Bueno, primero y antes que se me olvide, muchas gracias a todos los reviews, a quienes siguen leyendo la historia, los que están marcando y marcaron esta historia como favoritos y alerta de historia, los que se están paseando por mis otras historias locas…gracias. Como ya les he dicho, esta historia se acerca a su final, y muchas de sus preguntas serán pronto contestadas. Y Arnold está moviendo efectivamente la bendita flecha, jejeje. Y aún me cuesta creer que alguien me citara…digo, cite la hipótesis de Dr. Bliss. Y me declaro completamente INOCENTE de las consecuencias de leer mis historias. Jejeje. Y ahora, con mi autoestima excesivamente inflada, me pasearé por entre las nubes, hasta que la realidad y mi hermana menor me hagan poner los pies sobre la tierra.

Segundo, este capítulo es un bonus. Sólo porque no me podía sacar de la cabeza como Gerald afrontó la situación que encontró a su llegada. Es decir, esto es lo que transcurre después del intento fallido de Arnold y de Doofenshhirtz por demostrarle a Helga que Arnold la escucha. Minutos después que ella deja furiosa la habitación.

No, aún falta el penúltimo capítulo y el capítulo final. Como dije es un bonus. Así que…

Una idea loca que se me ocurrió, nacida al alero de otra idea loca.

Y no, ya no creo que pueda tener Hey Arnold! …pronto.

Oxoxoxo

.

Gerald entró a la habitación con cierta inseguridad. Había alcanzado a ver a Helga saliendo del hospital cuando él venía entrando, así que se apuró en llegar a la nueva habitación de su amigo. Le costaba imaginar a Helga visitando a Arnold tan seguido, pero era mejor asegurarse que su amigo estuviese vivo todavía y después preguntarse por los planes reales de esa niña. ¡Dios, por qué Helga G. Pataki tenía que venir, de todas las personas! Corrió a la pieza, pero una vez frente a la puerta, no estaba seguro de entrar. Quién sabe lo que podría encontrar allí si Helga estuvo de visita en el hospital.

Gerald empujó la puerta con suavidad al tiempo que preguntaba:

-"¿Arnold?"

No estaba muy seguro de lo que vio. Como supuso, las cosas no estaban bien. Es decir, aparentaban estar bien, pero había algo fuera de lugar. Arnold miraba fijamente, en su posición semi-recostada en que lo acomodaban las enfermeras. Eso se mantenía igual. Pero ahora, había una pantalla cerca de él y una máquina con varias luces de colores. A su lado, también se veía un joven en bata blanca, que lucía una extraña mueca en su rostro.

-"Eh, ¿hola?"- dijo Gerald con precaución. ¿Qué hacía esa persona ahí?

-"¿Uh?"- el joven de bata blanca pareció reparar por primera vez en él. Lo que estuviese haciendo y lo que hubiera pasado, parecía que ocupaba su mente.

-"Hola, soy Gerald, amigo de Arnold. ¿Y tú?"- Gerald se presentó, aunque manteniéndose en guardia. Helga G. Pataki estuvo aquí, pensó.

-"Oh, Hola, Soy el Dr. Doofenshhirtz. ¿También viniste hacer mi vida miserable y la de este niño?"

Gerald miró a Arnold a las palabras del médico. En su cara no había ningún cambio. Su mismo rostro ausente, sin gestos, con los ojos abiertos, nada más. Bueno, unos cuantos cables saliendo de su cabeza. Eso también era nuevo.

-"No, ¿qué pasó?"- preguntó Gerald, recordando la figura que vio salir del hospital, mientras se acercaba a su amigo.

-"¿qué pasó?, ¡¿Que qué pasó?"- preguntó con incredulidad el médico.

-"sí, ¿y qué son estos cables? , ¿por qué le cuelgan a Arnold?"

-"Ah, sí. Descubrí que tu amigo es consciente. Escucha todo lo que decimos. Incluso, es capaz de responder si se logra concentrar y esforzar lo suficiente para trabajar con Sophie…"

-"¿Sophie?"- preguntó Gerald, interrumpiendo al doctor.

-"Sí, mi maravillosa máquina…"- Doofenshhirtz se acercó a la máquina con luces de colores, pasando la mano cariñosamente por la cubierta metálica.

-"¿Y Arnold escucha?"- preguntó Gerald asombrado. Eso sí que era nuevo. Hasta ahora, simplemente había pensado que Arnold escuchaba, pero no podía evitar sentir que perdía tiempo cuando venía a verlo. Francamente, le costaba encontrar de qué hablar.

-"Y responde, si se esfuerza lo suficiente…"- insistió Doofenshhirtz, con voz apagada.

-"¡¿En serio? ¡Eso es grandioso!"- exclamó Gerald, antes de dirigirse a Arnold -"Arnold, viejo, ¿de verdad puedes responderme? ¿me escuchas?"

Gerald se inclinó hacia Arnold, buscando cualquier gesto que pudiera hacer en respuesta.

-"No hace gestos; sólo es a través de Sophie"- dijo el médico con desgano. Gerald se acomodó, algo avergonzado. El médico continuó, sin mirarlo, añadiendo molesto –"Pero ahora, tampoco puede hacer eso. ¡Oh, no! Justo ahora no, porque el niño decidió que está cansado y que su novia lo pone demasiado nervioso para mover una simple flecha."

-"¿su novia?"- preguntó Gerald, mirando nuevamente a Arnold.

-"Oh, tú debes saberlo. Esa niña con una sola ceja, vestido rosa y coletas que viene todos los días"- dijo el galeno, con un gesto que le restaba importancia.

-"¡¿Helga?"- preguntó Gerald con incredulidad -"Eso es imposible; Helga lo odia. ¿Cierto, Arnold?"

Gerald miró a su amigo; ningún gesto. ¿Cómo se suponía que Arnold se estaba comunicando?, ¿Por qué ese sujeto decía que Helga era novia de Arnold? ¿Y Helga venía todos los días?

-"¿lo odia? Hmm, que extraño, ella mencionó el otro día que lo molestaba, pero no, estoy seguro que lo ama"- dijo Doofenshhirtz, recordando –"De cualquier modo, ella es imposible. Se burló de mí, negó los avances y esfuerzos que he hecho en beneficio de tu amigo, ella es tan… ¡oh!" –se quejó el doctor.

Gerald miró de nuevo a Arnold y su cara inexpresiva.

-"Viejo, este sujeto está loco"- murmuró entre dientes, con la costumbre de años de comentar cosas con su mejor amigo.

Y entonces, lo vio. La flecha en la pantalla cerca de la cama de Arnold. Esa flecha se comenzó a mover. Lenta, insegura, pero afirmativamente se estaba moviendo. Se estaba moviendo hacia arriba.

-"¡Hey! ¡Escuché eso!"- dijo el médico.

-"¡La flecha!"- Gerald gritó -"¡la flecha se mueve!"

-"Ah, claro. Ahora sí mueves la flecha"- dijo sarcásticamente el médico, dirigiéndose a alguien más allá de él. A Arnold.

-"¿Él? ¿Él mueve la flecha?"- Gerald miraba alternadamente la pantalla y a su amigo.

-"Claro, ¿para qué si no los cables de la cabeza?"- el médico hizo un gesto a los cables –"De cualquier modo, eso ya es noticia vieja. Arriba es sí, abajo es no".

-"Pero, ¿desde cuándo?"- Gerald estaba sorprendido, un poco culpable de no haberlo visitado antes. Miró la pantalla, esperando que la flecha le respondiera por su amigo.

-"Sólo preguntas cuyas respuestas sean sí o no; no puede responder otras preguntas… bueno, a menos que preguntes algo que implique arriba o abajo, pero esas son muy pocas"- divagó el médico –"pero, digamos que desde ayer en la tarde; después que su abuelo firmó la autorización."

-"¿desde ayer?"- Gerald miró a su amigo -"Arnold, viejo, ¡esto es grandioso! Ahora podré contarte muchas cosas y sabré lo que piensas"

Gerald vio con entusiasmo como la flecha se movía lentamente hacia arriba.

-"Oh, bien, espera a que se lo cuente a los chicos, ¡estarán felices! Apuesto a que vendrán en masa a verte"

Gerald miró la cara de Arnold, ningún cambio. Pero la flecha se movía con un poco más seguridad hacia arriba.

-"Incluso podría preguntarte qué cosas quieres y podría traerlas, ¿qué dices? ¿Eh, man?"

La flecha siguió apuntando hacia arriba.

-"Oh, sí. Todo eso suena de maravillas. Tú vendrás y hablarás a tu amigo; él puede decir sí o no. Y lo mismo sus abuelos. ¿Yo no soy un gran médico si logré eso?"- preguntó con amargura el joven en bata.

Gerald se sintió desconcertado. Miró a su amigo y su cara inexpresiva, y luego a la pantalla. La flecha no se movía en ninguna dirección.

-"¡Claro que soy un gran médico! ¡Por supuesto! Pero la señorita tengo-cita-con-mi-abogado simplemente no lo cree. Según ella, Arnold no mueve la flecha y es sólo azar; él no puede escuchar y sus ondas cerebrales son sólo un reflejo de una ensoñación que él tiene…"

-"¿Helga vio que él podía responder y no lo creyó real?"- preguntó Gerald, algo escéptico.

-"Bien, ella no lo vio claramente porque cierta persona se puso nervioso…"- dijo Doofenshhirtz. A Gerald no le gustó que pareciese culpar a Arnold.

-"¡Oye! Que Helga sea una peste no es culpa de mi amigo"- dijo el niño.

-"De cualquier modo, no importa, porque toda la práctica, todos los esfuerzos, fueron desestimados por…"

-"¡¿Qué?"- exclamó Gerald –"¿a quién le importa lo que piense Helga G. Pataki? Lo importante es que mi hombre sí puede escuchar y comunicarse. ¡Eso es asombroso!"

-"Sí, lo es, supongo. ¿Cierto?"- el médico pareció más animado.

-"Claro que sí, ¿cierto viejo?"- Gerald preguntó, la flecha moviéndose dubitativamente hacia arriba.

Aunque de pronto una duda asaltó a Gerald; la flecha sólo se había movido hacia arriba.

-"Aunque, sólo para asegurar, tal vez deberíamos asegurarnos que puedes decir que no, ¿verdad, Arnold?"

La flecha se movió ligeramente hacia arriba.

-"Sí, eso pensé"- dijo Gerald con un suspiro –"déjame ver… hablando de Helga, ¿te gusta Helga? ¿eh, Arnold?"

Gerald miró el rostro ausente de su amigo, sonriendo. Era una pregunta fácil. Pero quedó estupefacto cuando vio la flecha deambular ligeramente, como si dudara en moverse hacia arriba. Y no se estaba moviendo hacia abajo. Gerald no sabía cómo interpretar eso.

-"Diez años de edad, ¡diez años! ¿y ya tienen problemas de corazón? Quién lo diría. Arnold, ¿te gustaría comer popo de perro?" –preguntó Doofenshhirtz, como si fuese lo más natural del mundo. La flecha se fue de inmediato hacia abajo.

-"Sí, justo como pensé. Ahora sí puedes responder que no"- dijo el médico con desaliento.

Gerald miró al doctor y luego a Arnold. ¿Qué había sido eso?

-"Arnold, ¿puedes responder que no?"- preguntó Gerald. La flecha se dirigió lentamente hacia arriba.

-"Hmm, entonces ¿tú vives en el acuario?"- Gerald observó como la flecha se movía lentamente y con cierto esfuerzo hacia abajo.

-"Ok, bien. Entonces, Arnold, viejo, ¿te gusta Helga? ¿en serio?"

Justo en ese momento, una enfermera entró y avisó: "Fin de la hora de visita".

Gerald, por voltear a ver la enfermera, no notó como la flecha se movía insegura. Y para su frustración, no logró decir si estaba más arriba o abajo, o si tal vez no se había movido en absoluto.

-"No lo entiendo"- murmuró el moreno para sí.

-"Oh, no es tan difícil. Los hospitales tienen distintos horarios de visitas, según el sector. Y ahora Arnold está en un sector donde las visitas no se pueden prolongar más a menos que sea autorizado por el médico de cabecera y la enfermera jefe de piso…"

-"No, no es eso"- Gerald negó con su cabeza –"no puedo creer que Helga diga ser novia de Arnold, y que Arnold no me responda…."

-"Ah, eso."- el médico pareció aburrido –"Sí, yo tampoco lo entiendo".

-"Supongo que le preguntaré a Phoebe"- dijo el niño, pensando más para sí mismo. La flecha se movió temblorosa e insegura hacia abajo. Gerald miró sorprendido. –"¿No a qué, viejo?"

El doctor se rió.

-"Oh, debes estar bromeando. No quieres que le preguntes a ¿Phoebe? ¿Qué? ¿Ella es amiga de tu novia y teme que le puede decir algo?"

Gerald miró estupefacto al médico, y luego, con asombro, la flecha moviéndose insegura hacia arriba. Gerald negó con su cabeza.

-"Está bien; no le diré a nadie, viejo. Guardaré tu secreto. Pero ¿sabes que eres un niño muerto, Arnold? Un niño valiente y muerto si te gusta Helga G. Pataki"

Gerald observó la flecha moverse ligeramente hacia arriba.

-"Bueno, igual le diré a la banda que puedes comunicarte. Eso será bueno. Nos vemos, amigo"- dijo Gerald sonriendo a la pantalla y al rostro de su amigo.

Entonces, hizo lo que siempre hacía cuando venía: tomó con su mano izquierda la mano inerte de Arnold e hizo la parte de su saludo especial, moviendo su dedo contra la palma de su amigo. Luego se fue.

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La flecha se movió significativamente hacia arriba.

"Gracias, Gerald", pensó Arnold al ver a su amigo irse.

-"Bien, al menos tienes un amigo decente. ¿Quieres comer chocolates?"- preguntó el médico, comiendo los últimos. Arnold enrolló mentalmente sus ojos- "¿no? Porque tenemos muchas cosas por hacer. Demostraré a todos que sí soy un gran médico."

Arnold suspiró mentalmente. Estaba cansado, muy cansado. La visita de Helga había salido muy mal, y aunque Gerald le había elevado un poco el ánimo, él aún no podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido.