La Última Misión

Capítulo XIV

Aquella misma noche, Francine salió a pasear en solitario por las calles de Danville.

Antes de partir, encontró en la mesa del teléfono de Danny la dirección de varias personas. De las muchas, se interesó por una anotación, esta era de Heinz Doofenshmirtz.

Sin que sospecharan sus compañeros de cuarto, la agarró entre sus manos, tomó su chaqueta y partió a la casa del muchacho de acento alemán. Quería hablar con él, conocerlo un poco más.

"No sé si pueda… ¡Agch! ¡Reacciona, Francine! Eres una agente secreto. Como te dijo Renny ¡Nervios de acero!" –se daba fuerzas a sí misma, frente a la puerta de la morada de Heinz, pues no tenía en ese entonces el suficiente valor para tocar el timbre.

¡Y como si el destino estuviera de su lado y viceversa, quien abrió la puerta, sin haberla tocado siquiera, fue el mismísimo Doof!

- ¡Anne! –se sorprendió el dueño de casa -¡Qué maravilla de verte!

- ¿Sientes… mucho gusto de verme? –se ilusionó la pelimorada sonrojada al máximo.

- Este… -carraspeaba el joven – no… ¡Ay! Que digo… Sí, me alegro… me emociona… me excita… ¡Tonto!

- ¿Eh?

- Nada, Anne… solo… como que algo por dentro supuso que vendrías. Eso es todo, Anne…

- ¿Me llamas Anne?

- ¿Qué? ¿No te gusta? Si quieres, puedo…

- ¡No! Dime nomás… me gusta así. Mi madre me decía Anne de pequeña…

- ¿Y dónde está?

- En el cementerio –contestó con voz lúgubre.

- ¡Oh! Lo siento mucho…

- ¡No te preocupes! De todos modos fue de vejez, ya sabes… el ciclo de la vida… ¡Cambiando de tema! ¿Ibas saliendo? Pues… como abriste sin yo haber…

- En realidad… no… pero… ¿me aceptarías dar la vuelta a la manzana?

- ¿Te refieres a pasear?

- ¿Qué estás sorda? ¡Ups! Perdona… nunca había conversado tanto con una chica ¡Digo! Una persona como tú, jeje…

- Seh… comprendo…

- ¿Te invito un café?

- Sería un placer… -sonrió Franny.


Mientras tanto, en la casa de Linda, los dos jóvenes estudiaban un pentagrama con las notas que llevaba la canción del concierto para el Festival.

Al Danny estar leyendo, la vivaracha pelirroja se acurrucaba al lado del castaño, quien al sentir su contacto parecía que se estuviera volviendo loco, pues a cada rato se equivocaba al solfear las notas, en vez de ver un Do había un corazón y en vez de un Si una flor, todo estaba de cabeza, la presentación sería mañana y ambos estaban mirándose con ojos de corderos degollados como si nada.

- ¡Ay! ¡Linda, ya no lo soporto! ¡Soy un fracaso! ¡No podré hacerlo! –se lamentó el de lentes al darse cuenta del disparate que estaba causando.

- ¡No! ¡No te vayas! –lo sujetó al sofá la chica –Te necesito… junto a mí… no bromeo al decir que tienes un gran talento…

- ¿Talento? ¡Por favor! Apenas descubrí esto hace unos días luego de años de no haber visto ni de frente una guitarra. Búscate a otro que sea mejor que yo…

- ¡Escúchame, Daniel! –gritó enfurecida la pelirroja -¡Tal vez nadie te lo haya dicho, pero al verte supe que serías la persona correcta para este puesto! ¡Algo dentro de mí lo intuyó y no haré de mentirosa esa voz!

- ¡Suéltame! –forcejeaba el muchacho, pero esta no lo soltaba.

- ¡No lo haré! ¡Ya no lo quiero hacer! –y tras decir esto, lo besó como si su vida dependiera de ello. Estuvieron así largo rato, besándose el uno a otro. Aquél fue el beso más largo que de todos los anteriores que se habían dado.

Al final de ese momento eterno, ambos se separaron, respirando bocanadas de aire, jadeando.

- ¡Danny! –musitó Linda, abrazándolo –Sé que es poco habitual que lo pregunte una mujer, pero ya no puedo seguir teniéndolo en duda… ¿querrías ser mi novio?

Lo dicho por ella dejó boquiabierto al castaño. ¿Acaso una chica le estaba diciendo que quería ser su novia?

Él la estrechó con todas sus fuerzas, y a la mujer no le importó si le doliera o no.

- Yo iba a preguntarte eso antes, pero no pude… creo que soy la persona más cobarde que existe…

- No, Danny. Solo que el destino lo quiso así… ahora está hecho… ambos juntos, para siempre…


- Doof… -conversaban Franny y el alemán mientras paseaban por la calle –Realmente eres una persona muy agradable.

- ¿De veras lo crees?

- ¡Por supuesto!

Por dentro, el corazón de Heinz se decepcionaba de sí mismo cada vez más. Se sentía cada vez más hipócrita de que sus verdaderas ambiciones fueran malvadas y que no había espacio en su vida para una mujer, y menos una tan buena como Francine.

- ¡Mira, ahí hay una cafetería! –gritó Doofenshmirtz para que dejaran de hablar del asunto.

Se acercaron al local, hacia dónde se encontraba el muchacho pecoso y espinillento que vendía los productos.

- ¡Buenas noches! –los saludó el chico -¿Qué se les ofrece?

- Un… ¿qué quieres, Anne? –preguntó galantemente el joven alemán.

- Creo… que un latte solamente…

- Un latte para la señorita y para mí un capuchino…

- A sus órdenes, señor –obedeció el empleado. Este preparó las bebidas calientes y se las entregó a la pareja –Que sea de su gusto. Aquí tiene señor su capuchino y el latte de su novia.

Heinz estaba bebiendo de su café, y al escuchar la palabra "novia", escupió el líquido encima de Franny.

- ¡¿Qué? –se puso histérico él, al mismo tiempo que la joven -¡Ella no es mi…!

- ¡No soy su novia…! –terminó Francine –Solo… somos amigos…

- ¡Ah! Muy buenos amigos –musitó interesado el vendedor –Y… ¿no tienes cita para mañana preciosa?

- ¡Ella no saldrá con nadie más! –se puso celoso Doof –Gracias por atendernos y hasta nunca.

Y ante la confusa cara del empleado, ambos se apartaron caminando.

- ¿Estás bien? –preguntó el alemán ya lejos de todo el problema.

- ¿Tú qué crees?

Él la miró de pies a cabeza y todavía no se daba cuenta que estaba toda empapada en el café que había escupido sobre ella.

- ¡Discúlpame! Déjame limpiarte… -trató de ayudarla Heinz.

- ¡No! No te preocupes, me pasa todo el tiempo –dijo dulcemente –Además tengo ropa limpia en casa…

- Bueno… aún así quiero compensarte… en mi casa mi madre tiene algunos vestidos que pueden servirte para cambiarte…

- ¡Ah! Pero… son de…

- No… este… ella los hacía, pues antes que naciera mi hermano menor esperaba una niña y se la pasaba horas cociendo hermosos vestidos…

- Pero… ¿qué hicieron con ellos al saber que iba a nacer un niño…?

- Jeje, es una historia graciosa, pero no me gusta contarla…

- Entiendo… ¿irás al Festival de Danville?

- Bueno… Danny me dio una entrada, pero a mí no me gusta…

- Porque yo iré y pensaba si…

- ¿Irás? Digo… ¡Sí voy! Si quieres podemos…

- ¿Ir juntos? Me encantaría ir contigo.

- ¿En serio?

- No había ninguna otra persona con la cual me agradaría ir…

Aquello produjo un silencio incómodo entre los dos. Hasta se podía oír el latido de ambos.

Sin decir una sola palabra, Francine y Doofenshmirtz caminaron hacia la casa de este último, tomados del brazo. Estaban tan sonrojados que parecían dos tomates maduros y jugosos.

Llegando al hogar del castaño, entraron y pudieron ver cómo los padres de Heinz conversaban animadamente con Roger, quien les presumía un diploma y varios premios que había ganado aquél mismo día.

- ¡Oh! –exclamó el hermano de Doof –Veo que me trajiste una amiga…

- ¡Oye! Ella viene conmi… -pero antes que pudiese terminar, de forma grosera el vanidoso joven lo empujó a un lado, de modo que cayó en el sofá. Aunque no se hirió, estaba tan molesto que su irritante hermano le arrebatase todo.

- Eres muy linda… -murmuró descarado Roger.

Mientras Francine solo ignoraba sus palabras. Realmente encontraba asqueroso y pervertido que se acercara de forma tan arrogante e injusto que los padres de este no hicieran nada por corregirlo. Era como si ovacionaran a su hijo menor y humillaran al mayor.

- Seh, muchos imbéciles como tú me lo han dicho –contestó tajante Franny.

- Eres muy ruda… eso me gusta… ¡Hey, Heinz! Por primera vez en tu vida has hecho algo bueno en traerme este regalito…

Roger y sus padres comenzaron a reír de forma burlesca. El pobre Doof agachó la cabeza, estaba designado a siempre recibir lo peor para él mismo.

- A ver, muñequita… dime cómo te llamas –preguntó el descarado.

- Francine Bouvier, aunque dudo que tenga nombre un animal como tú…

- A ver, ninguna chica me ha rechazado. ¿Entiendes? Y no permitiré que una francesa sea la excepción. Tú serás mía –y la agarró de la cintura para besarla. Pero ella comenzó a resistirse. De modo que la joven no pudiera huir de él, Roger la abrazaba de forma violenta.

Realmente la habían superado en cuanto a fuerza. Con las manos inmóviles, no podía defenderse bien.

Los padres de los hermanos no se inmutaban.

- ¡Ya déjala! –gritó el castaño mayor.

Roger observó la figura delgada de Heinz de forma insultante.

- ¿Tú crees que puedes contra mí?

- Si quiero puedo romperte la cara si no la dejas en paz –bufó Doof.

- A ver si puedes –y volviendo a lo que estaba, continuó intentando besarla, pero Francine evitaba acercar su cara con la de él –Déjate hija de…

Antes de terminar, su hermano le propinó un golpe en el rostro, de modo que así pudo soltar a la pelimorada y ella, para rematar le torció el brazo bruscamente con una maniobra de karate.

- ¿Ahora entiendes lo que soy capaz de hacer? –dijo Heinz –Déjalo, Anne…

- ¡Heinz, te exigimos que le pidas perdón a tu hermano! –ordenó su madre.

Mas el hijo mayor no obedeció a la orden, y junto a Francine subieron las escaleras de la casa hacia la habitación del chico…

Continuará...