Una idea loca que se me ocurrió.
Los diálogos están escritos con guión inicial y entre comillas para recalcar que son diálogos. Los pensamientos de Arnold también están entre comillas, pero siempre insertos en un párrafo, porque no pueden dar lugar a diálogos… pobrecito. Jejeje.
No soy propietaria de Hey Arnold!...no...aunque quiera…no…
Oxoxoxox
Cuando pasó una semana de estar a solas con Helga, ella ya no le decía excusas de por qué había venido. Sólo lo saludaba, e incluso comenzó a bromear diciendo "Buenas tardes, Arnoldo. Aquí vengo a reportarme". El tiempo que le daba la espalda y se estremecía también empezó a disminuir. A lo mejor sólo era un resfriado fuerte y se estaba recuperando.
Pero un día, algo fue distinto.
-"¡Rayos, Arnoldo! Tu pieza sí que está vigilada, yo no sabía que necesitaba de un pase para entrar o algo."
Arnold escuchó este comentario con curiosidad. ¿Qué quería decir?
-"Bien, como sea. Igual logré entrar, pero vamos a ver qué puedo hacer."
Arnold seguía mirando a Helga. ¿De qué estaba hablando? En sus pensamientos, trataba de decir "Helga ¿cuál es tu punto?". Pero en vez de respuestas, vio como ella acercaba la silla a su cabecera. Un ligero tono rosado en sus mejillas. ¿Tendría algo de fiebre?
-"Ok, Arnoldo. No sé si estás ahí o no, pero tengo que decirte algo serio."
Y luego, Helga se rió. Parecía ¿nerviosa?
-"¡Oh, qué rayos! Tal vez ni siquiera escuches lo que estoy diciendo, y te quedes como un vegetal mirando, ¡sin ni siquiera saber lo que estás viendo!"
A Arnold le dolió eso. Él si podía escucharla y comprender lo que decía. Pero no podía hacer nada al respecto. Era como un vegetal, atrapado en su propio cuerpo.
-"Oh tal vez si, y me pasé de la raya de nuevo."
Arnold vio como Helga miraba cerca suyo con una mirada de dolor. ¿Dolor? ¿si antes se estaba riendo? ¿y ahora se estaba disculpando de algún modo? Ok. Ahora sí estaba confundido. Siempre supo que Helga era extraña, y ahora lo estaba confirmando cada vez más. Al menos, ya estaba entendiendo que podía pasar por múltiples estados de ánimo en poco tiempo. Helga continúo.
-"Como sea, es mejor que lo sepas, y si estás ahí, te enteres por mí y no por otra persona."
Helga tomó una respiración. ¿Qué podía ser tan difícil de decir?
-"Bien, tuve que decirle a la enfermera de piso que éramos novios."
Si Arnold hubiese podido moverse, su cara habría estado desencajada. ¡¿Qué?, ¡ ¿Pero por qué?
-"Sé que te gusta Lila y todo eso. Pero si no lo hacía, no me dejaría entrar. Incluso insinúo llamar a servicio social para que se comunicaran con mis padres. ¡Rayos! La gente siempre se queja de que pocos vienen a visitar a las personas al hospital, y a mí me retan por venir. Eso no tiene sentido."
Arnold pudo comprender por qué lo dijo: para seguir viniendo. Pero quería saber por qué seguía viniendo. ¿Sería para evitar estar en su casa? Si se ponía a pensar en ello, Helga seguramente iría al colegio, y de ahí vendría al hospital. Y por la cantidad de tiempo que pasaba allí, seguramente llegaría tarde a su casa. Pero Helga siguió hablando, incapaz de escuchar sus preguntas mentales.
-"Mira, esto es temporal, hasta que te recuperes supongo. O yo deje de ser una idiota."
Helga se rió de sí misma. Arnold se preguntó qué sería lo que Helga realmente pensaba de sí misma.
-"Pero te prometo esto. Uno, nunca voy a hacer algo que tú no quieras. O por lo menos, que yo entiendo que tú no quieras."
Helga suspiró. Arnold no era capaz de imaginar que cosas podría tener en mente Helga al prometer eso. Confiaba que eso significaba que comenzaría a ser amable con él, … y no llenaría su pelo de bolitas de papel. Ahora, él no podía quitárselas.
-"Segundo, voy a seguir viniendo, Cabeza de Balón. Pase lo que pase. Aunque tenga que escalar las paredes, encontraré algún modo de venir, pasta de cerebros. Y mantenerte informado. ¡Crimeny! Cuando salgas, necesitarás saber qué es lo que ha estado pasando allá afuera, mientras tu cerebro duerme aquí adentro."
Arnold la escuchaba. No, ser amable no era lo que Helga había pensado en el punto Uno. A menos que su concepto de amabilidad fuese distinto y permitiera decir sobrenombres y eufemismos dolorosos. Cerebro durmiendo…
-"Tercero, …"
Helga tomo un respiro profundo. Arnold se preguntó cuál sería el tercer punto. Se daba cuenta que el segundo punto lo había estado cumpliendo desde… bueno, desde que él estaba aquí.
-"Yo visitaré cada fin de semana a tus abuelos, para asegurarme que están bien."
Arnold no esperaba este punto. Tal vez, Helga si podía ser realmente amable y considerada.
-"En verdad, ya lo he estado haciendo, los fines de semana que pasaron. Les pedí que no te dijeran nada, pero bueno, una vez más yo soy la que me acuso. Qué gracioso."
¿Una vez más? Arnold ya pensaría en eso. Sólo estaba enfocado en ver cómo decirle a Helga que le estaría muy agradecido si ella ayudaba a sus abuelos. No es que fueran inválidos…
-"Sé que son muy importantes para ti. Así que decidí mantener un ojo en ellos. Tener a un nieto en el hospital no es fácil. Por favor, no pienses que te estoy culpando, sólo. ¡Ah, rayos! ¡creo que entiendes mi punto!"
Arnold pensó que si entendía lo que quería decir. Lo que más le preocupaba a Arnold eran sus abuelos. ¿Cómo estarían ellos? ¿quién ayudaría al abuelo con la casa de huéspedes? Y más importante aún ¿cómo estaban ellos? El hospital no era barato, y… no era por dárselas de importante, pero probablemente su enfermedad los tendría con la moral baja. Ellos ya habían perdido un hijo y una nuera: sus padres.
Si Helga era capaz de ayudar, si ella podía hacer todo esto… por él o por el motivo que fuese, realmente no le importaría que hiciera lo que quisiera con él, incluso si eso implicaba llenarlo de bolitas de papel de cuerpo entero.
-"En fin. Eso. Como sea. Hay un Cuarto punto también."
Arnold la miró. Helga miraba hacia sus manos. Lucía ¿nerviosa? Parecía que tenía las mejillas más rojas… ¿se estaba ruborizando? ¿la fiebre había regresado?
-"Cuarto. Cuando te recuperes, Cabeza de Balón, te prometo que yo, Helga G. Pataki, te diré la verdad. Te contaré porque vengo a verte todos los días. ¡Rayos! Si me pillas de buen humor, capaz que te cuente un par de historias entretenidas sobre mí y algunas cosas que he hecho… Jeje."
Helga se sonrió, su cara más brillante, al tiempo que se rascaba un brazo nerviosamente. Arnold empezaba a pensar que estaba ruborizada más que afiebrada. ¿Pero por qué?
-"Pero todo esto tiene una condición. ¿Si? Y es que quiero que me prometas que harás tu mayor esfuerzo cada día por mejorarte lo antes posible. ¿Ok?"
Arnold miró a Helga. En sus ojos habían empezado a formarse lágrimas; las mejillas algo enrojecidas. Vio cómo Helga sostenía su mirada y lo miraba fijamente.
-"¿Me entiendes? Promételo, Arnoldo. Promételo. Tienes que salir de aquí algún día. Sé que puedes hacerlo. Así que ¡hazlo! O te enfrentarás a…"
Arnold se dio cuenta que las lágrimas habían empezado a correr por el rostro de Helga.
-"… a la Vieja Betsy y los Cinco Vengadores. ¿Lo entiendes, Idiota?"
Arnold la miró con tristeza. Nunca había visto a Helga así. "Te lo prometo", pensó Arnold.
-"Créeme, más te vale Arnoldo."
Esa noche, después que Helga se fue, Arnold se quedó pensando en el dolor que había visto en la niña, la tristeza, y cómo parecía refugiarse tras la rabia. Y lo que más pensó, fue que le parecía tan sola como él se sentía en estos momentos.
