Gracias Laura y Jusse (aquí y en potterfics...jeje gracias de veras) por los reviews.

Disclaimer: la mayoria de los personajes y lugares pertenecen a Rowling, Warner Bross y asociados...

Espero que os gustee .

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Capítulo cinco: "Robert Begson."

James no entendía por qué se sentía tan vacío. Lily no le había dicho que no, es más, había dejado claro que le encantaría ir al baile con él, ¿entonces por qué tenía esa sensación de derrota tan aplastante oprimiéndole el pecho? Ahora maldecía el día en que le dieron el Premio Anual. Si eso significaba no poder ir al baile con Lily ya sabía por dónde podían irse metiendo la dichosa insignia. Aún así le esperaban dos semanas de estar juntos casi las 24 horas al día. Entre las clases, los preparativos, y los ratos de la sala común, veía con mayor frecuencia a la pelirroja de sus amores. Y lo mejor de todo…aún no le había tirado ningún libro de los más gordos a la cabeza…aquello no pintaba nada mal… Y allí estaba ella, tan guapa como siempre, con sus dos amigas camino de clase, saliendo por la puerta del gran comedor. Un fuerte golpe en la cara le sacó de su ensoñación. Sirius le acababa de tirar una tostada a la cabeza y ahora él y Remus se reían a carcajada limpia…por poco tiempo, por lo menos hasta que dos vasos de leche fría les dieron un temprano baño matutino y se les quedó helada en el rostro.

-Desde que está enamorado, nuestro Prongs está perdiendo el sentido del humor- refunfuñó Sirius dándole un codazo a Remus que asentía indignado mientras James les dedicaba una burlona sonrisa y una panda de chicas se acercaban a los dos merodeadores para limpiarles la túnica gustosamente.

Lily maldecía por lo bajo el tener que organizar el maldito baile de Halloween, aunque en un principio le hubiera entusiasmado la idea de llevar a cabo una de sus asignaturas pendientes, ahora se lamentaba de no ser una alumna más que, emocionada, esperaba a su galán al bajar las escaleras del vestíbulo ataviada con un precioso vestido de…¿zombi?. Iba camino de la clase de defensa contra las artes oscuras junto a Estelle y Yasmine, cuando se hizo la pregunta del millón: ¿iba alguien más a impedir que Lily Evans pudiera pasar una noche de Halloween agradable junto a James Potter? La respuesta vino de los labios de Yasmine.

-Lily, Begson- dijo con voz cansada.

-¿qué?- preguntó la pelirroja despistada.

-Begson, Lily, Robert Begson, ese que va fardando de ser francés porque su apellido tiene esa horrible "G" en medio que no sabe pronunciar- explicó un poco alterada Yasmine. Desde que habían vuelto de Hogsmeade estaba casi siempre taciturna y controvertida con los demás- viene con esa sonrisa suya que dan ganas de vomitar y con una lila violeta hacia aquí, que original- añadió reprimiendo un bostezo.

Pero Lily se había quedado muda del asombro y se enfadó consigo misma por no ser lo suficientemente rápida para darse la vuelta y echar a correr lo más rápido posible en la dirección contraria al joven, que la agarró del brazo sin borrar aquella sonrisa pastelosa y le plantó la lila violeta en las narices.

-Pagga ti…Lilian de mi cogasón…-dijo forzando demasiado las "g" y haciendo que Yasmine pusiera los ojos en blanco con hastío y Estelle esbozara una sonrisa entre divertida y mordaz.

-Eeeh, Robert…¡cuánto tiempo!- exclamó Lily mientras miraba sorprendida como el joven le besaba con pasión la mano que ahora agarraba la flor. -¿dónde has estado? No te he visto por aquí.- dijo la joven insegura de darle mucha cuerda y procurando retirar la mano lo más rápidamente de los besos del francés.

-Oooh, mon amour, eso es una histoguia muy laggaaa, aunque supongo que te la podré contagg de p a pa en nuestgaa sita…¿veggdad?- preguntó mirando de una forma que consideraba seductora a Lily, pero que en realidad le habían quitado el hambre a la pelirroja por lo menos hasta que cumpliera los 27.

-¿Cita? ¿qué cita?

-Mon chegiee, tú egues y segás mi pagueja del baile de Alloween- sentenció el joven francés con una seguridad aplastante.

-¿Ah, sí?- preguntaron dos voces distintas a la vez. Una era la de Lily, que no sabía donde meterse en aquel momento y deseaba con todo su corazón que se abriera un agujero en la tierra para desaparecer de la vista de todos (y, sobre todo, de Robert Begson), y la otra era la voz crispada de un James Potter que tenía los puños cerrados y pensaba utilizarlos para sacarle el azúcar a golpes de la empalagosa sonrisa de su nuevo enemigo.

-Pogg supuestoo- afirmó sin prestar atención al merodeador, al que parecía que si oía una palabra más del francés le estallaría la vena de la sien, que palpitaba peligrosamente- el año pasado, Lilian, tú me pgometiste que vendrgías conmigo a este gan acontesimiento. Me lo jugaste, amogg.

-Ohh, yo… esto…- Lily titubeaba sin saber que contestar mientras cinco pares de ojos se fijaban en ella esperando a que confirmara, o mejor aún, negara lo que el chico acababa de decir. Esos cinco pares de ojos eran los de Yasmine, que la miraba como si lo estuviera flipando en cuadros escoceses, Estelle, que aún no había borrado la mueca divertida de los labios, Sirius, cuya boca colgaba medio metro del asombro, Remus, que la miraba con una ceja alzada y James, pero aquella mirada de disgusto no le gustó nada a Lily, era una mezcla de enfado y decepción que le estaban haciendo un feo agujero negro en el estómago. Por si faltara decirlo, Begson miraba el reflejo de su dentadura en la ventana. Era un chico que para muchas habría sido atractivo, ya que era alto, quizás demasiado corpulento y musculoso, y tenía el mentón y la barbilla muy pronunciados, miraba a las chicas como si lo adorasen con aquellos ojos azul brillantes y se pasaba el día mesándose el sedoso pelo negro, haciéndole competencia directa a la elegante melena de Sirius Black, lo único negativo del chico era que su mente tenía un grave déficit de neuronas, que era un narcisista redomado, que se consideraba un coleccionador de trofeos (sobre todo chicas), le gustaba la caza y para colmo era gran fan de la tauromaquia (imperdonable en opinión de Yasmine). Casi nada negativo, vamos.

-Bueno, ¿si o no?- preguntó James alterado.

-Si, bueno, se lo prometí- admitió Lily al fin. Yasmine se tapó la boca ahogando un grito y la miró como si se hubiera vuelto loca, Estelle miraba a Lily y a Begson alternativamente y negaba incrédula con la cabeza, Sirius se había desmayado, Remus la miraba con los ojos desorbitados y James ya no la miraba, sino que había encontrado muy interesante el techo abovedado del pasillo en el que estaban. El único que parecía feliz con la respuesta de Lily era Begson, que la miraba sonriente, cómo si se hubiera hecho con una gran cabeza de ciervo con una larga cabellera pelirroja que colgar en su impecable pared de conquistas. Pero la alegría le duró bien poco- pero no puede ser.

Al francés se le desencajó la mandíbula de la sorpresa, y todos los demás respiraron aliviados.

-¿Cómo que no? Me lo pgometiste, ¡no me puedes haseg esto, Lilian! Cgeí que tú no egas de las chicas que gompían sus promesas- exclamó indignado. Él jamás perdía un trofeo, y Lily Evans era la chica más bella de Hogwarts, así que lo único lógico y admisible es que fuera con él al baile.

-No puedo, Robert…digo Begson- Lily rectificó en cuanto vio la mueca que hizo James al oírla pronunciar el nombre de su recién nombrado archienemigo número uno- porque soy una de las organizadoras del baile, y no puedo asistir como alumna, sino que estaré toda la noche encargándome de que todo salga como debe salir- explicó Lily mirando temerosa al chico que había recuperado la sonrisa rápidamente, aquello no podía significar nada bueno.

-Vegás, mi amog- dijo agarrándola por los hombros- ya lo tenía todo pensado, he hablado con Bonnie, que, como sabes, tiene un novio fuera del país y va a venir expgesamente a la fiesta, y…

-Creí que el baile era solo para alumnos- dijo Remus, que estaba viendo por dónde iba a tirar el moreno francés y no le gustaba un pelo.

Begson se encogió de hombros y siguió ignorándolos completamente, como si solo estuviera con Lily en mitad de un pasillo lleno de alumnos.

-Pues bien, Bonnie ha hablado con Dumbledore, paga pgeguntagle si los ogganisadogues pueden acudig al baile como alumnos nogmales, con sus guespectivas paguejas.

-Y le ha dicho que no, claro- afirmó Sirius, que se había recuperado del desmayo y ahora miraba con odio al francés.

-No, se lo ha pegmitido, siempgue y cuando esté todo listo y no queden flecos pog ahí sueltos- confirmó explotando la única pompa de esperanza que quedaba en el pecho de Lily- y como tu me pgometiste el año pasado que iguías conmigo costase lo que te costase, te he tomado la palabga- dijo Begson soltando a la gryffindor- así que, mon cheguie, nos vemos en el baile- y dándole un beso en la mejilla salió andando resueltamente sin ver como Remus y Sirius agarraban a James para que no se tirara a su yugular.

Lily se cubrió la cabeza con las manos desesperada, no podía creer su mala suerte, ahora que todo iba tan bien con James…

-Que te lo pases bien viéndote reflejada en los dientes del francesito- le espetó James dándose la vuelta bruscamente y dirigiéndose a la clase, Sirius y Remus le siguieron despidiéndose con la mano de las jóvenes.

-Lily vamos, ya llegamos cinco minutos tarde a defensa- instó Estelle a su amiga, que se había quedado muda y con la mirada aguada fija en la espalda del animago.

-Soy una estúpida, una idiota, una imbécil- se autoinsultó mientras se golpeaba la cabeza con una mano.

-Si, estoy de acuerdo- dijo Yasmine ganándose una mirada de perdonavidas de Lily- ¿qué?, Lily, es Begson, ¡Begson! ¿Cómo estuviste para prometerle semejante burrada a semejante idiota?

-Pues veréis…

Estaban en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, una clase teórica aquel día, y Lily se dispuso a contarles a sus amigas el motivo por el que aquel idiota engreído se creyera con derecho alguno de exigirle promesas a ella, mientras la profesora Miranda Wellington, cabeceaba distraídamente en su asiento y se oía el rasgueo de plumas y los cuchicheos en el aula.

Hacía exactamente un año se aproximaban las fiestas de Halloween en Hogwarts, y Lily estaba hasta las narices de todo aquello. Había rechazado a más de diez pretendientes que venían con sonrisas seductoras y con el corazón lleno de esperanza a ganarse a la pelirroja, y todos se habían dado la vuelta con una mueca de dolor en el rostro tras ser rechazados implacablemente.

-¡ Será idiota! ¿me ha visto cara de cangrejo o que? ¡quiere que vaya con "un bonito vestido rojo como mi pelo"! Este ya no es ni original, creo que voy a tirar la toalla. – dijo Lily fastidiada mientras sus amigas veían cómo el destrozado muchacho se alejaba cabizbajo. Estaban sentadas bajo un árbol de los jardines de Hogwarts durante un recreo.

-Ya, pero quieres que te lo pregunte una persona en concreto para poder rechazarle de la forma más cruel posible y decidir entonces no ir al baile ¿no es así?- preguntó Estelle inocentemente. Lily la miró ceñuda, pero no le dio tiempo a replicar.

-¡vamos, Lily! Siempre es así, ¡todos los años! Tú lo que estas es preocupada porque Potter aún no te ha dicho ni mu sobre el baile- replicó Yasmine pinchando un costado de la pelirroja con el índice y sonriendo de forma traviesa.

-¡Eso no es cierto! No estoy esperando nada de ese engreído patán, y no quiero que me invite al baile ni mucho menos- se defendió Lily dándole un manotazo a Yasmine en la mano.

Estelle y Yasmine se miraron escépticas, pero no les dio tiempo a contestar mordazmente a la pelirroja porque en ese momento se abalanzaron sobre ellas Kate, Iona, y Jane, una chica de ravenclaw, con sonrisas calificadas como "tenemos el cotilleo del año y estamos a punto de contároslo" .

-¿a qué no sabéis qué? ¿a qué no sabéis qué? ¿a qué no sabéis qué?- preguntó casi histérica Jane mientras sacudía las manos nerviosamente y daba pequeños brincos en torno a las gryffindors.

-Es obvio que no, no nos lo has contado- replicó Lily de mal humor.

-¡a ver si lo adivináis!- exclamó la rubia ravenclaw ignorando el comentario.

-Uufff, es que a nosotras eso de la Adivinación, nanai de la china- dijo Yasmine fingiendo frustración.

-Jane, ¡cuéntalo ya!- exclamó Estelle divertida.

-Vale, pues resulta que…- comenzó la joven.

-James Potter ha invitado al baile de Halloween a Leslie Bell- terminó Kate ganándose una reprobatoria mirada de Jane y una carcajada de Iona.

-¿a esa cabeza hueca de Hufflepuff?- preguntó sorprendida Yasmine- le creí con más gusto.

-No creo que James pensara en su cabeza cuando la invitó- razonó Iona haciendo un gesto ostensible que abarcaba su pecho en dimensiones mucho mayores a las reales. Las demás asintieron comprensivas, menos Lily, que se había quedado con los ojos y la boca tan abiertos que parecía que le habían hecho un encantamiento aturdidor.

-¿Lily?- preguntaron sus amigas. La pelirroja se puso del color del fuego y entrecerró con fuerza las mandíbulas, cerró los puños y tensó los brazos mientras empezaba a temblar de pies a cabeza.

-Oh, oh… La vena, Yas, la vena- avisó Estelle mientras señalaba la sien de Lily, que comenzaba a palpitar peligrosamente.

-¡Todo el mundo a cubierto!- gritó Yasmine cogiendo a sus compañeras de las mangas de las túnicas y arrastrándolas al castillo.

El grito de Lily Evans se escuchó en todos y cada uno de los rincones de Hogwarts, el bosque prohibido, Hogsmeade y alrededores. Los vecinos del pueblo creyeron que se trataba de la ira de los espíritus que habitaban la Casa de los Gritos desde hacía seis años, y cerraron puertas y ventanas. Hagrid salió con la ballesta en alto de su casita y las sirenas del lago nadaron velozmente hacia las profundidades en busca de refugio, incluso Dumbledore se atragantó con el caramelo de limón que estaba a punto de comerse tranquilamente en su despacho. El eco se mantuvo presente durante unos días en los maltratados oídos de todos aquellos que fueron víctimas de aquel grito lleno de furia…o eso contaban Estelle y Yasmine cuando rememoraban entre carcajadas la escena ante una ofendida Lily, que mantenía que aquel grito no llegó a salir de su delicada garganta y no hacía más que seguir desatando las risas de sus amigas ante esta afirmación.

Si bien la furia de Lily no se desahogó en forma de berrido sobrenatural, bien se encargó ella, al día siguiente, y delante de todos los alumnos posibles, y sobre todo de James Potter, de que Robert Begson, digno sucesor de Gilderoy Lockhart (que había abandonado el colegio hacia un par de años, no sin antes llevarse el regalo de despedida marca merodeadores: se fue sin un solo rizo verdadero, lo único que había en su cabeza, aparte de la peluca, era una bonita calva reluciente y brillante), le pidiera ser su cita para Halloween.

La pelirroja aceptó encantada la propuesta sincera del chico y le dio un sonoro y largo beso delante de todos. Sobra decir que esta vez a quien empezó a palpitarle peligrosamente la vena de la sien fue a James…

El caso es que Lily, dándose cuenta de su error, decidió ponerse gravemente enferma para aquella noche de gala y aburrimiento al lado de su fantástica pareja, y el joven no tuvo más remedio que hacerle prometer, jurar y perjurar miles de veces que al año siguiente ella sería su flamante acompañante, punto que a la pelirroja se le había "olvidado" mencionar a sus amigas descaradamente. El francés desapareció misteriosamente de Hogwarts aquellas navidades, y nadie volvió a saber nada más de él hasta aquel mismo día. Tiempo suficiente para que a Lily se le olvidara completamente su promesa de acudir al baile con él ese año.

-Y tiene que ser ahora…- se lamentó mirando a sus amigas desesperada.

-Ahora que James y tú estáis empezando a disfrutar con vuestra presencia- terminó Estelle derrochando falsa inocencia por todos los poros de su blanca piel.

-Si...-admitó Lily ceñuda y de mala gana.

-¡Si! Lo conseguimos, ¡lo ha admitido!- exclamó Yasmine eufórica.

Se hizo el silencio a su alrededor y la joven cayó en la cuenta de que quizás había sido demasiado entusiasta. Todos miraban al trío de amigas asombrados, excepto los merodeadores, que alzaban una ceja suspicaz.

-10 puntos menos para Gryffindor, señorita Roberts- gruñó la profesora mosqueada porque alguien hubiera interrumpido su siesta- buenas tardes, chicos, podéis salir del aula.

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Aquella misma tarde, cuando en Hogwarts los rayos del sol se iban apagando poco a poco y el cielo brillaba con un particular color anaranjado, Yasmine se dirigió a las huertas del castillo, cerca de los invernaderos donde la profesora Sprout impartía Herbología. Rodeó las grandes calabazas del huerto y bajó por un pequeño sendero que conducía a una diminuta y coqueta cabaña de madera que tenía una forma rectangular, y que parecía prima hermana de la casita circular de Hagrid. Esta cabaña tenía una chimenea de la que aquel momento salí un humo grisáceo con un olor característico que a Yasmine le encantaba, y sonrió nostálgica al recordar la primera vez que había ido a aquel lugar. La casita tenía un pequeño jardincito y detrás tenía su propia huerta, que quedaba cercana a los límites del bosque Prohibido. A Yasmine no le hizo falta tocar la puerta de la cabaña, pues una mujer que aparentaba unos 60 años, diminuta y ágil, la observaba venir con unos ojos grises eléctricos, que parecían desprender chispas. Estaba sentada en uno de los escalones de madera del porche.

-Hola, Ada- saludó la joven con una sonrisa de alegría en los labios.

-Vaya, la señorita Roberts se ha dignado venir a verme, después de estar mes y medio en el castillo- dijo con una voz fuerte, que denotaba un gran carácter- ah- dijo levantando el dedo índice de la mano derecha- y para ti soy la profesora Millow- dijo muy seria.

-Vamos, Ada, he estado ocupada- se disculpó Yasmine abrazando a la mujer, que sonrió al fin y le dio un breve beso en la mejilla- pero tenía ganas de verte- añadió provocando una carcajada sarcástica y alegre de la profesora.

-No es que fuera la primera vez que se veían en el curso, pero si la primera de éste que Yasmine se había decidido a ir a visitarla. Y su razón era de peso.

Margarite Anthea Ada Millow era una bruja excepcional. A sus 65 años conservaba la agilidad y la rapidez mental que tanto la habían caracterizado de joven. Su pelo siempre había sido corto, antaño de un castaño claro y suave, y ahora de un color gris eléctrico, al igual que sus ojos. Tenía una pequeña nariz que parecía oler las mentiras a un radio de un km de distancia, unos ojos brillantes, vivaces, a los que no se les escapaba nada y una boca pequeña, de labios finos que siempre llevaba pintados de un color rojo chillón. Tenía un vocabulario mordaz, en ocasiones viperino, pero era una excelente persona con un gran corazón.

Ada, como Yasmine la llamaba, pues de sus tres nombres era el que más le había gustado e incluso había llamado así a su gata, había cursado sus 7 años de estudio en Hogwarts de forma eficiente y admirable. Había cosechado unos cuantos amores gracias a su palabrería y carácter, pues aunque no era una belleza excepcional era bastante guapa. Incluso se le habían atribuido, años después de dejar la escuela, algún que otro romance con el mismísimo Albus Dumbledore, y a Yasmine realmente no le extrañaba nada que fuera cierto. Había combatido mano a mano junto al director contra Grindelwald y sus seguidores, y se había ganado cierta fama y prestigio entre la comunidad de magos de Gran Bretaña. Pero a Ada lo que realmente le gustaba eran los animales. Las extrañas criaturas mágicas y animales fantásticos y sus peculiaridades, y a ello se había dedicado el resto de su vida, tras la derrota del mago oscuro.

A sus 30 años se casó con un hombre al que amó con todo su corazón hasta que, 20 años después, y durante un feo ataque de vampiros en Transilvania en uno de los múltiples viajes de la pareja, murió desangrado, y Ada, destrozada y dolida, decidió volver a Gran Bretaña y comenzar una vida nueva. Pronto y gracias a la ayuda de Albus Dumbledore, accedió al puesto de profesora de Cuidado de las Criaturas Mágicas con grandes méritos pues era muy querida por todos, pese a su fuerte carácter y personalidad y sus severas maneras. Ada jamás olvidaría a su marido fallecido, pero al volver a Hogwarts volvió a sentir esa llama no apagada del todo y esa conexión con el director que la hicieron sentirse viva de nuevo en mucho tiempo.

Cuando, en su tercer curso, Yasmine empezó a dar clases con Ada, la profesora consiguió transmitirle todo el entusiasmo y la curiosidad necesaria, además del amor por los animales, para que la joven decidiese que después de Hogwarts se prepararía para ser Cuidadora y Sanadora de Animales y Criaturas Mágicas, cosa que, aunque Ada no se lo dijera directamente, la llenó de orgullo y satisfacción.

La mujer vivía en la actualidad y durante todo el curso en aquella pequeña cabaña de madera que tenía unas preciosas panorámicas del lago, del castillo, del bosque y las montañas, pues era amante de la naturaleza y había rehusado a vivir encerrada entre las cuatro paredes de un castillo. Su casita estaba llena de gatos, kneazles, mitad de uno y de otros y dos perros, un pastor alemán altivo y hermoso y una elegante pastor belga, que eran toda la compañía que Ada necesitaba. A pesar de ello, desde que maestra y pupila habían conocido sus gustos comunes, la joven la visitaba a menudo y mantenían largas e interesantes conversaciones. "Siempre se aprende algo de Ada Millow", les decía Yasmine a sus amigas cada vez que le preguntaban por la curiosa amistad entre ambas.

-Y bien, ¿Qué te preocupa?- preguntó la profesora mientras acariciaba el lomo de Sila, la perra negra que movía el rabo a Yasmine.

La joven tardó unos segundos en contestar.

-En realidad nada, solo me apetecía ver esta puesta de sol contigo y hablar- mintió Yasmine sabiendo de antemano que las mentiras no funcionaban con la profesora.

-Y tú sabes que eres muy transparente, en cuanto te he visto venir sabía que algo pasaba. Cuando algo te preocupa, tienes los ojos tristones y te aparece una raya aquí- dijo pinchándole con un dedo en el entrecejo- sin embargo, cuando vienes tranquila y relajada, tus ojos desprenden vida, niña.

-¿Cómo lo haces?- preguntó curiosa Yasmine.

-¿Hacer el qué?

-No lo sé, a veces creo que me conoces mejor que mi propia madre.

-¡Tú madre!- exclamó Ada soltando una risotada divertida- niñita, tu madre y tu sois tan iguales, tan idénticas, que chocáis una y otra vez como el mar y las rocas de un puerto. Y en el fondo sabéis que no podéis vivir la una sin la otra.

-Ya…- murmuró Yasmine secamente. Había hablado muchas veces con la profesora de la mala relación que traía con su madre, y ella siempre había contestado de forma similar a la de ese día, pero Yasmine no lograba aún encontrar los parecidos tan obvios que Ada veía entre ellas.

-Pero no es eso lo que te preocupa, ¿verdad?

-¿cómo diantres…?

-¡Diantres! Dice- volvió a reír estruendosamente mientras cogía a un gatito pequeño y lo acariciaba lentamente. El gato comenzó a ronronear con fuerza. – querida Yasmine Ailann Roberts- dijo tranquilamente con su gris mirada fija en la superficie del lago, que lanzaba destellos anaranjados. Yasmine pudo jurar haber visto un par de peces revoloteando unos segundos en la superficie y volviendo a caer al agua.- cuando vienes a hablarme de tu madre, vienes alterada, nerviosa y crispada, y hoy, hoy estás más que triste, querida. Eres como el tiempo, una sola señal de cambio en las nubes, la temperatura o el viento y puedes predecir que pasará mañana, aunque temo decirte que aunque para mí sea fácil, a medida que creces también es más difícil saber qué es lo que hay en esa cabecita…¡era tan fácil leerte el pensamiento cuando tenías solo 13 años y eras una niña traviesa y asustadiza!- exclamó con nostalgia. Pero se recuperó pronto y volvió a endurecer el semblante. Rara vez Ada Millow se mostraba triste o melancólica (excepto cuando se pasaba bebiendo hidromiel en la cabaña de Hagrid).

-Ada…¿cuándo sabes qué es lo correcto?- preguntó Yasmine con la vista aún fija en la suave superficie del lago- ¿cómo elegir el camino correcto? ¿tomar la decisión adecuada?- miró a la anciana, que volvía a tener esa expresión escrutadora en sus vivos ojos. Tardó un rato en contestar.

-Supongo que lo correcto es aquello que tu creas que está bien, que es lo que más va a favorecerte a ti..y a las personas que te rodean- respondió mirándola tranquilamente.

-Y yo supongo que la opción más adecuada no siempre es aquella que te favorezca a ti misma, ¿verdad?

-Eso depende, tan solo, de una cosa, mi querida niña: depende de tus prioridades en esta vida- y esbozó una sabia sonrisa que Yasmine no pudo devolverle.

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Sirius por fin había conseguido escapar del gran comedor sano y salvo, ya que Claudy lo había secuestrado y obligado a cenar con él, y ahora sus amigos ya se habían marchado, excepto Peter que seguía zampando como si fuera lo último que iba a hacer en su vida. Estaba hasta las narices de oír cómo Claudy y sus amigas esnob despotricaban en contra de Lily, a la que había tratado de defender inútilmente en un par de ocasiones y al final, hastiado, había decidido marcharse alegando un fuerte dolor de cabeza, aunque en realidad no podía considerarse una excusa porque era la verdad más grande del mundo. El motivo del enfado de las raven era el tema de la fiesta: el terror. A él le había parecido fantástico y se había alegrado de que por fin fueran un poco originales en Hogwarts para esas fiestas, y así lo había dicho a su novia, que consideraba que negarse a una bonita y elegante túnica de gala era un crimen, y ganándose una mirada de desdén e incredulidad por parte de todas las presentes.

Ahora caminaba lo más rápido posible hacia la torre de Gryffindor por si a su querida novia se le ocurría ir a buscarlo a protestar, y casi sin darse cuenta se chocó contra la espalda de una figura que iba en su misma dirección.

Ambos cayeron al suelo estrepitosamente y cuando el moreno se dio cuenta de lo que había pasado oyó un resoplido de indignación y una voz muy familiar decirle de muy malas maneras:

-Black, ¿te importaría dejar de aplastarme cinco segundos por favor? Resulta que yo soy una persona normal y corriente y por ahora necesito el aire para respirar y vivir. No puedo vivir solo de mi encanto sobrenatural como tú.

Sirius sonrió ante el comentario y comenzó a levantarse tranquilamente, pero cuando Yasmine creyó que se había librado de la presión del chico este se volvió rápidamente y aprisionó las muñecas de la joven contra el suelo.

-¿acaso te molesta?- preguntó acercando demasiado su boca a la de Yasmine, en opinión de ella. Una fuerte ráfaga eléctrica los traspasó a ambos de nuevo, y quedaron conectados en una intensa mirada que sólo un osado se atrevería a interrumpir.

-Eeeeh, ¿Sirius?- preguntó una ratonil voz. El osado había llegado.

Peter- dijo el animago lanzándole una mirada furibunda y disminuyendo la presión que ejercía en Yasmine, momento que la chica aprovechó para desasirse y escapar de la presa.

-Bueno, ya si eso habláis vosotros, yo me voy- y sin dar lugar a muchas explicaciones la chica dio media vuelta y desapareció en tras esquina del pasillo.

-Eeeh, es que…yo, yo…Claudy me ha mandado a decirte que está enfadada contigo por no haberte despedido de ella, jeje- dijo el chico riendo nerviosamente, una risa muy parecida a la de un pequeño roedor.- y la verdad después de lo que acabo de ver no me extraña nada…

- Ya, ¿y a mi que?- y sin abandonar la mirada de odio por la interrupción y sobre todo por el motivo de ésta siguió el camino a la torre de Gryffindor seguido de cerca por Peter.

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Por otro lado, los entrenamientos de quidditch ya habían empezado y James no gastaba el mejor humor aquellos días porque según su opinión sus jugadores podían dar mucho más de sí de lo que estaban dando. Sólo los más allegados al capitán y los que habían oído la discusión que había tenido con la pelirroja el viernes por la noche antes del primer entrenamiento podían saber a qué se debía verdaderamente el humor de perros de James, aunque a esas alturas lo más seguro es que todo Hogwarts conociera la famosa y sorprendente escenita, ya que ambos llevaban mucho tiempo sin discutir y les pilló a todos desprevenidos. Todo comenzó con un humilde intento de acercamiento de la pelirroja a James, que la evitaba y la miraba de mala manera desde el encontronazo que habían tenido con Begson. Claro que ignoraba que esa misma tarde James había pillado al francés proclamando a los cuatro vientos que asistiría al baile con ella y aquello había conseguido que el muchacho de pelo revuelto estuviera aún más irascible de lo normal.

- James...- dijo llamándolo lo más suavemente posible. El muchacho estaba recostado en el sofá que había en frente de la chimenea de su sala común, con Remus y Sirius, que se apresuraron a dejarlos solos sin ninguna clase de excusa e ignorando la mirada asesina que James les dirigió. – yo...quería hablar contigo.- dijo la pelirroja sintiéndose agradecida de que no tuviera que decir todo lo que pensaba delante de los otros dos merodeadores.

Como toda respuesta James emitió un gruñido de asentimiento.

- Bien... yo, yo... ¿tanto te molesta que vaya con Begson al baile?- ni siquiera supo por que había dicho aquello, porque no era lo que había estado planeando con Yasmine y Estelle, que se quedaron con cara de estupefacción y sorpresa nada más oír la pregunta de la pelirroja (estaban detrás del sillón, en una mesa cercana, escuchando la conversación junto con Sirius, Remus, y todo el resto de la sala común)- vamos, lo digo porque podías decírmelo claramente en vez de ir por ahí mirándome como si fuera un gusarajo, no es lógico- era plenamente consciente de que no estaba arreglando nada, es más, si había una remota y diminuta posibilidad de que James la perdonara ésta acababa de ser devorada por su letal orgullo recién nacido.

Contempló con el entrecejo fruncido como la mueca de asombro de James pasaba a convertirse de nuevo en furia.

- Mira Evans, si no vas a pedir perdón ya puedes estar dando media vuelta y no empezar con tus lógicas que no me interesan nada.- espetó James duramente posando la vista en el fuego. Ella notó un fuerte nudo en el estómago cuando oyó su apellido en lugar de su nombre en boca del chico. Pero él había conseguido lo que quería, había logrado enfurecerla como hacía tiempo que no lo conseguía.

-¡¿pedirte perdón!?- chilló Lily fuera de sí- ¿¡pedirte perdón a ti?!- se había puesto roja de ira y si había alguien no se había enterado de que estaban discutiendo ahora hasta los cuadros les prestaban atención.- mira, señor "soy un engreído y todo el mundo tiene que pisar el suelo que piso" no me vengas con esas porque yo a ti no te tengo que dar ninguna explicación.

- Entonces déjame en paz y no te vuelvas a dirigir a mí- dijo James aún sin mirarla. El joven sentía que aquella vuelta de Hosgmeade con la cabeza de Lily apoyada en su pecho había quedado muy atrás en el tiempo.

- ¡Eso haré, Potter! ¡Eso haré!- gritó ella con lágrimas en los ojos- ¡y a mí me gusta que me miren a la cara cuando hablo a la gente!- espetó haciendo un brusco movimiento de varita en el aire involuntariamente. Sin proponérselo todos los libros de la Sala comenzaron a volar por los aires, la mayoría dirigidos a James pero golpeando a todos los que encontraban a su paso. Lily se giró dignamente y sin necesidad de esquivar los libros e ignorando el caos que había desatado desapareció tras el hueco de las escaleras que llevaban al dormitorio de las chicas.

James se refugió bajo la mesa en la que estaban sus dos amigos, Estelle y Yasmine.

-¿Qué mosca le ha picado a la loca esta ahora? Debería haberme pedido perdón y suplicado que fuera con ella al baile en vez de ponerse a cercenar cabezas con libros asesinos- dijo James de forma arrogante. Con su comentario se ganó dos miradas de femenina censura y otras dos de "este chico no aprende" por parte de sus amigos.

- Esa era la idea inicial, James, pero tú también podías haberte mostrado un poco más receptivo- repuso Yasmine mirándolo con ligero desdén.

- Tal vez si la pelirroja no fuera por ahí besuqueando a estúpidos sin cerebro- saltó Sirius en defensa de su amigo y picado con Yasmine por haberlo dejado solo en el pasillo la otra noche y sin despedirse siquiera.

- Lily no ha besado a nadie- a su vez Estelle defendió a su amiga mientras Sirius y Yasmine se lanzaban miradas asesinas mutuamente.

- Aún no- añadió Remus, que también estaba mosqueado con Estelle aunque ni él mismo sabía por qué.

- Está bien, Yas, somos dos contra tres, vámonos- y agarrando a su amiga de la manga de la túnica la sacó de debajo de la mesa e hizo una floritura en el aire. Al contrario de lo que esperaba que sucediera, los libros comenzaron a volar con más velocidad y ambas jóvenes tuvieron que acostarse en el suelo para no ser atropelladas por una docena de pesados tomos de pociones descontrolados.- ups, parece que no ha salido muy bien.- dijo Estelle sonrojada.

Yasmine resopló con cansancio y murmuró unas palabras a la vez que hacía en el aire un extraño gesto con la varita, remotamente parecido al que había hecho Estelle. De inmediato los libros cayeron pesadamente al suelo y ambas pudieron seguir su camino al cuarto para acompañar a Lily en su ataque de rabia o tristeza, según cual dominara por encima de la otra.

La Sala Común de Gryffindor terminó demasiado parecida a un escenario de los restos de una devastadora guerra.

-Al final tenía que terminar tirándome algún libro a la cabeza- James suspiró y lanzó al aire una sonrisa cuya alegría brillaba por su ausencia.

...

A Yasmine siempre le había encantado volar, sentirse la reina del cielo y sentir el viento en su cara, notar su largo cabello ondeando a su espalda y, ante todo, ese sentimiento de libertad...de liberación. En cierto modo nunca había entendido a Lily, que no se llevaba muy bien con las escobas, ni a Estelle, que era demasiado patosa volando y además le daban pánico las alturas. Sin embargo aquella mañana de aquel nublado sábado de mediados de octubre no estaba disfrutando de la sensación que tanto le gustaba, ni ella ni al parecer el resto del equipo, ya que la furia de James se había incrementado desde la noche anterior y estaba pagando su mal humor nacido del enfrentamiento con Lily con los miembros de su equipo, sobre todo los nuevos. De modo que Martha Valec estaba más que desquiciada nada más empezar el entrenamiento al fallar un tiro que el mismo James había lanzando con fuerza. Yasmine y el otro golpeador no lo estaban haciendo nada mal, no les costaba demasiado orientar correctamente las bludgers, pero aún les hacía falta técnica y entrenamiento, y al parecer James consideraba aquello un grave atraso para el equipo y los castigaba con comentarios insidiosos y miradas de despreciativo desdén.

Pero sin duda alguna, la que peor lo estaba pasando era Michelle, hermana de Yasmine, y buscadora del Gryffindor aquel año, que aún no había localizado la snitch aunque tan solo llevaran volando cinco minutos y James la acosaba por ello.

- ¡Si me gritas no me ayudas, James!- protestó la muchacha de pelo rizado cuando ya no aguantó más al capitán gritándole que como no encontrara la snitch en un minuto la haría pasarse la mañana haciendo una carrera de obstáculos con las ramas del sauce boxeador para que adquiriera velocidad.

El joven la miró circunspecto y se dio la vuelta para seguir criticando a la guardiana, Martha, que acababa de fallar otro tanto de Sirius y había tenido la mala suerte de que James la viera.

- Mira James- dijo acercándose rápidamente al chico y mirándolo ceñuda- Sirius, Remus, y tú sois los mejores cazadores del colegio, por muy buena guardiana que sea, que aún no lo soy, me costaría parar los tantos, así que no repitas que me vas a destituir o seré yo misma la que dimita.

- No veo la diferencia, Valec, pero este equipo siempre ha sido el mejor y debe seguir siéndolo, ¿entendido? Así que me importa un rábano cómo lo hagas pero antes de comer has tenido que parar todos los tiros que lancemos si o si, ¿queda claro?- replicó James con una nota de acero en la voz que solo tenía cuando se ponía muy serio o estaba muy enfadado.

La joven guardiana dio media vuelta y se dirigió a los aros de gol.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, a la hora de comer, Yasmine y su compañero golpeador bateaban con mayor facilidad las bludgers que se dirigían a atacar al equipo, a Martha tan solo se le habían escapado unas pocas quaffles y a Michelle cada vez le costaba menos alcanzar la snitch, con lo que todos estaban orgullosos del trabajo excepto James, que seguía cabreado pues no había podido terminar de desfogarse con sus jugadores, ya que al finalizar el entrenamiento todos habían dominado casi a la perfección sus movimientos y no había cabida para réplicas o quejas del capitán.

- Estoy desesperada chicas, no sé que hacer- murmuró una melancólica Lily tumbada boca abajo en su cama, acariciando a Ada, la gata de Michelle, que ronroneaba tranquilamente.

- Si te refieres a James, te recordamos que la salida que tuviste no vino a cuento- replicó enfadada Estelle.- ¡te pasaste por lo alto todas las proposiciones que estuvimos haciéndote! Que yo sepa en ninguna se incluía el hacer una estúpida y borde pregunta a James sobre si le importaba o no que fueras con Begson. ¡está claro que le importa y eso ya lo ha dejado más que claro!

- Es que me estaba poniendo nerviosa con ese aire insolente y de superioridad con el que estaba actuando, ¡él no es quien para tratarme así!

- Recapitulemos, Lily- dijo Yasmine saliendo del baño con un albornoz y el cabello envuelto en una toalla- de modo que últimamente no os peleabais, pasasteis el día entero en Hogsmeade juntos y el otro día casi admitiste que te gustaba. Y para ti que se moleste por lo de Begson no es normal.

- Esta bien, me pasé, ¡me puse nerviosa!- volvió a excusarse de nuevo Lily mientras se estrujaba las manos nerviosamente.

- Pues ya sabes lo que tienes que hacer- dijo Estelle mirándola duramente. Lily la miraba sin entender y la joven alzó los ojos al techo de la habitación- ¡tienes que pedirle perdón!

- ¡Jamás haré algo que el me haya dicho que haga!- explotó Lily bruscamente mientras se levantaba de un salto de la cama, asustando a la gata.

- Entonces, mientras te dure el orgullo, ya sabes lo que puedes ir haciendo, ¿no?- dijo Yasmine lanzándole una mirada de crítica y cogiendo a Ada en brazos.

- Vas a ver delante de tus narices como cientos de chicas se sortean a un James Potter más seductor y atractivo que nunca- sentenció Estelle.

Lily las miró con el ceño fruncido y se dejó caer esta vez en su cama. Pasó un rato en el que ninguna de las tres dijo nada, cada una metida en sus propios pensamientos, hasta que, Yasmine, terminando de vestirse, dio un respingo y un gritito que sobresaltó a las otras dos.

-¡Lo había olvidado! ¿y el Filtro de los Muertos?- preguntó a Lily que se había incorporado rápidamente y había empezado a buscar algo en su baúl.

-¿El qué?- preguntó Estelle desorientada.

- Es para Gladys- dijo Lily mientras sacaba del baúl una pequeña botellita rellena de un líquido de color negro oscuro.

-¿Cómo?

- ¿Acaso pensabas que te iba a hacer lo que te hizo y salir indemne?- preguntó Yasmine solemnemente.

Ante la mirada de curiosidad e incredulidad de Estelle, entre Yasmine y Lily le contaron lo que ocurrió cuando Remus se la llevó a la enfermería.

Cuando terminaron el relato, Estelle sonreía agradecida pero con la pinta de tener un "pero" a punto de salir de sus labios.

- Gracias, pero no era necesario que hubierais hecho todo eso por mí. No es necesario tomar represalias.

- ¿Quée? Mira, lo vamos a hacer, lo quieras o no, nadie hace daño a nuestras amigas, ¡quién sabe que te hubiera ocurrido se te llega a pillar más cerca!

- ¿has olvidado el dolor de las quemaduras? ¡porque yo no dudaría en darle a esa cerda racista su merecido!- exclamó Yasmine vengativa.

- No quiero que lo hagáis, no quiero que os pillen y os castiguen por mi culpa- Estelle se negó pero vio determinación en los rostros de sus amigas, que ahora se miraban de forma cómplice y calculadora.

- Será en Halloween- sentenció una Lily cuyos ojos verdes relampaguearon de emoción.- no pienso dejar que se salve de preparar el baile- añadió encogiendo los hombros distraídamente. Sus amigas rieron ante el comentario.

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En cuanto al capítulo de hoy, Ada es una nueva incorparación y viene para quedarse un tiempo... sé que Dumbledore en la historia real es gay, cosa que me parece estupenda y genial, pero necesitaba que en mi fic hubiera tenido esta relación con la profesora de Cuidado de las Criaturas Mágicas.Espero que no os importe. Dejad algún review si eso veis qeu no estáis muy ocupados y tal...xD

Próxima actualización:semana que viene, no sé que día, pero a finales... un besote grande de leche condensada...mmmm

Roxy.