Ok; sé que el capítulo pasado era corto. Debe ser uno de los más cortos de esta historia. Así que por eso subí éste tan pronto. Además, bueno, entre-nos, no me terminaba de convencer…era difícil plantear lo que quería…darle crédito al sueño y a la capacidad imaginativa de Arnold. En fin. Éste es un poco más largo. Ojalá lo disfruten… porque aún tengo problemas con el par/tres capítulos que siguen a éste XP. ¡Pero actualizaré!...lo que no puedo prometer es cuándo.

Bien, démosle. Una idea loca que se me ocurrió.

No soy propietaria de Hey Arnold!

Tampoco de Big Bang Theory, ni de He-Man, ni de Los Padrinos mágicos, ni de de todas las series y películas que me gustan… Pero si la magia existiese, tal vez sería dueña del mundo :D

Como no (por lo menos, no ese tipo de magia), ni modo, hay que seguir siendo humilde no más.

Oxoxoxoxoxo

Arnold se sentía pésimo. No recordaba haber tenido tanto malestar, con excepción de cuando tuvo sarampión de niño. ¿Cuándo llegaría Helga? Por algún motivo, sentía que el verla por lo menos le ayudaría a sobrellevar las molestias que tenía. ¿Cuándo había comenzado a sentirse mal?

Arnold recordó el día anterior haber esperado impaciente a Helga. No era porque él sintiera algo por ella… bien, quizás si le gustaba que Helga lo visitara, quizás le estaba agradando mucho la rubia. Pero el día anterior tenía un motivo especial: deseaba comprobar su teoría insomne sobre el misterio de Cecile. Pero Helga se había presentado con una peluca pelirroja, similar a Lila, y unos anteojos que podía jurar eran de Brainy. Arnold resopló mentalmente, frustrado ante el recuerdo. Pero entonces se había sentido bien, es decir, bien en su estado, y había disfrutado de la visita de Helga y de su lucha con la tarea de matemáticas. Después de verla molestarse, romper e intentar arreglar los lentes, distraerse y luego obligarse a hacer la tarea y comprenderla para explicársela a él, Arnold estaba muy impresionado de su tenacidad.

Después que Helga se fue, vino Gerald con su hermanita Timberly. Esta vez no se cruzó con Helga. ¡Ah! Timberly le contó de su nuevo cachorro que pensaba adoptar y, abriendo su mochila, se lo presentó y acercó a la cara. Gerald la retó mucho y obligó a guardar al perro. A los gritos y llanto de Timberly, había llegado la enfermera, quien retó a ambos niños y echó al perro de la sala. También a Gerald y su hermana.

En la noche, vino el Sr. Kokochska a preguntarle si tenía dinero que podía prestarle. Arnold se preguntaba seriamente en qué estaba pensando que le hacía imaginar que él, en su condición, podía tener dinero para prestarle. Su abuelo había llegado minutos más tarde, sorprendiendo al arrendatario, y obligándolo a irse. Luego, se sentó junto a él y le pidió que le soplara los números ganadores del próximo sorteo de un juego de azar. Arnold sólo lo miró; su familia era muy especial.

Pero nuevamente, hasta que se durmió, se sentía bien. ¿Todas las cosas tenían que ocurrir mientras estaba durmiendo? Un ligero dolor en la garganta lo había despertado en la madrugada. Pero, inmóvil, no podía toser ni carraspear ni pedir un vaso de agua. Había tratado de dormir, pero la comezón en la garganta parecía haberse extendido lentamente a otras partes de su cuerpo. Ya no se sentía bien.

Sin embargo, la ronda de la enfermera de la mañana no observó nada extraño. La enfermera miró los instrumentos, cumplió su rutina de aseo, y se marchó. Nadie más vino hasta el mediodía. Un auxiliar de aseo se acercó. "No te ves bien" –le dijo, mirándolo de cerca. Pero su celular sonó y se alejó, olvidándose de Arnold.

Arnold comenzó a sentirse cada vez peor. Supuestamente, no debía sentir hambre o sed, pues estaba conectado a una máquina que lo alimentaba. Pero empezó a sentir calor, además del dolor de garganta. Deseaba con todas sus fuerzas un vaso de agua refrescante. Ni siquiera pedía una soda yahoo. Con cualquier líquido que tuviera hielo, se conformaba.

Por la luz de la ventana, Arnold calculó que Helga debía estar por llegar. ¿Podría darse cuenta y hacer algo?

Unos golpes en la puerta llamaron su atención, pero no parecían anunciar a Helga.

-"Permiso, Arnold"- la suave voz de Lila precedió a la dulce niña pelirroja.

Arnold miró a la niña, quien lucía una cara extraña; parecía feliz y a la vez preocupada. Arnold se lamentó interiormente. Lila. ¿Por qué Lila? ¿Dónde estaba Helga? El dolor de garganta se hizo peor. Empezaba a sentirse algo asfixiado.

-"Hola Arnold. Lamento demasiado, muchísimo, no haberte visitado antes, pero ciertamente no he podido. ¡Oh! Helga me ha contado que haces avances y que podías necesitar que más personas te viniéramos a alentar."

Lila tomó la silla de la pieza y se sentó cerca de él. Arnold la escuchaba, mientras se preguntaba por Helga. ¿Helga le había dicho que viniera? ¿Ella iba a venir?

-"Me imagino que te gustaría saber del colegio y el vecindario. Bueno, ciertamente no hay muchas novedades. ¡Oh! Los chicos quebraron el vidrio del vecino de la puerta verde jugando. Y antes de correr, todos se preguntaron un instante ¿qué diría Arnold? ¡Fue ciertamente tan enternecedor! Aunque también atemorizante cuando el vecino salió a perseguirlos."

Arnold se preguntó qué sentido tenía que Lila le contara eso. ¿Tenía algún trasfondo? ¿Qué los chicos lo extrañaban? ¿Por qué hacía tanta calor? ¿Lila no tenía una bebida?

-"También hay otra novedad, Arnold. Pero no sé cómo puedas tomarlo. Pero como Helga dice, es mejor saber que no saber. Y en tu caso…"

Arnold sintió la mirada de compasión de Lila. ¡Oh,no! No miradas de lástima ni de compasión. ¿Por qué no podía ser como Helga para dar malas noticias e ir directamente al grano? Y ¿qué pasaba? Su estado no era de invalidez… Arnold quiso toser por el dolor de garganta más intenso, y no pudo. Sí, quizás discapacitado ahora, pero no por eso digno de lástima.

-"Y en tu caso… bueno, no sé si estás ahí o no…"

Otra vez lo del coma. Arnold sentía que le dolía la cabeza. También sentía dolor en la garganta, en los brazos, las piernas un poco…Sí, distintos niveles de dolor en todo su cuerpo… y sus pies algo helados. ¿Dónde hay hielo cuando se necesita? ¿Helga?

-"…si estás ahí o no, pero…"- Lila suspiró; de pronto sonrió –"bueno, tú… ¿recuerdas a Arnie? Tu primo."

Arnold se quejó mentalmente. El punto. ¿Cuál era el punto? ¿Lila no tenía calor? ¿Sólo era él?

-"Arnie me respondió una de las cartas que le envíe. Y… yo le respondí, y…"

Arnold se quejó mentalmente, otra vez. ¿Qué pasaba con el aire acondicionado? No podía ser fiebre, ¿cierto? No tenía sentido enfermarse en un hospital donde se suponía monitoreaban su bienestar y estaba más seguro que en casa, teóricamente. Arnold comenzaba a dudarlo. Hielo.

-"…entonces le escribí que me encantaría ver el campo nuevamente y él… ¡oh! Él me ha invitado a ir con mi padre. ¿No es maravilloso?"

Arnold trataba de imaginar que tenía un hielo que entraba por sus labios y descendía a su garganta, para calmar el ardor que sentía en ella. Pero fallaba miserablemente. Lila era un ruido de fondo… molesto, aunque no quería ser descortés. ¿Dónde estaba Helga? Hielo.

-"Imagino que esto puede ser difícil para ti, pero tú sabes que tú me agradas, pero no me gustas. Y Arnie… bueno, es complicado, pero Arnie me gusta."

Sí, esto era difícil. Estar enfermo en un hospital. ¿Las máquinas no monitoreaban sus signos vitales? ¿No había ninguna que dijera que necesitaba hielo? ¿un médico? Miró a Lila. No era Helga, pero a lo mejor si se esforzaba, podía lograr mostrar…

-"¡Oh, Arnold! Ciertamente no pensé que realmente tanto te afectaría…"

Arnold se pegó mentalmente en la frente con su mano. "Lila, estoy enfermo, llama a un médico, a la enfermera, a Helga, lo que sea."

-"Oh, ciertamente, tal vez sea mejor que te deje solo. Con un poco de tiempo para pensar. Adiós, Arnold."

Arnold se quejó. No había nada que él pudiera hacer, una vez más. Hielo. Intento imaginar hielo. Helga.

La puerta se abrió de golpe. Arnold sonrió mentalmente. Tal vez no lograba imaginar hielo, pero había logrado imaginar a Helga llegando a su pieza.

-"Hola, Cabeza de…"

Arnold arrugó mentalmente el entrecejo. Helga no se quedaba callada, algo no estaba bien.

-"Arnold, ¿estás bien?"

Helga se acercó a él, sentándose en la silla que Lila había dejado cerca suyo. "No, Helga. Por favor, llama a la enfermera, al médico."

-"Es por Lila, ¿cierto?"

La voz de Helga llegó media apagada, preocupada, apenada. "¡¿Qué?" -pensó Arnold -"¿qué tiene esto que ver con Lila? Helga…" Arnold sentía que la habitación comenzaba a ondulear, a girar suavemente, pero lo suficiente para marearlo. El único punto fijo, Helga, lucía triste.

-"Arnold, lo siento. Se suponía que la señorita perfección te iba a animar, dar más deseos de vivir. Pero ha soltado su lengua, ¿no?"

Arnold ya no pensaba, sólo pedía hielo.

-"Claro que te ha contado de la carta de Arnie. Y te has echado a morir."

Arnold deseaba extender su mano y tocar a Helga, pero no podía. El calor era mucho. Su garganta debía estar deforme, ¿por qué no la veía?

-"Mira, si algo sé de penas de amor, es que deberían pasar. Hay muchas otras personas. Y sino, uno puede seguir viviendo. Créeme."

Y entonces, Helga hizo lo que nunca había hecho: acercó su mano a la cabeza de Arnold para acariciar su pelo rebelde. Arnold sintió que la pieza ya casi no bailaba. El toque de Helga era agradable, pero breve.

-"¡Arnoldo, estás hirviendo!"

Helga lo miró asombrada. Arnold sonreía interiormente. Helga. Hielo.

Helga miró las máquinas, todas enmudecidas.

-"Arnold…"

Arnold escuchó murmurar a Helga. Luego la vio levantarse con su clásico aire de suficiencia y decisión.

-"Ya vuelvo, Cabeza de Balón."

Arnold sonreía interiormente, mientras la pieza volvía a bailar. Helga volvería. Tal vez traería una soda yahoo con hielo.