Hola mis queridos lectores y lectoras de este fic, primero que nada quiero agradecer a todos los que se toman la molestia de leer este fic y también a los que se toman la molestia de dejar un review, creanme los aprecio mucho y son inspiradores. Buno nuevamente he tenido que subir el capitulo más temprano de lo normal porque no creo poder en la tarde, nuevamente me explotan en mi escuela pero bueno ni modo que le vamos hacer. Bueno ya no les entrtengo más y les dejo el siguiente capitulo que es la última parte del sueño de Matt, y en el capitulo 8 ¡por fin! ( si mi memoria no me falla jajaja XD) el tan esperado encuentro bien, bien , bien de Matt y Mimi en el presente, por fin esos dos ya se empezaran a hablar en el presente pero eso será en el 8 por mientras disfruten el 7 que espero sea de su agrado y espero no me quieran matar por el final de este capitulo porque la primera vez que lo publiqué hasta a la mafia me querían mandar jajaja ahora sí no los entretengo más y ahora sí los dejo con el capitulo 7 ¡Disfrutenlo!

Aclaración: (odio poner esta cosa porque me recuerda el traumante final de digimon 2 pero bueno que le vamos hacer tampoco quiero que me demanden después)Los personajes de digimon no me pertenecen son de su creador Akiyoshi Hongo quien arruinó la historia con su final pero por suerte para mi y para los amantes del mimato, taiora y takari habemos personas que escribimos historias para liberarnos del trauma y esta historia es una de las mías lo cual quiere decir que la idea del fic es 100% y no se preocupen yo no pienso arruinar el final como lo hizo este hombre pero bueno, es todo lo que tengo que decir. Gracias por su atención y empecemos con el capitulo :D

7

El sueño de Matt: Una ventana al pasado

Parte 2

- ¡¿Qué? ¿Mi prometida?

Preguntó Yamato sorprendido al mismo tiempo que se paraba abruptamente y observaba a su padre con desconcierto.

- Sí sé que es algo precipitado, pero ustedes están comprometidos desde que nacieron.

Explicó el señor Ishida deteniéndose al darse cuenta de que Yamato ya no lo seguía y solo lo miraba fijamente con una mirada que al principio se había presentado de confusión pero que ahora se miraba molesta. El señor Ishida posó sus ojos en los de su hijo, sabía que el joven príncipe tenía un carácter fuerte y nada dócil así que tenía que decirle las cosas de tal manera que el chico no terminara más molesto de lo que se encontraba.

- Yo no pienso casarme con una desconocida.

Sentenció Yamato con voz firme.

- Pero, sí es muy bonita y simpática. Es la hija de un viejo amigo mío, fue el quien me recomendó a Andrew como consejero.

Aquellas palabras no ayudaron en mucho al señor feudal, su hijo lo miraba cada vez más enojado.

- Ya te dije que yo no me voy a casar y mucho menos con una desconocida.

Volvió a insistir el rubio.

- Pero hijo, sus padres y yo ya habíamos quedado en que ustedes se casarían.

- ¿Por qué nunca me lo dijeron?

Preguntó molesto Yamato, odiaba que su padre quisiera mandar en su vida.

- Eras muy joven y no queríamos presionarte.

- ¿Y esto no es presión? Por lo menos debieron presentármela antes.

- Hijo tranquilízate, y conócela.

- Esta bien.

Aceptó de la mala gana el príncipe, pudiera que no estuviera de acuerdo con la decisión de casarlo sin antes haber hablado con él pero gracias a su madre había sido educado como un joven respetuoso y sabía que la princesa no merecía una humillación así.

- Veras que no te arrepentirás.

Dijo victorioso el Señor Ishida al ver que su hijo había accedido a conocer a la princesa y continuó su camino hacia el recibidor en donde aguardaba la joven.

En el recibidor se encontraba Taichi entreteniendo a la bella chicas de ojos ámbar, piel morena clara, y cabello corto rojizo, la chica lo miraba con cierta curiosidad, sabía que había visto a aquel joven en alguna parte pero no sabía bien en donde.

-¿De dónde vienes? Te me haces conocida.

Preguntó Taichi intentando sacarle un poco de platica a la pelirroja.

- De la isla de Okinawa.

- Yo también soy de ahí.

- ¿Enserio?

- Sí. Solo que nos mudamos cuando era niño porque a mi papá lo mandaron para acá. Como los reyes son muy buenos amigos, le recomendaron a mi papá como jefe del ejercito al Sr. Ishida.

- Ya sé quien eres. Eres el niño que me ayudo cuando esos niños me estaban persiguiendo.

Dijo emocionada la chica recordando lo sucedido varios años atrás cuando ella apenas tenía once años.

Flash Back

Sora corría por el bosque, tras de ella corrían dos niños un poco más grandes que ella intentando alcanzarla.

- ¡Auxilio!

Gritó la niña mientras corría y tropezaba con una piedra cayendo pesadamente sobre el suelo.

- Con que la princesita se perdió. Hay que robarle todas sus cosas para después venderlas.

- Sí. De seguro ha de traer muchas cosas valiosas.

Dijeron los dos niños llegando hasta donde estaba la niña.

- Que cadena tan bonita, dámela.

- No! Me la regaló mi mamá.

Intentó la chica de salvar su cadena pero el niño se la arrancó y aventó a la niña quien cayó al suelo con los ojos humedecidos, nunca antes se había sentido tan indefensa.

- Déjenla en paz par de abusivos. Métanse con alguien de su tamaño.

Gritó un niño moreno de cabellos color chocolate parado en una de las ramas de un árbol.

- ¿Cómo tú?

Contestó el más prepotente de los dos niños girando su vista al pequeño sobre el árbol que se dejó caer al suelo con una habilidad impresionante.

- No me refería a eso.

Dijo el chico apenado y con una pequeña gota escurriendo por su nuca.

- Veremos sí eres tan fuerte como dices o solo eres un hablador.

Los dos niños se abalanzados sobre el chico tirando golpes al moreno quien los esquivó con mucha facilidad sorprendiendo a sus dos agresores. Taichi se cansó de esquivar los golpes y comenzó atacar a los chicos utilizando maniobras que hicieron que él no tuviera que golpear a ninguno de los niños sino que utilizó los cuerpos de sus contrincantes como escudos haciendo que se pegaran entre ellos hasta que los dos quedaron inconscientes en el suelo.

- ¿Te encuentras bien?

Preguntó Taichi acercándose a la niña que había permanecido atónita ante la habilidad del chico.

- Sí. Eres muy bueno peleando.

Contestó la niña levantándose y aun sorprendida por la fuerza del niño.

- Es que mi papá es soldado y me ha enseñado artes marciales para defenderme.

Contestó con una amplia sonrisa el moreno y regresándole la cadena a la princesa. Pero ella no la aceptó y se la regresó de vuelta al niño.

- Te la regalo.

- Pero te la regalo tu mamá. ¿Por qué me la das?

Preguntó sorprendido el chico al ver que la niña le daba aquel objeto tan preciado para ella.

- Es por salvarme.

Dijo simplemente esbozando una sonrisa sincera.

Fin del Flash Back

- Ya veo con que tú fuiste la niña que me dio esta cadena.

Dijo Taichi que también había recordado aquel suceso y le mostró la cadena que colgaba de su pecho.

- Eres tú.

Susurró sorprendida la chica dedicándole una mirada enternecida a su acompañante. Pero antes de que Sora pudiera decir algo más el Señor Ishida apareció junto con Yamato.

- Perdone la tardanza princesa Sora. Él es mi hijo Yamato.

- Mucho gusto princesa.

Dijo educadamente el chico y haciendo una reverencia.

- El gusto es mío.

Contestó con la misma cortesía ante el rubio e inclinándose un poco en señal de respeto.

- Y este es el recibidor.

Anunció Mimi que llegaba acompañada de Andrew y viendo que habían interrumpido algo al parecer bastante importante.

- Perdonen no sabía que estaban aquí.

Se disculpó Mimi al ver que todos los presentes fijaban su mirada sobre ella y su acompañante.

- No te preocupes Mimi, ven.

Dijo el señor Ishida haciendo un ademán con la mano para que la chica se acercara.

- ¿Qué pasa?

Preguntó Mimi acercándose junto con Andrew.

- Quiero presentarte a la prometida de Yamato.

Aquellas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre ella y detuvo su camino bruscamente para dirigirle una mirada acusadora a Yamato.

- La prometida de Yamato…

Susurró Mimi aun incrédula.

- Si ven. Andrew, tú ya la conoces ¿Verdad?

- Por supuesto Sr.

- Mimi, ella es la princesa Sora.

- Mucho gusto princesa.

Contestó con una sonrisa fingida y haciendo una reverencia en señal de respeto.

- Princesa que le parece sí le enseño el castillo.

Se ofreció Yamato observando con atención la reacción de la castaña que le dirigió una mirada fulminante que después se cambió por una sonrisa forzada a su amigo.

- Será un placer.

- ¿Vamos?

Preguntó el joven ofreciendo su brazo a la chica quien lo aceptó gustosa.

- Sí. Fue un gusto volver a verte Taichi.

Se despidió la chica del moreno, para después encaminarse junto con Yamato hacia el jardín.

- A mi también me dio gusto verte de nuevo.

Contestó el chico y abrió paso para que la chica y su amigo pasaran.

- Andrew ¿Qué te parece sí te enseño lo que falta del castillo?

- Estoy de acuerdo.

Yamato se detuvo y volteó a ver a Mimi para verla tomada del brazo del nuevo consejero de su padre. Yamato le dedicó una sonrisa forzada a su amiga como ella lo había hecho con anterioridad y continuó con su camino.

- Sabía que a mi hijo le gustaría le princesa.

Dijo orgulloso el Señor Ishida al ver que su hijo se había ido con la princesa.

- Con el debido respeto señor, creo que es muy ingenuo.

Le dijo el moreno al feudal, él más que nadie sabía que su amigo estaba enamorado de Mimi y que aquella escena había sido para despertar los celos de la chica, pero al parecer el señor Ishida no se había percatado de nada.

- Con su permiso.

- eh? ¿Ingenuo? ¿Por qué?

Preguntó desconcertado el señor Ishida pero nadie le respondió puesto se había quedado solo.

Matt se dirigió al jardín con dirección a donde se había ido su yo de ese lugar junto con Sora, aun no podía creer que en ese lugar él estuviera comprometido con su mejor amiga del mundo real, tenía que averiguar que era lo que estaba pasando.

- Que bonito jardín.

Dijo la chica admirando las flores en el jardín, hasta que un suspiró resignado de Yamato llamó su atención y la chica fijó sus ojos ámbar en el rubio.

- Princesa quiero ser honesto contigo.

Dijo Yamato encaminando a la chica hacia una pequeña banca.

- ¿Pasa algo?

- No quiero ser grosero, pero todo esto me ha caído de sorpresa. Hace apenas unos minutos mi papá me dijo que estaba comprometido contigo, y la verdad es que todo esto ha sido muy rápido.

- Lo sé, te entiendo.

Contestó la chica asombrando al rubio.

- ¿Enserio?

- Sí para serte sincera tampoco quería venir pero mis padres me obligaron.

Flash Back

Sora se encontraba recargada en el balcón de su habitación observando a los soldados que se encontraban en el patio entrenado. Sora se preguntó si alguna vez volvería a ver a aquel niño de piel morena que la había salvado cuando era niña, y a pesar de que ya habían pasado nueve años de aquel suceso la chica seguía recordando a la perfección el rostro de aquel niño de ojos color chocolate. Cuando era niña lo había buscado, él le había dicho que era hijo de un soldado pero nunca lo encontró.

- A pesar de que lo busqué.

Susurró la chica al recordar aquello.

- Hija te estaba buscando.

Dijo su madre abriendo la puerta de la habitación de su hija y haciendo que la chica volteara con dirección a su madre.

- ¿Qué pasa mamá?

- Tú padre y yo tenemos que decirte algo muy importante. Ven por favor.

- Sí enseguida voy.

Sora llegó al recibidor para encontrarse con su padre sentado en su trono, el señor Takenouchi le anunció a su hija que estaba comprometida y que tenía que viajar fuera de la isla para presentarse ante su prometido.

- ¿¡Qué! ¡No! Yo no quiero casarme con un sujeto que ni siquiera conozco.

- Ya es un hecho Sora, mañana mismo partirás para el castillo y te presentarás con el príncipe Yamato. Andrew irá contigo.

Contestó inflexible el hombre. Sora conocía a su padre y sabía que no haría que aquel hombre cambiara de decisión, por lo cual Sora no pudo más y salió corriendo de aquel lugar con los ojos llenos de lágrimas para dirigirse a su recamara y tirarse en su cama para llorar. Odiaba que su padre controlara su vida sin tomar en cuenta lo que ella sentía.

Fin del Flash Back

Yamato escuchó atento la historia de la chica y comprendió que aquella chica se encontraba en la misma situación que él.

- Ya veo también eligieron por ti.

- Sí, y me alegra mucho que tú pienses igual que yo, la verdad es que no estoy de acuerdo con este matrimonio.

- ¿Cómo sabes que no estoy de acuerdo con el matrimonio?

Preguntó asombrado el chico ante la afirmación de la pelirroja, el solo había dicho que todo había sido muy rápido, nunca mencionó algo de que no estuviera de acuerdo. Sora sonrió por el asombro del chico al parecer el príncipe no se daba cuenta que sus sentimientos por aquella chica eran más que evidentes.

- Porque tú estás enamorado de esa chica… Mimi.

Yamato se sonrojó notoriamente y desvió su mirada hacia el lado contrario.

- Noté que te molesto que estuviera con Andrew.

Yamato sonrió por la observación tan acertada de la chica, nunca creyó que fuera tan obvio respecto a Mimi.

- ¿Tan notorio es?

- No, es solo que tengo un sexto sentido para eso.

Dijo la chica divertida tratando de tranquilizar al rubio quien le sonrió.

- Bueno creo que no habrá ningún problema sí los dos decimos que no queremos casarnos. Nuestros padres no podrán obligarnos.

- Pero…

Susurró Sora nerviosa y bajando su mirada al suelo para ocultar su sonrojo.

- ¿Qué pasa?

- Mi padre pretende que me quede aquí medio año para que nos conozcamos.

- Pero sí le explicamos que no nos queremos casar, estoy seguro que ya no te obligara a quedarte aquí.

- Pero…

Volvió a insistir la chica aun más roja de lo que ya estaba para después continuar.

- Es que no me quiero ir, y cuando mi padre se entere que no nos queremos casar va hacer que me regrese.

- ¿Por qué no quieres irte?

Preguntó extrañado el rubio ante la confesión de Sora.

- Bueno… es que desde hace mucho tiempo he estado esperando volver a encontrarme con una persona y ahora que lo volví a ver quisiera quedarme un poco más con él para conocerlo mejor.

- Entiendo.

Dijo pensativo el chico mientras trataba de idear algo para ayudar a la chica.

- Sí quieres podemos aparentar que nos casaremos para que te dejen quedarte y el día del brindis cancelamos la boda. ¿Estas de acuerdo?

- Sí muchas gracias.

Contestó entusiasmada Sora al ver que el príncipe la apoyaría para que ella pudiera quedarse un poco más.

El cielo cambió repentinamente ante los ojos de Matt trasportándolo a la noche de ese mismo día solo que ahora la escena estaba más lejos en el enorme árbol de cerezo donde se encontraba sentada la castaña en el suelo llorando. Matt se acercó hasta la chica para verla y al verla llorando amargamente sintió ganas de abrazarla y borrar sus penas, pero sabía que él era como un fantasma en ese lugar y que lo único que podía hacer era ver.

- Esta comprometido. ¿Por qué nunca me lo dijo?

Dijo con coraje la chica para sí misma.

- Mimi, te estaba buscando. ¿Por qué no fuiste a cenar?

Le preguntó Yamato que se encontraba tras de ella. Mimi se limpió las lágrimas lo más rápido que pudo para que el chico no se percatara de su llanto aunque para eso ya era demasiado tarde.

- No tenía hambre.

Dijo con una frialdad poco característica en ella.

- ¿Qué te pasa?

Preguntó Yamato sentándose a su lado. Mimi volteó la cara a otro lado para que su amigo no notara lo rojo en sus ojos después de tanto llorar.

- Nada.

- Estabas llorando. ¿Qué pasa?

- Nada

Yamato no insistió más y solo abrazó a Mimi con fuerza tratando de consolarla y aunque desconocía la causa de porque la castaña lloraba sabía que ella necesitaba de apoyo y él estaba ahí para dárselo.

- Aunque no quieras decírmelo se que tienes algo.

Dijo Yamato con una voz suave al oído de Mimi lo que provocó que por fin esta se desahogara libremente en los brazos del rubio quien solo la abrazó hasta que ella se quedó profundamente dormida después de tanto llorar. Yamato bajó su mirada y vio como Mimi se había quedado dormida, sonrió al verla y un Te quiero dirigido a la chica escapó de sus labios para después besar el cabello de la chica y abrazarla más fuerte contra su pecho.

Aquella imagen se difuminó ante los ojos de Matt y rápidamente se encontró en una hermosa tarde de verano, frente a las caballerizas del palacio donde se encontraba un grupo de amigos montados en tres caballos. Yamato montaba un caballo negro con cabellera rizada y sentada frente a él en el mismo caballo tenía a Mimi. Taichi tenía un caballo café y montando con él se encontraba la princesa Sora. Takeru, iba en su fino caballo blanco y era acompañado por Hikari.

- Les jugamos unas carreritas haber quien de los tres llega primero.

Propuso el moreno entusiasmado.

- Esta bien.

Contestó el mayor de los rubios.

- ¿Hasta donde?

Preguntó Takeru divertido.

- ¿Qué les parece hasta el gran roble que esta enfrente del río?

Volvió a hablar Taichi.

- Estoy de acuerdo.

- Bueno a la cuenta de tres.

Finalizó Yamato y los tres chicos se pusieron a la par para salir parejos para cuando Taichi terminada de contar.

- uno… dos... Tres.

Los tres caballos arrancaron he iban a la par, recorrieron así bastante camino hasta que el caballo de Yamato empezó a correr con más fuerza hasta dejar a los otros dos caballos atrás.

- Sujétate Mimi.

- ¿A dónde vas Yamato? Este no es el camino.

Dijo Mimi al ver que Matt tomaba una dirección distinta a la que ella conocía.

- Lo sé.

- Entonces ¿Adonde vamos?

- Espera y lo veras.

Dijo Yamato dirigiéndole una sonrisa maliciosa a Mimi y jalando las riendas del caballo para que este corriera con mayor rapidez. Mimi no protestó más, y dejó que el chico la llevara a donde fuera que la fuese a llevar después de todo se trataba de Yamato y estando con él no tenía de que preocuparse.

Ya estaba anocheciendo y Matt paró al caballo frente a una enorme y hermosa cascada.

- Llegamos.

Anunció el chico y bajó de su caballo. Mimi estaba maravillada con el lugar que era simplemente hermoso.

- Que bonito lugar, nunca había venido aquí.

- Lo sé por eso…

Yamato no pudo continuar con lo que decía ya que al bajar a Mimi del caballo quedó muy cercas de ella y casi se quedó sin respiración al ver como los hermosos ojos color caramelo de ella se clavaban en los suyos.

- …te traje.

Finalizó una vez que hubo recuperado el aliento.

-Es muy bonito.

Dijo sonriendo ella y alejándose de él para caminar a la orilla del río que se formaba por la caída de la cascada.

- Me imaginé que te gustaría.

Dijo Yamato siguiéndola con la vista.

- Me conoces muy bien.

Contestó la chica con una sonrisa melancólica en los labios y sentándose en la orilla del río. Yamato no se pudo contener más y caminó hasta ella para sentarse a su lado.

- Más de lo que te imaginas.

- ¿Enserio?

- Talvez.

- ¿Sabes? Andrew ya me había comentado algo sobre la cascada.

- Veo que Andrew lo sabe todo.

- Y si no lo inventa.

Dijo la chica soltando una risita al recordar al chico de cabellos negros y ojos cafés. Este gesto no causó mucho agrado en Yamato quien cambió drásticamente el tono de su voz.

- Parece que Andrew es perfecto.

- Claro que no.

- Pues talvez para ti lo sea.

- Es solo un amigo y me cae bien. Solo eso.

- Pues el día que los vi besándose no parecían solo amigos.

- Ya te dije que el fue él el que me besó.

- Sí, y tú no hiciste nada para evitarlo.

Mimi se levantó y caminó hasta una enorme piedra que se encontraba a la orilla del río quedando como montañita.

- No supe que hacer en ese momento…

Dijo volteando a ver a Yamato.

- Pensé que me conocías.

Finalizó clavando su mirada a la luna que acababa de salir.

- Además no se de que te quejas si tú estas comprometido con la princesa Sora, y si no me equivoco pasado mañana es el brindis y al día siguiente la boda. ¿No es así?

- Si pero…

Contestó Yamato y caminó hasta ella mientras pensaba en su respuesta.

- Mejor no pensemos en eso, hay que divertirnos.

Finalizó llegando hasta ella. Mimi volteó a verlo y sonrió.

- Tú fuiste el que comenzó.

- Perdóname ¿Sí? No quiero pelear.

- Esta bien solo porque eres tú.

Accedió Mimi con una sonrisa en los labios y volteó de nuevo su mirada al río. Aprovechando la distracción de Mimi, Yamato la cargó entre sus brazos, acción que tomó por sorpresa a la castaña que se aferró al cuello del rubio.

- ¿Qué haces?

Gritó alterada Mimi, pero Yamato no dijo nada solo agarró viada y se lanzó con ella al río. Los dos salieron a la superficie en cuestión de segundos, Mimi se quitó el cabello mojado de su cara y miró a su amigo que sonreía ampliamente.

-¿Estas loco?

Preguntó la chica aún sorprendida por la acción del rubio.

- Sí pero por ti.

Mimi se quedó sin habla, nunca se hubiera imaginado que Yamato le diera esa respuesta, lo miró fijamente por unos segundos tratando de comprender y encontrar una respuesta en el rostro sonriente del chico, que aprovechando la confusión de la castaña tomó la cintura de ella y la acercó a él viéndola fijamente.

- Te amo Mimi.

Confesó Yamato al fin después de tener ese sentimiento guardado en su pecho por tanto tiempo. Mimi quedó sin habla, solo lo miraba fijamente sin saber que responder. Yamato no pudo soportarlo más y posó una de sus manos en la mejilla de la castaña para después acercarse lentamente a la chica y depositar un beso en los labios de Mimi quien casi al instante correspondió al beso del chico. Y así con la cascada de fondo, unas pequeñas luciérnagas rondando cercas de ellos y con la luna de testigo por primera vez se demostraron cuanto se amaban con un beso que quedaría grabado en sus corazones por siempre.

Mimi se separó poco a poco de él y su mirada se tornó sombría al recordar que aquello no estaba bien y que ellos no podían estar juntos.

- Esto no esta bien. Tú estas comprometido.

- ¿Tú crees que me casaría con alguien a quien no amo?

- Ya no lo sé.

- Que poco me conoces.

- Entonces sí te vas a casar con ella quiere decir que sí la amas.

- Si la amara no te hubiera besado.

Mimi sonrió por la respuesta del chico y se aventó sobre él para besarlo nuevamente.

- Te amo.

Dijo ella con una sonrisa en sus labios.

- Yo también te amo, como no tienes idea.

Después de unos minutos Yamato y Mimi salieron del agua, él la ayudó a salir y Mimi se abrazó así misma al sentir lo fresco de la noche.

- Esta haciendo frío.

- Perdona por mi culpa estas mojada.

- No me arrepiento.

Contestó la chica dándole un pequeño beso en los labios.

- Ya es tarde deberíamos irnos.

- Quiero quedarme un poco más.

Dijo la chica sentándose para ver las estrellas.

- Te va hacer daño. No quiero que enfermes.

- Voy a estar bien.

Insistió la chica y a Yamato no le quedó otra que recoger unos cuantos palos y ponerlos frente a ella para después sentarse a su lado.

- ¿Por qué siempre me convences?

Preguntó Yamato tratando de prender una fogata. La chica sonrió y abrazó al rubio por la espalda recargando su barbilla en el hombro del chico.

- Tú también me convences de muchas cosas.

- ¿Enserio? ¿Cómo cuales?

- Haber venido aquí por ejemplo.

Yamato logró prender la fogata y sonrió.

- Eso no se vale, tú ni siquiera pusiste resistencia.

- Eso es porque hago todo lo que me dices.

- No seas mentirosa.

Protestó Yamato haciendo que Mimi quedara frente a él entre sus piernas.

- No lo soy.

- ¿Segura?

Preguntó Yamato entre risas al mismo tiempo que abrazaba a la chica.

- Bueno talvez de vez en cuando. Pero…

- Pero nada.

Replicó Yamato besando la mejilla de la chica a lo cual ella río.

- Aun sigues mojado.

- Tú también.

Ambos rieron y por un par de horas se quedaron observando las estrellas haciéndose compañía el uno al otro.

Aquella imagen se desvaneció y Matt se encontraba ahora en el jardín, era de mañana y su yo de ese mundo estaba parado recargado en el árbol de cerezos observando un pequeño anillo de oro que tenía entre sus manos.

- Te estaba buscando.

Dijo la chica de ojos color ámbar caminando hasta él quien la miró con una gran sonrisa.

- ¿A mí?

- Sí. Supongo que pasó algo muy bueno ayer para que estés tan contento.

- La verdad sí.

- ¿Se puede saber que pasó?

- Ayer me di cuenta que ella también me ama.

- ¿Enserio?

- Sí, y ¿Sabes? Pienso pedirle que se case conmigo. Después de lo que pasó anoche no puedo estar más tiempo apartado de su lado.

- No me digas que tú y ella.

Preguntó dudosa la chica y sin terminar su frase.

- Claro que no, aun no, yo la respeto y no pienso tocarla hasta que ella este lista.

- Entonces. ¿Por qué dijiste que después de lo que paso ayer? ¿Qué fue lo que pasó?

- Descubrí que realmente sí es ella el amor de mi vida. Anoche no faltaban las palabras para sentir que podía conquistar el mundo, el solo sentirla cerca me hizo sentir que aunque no tuviera nada, el solo hecho de tenerla junto a mi haría que tuviera todo en un instante.

- No sabes cuanto me alegra.

Contestó con una gran sonrisa la chica al ver la felicidad de su amigo.

- Mira.

Dijo Yamato mostrándole un hermoso anillo de oro con un diamante como piedra decorativa.

- Hoy cuando la vea le diré que me acompañe hasta este árbol de cerezos, tomare su mano con suavidad, le pondré el anillo, acariciaré su rostro y le diré. ¿Quieres casarte conmigo?

Yamato escenificó todo lo que dijo provocando una risita en Sora quien tomando el papel de Mimi dijo que sí con una gran sonrisa.

- Ya quiero verla.

Dijo Yamato ansioso separándose de su amiga.

- ¿Aun no despierta?

- No siempre se levanta como a las 10 y apenas son las 8.

La imagen se volvió a desvanecer y ahora Matt se encontraba en el pasillo viendo como su otro yo se topaba a Hikari en uno de los pasillos.

- Hikari ¿No has visto a Mimi? No le he visto en todo el día.

- Creo que ya se durmió.

- ¿Tan temprano? Ni siquiera han servido la cena, ella nunca se duerme sin cenar.

- Sí lo sé, pero le dolía mucho la cabeza.

- Ya veo.

- Bueno tengo que ir avisarle a mi hermano que Sora lo esta buscando.

- Claro ve

Yamato caminó hasta la habitación de Mimi que se encontraba a unos cuantos pasos y abrió la puerta con suavidad para encontrarse a la castaña dormida en su cama. Se sentó en la orilla de la cama y observó a la chica por unos segundos, pensando que el día de mañana sería el día en que le pediría que se casaran. Besó la frente de Mimi y caminó a la salida cerrando la puerta tras de si, se recargó en ella y sonrió al mismo tiempo que miraba el pequeño anillo.

- Mañana te lo diré sin falta.

Dijo con una gran sonrisa y guardó la sortija en su pantalón.

Aquella imagen se desvaneció al igual que las otras y Matt se encontró ahora consigo mismo al igual que la vez anterior en uno de los pasillos pero esta vez era de noche y vestía elegantemente, Matt recordó que pronto sería la cena de compromiso y supuso que esa era la noche. Observó como su otro yo caminaba por los pasillos apresurado parecía buscar a alguien hasta que se detuvo al ver a una hermosa chica de cabellos rosados largos, vestida con un hermoso kimono rosado.

- Kaira ¿no has visto a Mimi?

Preguntó el rubio a la joven.

- Su alteza, sí, creo que hace rato entró en esa habitación.

- Gracias.

- No es nada, fue todo un placer ayudarlo.

Matt pudo ver la sonrisa llena de malicia en la joven y rápidamente supo que algo no andaba bien así que rápidamente siguió a su yo de ese tiempo quien se dirigía a la habitación que Kaira le había señalado.

- Mimi te he estado buscando todo el día, pues donde te habías…

Dijo Yamato entrando a la habitación, pero sus palabras se vieron trabadas por lo que sus ojos veían, ahí estaba Mimi enrollada en las sabanas con Andrew a su lado.

- metido…

Finalizó al fin Yamato en total estado de Shock. Matt estaba igual que su yo de esa realidad simplemente no podía creer lo que sus ojos veían.

- ¡Su alteza!

Exclamó alarmado Andrew al ver a Yamato en su habitación. El chico de cabellos oscuros intentó levantarse pero no pudo ya que Mimi se encontraba dormida en su pecho.

- ¿Qué pasó aquí?

Preguntó Yamato molesto dirigiéndole una mirada fulminante al chico de ojos cafés que acomodaba a Mimi con cuidado en la cama sin despertarla. Para después empezar a cambiarse.

- Te pregunté que ¿Qué fue lo que pasó aquí?

Volvió a repetir Yamato esta vez desviando su mirada por unos segundos a Mimi que aun dormía y regresarla a Andrew que había terminado de cambiarse.

- Con todo el debido respeto su alteza pero lo que haga yo con mi vida personal no es de su incumbencia.

- Que me digas que fue lo que pasó te estoy diciendo.

Volvió a insistir Yamato esta vez acercándose a Andrew quien volteo a ver a Mimi y regresó su mirada a Yamato que estaba peligrosamente cercas de él.

- Creo que es más que obvio lo que pasó ¿No?

Yamato no lo soportó más tomo de la camisa a Andrew y lo estrelló contra la pared.

- ¡¿Cómo te atreviste a tocarla?

- Yamato cálmate.

- ¿Cómo quieres que me calme? Si…

- Esto es cosa de dos, si ella no hubiera querido nada de esto hubiera pasado.

-¿Yamato?

La suave y aun somnolienta voz de Mimi hizo que Yamato soltara a Andrew y rodara sus ojos hacia la castaña.

- Yamato…

Volvió a repetir la chica al ver que era Yamato quien estaba frente a ella. Se levantó un poco aún con la sabana enrollada a su cuerpo, no entendía que era lo que pasaba.

- Tienes razón. Yo no tengo porque meterme en sus vidas privadas.

Dijo Yamato viendo a Mimi en vez de Andrew y a pesar de que la chica se miraba confundida Yamato no quiso saber más y salió de la habitación lo antes posible.

- Yamato ¡Espera!

Gritó la chica, pero ya era demasiado tarde Yamato había desaparecido.

La puerta se cerró ante los ojos incrédulos de Matt, sabía que había algo sucio en aquella situación, Mimi no se miraba consiente de la situación y había tardado demasiado en despertar a pesar de los gritos del Yamato de ese tiempo, era extraño y quería averiguar más pero rápidamente se vio transportado al árbol de cerezos en donde su yo de ese lugar golpeaba con furia el tronco del árbol dejando escapar unas lágrimas.

- ¿Por qué? ¿Por qué me hizo creer que me amaba, sí no era cierto?

Yamato dejó de golpear el árbol y se dejó caer al suelo, se sentó en el suelo recargando su espalda en el tronco del árbol y sacó de su bolsillo la sortija de oro que guardaba para Mimi. La miró por unos segundos para después aventarla con coraje lo más lejos de él.

A diferencia de las otras escenas que miraba Matt esta no comenzó a desaparecer, ahora el que desaparecía era él. Matt despertó sentándose de golpe en su cama, miró a su alrededor y vio que se encontraba en su habitación, todo aquello había sido un sueño. Sintió sus mejillas húmedas y se llevó una mano al rostro y pudo notar que de sus ojos habían salido lágrimas, aquel sueño había sido tan real que aun podía sentir la aflicción en su corazón.

-Pero… ¿Qué fue eso? ¿Por qué soñé con ella?

Se preguntó así mismo sin saber responderse.

Siguiente capitulo:Buscando a la chica de ojos color miel - Publicación: Viernes 13 de mayo del 2011

Mimato196

Mayo 2007