La Última Misión

Capítulo XVIII

Eran aproximadamente las diez de la noche, hora en la que comenzaba el Festival, y sin reportar su misión de rescate a Wanda, de modo que no arruinara los pasos que habían elaborado para salvar a Daniel de las garras de Destructicom.

Aquella era la hora indicada a la cual Heinz, se disponía a recoger a Franny para llevarla al estadio donde ocurriría en evento. Como la joven de cabello morado era la cita de esa noche con el muchacho alemán, acordaron que ella sería quien lo distraería.

Heinz esperaba a la chica en una humilde limusina negra, aunque con estilo, vestido con un terno oscuro y una rosa rojo carmín en la solapa de su bolsillo de pecho.

A los minutos, del humilde departamento, bajaba por las escaleras una deslumbrante silueta, más semejante a un reflejo del sol que una sombra.

Usando un hermoso vestido negro y alhajas del mismo color de su cabello violáceo, tonos púrpuras que pintaban el marco de sus ojos ámbar, Francine, la bella francesa, se veía encantadoramente hermosa. Aquella visión embriagaba la imaginación del joven, que tan opacado se veía ante su imponente figura femenina. Mas eso le llenaba de una sensación afortunada y cálida en su interior.

- ¿A-Annie? –tartamudeaba el chico todo embelesado.

- ¿Q-qué? ¿No te gusta?

- N-no… solo que… estás preciosa –la alagó sonrojado.

- ¡Ay, no hablas en serio! –bajó la cabeza la muchacha para que no notara que estaba igual de roja como él, cuando de pronto recordó que todo era parte de un truco, entonces se puso seria -¿Partimos ya?

- Pues… sí –y le abrió la puerta del lujoso vehículo galantemente.

- ¡Oh, Doof! –se emocionó Franny -¿Cómo pagaste esto?

- No puedo invitar a una persona especial de una manera que no sea acorde a su personalidad… además… tengo un tutor que me ayuda un poco con el dinero…

Casi como arrepintiéndose de jugar con los sentimientos de Heinz, avergonzada tomó asiento, intentando que su mirada no se topara con la de él.

(Hey Jude-The Beatles)

Hey, Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

Hey, Jude, don't be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better.

And any time you feel the pain, hey, Jude, refrain
Don't carry the world upon your shoulders
Well don't you know that its a fool who plays it cool
By making his world a little colder

Hey, Jude! Don't let her down
You have found her, now go and get her
Remember, to let her into your heart
Then you can start to make it better.

So let it out and let it in, hey, Jude, begin
You're waiting for someone to perform with
And don't you know that it's just you, hey, Jude,
You'll do, the movement you need is on your shoulder

Hey, Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

Meditabunda, y absorta en sus pensamientos, esperó unos minutos, a que Doof levantara su vista sobre ella, quien la contemplaba sin cesar. Ya cuando se cansó de eso, la mujer acercó su boca a un broche de flor jazmín que colgaba del escote de su vestido.

- Fase uno completa… -susurró

- ¿Dijiste algo, Annie?

- Solo que estoy muy a gusto aquí contigo –abrazó a Heinz, dejándolo totalmente atontado.

"Perdóname, Doof, por esto… sé que si llegas a saber la verdad, jamás me perdonarás…"


- Fase uno completa –repitió la peliverdeazulada, quien escuchó lo dicho por su compañera por medio del broche, que en realidad era un transmisor camuflado -¡Pero no me empujes!

- ¿Acaso no te das cuenta que estamos apretujados? –se quejó el morocho.

En efecto, ella y Wesh se encontraban en el portaequipajes del auto. A pesar de su tamaño, no encajaban muy bien en él, lo que causaba que de vez en cuando le dieran unos pequeños calambres. Intentaban no hacer mucho ruido para no llamar la atención de Doof, pero costaba mucho y varias veces estuvieron a punto de descubrirlos.

- ¿Qué fue ese ruido? –dijo Heinz, pasando en una de esas ocasiones

- ¡Deben ser los baches de la vía! ¡No pasa nada! –explicaba entre nervios Francine.


Llegando a Danville Arena, el alemán ayudó a bajar a su acompañante, y al entrar enseñó su entrada en la boletería.

- ¿Sabes? Me dio curiosidad… ¿quién es tu tutor? –preguntó astutamente la francesa.

Ante la interrogación, el ánimo de Doofenshmirtz se fue directamente a los suelos.

"No puede ser posible… significaría que ella…" –pensaba

- Se hace llamar Destructicom –contestó a secas

- Debe ser un hombre muy generoso y adinerado… ¿podría conocerlo?

- Tal vez… pero es una persona que le gusta el anonimato. No creo que quiera verte…

El joven decía esto, ya que ante la posibilidad que Franny fuera una agente, aparte de todo su odio contra aquella gente, la amaba demasiado como para permitir que le hicieran daño al delatarla.

Subieron las escaleras, a un hermoso balcón, también arrendado por el científico, instructor en las ciencias malévolas a Heinz. Era un lugar iluminado elegantemente por un candelabro de cristales que colgaba del techo, en el suelo era decorado por una alfombra roja decorada con hermosos motivos y las paredes delicadamente pintadas, en especial el techo, con varios ángeles coloreados que jugaban entre las nubes, adornaban el ambiente.

En el centro, una pequeña mesita con sillas para dos personas reposaba y los invitaba a comer sencillos manjares al son de violinistas, uno en cada lado.

- Te esmeraste mucho –dijo Francine

- Pues fue difícil convencer a mi maestro –rió Doof

La chica tomó la copa de vino y la alzó en señal de brindis.

- Propongo salud y larga vida al buen benefactor de esta agradable cena –deseó ella

- ¡Por Destructicom!

- ¡Por Destructicom! –repitió él, chocando ambos las copas.


Ya asegurados que no hubiera ningún peligro a los alrededores, los dos agentes secretos salieron de su incómodo escondite. Vestidos informalmente, para no atraer las sospechas, se dirigieron en un pelotón de gente a la boletería. Estaba a punto de comenzar el concierto.

- Hola, buenas noches –se dirigió Renata al encargado de las entradas, un hombre maceteado y que sabía intimidar con la mirada –Queremos entrar al Festival…

- Es lo que quiere todo el mundo –respondió con sorna -Sus boletos, por favor…

Wesh, quien los tenía, se los entregó a ella, y a su vez, la peliverdeazulada al robusto que trabajaba allí.

Mas sucedió algo, el hombre tenía a su izquierda una fotografía de Renata, y al pie del papel, había una inscripción que decía "Enemigo potencial".

Perforó los tickets y se los devolvió a la muchacha.

- Que disfrute del concierto –le dijo amablemente con una sonrisa falsa.

- Gracias, vamos Wesh…

Habiendo perdido de vista entre la multitud a los dos, el portero tomó un comunicador, semejante a los celulares de hoy en día y se apartó en un lugar para que nadie lo oyera.

- Señor, el ave ya está en el nido –murmuró.

- Bien hecho, Linterna Roja –respondió otra voz a través del aparato –Informa a los guardias que se preparen para la emboscada.


Ya adentro, aislados en donde nadie los descubriera, Renata sacó de su bolsillo un pequeño localizador.

- ¡Hey! ¿Dónde sacaste eso? –preguntó intrigado el morocho.

- Me tomé el tiempo de escabullirme en la guarida de la agencia y tomar esto prestado…

- ¡Si Wanda se da cuenta nos va a matar…!

- No si se entera –y lanzó una mirada maliciosa, que extrañó al joven –Primero colocaré en este identificador de ADN una hebra de cabello de Franny y luego uno de Danny y así…

En la pantalla de la maquinita, aparecieron dos puntos amarillos, con los nombres de los mencionados.

- ¡Bingo! –exclamó entusiasmada –Linda, pronto tendrás a tu noviecito…

- Pero por lo que veo, donde se encuentra Danny está al lado de dónde está Francine…

- Hmmmm… cierto. El único acceso posible está donde está ella… pero Doof… si me ve, sabrá al momento lo que estoy planeando hacer…

- Le diré que lo distraiga un poco más cuándo intentemos dar con Danny…

- Debemos tener cuidado… lo más probable es que Destructicom nos esté esperando…

Mas ellos no sabían que todo era parte de una trampa…


En una oscura habitación, llena de pantallas, que mostraban cada esquina del estadio, una persona observaba cada movimiento que se hacía en ellas, pero algo llamaba su atención.

De pronto, todas las pantallas se unieron para destacar una sola imagen:

Renny y Wesh, quienes no tenían ni idea que estaban siendo observados, y algo peor aún…

- Vengan aquí… son mi presa… -dijo el desconocido soltando una carcajada.


Francine, quien conversaba animadamente con Doof, oyó un pequeño chirrido, proveniente de su transmisor.

- ¿Qué es ese ruido? –se extrañó Heinz

- Esteeee… debe ser una abeja que debe andar por ahí…

- ¡ABEJAS! –se espantó él, y saltó a los brazos de la chica, gritando como niña -¡QUE SE VAYA, QUE SOY TERRÍBLEMENTE ALÉRGICO A ESOS BICHOS!

- ¡Ya, ya, calma Doof! –lo tranquilizó –Quédate aquí y yo me ocuparé es esa abejita… voy y vuelvo…

Y sacando de un velador bien adornado una revista, lo agitó al aire como si estuviera ahuyentando un desventurado insecto.

Abrió la puerta y salió del lugar, hacia el pasillo.

- ¡Muy bien! ¿Qué quieren? –habló con tono hastiado por medio del comunicador.

- Tu ayuda, Franny…

Sorprendida, levantó la vista y eran sus dos compañeros, de brazos cruzados, con la mirada seria.

- ¿Pueden decirme qué diablos sucede? ¡Estoy en la mitad de la misión…!

- Seh… claro –ironizó la peliverdeazulada –Pero no venimos a chismear contigo. Tenemos que cruzar hacia la guarida de Destructicom y para ello, necesitemos que distraigas a Doofenshmirtz…

- ¿Eso? ¡Pero es lo que justo estoy haciendo!

- Queremos decir que a un nivel más "elevado" –aclaró Wesh, en un modo malicioso eso último

- ¿Qué quieren decir con "elevado"?

Ambos agentes se miraron como tramando algo malvado.

- Oh… ya sabes… -continuó Renata –Despliega tus encantos… aprovecha que eres francesa…

- ¿Creen que acaso caería tan bajo? No me contesten…

- Recuerda a Danny…

- ¡Bien! Lo haré… solo porque todo el numerito que haré depende de la vida de alguien…-y se dispuso a regresar con Doof.

- ¡Hey, Doof! –canturreó Francine –¿Sabes? Esta noche… a la luz de las velas y la luna… la música romántica en vivo… resaltan que siento por ti… algo… especial…

El muchacho, quien estaba bebiendo de su copa, se atragantó, debido a los nervios ante esa declaración.

- ¿Sientes? A-A-Annie… yo… no sé qué decir… -respondió por medio de tartamudeos.

- Sí, Heinz… -se acercaba ella de manera lujuriosa –Ambos… podríamos hacer… muchas cosas…

- S-seh… -este sudaba y tragaba saliva son frecuencia –P-pero… antes tengo que hacerte una pregunta… ¿Q-qué opinas de la maldad?

- ¿La maldad? –y dicho aquello, los agentes, aprovechando que el lisonjeado había bajado la guardia –Es algo sensual… misterioso… quebranta las leyes y el orden del mundo… con el poder… en mis manos…

- ¡Jeje, qué curioso! También pienso lo mismo…

- ¿Tú crees? Trabajando juntos… podríamos ser emperadores del mundo… rey y reina supremos de…

- ¡Danville! –exclamó él, cosa que extrañó mucho a la joven –Pues… por algo se empieza… je.

- Bueno… ¿qué dices?

- ¡MANOS ARRIBA!

Lo anterior no había sido gritado por ninguno de los presentes. Inmediatamente, una tropa de ninjas irrumpió el lugar. Arrojando a los agentes y la espía encubierta al suelo.

La majestuosa presencia de Destructicom, petulante y soberbio, observaba la escena con un placer insano. Aquella mirada fría y sin compasión, produjo en el interior de Francine un sentimiento de profundo odio y repugnancia.

- ¿Qué sucede? –exclamó Heinz anonadado

- Oh, descuida, mi querido alumno –respondió el malvado –Son tan solo unos espías que planeaban arruinarme…

- P-pero Annie…

- ¿Quién? ¿Ella? –acusó señalando a la joven –Te estaba usando. Rostros bonitos son la perdición de los grandes…

- Y-y-yo c-creí que...

- ¿Creías que te amaba? ¿Qué estaba interesada en ti? ¡Mírala! – bruscamente, agarrándola del cabello, indicado su broche transmisor –Es una espía, enemigos míos –y arrebatándoselo, lo arrojó al piso destruyéndolo de un pisotón –y tuyo…

- ¡No es verdad! –la chica se escurrió de los brazos de su captor a los de Heinz –Tú eres alguien muy especial para mí, tienes que creerme…

- ¿Por qué he de creerte? –fue la lacónica respuesta, que ella no puedo contestar

- ¡Llévensela! Y pónganlos junto al otro prisionero y desháganse de estos… ya no me sirven…

Continuará...