Una idea loca que se me ocurrió.
No soy propietaria de Hey Arnold!...no...aunque quiera…no…
Oxoxoxo
Unos días después del "Compromiso de Helga", ella llegó algo molesta.
-"Muy bien, Cabeza de Balón, tienes que hablar con la Bruja Blanca. ¡Esa enfermera es irritante!"
Arnold se preguntó qué era lo que estaba pasando esta vez. Helga se estaba acostumbrando a llegar molesta por algo, y exigirle que él se hiciera cargo. Irónico, como si él pudiera hacer cualquier cosa.
-"¿Sabes qué hizo ahora?"
Sí. Luego del reclamo, le contaría a grandes detalles los hechos.
-"Pues bien, me ha señalado que por muy novia que sea, sólo puedo venir cuatro días a la semana. Y que si deseo venir más días, tengo que hablar con tus abuelos y mi padre para que firmen una autorización."
Rápidamente, luego de los hechos, se podría decir que ella vomitaba sus emociones e ideas de lo qué estaba pasando. Si Arnold alguna vez deseó saber qué pasaba por el cerebro de Helga, ahora deseaba que fuese un poco más lento.
-"¿Te das cuenta? ¡Es idiota! ¡es odiosa! Yo creo que tiene algo contigo. Tal vez debería hablar con la Srta. Perfecta para ver si ella logra algo, o esa enfermera va a lograr mantenerte encerrado aquí."
Pero debía reconocer que disfrutaba la parte de las ideas conspiradoras. Eran mucho más fantasiosas y creativas que las leyendas urbanas de Gerald o cualquier cosa que pudiera recordar.
-"Espera, ¿no será que ella te mantiene drogado y en las noches te obliga a participar en rituales oscuros…?"
Esta vez la teoría conspiradora había sido breve. Arnold se preguntó si lo que había imaginado sería incluso muy fuerte para que ella pudiera atreverse siquiera a decirlo. Por lo que había oído antes, descartaba que se hubiese quedado sin imaginación. Pero bueno, ya casi se acercaba al fin de la función del inicio de la visita. Sólo restaba la comprobación…
-"A ver, mírame para ver si tienes tus pupilas dilatadas."
…la pausa de un par de segundos. La risa nerviosa…
-"…"
-"¿Qué…? Jijiji…"
…la recriminación en voz baja…
-"Oh, Helga, niña no seas idiota."
Bien, la primera vez que la escuchó se sorprendió que ella pareciera tratarse a sí misma con el mismo trato que daba a los demás. Se preguntó si tenía sobrenombres para sí misma, además de niña.
-"Bien, supongo que no me queda otra que ingeniármelas para que no me vea, porque para esta semana ya agoté mis cuatro días de visita. Cuatro días. ¡Qué tontería!"
Y la solución posible. Con eso terminaba el show. Aunque la mayoría de las veces, la solución que Helga planteaba no sonaba tan racional cómo ésta. Se preguntó si había algo más que no estaba diciendo. Vio a Helga caminar a la ventana y mirar hacia abajo.
-"Seis pisos… si multiplico bien la altura…Uff, ni que tuviera un equipo de espía… Arnoldo, ¿no tienes un equipo de espía?…"
Sí, ese era el tipo de solución que Helga planteaba. Era su segunda parte favorita del show después de la teoría conspiracional. Un equipo de espía para escalar un Hospital…dudaba si realmente podía hacer eso. Racionalmente, era casi imposible. Pero bien, era Helga después de todo. Tal vez si fuese posible para ella.
-"…Ya sabes, el del edificio de Industrias Futuro. Tal vez pueda recogerlo de tu habitación…"
Silencio. Arnold no podía creer lo que había pasado. ¿Lo había mencionado tan rápido?
Helga evitaba hablar sobre cuando salvaron al barrio de Industrias Futuro. Bien, no podía culparla porque en otras condiciones, y dado lo ocurrido en la azotea, él tampoco hablaría del tema. De hecho, nunca había tocado ese tema con ella una vez que todo terminó. Pero ocurría raras veces que Helga, en algún descuido o porque estaba pensando en voz alta, lo mencionaba. E inevitablemente, le seguía un silencio incómodo por parte de ella (él ya estaba en silencio). Y luego, un cambio de tema radical.
-"… "
-"¿Sabes?" –Helga se alejó de la ventana, tomó su mochila del piso y sacó unos cuadernos- "Simmons dio tarea de Historia. Así que, lo siento, pero tendrás que escuchar la Constitución… una vez más"
Arnold la miró. Sus mejillas estaban ligeramente coloreadas.
-"Para tu fortuna, tienes derecho a guardar silencio."
Ah, sí. Casi olvidaba la broma irónica.
-"Dios bendiga la Quinta Enmienda"
Helga suspiró. Y así terminaba el show del inicio de la visita por hoy, y pasaba a la segunda parte. Pero Arnold no prestaba atención a Helga, alegando contra los libros y la cantidad de tareas que daban. Él estaba pensando en la posibilidad de que Helga entrara a su pieza. Y no podía evitar sentir un malestar. "Sólo espero no encuentre el libro rosa ni el Diario de mi padre" -pensó Arnold en sus tesoros- "O el zapato rojo de Cecile".
