tu media naranja, la dueña de tu corazón…

- ¡Ya déjenlo en paz! –los calló Renny, que estaba harta de los comentarios sobre el castaño y la pelirroja -¿Qué no pueden hablar de otra cosa?

- ¿Qué te pasa, Renny? ¿Acaso te gustaba Danny?

Eso puso rojos a ambos chicos. Renata comenzó a toser mientras el otro se rascaba insaciablemente la espalda.

- Pero… ya les he dicho que técnicamente ambos somos hermanos…

- ¿En serio? –decía enojada la de cabello verdeazulado -¡Qué casualidad! No lo sabía…

- Haz estado muy rara estos días –murmuró Francine.

- ¡Nada, solo déjenme en paz! Pásame las llaves, Daniel–este se las pasó y luego de esto apresuró su paso y corrió hasta la casa del muchacho de Danville, donde entró dando zapatazos de rabia y dejó la puerta abierta para que los demás entraran.

Dio un portazo y se encerró en la habitación en la cual se alojaba con la otra joven.

- Franny, será mejor que hables con ella –susurró Wesh.

- ¿Yo? ¿Y por qué yo?

- No lo sé… se me hace que son cosas de mujeres…


Alguien estaba tocando la puerta.

- ¡Renny, soy yo, Franny! ¿Me dejas entrar?

La chica estaba acurrucada, con las cortinas cerradas en la pieza, en penumbras. No estaba llorando, era demasiado fuerte para ello. Solo apretaba los ojos y trataba de no pensar, en nada. Ni en lo que había pasado, ni en sus amigos, ni en Linda, y menos en Danny. ¿Cómo podía haberle roto el corazón y este ni siquiera tenía idea de sus sentimientos?

- ¡Renny sé que estás allí! ¡Por favor ábreme!

Sin prestar atención, se puso las frazadas de la cama encima suyo con una almohada tapándose los oídos para no escuchar.

- ¡Renata Abbott! ¡Te exijo que me abras la puerta de inmediato sino…! ¡La echaré abajo y sabes que puedo hacerlo!

Sabiendo que no podía arriesgar a que lo hiciera, la inglesa se levantó y abrió la entrada, y apareció la figura ya no tan simpática de la dulce y alegre Franny. Esta era una Francine furiosa, molesta y de mal semblante.

- ¿Por qué no me abrías? Ya me la vas a pagar, pero no ahora, vengo a otra cosa… siéntate.

La aludida obedeció y se recostó en la cama descuidadamente, en ese instante la otra de acomodaba y miraba al techo sucio tragando saliva mientras mascaba un chicle.

- Hace rato que te notamos ausente… -rompió el silencio la francesa –no dices nada, no como antes. ¿Qué te pasó? Cuando íbamos en secundaria conversabas hasta por los codos…

- La gente cambia, Francine…

- Sí, eso lo sé… mas… ya no es algo natural… ni siquiera eres seria… es un aire de tristeza…

- ¿Has estado fumando? –trató de despistarla la peliverdeazulada.

- ¿En serio? ¿Se nota? ¡Pero ese no es el tema…! Quiero que me digas… ¿qué te está sucediendo?

- Nah, ¿ahora vamos a pasar toda esta historia con la loca que escribe esto diciendo "¿te te pasa/sucede"?

Ambas quedaron con una cara mirando de frente como observando algún ser tercero que los estaba mirando.

- ¿Qué miras? –preguntó Franny.

- No sé… sentí una perturbación en el equilibrio…

- Continuando… ya… no me iré si no me dices.

- ¿Otra vez? ¿No puedo vivir tranquila sin que nadie me diga nada?

- Es que es extraño que te pongas así cada vez que te preguntan. Siempre te pones así cuando algo te molesta demasiado. Desde que llegamos a la universidad estás así, en especial cuando vez a Linda… -y con si fuera un gatillo, dejó de hablar y puso una cara maliciosa con una sonrisa tipo gato risón –Te gusta Danny –canturreó.

- ¿Qué? –y se puso roja entera -¡Noooo! Yo no…

- Te gusta y estás celosa, eso te pasa –y comenzó a hacerle cosquillas cantando "¡Te gusta Danny, te gusta Danny!…"

- ¡Ya, ya…! –se reía, mas pronto comenzó a enojarse -¡Ya, déjame! No es gracioso.

- ¿Te gusta sí o no? Si me dices que no, no te creo…

- ¡Si me dejas en paz te digo que sí! ¿Feliz?

- ¡Awwww! Mi amiga enamorada –y la abrazó la pelimorada.

- Dejémonos de cursilerías… somos agentes secretos, sangre ardiente, venas de metal, nervios de acero… y más tú, que eres espía…

- Te creo, te creo… pero… ¿por qué te lo guardabas tanto? Eres muy hermosa y no dudo que si te hubieras esforzado un poco en conquistarlo lo tendrías rendido a tus pies… y tenías más posibilidades, si eres su amiga…

- Como sea… -sonrió tristemente –mas… ¿de qué me serviría? Ya se me escapó, pertenece a otra… ¿qué más hacer?

- Debiste haber contestado tú misma la pregunta… si ya es tarde, existen muchos peces en el océano. Pronto encontrarás uno que te corresponda y serás feliz… no hay nada más que remediar, solo dejar atrás el pasado…


Luego del consejo de Francine, Renata se sintió mejor y desde entonces conversaba un poco más con su compañero, al cual tenía puestas sus esperanzas sin resultado. Mas la herida seguía latente y cada vez que escuchaba el nombre de la mujer que se lo había robado sin haberle pertenecido.

Llegó el viernes. Aquél día era el último ensayo, en casa de Linda, a las afueras de la ciudad, en una cabaña cerca del lago Barbafea, famoso por el legendario pirata de agua dulce del mismo nombre.

Los ensayos eran personales. A las 6 de la tarde la pelirroja practicaba con Vivian, su mejor amiga como bajista. Una hora después lo había con los coreógrafos y curiosamente a Danny lo dejó para el final, como a las 9 a 10 de la noche. Cuando llegó el muchacho al umbral de la puerta, este se había arreglado entero. Cuando aún o había partido pasó horas con sus demás compañeros de piso arreglándolo para la ocasión especial. Lo habían peinado, perfumado y hasta le compraron un ramo de flores, pero en el camino pasó rápidamente un autobús que voló casi todas las flores excepto una hermosa flor roja, aunque con pocos pétalos, estaba intacta y con algunas gotas de agua encima.

Tocó el timbre. Las estrellas brillaban en la penumbra. El cuerpo le sudaba entero y las manos le tiritaban, como cuando le pidió participar en el Festival. Este sería el día siguiente, el sábado, por lo cual, además de la presión causada por pedirle a la joven que sea su novia, también estaban los nervios del evento.

Quería escapar, dejar todo abandonado. Estaba dispuesto a correr cuando justo en ese momento, la hermana menor de Linda, Tiana abrió la puerta invitándolo a entrar.

- ¿Eres tú Danny Flynn? –preguntó la chica con una sonrisa amable.

- Este… sí… supongo…

- ¡Qué curioso! Tienes el mismo apellido de nuestra familia…

- El mundo es pequeño –rió el castaño.

- Entra, mi hermana te está esperando…

- Gracias…

Cabizbajo, siguió a Tiana por el pasillo de la casa en dirección al living. Allí estaba la hermosa Linda Flynn, sentada en el sofá, tocando algunos acordes para comenzar el ensayo. Era buena con el instrumento, con este estaba tarareando viejas melodías de jazz y blues.

- ¿Te gusta el jazz? –indagó Danny, sin siquiera saludar.

- ¡Oh, no me di cuenta que habías llegado! –se sonrojó Linda, y con la mirada vaga notó la flor que llevaba en su mano el muchacho -¿Es para mí?

El joven de Danville, aturdido observó la rosa lacia que aún tenía consigo. Como un arrebato, entregó el botón carmesí a su amada pelirroja.

- Es hermosa –suspiró ella al tenerla en sus manos -¿Quieres pasar a tomar una tacita de café…? ¡Digo! Será mejor que nos pongamos a practicar…

- No será mucha molestia… ¡Espera! Quise decir… de acuerdo –se corregía todo embobado, dándose golpes en la cabeza.

Tiana, que miraba la escena con la risa atascada en la garganta, se dispuso a regresar a su habitación, cuando en el camino se encontró que sus padres: Betty Jo y Clyde se encontraban espiando a la pareja detrás de una pared.

No iba a dejar que arruinaran el momento de su hermana.

- ¿Acaso no saben lo que es privacidad? –ironizó la joven.

- Solo queremos ver si todo está bien… -se excusó la mujer.

El padre asentía con una sonrisa algo culpable por haber sido descubierto por su hija menor.

- ¡Vayan a espiar a los vecinos, pero déjenlos en paz…! –los regañó Tiana.

Estos dos, avergonzados, se fueron a su dormitorio a ver telenovelas. Mientras Tiana los vigilaba de vez en cuando para que no salieran de allí hasta que toda la supuesta cita terminara.

Continuará...