Estimados, una vez más, gracias por todos sus comentarios y el marcar la historia como favoritos y que desean ser alertados. Estoy realmente impresionada.
Al mismo tiempo, lamento la tardanza. Dije que estaba subiendo semanalmente, y bueno, según mi reloj, oficialmente la semana ya terminó (00.30hrs). Pero ¡hey! Hay nuevo capítulo. Y es laargo. Bueno, no tanto, pero más que el promedio de los que yo escribo.
En fin, como me dijo alguien que dijo el pollo: "vamos al grano". Así que el penúltimo capítulo (les pido clemencia, me ha costado escribirlo).
Una idea loca que se me ocurrió.
Y claramente, no soy propietaria de Hey Arnold.
Y si, tal vez tenga algo de ritualista.
Oxoxoxoxoxo
.
Arnold estaba disfrutando su momento a solas. Doofenshhirtz tenía que ir a ver unos exámenes, o un médico-doctor… no le había quedado claro, pero había entendido que tenía que ver con ser un gran médico. Así que estaba solo; solo con los pitidos de Sophie que alertaban que él estaba ahí.
Arnold suspiró, o más bien, desde esa noche que se había despertado sin poder moverse, imaginó hacerlo. Nunca pensó que uno pudiera sentirse tan cansado sin moverse, pero él se sentía cansado. Agotado. Durante todo el día, y parte de la noche anterior, le habían estado haciendo distintos exámenes. Y aunque él había mostrado estar de acuerdo (siempre a través de la flecha en la pantalla), muchos habían sido dolorosos y molestos. Esperas largas, pasar por distintas máquinas, análisis de sangre, por no mencionar el de otros fluidos de su cuerpo.
Además, había recibido la visita de varios médicos y enfermeras y estudiantes universitarios. Todos pasaban a mirarlo, le hacían preguntas y, por supuesto, Doofenshhirtz interrumpía cada cierto tiempo sólo para destacar cómo su esfuerzo y sagacidad lo habían llevado a demostrar que era consciente y ver un método para que se comunicara. Por si fuera poco, el galeno expresaba sus ideas y citaba frases en latín. Sí, el sentirse exhibido también lo había cansado.
Y claro, el suave pitido de Sophie también le recordaba lo difícil que había sido conciliar el sueño desde que estaba conectado a esa máquina que funcionaba y emitía ruidos día y noche. No es que se quejara por todo; no es que fuese desagradecido o no fuese consciente de lo que había significado Doofenshhirtz o esa máquina en su estadía en el hospital. Pero, simplemente, era un niño de nueve años, se aburría, se cansaba y le dolían algunos procedimientos. Y francamente, deseaba poder dormir bien, volver a su casa y ver a sus amigos, ver a Helga y conversar y compartir un batido…
Arnold suspiró. Bien, imaginó hacerlo y notó como la flecha se había movido en la pantalla. Sí, ahora eso le resultaba más fácil. Incluso se daba cuenta que podía moverla en diagonal. Su abuela había pegado unos papeles en la pantalla, donde se podía leer "Sí/ Gracias/Cabeza/Techo/y por supuesto, Arriba" y "No/Abajo/Tengo pulgas en los pies". Cuando su abuelo los notó, le preguntó si deseaba sacarlos, pero Arnold indicó que no. Su abuela se puso a buscarle pulgas en los pies, haciéndole cosquillas en el proceso.
Arnold sonrió mentalmente en el recuerdo. Eso había sido divertido, aunque era terrible no poder moverse. No pudo decirle cuando parar hasta que su abuelo logró alejar a la abuela y preguntarle si estaba bien.
En realidad, si se ponía a pensar en ello, resultaba curioso, por decir lo menos. Cansado y adolorido, frustrado y triste, no podía negar que estar en el hospital le había permitido observar varias cosas que antes no habría sido capaz de ver. Por ejemplo, ahora era capaz de reconocer la pisada de algunas personas. De hecho, había aprendido que el ruido de unos tacones que se acercaban era de una enfermera que se asomaba a verlo siempre a una misma hora. Y ahí estaba, asomándose para ver… no sabía qué. Pero abría la puerta, lo miraba y seguía su camino. Ahora, ya se iba y cerraba la puerta. Esto significaba que faltaba menos para que viniese Helga a verlo después de la escuela. Posiblemente, unas dos horas, ¿o era él el que sentía que el tiempo se hacía más largo cuando esperaba a la niña? ¿Vendría hoy?
Arnold sintió que empezaba a ponerse nervioso. Sophie seguía emitiendo sus pitidos, pero al intentar mover la flecha, ésta se movió algo insegura. Tenía que asumirlo. Estaba nervioso, y también preocupado de que Helga no viniera. ¿Qué haría si no viniera? Bueno, sabía que no era el fin del mundo; Gerald le había dicho que le diría a sus compañeros que él podía comunicarse, incluso había dicho que podía ser que viniera todo el grupo; tal vez toda la clase y todo el colegio. Pero Arnold no le interesaba ver al grupo ni a nadie más. Bien, sería agradable, pero él deseaba hablar con Helga, idealmente a solas. Saber por qué ella no creía que él era consciente y la escuchaba; por qué venía a verlo y le hablaba y le contaba lo que pasaba en el exterior si no creía que él era capaz de comprenderla; entender por qué hacía las cosas que hacía; preguntarle por las promesas que ella le había hecho cuando le informó que se estaba haciendo pasar por su novia; saber con certeza si escribía poesía o no, porque estaba casi seguro que leía y mucho; confirmar si cuando la había visto estremecerse y llorar era por él; pedirle que no llorara, abrazarla y decirle que él sí estaba ahí, con ella; preguntarle por qué tuvo que pasar todo esto para comenzar a conocerla mejor; pedirle que le explicara por qué cuando Doofenshhirtz dijo su teoría de que a él le gustaba y por eso se ponía nervioso, no se burló de él y actuó como si la hubiesen herido profundamente; preguntarle cómo podía ser tan dulce y ruda a la vez; preguntarle si alguna vez pensaba en el techo de FTI y en lo tonto que él había sido en el Chez París, las dos veces que estuvieron ahí; tomarle las manos y…
Casi no alcanzó a escuchar los pasos acercándose cuando ya se había abierto la puerta. Helga G. Pataki estaba en ella.
-"Hola, Cabeza de Balón." -lo saludó sonriendo.
Arnold la miró avanzar. La chica más ruda de la escuela, vestida en rosa. Pensó en mover la flecha en la pantalla, pero no había ninguna dirección que significara "Hola". Decidió moverla hacia arriba, pero Helga no la vio. Se sentó en una silla junto a su cama.
-"Bien, volví. Ni siquiera sé qué hago aquí, así que simplemente, no preguntes."
Su sonrisa seguía permaneciendo. Arnold se preguntó por qué estaba sonriendo tanto. No era que no le gustaba; cuando Helga sonreía se veía muy bonita. Cuando sonreía así, sincera.
-"Mira, Arnoldo. Decidí que lo que dijo ese estúpido médico tuyo, en realidad, tú no tienes la culpa, así que decidí venir igual. ¡Y mira! Justo él no está acá."
Arnold enarcó una ceja mentalmente. Ahora que Helga mencionaba esa casualidad, ya no le parecía tan casual. ¡Momento! No había pasado mucho tiempo que había entrado la enfermera para asomarse a su pieza. Eso quería decir que, ¿Helga había faltado a clases para visitarlo en un horario que no estuviera Doofenshhirtz? O por lo menos, salió antes. ¿Se habría escapado del colegio? Arnold arrugó el entrecejo. "Helga, no está bien que faltes al colegio. Puede traerte problemas". La flecha en la pantalla se movió hacia abajo, pero Helga tampoco la vio. Estaba mirando a Arnold, mientras seguía hablando.
-"En serio, esto no tiene sentido. Pero tu optimismo parece que se está contagiando. ¿Sabes que el Pelos de Cepillo dice que sí eres capaz de escuchar?"
Así que Gerald sí había comentado en clases. Y Helga había asistido al colegio. Seguramente, a las primeras horas.
-"Al parecer, él le creyó a ese matasanos y piensa que es cierto lo de la flecha en la pantalla."
Arnold miró a Helga; ella se había puesto repentinamente seria.
-"Bien, yo no sé si escuchas o no, ¡demonios! Ya es difícil ver la cara de mono serio que tienes, como para pensar que detrás, estás tú, escuchando, sintiendo… en fin, te haces la idea."
Arnold la escuchaba atentamente. Él no se hacía la idea. ¿Qué quería decir? Sí, no podía hacer gestos y eso era difícil, especialmente cuando ella lo molestaba y le decía cara de mono serio. ¿Era por qué no podía moverse que ella pensaba que él estaba durmiendo, como había dicho una vez?
-"Pero bueno, piensa que es mi buena acción del día o lo que quieras. Sí, tal vez esté loca. Digo, ¿quién visita a alguien que piensa que no la escucha? Para eso, mejor me voy a mi casa y me encierro en mi pieza. Aunque claro, no es como que quiera pasar encerrada o tener que tolerar el mal humor de Bob o a Miriam…"
-"Pero regresando, sería tonto ignorar que existe una ligera posibilidad de que estés ahí. Es decir, ¡eres el niño que salvó al barrio!, ¡siempre estas metiéndote en los problemas de los demás! Sinceramente, es difícil imaginar que te quedes sin hacer nada. Apuesto a que ahora mismo podrías estar pensando Helga, yo sé que eres amable en el fondo y sabes que debes hacer lo correcto. Maldición, Cabeza de Balón, ¿tienes idea lo difícil que es hacer lo correcto? ¡Qué digo, hacer! Decidir qué es lo correcto ya es bastante complejo."
Arnold escuchaba atentamente, y no pudo evitar reírse en su mente de lo bien que Helga lo imitaba.
-"Pero bueno, ahí es donde está la incógnita. Estás o no estás, ser o no ser. ¿Tienes idea de cuánto detesto las ambivalencias y los cuestionamientos morales? No, claro. Tú siempre eres el Sr. Dos Pies Derechos, que lo hace todo bien."
"Yo no hago todo bien", pensó Arnold. Tristemente, recordó que había varias cosas que le gustaría cambiar si pudiera volver a moverse y hablar.
-"Y yo, ¿quién soy? La matona del cuarto grado, con pocos y casi nulos principios morales, que siempre se mete en líos, que casi siempre mira desde lejos… eh, no importa. Lo que quiero decir es que…"- Helga hizo una pausa dramática para tomar aire –"Creo en ti. Con todo lo idiota que puede ser, y créeme, muy a pesar de mí misma. Simplemente, no tengo idea si estás o no. Pero ¡rayos! Te prometí que vendría y vengo. Comprendiendo lo que digo y preso de tu propio cuerpo, o siendo un vegetal que mira embobado. No me importa. O sea, sí, igual hay una diferencia y lo sé. Pero como tú dices, todos merecemos una oportunidad, ¿no?"
Arnold se sintió confundido. Helga no podía estar encasillándose en el absurdo rol de matón. Ella era más que eso. Él lo sabía; siempre lo supo, pero ahora estaba completamente seguro. Por otra parte, se sintió agradecido. Helga había sido completamente sincera con él, le estaba dando una oportunidad y, por encima de todo, creía en él. Ojalá ella pudiera ser capaz de verlo.
-"Sí, eso pensé. Como sea, Geraldo habló con Phoebe…"
Arnold se congeló al oír eso. Un nudo apareció en su estómago.
-"… para que lo ayudara a traer a casi todo el colegio. Así que si estás ahí, prepárate a ser el centro de atracción de este zoológico. Si no, bien, sigue soñando."
Arnold la miró dolido frente a ese comentario. Bueno, su mirada en su interior era de dolor.
-"Además, Olga está llegando pronto, así que tengo que ir a casa. Grandioso"- Helga dijo con desgano.
-"Entonces, como veo que estás conectado, me voy antes que lleguen los otros y esto se ponga asquerosamente cursi y optimista, lleno de obvios buenos deseos. Geraldo prometió protegerte, pero igual hablé con Phoebe… supongo que el Cabeza de Cepillo ama tanto la atención, que podría olvidarse que él era el guardián que vigilaba quien entraba a tu cuarto."- Helga dijo con sorna, refiriéndose a su encuentro con Gerald, varios días atrás.
Arnold rió al recordar ese incidente.
-"Nos vemos mañana, Cabeza de Balón."- Helga se despidió con una sonrisa sincera, sin rastros de rabia.
"Gracias, Helga", pensó Arnold y, automáticamente, la flecha se movió hacia arriba. Justo en ese momento Helga se giró al levantarse y vio la pantalla. La pantalla con los letreros y la flecha moviéndose claramente. Arnold pudo ver cómo Helga se congeló.
-"¿Arnold? Tú… ¿tú moviste la flecha?"- preguntó Helga con la voz algo quebrada.
Arnold se dio cuenta que Helga había visto la flecha moviéndose y se apresuró a moverla de nuevo. "Sí".
Helga se volteó a verlo. Arnold vio su cara de ¿asombro?, ¿confusión?
-"¿Tú no estás soñando?"
Arnold movió la flecha hacia abajo. "No". Estaba nervioso, pero ya no le costaba tanto como antes. Notó como Helga lo miraba a él y a la pantalla.
-"Tú sí escuchas todo lo que digo"
Arnold movió la flecha hacia arriba.
-"Oh, santa mier…"
La voz de Helga se apagó lentamente. Pero no alcanzó a producirse un minuto de silencio.
-"¡Espera! ¡Esto es muy bueno! Quiero decir, ya era hora que mostrarás algo de vida, Cabeza de Chorlito. ¿Y desde cuándo me estás espiando?"
Arnold vio a Helga mirar la pantalla. Frunció el entrecejo…mentalmente. ¿Por qué había cambiado de humor tan rápido? Además, él no la espiaba. No era como si la estuviese mirando en secreto sin su conocimiento. Actualmente, él no podía hacer eso, de todos modos.
-"Vaya, así que sólo puedes responder que sí o no, ¿cierto?"- Helga hizo una pausa; Arnold movió la flecha hacia arriba –"¿Siempre has estado escuchando? Me refiero, ¿desde que estás en el hospital…?"
Arnold movió nuevamente la flecha hacia arriba. Helga ya sabía que él la escuchaba. La voz de Helga tembló.
-"O sea, ¿sabes lo que le dije a la enfermera para poder venir…? ¿Qué yo era…? Ehm, o sea… ¿me has visto venir todos los días?"
Arnold tuvo que hacer un esfuerzo adicional para responder que sí en esta ocasión. Él podría haber jurado que se había ruborizado. No es que estuviese de acuerdo que Helga fingiera ser su novia… pero tampoco se lo reprochaba. Creía que podía entender si él estuviese en la situación de Helga, y ella fuese la que estuviese en el hospital… es decir, había una razón tras eso. No era solo una circunstancia que… bien, era extraña. Sí, la idea incomodaba porque era algo extraña que estuviese ocurriendo en la realidad y no cuando él imaginaba cómo sería tener una relación real con Helga, o soñar que estaba casado con ella ¿cierto? Como Helga siguió balbuceando, Arnold sospechó que no se había ruborizado realmente, o a ella le pasó desapercibido. Lo que hubiese ocurrido, lo agradeció mentalmente. Inconscientemente, la flecha volvió a moverse hacia arriba.
-"¡Crimeny!"- exclamó Helga, sus ojos abiertos- "Arnoldo, es decir, yo… no sé qué decir…ehm, ¿lamento el malentendido?... o sea… Obviamente no es como si quisiera tener que salir contigo. Ser tu novia, ¡qué asco! Pero, yo…"
Arnold arrugó mentalmente el entrecejo. Una vez más, ella estaba a la defensiva… ¿de qué se estaba defendiendo?, ¿acaso se sentía atacada por él? ¿Por qué?
Pero Arnold no logró llegar a concluir ese pensamiento, ni pudo seguir escuchando las exclamaciones y posibles explicaciones de Helga. Porque en ese mismo momento, unos golpes se dejaron sentir en la puerta. Y antes de que Helga pudiese realizar cualquier movimiento, el profesor Simmons entró junto con algunos niños.
-"Permiso Arnold… ¿Helga? ¿Qué estás haciendo aquí?, ¿no se suponía que estabas…?"- preguntó el profesor. Junto a él estaban Gerald y Phoebe; más atrás, asomaban las cabezas de sus otros amigos y compañeros.
Arnold miró a Helga. Ella ya estaba a la defensiva. Él sabía que ella tendía a comportarse agresiva para ocultar cosas. Cosas como sus visitas. No se equivocó.
-"Enferma. Maldito hospital y su incompetencia. Me dieron vueltas y finalmente, por un obvio error, terminé aquí. Mejor me voy antes que me contagie algo."
Y con esas palabras, Helga se abrió paso hacia la puerta, marchando hacia la salida con paso decidido.
-"Amigo, ¿estás bien?"- Gerald se acercó rápidamente a su cama, mirándolo a él y a la pantalla.
Arnold movió la flecha hacia arriba. "Sí". Pudo escuchar la exclamación del profesor Simmons y de Phoebe, que se habían acercado también, así como los rumores y palabras de aliento y sorpresa de sus compañeros. Pero su mente imaginaba que seguía a cierta niña vestida de rosa.
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Oxoxoxoxoxo
N/A: Bueno, lo revisé una última vez y ya son las 01.10 del día lunes. Pero no es tanto el atraso. Además, en Chile es feriado, por tanto, parte de un fin de semana largo (*u*). Igual, lamento si hay algún error. Por otra parte, quisiera comentar que:
1-Sobre el "Cuarto Grado". Dudé si escribir que ya estaban en quinto (la película transcurre aparentemente en vacaciones de verano), pero finalmente decidí seguir con la trama de la serie y situarlos en el cuarto grado. Por si alguien se pregunta al respecto.
2-Cuando Helga pregunta: "O sea, ¿sabes lo que le dije a la enfermera para poder venir…? ¿Qué yo era…? Ehm, o sea… ¿me has visto venir todos los días?" Arnold, con toda su reflexión, mueve la flecha hacia arriba dos veces. Esto pone a Helga más nerviosa porque lo interpreta como que Arnold le ha respondido a la pregunta que formuló ("¿me has visto venir todos los días?") y la pregunta que dejó a la mitad y que se refería a ser su novia. Sólo lo comento y subrayo porque cuando me imaginé esa escena, me reí mucho con la cara que en mi mente tenía Helga.
Bueno, saludos y ojalá lo disfruten. El final está cerca (y nuevamente, pasaré a editarlo).
