Una idea loca que se me ocurrió.
Por cierto, sin novedades en el frente. Aún no soy propietaria de Hey Arnold!
Y tampoco de Doofenshmirtz (Doofenshmirtz malvado y asociadooos…)
Oxoxoxoxoxox
.
Arnold suspiró. Era curioso pensar que pese a no ser capaz de suspirar realmente, se sentía tan adolorido que le dolían igual los pulmones. Como si hubiese suspirado de verdad.
Los días pasados realmente estuvo semi-consciente. A duras penas recordaba a una enfurecida Helga reclamando contra la ineptitud del Hospital, la camilla en la que lo trasladaron a quirófano, el olor extraño de una sala donde los doctores entraban con una suerte de trajes espaciales, sus abuelos animándolo con palabras de aliento que disfrazaban su real preocupación.
Había perdido la consciencia. Y eso no le gustaba…nada. No podía decir si habían pasado horas, tardes y mañanas completas, días, semanas… o tal vez meses. Si Gerald hubiese estado en su lugar, sabía que le diría que estaba exagerando; si Helga estuviese en su lugar, posiblemente sería más dramática. Él no creía que hubiesen pasado años, ¿cierto? Pero nuevamente, no le gustaba haber perdido la consciencia. No le gustaba porque quería decir que realmente había estado en coma. Y él NO estaba en coma. También porque ya no sabía qué día era. Al principio, no podía controlar su cuerpo. Ok. Ahora, tampoco podía controlar el tiempo. ¿Llegaría un momento que perdería cualquier tipo de control sobre sí ý lo que le rodeaba? Acaso ¿alguna vez tuvo algún tipo de control?
Pero si Arnold podía estar seguro de algo, era que él no se rendiría.
Arnold sonrió al recordar a Helga. No se rendiría como Helga no se había dado por vencida con el ejercicio de matemáticas.
Arnold volvió a suspirar mentalmente, un suspiro pesado; pero los pulmones ya no dolieron. Tal vez todo estuviese en su mente. Como había dicho Cecile… ¿o fue Helga? Pero Helga era Cecile, ¿no? Arnold enrolló mentalmente los ojos. No importaba, no en este momento. Él ahora estaba consciente, y se iba a esforzar por salir adelante.
Así que decidió partir por el primer paso. Saber qué día era. ¿Qué era lo último que recordaba? Su mente se llenó de la voz de Helga recitando poesía, aparentemente, de su propia invención. Arnold frunció el entrecejo. Eso no le ayudaba. Ni siquiera podía decir si era un recuerdo real o una alucinación por algún tipo de anestesia. ¿Helga y poesía? Bueno, antes no se habría imaginado que Helga se preocuparía tanto que vendría a verlo todos los días.
Arnold trató de concentrarse en otra cosa. Lamentablemente, lo habían cambiado de pieza. Ya no podía decir tan fácilmente por la luz de la ventana si era de mañana o tarde. Esta pieza no tenía ventanas.
Arnold se sintió cansado, pero igual intentó recordar otra cosa. La imagen de su abuela vestida como doctor, con ese traje espacial. Sí, eso podía recordarlo. Eso había sido después de que su abuelo le había dicho "Buena suerte, Chaparrito" antes de entrar a quirófano. Sí. Arnold sintió un suspiro de alivio. Era mental, pero se sintió aliviado. Ya sabía que primero había sido llevado al quirófano y luego a esa sala donde la gente debía entrar con esos trajes. Y lo del quirófano estaba seguro que fue después de que Helga alborotó a médicos y enfermeras, quienes corrieron a verlo; Arnold sólo recordaba haber distinguido la palabra fiebre. El niño negó con la cabeza. No deseaba pensar por qué le había dado fiebre en un hospital y por qué en vez de tomar algún remedio para la fiebre lo llevaron a una sala de operaciones. Se sentía cansado y pensó que era más provechoso pensar en cómo mejorar su situación que en los posibles errores. Además, sospechaba que Helga ya los habría hecho pasar un mal rato. Si no, no lo habrían atendido tan rápido.
O al menos, él sintió que lo atendieron rápido. Nuevamente, ¿cuánto tiempo había pasado?
Si su alucinación realmente era un recuerdo, la voz de Helga había mencionado que era de noche. Él lo recordaba vagamente, después de la operación. La voz sonaba lejana; no había podido ver a Helga, no era capaz de abrir sus ojos. Pero reconocía esa voz, aún con ese tono soñador, el mismo que había escuchado cuando estaban salvando el barrio. ¿Ella inventó ese poema en el momento? Bueno, si no era una alucinación, mencionó que la luna estaba en su cenit y que ella pasaría en vela por cuidar a su ángel. ¿Qué era cenit? ¿qué ángel? Arnold trató de concentrarse. Recordaba haber escuchado a Big Bob gritar y que Helga se interrumpió de improviso. ¿Eso fue antes o después de su abuela con traje espacial? A Arnold le parecía que había sido antes. Su abuela mencionó pancakes y algo de alimentar a la tropa para la jornada. Entonces, su abuela seguramente vino en la mañana.
Arnold intentó resumir. La operación debió ser en la tarde, a lo mejor al anochecer. Y su abuelo le deseó buena suerte. Después de eso, debió estar inconsciente durante la noche, en esa sala extraña, donde alucinó que Helga recitaba un poema y Big Bob gritaba que debía regresar a su casa a dormir. En la mañana debió seguir en esa sala, donde lo visitó su abuela disfrazada. Y después de eso, ¿qué? Por lo que miraba a su alrededor, ahora estaba en otra sala, sin ventanas, con luz artificial similar a la luz natural.
El sonido de la puerta abriéndose llamó su atención. Un joven con bata de médico, entró a la pieza.
-"Hola amigo, ¿se puede?"
El joven abrió la puerta completa y tiró de una extraña máquina, para que entrara por la pieza.
-"Uff, esto es difícil. Pero no te preocupes en ayudarme, en serio. Aunque una mano no me vendría nada mal. Pero ya me ayudarás."
Arnold miró al joven, mientras éste se arreglaba la corbata y sacudía un poco su bata de doctor.
-"Bueno, mi amigo, nadie sabe si escuchas o no, pero yo vengo a probar suerte."
A Arnold no le agradó el sujeto: no entendía lo que quería decir y, por lo visto, era de los que insistía con lo del coma.
-"Ojalá estés escuchando, porque, bien, verás no me gusta hablarle a una pared. Como sea. Mi nombre es Kevin Doofenshhirtz, y soy médico internista… lo que quiere decir que estoy para los mandados de los otros médicos…"
El niño observó como el médico internista se callaba y miraba en torno suyo.
-"Ups, espero que nadie escuche eso, o podría ser descalificado. Como sea, ya me presenté y…"
Arnold se preguntó por qué estaba aquí. ¿Internista? ¿un médico para los mandados de otros médicos?
-"¡Claro! Olvidaba presentar a mi compañera."
Arnold vio como el doctor mostraba gentilmente a la máquina que había traído con él.
-"¿No es una belleza? Esta lindura se llama Sophie… Bueno, en realidad su nombre técnico es más largo y complejo, pero prefiero llamarla así. Es un monitor de lecturas cerebrales, último en tecnología, único en su especie. Y mi compañera especial en mi tesis de medicina."
Si pudiese levantar una ceja, Arnold lo habría hecho, junto con una mirada de interrogación. Se contentó con enarcar la ceja mentalmente.
-"Y sí, aquí es dónde entras tú. Porque si estás ahí, tal vez aún bajo los efectos de la anestesia, esta preciosura igual reconocerá tus ondas cerebrales, las leerá y las traducirá, y señalará si escuchas. Y como tiene herencia del biofeedback, también podría trabajar para transformar tus impulsos neuroeléctricos en respuestas de Sí y No. Ahora, si no escuchas… bueno, tendré que buscar otro paciente…y otro hospital; eres casi el último de mi lista."
Arnold casi se ahoga. Esa máquina, ¿podía decir que él estaba ahí? ¿qué escuchaba? ¿Había algún modo que pudiera comunicarse con otros?
-"Bien, lo que diré es confidencial, pero creo que es mejor lo sepas. De las enfermedades conocidas, una de las más terribles es el síndrome del enclaustramiento, donde la persona parece estar en coma profundo, pero realmente está prisionero de su cuerpo. No es común, gracias a Dios o lo que sea, pero sí es terrible, y aún no existe tratamiento...no validados por protocolos internacionales. Se están realizando varios estudios experimentales, incluso hay una operación que ha tenido bastante éxito y bajas secuelas, pero aún así, todavía hay mucho por descubrir."
Arnold escuchaba atentamente. ¿Síndrome del enclaustramiento? ¿Eso era lo que tenía?
-"Entonces, veremos si tienes síndrome del enclaustramiento y, de ser positivo, haré mi tesina en estudio de caso. Cómo el genio del Dr. Doofenshhirtz, utilizando su sabiduría y manejo de Sophie, ayuda a un niño inocente a salir a la luz. Suena bonito, ¿no crees?"
Arnold estaba completamente de acuerdo. Si ese doctor y esa máquina podían ayudarlo a comunicarse, a mostrar que estaba ahí, era simplemente maravilloso. A pesar de lo mal que sonaba la frase "Cómo el genio del Dr. Doofenshhirtz, utilizando su sabiduría y manejo de Sophie, ayuda a un niño inocente a salir a la luz". Arnold miró al doctor atentamente. Bueno, era lo que hacía siempre que podía abrir sus ojos.
-"Bueno, bueno. Vamos a comenzar" –el doctor acercó la máquina hacia la cabecera y comenzó a manipular unos cables -"déjame ver… sí, éste debería ir aquí y éste de acá al tomacorrientes…"
Arnold escuchaba al doctor, casi fuera de su campo de visión, moverse a su lado. Le seguía pareciendo un sujeto extraño, posiblemente medio charlatán, pero no podía evitar sentirse esperanzado…más en la máquina que en el supuesto doctor. ¿Tenía que ver con ser niño y ver una máquina llena de cables? ¿o con su fe en el lado brillante, en que nada se pierde con intentarlo? ¿o tal vez porque por primera vez alguien traía algo concreto que podía ayudar?
-"… Ahora, vemos los de la cabeza. Vaya, ¿te han dicho la forma especial que tiene tu cabeza? Es como una sandía, o un taco mexicano. Digo, es tan oblonga que parece un balón de futbol americano. "
Arnold elevó sus ojos mentalmente, mientras sentía como el doctor tomaba su cabeza con sus manos, y sin mucha delicadeza, iba pegándole unos sensores a la piel. Le habría gustado que Helga estuviese ahí y lo pusiera en su lugar. Después de todo, ella era la única que lo llamaba Cabeza de Balón. Aunque también lo llamaba con otros varios sobrenombres.
-"Por si te lo preguntas, aquí está el botón de autodestrucción, el ¡aniquilador!, digo, por si todo sale mal y hay que ocultar cadáveres. Pero, eh, tú no te ´preocupes por eso, ¿sí?"
Arnold resopló en silencio. Le volvieron a doler los pulmones aunque no como antes. Ese médico ahora le parecía más un charlatán.
-"¡Era broma!, ¡Caíste! Jejeje…. Eh eh… No te ríes mucho, ¿cierto? Bueno, vamos a ver que nos dice Sophie…."
Arnold podía distinguir un brillo de las luces de la máquina y un ligero pitido que se adelantó al sonido de una impresora. El doctor se había puesto frente a su cara y lo miraba divertido, como si tratara de buscarle alguna marca… o quizás pulgas como hacía su abuela.
-"Bien, esto está listo y nos dice que…."
Arnold escuchó al doctor exclamar un garabato. Y luego, mirarlo con horror.
-"¡Tú estás escuchando! Has escuchado todas mis idioteces, no, yo no estaba hablando solo… ¡Oh no!... Espera, no, ¡Bien!, ¡Está vivo! ¡Vivo!"
El doctor comenzó a bailar. La máquina siguió pitando. Arnold se emocionó. Ojalá estuviesen sus abuelos y Helga aquí para compartir este momento con él. Helga. La máquina pareció cambiar el tono del pitido. Y siguió pitando.
.
Oxoxoxoxo
N/A: Por si desean saberlo….
Lo que Arnold no está seguro si es un recuerdo o una alucinación (jeje, tengo mis sospechas de que de haber seguido la serie, Arnold se enfrentaría diariamente a cosas muy extrañas y ambivalentes al establecer una relación con Helga), SÍ, es un recuerdo. No creo que lo escriba, pero la bruja blanca (la enfermera jefe de piso) no podía permitir que Helga se quedara toda la noche junto a Arnold. Digamos que, pese a toda la fuerza de voluntad de Helga y por mucha simpatía/antipatía que pudiese causarle la niña, Helga es menor de edad. Y ningún hospital desea tener problemas legales. Así que, de algún modo, la enfermera accedió a la ficha de Helga (ella se arregló los dientes, así que tiene por lo menos ficha en el dentista) y llamó a Big Bob. Y bueno, Bob no estuvo muy feliz de saber que Olga, perdón, Helga estaba en el hospital y no donde su amiga como había dicho. Así que la fue a buscar al hospital, y… digamos que la disuadió de quedarse. Es decir, se la llevó a la fuerza.
Por si lo sospecharon, Kevin Doofenshhirtz está basado en el Dr. Heinz Doofenshmirtz (de "Phineas y Ferb"). No es que tenga mala opinión de los médicos. Es sólo que traté de imaginar a alguien con bata blanca y fue la primera imagen que vino a mi cabeza. De hecho, parte de sus primeras palabras fueron escritas pensando en cómo las habría dicho ese Doctor. La máquina originalmente se llamaba Sophinator… Sí, lo sé, soy un caso.
El síndrome de enclaustramiento es real. Y entiendo que aún se está buscando tratamiento y que hay una operación que parece haber tenido cierto nivel de éxito. Pero no estoy segura aún si ese es el diagnóstico exacto de Arnold y si escriba cuál es (de descubrir alguno que se ajuste). Ahora, considerando la palabra síndrome como conjunto de síntomas, sí, Arnold sí tiene ese síndrome. Hay una película preciosa que se llama "La Escafandra y la Mariposa" que trata de alguien con síndrome de enclaustramiento, por si les interesa saber más del tema.
Acabo de terminar de escribir este capítulo. Lo releí antes de subirlo, pero mis ojos están cansados. Así que cualquier falta de ortografía o redacción, por favor avísenme.
Por cierto, una vez más, gracias a todos los reviews, alerta de historia, favoritos y, oh mi dios, alertas de autor. :)
