Bien, calentito y recién editado.
Una idea loca que se me ocurrió. Y que aún no termino de escribir, pero falta menos, jejeje.
Por cierto, no soy propietaria de Hey Arnold!
Ni de ninguna cosa que tenga derecho de autor registrado… ¿la receta de Coca Cola está registrada, no? Hm, no, tampoco de coca cola.
Oxoxoxoxoxoxo
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Arnold aún escuchaba a su abuelo en el pasillo gritar "¡Lo sabía, lo sabía! ¡Vive!", y casi podía ver a su abuela bailando su danza india de la victoria por los pasillos, como lo había hecho en su habitación. El doctor Kevin había salido con ellos porque necesitaba que firmaran una autorización especial, pero Arnold no estaba seguro si lograría que sus abuelos se focalizaran lo suficiente para firmar un documento. Además, a su abuelo le gustaba leer las cosas antes de firmar. Y leer conllevaba un largo ritual que incluía la cercanía de la oficina…por si la comida de la abuela había contenido fresas o porque su organismo así lo requería.
Arnold no pudo seguir pensando en la alegría de sus abuelos y en su momento a solas, porque la puerta se abrió intempestivamente.
-"Hola Cabeza de Balón, ¿qué pasó?, ¿por qué tanta alegría?"
Arnold habría deseado responderle. La máquina seguía lanzando pitidos al aire por él, pero con el casi invariable ritmo. Aún no eran respuestas completas.
-"Muy bien, déjame adivinar… por fin lograste batir el récord del metiche más grande del mundo, incluso en silencio, ¿o tu cabeza será elegida para estar en el puntapié inicial del juego del sábado?"
Arnold enrolló mentalmente sus ojos. ¿De verdad iba a molestarlo en estos momentos? Suspiró, aunque no se sentía molesto. Incluso pensó divertido "Cuando esté bien, te cobraré por esto Hellie". Helga dejó su mochila en el suelo y se acercó.
-"Ok, no respondas. Pero sabes que me enteraré tarde o temprano."
Arnold sonrió para sus adentros. Una sonrisa traviesa.
-"Uhm, ¿y esa máquina?"- Helga se acercó ahora a Sophie, que seguía emitiendo pitidos.
-"Vaya, te contagiaste de un virus intrahospitalario, casi te mueres, ¿y todo lo que te dan es una nueva máquina que hace ruiditos? Pffff… debería demandarlos."
Arnold escuchó a Helga. ¿No había sido sólo fiebre? ¿Por eso la operación? ¿Ella amenazó con demandar al hospital?
-"Y si no fuera bastante, tu nueva pieza no tiene las comodidades que prometieron. ¡Ni siquiera tiene ventanas! Oh, vamos, ¿esto puede ser peor?"
Justo en ese momento, Kevin entró de espaldas.
-"¡Vaya, ni siquiera me dejaron hablar! Sólo espero que tu loca novia no sea tan…"
Arnold miró a Helga, quien observaba con recelo al médico.
-"¿tan qué?"- dijo Helga, con sus manos en las caderas. El joven doctor se dio vuelta al escucharla, mientras la miraba de abajo hacia arriba.
-"¿Eh? Oh, tú debes ser la loca novia… quiero decir, la enamorada del…ehm… pues, déjame presentarme…"- el doctor parecía estar en un atolladero. Helga enarcó una ceja, una mueca sarcástica en su cara.
-"No importa. Ya tengo el cuadro completo. Ahora, si me disculpan, debo ir a una cita con cierto contrato de prestación de salud y mi abogado."- respondió Helga, con su típico aire de suficiencia.
-"Espera, ¿qué? ¿Abogado? ¿Contrato de prestación de…? ¿No eres muy niña para manejar esos términos?"
El doctor parecía confundido. Arnold resopló. ¿Por qué había llamado a Helga loca?, ¿con qué derecho? Está bien, Helga era… distinta, lo sabía, pero eso no le permitía llamarla loca. ¿Y cuándo pensaba mostrarle a Helga la prueba de que él sí la escuchaba? Helga parecía molesta. Él conocía esa mirada. Estaba seguro que de ser un compañero de curso, ya le habría presentado a la Vieja Betsy y los Cinco Vengadores. O al menos, los habría mencionado.
-"Mira, ni siquiera nos conocemos, pero déjame empezar de nuevo. Mi nombre es Kevin. Kevin Doofenshhirtz"- dijo el médico, ignorando o intentando ignorar esa mirada de muerte. Incluso, fue lo suficientemente valiente para levantar su mano en un gesto de saludo, pero se quedó sólo en el gesto, porque Helga no la estrechó.
Helga resopló.
-"¿Eres el nuevo auxiliar de enfermería?"- Helga preguntó mordaz. Como si no fuese visible el nombre del médico y su profesión escritos en el delantal. Arnold comenzó a impacientarse. ¿Por qué ella hacía siempre eso? ¡Podía perderse cosas importantes por lucir molesta! Por ejemplo, que Doofenshhirtz le revelara que él si la escuchaba, a través de los pitidos de Sophie. Aunque por otra parte, no podía negar que él mismo hubiese querido poner a Doofenshhirtz en su lugar por llamar a Helga loca. Loca. ¿Qué rayos le pasaba?
-"¡¿Qué? ¡No! Yo soy un médico importante. Un neurocirujano, un especialista en el cerebro humano…oh, bueno, en proceso aún. Pero aún así, una persona muy importante en este hospital"-indicó con orgullo el médico.
-"Sí, bueno, como sea"- Helga contestó con aburrimiento.
-"¿Qué? ¡Yo soy el que demostró que tu novio aún es consciente!"- gritó el médico, antes de mirar a Arnold a los ojos -"en serio, ¿cómo te involucraste con ella?"
Arnold se congeló. Por primera vez, agradeció no ser capaz de responder... no se le ocurría ninguna buena respuesta a eso. ¿Cuándo le mostraría el funcionamiento de Sophie?
-"¡No te metas con él!"- exclamó Helga. Pero entonces, añadió cambiando la voz -"Dijiste ¿él es consciente?"
Arnold sonrió a sus adentros. Una enorme sonrisa. "Si, Helga, lo soy. Te escucho y te veo… todos los días".
-"¡Ajá! ¿Ahora si estás interesada? ¿Ahora si soy un gran médico?"
Arnold se imaginó golpeándose la frente con la palma de su mano. ¿Cuándo dejaría esa pelea infantil y pasaría a lo importante?, ¿qué Helga supiera que él realmente estaba ahí y podía escucharla?
-"En tus sueños"- respondió la niña.
Arnold se preguntó porque Helga estaba actuando de ese modo, a la defensiva, como cuando deseaba ocultar algo. Aunque, bueno, a medida que había ido conociendo a Helga, ella siempre parecía tener algo que ocultar, o más bien, miedo a mostrar algo. Arnold sonrió: sí, ella era así. Posiblemente, estaba tratando de ocultar algo ahora también; sospechaba que su actitud ya no era por el apelativo de loca. Pero ¿no podía dejar parte de su máscara hoy para simplemente tener la prueba de que él si estaba ahí con ella?
-"Pero hipotéticamente hablando, ¿a qué te refieres con consciente?"- Helga preguntó. El doctor sonrió. Arnold sonrió a sus adentros.
-"Pues verás, yo, que soy un gran médico…"
-"Sí, blabla"- respondió Helga a la perorata del doctor. Él pareció ofendido.
-"Mira, niñita, si sigues con esa actitud no pienso enseñarte nada"- el doctor volvió a mirar a Arnold -"en serio, ¿qué le viste?, ¿la oportunidad de mejorar tu karma?"
Arnold frunció el entrecejo. ¿Cómo le dice loca y luego, esto del karma? Notó que Helga parecía molesta, muy molesta, y herida. Pero le sorprendió su respuesta.
-"Ok, ¿qué se supone que debo ver?"
El doctor mostró los papeles que Sophie había impreso con cara de triunfo.
-"¡Esto!"
-"¿Uh?"- Helga tomó los papeles en sus manos, aparentemente de manera descuidada, pero Arnold pudo comprobar que los estaba observando detenidamente.
-"¡Oye, niña! ¡Eso es delicado!"
-"Y según tú, ¿qué es esto?"- Helga movió los papeles frente a su cara.
-"La prueba de que Arnold escucha todo lo que decimos. Son sus ondas cerebrales."- dijo el médico, arrebatándole los papeles y guardándolos.
-"¿Tú te estás basando en la medición de sus ondas cerebrales para decir que él es consciente, como si estuviese escuchando?"- preguntó Helga con ironía.
El doctor la miró confundido. Arnold también. ¿Qué estaba mal con eso?
-"Mira niña, tal vez tú no entiendas lo que son las ondas cerebrales…"
-"¡¿Qué? Tal vez yo no sea la chica más inteligente de la clase, pero créeme amigo, he investigado mucho ¡Un montón! Sé de las ondas cerebrales, ¡rayos! Convencí a Pheebs para ayudarme a asistir a una docena de conferencias médicas asociadas al coma, síndrome de enclaustramiento, enfermedad del sueño, derrame cerebral, y cualquier cosa que pudiese explicar lo que le pasa al Cabeza de Balón…"
El doctor pareció congelado. Arnold escuchaba ¿Ella de verdad había hecho todo eso?
-"¿Tú le llamaste… Cabeza de Balón?"
Helga no prestaba atención a lo que decía el doctor. Ya no prestaba atención a nada. Él ya sabía que Helga podía dejarse llevar por sus emociones, por el calor del momento, y no vería nada ni a nadie. Le habría gustado tranquilizarla. Abrazarla y decirle que todo estaría bien, pero también deseaba oír lo que ella pudiera decir. Ella era inusualmente abierta en esos momentos.
-"¿Qué su cerebro emite ondas? ¡Claro que sí! ¿Qué en su mente está escuchando o viendo? Pues sí, podrías decir que sí… porque desde antes él siempre ha sido soñador. "
Arnold observó como Helga parecía más melancólica, como sus ojos vidriosos regresaban. Pero ahora, Arnold se dio cuenta que no era un resfrío rebelde como alguna vez pensó.
-"El camarón con pelos siempre ha soñado despierto, siempre ha caminado en las nubes"- la voz de Helga era cariñosa cuando se refería a él, especialmente al decir uno de sus habituales sobrenombres.
-"Pero…"- el doctor parecía sorprendido por la niña, sin saber cómo responderle.
-"Todas las pruebas hechas indican que no hay daños; he sido cuidadosa en observar cualquier cambio en Arnoldo. Y él único cambio fue el causado por la fiebre. Así que supongo que en realidad, simplemente, algo se quebró con él; él ya no está viviendo en la realidad, sino que está soñando, viviendo en su maravilloso mundo interno al cual nadie puede llegar. ¿Escucha?"- Helga movió su cabeza con pesar -"Con suerte, le deben llegar amortizados los ecos de nuestras voces."
Arnold vio al médico incapaz de articular palabras. Miró a Helga; sólo podía desear que ella lo viera, supiera que él sí la veía y escuchaba. Abrazarla y asegurarle que todo iría bien…
-"Ahora mismo, debe estar soñando en un mundo sin problemas, donde sus abuelos están bien y sus padres regresaron; donde Lila sale con él y se casan; donde yo no estoy porque yo sólo lo molesto, y donde todos son felices…"
"Eso no es cierto, Helga", Arnold se sentía herido. Hace meses que había dejado de pensar en Lila de modo romántico, desde aquella vez que había usado a Timberly y vio como ella parecía ser capaz de superarlo rápidamente. Y sí, Helga lo molestaba, pero también era una gran amiga. Él no habría deseado que no estuviera. Ella era parte importante de su mundo. Siempre lo había sido, si se ponía a pensar en ello. ¿Por qué Helga pensaba esas cosas de él? Ni siquiera se preguntó cómo sabía lo de sus padres; asumió que se había enterado desde que ayudaba a sus abuelos en la pensión.
Helga suspiró.
-"… Es un Endimión dormido, pero el castigo de los dioses no es para él, sino para nosotros, pobres mortales, que lo rodeamos…"
Arnold tragó saliva. Inconscientemente, descartó su prejuicio de que Helga y poesía no iban juntos. Algún día, tendría que preguntarle quién era Endimión.
-"…Y a veces me preguntó si no sería mejor para él permanecer en su mundo soñado, que volver por nuestros deseos egoístas de tenerlo."
"Helga, no; por favor, no". Sophie soltaba pitidos lastimeros. En su corazón, temió que Helga lo dejara.
-"Bien, mejor me voy. Suerte con tu investigación… Dufins"- Arnold vio la cara de perplejidad del médico. Helga miró a Arnold directamente a los ojos, y añadió con voz triste:
-"Arnold… nos vemos cuando nos veamos."-Y la niña salió de la pieza con rapidez.
Arnold habría dado todo lo que tenía y más para que Helga no se fuera, para que se quedara. Para que supiera que él no estaba soñando, que sí la veía y escuchaba. ¿Por qué esto le tenía que pasar a él?
-"Vaya, así que eres un maldito afortunado. Tu novia te ama y, ¿qué?, ¿tienes sólo diez años?"- Arnold sólo suspiró a las palabras del médico.
-"¿Y quién es Lila, Casanova?"- soltó Kevin con una risa mal contenida. Pero Arnold ya no prestaba atención al médico. Sólo pensaba en la niña rubia que había dejado su pieza.
Oxoxoxoxoxo
N/A: Sí, es triste, pobre Helga. Pero ya estamos entrando en la parte final. Y las cosas comenzarán a mejorar. Sólo tienen que mirar el lado brillante. Ustedes saben, si nos esforzamos y trabajamos todos juntos… jejeje.
