Hola a todos!! volví, sé que un poco tarde pero este capi es largo. Espero que lo disfrutéis!! un beso!!

Lily Evansss: me alegro que te rieras con lo de Robert jeje, a que se lo merecía?? un besazo guapa!! espero que te guste!

Camila: ya puedes leer lo del baile jeje, no sé por qué pero me da la impresión de que no suben todos los capis a la misma vez en todos lados. Un besazooo!!

Jusse: yo le diré que te envíe una foto Michelle vestida de diablilla jajaja. Si, yo también haría algo con tío Dumbledore, se ha pasado un rato! otro beso para tí!!

Adhara: que te hacen tus amigas que llevas moretones?? jaja es lo que tiene a veces salir de fiesta, te entiendo perfectamente! Y sí, se llevarán la bronca, pero algo harán. Espero que te lo pases genial en tus vacas, que fijo te las mereces (dónde has ido?? pura curiosidad jeje). Un besazoo y gracias por el review!

Dramione Black (Si tan solo me mirara...): si los 18 son demasiado pronto jeje, aunque yo también me lo pensaría si fuera James Potter quien me lo pidiera. Un beso!! y gracias por leer y opinar!!

Flor (En cuestión de segundos): sé que es triste, pero me alegro de que te gustara y te pareciera tierno. Un beso y gracias!!

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Capítulo ocho: Hadas de media noche

Noviembre había llegado al castillo de Hogwarts, envolviéndolo en una densa bruma grisácea que calaba hasta los huesos y que obligaba a los habitantes del colegio a llevar continuamente gruesos abrigos de lana y largas capas que los protegieran del húmedo frío.

Aquella mañana, dos días después del accidentado baile de Halloween, mientras Lily, Yasmine y Estelle desayunaban tranquilamente en el Gran Comedor, llegaron las primeras lechuzas tempraneras para entregar el periódico a los alumnos subscritos al Profeta, cartas de familiares y amigos y algunos encargos a diversas tiendas. Las chicas no esperaban correo, por ello cuando tres elegantes y majestuosas lechuzas pardas se posaron frente a ellas se miraron desconcertadas y curiosas. La lechuza dirigida a Estelle picó la tostada de la joven, que le dio un manotazo haciendo que el animal ululara indignado y alzara el vuelo rápidamente, inmediatamente después de que la joven cogiera su carta. Yasmine, sin embargo, acarició suavemente a su lechuza y le dio a comer los cereales que había en su cuenco mientras desataba la carta de la pata del ave. Lily hizo lo propio, pero ninguna abrió el pergamino enrollado y sellado que tenían frente a ellas.

-¿quién puede habernos escrito?- preguntó la chica de ojos verdes a sus amigas. Ambas se encogieron de hombros.

- Odio las lechuzas- dijo Estelle mientras observaba a Yasmine aún entretenida con aquella.

- Y mira que no tienes a Verny, la tuya por lo menos es sociable- Lily no aguantaba a su lechuza, que era tan antipática y huraña como su cuñado.

-Son preciosas…- Yasmine miró distraída como la lechuza que le había entregado la carta alzaba el vuelo y se perdía por uno de los ventanales.

- Y sucias- añadió Estelle.

-Chicas…aún no hemos abierto las cartas.- Lily miró a sus amigas y señaló los pergaminos que reposaban en frente de cada una de ellas.

- No me gustan las cartas- murmuró Estelle.

-¿qué pasa?¿qué hoy no te gusta nada?- preguntó Yasmine entre curiosa y divertida por la actitud de su amiga.

-¿sabéis la sensación esa que se tiene cuando sabes que has visto u oído algo importante y no lo recuerdas, y eso te molesta aún más?- dijo Estelle ignorando a la morena. Lily asintió y Yasmine suspiró con impaciencia.

-¿se trata del baile?- preguntó Lily con cuidado.

- Si, es precisamente del baile, y no me acuerdo de nada.

- No estabas en condiciones de acordarte, Estelle- murmuró Yasmine. La pelirroja le lanzó una mirada molesta, pero luego dirigió su atención a la carta y la cogió con cuidado, como si fuera a morderle de un momento a otro. Sus amigas la imitaron y las tres las abrieron a la vez. Leyeron el contenido durante unos segundos y luego Lily bufó indignada.

-¡increíble!- exclamó alterada. Había enrojecido hasta las puntas.- ¿qué quiere ahora Dumbledore, matarnos en persona? Porque no me extrañaría nada. Este hombre está…- oyó un carraspeo y miró a sus amigas, que habían palidecido en un segundo- detrás mía, ¿verdad?

Se giró rápidamente y descubrió al anciano profesor con una sonrisa entre divertida y amistosa bailándole en el rostro.

-Bueno, señorita Evans… En realidad no es mi intención matarlos, lo veo totalmente innecesario- dijo tranquilamente. Lily enmudeció avergonzada.- pero no se preocupe, no van a morir aún, son muy jóvenes... A las ocho en mi despacho, ¿entonces?

- Si, profesor- dijeron las tres chicas a la vez. El anciano mago inclinó la cabeza conforme y se alejó de ellas a grandes pero tranquilos pasos.

- Me ha castigado fijo- dijo Yasmine repentinamente apesadumbrada.- le tiré el vaso de ponche a la estirada de la White delante de todo el comedor, seguramente me habría visto.

- Pero te quedaste a gusto, ¿no?- Lily le guiñó un ojo y le dio un cariñoso codazo.

- La verdad es que sí- la pelirroja consiguió hacerla sonreír con el comentario.

-Lo que no entiendo es por qué nos las han mandado a Lily y a mí- dijo Estelle pensativa- que yo recuerde no hice nada.

- Tal vez yo algo si haya hecho- murmuró Lily en voz baja. Sus dos amigas la miraron interrogantes.- Robert…

- Déjalo, Lily- Yasmine lanzó una estruendosa y divertida carcajada.- ya decía yo que tenías algo que ver con eso. ¡y mira que no lo vi! ¡fue una lástima! Aunque por lo que me contaron…

Lily guardó silencio y durante unos segundos las tres chicas se dedicaron a contemplar el ajetreo del gran comedor.

- Mirad, parece que no somos las únicas que hemos recibido una cita de Dumbledore- Estelle señaló con la mirada a tres de los merodeadores, que acababan de entrar en el Gran Comedor e inmediatamente tres lechuzas se les habían aproximado para entregarle las mismas cartas que a ellas.

- Y no son los únicos, mirad- Yasmine señaló a Peter Grace, que sonreía despreocupadamente mientras leía la carta y se acariciaba el corto cabello rubio como si el inminente castigo no fuera más que una broma muy graciosa.

- Deberíamos irnos ya a clase- opinó Estelle mientras saludaba alegremente a Sirius, James y Remus. Yasmine se tensó en su silla cuando Sirius pasó tras ella y se la quedó mirando escrutadoramente, pero ella ni siquiera se molestó en saludarlo.

- Para mí…es solo aire- se auto convenció Yasmine mientras salía junto a sus amigas a los jardines y respiraba profundamente, relajándose, e inhalando el frío aire de noviembre.

- A mí todo eso me parece muy raro, Yas- dijo Estelle. La chica había comentado de pasada a sus amigas el enfrentamiento con la ravenclaw la noche de Halloween, y ambas pensaban que había gato encerrado y no veían a Sirius capaz de pronunciar aquellas duras palabras.

- No creo que debas confiar en las palabras de Claudy, solo quiere tenerte alejada de él, eres una amenaza porque se ve kilómetros que a Sirius le gustas- Lily abrazó a su amiga cariñosamente mientras la morena enrojecía y sentía su corazón latiendo violentamente en su pecho a causa de las palabras de la pelirroja. En el fondo deseaba que tuviera razón, pero sabía que Claudy no mentía, que eran de clases distintas y siempre lo serían, que ella no era ni lo suficiente atractiva ni lo suficiente elegante para el merodeador.

-No lo sé, no lo sé…a veces creo que una relación con él solo me daría una úlcera de estómago. Además…Henry.

-¿Henry?- preguntaron a la vez Lily y Estelle.

-Sí, Henry. Cuando nos fuimos del baile me trató genial, estuvo apoyándome y todo eso. Y es muy guapo.

Lily y Estelle la miraron incrédulas. Si, Henry era guapo, pero las dos estaban convencidas de que Yasmine y Sirius tenían que haberlo intentado al menos, aunque sus orgullos chocaran continuamente tal vez lograran encontrar un punto medio en el que tener una sana relación.

Al final, Lily suspiró.

-Es tu decisión. Aunque piensa que si sales con Henry ya

-¡no he dicho que vaya a salir con él! Pero es agradable, y si me lo pidiera, no dudéis que lo intentaría.

-Si sobrevive…- susurró Estelle a Lily, que sonrió divertida.

-Muy graciosa- espetó Yasmine, mirándola como si no tuviera la más mínima gracia.

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El resto de la mañana transcurrió de manera tan lenta como si, en lugar de pasar un minuto, pasaran horas. El sopor en el que parecían encontrarse se mantuvo hasta bien entrada la tarde, y cuando eran cerca de las ocho, y las chicas ya habían terminado de cenar, decidieron encaminarse juntas al despacho de Albus Dumbledore, tal y como se les indicaba en la carta recibida la misma mañana.

En la puerta esperaban James, Remus, Sirius, Peter Grace y una cabreada Claudy White con los brazos en jarras y muy cerca de su novio. Yasmine desvió la mirada rápidamente del merodeador de ojos grises e ignoró por completo a la ravenclaw, que se dirigió hacia ella con un dedo amenazador en alto.

-¡es por tu culpa!- chilló indignada- ¡tú fuiste la que me agrediste y ahora me van a castigar a mi también!

Yasmine le lanzó una mirada de profundo odio y le dio un manotazo a la mano de Claudy.

-Ni se te ocurra volver a señalarme, White, porque la próxima vez a lo mejor no es un vaso de ponche lo que te tiro- gruñó malhumorada.

El resto de la conversación hubiera derivado en una violenta pelea de gatas si Lily y Estelle no hubieran agarrado de la cintura a Yasmine para evitar que se lanzara hacia White y ésta no hubiera sido retenida por un fuerte brazo de Sirius, nada delicado, por cierto. La cogió con fuerza y determinación de un brazo y la separó de la chica de ojos castaños.

-Claudy, haz el favor de controlarte- dijo muy serio lanzando una fugaz mirada a Yasmine, que desvió la vista antes de encontrarse con sus ojos.

Tras esta escena, los ocho jóvenes permanecieron en silencio unos segundos, hasta que James, con aspecto cansado, miró el reloj y se aproximó a la gárgola de piedra que guardaba la entrada al despacho de Albus Dumbledore.

-Caramelos de limón.- murmuró.

La estatua les cedió el paso en cuestión de segundos, y los alumnos entraron en el hueco que conducía a las escaleras de caracol, Sirius cuidando de que Claudy estuviera lo más lejos posible de Yasmine y que le diera otro ataque de los suyos.

El chico de gafas llegó el primero y golpeó un par de veces la puerta madera antigua del director, que se abrió lentamente y con un chirrido algo desagradable.

-Creo que ya es hora de que vaya engrasando esta puerta- dijo el director con una sonrisa a sus pupilos, mientras todos entraban en la sala circular- buenas noches, queridos alumnos. ¿Qué tal las clases?- preguntó amablemente, como si no hubieran hecho nada reprochable y mucho menos merecieran un castigo.

Los chicos contestaron con unos "bien", "podrían ir mejor" bastante desconfiados y miraron a su director esperando la reprimenda.

-¡ah! Que maleducado soy- sacudió la varita elegantemente y por delante de cada uno de los jóvenes aparecieron cómodas sillas acolchadas- tomad asiento, por favor.

Una vez que todos estuvieron sentados, el director se colocó detrás de su escritorio y juntó las manos por las yemas de los dedos. Esta vez si les dirigió una mirada un tanto severa, aunque el matiz de amabilidad seguía presente en sus rasgos.

-Creo que muchos de ustedes ya sabrán para qué les he llamado- lanzó una mirada a Claudy y a Yasmine, cada una sentada en un extremo de la habitación, y ambas se miraron con odio- aunque algunos puntos, tal vez deban aclarármelos- en esta ocasión recorrió uno a uno los semblantes de sus jóvenes alumnos de forma escrutadora, y cada uno reaccionó de una manera: Claudy le lanzó una mirada altanera pero vaciló unos segundos, era Albus Dumbledore, y aunque no le agradara lo más mínimo, podía hacer que la expulsaran con solo un chasquido de dedos; Sirius sonrió inocentemente, y se acarició la nuca de forma tan idéntica a como lo hizo James, que ambos parecieron gemelos en aquel mismo instante; Remus bajó la cabeza avergonzado; Lily miró ceñuda a su director, aún no le había perdonado la jugarreta de Halloween; Peter Grace seguía sonriendo ampliamente aunque se notaba la culpabilidad en sus ojos azules; Estelle enrojeció hasta las puntas, como era costumbre, y Yasmine miraba a la pared con el entrecejo fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho. Fue la primera en hablar.

-¡ Sí! Yo le tiré el ponche a White, profesor, y castígueme, porque me lo merezco, pero jamás me arrepentiré de haberlo hecho y ni mucho menos le pediré perdón a esa…

-Señorita Roberts…- Dumbledore la interrumpió antes de que la gryffindor pudiera ponerse en evidencia aún más, pero Claudy no desaprovechó su oportunidad.

-¿lo ve, profesor Dumbledore? ¡me odia! ¡siempre me ha odiado! Soy tan solo una víctima de todo esto- gimió falsamente y se echó a los brazos de Sirius, que le dio unas torpes palmaditas en la espalda, con aspecto bastante resignado a decir verdad.

-No es, aún, señorita White, el momento de juzgar quien es la culpable, porque antes trataremos un tema mucho más interesante.- sus ojos azules se volvieron repentinamente fríos ante la exhibición de la ravenclaw, y ninguno de los demás pudieron reprimir el escalofrío y la vergüenza que el director les hizo sentir al notar la decepción que impregnaba cada una de sus palabras.- creo que ya estarán al tanto de que, al finalizar la fiesta de Halloween, dos alumnos de la escuela aparecieron profundamente dormidos, uno en un estado más… catastrófico que otros- los gryffindor no pudieron reprimir la sonrisa al recordar a Robert Begson con el tutú rosa y ocultaron su risa con toses o tapándose la boca, detalle que no le pasó desapercibido al director, que los miró resignado.- pues bien- prosiguió- ahora mismo, el alumno de la casa Ravenclaw, Robert Begson y la alumna de la casa Slytherin, Gladys Rise, se encuentran profundamente dormidos… ¿alguno sabe algo de esto?- su tono de voz era de nuevo amable, pero todos sabían que el director conocía de antemano la respuesta. - en caso de que no haya respuesta, temo que he de castigarlos a todos y cada uno de ustedes. Porque sé a ciencia cierta, que alguno o algunos de ustedes están más que involucrados en esto.

Lily y Yasmine se miraron preocupadas, lanzaron una mirada a Estelle que a su vez miraba al director sin comprender.

-¿quiere decir, profesor?- preguntó tímidamente enrojeciendo de nuevo- ¿Qué hay dos alumnos de Hogwarts que han aparecido profundamente dormidos, y alguno de nosotros es el culpable?

- Así es.

-¿y cómo sabe que el culpable está entre nosotros?- preguntó la pelirroja con curiosidad.

- Digamos que aunque anciano, uno saca sus propias conclusiones, y pocas veces me equivoco, señorita Simons.

Estelle guardó silencio un momento y pareció dudar, pero luego habló firmemente.

-Nosotras- dijo señalando a Lily y Yasmine- no hemos hecho nada, ellas estuvieron conmigo toda la noche, ¿no es así, chicas?

-En realidad…- Yasmine miraba a su amiga dudosa, si decía la verdad, Estelle se enfadaría con ellas tanto que tardaría millones de años en perdonarlas, por otro lado, si mentía y negaba la verdad, gente inocente como Remus, Claudy (aunque le importaba bien poco), Sirius, James y Peter pagarían sin tener por qué.

-En realidad no, Estelle- fue Lily la que optó por hablar al final.

-¿Cómo?

-¡no podíamos dejar que se saliera con la suya!- exclamó Yasmine mirando a su amiga suplicante.- ¡te hizo daño!

-Pero me prometisteis…

-Lo siento, Estelle- Lily bajó la cabeza arrepentida.

-Fuimos nosotras, profesor Dumbledore- dijo Yasmine- nosotras utilizamos el Filtro de los Muertos contra Gladys.

-Y contra Robert- añadió Lily.

-¿qué?- esta vez fue Yasmine la sorprendida.

-Sí, bueno, fui yo quien…

-¡Lily, Lily, Lily!- James, que había acabado sentado al lado de Lily, la agarró por los brazos amistosamente. La pelirroja percibió una mirada de advertencia del merodeador y dejó que hablara- ¡No seas egoísta y quieras llevarte todo el mérito! Fui yo quien le dio el Filtro de los Muertos a Begson, profesor Dumbledore- admitió mirando al director de frente.

-Yo también- Sirius se unió a James.

-Y yo…- Remus terminó por bajar la cabeza, en un momento le vino a la mente la imagen de Dumbledore mirándolo decepcionado, y las tripas se le revolvieron.

Hubo un breve espacio de tiempo en el que nadie habló, asumiendo la nueva información e intentando enlazar los hechos.

-Nosotros le robamos a Lily y Yasmine un poco de poción- dijo James al fin- Robert no se portó con su pareja como merecía, no lo hicimos por pura diversión- un destello acerado cruzó sus ojos marrones, normalmente cálidos y acogedores.

-La venganza es como una espada, James- Dumbledore le miró de repente con cansancio- la mayoría de las veces tiene doble filo.

-Y también, a veces, hay que arriesgarse a cortarse con uno de ellos- James miró fijamente al director, que terminó por sonreír con alegría e incluso a reír abiertamente durante un buen rato.

Los alumnos se le quedaron mirando sorprendidos por la reacción de su profesor, y esperaron a que éste se limpiara las lágrimas de la risa y se repusiera.

-Un gran muchacho, si señor- dijo divertido hablando más consigo mismo que con sus alumnos- bien, deberíais saber- dijo ya algo más cuerdo- que la pena por utilizar el Filtro de los Muertos es la expulsión- a los afectados por la noticia palidecieron en cuestión de segundos- pero…dado que sus víctimas también merecían su pequeño castigo, y creo que ya tienen suficiente con ello, os doy otra salida: buscaréis, la segunda semana de Noviembre, uno de los ingredientes más difíciles de encontrar y fundamentales además, para preparar la poción que contrarresta los efectos del Filtro: polvo de alas de las hadas de medianoche.

-¿Hadas de medianoche?- preguntó sorprendida Yasmine, pero, a diferencia de Sirius, James, Remus y Lily, que parecían más bien alarmados, ella mostraba una sonrisa maravillada- ¿hay hadas de medianoche en el Bosque Prohibido?

Dumbledore asintió complacido por la actitud de su alumna.

-Pero profesor…- esta vez fue Remus el que habló- esas hadas solo salen en luna llena.

-¿y qué?- preguntó Claudy, a quien Remus no le caía bien y veía peligrar el peligroso castigo que Dumbledore les había impuesto, además de que no le había gustado un pelo el entusiasmo de su rival, a quien quería ver sufrir y llorar.

-Pues…en fin.- Remus sacudió la cabeza abatido, se merecía todo aquello y más.

-Usted, señor Lupin- dijo Dumbledore- será el encargado de preparar la poción que contrarreste los efectos del Filtro, no será necesario que los acompañe.

El merodeador de ojos dorados asintió agradecido, aunque estaba seguro que Dumbledore conocía sus desastrosos resultados de Pociones, pero la alegría se le fue pronto cuando vio asustado como Lily lo miraba con los ojos entrecerrados durante unos segundos y el pánico se apoderó de él, aunque no lo manifestara exteriormente. La pelirroja, por su parte, entendía que estaba a punto de descubrir algo importante relacionado con el guapo merodeador, pero que se le escapaba de las manos, aunque fuera cuestión de tiempo descubrirlo…

-Entonces hemos terminado ya, ¿no? Podemos irnos- dijo Claudy sonriendo aduladoramente a Dumbledore, que le devolvió una taimada sonrisa.

-Pues verá, señorita White, además, usted, el señor Grace y la señorita Roberts serán los encargados de ayudar al señor Filch en sus tareas de limpieza y a Ada Millow del mantenimiento de sus animales y criaturas mágicas- dijo sin perder la sonrisa, aunque Claudy se quedó clavada en el sitio- sin magia- y casi se desmaya al escuchar las últimas palabras del director.

-Qué pena, se va a manchar sus delicadas manos de princesita- murmuró fingiendo tristeza Yasmine y haciendo que sus amigas se rieran, incluso Sirius esbozó una elegante sonrisa al oír a la joven.

-Bien…creo que eso es todo…que descansen pues- y con un leve movimiento de mano, Dumbledore les invitó a abandonar la estancia.

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- Me van a descubrir- Remus no solía mostrarse nervioso o preocupado, pero la mirada de Lily aún acudía rauda y veloz a su mente como si de su peor pesadilla se tratara.

- ¿y no pensaste eso cuando te disfrazaste de lobito feroz, Rem?-James aún no le había perdonado lo de Halloween.

- Vamos, Prongs, no hurgues en la herida. Lo hecho, hecho está- Sirius se había acercado a sus amigos por detrás tras despedirse escuetamente de Claudy, que se dirigía a la torre de Ravenclaw junto a Peter Grace.

- No, tiene razón, soy un estúpido- se lamentó el licántropo mientras echaba un breve vistazo a la media luna que se alzaba tímidamente en el cielo- he sido un inconsciente últimamente, y yo no he sido nunca así…no sé que me está pasando.

Sirius y James carraspearon intentando ocultar la risa.

-Amigo mío, el amor a veces nos hace inconscientes- murmuró James, a la misma vez que Sirius se abalanzaba sobre el chico de ojos dorados y le revolvía el pelo amistosamente.

-¿qué dices? ¡te vas a enterar!- exclamó el licántropo sin poder contener la carcajada y lanzándose hacia James, que no le dio tiempo a esquivarlo.

Y así, entre empujones, puñetazos y risas, llegaron al cuadro de la Dama Gorda, que, bastante malhumorada, les reprendió por la hora de llegada y les amenazó con dejarlos dormir en el pasillo… amenaza que no duró mucho, pues la irresistible sonrisa de cachorritos inocentes que le dedicaron los tres jóvenes la hicieron cambiar súbitamente de opinión…al fin y al cabo, eran los merodeadores.

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Estelle no les había dirigido la palabra en todo el trayecto desde el despacho de Dumbledore hasta la habitación de las chicas de Gryffindor. Ni siquiera las miró a la cara cuando, con el semblante extrañamente serio y el entrecejo fruncido, se había metido en la cama sin darles las buenas noches y había corrido los doseles bruscamente. Lily y Yasmine se miraron preocupadas y entendieron hasta que punto habían metido la pata. Estelle no solía enfadarse demasiado, es más, siempre intentaba ser positiva y ver el lado bueno de las cosas, pero que sus amigas le mintieran tan descaradamente parecía haberla herido en lo más profundo de su corazón. Y así, con el corazón encogido, se acostaron aquella noche Lily y Yasmine, y así se levantarían a la mañana siguiente, cuando descubrieran que Estelle no estaba en la habitación para darles los buenos días tan sonriente como se levantaba cada mañana.

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-¿Qué hace una pelirroja tan guapa a estas horas de la mañana en la lechucería?

Estelle se giró sobresaltada y descubrió a Remus apostado en uno de los marcos de la puerta de forma abovedada. La miraba con una ceja alzada y los brazos cruzados a la altura del pecho.

-Supongo que pensar- dijo sonriendo y volviendo a asomarse por uno de los estrechos ventanales de la habitación circular.

-No podías dormir- no era una pregunta, estaba constatando un hecho, y de repente se sorprendió de lo cerca que estaba Remus de ella y de cómo, en un segundo, aquello la turbó de tal manera que tuvo que alejarse un poco de él.

-No, no podía- respondió intentando serenarse.

-¿no huele un poco mal?

Estelle lanzó una carcajada al frío aire matinal.

-Son los excrementos de las lechuzas- aclaró la joven. Remus hizo un gesto de asentimiento, pero no dijo nada.- verás- Estelle se giró y lo miró a la cara. Observó a Remus mirar por la misma ventana que ella, como la suave luz blanquecina bañaba una parte de su rostro dejando la otra oculta en la oscuridad y como un mechón de pelo castaño claro rebelde le tapaba la mitad de su dorado ojo. De repente le dieron unas ganas increíbles de apartarle el aquel mechón del rostro, y así se vio ella misma haciéndolo, y colocándoselo detrás de la oreja. Remus la miró con sorpresa, pero sus labios dibujaron una agradable sonrisa. Fue un momento íntimo, un momento especial en el que los ojos dorados de él se perdieron en los azules de ella y viceversa, hasta que, al fin, ella habló, y aquel momento mágico terminó, devolviéndolos a una realidad que ni mucho menos tenía que envidiar a aquel pequeño instante.- verás, es una de las zonas más altas del castillo- prosiguió Estelle intentando olvidar que el corazón parecía querer salir de su pecho a pleno galope- pero no la más alta, digamos que está en un punto medio, y eso me relaja bastante…además, las vistas son preciosas. Vengo aquí cada vez que necesito despejarme y aclarar mis ideas.

Remus la observó con interés, pero pronto cayó en la cuenta de que era lo que a Estelle le preocupaba.

-No te dijeron nada, ¿verdad? Lily y Yasmine no te dijeron lo del filtro.

-En realidad sí- Estelle bajó la cabeza en un gesto de incomprensión- pero les dije que no hicieran nada, que no quería que se metieran en líos.

-Y ahora están castigadas.

-Y ahora están castigadas- repitió ella como si fuera un resultado ridículo.

-Te quieren mucho, ¿lo sabes, no?- Estelle lo miró unos segundos, intentando descubrir a dónde quería llegar Remus.

-Lo sé.

-Créeme, yo hubiera hecho cosas mucho peores a Gladys si fuera ellas.- pero en la mente del licántropo la imagen de Adrien aprovechándose de una Estelle alcoholizada se repetía una y otra vez. Apretó los puños y tensó la mandíbula, conteniendo la rabia que lo invadía cada vez que recordaba al ravenclaw.

-Pero esa no es la cuestión, me lo prometieron.- replicó ella observando intrigada la tensión del joven.

-Lo sé.

-¿nada más?

-¿qué vas a hacer?

Estelle suspiró con cansancio y volvió a perder la vista en el paisaje otoñal que les regalaba la naturaleza, se frotó las manos nerviosamente y lanzó una breve mirada a su acompañante.

-Pues… aunque no te lo creas, voy a acompañarlas en el castigo.

Remus la miró largamente, no parecía para nada sorprendido, es como si ya se esperase la reacción de ella, y simplemente sonrió cariñosamente a la pelirroja.

-Eres una chica muy especial, Estelle.- ella le miró sin comprender.

-En parte es culpa mía.

-No lo es, y tú lo sabes, pero irás, porque si no fueras, no serías tú, al fin y al cabo. Que tengas un buen día, nos vemos- y sin dejar de mirarla, Remus alcanzó la puerta, le guiñó un ojo y se perdió de vista tan rápidamente que a la joven no le dio tiempo ni a despedirse.

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-Lily, Estelle no ha venido a desayunar- hizo notar Yasmine mientras removía los cereales sin ni siquiera tocarlos.

-Créeme, lo he notado- replicó la pelirroja, que no había dejado de mirar fijamente la puerta desde que habían entrado a desayunar.

-Soy idiota, fue mi culpa- se lamentó Yasmine pesarosa.

-No fue solo tu culpa, lo decidimos las dos, ¿recuerdas? Deberías dejar de echarte las culpas de todo, Yas.

-Y si no fuera por James, Lily, nos habrían expulsado- añadió la morena- recuérdame que le dé un beso de agradecimiento cuando lo vea.

-Déjame lo del beso a mí vale- replicó Lily molesta. Muy a su pesar, ambas sonrieron, relajándose unos segundos.

-¿Qué os hace tanta gracia?

-¡Estelle!- exclamaron las dos gryffindors a la vez.

-Si, soy yo… que caras chicas, parece que habéis visto un fantasma.- bromeó la pelirroja.

-¡Estelle!- volvió a repetir Lily abalanzándose sobre su amiga y abrazándola con fuerza.

-¡Lo sentimos mucho, de verdad! ¡no queríamos hacerte daño!- gritó Yasmine imitando a Lily.

-Chicas, chicas, chicas…- dijo Estelle separándose trabajosamente de sus amigas- está bien, estáis perdonadas.- Lily y Yasmine se miraron entusiasmadas.- pero no volváis a hacerlo.

-¡Prometido!- chillaron las dos amigas a la vez.

-Gracias, de veras, por todo.- en el fondo, no parecía enfadarle tanto la venganza de sus amigas.

-Bueno, mira el lado bueno- le dijo Lily mientras devoraba una tostada camino a Transformaciones, la primera clase del día. El hambre parecía haber regresado raudo y veloz tras la llegada amistosa de Estelle- por lo menos no tendrás que pasar una noche vagando por ese maldito bosque en busca de unas ridículas hadas.

-En realidad sí, os voy a acompañar.- respondió resueltamente.

-¿qué? No estarás en serio, ¿verdad?- preguntó Yasmine con un tono bastante peligroso.

-Sí, he hablado con Dumbledore, y no le ha parecido del todo mal.

-No te vamos a dejar, lo sabes, ¿no?- replicó Lily mirándola duramente.

-Creo que no tenéis opción- dijo Estelle con un brillo malicioso en la mirada- me lo debéis- y apretando el paso, las dejó atrás camino de la clase de Transformaciones dignamente…hasta que se dio cuenta de que iba por el camino incorrecto y volvió junto a sus amigas, que la esperaban conteniendo la risa a duras penas.

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Y la semana pasó volando, y llegó aquel primer y helado viernes de noviembre, día en el cual Remus y Adrien se batiría en duelo mágico contra Adrien en pos de Estelle. Remus no había tardado en informar a James, Sirius y Peter del encontronazo con Adrien en Halloween y de aquel duelo, pero se ahorró la parte en la cual comentaba furioso lo mucho que le enfadaba que Adrien siguiera saliendo con Estelle, a expensas de que ésta apenas si recordaba lo que había hecho en el baile. Pero la rabia, tanto humana como lobuna, que lo invadían sumada a la proximidad de la próxima luna llena, lo llenaron de una determinación y una seguridad difíciles de derrotar, alentadas además por aquel íntimo momento que había vivido con la joven en la lechucería. Por otro lado, las reacciones de sus amigos fueron tal y como él se esperaba.

-¡Por fin algo de acción!- exclamó Sirius alzando las manos al cielo como si éste hubiera respondido a sus plegarias.

-¡Le daremos a ese ravenclaw lo que se merece!- gritó James con un puño amenazador en alto y con la emoción brillando en sus ojos castaños.

-¿más problemas? ¡no contéis conmigo!- Peter se cruzó de brazos indignado y muy, muy asustado. Sus amigos suspiraron y lo miraron como si no supieran que hacer con él.

De modo que, cubiertos con la capa invisible, los cuatro merodeadores (Peter obligado y a regañadientes) se encaminaban más contentos que unas castañuelas y a paso raudo y veloz a la torre norte, poco antes de que el reloj marcara las 11.

Aquella misma tarde, Yasmine había llegado puntualmente a su castigo. Ada la esperaba con una ceja alzada y una sonrisa divertida y astuta dibujada en sus finos labios. La joven suspiró y sonrió a su pesar, bajando la cabeza azorada.

-Así que ya te han castigado, jovencita- la reprendió Ada Millow. Yasmine se encogió de hombros sin contestar- ¿qué has hecho? ¿tirarle un vaso de zumo de calabaza a alguien?- preguntó socarrona.

-¡estaba defendiendo mi honor, Ada!- alegó Yasmine en su defensa. La profesora la miró sorprendida y luego estalló en carcajadas- y era ponche-añadió sin que la anciana la escuchara.

-¿honor? Para defender tu honor, Roberts, antes tienes que tenerlo- espetó una voz engañosamente suave a sus espaldas. Ada se calló de golpe y miró a Claudy White, que acababa de llegar, de arriba abajo escrutadoramente, aunque de forma discreta, como solía hacerlo cuando intentaba descubrir las intenciones de alguien. El resultado final no pareció gustarle demasiado, pues sus labios se fruncieron a la misma vez que sus cejas blanquecinas.-Mide tus palabras, jovencita. Además, vuestro honor va a quedar empañado por cientos de toneladas de excrementos de hipogrifo- estiró el brazo y señaló el amplio terreno vallado que se extendía a sus espaldas en el cual unos hipogrifos descansaban tranquilamente. Sonrió al ver la cara de asco que se le quedó a Claudy, y la de satisfacción de Yasmine, que adoraba a aquellas mágicas criaturas.

-Después de estar toda la tarde fregando los baños sin magia y con Filch pegado a las espaldas esto va a ser un paseo- opinó Peter Grace, que acababa de llegar junto a las chicas. Al parecer, toda la tarde de limpieza parecía haber borrado en parte su constante y enorme sonrisa.

-Bien, poneos esto- Ada se agachó y cogió de un cesto que había a sus pies lo que parecían túnicas gigantes y de un material bastante duro y resistente.- y esto también os hará falta- dijo tendiéndoles unos guantes gruesos color tierra- y esto- se alejó unos pasos y volvió con tres enormes palas de hierro.

Claudy contempló la pala, la túnica y los guantes con un asco infinito, y por un momento pareció que se iba a negar en rotundo a cumplir su castigo, pero la mirada de acero que Ada le dirigió le valieron para cerrar el pico unos segundos y obedecer a la profesora, de la que más tarde despotricaría sin piedad.

-Cuando termines- le susurró la anciana a Yasmine sujetándola del brazo y rezagándola de sus compañeros de castigo- puedes quedarte un rato, y a cenar.

-¡Pero Ada! ¡a partir de las nueve no puedo andar sola por el castillo!- exclamó apurada la joven. Ada sonrió ampliamente.

-¿Te castigan y ahora no te atreves a ir sola al castillo un poco tarde, niña?

-Está bien, pero si me pillan…

-No te preocupes, yo me encargaré.

Y durante dos largas horas, Yasmine, Claudy y Peter se dedicaron a dejar el prado como los chorros del oro. De modo que cuando el sol ya estaba casi oculto entre las montañas, Ada les dio permiso para irse y se quedó a solas con la gryffindor.

-Sígueme, chiquilla- dijo avanzando a sus acostumbrados pasos largos y ligeros. Yasmine tuvo que correr un poco para alcanzarla. Había seguido a Ada cerca del grupo de hipogrifos.

-Este es Ileus- dijo señalando a un majestuoso hipogrifo negro, con las pupilas ambarinas y el pico oscuro- mi Ileus- la anciana se aproximó al animal sin ni siquiera hacer una reverencia, y le acarició las plumas de la cabeza. El hipogrifo se agachó dócilmente y se dejó acariciar.

Yasmine estaba maravillada, había visto y estudiado a los hipogrifos, pero aquellos animales siempre conseguían asombrarla sobremanera. Tal altivos, tan inteligentes, tan…humanos.

-Y esta, esta es Aleas- dijo acercándose a una hembra de hipogrifo, parecía joven y esbelta, y su plumaje era de un color cobrizo que le recordó al cabello de Henry. Sin embargo, sus ojos eran tan grises como el acero y de momento Sirius, en concreto sus ojos, vinieron raudos a su mente.- es la más joven de todos, pero es leal y valiente… me recuerda mucho a ti.

-Gracias- Yasmine apenas pudo corresponder al cumplido, ella misma estaba poniendo en juego su lealtad, aunque realmente no fuera decisión suya.

-Bueno, ¿te apetece dar una vuelta?

-¿ahora? ¿no crees que es un poco peligroso andar a estas horas por aquí?

-¿y quién dijo andar?- preguntó Ada con una sonrisa aventurera y acercándose a Ileus.- yo prefiero volar, niña- y de un ágil salto, que para nada daba fe de su edad, se encaramó al lomo del hipogrifo que la acogió gustosamente.- acércate a Aleas, e inclínate ante ella, no tengas miedo.

Yasmine hizo lo que la profesora le ordenó, se inclinó solícitamente ante la joven hipogrifo, que la observó unos segundos debatiendo si era o no de confianza. Al final pareció ser de su agrado, pues correspondió entusiastamente a la reverencia de la joven.

-Ahora acaríciale un poco.

-Hola…Aleas- Yasmine sonrió complacida mientras acariciaba las suaves plumas del animal. Aleas se inclinó y rozó con el pico la cara de la joven, muy suavemente.

-¡Arriba!- gritó con alegría Ada.

Yasmine se acercó a los flancos del hipogrifo, y de un salto, se colocó encima del lomo del animal, apoyando los talones en el nacimiento de las alas. Oyó a Ada emitir un extraño ruido, y después Aleas empezó a moverse. Al principio no fue para nada cómodo, hasta que Yasmine no se hubo acostumbrado al movimiento del cuerpo del hipogrifo no se sintió del todo segura, pero al cabo de un rato, y cuando el resto de hipogrifos no eran más que un pequeño punto en el lejano suelo, se dejó llevar.

-¡Esto es maravilloso!- gritó a su profesora, que se había colocado a su lado. La anciana reía alegremente y espoleó a Ileus aumentando la velocidad de su vuelo. Aleas, para no quedarse atrás, hizo lo mismo, por lo que Yasmine se tuvo que agarrar con fuerza a las plumas del animal para no caer. Aunque ya no le importaba. Sobrevolaban Hogwarts, y nunca recordó haber visto una imagen tan bella. El castillo se alzaba imponente, majestuoso, inmenso, orgulloso tras miles de años coronando aquel lugar… podían ver la luz en algunas ventanas, pasaron rozando las torres más altas, y luego siguieron ascendiendo hasta que pudieron contemplar aquella maravillosa puesta de sol. El cielo tenía un matiz anaranjado, rosáceo, azulado… las estrellas empezaban a salpicar el cielo y el crepúsculo daba la bienvenida a la noche. Los hipogrifos siguieron avanzando hasta llegar al lago, descendieron en picado y volaron a ras del agua. Yasmine se inclinó y pudo trazar una línea recta en su superficie, mojándose apenas la punta de los dedos…era una sensación tan liberadora, que podía haber permanecido horas y horas a lomos de Aleas, pero al cabo de un rato, el frío aire casi invernal comenzó a helarle las manos y el rostro y sus piernas empezaron a flojear de cansancio. Para entonces, ya estaban aproximándose a la explanada y aterrizando con suavidad, disfrutando de aquellos últimos momentos de emoción y libertad.

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- ¡me has pisado!- gimió Peter agarrándose el pie con las manos para mitigar el dolor.

-¡shhh! ¡cállate! ¡nos van a descubrir!- susurró Sirius cabreado.

- ¡Echaos a un lado! ¡viene alguien!- exclamó James alterado mientras Remus tiraba de ambos y los metía en uno de los huecos de una de las armadura que había en el pasillo.

Guardaron silencio unos segundos mientras oían a alguien andar a paso ligero hacia el lugar donde estaban. Era Yasmine, y parecía procurar que nadie la viera, nada raro, teniendo en cuenta que casi eran las 11 de la noche y estaba prohibido merodear a esas horas por el castillo. Pero la tranquilidad le duró poco, pues una figura negra que andaba arrastrando los bajos de la túnica la alcanzó a tiempo y la cogió sin muchas ceremonias de un brazo, apretándola contra la amplia cristalera que quedaba justo en frente de la armadura tras la cual los merodeadores se habían escondido. James y Remus tuvieron que agarrar con fuerza a Sirius para que no saliera de su escondite, por lo menos hasta que no descubrieran de quién se trataba.

-¡Snape!- exclamó la joven en voz más alta de la que pretendía. Se llevó una mano a la boca asustada y miró a su alrededor por si había alguien que pudiera haberla escuchado.

-He insonorizado el pasillo, Roberts- contestó fríamente el slytherin ante la muda pregunta de ella.

-¿qué quieres?- preguntó ella de malas maneras zafándose de la garra del chico.

-He descubierto algo muy interesante, Roberts… - dijo amenazadoramente.- algo demasiado…oscuro.

-¡Shh! ¡cállate!- exclamó ella. A la luz de la luna, los cuatro merodeadores pudieron ver que tenía los ojos brillantes por las lágrimas- no quiero saber nada más de todo esto.

-Pero tú eres…

-¡No! ¡He dicho que te calles!- Yasmine hizo ademán de seguir su camino, pero Snape la volvió a retener.

-Solo espero que sepas donde te metes, Roberts, tal vez no puedas salir tan fácil ya.

-Eso es solo asunto mío, ¿queda claro?- su voz sonó clara y fría, a pesar de que parecía bastante afectada.

Snape la contempló durante unos segundos que se le hicieron eternos, tanto a ella como a los merodeadores, y luego la soltó y la dejó marchar. Observaron a Snape maldecir en voz baja y marcharse, mientras su túnica ondeaba de forma siniestra a sus espaldas.

-¿de qué va todo esto?- preguntó Sirius asombrado.

-Ni idea- James se acarició el cabello pensativo.- pero a mí no me da buena espina.

-¡Son las once, vamos a llegar tarde!- apremió Remus, tirando de ellos.- ya averiguaremos que se trae Snivellus entre manos.

Sirius, sin embargo, no se quedó más tranquilo, pero siguió a su amigo sin protestar, a pesar de las ganas que tenía de correr tras la morena e interrogarla a fondo sobre la extraña conversación que acababa de presenciar.

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- ¿Preparado para perder, Lupin?- escupió Adrien mientras agarraba la varita con firmeza y entrecerraba sus ojos verdes.

Henry había ido con él, y parecía muy nervioso. A él no le gustaba discutir, pero si estaban por medio los merodeadores…mucho menos. No es que fuera un cobarde, sencillamente es que estaba mejor sin tener que enfrentarse a nadie. Al ver al amigo de Adrien acompañando al joven, James y Sirius habían decidido mostrarse también, por si tenían que intervenir, Peter había decidido permanecer oculto. Ahora, además del duelo de miradas asesinas entre Remus y Adrien, se sumaron a la pelea visual Sirius y Henry, que no le perdonaba al merodeador que hubiera hecho daño a Yasmine, y éste no le perdonaba que hubiera ido con ella al baile.

-Lo mismo podría preguntarte yo, Wilkinson.- dijo Remus en un susurro que destilaba peligro en cada sílaba.

-¡Desmaius!

-¡Protego!

Adrien había atacado casi sin avisar, pero Remus había sido más rápido y había interceptado el conjuro. La fuerza de ambos hechizos los lanzó hacia atrás a ambos. Adrien trastabilló y casi cayó al suelo, pero Remus saltó hacia atrás y aterrizó suavemente, sin tropezarse.

-Eso, es juego sucio- espetó Remus con peligrosa tranquilidad. Se puso en guardia, con una mano por encima de la cabeza, y la que sostenía la varita apuntando con seguridad al cuerpo de Adrien. El muchacho lo imitó y Remus procedió a atacar, sin pronunciar en voz alta el hechizo un haz de luz roja cruzó la habitación y casi impactó en el ravenclaw, segundos antes de que este moviera la varita apuradamente y convocara un hechizo para interceptarlo, pero no le dio tiempo a atacar puesto que Remus volvía a la carga una y otra vez, cada vez con más fiereza y agresividad, ante la atónita mirada de su oponente.

-Parece que no le hacemos mucha falta, ¿no? Que mal amigo, no nos va a dejar divertirnos a nosotros- se quejó Sirius a James.

-Este Remus…- dijo el chico de gafas sonriendo ante el espectáculo que les estaban dando.

Estaba claro cuál iba a ser el resultado del duelo, pues al cabo de un rato, Adrien estaba casi agotado y apenas le quedaban fuerzas para defenderse, mientras que Remus parecía más fresco que una lechuga. Decenas de rayos verdes, azules y rojos surcaban la sala a la velocidad del rayo, para luego revotar en el escudo invisible del ravenclaw y despedir miles de chispas de colores. Al poco tiempo, Adrien no tuvo más fuerzas para convocar un nuevo escudo y saltó a un lado, esquivando por los pelos el último hechizo de Remus.

-Me rindo, me rindo- dijo sin aliento.

Remus esbozó una sonrisa lobuna.

-Dejarás en paz a Estelle- afirmó acercándose a él hasta quedar a un par de metros. Adrien cabeceó vagamente y Remus se acercó aún más, agachándose a su lado y cogiéndolo por la pechera de la túnica- júralo.

-¡si! ¡lo juro!- exclamó el chico asustado y cansado. Remus volvió a sonreír con suficiencia y lo soltó, dándole la espalda para dirigirse a sus amigos, sin ver cómo Adrien se levantaba pesadamente y lo contemplaba con una mueca de rabia y locura dibujada en su rostro. Tampoco vio como alzaba la varita apuntando a la espalda del licántropo, pero Sirius y James si lo vieron, y Remus lo intuyó, pues momentos antes de que el ravenclaw pronunciara la maldición, tres desmaius lo golpearon violentamente lanzándolo contra la dura pared y dejándolo inconsciente.

-Llévate a tu amigo de aquí, Bitterman- ladró Remus al joven, que observaba al ravenclaw anonadado y a los merodeadores sin entender, pues no había visto el movimiento traicionero de Adrien.

-¡Maldito cobarde!- exclamó Peter indignado…aún oculto por la capa invisible.

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Y de nuevo, casi sin darse cuenta, noviembre fue llegando a su meridiano, acercando cada vez más el castigo impuesto por Dumbledore. La luna llena se acercaba y Remus estaba cada vez más inquieto. En esta ocasión, no estarían sus amigos para divertirse con él, y para alejarlo de los humanas, ni para vigilar que no fuera a donde no debía ir. Habían visitado un par de noches la casa de los gritos para reforzar las maderas que cubrían las ventanas y puertas y adecuar una habitación para que Remus no tuviera que salir de ella. Por lo demás, el licántropo estaba más feliz que nunca, ya que apenas veía a Adrien y Estelle juntos, y el joven pasaba un poco más de tiempo con ella, cualquier excusa era fácil: estudiar, descansar, leer… se les veía juntos cada vez más a menudo, y la joven pelirroja apenas echaba en falta la compañía del ravenclaw, que parecía habérselo tragado la tierra.

James y Lily también atravesaban un período de relativa paz. No se veían tanto como al merodeador le hubiera gustado, pues entre los entrenamientos de quidditch, cada vez más numerosos a causa de la cercanía del primer partido de la temporada, y las responsabilidades de ella con los diversos clubes a los que estaba asociada, ni siquiera la excusa de que eran Premios Anuales les servía para disfrutar de la compañía el uno del otro.

En cambio, Sirius y Yasmine… eran harina de otro costal. El merodeador seguía con Claudy, y Yasmine aún seguía dolida por el comentario que Sirius supuestamente había hecho sobre ella. Una tarde de un lluvioso y nublado martes de noviembre, mientras los jugadores de gryffindor se dirigían al castillo tras un entrenamiento especialmente duro, el joven la agarró de un brazo y la retiró del grupo para poder hablar con ella. Yasmine, una vez se hubo dado cuenta de quien la había agarrado, se desasió con brusquedad del chico.

-¡qué manía tenéis los tíos con agarrar del brazo como si tuvierais pleno derecho a hacerlo!- exclamó malhumorada apartándose el pelo mojado de la cara.

-¿quién más te agarra del brazo, Yasmine?- preguntó Sirius con los celos brillando en sus ojos grises. La chica bufó divertida.

-A ti eso no te incumbe, ¿qué demonios quieres?

-Verás…resulta, que últimamente te veo pasar demasiado tiempo con Snape- soltó Sirius como quien no quiere la cosa. La cara de Yasmine era una mezcla de confusión, incredulidad y hasta, podría haber jurado el merodeador, algo de miedo.

-¿¡qué?!- pudo decir al fin.- Black, no hablo con Snape. Nunca he hablado con él, y no me interesa en absoluto, no sé de dónde has sacado eso, y aunque lo hubiera hecho, ¿¡qué más te da a ti!?

-Shhh, no grites.

-¿¡por qué?!- preguntó ella en el mismo tono- ¡tú no eres quién para decirme con quién debo pasar el tiempo, Black, ¿queda claro? ¡olvídame!- y volviendo a quitarse el cabello mojado del rostro, echó a caminar a paso ligero dejando detrás al merodeador.

Desde entonces, no se habían vuelto a dirigir la palabra, y para Yasmine, el inminente castigo estaba empezando a traerle fuertes dolores de cabeza. No sabía si podría sobrevivir una noche entera con Sirius Black pegado a sus talones.

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-No vienen, vámonos sin ellos- apremió esperanzada Yasmine a Estelle y Lily. Estaban esperando a Sirius y James en el vestíbulo del castillo para emprender la marcha hacia el Bosque Prohibido.

-No entiendo cómo Dumbledore nos deja ir solos, de noche, a ese lugar- Estelle contuvo un escalofrío y se envolvió aún más en su gruesa capa negra.

-Dumbledore confía en nosotros- dijo James Potter mientras bajaba la escalera de la entrada y se reunía con ellas. Sirius lo seguía de cerca y parecía bastante animado con la perspectiva de aquella salida nocturna.

-Pero tenemos que ir con cuidado- advirtió Lily mientras sonreía a James a modo de saludo- además, nos ha dado esto- sacó una bolsita marrón de un bolsillo de su capa y se las enseñó a los gryffindors.

-¿Para qué queremos una bolsita?- preguntó Sirius perdido.

-Ejem…te dijimos que te trajeras la neurona, Black- pinchó Yasmine.- ¿qué? Es que me lo ha puesto en bandeja- dijo ante la mirada de censura que le lanzaron sus amigas.

Lily suspiró resignada y abrió la bolsita de cuero marrón con un golpe de varita, pues estaba fuertemente anudada, y extrajo de ella lo que parecía un colgante de cadena dorada y larga, con una figura redondeada y aplanada, cuyo centro estaba adornado con una piedra de color esmeralda. Lily se lo echó al cuello y sacó un colgante más, esta vez de color rojo, que tendió a James. Había tres colgantes más, uno con la piedra rosa, que dio a Yasmine, otro azul para Estelle, y una gris para Sirius. Todos se colgaron aquellos extraños collares y miraron a Lily buscando una explicación.

-Es una especie de piedra de Kara- ante la mirada inquisidora de sus compañeros, prosiguió su explicación.- crea un escudo temporal que te aísla de hechizos, maldiciones, y ataques físicos.

-¿Cómo de temporal?- preguntó Sirius.

-Nunca he usado uno, pero creo que para hasta un par de horas después de media noche tendremos de sobra.- respondió la pelirroja.

-Bueno, a lo mejor no lo necesitamos- opinó Yasmine. La respuesta de sus compañeros vino en forma de mirada escéptica.

-Mirad, está brillando- dijo Estelle señalando su piedra aguamarina, que desprendía un brillo azulado.

-La piedra ya está funcionando, así que deberíamos darnos prisa.- Lily se abrochó la capa y se puso el gorro negro de la misma, internándose en la agobiante oscuridad que era dueña de los alrededores del castillo.

James no tardó en seguirla y luego fueron Estelle, Yasmine y Sirius.

Quedaba completamente claro que en menos de una semana, el invierno llegaría a ellos irremediablemente, pues el frío se hundió en los rostros de los jóvenes como cuchillos incandescentes. Sin embargo, se habían hecho un hechizo de calefacción que los mantenía cómodamente cálidos en el interior de sus ropas. No tardaron en dar alcance a los límites del bosque, y una vez llegado ese punto, Lily se detuvo en seco.

-Yas, tú eres la experta en Hadas de Medianoche- dijo la pelirroja mirando a su amiga en la penumbra de la noche. Tan solo les alumbraba la luz de aquella enorme luna llena. La aludida se puso a la cabeza del grupo y dijo con voz tranquila:

-Las Hadas de Medianoche salen a bailar a la luz de la luna llena durante exactamente una hora.

-De doce a una- dijo James. Yasmine asintió.

-No es fácil alcanzarlas, y si ven algún signo de peligro, no tardan en esconderse. Así que debemos ser sigilosos y ante todo, muy muy discretos- dijo mirando duramente a Sirius, que captando la indirecta, apagó las luces que salían de su varita.

-Para eso no hay problema, me he traído a una vieja amiga- James se palpó el bulto de su capa invisible debajo del jersey y sonrió confiado.

-¿y dónde están esas Hadas?- preguntó Estelle sobrecogida al escuchar el aullido terrorífico de un lobo en la lejanía- no habrá lobos por aquí, ¿no?- preguntó blanca como la cera. James y Sirius cruzaron una mirada de preocupación.

-Tenemos que buscar un pequeño claro bañado por la luz de la luna llena, cubierto de hojas secas y rodeado de árboles que lo oculten casi a la vista.

-¿cómo sabes todo eso?- preguntó Sirius asombrado. Yasmine se encogió de hombros y sonrió a la oscuridad.

-Bueno, creo que nosotros sabemos dónde está ese claro, ¿no, Pad?- James golpeó a su amigo en el hombro amistosamente. Sirius sonrió pero se callaron al ver a las tres chicas mirándolos fijamente, sin parpadear, creyendo que les tomaban el pelo.

-El prado estará al sur, donde se despejan los árboles, así que utilizaremos el hechizo brújula- dijo Yasmine sin fiarse un pelo de aquellos dos. Se puso la varita sobre la mano y murmuró unas palabras. La varita giró rápidamente señalando hacia delante y levemente inclinada hacia la izquierda. Yasmine aceleró el paso tomando aquella dirección.

Sirius y James optaron por no abrir más la boca, pues terminarían por delatarse a sus compañeras y no deseaban tener que dar explicaciones.

-Esto es muy aburrido- se quejó Estelle al cabo de un rato.

-¿qué quieres? ¿Qué nos devoren los Winguls?- preguntó Sirius divertido.

-¿Winguls?

-No hay Winguls en Escocia, Black, están más al norte- replicó Yasmine.

-Si que los hay, este bosque es más húmedo y frío que otros bosques de Gran Bretaña.

-Y más peligroso- añadió James.

-No hay Winguls- Yasmine siguió en sus trece.

-¡Si que los hay!- exclamó Sirius, que lo sabía por una desagradable experiencia en una de sus aventuras con Remus transformado en licántropo. Se cayó al darse cuenta de que otra vez volvía a hablar de más.

-¿y por qué estás tan seguro? ¿acaso has visto alguno?- preguntó Yasmine con una ceja alzada.

-¿alguien me va a explicar que son los Winguls?- preguntó Estelle terminando con la disputa de los jóvenes.

-Son unos nativos de algunos bosques de Gran Bretaña, los más fríos y húmedos, por lo que pueblan los del norte del país.

-¿y qué hacen?

-Digamos que les gusta la carne humana sin asar- dijo Sirius tranquilamente.

-¿Cómo son esos Winguls?

-Son pequeñitos, y se camuflan con las ramas de los árboles. Tienen las extremidades muy delgadas, como si fueran pequeñas ramitas, y en vez de pelo tienen una maraña de hojas. Las uñas las tienen muy puntiagudas y también los dientes, y los ojos son pequeños y oscuros. La verdad, no son muy agradables a la vista.- describió Yasmine.

-Qué miedo…- Estelle se estremeció al escuchar otro aullido feroz, y de repente tuvo muchas ganas de que aquella excursión acabara cuanto antes.

-Por otro lado, Lily se había quedado algo rezagada y le había hecho a James una señal para que la acompañara a su lado.

-James…

-¿Si, Lily?- contempló su rostro nacarado y sus ojos verdes brillando a la luz de los rayos de la luna que se filtraban entre la tupida vegetación y sintió a su corazón dar un vuelco.

-Gracias por todo.

-¿por qué?- preguntó él algo desorientado.

-Por lo del filtro, por decir que fuisteis vosotros, no sé como agradecértelo.

A James se le ocurrieron unas cuantas maneras para agradecérselo, pero no las comentó en voz alta.

-Es lo menos que podía hacer- dijo simplemente.

-Sí, pero después de todo…no he sido muy amable contigo- dijo ella arrepentida.

-Lily, está todo olvidado, ¿recuerdas? Empezamos de cero, y estamos bien así- dijo el merodeador intentando quitarse las ganas locas de besarla que le estaban entrando.

-A mí si se me ocurre una manera de agradecértelo- dijo de repente la pelirroja.

-¿cuál?- pero ella ya se había puesto de puntillas y había besado con ternura y delicadeza una parte muy cercana a los labios del chico, que la miró sorprendido. Lily le sonrió con las mejillas encendidas, aunque debido a la oscuridad ese detalle fue pasado por alto por James, que se acarició con las yemas de los dedos el lugar donde Lily le había besado. Casi sin darse cuenta, se chocaron con Sirius, Estelle y Yasmine, que se habían quedado misteriosamente paralizados.

-Chicos…- dijo Estelle con la voz temblando de miedo- esas cosas se parecen mucho a los Winguls que habéis dicho, ¿no?- en efecto, delante de ellos, un veintena de pequeños nativos armados con pequeñas lanzas de maderas los observaban de arriba abajo con un brillo bastante carnívoro presente en sus pequeños ojos oscuros…

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Un nuevo aullido desgarrador arañó el frío aire de la noche. La señorita Rosmerta se estremeció, y se asomó a la pequeña ventana. Como de costumbre, los ruidos procedían de la Casa de los Gritos. Recordaba muy bien la noche, hacía ya siete largos años, que Albus Dumbledore les había informado de la existencia de violentos espíritus vengadores que se volvían aún más agresivos las noches de luna llena. No es que estuviera en peligro, pero aquellos ruidos tristes, salvajes, le ponían el vello de punta y a veces poblaban sus noches de las más oscuras pesadillas. Cerró la ventana y la aseguró con el cerrojo, a sabiendas de que nadie iba a irrumpir en el establecimiento, pero, sin poder evitarlo, sintiéndose un poco más segura.

Era un lobo enorme, gigante, sin embargo, no tenía el aspecto de un lobo normal de las montañas. Era el doble de grande que los de su especie, su hocico era mucho más alargado y sus colmillos más puntiagudos, bañados en saliva. También tenía mucho más pelo, más grueso, y unas patas más largas y fuertes, y ahora mismo estaba nervioso. Aullaba una y otra vez, como si con ello pudiera salir de aquella agobiante habitación. Daba vueltas a su alrededor impaciente. Ya había arañado todas las maderas, todas las puertas, y apenas si habían cedido, pero ya estaba harto, cansado de su prisión. Se dirigió con tranquilidad a un extremo de la habitación y contempló con un brillo calculador de sus ojos dorados la ventana cegada con las maderas que James, Sirius y su débil alma humana, Remus Lupin, habían asegurado. Tomó carrerilla y saltó, y su cuerpo quedó suspendido en el aire, dibujando una imagen perfecta, incluso bella, de su anatomía, las patas estiradas, la cabeza en alto, para después estrellarse contra las láminas de madera, que, diminutas, ahora insignificantes, se rompieron en mil pedazos, dando al gran lobo la ansiada libertad que se merecía.

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Llevaban un rato corriendo sin parar, perseguidos incansablemente por aquellos diminutos y salvajes seres ávidos de carne humana. Estelle iba la última, pues no estaba acostumbrada a correr y perdió el resuello fácilmente, fue la primera en comprobar que el colgante que Lily les había entregado funcionaba a la perfección, y que, como una burbuja que la rodeaba, los dardos y lanzas venenosos que le lanzaban los Winguls revotaban sin llegar a rozarla. Sin embargo, también fue la primera en comprobar que el escudo no era inquebrantable, y que aquellos dardos venenosos eran, además, mágicos.

-¡queda poco! ¡corred!- gritó Yasmine.- había visto a lo lejos una zona tupida de árboles a través de la cual se podía adivinar el brillo de la luna llena más intenso que en otras zonas del bosque.

-¡no puedo más!- gritó Estelle- ¡van a romper mi escudo!- dijo viendo agobiada como la brillante piedra aguamarina empezaba a titilear.

-¡maldita sea!- gritó Sirius, dándose la vuelta y alcanzando a Estelle. Él si pudo atravesar el mágico escudo, y cogió a la pelirroja en volandas mientras intentaba alcanzar a sus compañeros- ¿no había Winguls, verdad?- le preguntó sarcásticamente a Yasmine cuando llegó a su altura, ella no le contestó, pero frunció el ceño malhumorada.

-¡Cuidado!- era la voz de Lily, unos metros por delante, y de repente desapareció. También James desapareció, como si se lo hubiera tragado la tierra. Y, sin previo aviso, el suelo desapareció bajo los pies de Sirius, aún cargando a Estelle, y Yasmine, y cayeron a un negro agujero lleno de barro.

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El lobo estaba libre, al fin, respiraba oliéndolo todo, estaba en el bosque, aquel bosque que tantas veces había recorrido. No echaba de menos los juegos, aquella noche, su lado salvaje estaba muy por encima de su alma humana. Y necesitaba luchar, pelear, desgarrar… desangrar. Entonces lo oyó. Oyó los gritos, y olió, olió la sangre, la carne humana, y enloqueció. Aquel aullido fue el más largo, el más hiriente de toda aquella larga noche.

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-¿Eso no ha sonado demasiado cerca?- preguntó James a Sirius, que se incorporaba pesadamente en aquel fangoso suelo.

-¡Odio los lobos! ¡Tengo miedo!- exclamó Estelle abrazándose a Yasmine temblando.

-No pasará nada, tranquilízate- dijo James con seguridad. Aunque había palidecido y la mirada que le dirigió a Sirius no era para nada tranquilizadora.

-¿Nos vais a decir que pasa de una vez?- preguntó Yasmine ofuscada.

-¿qué quieres decir?- preguntó James con el corazón en un puño.

-Vamos, cada vez que habéis oído los aullidos de los lobos os habéis mirado asustados, y no es por nada, pero a parte de nosotras, que hemos entrado aquí bastante a menudo…

-¿qué?- preguntaron Sirius y James a la vez. Lily se llevó una mano a la cabeza y a Estelle pareció olvidársele repentinamente su miedo a los lobos.

-Bueno…yo- pero Yasmine ya las había delatado- ¡sí! Venimos aquí de vez en cuando, les enseño algunas criaturas y nos damos algunos paseos… ¿acaso nos vais a delatar?- preguntó peligrosamente.

-Una vez vimos un unicornio- dijo Lily evocando en su mente aquel mágico momento.

-Si, era precioso- Estelle sonrió unos segundos.

-Bueno, por dónde iba, a parte de nosotras, nadie se conoce el bosque tan bien, y vosotros parece que habéis nacido aquí- dijo a regañadientes- ¡si incluso sabíais que había Winguls!

-Hablando de Winguls- James intentó cambiar de tema a toda costa- ¿dónde están?

Yasmine bufó exasperada por el repentino cambio de tema de la conversación.

-Odian los agujeros y el fango, son tan pequeños que se quedan atrapados entre las raíces y el barro, así que solo andan por las copas de los árboles, y además…- un aullido que había sonado muy muy cerca interrumpió a la joven.

-Temen a los lobos…- terminó Estelle aún más asustada.

-Temen a los lobos- afirmó Yasmine.

-Tenemos que coger las alas de las hadas y largarnos de aquí- Lily le había lanzado a James una significativa mirada, y en ese momento el muchacho de gafas se dio cuenta de que lo sabía todo, absolutamente todo sobre Remus. Y también de que sospechaba, como él y Sirius, que era Remus en su estado más salvaje y animal, quien aullaba de aquella aterradora manera esa noche de luna llena.

-Bueno, tenemos que salir de aquí- constató James mientras intercambiaba una mirada con Sirius.

-¿y alguno sabe volar?- preguntó escépticamente Yasmine. James le dirigió una divertida mirada a pesar de la situación y se volvió a su amigo, que asintió sonriendo.

-Chicas, os presento al señor Padfoot- señaló con una mano a Sirius, cuya sonrisa fue adquiriendo un matiz perruno, y al cabo de unos segundos ante ellas se encontraba un precioso y enorme perro de pelaje negro y suave. Yasmine no pudo evitar acariciarlo, y el can le devolvió el saludo con un amistoso lametón en el rostro que hizo reír a la joven- y al señor Prongs, aquí presente- dijo señalándose así mismo. Al cabo de unos segundos un enorme ciervo con una imponente cornamenta las miraba a través de unos preciosos ojos marrones. Lily fue la primera en levantarse y acariciarlo maravillada.

-Sois animagos- dijo sorprendida. El perro negro ladró en forma de respuesta.

Entonces Sirius, o Padfoot, dadas las circunstancias, subió de un ágil salto al lomo del ciervo, y después trepó por la cornamenta de éste con cuidado de no hacerle daño. El ciervo apoyó sus dos patas delanteras en la resbaladiza pared y el perro pudo llegar con relativa facilidad al exterior del agujero, donde volvió a transformarse en Sirius.

-¡Vamos, chicas, subid a Prongs!- apremió Sirius desde arriba.

Lily fue la primera en subir al lomo del ciervo, que le dedicó un juguetón guiño de sus enormes ojos marrones, y con mucho cuidado subió a su cornamenta y Sirius le ayudó a llegar a arriba. En unos segundos, el único que quedaba en aquella zanja era el ciervo, que se retiró un poco y, resbalando y saltando llegó junto a sus compañeros. Se transformó de nuevo en James, que ahora parecía agotado y cansado del esfuerzo.

-¿así que este era vuestro secreto?- preguntó Yasmine sonriendo. Le había encantado aquel perro negro y grande, aunque por ahora no iba a comentárselo a nadie, y mucho menos a Sirius. Estelle se estaba preguntando en qué se transformaría Remus y por primera vez se preguntó por qué no les había acompañado aquella noche. James y Sirius habían dicho que se encontraba indispuesto, pero ella había intuido que detrás había algo más. Otro aullido, aún más cercano y aterrador que el último, la sacó de sus tribulaciones, por lo que suspiró de alivio cuando, con emoción contenida, Yasmine se asomó entre los árboles que rodeaban el claro bañado por la luna llena y dijo:

-Aquí están nuestras Hadas de Medianoche, chicos.

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Octavo capítulo finiquitado. El próximo lo subiré en un par de semanas, dependiendo del tiempo que tenga para escribir. Un beso y no escatiméis con los reviews!!

Roxy