Hola mis querido lectores y lectoras de este fic, como cada viernes les traigo un nuevo capitulo de este fic que espero sea de su agrado, esta vez se los traje más temprano porque en realidad dudo tener chanza en la tarde pero la verdad dudo que les incomodé que lo halla subido más temprano que las demás veces.
Bueno antes de empezar el fic dejenme les explico un poquito de este capitulo. El sueño de Matt consta de dos partes, la aquí presente es la parte uno y el siguiente capitulo será la parte dos, en estos dos capitulos se nos contará como quien dice casi todo lo que pasó en el pasado, y digo casi por que lo más dramático de la historia se cuenta más adelante, espero que sean pacientes y no se me desesperen porque ya sé que todos quieren que Matt y Mimi ya se hablen bien y que no solo se encuentren pues les tengo una buena noticia después de estos dos capitulos por fin habrá Mimato en el presente wii sii ya los hice esperar mucho, pero bueno solo tengan paciencia. Nos los entretengo más y aqui está el siguiente capitulo.
Aclaración: Los personajes de digimon no me pertenecen solo los uso de entretenimiento
6
El sueño de Matt: Una ventana al pasado
Parte 1
Matt llegó a su casa, saludó a su papá que se encontraba viendo la televisión en la sala y se fue directo a su cuarto. Dejó la guitarra a un lado de su cama y se tiró en la cama recordando a la chica de ojos color miel que había ido a su camerino. Esa chica le resultaba extrañamente familiar como si la conociera de toda la vida pero aquella había sido tan solo la segunda vez que se topaba con ella. ¿Entonces por qué sentía esa extraña sensación de conocerla desde siempre? Recordó lo que la chica había dicho, según ella, él se encontraba en peligro pero ¿Peligro de qué?, él no tenía enemigos, bueno no que él supiera, así que no entendía a que se refería la castaña con aquellas palabras. Cerró los ojos y pudo visualizar de nuevo el rostro de aquella chica y después de unos minutos de estarle dando vueltas al mismo asunto el rubio se quedó profundamente dormido.
Sin saber como había llegado ahí, Matt se encontraba en un enorme y hermoso palacio que aunque no recordaba haber estado ahí con anterioridad se le hacía extrañamente familiar. Vio que una mujer pasaba frente a él con un niño en brazos y parecía que ella no lo miraba porque le habló y ella lo ignoró como si él no estuviera. Después de observarla bien y seguirla por aquel largo pasillo pudo ver que aquella mujer no le era del todo extraña, era su mamá, pero con unas vestimentas muy raras y que no se utilizaban en la actualidad sino que eran usadas aproximadamente en la época feudal si su memoria no le fallaba. Observó al bebe que ella traía en brazos y quedó asombrado de que se trataba de él cuando era un niño, lo sabía porque muchas veces había visto sus fotos de niño y ese bebé era idéntico a él en las fotos que guardaba su papá en una caja bajo su cama.
- Pero ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Qué es todo esto?
Se preguntó Matt en voz alta mientras seguía a la mujer por el pasillo. Vio como su madre entraba a una habitación, la siguió y de igual manera entró al lugar donde pudo ver a una mujer de cabellos cafés cortos y ojos color negro sentada junto a una cuna. Se acercó para ver el interior de la cuna y observó a una linda niña de ojos color miel que miraba hacia todas partes, supo que era niña puesto que el color de sus mantas la delataban.
La mujer se paró al ver entrar a su madre con él en brazos.
- Su majestad, me alegra que viniera y trajo al príncipe Yamato.
- ¿Príncipe?
Se preguntó Matt mientras miraba a la mujer que acariciaba al niño en brazos de su madre. No entendía que era lo que pasaba, ¿por qué él estaba ahí viendo eso?
- Claro ustedes son como de la familia. Esta dormida… que bonita.
Dijo la madre de Matt acercándose a la cuna para ver a la niña en su interior.
- Bebé.
Balbuceó el pequeño niño en brazos de la mujer al mismo tiempo que apuntaba a la niña en la cuna. Matt sonrió enternecido de si mismo y de la forma amorosa con que su madre le hablaba al que se suponía era él en bebé. Era una lástima que en la actualidad él no recordara ningún momento parecido a ese.
- Si Yamato es una bebé, mira que bonita.
Respondió con una sonrisa la mujer a su hijo, el pequeño volvió a balbucear algo parecido a la palabra bebé, la mujer sonrió al ver la curiosidad que despertaba aquella pequeña niña en su hijo así que lo acercó un poco y él pequeño extendió su mano para tocar a la niña que sonrió al contacto.
Antes de que Matt pudiera seguir en aquella conmovedora escena y de que pudiera averiguar quien era la pequeña en la cuna todo a su alrededor comenzó a desaparecer antes sus ojos y él lugar en el que se encontraba se cambió por uno diferente para situarle en un cuarto totalmente distinto al anterior, más grande y con unos ventanales enormes. Vio como él pero un poco más grande cómo de tres años aproximadamente entraba con una niña de cabellos castaños la cual supo que era la pequeña en la cuna, la pudo reconocer por sus enormes ojos color caramelo que le recordaban a alguien pero no lograba recordar a quien.
Los dos pequeños tomados de las manos se acercaron a la cuna que se encontraba en una esquina al lado de la enorme cama principal que se encontraba en la habitación. Matt se acercó al igual que los dos pequeños y pudo ver que el niño que estaba en la cuna, era T.K lo pudo reconocer casi de inmediato.
- Mira mi hermanito.
Dijo orgulloso el pequeño príncipe a la niña que lo acompañaba. La pequeña se asomó a la cuna de puntitas y pudo ver a un bebé dormido.
- bebé
Dijo simplemente la pequeña y la sonrisa de su amigo se amplio enormemente.
- Si, es mi hermanito.
Respondió con orgullo el chico y como por arte de magia todo alrededor de Matt comenzó a desvanecerse nuevamente frente a sus ojos incluyendo a los tres niños frente a él.
Esta vez Matt se encontraba en un enorme y hermoso jardín. Él, T.K y la niña de ojos miel salían del palacio tomados de las manos con T.K en medio. Ahora él se miraba más grande cómo de unos 5 años, la niña a lo mucho tendría 4 pues le calculaba era un año menor y T.K sí sus cálculos eran correctos tenía 2 años.
- Uno, dos, tres.
Contó la pequeña y acto seguido el pequeño Yamato y ella levantaron al pequeño T.K como si lo columpiaran movimiento que causo la risa del menor de los rubios que apenas empezaban a caminar.
Matt sonrió aunque no lograba recordar ese evento en su memoria aquel cuadro era simplemente enternecedor y agradable. Rodó sus ojos a la niña que reía al igual que sus dos acompañantes e intentó reconocerla, pero aun no le quedaba claro quien era esa niña con la que al parecer vivió gratos momentos, por lo menos en ese lugar y en ese vida totalmente desconocida para él.
El viento sopló suavemente y se llevó consigo la imagen de los niños que se desvaneció con el aire que trajo consigo al mismo jardín pero en una época totalmente diferente.
Ahora el jardín se encontraba cubierto de flores delatando que era primera. Matt vio como la castaña que ahora parecía tener seis años corría por el jardín seguida de él, pero esta vez con siete años de edad.
- No me alcanzas Yamato.
Dijo la niña entre risas y volteando a ver al rubio que la seguía divertido.
- Ya casi te alcanzo.
Gritó el niño al ver que estaba cercas de la niña, pero antes de que pudiera alcanzarla tropezó con una piedra y calló al suelo. Matt al ver aquello cerró los ojos como si hubiera sido él el que había caído, de seguro a aquella pequeña versión de él de niño le había dolido semejante caída. Cuando abrió los ojos, Matt pudo ver como la niña se encontraba arrodillada a un lado de aquel niño que era idéntico a él cuando tenía aquella edad.
- ¿Estas bien?
Preguntó preocupada la castaña.
- Me duele un poco.
Contestó el niño viéndose el raspón en su rodilla e intentando levantarse.
- No espera.
Dijo la niña deteniendo a su amigo que le obedeció casi al instante. La niña arrancó un pedazo de tela de su vestido rosa y lo amarró en la pierna del niño, para sellar aquella venda con un beso en la rodilla del niño.
- Eso es para que ya no te duela.
Dijo la niña con una amplia sonrisa a lo que el pequeño Yamato solo atinó a sonrojarse notoriamente por el gesto de la niña.
- ¿Qué te parece sí descansamos un rato?
Preguntó la niña con una amplia sonrisa borrando así el sonrojo de su amigo quien reaccionó y con ayuda de la castaña se puso de pie, ambos caminaron hasta un frondoso y enorme árbol de cerezo donde los dos se sentaron.
Ella comenzó a jugar con unas flores mientras que el pequeño Yamato sacó de su pantalón una armónica y comenzó a tocar una suave melodía que Matt pudo reconocer al instante, era la misma melodía que el mismo tocaba cuando tenía algún problema y que no recordaba donde la había aprendido pero siempre que la tocaba lo hacía sentirse mejor.
- Mira ya terminé.
Dijo la niña poniéndose de pie y acercándose a su amigo que dejó de tocar la armónica en el instante en que ella le habló. La niña se acercó a él y le puso un collar de flores, el niño tomó el collar de flores que colgaba de su cuello pensando que eso era para niñas, pero no dijo nada, solo miro a su amiga que lo miraba con una enorme sonrisa en su rostro.
- Es un collar de flores, lo hice para ti.
- eh? Gracias.
Contestó apenado el niño, pero aquella pena desapareció al ver lo feliz que se miraba su amiga al ver que él no se quejaba del collar de flores e ignorando que aquel obsequio era de niñas correspondió a la sonrisa de su amiga y una lluvia de pétalos rosados calló sobre ellos haciendolos desaparecer ante los ojos de Matt que en cuestión de segundos ya se encontraba en otra época del año.
Era otoño, Matt lo sabía por la enorme cantidad de hojas secas tiradas en el suelo sobre las cuales corría un T.K de seis años, una castaña de ocho y un Matt de nueve años. Los tres niños corrían y se aventaban hojas entre ellos al mismo tiempo en que reían divertidos. En un momento en que los tres niños parecieron ponerse de acuerdo agarraron cada uno un montón de hojas que lanzaron hacia el cielo y cayeron sobre los niños y desaparecieron a la par que todo lo que estaba alrededor de Matt.
Esta vez Matt no se encontraba en el jardín, ahora parecía encontrarse en lo que aparentaba ser la sala del palacio con una enorme chimenea. Rápidamente pudo ubicar a los tres niños sentados en el mismo sillón frente a la enorme chimenea con una cobija cubriéndolos del frío y con una de taza de lo que aparentaba ser una especie de té en sus manos.
Ahora ya no eran tan niños, recordaba que el lucía así cunado tenía once años de edad por lo cual dedujo que aquella era su edad en aquel recuerdo, la niña ahora tenía diez y T.K , era igualito a cuando tenía ocho años.
- ¿No quieres un poco de té?
Preguntó la castaña al pequeño rubio sentado a su lado, al mismo tiempo que le acercaba una taza de la cual salía vaporcito.
- Sí.
Contestó emocionado el niño y la chica de ojos color miel le dio al menor de los rubios la taza humeante con cuidado.
- Ten cuidado Takeru, esta caliente.
Dijo el mayor a su hermano quien comenzó a soplar a la taza para después darle un sorbo y pegar un grito por lo caliente de la bebida.
- AAAAA, esta caliente.
Gritó el pequeño Takeru regresándole la taza a Mimi , con los ojos humedecidos. Matt rió al ver aquel gesto de su hermano, aparentemente T.K tanto en aquella realidad tan distinta a la que él conocía como a la realidad de donde él provenía siempre había sido un niño llorón.
- Te dije que tuvieras cuidado.
Le reprendió la otra versión de Matt que se encontraba al lado de su hermano que se echaba aire en la lengua al mismo tiempo que intentaba contener su llanto.
- Pero le soplé.
Protestó el pequeño rubio aun tratando de calmar el ardor en su lengua.
- Tenías que esperar un poco a que se enfriara.
Contestó Yamato y sin poderse contener más él y la castaña comenzaron a reír por la cara que tenía el más pequeño de los rubios, quien los ignoró y que al ver por la ventana que estaba empezando a nevar, se puso de pie y se acercó al cristal.
- Mira hermano esta nevando.
Exclamó Takeru emocionado y la niña de ojos miel y Yamato se pusieron de pie para ir a donde estaba el pequeño Takeru.
- Que bonito.
Dijo la niña caminando hasta la ventana y viendo admirada el paisaje que la nieve les mostraba en esos momentos.
- Sí
Contestó Yamato volteando a ver a su amiga quien de igual manera había volteado a verlo, los dos se miraron por unos segundos bajo la mirada atenta de Takeru que los observaba fijamente sin decir nada. En ese momento rompiendo con la magia del momento que existía entre la castaña y el mayor de los rubios, la mamá de la niña la llamó y esta se fue del lugar en busca de su madre.
- Hermano…
- ¿Si Takeru?
- ¿Te gusta?
Preguntó el pequeño rubio refiriéndose a la castaña al ver que su hermano no quitaba la vista del lugar por donde se había ido la niña. El mayor de los príncipes se sonrojó notoriamente al escuchar la pregunta de Takeru.
- eh? Que cosas dices Takeru.
Respondió el mayor desviando su mirada a la ventana.
- ¿Entonces sí te gusta?
Volvió a insistir el pequeño.
- Así déjalo Takeru.
Dijo Yamato al mismo tiempo que le daba unos golpecitos en la cabeza a su hermano menor y se dirigía de nuevo al sillón. El menor de los rubios ya no dijo más solo se quedó viendo a su hermano y después de unos segundos corrió de nuevo a donde estaba Yamato desapareciendo junto con aquella imagen ante los ojos de Matt que seguía como espectador de aquella serie de escenas que se presentaban ante sus ojos, aun sin comprender porque tenía que ver momentos de una vida que no era la suya pero que era actuada por él y personas cercanas a él y que conocía a excepción de la castaña a la cual aun no lograba identificar.
Ahora Matt ya no se encontraba en la sala del palacio si no en una de las recamaras, donde una mujer de cabellos cafés se encontraba al lado de una cama sollozando. Matt inmediatamente pudo reconocer que la niña que se encontraba en la cama era la castaña que era amiga suya en aquella vida y no pudo evitar sentirse angustiado al ver lo mal que se encontraba la niña, parecía tener una fiebre muy alta y el llanto de la madre de la niña al lado de la cama no lo ayudaba a tranquilizarse.
- Ya llegó el doctor.
Dijo la madre de Matt entrando a prisa con un señor siguiéndola hasta que ambos llegaron a la cama donde estaba la niña, que al parecer seguía teniendo la misma edad que la escena anterior que le había tocado ver a Matt.
El hombre se aproximó a la castaña, tocó su frente y negó con la cabeza angustiando a Matt quien seguía ahí presente.
- Necesita conseguir unas hierbas medicinales que se encuentran en la cima de la montaña son una pequeñas flores moradas que crecen siempre al lado del río pero necesitarían estar locos para ir con esta tormenta.
Matt volteo hacia la puerta al oír un pequeño ruido y pudo ver como su versión de él en aquella realidad se encontraba escuchando todo. Vio como él en aquella versión más pequeña apretaba los puños con impotencia, él mismo se sentía impotente viendo como aquella hermosa niña se encontraba luchando contra la muerte. Vio como el Yamato de once años salió corriendo sin ser visto y a pesar de que no miraba hacia donde se dirigía se lo podía imaginar, él iría por las hiervas que salvarían a la castaña, lo sabía porque él en su lugar hubiera hecho lo mismo por una persona tan especial como lo era aquella niña en aquella vida.
- Cuando las consigan póngalas a hervir en agua, dénsela y la fiebre desaparecerá, pero procuren conseguirlas lo más rápido posible.
- No te preocupes en cuanto la tormenta cese mandare a uno de nuestros hombres por ellas.
Intentó consolar Natsuko a la madre la niña apoyando su mano sobre su hombro para darle ánimos.
- Muchas gracias Natsuko.
- No te preocupes, venga doctor lo acompaño a la salida.
La mujer de ojos azules acompañó al doctor hasta la salida, seguidos por Matt que por la expresión en la cara del doctor sabía que estaba por anunciarle a su madre algo no muy bueno.
- Sí no consiguen esas hiervas pronto, lo más probable es que la niña muera, la fiebre esta muy alta.
Sentenció el hombre una vez afuera de la habitación y en voz baja para que no oyera la madre de la niña.
- Entiendo, sería una locura mandar a alguien con esta tormenta.
Dijo preocupada la madre Matt al mismo tiempo que miraba por la ventana para ver la tormenta que se desataba afuera.
Matt se quedó en aquella habitación viendo a la madre de la niña que no paraba de llorar, a su propia madre que daba vueltas en la habitación preocupada y a la castaña que empeoraba a cada minuto. Sentía que habían pasado horas y su pequeña versión de él en aquel mundo no regresaba y estaba llegando a temer que no regresaría a tiempo.
La madre de Matt caminó a la ventana viendo la terrible tormenta que parecía no tener fin, se preguntó cuando terminaría pero estaba perdiendo la esperanza de que aquella horrible tempestad terminara a tiempo para salvar a la hija de su mejor amiga.
Mimi volvió a toser despertando a la mujer de sus pensamientos quien volteó con dirección a la cama y se dio cuenta de que la castaña estaba empeorando.
- La fiebre aumento, mi hija.
Lloró la madre de la pequeña al ver que la fiebre en su hija aumentaba.
- Ya tranquilízate. Todo va estar bien.
Trato de tranquilizar Natsuko a su amiga, aunque ni ella se encontraba realmente segura de que las cosas realmente fueran a salir bien, y lo único que atinó a hacer fue abrazar a su amiga fuertemente para consolarla. En ese momento la puerta se abrió de golpe dejando entrar a una sirvienta enormemente preocupada y llamando a la madre de Matt.
- ¡Majestad!
Gritó preocupada la mujer para dejar ver tras de sí a un Yamato totalmente empapado. Natsuko al ver a su hijo completamente mojado se levantó y corrió hasta su hijo, ordenando a la sirvienta que trajera toallas para secarlo.
- ¡Yamato! ¿Qué te pasó? Estas todo mojado.
Yamato no contestó nada, solo enseñó a su madre las flores moradas que había pedido el doctor.
- Las hierbas…
Susurró asombrada la mujer al ver que su hijo había ido solo por las hiervas que ocupaban para salvar a la castaña e inmediatamente le ordenó a la sirvienta que había regresado con las toallas que hiciera un té con esas hiervas.
- Pero ¿En qué pensabas?
Dijo la mujer mientras secaba a su hijo con las toallas, pero este no parecía escucharla, su mirada estaba fija en su amiga. La mujer se dio cuenta y sonrió al ver el gran cariño que Yamato le tenía a la pequeña niña.
- Hijo ve a cambiarte te va hacer daño.
Dijo la mujer con dulzura a lo que su hijo solo asintió y salió de la habitación. Matt vio como su otro yo salía de la habitación y sonrió aliviado de haber conseguido las medicinas a tiempo, aunque aun no podía cantar victoria, la fiebre en la castaña había aumentado demasiado y temía que el medicamento no diera resultado.
Tanto como su madre como la mamá de la niña salieron de la habitación dejando a Matt solo con la niña a la cual ya le habían dado el té medicinal, se acercó a la castaña y vio como el semblante de la niña se miraba más tranquilo al parecer la medicina estaba haciendo efecto. Se le quedó mirando por unos minutos tratando de reconocer a esa castaña, sabía que la había visto en la realidad a la que él pertenecía pero no lograba ubicarla y en ese momento entró su yo de ese mundo y se acercó a la cama de la pequeña.
- Mimi… Pronto estarás bien.
Dijo el niño tomando la mano de su amiga con delicadeza. Matt lo observó atento por fin sabía cual era el nombre de aquella niña, pero para su sorpresa no era ningún nombre conocido, el no conocía a ninguna Mimi, entonces ¿Por qué esa niña le era tan familiar?
- Yamato…
Murmuró la castaña abriendo los ojos lentamente y viendo a su amigo a su lado sosteniéndole la mano.
- Mimi ¿Ya te sientes bien?
- Sí.
Contestó ella viendo su mano sujetada por Yamato quien al ver que ella se había dado cuenta que la tenía tomada de la mano intentó soltarla apenado pero ella no se lo permitió.
- Así me siento mejor.
Dijo la niña con una suave sonrisa en su rostro que se vio correspondida por su amigo que le sonrió de igual manera.
Aquella imagen se desvaneció ante los ojos de Matt quien en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba en otro lugar, esta vez en el recibidor del palacio viendo a su padre junto a otras tres personas que no lograba ver bien.
- Yamato, Takeru vengan.
Dijo el Señor Ishida y Yamato y Takeru aparecieron casi de inmediato ambos seguían teniendo las misma edades once y ocho años.
-Qué pasa papá?
Preguntó Yamato que llegaba junto a Takeru.
- Hijos, él es el general Yagami y sus hijos, de ahora en adelante será el jefe del ejército y él y su familia vivirán en el palacio.
Matt de inmediato reconoció a Tai y a Kari que eran iguales a como él los recordaba de niños.
- Es un placer jóvenes, agáchate Taichi.
Dijo cortésmente el señor Yagami haciendo una reverencia al igual que su hija y empujando a su hijo para que hiciera lo mismo.
- Auch!
Se quejó el moreno haciendo la reverencia de mala manera, gesto que causo gracia en Matt al ver que su amigo era el mismo en esa realidad como en la suya.
- Él es mi hijo mayor Yamato de 11 años y el menor Takeru de 8 años.
- Él es Taichí de 11 años y Hikari de 8 años.
- Mucho gusto.
Respondió cortésmente la pequeña y sonrió hacia lo chicos, pero antes de que alguno de ellos pudiera decir algo apareció Mimi buscando a Yamato, pero se detuvo al ver que no se encontraban solos.
- ¡Yamato! Lo siento no sabía que estaban ocupados.
Se disculpó Mimi al ver que interrumpía.
- No te preocupes Mimi. Ella es Mimi Tachikawa una amiga de Yamato, es casi como de la familia.
- Mucho gusto.
Respondió apenada la chica.
- ¿Por qué no se van a jugar mientras yo le enseño al Sr. Yagami el castillo?
Dijo el señor Ishida al mismo tiempo que se alejaba con el padre de Tai y dejaba a los cinco niños solos.
- ¿Por qué no vamos afuera a jugar?
Preguntó Takeru emocionado al ver que ahora había más niños con que jugar.
- ¿Podemos ir hermano?
- Claro, Soy Taichi Yagami espero que seamos buenos amigos.
Se presentó el moreno extendiendo su mano a Yamato.
- Yo soy Yamato y también espero que seamos buenos amigos.
Contestó Yamato tomando la mano de Taichi.
- Tú te llamas Mimi ¿Verdad?
- Sí
- Es un placer conocerte, ella es mi hermana menor Hikari.
- Mucho gusto.
- Yo soy Takeru ¿Por qué no jugamos a las escondidas? Yo cuento.
Gritó emocionado Takeru.
- Es una estupenda idea.
Dijo Tai también emocionado por la idea del menor de los rubios.
- Ven Hikari sé donde escondernos.
Dijo Mimi tomando a Hikari de la mano y llevándola a esconderse. Takeru terminó de contar y corrió al patio en busca de su hermano y de sus amigos.
- 1, 2, 3. Por mi hermano y Taichi que están arriba del árbol.
Gritó alegre Takeru al encontrar a su hermano y a Taichi.
- ¿Cómo nos encontró?
Preguntó Taichi asombrado por la rapidez con que los había encontrado el pequeño rubio y que ahora buscaba a las dos faltantes.
- No nos ve.
Susurró Hikari al ver que Takeru pasaba aun lado de ella y de Mimi y no las miraba.
- Nunca me encuentra cuando me escondo aquí.
Dijo Mimi escondida con Hikari dentro de un enorme arbusto.
- ¡Las encontré!
Gritó Takeru entrando al escondite de las niñas lo que provocó que ambas gritaran y salieran corriendo y riendo junto con el pequeño rubio. Aquella imagen se desvaneció ante los ojos de Matt al igual que todo a su alrededor para ubicarlo en un nuevo lugar. Ahora Matt se encontraba en uno de los pasillos del palacio de inmediato giró su atención a los tres chicos que miraban divertidos escondidos tras una puerta, con sus mirada fijas al interior del salón. Eran Taichi, Hikari y aunque no le había visto el rostro pudo adivinar por su larga cabellera que aquella era la niña de ojos color miel. Taichi, y Hikari eran idénticos a los que ahora habitaban su mundo real por lo tanto calculaba que tenían la misma edad.
- Jajajaja Parece que a Yamato no le simpatizó la idea de bailar con todas esas chicas.
Rió el moreno asomándose por la puerta al igual que sus dos acompañantes.
- jajá jajá Pobre Yamato.
Rió igualmente divertida Mimi volteando a ver a su amigo y permitiéndole a Yamato ver el rostro de la castaña que lo dejó perplejo, aquella joven era la misma chica que había ido a su camerino antes, con la que había chocada caminó a la escuela días atrás y la chica con la cual sentía un gran sentido de familiaridad, era ella no podía equivocarse, eran sus mismos ojos, su misma boca y hasta su misma sonrisa ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Matt se acercó más para ver a la chica de cercas aun no podía creer que fuera la chica del camerino, pero sus ojos no lo engañaban era ella.
- Sí, se mira que no esta muy contento.
La voz de Kari lo distrajo y dejó de ver a la castaña para girar su mirada hacia donde los tres chicos miraban y ahí estaba él, vestido de una manera formal pero al estilo antiguo, era como verse en un espejo era idéntico a él en esos momentos y no se miraba muy feliz parecía que su madre lo estaba reprendiendo.
- Mamá ¿Por qué tengo que bailar con todas esas chicas?
Protestó Yamato molestó mientras miraba a su madre severamente.
- Es tu deber como príncipe.
Contestó su madre al mismo tiempo que trataba de arreglar un mechón rebelde de su hijo quien una vez que lo vio acomodado lo volvió a poner como estaba haciendo que su madre negara con la cabeza en forma de desaprobación.
- Pero ¿Por qué Takeru no lo hace?
Volvió a insistir el rubio, odiaba tener que bailar con todas esas chicas a las cuales solo miraba y caían desmayadas.
- Porque es muy pequeño aun y tú eres el mayor, así es que más vale que comiences porque son varias.
Sentenció la mujer señalando al grupo de chicas que miraban ruborizadas al rubio y se retiró del lugar dejando a su hijo solo y con cara de pocos amigos. Yamato caminó hasta donde estaban las chicas que sonreían con emoción al ver que el príncipe se acercaba hasta ellas. Llegó hasta el pequeño circulo de jovencitas y le pidió a la primera que vio que no se desmayó cuando lo tuvo cerca que bailara con él, la joven de cabellos negros cortos aceptó emocionada y ella y Yamato comenzaron a bailar la pieza que en esos momentos tocaban los músicos. "No entiendo por qué tengo que bailar con todas las chicas" pensaba molesto mientras giraba por el salón con la chica que se encontraba totalmente hipnotizada por los ojos color zafiro que no la miraban precisamente a ella y que se encontraban más bien perdidos en los pensamientos del chico que maldecía su suerte hasta que los vio. Ahí estaban Taichi, Hikari y Mimi viéndolo bailar con la chica en contra de su voluntad y al parecer estaban disfrutando del espectáculo puesto que los tres reían burlonamente por su desgracia.
- Ya nos vio.
Dijo Hikari alarmada y cerrando la puerta rápidamente.
- ¡Nos va a matar!
Dijo aparentemente asustado el moreno para después continuar.
- Pero quien le manda ser el príncipe. Además cualquiera estaría contento de bailar con tanta chica linda.
Se quejó Taichi mirando a las dos chicas frente a él.
- Está atrás de mi ¿Verdad?
Preguntó Taichi al ver la expresión de las dos chicas frente a él.
- Me temo que sí.
Contestó Hikari sintiendo lastima por su hermano.
- Sí tanto quieres, ve a bailar tú con ellas.
Dijo el rubio y se llevó a su amigo prácticamente a rastras hasta él salón lo que provocó la risa de las dos jovencitas que miraban la escena.
- Chicas el es Taichi y bailara con ustedes de ahora en adelante.
Dijo el rubio presentando al moreno a las chicas que esperaban que el príncipe las sacara a bailar.
- ¿Qué?
Gritó alarmado el moreno pero Yamato lo ignoró y se retiró del lugar dejándolo solo con las jovencitas.
- Ahí se los encargo chicas.
Dijo Yamato al mismo tiempo que se iba bajo la mirada incrédula de su amigo.
- No será el príncipe, pero también es muy apuesto
Alcanzó a oír Taichi lo que una de las jovencitas decía, provocando que el moreno se sonrojada notoriamente.
- Baila conmigo.
Dijo otra chica colgándose del brazo del moreno.
- No, conmigo.
Reclamó otra y así las demás jovencitas fueron tomando valor y comenzaron a pelear entre sí por la atención del chico que se sentía en una encrucijada.
- Tranquilas chicas, una a la vez. ¡Auxilio! ¡Yamato vuelve!
Gritó desesperado el chico, pero Yamato lo ignoró y solo sonrío al oír el grito desesperado de su amigo. Yamato ya tenía otros planes en mente y en ellos no venía ayudar a Taichi del castigo que él mismo le había impuesto.
- Pobre de mi hermano, todas esas chicas lo van a matar.
Comentó la menor de los Yagami al ver que su hermano era acorralado por todas la chicas.
- Tienes razón.
Rió Mimi divertida al ver tan graciosa escena, pero aquella risa se vio apagada por una voz familiar.
- ¿Bailamos?
Preguntó el chico de ojos color zafiro extendiendo su mano hacia la castaña, quien al oírlo levantó sus enormes ojos enmielados y lo observó sonrojada.
- ¿Qué? Pero nos van a regañar.
- Mis padres también bailaron cuando mi mamá era una sirvienta, y ellos se acababan de conocer y nosotros nos conocemos desde siempre.
Contestó simplemente el rubio con una dulce sonrisa en sus labios que reconfortó a Mimi.
- Esta bien.
Respondió Mimi con una sonrisa y tomó la mano de Yamato quien la encaminó hasta la pista de baile, tomó la frágil cintura de la chica que posó una de sus manos en el pecho del rubio y tomados de sus dos manos libres comenzaron a bailar por todo el salón.
La madre de Yamato vio como su hijo bailaba con Mimi y volteo rápidamente al circulo de señoritas que esperaban bailar con el príncipe pero que ahora se encontraba peleando por bailar con Taichi. La mujer volteo para reprender a su hijo pero la sonrisa en el rubio se lo impidió así que la mujer solo negó con la cabeza pero con una sonrisa en sus labios y continuó atendiendo a sus invitados.
- Bailas muy bien.
Dijo Matt clavando su mirada en su compañera de baile quien bajó su mirada y contestó un casi inaudible "Gracias" La música terminó y dio paso a una pieza más lenta. Yamato acercó más a la chica a su cuerpo lo que provocó que la castaña levantara su mirada para encontrarse con aquellos ojos penetrantes que tanto amaba. Yamato no hizo más que sonreír y comenzar a mecerse al compás de la melodía. Mimi correspondió a la sonrisa con una igual y se recargó en el pecho de su amigo dejándose llevar por el momento que era como un sueño para los dos.
"Que lindos", pensó Hikari que los miraba desde el pasillo aun escondida, pero al parecer no lo demasiado ya que apareció frente a ella un chico rubio de su misma edad que con una enorme sonrisa en sus labios se dirigió a ella.
- ¿Quieres bailar Hikari?
Preguntó el menor de los príncipes a su mejor amiga, quien al verlo se sonrojó notoriamente y contestó con un tímido sí tomando la mano del chico.
- Te he estado buscando.
Dijo el chico mientras que él y Hikari se encaminaban a la pista de baile.
- ¿Enserio?
Preguntó incrédula la chica.
- Si. Quería pasar todo este día contigo.
Aquella palabras del chico causaron cierto desconcierto en la chica que se sonrojó levemente dirigiendo una mirada curiosa a su amigo quien solo sonrió, la tomó de la cintura y comenzó a bailar con ella en brazos.
Yamato bailaba con Mimi siguiendo la música de los instrumentos ambos con los ojos cerrados queriendo sentir al máximo ese momento inolvidable. Yamato abrió los ojos y miró a la castaña recostada en su pecho que al igual que él seguía la melodía con su cuerpo. La miró por largo tiempo queriendo grabar aquella imagen en su memoria para siempre y entonces lo decidió, tenía que decírselo, tenía que decirle que la quería.
Aquella imagen de ensueño se desvaneció como tal ante los ojos de Matt que había estado observando todo desde la puerta, pero ahora se encontraba en un tiempo diferente y en un lugar diferente. Estaba en el jardín era otoño y pudo divisar la imagen de Mimi sentada en una pequeña banca viendo el hermoso amanecer.
- ¿Y eso que te levantaste temprano?
Dijo Yamato sentándose al lado de ella, ahora ambos eran más grandes, ella tenía 19 años mientras que él tenía 20.
- No lo sé.
Contestó simplemente la chica con una sonrisa sincera en sus labios, la cual le transmitió una calma inexplicable al rubio.
- Mimi… Yo quiero decirte algo.
Comenzó a decir nerviosamente el chico y con un notorio rubor en sus mejillas.
- ¿Qué pasa?
Preguntó preocupada la castaña al ver la angustia y nerviosismo de su amigo.
- Yo… Yo te…
Yamato no pudo terminar con lo que estaba por decir, la voz autoritaria de su padre llamándolos lo detuvo, y él y Mimi tuvieron que ir al encuentro del padre de Yamato que los esperaba en unas de las puertas que conectaba al jardín con el palacio. Matt que había visto aquella escena sabía lo que su yo de ese tiempo estaba por confesarle a la castaña, pudo verlo en su mirada y aquello era que él la amaba.
- ¿Recuerdas que te dije que vendría un consejero?
Dijo el Señor Ishida al ver que su hijo y Mimi ya estaban lo suficientemente cercas para escucharlo.
- Sí.
- Pues aquí lo tienen, el es Andrew, tiene 20 años y será mi nuevo consejero.
Dijo dejando ver a un joven delgado, de piel blanca, cabello negro y ojos color café claro aunque no tan claros como los de Mimi que eran de un tono enmielado inigualable.
- Mucho gusto.
Saludó cortésmente el chico una vez que vio terminada su presentación. Para después tomar con suavidad la manó de Mimi y plantar un pequeño beso en ella lo que provocó el sonrojo en la chica y despertó la ira en el joven príncipe quien dirigió una mirada asesina al nuevo consejero de su padre.
- Es un placer señorita.
- El placer es mío.
Contestó apenada Mimi, que no estaba acostumbrada a recibir ese tipo atenciones.
- Hijo ven, te tengo una sorpresa. Mimi no te molestaría enseñarle el palacio a Andrew.
- Claro que no Sr.
Contestó rápidamente la chica.
- Me alegra que tan bella joven vaya ser mi guía en este castillo.
Dijo con galantería el chico y ofreció su brazo a Mimi para que juntos recorrieran el palacio. La chica lo aceptó respetuosa y se despidió de Yamato diciendo que lo vería después y se encamino con Andrew hacia el jardín.
- Hacen una linda pareja.
Comentó el señor Ishida a su hijo quien le dirigió una mirada fulminante a su padre ¿Cómo podía decir eso? Prácticamente él había arrojado a Mimi a los brazos de aquel desconocido, pero que más podía esperar, su padre era tan despistado que lo más seguro es que no se diera cuenta de cuanto le molestaba aquella situación a Yamato.
- ¿Cuál es la sorpresa papá?
Preguntó molesto el rubio mientras caminaba tras su padre dándole un último vistazo al jardín donde se encontraban Mimi y aquel chico de nombre Andrew.
- Ah! Lo siento hijo, esta en el recibidor.
- ¿En el recibidor?
- Sí. Tu prometida ya esta aquí.
Siguiente capitulo: El sueño de Matt una ventana al pasado Parte 2 - Publicación: viernes 6 de Mayo del 2011
Mimato196
Mayo 2007
