La Última Misión
Capítulo XIX
Luego de horas de soledad y profunda agonía, Daniel sentía que la sed y el peso de los grilletes alrededor de sus brazos sangrantes aumentaban más el implacable agotamiento, pronto anunciador de la fría muerte. Aquél largo tiempo sin compañía, comenzó a lamentarse de su desgracia y desear en vano poder estar junto a sus amigos, para poder despedirse de ellos. Al poco rato, aquél deseo se hizo lo suficientemente grande, que su mente, sabiendo lo engañosa que es, logró reflejar la imagen de ellos, mas no de la forma que quería.
Con sonrisas burlescas dibujadas en sus rostros, se acercaban con malicia, rodeándolo cual aves de rapiña, insultándolo y lastimándolo sin piedad. Había caído en el sopor y la locura.
Entonces abrieron la puerta.
- ¡Entren, imbéciles! –quien gritaba era un grotesco guardia, empujando a la celda a Renata, Wesh y Francine -¡Lamentarán haber querido osar contra el poderoso Destructicom! –y dio un portazo estruendoso que casi los deja sordos.
- ¿Están bien? –preguntó Wesh
- Meh, he tenido mejores días –contestó sacudiéndose el polvo de la ropa
- ¡Miren! –señaló la peliverdeazulada hacia la pared, donde colgaba atado a gruesas cadenas, el desaparecido Danny.
Los tres pudieron notar que se encontraba en un estado deplorable, y balbuceaba cosas apenas ininteligibles en medio de angustiosos gemidos.
- ¡Vamos! ¡Ayúdenme a bajarlo! –intentó socorrerlo Renny
- Si bien no ves que tenemos grilletes en las manos, ¿no? –dijo en un tono irónico la francesa.
- Nos quitaron el láser que derrite metal y toda herramienta que nos sirva para liberarnos –pensaba en voz alta el morocho –Si tuviera tan solo la fuerza para…
- ¡O podríamos usar esto!
Franny, soltando su largo cabello, con aire triunfal mostró un pequeño sujetador negro.
- ¿Para qué serviría esa cosa? –despreció el muchacho el diminuto objeto, aparentemente inofensivo, aunque no era lo mismo que pensaba Renata…
- ¡Eres un ignorante, Wesh! Admira la multi-utilidad de un simple objeto femenino –quitándoselo a la francesa, corrió hasta el encadenado moribundo. Buscando el cerrojo hasta encontrarlo, ingresó el prendedor en él y abrió la primera cadena.
- ¡Funciona!
Y siguiendo con las demás, hasta liberar por completo al castaño, con la ayuda de sus otros amigos lo sostuvo hasta recostarlo en el suelo.
Fue entonces cuando el joven herido abrió levemente los ojos.
- ¿Renny? ¿Wesh? ¿Franny? S-s-son ustedes… -intentó hablar entre tartamudeos.
- Descuida, ya estás con nosotros… -susurró la inglesa acariciando su frente como una madre, así al mismo tomarle la temperatura. Estaba caliente por la fiebre y pálido como la nieve
- Y-yo… lo eché a perder… -gruesas lágrimas cristalinas corrieron por las mejillas del chico –P-perdónenme… -y dando un suspiro hondo, se levantó.
- ¡NO! ¡DANNY! ¡Estás muy débil para…!
- Estoy solo… debo estar loco… ellos no pueden estar aquí… -decía Daniel, una y otra vez, lo mismo.
- Está delirando… ¡Rápido! ¡Ayúdenme a tranquilizarlo!
Los dos jóvenes restantes sujetaron al muchacho, intentando inmovilizarlo y que se recostara, mas este no se dejaba, oponiendo resistencia sin ceder.
- Creo que todavía tengo un calmante… -habló Renata, revisando su bolsillo -¡Sí! ¡Morfina! Un poco más, chicos, ¡un poco más de fuerza!
- ¡De acuerda, jefa! –exclamaron ambos, esperando que Danny se descuidara, y cuando llegó el momento, le inyectaron una buena dosis de la sustancia, lo que causó que de inmediato quedara profundamente dormido.
- Me duele verlo así… -murmuró la de cabello verdeazulado
- Pero era necesario –la consoló Francine
- Tenemos que hacer algo… no durará mucho tiempo así…
- Debemos salir de aquí –intentó abrir a golpes la puerta el morocho -¡Es inútil!
Mas la observadora Francine notó un detalle muy peculiar…
- ¿Me devuelves el sujetador, Renata?
- Sí, ¿por qué?
Y sin decir una palabra, la joven, con el mismo objeto, abrió sin problemas la puerta de la prisión.
- ¡Franny, eres una genio! –la felicitó la inglesa.
- Mercy –respondió graciosamente la halagada.
- ¿QUIÉN GRITA TANTO?
Uno de esos guardias mal genio, era el que bufaba tales palabras.
Inmediatamente, todos los encarcelados guardaron silencio, hasta que el centinela se alejara.
- ¡Uf! Eso estuvo cerca…
- Demasiado… -musitó Wesh
- ¿Cómo no llamar la atención…?
Por debajo de la puerta del calabozo, se escurrió una reluciente moneda de 25 centavos. El que cuidaba de la entrada se atrajo tanto por la monedita, que no se dio cuenta cuando los prisioneros salieron de su prisión y le dieron un certero golpe en la espalda.
- ¡Bien hecho, Wesh! –alabó la espía.
- Un placer.
Renata era quien llevaba en la espalda a Danny, quien se hallaba aún inconsciente.
- ¿Ahora qué? –preguntó ella
- El plan 1 era escapar… -dijo Francine
- ¿Y cuál es el segundo plan?
- La verdad, no creía que llegaría tan lejos…
- ¡Franny! –la regañaron ambos agentes.
- Bueno… era broma… si lo llevamos al hospital podría ser tarde… y aquí estaría seguro con Linda. En su camerino debe haber una caja de Primeros Auxilios…
- Buena idea… mas… ¿cómo llegaremos hasta allá? Pronto notarán nuestra ausencia…
- Hay que actuar rápido –propuso el morocho –Antes que sea demasiado tarde y tengamos que lamentarlo…
Avanzando por los corredores, ante el apuro y la desesperación que los tres sentían al tener una vida decadente en sus manos, una sensación de temor abrumaba la mente de cada uno. Al poco rato, esa impresión fue creciendo cada vez más, hasta que por largo rato, se fueron alejando de la realidad.
Estos eran pasillos oscuros, que desesperaban el alma sin compasión. Por allí y por allá: todo era un triste y angustioso juego, con un final que podría ser mortal. Todo era como un laberinto, con el asecho inclemente de algún Minotauro asesino que se podría interponer en su camino…
- ¿Cuántos minutos han pasado? –preguntó la agente
-Creo que falta poco –contestó insegura la líder
- ¡NO ME DIGAS CREO! ¡DIME LA VERDAD! –exigió histérica
- ¿ACASO CREES QUE NO SÉ QUE TODO ESTO LO HACEMOS POR DANNY?
Y así empezó una pelea entre ambas muchachas, cada una creyendo tener la razón y afirmando la equivocación de su oponente.
Mientras tanto, Wesh como árbitro, trataba de apaciguar sus diferencias:
- ¡Chicas, chicas! ¡Por favor, debemos estar unidos para poder salir de aquí!
Aquello pudo calmar un poco el mal carácter de las dos.
- Bien… -se resignó Francine -Que te quede claro, Renata, que si no me obedeces, puedes echar a perder toda esta misión…
- ¡Al diablo con la misión! Yo puedo esperar, mas creo que Danny no podrá soportarlo más…
Y tal como era, el castaño estaba mortalmente pálido, se podía ver a pesar de la falta de luz, lo cual significaba que no le quedaba mucho tiempo al joven…
Renata, como estudiante de medicina, agarró la muñeca de su amigo suavemente, prestando mucha atención a algo.
- Tiene el pulso muy débil… -expresó en un tono sombrío, abrazándolo con todas sus fuerzas entre lágrimas silenciosas
Continuando el escape, a un paso más lento, en medio de la oscuridad. Ya casi ni se podían ver unos a otros, y el bullicio del Festival, que iba al evento cénit con bandas de rock metálico cuyos acordes estruendosos se podían escuchar en las cuatro esquinas de la tierra, eran ya inaudibles…
La francesa, quien era la que guiaba, comenzó a exasperarse, al no encontrar un efugio, o una señal de la cercanía del exterior. Se hallaba completamente decepcionada de sí misma, y eso empeoró aún más con lo siguiente:
Al caminar sin tener ni idea de dónde pisaba, chocó con algo duro, sólido y frío. Si no fuera porque iba lento se hubiera quebrado la nariz. Palpó este objeto y con horror descubrió que era un muro, una especie de callejón sin salida, que no daba a nada. Casi al borde de la locura, se arrodilló de golpe, pudiendo sentir como lágrimas calientes corrían por su rostro y de deslizaban por sus mejillas. Intentando ser fuerte, frunció los labios para no gemir y tapó su cara con las manos.
- ¿Por qué te detienes, Franny? –habló intrigado el agente, mas no llegó la respuesta.
La peliverdeazulada, quien lo entendió todo, dio un hondo suspiro y se sentó en el suelo, acariciando el cabello del herido.
- Es el fin...
- L-lo s-siento, chicos… -lloraba la pelimorada –Cuando lo siento…
Esperando la fría muerte, se quedaron allí, resignados al olvido…
Nadie sabe cuánto tiempo siguió de ese momento. Todos quedaron dormidos a los minutos, exhaustos por la presión y el miedo.
En su sueño, Francine sentía que una cálida luz llegaba a su rostro. Ella creía que era su imaginación torturada por el estrés, mas su espíritu volvió en sí cuando alguien la llamó por su nombre… o más bien dicho… por un apodo…
- ¡Annie! ¡Annie! –gritaba esa luz, que titilaba en medio de las tinieblas.
Abriendo bien los ojos, descubrió que no era un sueño ni una ilusión, era la realidad… una esperanzadora realidad…
Esbozando una gran sonrisa, se levantó, y despertó a sus compañeros:
- ¡Renata! ¡Wesh! ¡Vamos! ¡Levántense!
- ¿Q-qué sucede, Franny? –bostezaba el moreno
- ¡Es él! ¡Es él! –repetía eufórica
- ¿Quién? –preguntaron ambos al unísono
- …
Continuará...
