La Última Misión
Capítulo XVI
Así se produjo un quiebre en la amistad entre Danny y sus compañeros. Si fuera por ellos, no castigarían de forma tan dura al castaño, mas órdenes son órdenes. Como agentes secretos y espía debían obedecerlas, sino estarían rompiendo su código de entrenamiento. Más allá de la vida a la que habían nacido nada más conocían, y no podían arriesgarse tanto a perderla.
Daniel salió muy afligido de la base secreta. Ya no sabía qué hacer. Primero lo primero, debía conseguir un empleo, pero… ¿cómo? Sin dinero no podría pagar sus estudios, y si quería obtener un poco de "material verde" debía empezar de cero desde el principio, y ese principio era el momento de ahora.
Mas debía dejar de lado su compromiso con Linda.
La pelirroja se encontraba peinando su brillante cabello como el fuego en su hogar. Aún no partía a la universidad, cuando tocaron la puerta de su casa y su hermana, quien atendió a quien lo hizo, la llamó:
- ¡Linda, Danny viene a verte!
Con el corazón dando tumbos, bajó las escaleras entusiasmada. Mas su sonrisa se transformó en confusión cuando vio la cara de afligida de su ahora ya novio.
- ¿Qué sucede? –preguntó dulcemente la joven.
El muchacho, quien cabizbajo estaba, levantó el rostro lentamente, haciéndole visualizar su pena.
- Linda… me temo que no podré ir al Festival esta noche…
- ¿Cómo qué no puedes? ¡Qué hablamos, Daniel Flynn! ¡Eres un gran artista!
- Ya tengo claro eso, y no es lo que me preocupa –explicó el castaño –Amor… no eres tú… ni mi capacidad… soy yo… es mi situación… no… simplemente no puedo…
- Danny… ¿qué quieres decir con esto?
Él dio un suspiro desalentador.
- Tengo problemas, Linda… estoy pasando por tiempos difíciles, y si quiero mantenerme a flote tengo que comenzar desde ahora, y no cargando un pesado costal como lo es el concierto.
La mujer joven cruzó los brazos.
- Es dinero, ¿verdad?
- ¿Qué? ¡No!
- No me mientas –Linda podía con solo observar a los ojos del chico que lo que lo turbaba era su situación económica.
- Querida, lo que menos quiero es mentirte –decía tomándole cariñosamente las manos –Pero no puedo pensar en otra cosa más en mis problemas. Si sigo así me temo que estorbaré tu número musical…
- ¿Estorbarme? ¡Eso nunca! Si lo que necesitas es dinero, mi padre es historiador… como tienes estudios en antropología podría…
- Gracias, pero no puedo aceptarlo…
- ¡Claro que puedes! Insisto. Eres mi novio, no te puedo dejar desamparado en un momento como este… por favor, acepta y yo hablo con mi papá. Seguro que estará contento, le hace falta una vacante como asistente en elaboración de mapas… y como tú eres bueno dibujando planos, creo que será igual si diseñas uno que otro planisferio…
El castaño no sabía si aceptar o no. Era una oportunidad tentadora, y si decía que no, Linda estaba dispuesta a que aceptara su favor.
- Eres obstinado, Danny, y eso es lo que me gusta de ti –rió la pelirroja –Mas sé que no podrías negarme esto.
- Tú ganas, Linda… pero esto lo hago por ti y por el concierto, ya que veo que esto significa mucho para ti… OK… acepto.
La joven presentó formalmente a su novio frente a sus padres. Al desplegarle la idea de que fuera asistente de Clyde mientras estudiara en la universidad y pudiera pagarla.
Aunque tenía asegurado un medio para subsistir, Danny no podía imaginar que ya no era más un agente secreto, algo a lo que había sido entrenado toda su vida, que lo habían llenado de ilusiones y promesas de que nada le faltaría, defendiendo a sus amigos, a quienes consideraba su familia, la que nunca tuvo y protegiendo a la gente del caos.
Todo había acabado, y solo estaba empezando a emprender su carrera de espionaje.
¿Qué debía hacer? Una persona que reacciona al momento se quedaría estancada, sin esperanzas, pero él hizo algo que, si bien era arriesgado, así recuperaría todo:
Volvería a ser un agente…
Y si nadie estaba con él, además de Linda (aunque ella ni nadie podía saberlo), lo haría por sus propios medios y recuperar su honor…
Luego de visitar a su novia, viendo que ya no podría regresar a su departamento, fue con ella a la universidad. Ya que la pelirroja tenía automóvil, lo llevó en el vehículo y llegaron antes que tocara el timbre de su clase. Toda la mañana estuvo pensando en qué haría para ejecutar su plan de redención.
- ¡Hey, Danny! Muchas gracias por ayudarme el otro día con el invento –le agradeció Doof –A mi tutor le gustó mucho, y de agradecimiento te manda esto.
El alemán sacó de su abrigo de cuero un fajo de billetes de cien dólares. El muchacho americano contempló el dinero sin tocarlo con ojos semejantes a platos quebrados.
- Doof, dile gracias a tu maestro por esto, pero que guarde su dinero. No puedo aceptarlo.
- ¡Anda! –le insistió Heinz –Esto es tuyo. Vamos ¡Acéptalo!
La tentación iba en contra de los principios de Daniel. Lo que Heinz tenía en sus manos era dinero sucio, que si bien lo había ganado, lo había hecho en un acto criminal. El de lentes luchaba interiormente. Extendió su mano con dificultar, ya que sus valores estaban luchando en su interior. Estaba a punto de tocar la yema de sus dedos el fajo, mas antes de hacerlo se detuvo y bajó el brazo.
- No puedo, Doof. Muchas gracias, si quieres puedes quedarte con él… -respondió Danny.
Extrañado, Doofenshmirtz volvió a guardar los billetes en su bolsillo y se sentó al lado del pupitre de su amigo.
Nuestro héroe secó el sudor de su frente. Había sido fuerte y salió vencedor ante la prueba de la ambición y la codicia.
Reflexionó durante largo rato. No sabía cómo haría marchar su idea. Sabía que tenía que hacer algo, pero… ¿cómo?
Sacudió su cabeza roja de tanto pensar y en el acto cruzó su mirada con la de Heinz.
Ahí como que algo iluminó su mente.
- Oye Doof… este… ¿tu maestro está en la ciudad? –interrogó el ex-agente.
- ¿Eh? ¿Y por qué preguntas eso? –repuso confundido el chico de Druelselstein.
- Pues… me gustaría conocerlo… ¿podría?
Doofenshmirtz levantó una ceja como un poco desagradado.
- Supongo que estaría bien… creo… -contestó –Bueno… me dijo que no revelara a nadie los planes que él tenía, mas como eres tú, espero que haga una excepción. Sí, está en la ciudad. Como iremos al Festival podrás hablar con él. Ama la música, y dice que sería un buen acompañamiento en un día como hoy… además… siendo tú parte del repertorio seguro que será un placer conocerte…
- ¿En qué piensas, Renny?
La pregunta venía de Francine. En la hora del almuerzo, Renata, Franny y Wesh se juntaron en el comedor como tenían de costumbre. No habían visto a su amigo castaño durante todo el día. Este los había estado evitando, para que ellos no arriesgaran su misión por culpa de él, de todos modos, haría alguna cosa para regresar.
La peliverdeazulada se encontraba bebiendo su malteada favorita de pistacho, y meditabunda entre sus pensamientos.
- ¿Yo? –respondió la joven –Oh… nada… solo que… ya sabes… Danny…
- Seh, lo sé… quizás todo fue un error –dijo la francesa –Mas ya no hay remedio. No podemos hacer nada por él.
- Pero quizás sí podamos. ¿Por qué no intentarlo?
- Adoro tu optimismo, Renny –habló el moreno –Si fuera por mí voluntad, lo haría. Pero tenemos que pensar que ahora tiene novia y el concierto… creo que tendrá una vida mejor como civil. La vida de un agente secreto está llena de peligros. Si el error lo hubiera cometido yo, habría tomado todo esto como el mayor golpe de suerte que he tenido.
- Mas piénsalo bien, Wesh. Él todo el tiempo estudió y fue entrenado para ser un agente ¿Y ahora qué? ¿Toda una carrera echada a la basura?
- Querida –le explicó Francine –Nosotros no podemos hacer nada. Ni siquiera podemos apelar por él. Creo que hay que dejar las cosas como están…
Renata no quedó muy conforme con el término de la conversación. Continuó observando la entrada del pasillo al comedor, esperando a que llegase Danny, aunque sus deseos fueron inútiles.
"- Heinz… oh… Heinz… como mi leal estudiante espero que tengas claro algunas cosas…
- Puede decirme lo que usted quiera. Su confianza está segura en mis manos.
Era una habitación oscura en la que dos hombres charlaban amenamente. No había color visible en el ambiente, y la única presencia de luz era una lámpara ordinaria sobre una mesa de madera, que alumbraba a aquellas dos personas que se encontraban jugando póker. El más joven de ellos estaba perdiendo, y trataba de hallar una forma de recuperar las partidas que había desperdiciado. Le salían gotitas de sudor y de vez en cuando levantaba su rostro para observar a quien tenía en frente. Este era su maestro, quien no parecía preocuparse. Es más, tenía dibujada una enorme sonrisa sádica que llegaba a dar miedo.
- Primero quiero hacerte una pregunta –habló el profesor -¿Han llegado muchachos nuevos a tu universidad
- Bueno… ¿cómo saberlo? Todos los días llegan por programas de intercambio. Pero si se refiere a alguien cercano, puedo afirmarle que es como usted lo dice.
Hubo un momento de silencio muy largo. Al parecer el maestro estaba buscando palabras indicadas antes de expresarlas.
- Y… ¿cómo son?
- Oh, nada… solo son amigos de un compañero de clases mío. Nada relevante… aunque para serle sincero… una de ellos es muy hermosa… usted entiende… le confío estas palabras porque usted ha sido como un padre para mí…
A ese comentario final, el hombre de mayor edad no dijo nada. Estaba más interesado con lo primero que le había contado.
- Con que novatos, ¿eh? ¿No has hablado con ellos?
- Algo…
Se detuvo para decir una cosa más, ya que el juego de cartas había terminado. El alumno quedó una vez más frustrado al ver que su profesor había ganado como siempre que jugaba con él lo hacía.
- Felicidades, profesor Destructicom –le dio la mano el estudiante –Usted es siempre de admirar...
- Gracias, Heinz… y antes que tomes tu cosas y te vayas. Te mantengo al tanto que mis espías personales me han informado que agentes de la O.W.C.A están entre tus compañeros de la universidad. Puede que estén en tu misma clase o no. Pero que la única forma que hayan llegado esas personas es con el pretexto de un intercambio. Buscarán cualquier pista para encontrarme y llevarme ante los tribunales. Bueno… tú estás de mi lado, ¿cierto? Así que hazme un favor. Cuando alguien, quien sea, sin importar quién sea, te pregunte sobre mí en forma directa sobre dónde estoy y cómo puede encontrarme, dale el gusto, infórmamelo y lo guías hasta aquí… mis secuaces se encargarán de él. Si no quieres perder a tu maestro, es lo mejor que puedes hacer por mí…"
Eran ya cerca de las cinco de la tarde y dos siluetas se reconocían en los oscuros callejones del centro urbano de Danville. Eran Danny y Doof, este último pensaba lo que vimos anteriormente. No podía creer que fuera posible que su mejor amigo sea un agente o espía. Si se lo había preguntado, eran muchas las probabilidades que así fuera. Si de todos modos no lo era, se demostraría, y Daniel quedaría libre. Ese era su consuelo. Lástima que creía en vano.
Al fondo de pabellón estaba de pie una persona. No se le veía la cara, pues esta estaba oculta detrás de una máscara de hierro y usaba un traje rojo con detalles que le cubría todo el cuerpo. El joven agente, al observarlo, juzgaba que era un hombre muy excéntrico y extraño.
- Con que tú eres el que me ayudó a construir mi preciado aparato estrella –habló Destructicom en un tono benevolente.
Danny no se sintió muy cómodo al escuchar eso.
- Agradezco que me hayas hecho este favor. Espero que aceptes… mi humilde recompensa.
Tronando los dedos, aparecieron deslizándose por las paredes de los edificios laterales del callejón una pandilla de hombres vestidos en traje de ninjas. Aunque de estos no tenían nada, eran muy fuertes, lo que no tardaron en reducir al chico castaño, a pesar que dio resistencia y noqueó a unos cuantos.
Mientras tanto, Doofenshmirtz veía la escena consternado. Al ver cómo realizaba ciertos movimientos el que había sido alguna vez su mejor amigo, en aquellas maniobras de karate y yudo, se convenció que este era lo que su maestro le había enseñado a odiar con toda su alma y razón.
Ya en el suelo, con los lentes rotos e inmovilizado, Danny aún conservaba la conciencia de lo que había a su alrededor.
- Bien hecho, Heinz. Toma esto por tus servicios –le brindó el malvado a Doof un fajo de billetes que en total eran más de cien mil dólares –No puedo estar más orgulloso de ti.
El ex-agente, al escuchar lo dicho por Destructicom miró consternado el rostro de su amigo, quien estaba avergonzado de lo que había hecho.
- Tú… sabías todo… -le reprochó.
- No entiendes nada, Daniel –le contestó Doof –Tú ni nadie entiende lo que soñamos mi maestro y yo… para quienes trabajas son los enemigos de él, por tanto, también son los míos…
Y después de lo dicho, uno de aquellos "ninjas" presionó contra la cara del desventurado joven un pañuelo húmedo con cloroformo, lo que lo sumió en un profundo sueño involuntario.
Continuará...
