Hola a todosss!! Volví como cada dos semanas . Muchas gracias a los que leéis y a los que dejáis reviews, que aunque no sean muchos me animan bastante a seguir escribiendo. Este capítulo es un poco más corto que los últimos, podía haberlo seguido pero decidí dejarlo en ese punto y continuar la trama en el siguiente capítulo. Este mismo viene cargado de unas cuantas sorpresas y otras cuantas no sorpresas que se pueden deducir del capítulo anteriror. Bueno, uno de los cuatro grandes secretos de los animagos ya está resuelto: son animagos. Si no hubieran mostrado su lado animal (como suena eso) tal vez no hubieran salido del agujero y Dumbledore hubiera tenido que ir a rescatarlos, con lo que ya nos hubieramos cargado el capítulo. Tenemos que tener en cuenta que ni en Hogwarts ni en sus límites (y con ellos incluyo al Bosque Prohibido) no se pueden aparecer, y que tampoco tienen el don de la levitación, de modo que no les quedaba otra salida.

En cuanto a este capi, a lo mejor os resulta un poco extraño, pero tomadlo desde esta perspectiva: una cámara, que en una misma noche va de uno a otro de los protagonistas, de modo que tenemos distintos puntos en los que se desarrolla la acción, ya que también hay algunos pequeños retrocesos y tal, pero eso ya lo veréis vosotros.

No me enrollo más, paso a contestarl los reviews:

Jusse: Review doble, contestación doble jeje, bueno, he de reconocer que lo de las gafas fue un fallo técnico, aunque luego cuando lo dijiste estuve un rato riéndome de mí misma. Es como uno de esos gazapos de algunas pelis, pues igual pero en escrito jejeje. Buenos reflejos al darte cuenta, que yo lo escribí y ni me enteré. Bueno, Claudy está dentro del castigo porque Dumbledore no tiene un pelo de tonto, y supo que si Yasmine le tiró el vaso por algo sería, al igual que lo de Peter Grace, que está castigado por lo del whisky de fuego, pero no lo puse expresamente en esa reunión que tuvieron con Dumbledore. Lily sospechaba lo de Remus, pero aún no había llegado hasta el quid de la cuestión, hasta que vio a James y a Sirius tan nerviosos en el bosque al escuchar los aullidos. Y el resto... te dejo que lo leas... un besiito y gracias por leer y opinarr!!

Edward-and-Bella-lover: Me alegro de que te guste!! de veras, un besazo y gracias por tu opii.

Adhara:buenas!! no pasa nada tú leelo cuando puedas! Jajaja a mis amigas y a mí (a veces) en lugar de correr nos da por ver marcianitos, cosas de la vida, un poquito raro es lo sé... Mmmm playitaa, me encanta la playita, es una pena que este verano yo la haya visto poco, y mira que la tengo a media hora!! pero en fin, toca lo que toca. Tienes razón en eso de que no da buen rollito lo de Estelle, la verdad es que no me gusta ni un pelo la fijación que tiene esta chica con que los lobos no le gustan, que manía!! un besoo guapa y gracias por el review!

Capítulo nueve: Noche de Lobos

-Aquí están nuestras Hadas de Medianoche, chicos.

-Eran pequeñas, tanto que podían caber en la palma de una mano. Su diminuto cuerpo femenino era de un color azulado y brillaba a la luz de aquella enorme luna llena. Era un espectáculo sobrecogedoramente mágico. Las hadas volaban, y sus alas transparentes y delicadas trazaban en el frío aire nocturno surcos de luz brillantes que componían extraños y bellos dibujos. Durante unos segundos, ninguno de los chicos pudo decir nada, contemplando maravillados aquel claro dominado por esas pequeñas criaturas mágicas ajenas al mundo, sumergidas en su propio universo de fantasía.

Al final, fue Estelle la que rompió el silencio con un triste susurro:

-¿Tenemos que quitarles las alas a esas pobres hadas?

-Les vuelven a crecer, y muy rápido además- sonrió Yasmine, que tenía los ojos brillantes de la emoción- nunca creí que viviría para ver esto- confesó a sus compañeros.

-Son preciosas- dijo Lily sin dejar de mirarlas- pero tenemos que darnos prisa.

De inmediato otro feroz aullido resonó entre los árboles, erizándoles el vello. Se habían olvidado completamente del lobo que les hacía compañía con sus aullidos aquella noche.

-Podíamos hacer algún hechizo de camuflaje, no dejarán que les quitemos las alas así porque sí- dijo Lily a los demás.

-No será necesario- James reclamó la atención alzando los brazos- espero que seáis conscientes de que esta noche estamos desvelándoos nuestros más escondidos secretos- dijo muy serio.- resulta que podemos coger las alas siendo invisibles.

-¿Cómo?- preguntó Estelle con curiosidad.

Sirius suspiró, no estaba seguro de que fuera bueno revelar tantos secretos el mismo día, y lo de los animagos había sido totalmente necesario, pero confesarles lo de la capa…miró a James, que también parecía dudar, y luego ambos miraron a las tres chicas.

-¿Y bien?, ¿podemos confiar en vosotras?- preguntó el joven de gafas.

-James Potter, Sirius Black- esta vez fue Yasmine la que habló- somos leales, y no, no vamos a publicar vuestros más escondidos secretos en el Profeta…además, quedan diez minutos para que las hadas vuelvan a esconderse, debemos darnos prisa.

James miró a Lily, que le devolvió una ofendida mirada cargada de decepción.

-Me duele que pienses que no puedes confiar en mí, James- dijo con amargura sin importarle que hubiera nadie más delante.

-Lily, yo no quería decir eso- se excusó el animago.

-Pues lo has dicho, ¬¬.

-¿qué es lo que nos queréis mostrar?- interrumpió Estelle apurada, tras escuchar un nuevo y desgarrador aullido.

James miró a Lily arrepentido una vez más, y luego buscó algo bajo su capa. Sacó lo que parecía una capa antigua con extraños dibujos y se la mostró a las chicas.

-¡Una capa de invisibilidad!- exclamó Lily sorprendida, olvidando su enfado.

-¿Es verdadera?- preguntó asombrada Yasmine, acercándose y tocando el fluido material del que estaba hecha.

Totalmente, tiene cientos de años- dijo James orgulloso.

-Bien, démonos prisa- apremió Sirius- entraremos de uno en uno en el claro, y cada uno cogerá las alas a un hada. Somos cinco, espero que cinco pares de alas basten, y si no, que les den a Gladys y a Begson.- sus compañeros sonrieron conformes.- ¿quién va primero?

Yasmine entró en el claro lentamente, intentando no hacer ruido para no delatar su presencia a las hadas que bailaban ajenas al peligro. Pronto se dio cuenta de que aquellas criaturas, que salían libres una noche al mes durante una hora, estaban tan preocupadas por disfrutar de su libertad que no se habrían dado cuenta de que ella estaba ahí ni aunque no hubiera llevado la capa. De todas formas decidió no arriesgarse. Se acercó a uno de los troncos caídos que había en mitad del llano y vio a un hada sentada en él. Estaba peinando su pequeña y sedosa mata de cabello plateado con unos dedos tan finos agujas. Esquivó a un grupo de ellas que reían divertidas mientras volaban y, con delicadeza, sacó una mano de la capa y cogió al hada que se peinaba. Ésta se dio cuenta, pero no pareció asustarse y ni siquiera se movió, cosa que extrañó a Yasmine profundamente. Acarició sus pequeñas alas transparentes y, casi de inmediato, se desprendieron del cuerpo del hada sin causarle ninguna clase de dolor. Yasmine hizo levitar las alas apurada y las metió en un botecito de cristal que convocó de la nada. Guardó el bote y luego observó al hada unos segundos. Vio cómo ésta miraba lánguidamente su espalda, y allí donde antes había un par de alas habían comenzado a nacer dos nuevas, jóvenes y fuertes. Yasmine sonrió aliviada y salió del claro lo más rápido que pudo.

Con un rápido gesto se limpió las lágrimas de los ojos antes de volver a ser visible a sus compañeros…

Justo y cuando el reloj de oro de James marcaba la una de la madrugada, hubo un súbito revoloteo que pilló a Sirius desprevenido y las hadas desaparecieron. Por fortuna, los cinco habían conseguido un par de alas que habían guardado celosamente en sus túnicas.

-Bueno, no ha estado mal- dijo el merodeador de ojos grises mientras se sacudía de encima el polvillo brillante que habían dejado las alas con sus estelas de luz.

-Ha sido genial- corroboró Yasmine, aún emocionada.

-Sí, pero ahora deberíamos irnos, y llegar cuanto antes al castillo- apuró Lily preocupada.

-Pero… ¿y los Winguls? ¿no volverán a por nosotros?- preguntó Estelle sin atreverse a salir del claro.

-Creo que los Winguls estarán preocupados escondiéndose de otra cosa- murmuró James sombrío. Tanto Sirius como él habían visto aquella sombra que acechaba en la oscuridad, escondida tras los troncos de los árboles.

--&--

Estaban tan cerca… un pequeño salto y una corta carrera y tendría a uno de ellos entre sus afilados colmillos, saboreando aquella carne humana que olía tan bien. Solo necesitaba dejarse llevar por su instinto, no pensar, y sería más lobo, más animal que nunca… ¿Por qué aquella alma humana le ponía tantas limitaciones?

--&--

-Algo va mal, ¿verdad Lily?- susurró Yasmine a su amiga procurando que ni Sirius, ni James ni Estelle la oyeran, cosa que no era muy difícil, puesto que ahora los dos merodeadores estaban demasiado preocupados por vigilar los alrededores que por echarles cuenta, y Estelle tenía demasiado miedo para pensar, y mucho menos para mantener una conversación con nadie.

-Es un lobo,Yas- contestó la pelirroja con voz queda. Yasmine palideció asustada, pero se repuso casi al instante.

-Pero Estelle odia los lobos, tenemos que salir de aquí- dijo con urgencia.

-Hemos tardado casi tres horas en llegar al claro, y una buena parte la hicimos corriendo, no sé si llegaremos antes del amanecer.- la voz de Lily tenía un matiz de desesperación que su amiga solo le había oído cuando protestaba en quinto y sexto por lo pesado que era James o cuando algún examen le salía mal.

-¿y los escudos?

-Temporales- respondió Lily- y quebrantables, no creo que el de Estelle aguante mucho tiempo más, los Winguls los debilitaron bastante.

-¿y en qué estaba pensando Dumbledore?- preguntó la joven ahora enfadada.

-Tal vez Dumbledore no contaba con el lobo.

-¿lobo? ¿qué lobo, chicas?- preguntó Estelle de repente, al parecer alertada al oír aquella palabra.- si hay un lobo aquí me muero- dijo muerta de miedo.

-No te preocupes, Estelle- Lily le pasó un brazo por encima para intentar reconfortarla- no puede quedar mucho.- observó a James otear entre los árboles con decisión y por primera vez en un rato se sintió un poco más segura.

--&--



Su alma humana se resistía con fuerza, luchando con uñas y dientes para que su parte animal no se lanzara a la yugular de sus amigos. Sabía de antemano que era una batalla perdida, que el lobo salvaje que llevaba dentro acabaría por vencer, pero si les diera un poco más de tiempo para huir, para ponerse a salvo… Llevaba ya un buen rato observándolos, caminando oculto entre las sombras del bosque esperando su oportunidad para saltar sobre ellos, y entonces, justo y cuando un rayo de luna iluminó el blanco y pecoso semblante de la pelirroja de ojos azules, el alma humana flaqueó, y la bestia tomó el control, dominadora, terrible…y letal.

--&--

- ¡CUIDADO, ESTELLE!- el gritó de James resonó con fuerza entre los más profundos recovecos del bosque. Él ya había visto a la sombra, sabía dónde estaba, y la había visto saltar hacia la pelirroja, cuyas piernas habían flaqueado de terror y ahora yacía en el suelo demasiado asustada para poder moverse. Pero el gran perro negro había saltado antes de que el lobo llegara a su presa, y ambos chocaron violentamente en el aire. Oyeron gruñidos, jadeos y mordiscos, y ambos animales cayeron al suelo con un golpe seco dando varias volteretas y arrastrando con ellos arbustos y piedras.

- ¡Sirius!- Yasmine había observado anonadada como el lobo saltaba imponente desde las sombras, y como Sirius se había transformado y se había lanzado hacia él para proteger a Estelle. Había oído el ladrido de dolor del perro y el corazón se le encogió en un puño, anegando sus ojos de lágrimas.

-¡Tenemos que salir de aquí, ya!- gritó James- Lily- cogió a la pelirroja y la zarandeó, ya que parecía confundida y aún miraba la sangrienta pelea entre el lobo y el perro- ¡Lily! Escúchame, coged a Estelle, y seguid por aquel camino recto, ¿me oyes, Lily?- puso a la pelirroja en la trayectoria que le había indicado y esperó a que ella cabeceara débilmente para darle a entender que lo había entendido. Yasmine ya había cogido a Estelle, que sollozaba nerviosamente, y había comenzado a correr por el camino que James había dicho, pero Lily no se había movido del sitio.

-James…

- Lily, por favor…- la mirada del joven era suplicante- vete…

-No quiero dejarte solo…

- Estoy con Sirius, somos animagos, y tenemos más fuerza, tal vez la magia ahora no sirva más que para entorpecerlo todo, podríamos fallar- dijo señalando el amasijo de pelos y patas que era la lucha de los dos animales- vete, Lily, Sirius me necesita.

Lily asintió, tragó saliva dificultosamente y luego cogió de una mano al animago.

-Ten cuidado, por favor, ten mucho cuidado- le rogó.

-Lily, volveré sano y salvo- dijo sonriendo con seguridad, aunque la sonrisa se tornó en una mueca de dolor al oír el aullido del perro herido.- cuida de ellas.

-Vete- apremió la pelirroja. James le lanzó una última mirada y se transformó en ciervo, embistiendo con fuerza al lobo, que parecía haberse cansado de pelear y quería terminar de una vez con su molesto enemigo.

Lily permaneció unos segundos más observando la encarnizada trifulca, sin decidir qué hacer, pero entonces oyó el grito de auxilio de Yasmine, y se dirigió corriendo por el camino en que se habían perdido sus amigas…

--&--

-¡Han vuelto!- gritó Yasmine cuando vio aparecer a Lily. La pelirroja contempló compungida como Yasmine y Estelle eran rodeadas por decenas de Winguls, que trataban de llegar a ellas destruyendo el escudo protector que las rodeaba, y que milagrosamente aún funcionaba.- ¡maldita sea!- la chica de ojos castaños lanzaba maldiciones y desmaius a diestro y siniestro, alcanzando a algunos de los diminutos nativos del bosque, pero la mayoría se movían tan rápida y frenéticamente que era imposible acertar en sus cuerpos.

Lily no tardó en imitarla, y ayudada por el escudo que aún la protegía logró llegar hasta el centro del círculo, donde se encontraban Yasmine y Estelle.

-Esto no va a durar mucho más- vio como el escudo de ambas empezaba a titilar, señal de que en breve estarían a merced de aquellos endiablados demonios.- a la de tres- dijo señalando una pequeña apertura entre los Winguls. Yasmine asintió y entre las dos cogieron con fuerza a Estelle- una, dos…¡tres!- al último grito ambas jóvenes se lanzaron de cabeza, llevándose por delante unos cuantos nativos. Siguieron corriendo intentando que sus fuerzas no fallaran, y de vez en cuando lanzaban miradas para comprobar si aún eran perseguidas.

-¡Tenemos que parar!- gritó entonces Estelle, llevándose una mano al costado-no puedo más chicas, no puedo más.

Yasmine lanzó una mirada calculadora a un enorme árbol que se alzaba a la derecha del camino por el que corrían, y entonces, justo y cuando su amiga iba a caer al suelo empujó a un lado a Estelle y a Lily, y ella cambió de trayectoria en el último instante. Se agachó ágilmente y cogió una gruesa rama que tenía una forma muy parecida a la de un bate de golpeador.

-No por nada estoy en el equipo de quidditch, malditos bichos- dijo a la vez que descargaba el bate contra el primer de los nativos que apareció y se lanzó hacia él, rompiéndolo en miles de diminutas astillas (al Wingul, no al bate).

--&--

Yasmine las había lanzado al árbol gigante, cuyas raíces se engarzaban de tal manera que dibujaban un enorme hueco que atravesaba el tronco del árbol de parte a parte. Lily ni siquiera pudo reaccionar, la fuerza del golpe la lanzó a un lado, llevándose a Estelle tras ella. El árbol se encontraba en el filo de un terraplén, de modo que fueron rodando cuesta abajo hasta llegar a la zona más baja, cubierta de enormes hojas secas. Notó un agudo dolor en la cabeza y se llevó las manos a ella. Tenía un feo corte en la frente y el labio le sangraba. Se incorporó confusa y vio a Estelle escupiendo trozos de hojas. También parecía confundida.

-¡Está loca! ¡La van a matar!- gritó entonces, cuando se dio cuenta de lo que Yasmine había hecho. Se incorporó de un salto y comenzó a escalar el empinado terraplén, resbalando una y otra vez- ¡mierda!- exclamó derramando lágrimas de impotencia.

-Lily…- Estelle la había cogido de un hombro y tiraba de ella débilmente.- no podemos subir por ahí.

La pelirroja se dio la vuelta y vio el pálido y pecoso semblante de su amiga, que tenía los ojos azules abiertos de par en par, y la cara surcada de lágrimas y sucia de tierra, su pequeña nariz también tenía una pequeña herida que sangraba.

-Yo…- Estelle apenas podía hablar- soy una cobarde, Lily- dijo sollozando- y débil, no debería estar en Gryffindor- dijo llorando ahora incontroladamente. Lily la miró unos instantes y le pareció tan vulnerable, tan frágil, como cuando se enteró de que su padre había muerto. La abrazó con fuerza, dejando que se desahogara y rogando por que Yasmine saliera de aquella sana y salva.

-Estelle, tú eres muy valiente- le dijo con suavidad, acariciando su mata de pelo rizado- tal vez no de la forma que se entiende normalmente, pero eres muy valiente y fuerte de corazón.

-Tengo miedo, Lily, estoy muerta de miedo- susurró entre hipidos la joven. A Lily se le encogió el corazón, pues en aquel instante entendió que no era a los Winguls, ni a los lobos, a lo que Estelle realmente temía. Entendió hasta qué punto se encontraba perdida su amiga, y lo mucho que las necesitaba a Yasmine y a ella.

-Lo sé, pero no te preocupes- Lily le cogió una mano y le dio un suave apretón- yo también tengo miedo muchas veces, pero siempre se pasa.

-Vamos a buscar a Yasmine, Lily- dijo Estelle separándose de ella- nos necesita.

Lily asintió con una sonrisa y ambas, cogidas de la mano, continuaron el camino siguiendo en línea recta y paralela a la cuesta del terraplén.

--&--

-¡Mierda, mierda, mierda!- el escudo se había roto, y una de las lanzas de aquellos demonios se había clavado en su brazo izquierdo, provocándole una descarga momentánea que la había dejado aturdida. Por suerte, los gruesos jerseys y la capa de tela dura que llevaba habían amortiguado el pinchazo en gran medida. Yasmine comprendió entonces que lo único que le quedaba era correr, correr y correr hasta llegar al castillo. Y así lo hizo, dio media vuelta y, sorteando raíces, troncos, y arbustos dejó atrás a los Winguls que no tardaron en seguir sus pasos.

Sin embargo, no había avanzado mucho cuando oyó un ladrido muy cerca de ella, y fue una fracción de segundo en la cual giró la cabeza para intentar buscar al perro que había ladrado, tiempo suficiente para estrellarse contra un arbusto tan alto como ella que parecía haber surgido de la nada. Un arbusto que, para colmo de males, tenía vida propia, y cuyas largas y delgadas ramas llenas de espinas se enlazaron en torno a sus tobillos y muñecas, rasgando sus ropas y su piel. Yasmine gritó de dolor, pero volvió a oír el ladrido y abrió los ojos con las escasas fuerzas que le quedaban. Vio entonces al gran perro negro en el que Sirius se convertía delante de ella. Parecía que cojeaba de una de las patas delanteras, y tenía un feo mordisco en el lomo. Pero en aquel momento aquello no parecía importarle, ya que estaba encarando a los Winguls que habían seguido a Yasmine y ahora los amenazaba con violencia. Los nativos parecieron confundirlo con el lobo que vagaba aquella noche por el bosque, y puesto que no parecían ser muy listos pero si tenían el instinto de supervivencia muy desarrollado, se dieron media vuelta y con gritos de guerra y terror desaparecieron saltando a las ramas más altas de los árboles.

-¡Sácame de aquí!- gritó Yasmine, que se retorcía de dolor entre las espinas. El perro borró de su rostro lo que parecía una sombra de sonrisa burlona mientras contemplaba la huida de los Winguls y rápidamente se transformó en Sirius.

-¡Yasmine!- exclamó al ver como las ramas la cubrían ya casi por completo. Cogió la varita y lanzó un potente hechizo que desprendió una luz azulada y que congeló la planta, dejando libre a su presa- ¿estás bien?- preguntó el muchacho de ojos grises mientras se inclinaba hacia la joven, que se incorporaba trabajosamente y tenía los ojos llenos de lágrimas.

-Me duele- dijo sin fuerzas para reprocharle que hubiera tardado tanto en sacarla de allí. El animago la observó preocupado. Tenía cortes en las muñecas y tobillos, y en la cara, pero gracias al grueso de sus ropas no eran tan graves como si hubiera llevado la piel desnuda, al igual le había sucedido con las lanzas de los Winguls.

-Vámonos de aquí, no queda mucho para que amanezca- Sirius la cogió de la cintura y la ayudó a ponerse en pie, comenzando a caminar.

-Tú también estás herido…- dijo ella al cabo de un rato, pasando con delicadeza un dedo por encima del antebrazo del animago, que lucía una profunda y sangrante herida.

-No es nada- cortó Sirius, aunque el dolor que traslucía su rostro no engañó a la joven, que se paró en seco y lo miró ceñuda.

-Sí que lo es- replicó con dureza.

-Yasmine, ahora no…- rogó Sirius, que de lo único que tenía ganas era de ponerla a salvo y descansar un rato.

-Puede que no sea suficiente para ti, que no sea más que un capricho o una niñata que no vale ni tres knuts, pero soy Yasmine Ailann Roberts, y jamás dejaría ni a mi peor enemigo así- dijo testaruda.- Siéntate.

Sirius obedeció, cansado, y sin ni siquiera fuerzas para preguntarle de qué estaba hablando y a qué venía lo que acababa de decir, y se dejó hacer. Yasmine se dio la vuelta bruscamente, deseando con todo su corazón que él hubiera desmentido todo lo que acaba de decir, pero no lo había hecho, simplemente se había callado y se había sentado, de modo que su silencio confirmaba todas y cada una de las palabras que Claudy le había dicho en el baile. Echó un vistazo a su alrededor y vio un grupo de flores blancas que brillaban en la oscuridad. Recordó una clase de herbología, y que la profesora Sprout les dijo que aquellas plantas, si es que eran esas mismas, tenían propiedades calmantes. Recogió un ramo de ellas y volvió al lugar donde estaba Sirius.

-¿qué es eso?- preguntó receloso.

- Sinceramente no lo sé, tengo una vaga idea, pero por probar…

-¿y si son venenosas?- preguntó. La respuesta de la chica no lo había dejado más tranquilo. Yasmine miró unos segundos las flores evaluándolas.

-¿tú le ves pinta de venenosas? Yo no, me parecen bastante inofensivas la verdad- y comenzó a arrancar los pétalos y a colocarlos sobre la herida, que comenzó a desprender un resplandor del mismo color que las plantas.- ¿y bien? ¿Cómo te sientes?- preguntó al cabo de unos segundos al animago.

- La verdad es que mejor- respondió el chico, y era verdad. Aquellas flores le daban un frescor peculiar y calmaban el dolor agudo que sentía. Yasmine sonrió satisfecha y arrancó un trozo de tela de su camisa interior, sin importarle que Sirius estuviera delante, y le vendó el brazo lo más fuerte que pudo.

- Supongo que por ahora esto bastará- dijo acabando de anudar la tela. Alzó la mirada y se encontró con los ojos grises del merodeador fijos en ella. Se ruborizó y trató de apartar la mirada, pero él le cogió la barbilla y la obligó a mantener el contacto visual. Y casi sin darse cuenta, aquella atracción, aquel imán invisible que los unía hizo que sus ojos se encontraran a escasos centímetros, que sus labios se rozaran, primero con timidez, con ternura, disfrutando de cada instante como si fuera único, como si no quisieran que acabara nunca. Después sus bocas se entreabrieron y sus lenguas se enlazaron, disfrutando del sabor, de la piel, del contacto de sus labios. Sirius estrechó con fuerza su cuerpo contra el de la morena sin dejar de besarla y ella enlazó sus dedos en el cabello oscuro de él, acariciando su cuello, su rostro, su espalda… Fue un aullido y un grito desgarrador los que los hicieron salir del trance. Habían acabado tendidos en el suelo, él encima de ella y ambos fuertemente abrazados, intentando ser dos en uno. Sirius suspiró y dejó caer la cabeza sobre el hombro de Yasmine, que parpadeó unos segundos y luego se separó de él rápidamente.

- ¿Qué ha pasado con el lobo?- dijo con la voz aguda y la respiración entrecortada, recordando la pelea entre ambos, y sin llegar a creerse lo que acababa de ocurrir.

--&--

Retrocedamos ahora al momento en el que James, o Prongs en este caso, había ido a socorrer a su amigo Sirius, o Padfoot, en este caso, que había acabado agotado y exhausto tras el violento encontronazo con el lobo. Tenía heridas que si no eran graves le molestaban bastante, pero aún más le molestaba ver esa parte tan salvaje de Remus convertido en licántropo, cuando normalmente y cuando salía con ellos cada luna llena se comportaba como un lobo pacífico, más humano.

Observó unos segundos al ciervo embestir con su imponente cornamenta al lobo, que parecía no querer rendirse, y que acometía una otra vez cada vez con más violencia. Sirius iba a volver a intervenir para ayudar a su amigo cuando, gracias a su magnífico oído canino, oyó con claridad el grito asustado de Yasmine. Le dirigió una rápida mirada a James, que también lo había oído, y entonces el ciervo asintió. Sirius, dedicando una última mirada de reproche y disculpa al lobo y al ciervo respectivamente, se perdió entre los árboles del Bosque Prohibido.

Fue entonces cuando el lobo se dio cuenta de que su presa pelirroja ya no estaba al alcance, de que tan solo estaban aquel molesto pero enorme ciervo y él, y que si quería llegar a su delicioso bocado tendría que burlar a su enemigo costara lo que costase.

Durante un buen rato decidió seguir cansando a su oponente, que aún lanzaba implacables embestidas, pero que comenzaba a acusar los golpes. De repente, y en un momento de despiste, el lobo trazó una finta demasiado humana para ser real, y esquivó limpiamente al ciervo, que tuvo que parpadear unos segundos para darse cuenta de que el lobo había desaparecido y de que sus amigos volvían a estar en peligro.

--&--

¡Lo habían conseguido! ¡Estaban viendo el final del Bosque! ¡Iban a llegar a Hogwarts a tiempo para pedir ayuda e ir en busca de Yasmine, de Sirius y de Remus. Estelle no podía creérselo. Por fin iba a dejar atrás las pesadillas de aquella noche, aquel terrible lobo, los Winguls carnívoros y todo el miedo que había pasado. Tan absorta iba en sus positivos pensamientos que apenas escuchó el chasquido de las ramas en el suelo y el grito ahogado de Lily. Pero entonces sintió una fría mirada clavada en su nuca y se le erizó el vello de forma instantánea. Sabía de antemano lo que se iba a encontrar tras ella, pero no quería, no podía mirarlo. Tragó saliva dificultosamente y, con los ojos brillantes de miedo, se volvió. Aún estaba lejos, bastante lejos a decir verdad, pero podía ver aquellos dos enormes ojos dorados brillando en la oscuridad, acosándola, intimidándola. Pudo percibir, como si de un sueño se tratara, a Lily a unos pasos de ella, mirando también al lobo, paralizada de terror. Y fue cuando el gigante animal aulló de forma tan siniestra como lo llevaba haciendo toda la noche, cuando todo el miedo que sentía escapó de su garganta en forma de un agudo grito de terror.

--&--



Sirius y Yasmine llegaron justo a tiempo para ver correr al lobo tras Estelle, que había reaccionado instintivamente, corriendo. El lobo pasó casi junto a Lily sin ni siquiera mirarla, cegado por la otra muchacha pelirroja.

-¡Van hacia el lago! ¡En esa zona el bosque termina en el lago! ¡Hay un salto y como no se dé cuenta Estelle caerá al agua!- era James, que acababa de llegar y convertirse en humano para advertir a sus amigos. Sirius se convirtió de inmediato en el perro negro de siempre y salió corriendo a toda velocidad tras el lobo y Estelle, seguido de cerca por James, otra vez con su forma animal.

-¡Vamos, Lily! ¡Tenemos que ayudarles!- gritó Yasmine echando a correr todo lo rápido que podía. Lily la siguió y ambas se dirigieron al lugar donde aún podían ver al perro y al ciervo alejándose.

--&--

Estelle ni siquiera veía hacia dónde se dirigía, tan solo corría con todas sus fuerzas, olvidando el cansancio, dominada por el pánico, lo único que le importaba era alejarse de aquel horrible monstruo y sortear los árboles y raíces que se interponían entre ella y Hogwarts. Corría incansablemente y sin embargo, la velocidad de un lobo no podía compararse con la suya, fue entonces, cuando veía su muerte más cerca que nunca, y la boca llena de afilados colmillos del animal casi la alcanzaron, cuando sus pies dejaron de pisar suelo firme y perdió momentáneamente el sentido de la orientación. Segundos después, cayó al agua helada del lago, que se clavó en su piel como cuchillas ardiendo e inundó sus pulmones, quemándola, asfixiándola.

El lobo fue detrás, ni siquiera le importó caer y mojarse, tan cegado estaba por su escurridiza presa, poco después, el perro saltó al agua, y, por último, el ciervo se estrelló en su superficie haciendo que la paz que hasta ahora había reinado en el lago se viera corrompida por visitas inesperadas.

-¡Dios mío, Lily! ¡Están en el agua!- gritó Yasmine desesperada.

-Vamos por aquí, la orilla está cerca.- urgió la pelirroja tirando de su amiga, que se negaba a moverse del sitio- desde allí podremos ayudarlos mejor- insistió.

Rodearon la linde del bosque que daba al lago, que por fortuna no quedaba muy retirada de la orilla, pero los segundos pasaban implacables y no parecía que nadie fuera a salir del agua, cuya superficie era adornada con las ondas de la caída de los cuatro cuerpos.

-¡Allí!- gritó entonces Lily corriendo hacia la orilla, mojándose los pantalones. Se quitó la gruesa capa negra y esperó a que el perro negro, que parecía agarrar con los dientes a Estelle del jersey, llegara hasta donde ellas estaban. Lily le quitó la capa mojada a la pelirroja y la cubrió con la suya propia.

-Está inconsciente, pero a salvo- dijo Sirius tiritando, de nuevo con su forma humana.

-Está amaneciendo- hizo notar Yasmine, mientras observaba como el cielo empezaba a clarear- ¿Dónde está James?-preguntó angustiada. Lily bajó la vista para que no vieran las dos gruesas lágrimas que rodaban por sus mejillas.

-Allí- dijo Sirius mientras oteaba la superficie del lago. En efecto, el enorme ciervo se dirigía hacia el mismo lugar que ellos, pero no era un lobo lo que llevaba en su cornamenta, sino un muchacho con las ropas rasgadas y la piel de un feo color azulón.- ya vienen- susurró con tristeza.

-¿quiénes?- preguntó Yasmine. Estelle hizo unos ruidos con la garganta e inmediatamente después se incorporó sobresaltada, asustándolos a todos.

-¡El lobo!- gritó desesperada. Lily seguía mirando tristemente al ciervo y al muchacho, que ya llegaban a la orilla.

-Oh, no…- Yasmine palideció al ver a Remus Lupin inconsciente, lleno de arañazos, y sujetado ahora por James Potter humano, entendiéndolo todo de golpe.

Estelle miraba alternativamente a James y a Remus, como si no entendiera que hacía éste allí, con ellos, cuando debía estar en la enfermería, pero entonces Remus abrió los ojos dorados débilmente, unos segundos, que bastaron para que Estelle lo comprendiera todo.

-¡No!-gritó con ansiedad, respirando muy deprisa y llevándose las manos a la boca- ¡no puede ser!¡es el lobo!¡es un monstruo!- no pudo decir mucho más, puesto que se oyó un leve chasquido y cayó al suelo inconsciente. Lily sujetaba su varita en alto y miraba a sus compañeros con pena.

-No podía dejar que siguiera- dijo simplemente.

-Vamos a la enfermería, chicos- dijo James al cabo de unos largos segundos- ya se acabó la noche de lobos.

--&--

Fin del capítulo, sé que este es cortito cortito, casi la mitad del anterior, pero el siguiente será más larguito. En fin, espero que os haya gustado, ¿qué os ha parecido?. Una aclaración, para quien no se imagine a los Winguls, son como los nativos pigmeos de la peli El Retorno de la Momia, serían como sus primos hermanos británicos... xD.

Un besiito y hasta la próxima!