Capítulo 2:

Capítulo dos: "Tu camino y el mío"

El 2 de septiembre de 1977, primer día de clase para los alumnos de Hogwarts, amaneció con un cielo sorprendentemente cálido, con apenas un par de nubes haciendo sombra a un sol anaranjado que parecía decirles adiós tras un verano caluroso como lo había sido el de ese año.

Lily, Estelle y Yasmine se encontraban desayunando tranquilamente en un lado de la mesa de Gryffindor acompañadas por Axel, Iona y Kate. Connor saludaba a su prima Anaïs en la mesa de Ravenclaw, pero ésta parecía más ocupada mirando con rabia al otro extremo de su misma mesa.

Mirad con quién está hablando Sirius esta mañana- dijo Kate logrando captar la atención de sus compañeros.

Todos levantaron rápidamente la cabeza dirigiéndola hacia donde Kate señalaba. En la mesa de Ravenclaw estaba Sirius hablando animadamente con Claudy White, una de las jóvenes procedentes de las familias más ricas, elitistas y poderosas del mundo mágico, y que por nada del mundo pensaban echar a perder su linaje de sangre limpia de generaciones y generaciones. El año pasado Sirius fue prometido en uno de esos matrimonios obligados entre su familia y la de la White, y el joven había hecho lo imposible por dejarle claro a Claudy que no deseaba ser su esposo ni de aquí a mil años. Por su parte, la joven ravenclaw no era una de esas chicas que corrían tras el merodeador dejando su dignidad arrastrada por los suelos. Ella era una mujer poderosa, influyente, y ni mucho menos iba a desgastar sus tacones para perseguir a Sirius, su lema fue: "ya vendrá a mí" , como bien dejó caer ante Yasmine el curso anterior mientras el animago iba tras ella, y parecía saber lo que estaba diciendo a la perfección.

¿Pero qué..?- James, desayunando a un par de sitios del grupo de gryffindors junto a Remus y Peter, se atragantó con una cucharada de cereales al darse cuenta de la escena que todos los alumnos del colegio miraban con interés- Este…tío…es ¡idiota! – exclamó entre toses mientras intentaba respirar.

Lily sonrió con ternura y se acercó al joven de pelo revuelto para ayudarle a limpiarse, ante la atónita mirada de todos.

Es que has mirado en el peor momento- se burló la pelirroja mientras le limpiaba la túnica manchada de leche con un movimiento de varita.

James sonrió y se acarició el pelo distraídamente, mientras negaba con la cabeza.

No, creo que lo peor está ocurriendo ahora- Lily levantó la cabeza y observó cómo Sirius desayunaba lengua esa mañana (la de Claudy, para ser más exactos).- será mejor que vayas a animar a Yasmine, no creo que eso le siente demasiado bien. A veces pienso que Sirius tiene paja en vez de cerebro ahí dentro- se lamentó James tristemente.

Claro…yo, eh…sí, buena idea- titubeó Lily ante las palabras de James. ¿Pero qué demonios había pasado con el James de siempre? ¿Dónde estaba aquel idiota engreído y cruel cuyo ego era mayor que el mismo castillo? ¿aquel que no paraba de acosarla y gastarle bromas con tal de conseguir una cita? ¡Si ni siquiera le había dicho una vez en 24 horas si quería ser la madre eterna de sus futuros pequeñines!. Se levantó confundida y se acercó a Yasmine, que sonreía automáticamente sin ninguna alegría y que tenía la mirada perdida en los cereales.

Estoy bien, Lily- alzó su castaña mirada a la pelirroja e intentó sonreír sin titubear- hay más tíos que piedras en el mundo, ¿tú crees que por alguien tan… tan así me voy a poner mal? ¡hace falta mucho más que eso para hundirme!- exclamó la joven morena en un arrebato de autoestima. – además, no te creas que yo me voy a estar quieta- le dijo guiñándole un ojo a su amiga, que sonrió sin estar más aliviada.

En cierto modo, Yasmine se sintió un poco más aliviada, ver a Sirius liándose con Claudy, a pesar de que realmente le doliera, no había hecho más que convencerla de que de haber aceptado el año pasado salir con él antes de que Anaïs lo estropeara todo habría sido el mayor error de su vida, y no pensaba amargarse por aquel niñato insolente que pensaba que podía herir sus sentimientos tan fácilmente. Por otro lado, no le había pasado desapercibida la mirada envenenada que Claudy le había lanzado desde los brazos de Sirius. Nunca le había caído bien la ravenclaw, y en realidad nunca había hablado con ella directamente. Claudy White era una joven alta, con cuerpo de modelo y un rostro apacible de mirada oscura y penetrante. Tenía un largo cabello rubio y siempre iba vestida de la forma más clásica y a la moda posible. Sobra decir que tenía mucho en cuenta su aspecto, para ella fundamental, y que iba derrochando elegancia y clase por todos los poros de su piel. Era aquello lo que más intimidaba de la joven, esas miradas frías y cargadas de suficiencia que dirigía a las "masas populares" y de afecto y simpatía que dirigía a los de su clase.

Mirad, ya viene McGonagall, creo que lleva los horarios de este año- informó Estelle, que hasta ese momento había tenido la vista fija en Adrien Wilkinson, Premio Anual ese año en ravenclaw, que sonreía y saludaba por señas a la joven gryffindor.

La jefa de la casa se aproximó al grupo con semblante serio y dijo:

Aquí tenéis los horarios de las asignaturas este año, contáis con algunas horas libres que van a ser de todo menos libertad, y de unos fines de semana de no levantar la cabeza de los libros. Es vuestro último año y, sin duda, el más importante. Cursaréis las siguientes asignaturas comunes: Astronomía, Defensa Contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Herbología, Historia de la Magia, Pociones, y, como no, Transformaciones. El resto serán optativas y podréis cursar como máximo dos para vuestros ÉXTASIS.- mientras hablaba, había ido repartiendo horarios a cada uno de los alumnos de Séptimo de su casa, que se habían quedado algo aturdidos tras el mini discurso severo de la profesora. Ésta le tendió el último horario a un sonriente Sirius que acababa de llegar de la mesa de Ravenclaw y se marchó con paso ligero dejando un incómodo silencio en el grupo nacido de la llegada del merodeador de ojos grises.

Yasmine, sin embargo, se levantó y saludó con una sonrisa al moreno de ojos grises, que le devolvió una mirada burlona.

Mi primera clase es cuidado de las criaturas mágicas- dijo a sus amigas- nos vemos en Pociones, tenemos dos horas antes de comer- y se giró alegremente dejando a paso rápido el comedor.

¡Yas! Espera nosotras también tenemos cuidados- Kate se despidió de ellos con una sonrisa y cogió a una despistada Iona de la túnica arrastrándola hacia el vestíbulo del castillo.

Estelle, vamos o llegaremos tarde a Aritmancia- urgió Lily a la otra pelirroja, que volvía a lanzar breves e intensas miradas a la mesa de Ravenclaw.

Remus observó durante un segundo como ambas pelirrojas desaparecían del comedor y lanzó una mirada de censura a Sirius.

¿Pero en qué coño estás pesando? El año pasado no soportabas a la White.- preguntó con dureza a Sirius.

Tú lo has dicho, Moony, fue el año pasado- replicó incómodo el merodeador.

¿Y qué parte del cerebro se te ha derretido para empezar a actuar como a tu familia le gustaría que actuases?- le recriminó el licántropo dolido. Cogió su mochila y se marchó enfadado.

Prongs, tío, ¿cuánto falta para la luna llena? Está insoportable- protestó el animago buscando ayuda en James.

Esta vez no, Pad, ¿es qué no te das cuenta? La familia de Claudy está totalmente en contra de los semihumanos, su padre es una de las manos derechas de Umbridge en lo referente a joderles la vida a todos ellos.- le recordó James pesaroso- el año pasado tenías eso muy en cuenta, ¿qué te ocurre?

Yo…no lo sé. Pero Claudy me gusta, está buena.

¡Vamos, hombre!- James hizo un gesto a Peter para que lo acompañara a Aritmancia y ambos abandonaron a un confundido Sirius en el comedor.

Las primeras semanas fueron agotadoras para los alumnos de séptimo curso. Si en sexto las cantidades de deberes, y hechizos que aprender y memorizar eran ingentes, este último año parecían haberse multiplicado por cien. A todo esto se añadía la presión de que, además de aprobar, muchos alumnos necesitaban sacar una nota adecuada para poder cursar sus estudios fuera de Hogwarts. Este era el caso de Estelle, que pretendía ser medimaga en un futuro cercano. Su hermano era sanador, y él había sacado brillantemente su último curso en Hogwarts, con nueve excelentes ÉXTASIS.

¡Sin estudiar!- se quejó Estelle, mientras se pasaba por milésima vez los dedos por el enmarañado cabello anaranjado- y yo no sé ni cómo acabar esta maldita redacción de historia de la magia, ¡no sé ni de quién estoy escribiendo!- se desesperó.

Estaban en la sala común en una de las pocas horas libres que tenía, y sentado en un sofá rojo Remus la miraba divertido. Se acercó a la joven y le puso las manos en los hombros para relajarla.

Remus…- saludó la agobiada joven- esto es un caos- se lamentó.

Creo que deberías empezar poniendo el título- le aconsejó mirando por encima el trabajo.

Estelle se llevó las manos a la cabeza y suspiró cansada.

Si quieres te puedo ayudar- se ofreció el licántropo al verla tan abatida.

No es necesario, si no…si no quieres- Estelle enrojeció hasta las puntas de forma inmediata. Era algo que odiaba, pero siempre que se encontraba nerviosa o avergonzada su rostro pecoso se volvía del color del fuego.

Claro que si quiero- respondió Remus haciéndose el ofendido- yo tampoco la he hecho, podríamos hacerlo juntos…el trabajo, digo.- Estelle se rió y volvió a enrojecer rápidamente.- además, James está perdido, Peter está durmiendo y Sirius…no sé donde está y no me importa- esto último lo dijo rápidamente, y Estelle no preguntó.

James no estaba perdido ni mucho menos, o sí, tal vez perdido en la imagen de una bonita muchacha cuyo cabello rojo oscuro y ojos verdes le traían loco. Estaba en la biblioteca aparentemente estudiando, pero llevaba casi media hora observando a la joven estudiar mientras dejaba volar su mente en fantasías que hace un par de años le habrían parecido de lo más empalagosas. Esa joven le había enamorado. Estaba total, completa y absolutamente enamorado de ella. "Hasta las cejas" pensó conteniendo una sonrisa que Sirius habría tildado de estúpidamente bobalicona y suspiró, pensando los años que había perdido comportándose con ella como un arrogante egocéntrico que se creía el ombligo del mundo, por miedo a aceptar sus verdaderos sentimientos. Por ella hasta dejaría de meterse con Snape, o tal vez no, tendría que pensárselo. Y no sólo estaba el hecho de que cada vez tuviera más claro que el joven de pelo grasiento se traía algo oscuro entre manos, relacionado con el demente que se hacía llamar Lord Voldemort, no. También estaba la amistad que había tenido con Lily, y ese amor pasional que el gryffindor sabía que Snape sentía por la pelirroja. Apretó los puños con el fin de contener las imágenes homicidas que se le pasaron por la mente hacia el slytherin.

Deberías estudiar más, y espiar menos, James- le susurró una aterciopelada voz femenina en el oído. Del susto James terminó en el suelo ante una burlona Lily.

Lily…yo…no me había dado cuenta- ¿por qué tartamudeaba? ¡él nunca había tartamudeado delante de ninguna chica!

Lily rió divertida y le tendió la mano al joven, que al rozarla sintió como sus piel se erizaba y un cosquilleo eléctrico se extendía por todo su cuerpo.

Al parecer la pelirroja lo notó también, ya que lo soltó en cuanto James estuvo de pie mirándola de una manera profunda, curiosa por saber si ella había notado también la descarga. Lily entendió perfectamente la mirada del joven y durante un segundo sintió miedo al hecho de que él parecía entender perfectamente el lenguaje no verbal de ella.

No pasa nada- murmuró Lily bajando la vista nerviosa- creo que iré a estudiar a la Sala Común, a veces me agobia un poco la biblioteca- se excusó, y salió rápidamente de allí, sin dejar tiempo para que James protestara.

Pero no se dirigió allí, sino que caminó presurosa hasta la gran puerta del vestíbulo y salió al exterior. Necesitaba aire, para despejar su mente y su cuerpo, pero la tranquilidad le duró bien poco.

¿Ahora le llamas James?- preguntó una siseante voz destilando rabia.

Snape…¿realmente te importa? Creí que lo tuyo no era el espionaje, aunque estaba segura de que me equivocaba- respondió Lily tensándose visiblemente. Le tenía un cariño especial a Snape, había sido su mejor amigo, aquel que le había mostrado por primera vez muchas maravillas de ese mágico mundo, y que la había abandonado por culpa de unos malditos prejuicios y por el amor incondicional a la magia oscura.

Ese maldito arrogante, es cruel. Y sabes que te hará daño.

¿El mismo daño que me hacías tú cada vez que me escupías sangre sucia a la cara, Snape?- respondió la joven dolida ante la afirmación del chico.

El joven no respondió.

No hace falta que contestes, Severus- Lily bajó la mirada tristemente- tú ya elegiste tu camino, y yo el mío. Sin embargo, siempre puedes contar con mi ayuda si la necesitas- esta vez la pelirroja sonrió y lo miró con cariño.

No necesito la ayuda de una asquerosa sangre sucia- replicó fríamente el sly, y se perdió en la oscuridad arrastrando por el pedregoso suelo su capa negra.

Lily se quedó sola, sonriendo tristemente a la oscuridad. Había visto algo de vida en los profundos ojos negros de Snape, y para ella aquello significaba algo, por muy pequeño que fuera.

El segundo fin de semana de septiembre, James, capitán y cazador del equipo de quidditch de Gryffindor, convocó las pruebas de entrada a la plantilla, pues algunos componentes ya habían abandonado la escuela y la plantilla necesitaba una renovación.

Así que aquel sábado de mediados de septiembre un grupo numeroso de gryffindors se congregó en el campo de quidditch con el fin de entrar en el legendario equipo liderado por el merodeador, que se enfrentaba a su último año de capitán.

Sirius y Remus, junto con James, tenían sus puestos de cazadores asegurados, y componían lo que mucho llamaban el "trío maravilla". A falta de un buen buscador en los últimos años, habían ganado los partidos a base de encestar las quaffles en los tres aros de forma casi constante a lo largo del partido. Eran unos cazadores inigualables cuya amistad no hacía más que aumentar la extraña y a la vez mágica sincronización de la que gozaban, como si en cada momento del partido supieran en qué lugar exacto del campo se hallaba cada uno.

De esta manera los puestos que quedaban libres eran los dos golpeadores y el guardián, y James esperaba poder encontrar al fin aquel año a un buen buscador que les pusiera por delante en el marcador por primera (y última) vez en Hogwarts.

El día, a medida que iba avanzando, se iba tornando cada vez más oscuro y frío, abandonando los últimos retazos del verano y dando lugar a un otoño nada acogedor.

El humor de James iba empeorando a la vez que el tiempo, y poco a poco empezaba a desesperarse al no encontrar jugadores de calidad.

¡Un inútil! Dile que no vuelva a pisar el campo ni para ver un partido- y Sirius no ayudaba mucho con el carácter agrio con el que se había levantado aquel sábado, aunque James sabía que también se debía a que Remus, sentado justo en el lado opuesto al merodeador, había optado por no dirigirle la palabra mientras siguiera saliendo con Claudy White.

Podías ayudar un poco en vez de criticar a todos los que hacen las pruebas- rezongó James aturdido y mareado al no encontrar jugadores medianamente adecuados.

Yo cogería a Martha Valec como guardiana- aportó el licántropo con una nota de indiferencia en la voz, como si no fuera con él, aunque ya se estaba cansando de aquel infructuoso día mientras podía estar estudiando en la Sala Común tranquilamente.

Moony, querido, ese humor debe ser falta de sexo, porque aún no toca luna llena. Y seguro que has dicho a Martha por las tetas, porque por otra cosa…- insultó Sirius hastiado por el tono del joven de ojos dorados.

Como respuesta, el mencionado se levantó impasible y sin mirarlo abandonó el campo seguido por una mirada de censura de Sirius y otra de cansancio de James.

Creo que Martha lo ha hecho bien, ha parado cuatro de los seis tantos y ha sido la que mejor ha volado. Solo le hace falta entrenar un poco y estará lista- decidió James tras unos segundos de reflexión. Lanzó unas chispas rojas al cielo y la joven sonrió en la distancia al capitán con alegría al haber sido aceptada en el equipo. El resto de alumnos de gryffindor que optaban a guardianes abandonaron el campo cabizbajos y decepcionados.

Por otro lado, en la grada:

- Creo que James ha elegido bien, era la mejor sin duda- aprobó Yasmine observando como un grupo numeroso de alumnos se disponían a realizar las pruebas para golpeadores.

Estelle asintió conforme y Lily gruñó con la cabeza enterrada en el libro de encantamientos de ese curso.

No deberíais haberme convencido para venir, tenemos que estudiar y es una absurda pérdida de tiempo- se quejó mientras lanzaba una furibunda mirada al otro extremo de las gradas.

Pues nos vamos- resolvió Yasmine con una sonrisa traviesa siguiendo la mirada de Lily.

¡Ni hablar! ¡No hasta que esas… enanas hayan dejado de gritar el nombre de James Potter debido a que yo haya devorado sus cuerdas vocales!- rugió la pelirroja con rabia. Segundos después se dio cuenta de su error y miró con odio a Yasmine y a Estelle, que se revolcaban de risa en el suelo.- traidoras…- murmuró volviendo a enterrar la cara en el libro. Momentos como esos eran los únicos que confirmaban que Lily se estaba enamorando (o ya lo estaba profundamente) del joven merodeador de gafas, ya que no soltaba ni prenda a sus amigas y sólo podían hacer conjeturas.

Habló la que bebe los vientos por Black y no es lo suficiente valiente como para luchar por él- dejó caer maliciosamente Lily cortando de raíz la risa de Yasmine.

Yo no bebo los vientos por nadie.

Si que lo haces.

O no.

Que sí.

Que no.

Entonces, haz las pruebas para golpeadora y demuéstranos a Estelle, a mí, y al resto de Hogwarts que eres capaz de trabajar en equipo junto a él sin que ello afecte para nada a vuestra salud ni la del resto- Yasmine entrecerró los ojos oliéndose a encerrona y lanzó una mirada interrogante a Estelle, que se encogió de hombros dando a entender que no sabía nada.

Vaya, no eres capaz…¡ay! Que transparente eres querida- volvió a machacar Lily con tono decepcionado.

Para cuando Lily había terminado de decir querida, Yasmine ya estaba plantada en el campo gritando que le dejaran ahora mismo una escoba.

-¿A qué ha venido eso?- preguntó sonriendo estupefacta Estelle.

James me dijo que necesitaban una golpeadora y que intentara convencerla para jugar, sabe que vuela muy bien y que vendría bien al equipo- respondió Lily lanzando una mirada de odio a las jovencitas que seguían animando al capitán. Tras, al parecer, reflexionar unos segundos, cogió su varita y murmuró algo incomprensible para Estelle, que observó atónita como las jóvenes animadoras se llevaban la mano a la garganta sin parar de toser y sin poder pronunciar una sola palabra derecha. Todas salieron corriendo al castillo asustadas al poco tiempo.

¡Eres malvada Lily!- exclamó asombrada Estelle por el arrebato de la pelirroja, que les lanzó una mirada que bien podía haber dicho: "os lo advertí".

¡Lily la estaba cuestionando! ¡A ella! ¡A Yasmine Ailann Roberts! ¿Cómo se atrevía? Iba a demostrarle que podía jugar perfectamente al lado de su ex – pretendiente y salir ilesa tanto física como sentimentalmente, que ya no significaba nada para ella y que no permitiría que le tomara el pelo nunca más. Que no le importaba que saliera con una estúpida clasista que parecía que le habían metido un gran palo por el culo para andar y que la miraba como si fuera un gusarajo podrido, que ella valía mucho más que toda esa mierda.

Dame una escoba ahora mismo Potter, porque te voy a demostrar lo buena golpeadora que puedo llegar a ser- dijo amenazadoramente al llegar al campo. El joven capitán lanzó una vieja escoba a la joven que lo miraba hecha una furia y que por ello pasó desapercibida la sonrisa de suficiencia de James, que pensaba que Lily había hecho un gran trabajo.

¿Pero qué bicho raro le ha picado a esta ahora?- le preguntó Sirius mientras observaba como la joven daba un fuerte pisotón en el suelo y salía volando con precisión y rapidez mientras su larga melena oscura ondeaba al viento.

Creo que ya tenemos golpeadora, Padfoot- sentenció James mientras Yasmine arrancaba de un manotazo el bate a un chico enclenque y lanzaba una bludger al lago con una insospechada fuerza- creo que sí…

El otro golpeador elegido resultó ser un robusto muchacho de quinto con la cara llena de acné, Peter Wilson, que acertó con pasmosa precisión al palo de algunas barredoras de sus compañeros. El último fichaje resultó ser la joven Michelle Roberts, hermana de Yasmine, cuya rapidez en la escoba y buena vista le habían otorgado el puesto de buscadora.

Al final de la tarde, James sonreía cansado pero satisfecho de su nuevo equipo.

El primer partido es en noviembre, aún tenemos tiempo de entrenarnos bien y hacer una brillante temporada- opinó mientras caminaba al lado de un taciturno Sirius de vuelta al castillo junto con el nuevo equipo. El sol se estaba poniendo y les regalaba unas maravillosas vistas de un lago rojo y negro. Entonces Yasmine se separó del grupo y se dirigió con pasos ligeros a la arenosa orilla, cerca de un sauce llorón que le prestó sus raíces como asiento.

Ahora vuelvo, Prongs, tengo que hacer una cosa- murmuró Sirius a su amigo que asintió preocupado con la cabeza al ver donde se dirigía el joven.

Padfoot- llamó cauteloso- ten cuidado, no seas bestia.

Sé lo que hago, James, no te preocupes- y sin demorarse más tiempo salió corriendo tras la joven.

El primer contacto que habían tenido con ella había sido a finales de verano. Ella sabía que un loco demente que odiaba a los muggles pretendía acabar con la paz y estabilidad del mundo mágico, y le había parecido repugnante, a pesar de que los prejuicios por la pureza de sangre ya estaban muy extendidos en él, pero jamás pensó que aquello pudiera afectarla de manera especial, al menos por ahora, ya que aún no había habido víctimas mortales ni los ataques eran muy sonados. Pero allí estaba ella, una calurosa mañana de finales de agosto, y preparando su baúl para partir rumbo a Hogwarts, cuando recibió esa extraña carta escrita con aquella tinta rojo oscuro que parecía sangre y una letra estilizada y cortante, instándola a asistir aquella misma tarde a la colina cercana al mar que había a las afueras del pueblo en el que vivía, Peacehaven, muy cerca de Brighton.

Era una gryffindor, si, y para nada cobarde, es más, una curiosidad innata la obligó a acudir a su encuentro, sin saber que podía jugarse mucho más que la vida en ello.

Estás aquí, Roberts- una voz masculina y poco agradable la despertó de sus ensoñaciones antes de rememorar aquella fatídica tarde de verano.

Black- se lamentó hundiendo la cabeza entre las rodillas. Se sentía tan desdichada.

El joven se acercó a ella, quizás demasiado, obligándola a levantar la cabeza para poner distancias entre ellos, pero vio como el animago la miraba entre curioso, airado y despectivo.

¿por qué te has presentado a las pruebas de golpeadora? Creí que querías tenerme lo más lejos posible- preguntó sin ningún tipo de delicadeza.

La respuesta viene en forma de uno de mis más terribles defectos: mi orgullo.- dijo casi cómicamente- además, Lily me engañó- añadió en voz un poco más baja.

El merodeador siguió mirándola intensamente, con el ceño fruncido, pensando qué decir. Sentía por aquella extraña muchacha una atracción que podía llamarse animal, y se volvía loco al no entender el distanciamiento de ella y al temer que ella no sintiera lo mismo que él, una fuerte quemazón por dentro cada vez que se miraban.

¿quieres algo más? ¿o puedo disfrutar de mi soledad a gusto, Black?- preguntó la joven al cabo de un rato. No soportaba estar cerca de él sintiendo ese extraño vacío en su estómago y preguntándose por qué todo tenía que ser tan difícil.

Pero Sirius no se fue, sino que se acercó y se aproximó a ella tanto que sus narices casi se rozaban, oliendo su aliento de vainilla, su miedo, su sorpresa. Y de repente sintió como un fogonazo en su interior, un calambre intenso que le decía que se acercara y la besara salvajemente y terminara haciéndole el amor allí mismo, refugiados por ese triste árbol o se largara corriendo de allí de inmediato.

Pero fue ella la que con destreza se apartó de él, aún sentada en el suelo, con los ojos brillantes por las lágrimas y el rostro demudado por el miedo y la sorpresa.

No soy para ti, Black- dijo con firmeza pegando la espalda al tronco del árbol- y nunca lo seré. Tú has nacido para la clase de gente como Claudy o Anaïs, yo no quiero ser un adorno que a veces te acompaña y que solo sirve un par de noches, no soy así.

El animago la observó brevemente con aquella intensa mirada que la había dejado completamente asombrada y luego cambió su expresión por la misma que había traído a la orilla, una hosca mirada cargada de desprecio y burla. Sonrió sin alegría y le espetó:

Tienes razón, no eres suficiente para mí.

Yasmine le observó irse con ese caminar elegante que lo caracterizaban pensando que bien habría sobrado aquel insulto por su parte y sintiéndose inferior al resto del mundo. Se tumbó en la hierba mojada y dejó que ríos de lágrimas corrieran por sus mejillas.

Y septiembre fue terminando, envolviendo a los alumnos en un ambiente cada vez más frío y agobiante, pues tenían que estudiar 25 horas al día y apenas tenían tiempo para descansar. Esto, claro está, era algo natural para todos los humanos excepto para Sirius y James, y una cada vez más taciturna Yasmine. Estos tres eran unos de los pocos a los que bastaba con leer por encima los apuntes para guardarlos bajo llave en su portentosa memoria. Sin embargo, mientras los dos primeros usaban su maravilloso tiempo libre para molestar a sus compañeros y gastar bromas, Yasmine o se dedicaba a escribir largas cartas con una sonrisa soñadora de enamorada que ponía de los nervios a Sirius, o hacía compañía a sus amigas mientras estudiaban. Eso cuando no desaparecía largas tardes sin decirle a nadie a donde iba. Desde su última conversación con Sirius, éste se había mostrado cada vez más frío o indiferente con la joven, y cruel cuando la buscaba con la mirada mientras se daba el lote durante las comidas y los recreos con Claudy.

Pero la que peor llevaba los estudios era una agobiada y neurótica Estelle:

-¡Necesito fiesta! ¡fiesta! ¡fiesta! ¡fiesta!- gritó un miércoles por la noche haciendo que todas las cabezas de la sala común se giraran en su dirección. Remus sonrió divertido en otro extremo y Lily se mordió el labio del susto.

-¡ Vas a conseguir que se me salga el corazón por la boca, maldita loca!- exclamó enfadada- ¿y qué miráis vosotros?- le espetó a un grupo de primero que seguían mirándolas boquiabiertos.

No puedo más, Lily- se lamentó golpeándose la cabeza con la mesa- lo mío no es el estudio, no se me quedan las cosas por más que lo intento.

Eso es porque estás saturada- dijo Remus acercándose a ella- ¿quieres chocolate?- preguntó tendiéndole una barrita de cacao negra- te sentará bien.

Estelle sonrió y aceptó el dulce.

Necesito aire, salir, tomar unas copas, bailar…- dijo mientras se movía al son de una música imaginaria. Estelle era una joven alegre y le encantaba por encima de todo, las grandes fiestas. Una gran fiesta que incluyera música, alcohol y chicos guapos. Era conocida por algunas de sus borracheras y por su desatino con los chicos. Era popular entre ellos y conocida por sus errores a la hora de sus elecciones amorosas. O bien acababa cansada de ellos o, como pasaba la mayoría de las veces, la dejaban con el corazón hecho trizas. Pero la pelirroja parecía no escarmentar, y sus relaciones siempre seguían el mismo patrón.

¿cuánto llevas sin hacer eso? ¿un mes? Espérate a que llevemos aquí un par de semanas más, te vas a volver loca- se burló Lily sonriente.

Creo que falta poco para la primera salida a Hogsmeade, creo que será dentro de dos semanas. Además a final de mes es la fiesta de Halloween- le recordó Remus para aliviarla.

¡Fiesta!- gritó Estelle levantando los brazos con alegría.- que falta me hace..¿Lily? ¿te pasa algo? Estás blanca.

La fiesta de Halloween, tenemos que montarla entre todos los Premios Anuales, lo había olvidado.

Bueno aún tenéis tiempo, no te preocupes, queda un mes. – Intentó tranquilizarla Remus.

Odio esas tonterías. Me gusta ir claro, pero no organizarlo yo, seguro que es un desastre- se quejó la joven de ojos verdes.

No es para tanto, y espero divertirme- la amenazó Estelle señalándola con un dedo. Remus sonrió ante el gesto.- aunque seguro que nadie quiere que sea su pareja.- añadió esta vez tristemente.

Yo estoy seguro que sí- replicó Remus alzando una ceja seductoramente y haciéndola reir.

En ese mismo instante una lechuza negra como el carbón abrió la ventana de un golpe entrando en la sala una fuerte ráfaga de viento helado, y dejando caer sobre el regazo de Estelle un pergamino enrollado. La joven lo abrió sorprendida y lo leyó.

¡Es Adrien!

¿Adrien Wilkinson?- preguntó Remus extrañado.

La joven asintió fervientemente con la cabeza.

Y me ha pedido una cita para cuando vayamos a Hogsmeade- anunció con ojos brillantes.

Lily negó con la cabeza pensando que su amiga tenía menos luces que las mazmorras de Slytherin y vio como un contrariado Remus volvía a sentarse en el sillón y a sumergirse ceñudo en su lectura.

Remus no entendía a Estelle. No entendía como dejaba que la manejaran de esa manera, como jugaban con su corazón y luego lo dejaban tirado en el suelo. No es que estuviera enamorado de ella, por supuesto. Si, le parecía guapa y era simpática y divertida y estaba loca, y tenía esa frescura e inocencia que le despertaba un sentimiento protector hacia ella. Sentía que necesitaba a alguien que la cuidara, que la despertara de ese sopor en el que parecía estar sumergida, aunque no lo demostrara, desde la muerte de su padre. Él podía ver el sufrimiento de la joven mejor que nadie, sentía su dolor y su rabia, y no soportaba ver como la pelirroja inocente ahogaba sus penas en las juergas, el alcohol y tíos que solo la querían para manosearla un rato y dejarla tirada sin ninguna clase de miramientos.

Remus había tenido unas cuantas novias desde que entró en Hogwarts, no eran nada serio y no habían sido duraderas, pero no era como James o Sirius, que pasaban de una a otra con una facilidad pasmosa y que actuaban como verdaderos don juanes. Si Remus no tenía novia era porque no había encontrado a la mujer que le hacía temblar de pies a cabeza, y su "pequeño problema peludo", como bien James llamaba a su licantropía, no ayudaba a mejorar las cosas. El miedo al rechazo era para él tan grande que justo y cuando tenía que dar "el paso" con alguna chica se echaba atrás y la dejaba. Pero Estelle le estaba despertando, desde el curso anterior, un sentimiento distinto. No era precisamente amor, o eso creía él, pero sin duda alguna esa muchacha triste y alocada había logrado llamar su atención y romper todos sus esquemas. La observó de reojo mientras sonreía releyendo la nota de Wilkinson y se prometió a si mismo darle su merecido a ese engreído si se le ocurría hacer daño a Estelle.

Mis padres se han alegrado mucho de que estemos saliendo- informó Claudy, mientras masajeaba el cabello oscuro de Sirius, cuya cabeza descansaba en su regazo. Estaban juntos, en una gran cama de la Sala de los Menesteres, descubierta por los merodeadores en su segundo año en Hogwarts, después de una larga tarde de juegos y diversión nada inocentes. El merodeador gruñó disgustado.

¿Tus padres? ¿se lo has dicho a tus padres?- preguntó incorporándose y entornando peligrosamente sus ojos grises. Claudy se encogió de hombros y comenzó a peinarse despreocupadamente la rubia melena con los dedos.

¿Qué esperabas, amor? Llevamos un mes juntos, no se lo iba a ocultar- replicó maliciosamente. El merodeador la observó aún más enfadado.

No creo que haya sido buena idea, Claudy.

La joven se acercó seductoramente al joven, quitándose la fina bata de seda y mostrándole al merodeador su cuerpo desnudo, intentando desviar la atención de aquel tema del ofuscado merodeador.

Vamos, querido…creo que aún nos queda una larga tarde por delante, podemos pedirle a los elfos que traigan la cena aquí- susurró provocativamente en la oreja del animago.

Sirius, vencido por las hormonas y por la joven que jugueteaba con el lóbulo de su oreja, alejó la conversación de su mente y se dejó arrastrar por la ravenclaw hacia otro lejano lugar de su mente.

Pss…¡James!- llamó Sirius en clase de pociones, mientras el profesor Slughorn se encargaba de alabar el buen trabajo de Lily desde la otra punta de la mazmorra.

Estoy concentrado, Padfoot- respondió el animago lanzando una mirada asesina al profesor, que daba palmaditas a una sonrojada Lily en el hombro- como la toque una vez más… - Murmuró removiendo con demasiado ímpetu el caldero.

Creo que ya has echado a perder la poción, tío- se desesperó Remus mirando como el brebaje pasaba de ser de un límpido color verde a amarillo fangoso- ¡es la tercera vez esta semana! ¡nos van a castigar!

Cálmate un poco Rem- pidió James dejando de remover.

Así que Evans te pone y mucho mucho mucho- dijo Sirius ganándose una mirada de odio de James.

Eso no es nuevo, Pad, no te emociones- le espetó el joven de pelo azabache mientras Sirius se reía.

Ya decía yo que eso de rechazar algo así como veinte invitaciones de nenas dispuestas a pasar una noche lujuriosa de Halloween no era normal en ti, pero bueno, a más cabemos, ¿no Moo…quiero decir Wormtail?- el licántropo le hizo un gesto grosero con el dedo corazón al animago que no se dio por aludido. Peter cabeceó entusiasmado.

Ya se lo he pedido a Brittany Chels.

¿Esa bajita con cara de ratón de Hufflepuff?- preguntó James olvidándose momentáneamente de la pelirroja de ojos verdes.

Pero me ha dicho que no, que tenía novio. ¡seguro! ¿cómo ha podido resistirse a mis terribles encantos?- se preguntó en voz alta señalando lo ancho de su cuerpo con una mano, como si fuera un anuncio.

Ni Remus, ni James ni Sirius pudieron aguantar el ataque de risa que les entró.

Ejem ejem…- alguien con voz potente y muy cabreada los miraba por encima del caldero. Slughorn fruncía el entrecejo y los miraba acusadoramente.- 20 puntos menos para Gryffindor y un merecido castigo chicos, no es la primera vez que se os estropea la poción esta semana, así que después de clase os quedáis a diseccionar sapos y a clasificar sus órganos para las próximas pociones- dictaminó el profesor- vamos, es vuestro último año- dijo relajando el ceño y mirando con una sonrisa a Sirius y James, y pasando olímpicamente de Peter y Remus- no lo echéis a perder- y dicho esto se dio la vuelta y siguió examinando los calderos de sus alumnos.

-Gordo seboso- se quejó James- quería ir a la biblioteca- se lamentó.

A estudiar, seguro- se burló esta vez Remus.

- Iros a la mierda- y con un movimiento de varita y el gesto cabreado James hizo desaparecer el contenido del caldero.