A pedido del público. Una loca idea que se me ocurrió. Y que se acerca a su final.

Y ¡no!, aún no tengo los derechos de Hey Arnold!

Oxoxoxoxoxoxo

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Arnold miraba la pantalla frente a él. Se esforzaba en mover la flecha digital hacia arriba. Arriba, arriba, arriba. Sí, sí, sí. Sí le gustaría comer chocolate.

-"Vamos, niño. Es una pregunta fácil. ¿Te gusta el chocolate? Tus abuelos dijeron que sí"- el doctor Kevin lo alentó, sentado a su lado, mientras miraba como la flecha mostraba un movimiento errático y leve.

Arnold sabía que le gustaba el chocolate. Pero más que eso, él quería recuperarse. Quería interactuar con sus abuelos. Y mostrarle a Helga que él no estaba soñando sin ella.

-"¿Qué le vamos a decir a tu novia?, ¡oh vamos! no me vas dejar parecer un tonto con tu novia ¿verdad?".

Arnold se esforzó más en que la flecha se moviera hacia arriba, a la respuesta "Sí".

Desde ayer en la tarde, y luego que Kevin fue hasta la casa de huéspedes para conseguir que los abuelos firmaran el papeleo, el médico había conectado otra parte de la máquina y una pantalla. Sophie seguía emitiendo sus pitidos y mostrando sus ondas cerebrales. Pero ahora, también estaba conectado con otros cables a Sophie –ahora, con más luces de colores-, y ésta a una pantalla. La idea era simple: Sophie además de registrar sus ondas cerebrales, traducía sus impulsos nerviosos en respuestas "Arriba/Abajo", que simbólicamente eran representados por una pequeña flecha en la pantalla frente a su cama. Arriba y abajo. También se podía traducir como sí y no. Arriba como sí; abajo como no.

El doctor estaba entusiasmado con empezar cuanto antes. No ocultaba que parte de su ansiedad se debía al desafío que sentía que Helga le había puesto: demostrar que Arnold estaba consciente, no dormido, y que podía comunicarse gracias a él. Básicamente, que él sí era un gran médico.

Arnold no se opuso. Él también deseaba comunicarse cuanto antes y mostrarle a Helga que él sí estaba ahí, y la escuchaba en todas sus visitas. Sus razones básicamente eran distintas de las del galeno.

El inicio había sido lento. Bastante lento, pero Arnold ya se estaba familiarizando. La flecha ya se movía. Incluso ya tenía cierta dirección. Ahora tenía que ir claramente arriba…

-"¡Sí! Muy bien. Realmente te gusta el chocolate, ¿cierto? A todos los niños les gusta"- dijo el doctor, comiendo otro chocolatito que debía haber sido usado para estimular en Arnold su respuesta afirmativa.

Arnold suspiró mentalmente. Había sido agotador. Pero él aún quería seguir practicando. Sospechaba, gracias a los comentarios de Doofenshhirtz, que todavía tenían algunas horas más antes de que Helga pudiese salir de clases y llegar al hospital. A lo mejor, hoy sí podía mostrarle que estaba ahí.

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Arnold resopló. El día anterior había sido pésimo. Bueno, no tan malo realmente, pero bastante en relación a lo que él esperaba. Habían venido sus abuelos y habían estado felices por los avances. Y su abuela prometió hacerle un baño de chocolate, dado lo mucho que parecía gustarle. Eso había estado bien. Excesivo, pero bien. Cuando vino Helga, fue… complicado. Por suerte, después vino Gerald y eso le subió un poco el ánimo, pero ya no tenía energía para mover la flecha en la pantalla, no con claridad. Así que tampoco había ido tan bien como habría deseado, aunque su amigo lo había animado. A él y al médico. Incluso, Dofenshhirtz logró desahogarse de la frustración de sus encuentros con Helga G. Pataki. Pero Arnold no podía desahogarse. Sólo pensar. ¿Qué había salido mal?

Sí, había estado practicando mover la flecha en la pantalla. Practicó mucho. Muchas horas. Sus abuelos lo vieron mover la flecha. Incluso le hicieron preguntas que sólo él conocía y Arnold las respondió bien, obviamente. Pero fue emocionante. Por primera vez en mucho tiempo, él podía expresar algo: sí o no, arriba y abajo. Era rudimentario, básico, pero era algo. Ellos ya sabían que él los escuchaba. Y entendía. Y podía responder.

Pero cuando llegó Helga… Bueno, Kevin -que estaba dando vueltas para enfrentar a la niña- le hizo la clásica pregunta de si le gustaba el chocolate. Arnold se sentía nervioso, pero trató de mover la flecha hacia arriba. La flecha se movió insegura, aunque la dirección era clara. El doctor comenzó a dar explicaciones de por qué no había logrado mover con tanta claridad la flecha. Helga retomó su teoría. Finalmente ella preguntó algo: una pregunta cuya obvia respuesta era no. Y Arnold intentó, se esforzó, pero en ese momento se dio cuenta: había practicado más que nada el movimiento hacia arriba, "sí", y no el mover la flecha hacia abajo, "no".

A su favor, la flecha se movió, pero todavía más insegura y la dirección ya no tan firme. Helga señaló que aún cabía la posibilidad del azar. Arnold habría deseado gritarle. ¿Por qué tenía que ser tan pesimista?, ¿por qué no lo veía?, ¿acaso no lo estaba viendo a propósito? Este pensamiento le dolió. ¿Para qué venía, para qué hacía todas esas acciones si ella realmente no pensaba que él la escuchaba?

Arnold se sentía frustrado. Kevin insistió con más preguntas; él dio su mejor esfuerzo, pero el cansancio, el dolor y la frustración, la ansiedad, le estaban haciendo mella. Helga dijo que volvería más tarde, cuando no estuviese el médico; Kevin la detuvo diciendo que él sí era un gran médico y que él (Arnold) sí había movido la flecha. Y cuando estaban comenzando a discutir, de pronto, Kevin se quedó en silencio. Luego, como si hubiese hecho un gran descubrimiento, preguntó alegremente a Arnold en voz alta:

-"¡No te estás concentrando por ella! Te gusta realmente y estás nervioso, y por eso te cuesta mover la flecha, ¿cierto?"

Fue la segunda vez que Arnold se encontró incapaz de responder una respuesta del médico. Y pasado el estupor inicial, se juró que no podía quedarse sin responder. No al menos tanto tiempo. Porque en esa confusión, la flecha se detuvo, se movió oscilante y casi desapareció. Antes de que Arnold pudiera concentrarse y volver en sí para responder, Helga se había marchado.

-"Escucha, matasanos. Yo no estoy para que nadie se burle de mí, ¿ok? Y menos tú. No sé cómo te dejan perder el tiempo aquí, pero si realmente fuese el gran médico que dices ser, lo curarías. Adiós, tonto. Hasta luego, Arnoldo".

Eso fue lo último que escuchó decir a Helga antes de irse, con su piel enrojecida por la rabia, cuando él apenas estaba superando el shock.

Tras la visita de Gerald y unos cuantos chocolates (de los que Arnold jamás llegó a probar), Kevin Doofenshhirtz ordenó y consiguió que le hicieran nuevos exámenes. Ahora, su desafío personal no era sólo mostrar que Arnold escuchaba y comprendía, sino sanarlo. Una vez más, Arnold no se oponía, pero sus motivaciones eran distintas de las del galeno.

Y mientras esperaba pacientemente que lo llevaran a la sala de rayos, no podía evitar preguntarse ¿qué, de todo, había salido mal?

Oxoxoxoxoxoxooxoxoxo

N/A: Arnold frustrado…no es como si quisiera ponerlo un poco en los zapatos de Helga, nooo. Pero en serio, ya queda menos. Dos capítulos a lo sumo. Uno por escribir… el final ya está escrito (aunque lo edito cada cierto tiempo). Jejejeje.

Nuevamente, gracias a todos los reviews, alertas y favoritos. De verdad, ¡oh! es ciertamente tan encantador. Aunque decir que es el mejor fic es un poco mucho…. Recuerden que es una idea sin pretensión. No se me vayan a subir los humos a la cabeza y piense que puedo llegar a hacer negocios con ella. No, eso no le hace bien a mi cabecita sureña.

Y por último, aunque nadie lo preguntó, leí por ahí que Craig había señalado que Arnold había dejado ir su enamoramiento de Lila. Que de hecho, ese tema estaría zanjado en el capítulo "Timberly ama a Arnold". Por eso la referencia a ese momento en el capítulo anterior.

P.S.: Lo releí, pero –una vez más- mis ojos están cansados. Así que nuevamente pido disculpas por cualquier error que pudiese haber.