Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rowling y la Warner... y no gano ni un eurillo con esto.
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Capítulo Once: Todo sobre mi padre
-Estelle… tenemos que hablar- Lily lanzó una breve mirada a Yasmine, que le sonreía para darle ánimos desde la puerta de la clase de Transformaciones, que aquel día había sido especialmente dura. Muy pocos habían podido transformar sus pupitres en ovejas, y algunos resultados habían sido bastante espeluznantes: aún había restos de la mesa con patas de cabra y trompa de elefante que el hechizo fallido de Peter había causado. McGonagall no había sabido si darle puntos por el original resultado o encerrarse en su despacho a tomar una copa de anís. Al parecer había optado por lo segundo, pues ya no había rastro de la severa profesora en la clase.
-¿Qué quieres?- preguntó la otra pelirroja secamente.
-No podemos seguir así- dijo Lily tras suspirar con cansancio al oír el tono de su amiga.- yo por lo menos no estoy bien.
Estelle la contempló unos segundos. Lo normal hubiera sido que ella hubiera dicho que tampoco, que tenían que volver a ser tan amigas como antes, pero no, aquella nueva y extraña Estelle la había mirado, se había encogido de hombros, le había dicho que tenía prisa y le había dejado allí plantada, con dos palmos de narices. Así se lo contó Lily a Yasmine diez minutos después, cuando la encontró sentada junto a Iona y Kate en la mesa de Gryffindor almorzando un gran plato de patatas asadas con cordero.
-Yo hablaré con ella- decidió Yasmine finalmente- además, está haciendo cosas que no me gustan ni un pelo.- frunció el entrecejo al recordar a su amiga riendo a carcajada limpia con Anaïs durante el recreo, mientras pasaba por delante de ellas sin ni siquiera saludarlas.
-¡No estéis tristes!- exclamó Iona con una amplia sonrisa- seguro que pronto todo vuelve a ser como antes.- Lily y Yasmine la miraron incrédulas, hasta ese mismo momento, Iona había pasado un largo mes con la cara larga por la desaparición de su abuelo.
-Han encontrado a su abuelo- les informó la rubia Kate también sonriendo felizmente- estaba escondido en una cueva de unas montañas del norte, huyendo de los mortífagos, los seguidores de ese loco que quiere exterminar a los sangre mestiza y a los muggles, que lo habían apresado, ¿no es estupendo?- Ambas chicas sonrieron a modo de afirmación y felicitaron a Iona, que parecía haber recuperado las ganas de todo.
-¡Sí! Estas navidades las vamos a celebrar por todo lo alto, ¡Es fantástico!- exclamó con alegría.
-Las Navidades están ya aquí- dijo entonces Lily, de repente sumergida en sus pensamientos.
-Tres semanas exactamente- concretó Yasmine- ¿por qué lo dices?
-No lo sé, vendrás a verme, ¿no? Creo que no podré aguantar toda una Navidad a Petunia y a su novio.
-Pues… no lo sé… mis padres quieren llevarnos a no sé qué refugio en la montaña, para esquiar y todo eso… pero… pero Henry me ha invitado a la casa de sus tíos cerca de la playa, en Littlehampton, está vacía y quería aprovechar para arreglarla.
-¡Henry! Quien lo diría- exclamó sorprendida Lily- con lo paradito que parece…
-No es paradito, es romántico.- le defendió Yasmine.
-¿Pero os habéis liado ya?- preguntó la pelirroja.
-¡Lily! Somos amigos…
-Por lo menos sois amigos…- murmuró ella.
-¿Por qué dices eso?
-¿Eh? Por nada, por nada- pero Yasmine ya había visto como la mirada de la pelirroja se desviaba rápidamente de James, que acababa de entrar al Gran Comedor.
-Lily… ¿quieres que hable con él?- le preguntó la joven morena con suavidad- tal vez así entre en razón- aventuró. La pelirroja la contempló unos segundos, meditando su respuesta, y luego negó lentamente con la cabeza.
-Esta vez tengo que arreglarlo yo, Yasmine, ya estoy cansada de estos numeritos… ¿Yasmine?- ahora era su amiga la que parecía haberse quedado colgada de una nube.
-¿Sí?- la pelirroja siguió la mirada de su amiga y contempló como Sirius saludaba con un beso a Claudy, que no desaprovechó la oportunidad de mirar a la gryffindor con suficiencia. Yasmine suspiró resignada.
-Duele, ¿verdad?- preguntó Lily dándole un suave apretón en el brazo.
-Es que no lo entiendo…- se quejó ella- un día me dice que valgo más que nadie, que se ha equivocado, me besa, y ahora… eso- dijo haciendo un elocuente gesto con la mano.- me quiere matar- añadió dolida.
-Habla con él, Yas, ya te lo he dicho mil veces- replicó su amiga- ¿por qué te niegas a enfrentarte a él?
-Tal vez porque tenga miedo de lo que pueda llegar a decirme- se sinceró Yasmine tras unos segundos de silencio- pero, ¿sabes? Creo que ya es hora de hacer las cosas como deben hacerse.- y sin ni siquiera terminar el plato de comida, se levantó resueltamente y se dirigió a la pareja.
Claudy intentaba hacer mimos a su querido novio, pero éste no estaba muy por la labor. La ravenclaw ya había notado que desde la noche del castigo de Dumbledore, Sirius no era el mismo de siempre. Cada vez iban menos a la Sala de los Menesteres, cada vez pasaba menos tiempo con ella y cuando lo hacía, estaba demasiado distraído para prestarle atención. Ella sabía a ciencia cierta que Yasmine tenía algo que ver, pero por nada del mundo iba a dejar que aquella insolente niñata le torciera su relación con el atractivo merodeador. Por eso se puso alerta y a la defensiva en cuanto vio a su enemiga mortal acercarse a ellos con paso decidido.
-Sirius, tenemos que hablar- dijo con firmeza a las espaldas del merodeador. Sirius se volvió rápidamente y le regaló una amistosa sonrisa que cabreó muchísimo a Claudy.
-Tú no tienes nada que hablar con mi novio- replicó ella con frialdad.
-Tal vez sí, White, tenemos que hacer juntos un trabajo de pociones, y no quiero sacar mala nota por su culpa- repuso la muchacha sin prestarle demasiada atención, cosa que hizo que se enfureciera aún más.
-Oh, sí, el trabajo- por fortuna, Claudy no había visto la mirada de incertidumbre del animago ante el supuesto trabajo que Yasmine había nombrado.
-Ahora- apremió la gryffindor al ver que Sirius no se movía.
-Ahora estamos comiendo- volvió a saltar la ravenclaw- vuelve más tarde, además, si es del trabajo, puedes decírselo delante de mí.
-Bueno, será un segundo, ahora vuelvo, ¿vale Claudy?- Sirius sabía que aquello le valdría una hora de quejas y protestas por parte de su novia, pero no le importó, había olido el perfume dulce de Yasmine y ya no podía pensar en nada más. Se levantó ágilmente del banco y la siguió fuera del comedor.
La joven subió las escaleras del vestíbulo y se paró en mitad de un pasillo que tenía una amplia cristalera de colores. Tras asegurarse de que no había nadie por los alrededores, se enfrentó al merodeador cara a cara. Sirius vio su rostro reflejado en aquellos enormes ojos castaños, pero también vio algo más. Las dudas que agobiaban a la chica parecían haberse multiplicado por mil, pero también había un matiz de determinación en el brillo de su mirada.
Sin mediar palabra, Yasmine cogió al merodeador de la corbata, que llevaba desanudada, y poniéndose levemente de puntillas, besó al chico con ternura y cariño. A Sirius aquel gesto tan directo lo pilló desprevenido, pero pronto abrazó con fuerza a la joven por la cintura y la estrechó contra su cuerpo, apoyando la espalda de la muchacha contra la pared. Poco a poco, el torrente de pasión que ambos sentían fue extendiéndose por todo su cuerpo, y casi sin darse cuenta, ambos estaban en una de las salas ocultas tras un panel bastante feo de un mago del Medievo.
Yasmine comenzó a desabrochar los botones de la camisa del chico con urgencia, sin dejar de besarlo a la vez, y mientras él acariciaba todo su cuerpo con una rapidez pasional. Justo y cuando la gryffindor pensó que aquello iba a terminar de la única manera posible, y ya acariciaba con deleite la ancha espalda desnuda del animago pensando que aquello era tan perfecto que no podía ser real, recordó el motivo por el cual había llevado al chico al pasillo. Dejó de acariciar el cuerpo del chico, y suspiró entristecida, conteniendo las lágrimas.
Para entonces estaba sentada a horcajadas sobre el animago, y la blusa de su uniforme estaba abandonada junto a la de Sirius en una de las esquinas de la pequeña habitación. Ni siquiera recordó en qué momento el merodeador se la había quitado, pero ya era demasiado tarde para dar vuelta atrás. Sirius dejó de mordisquear el cuello de la muchacha y la miró interrogante. Entendió perfectamente el significado del triste semblante de la joven, y la abrazó protectoramente unos segundos.
-No puedo seguir así, Sirius- susurró Yasmine liberándose con delicadeza del abrazo del chico. Se levantó de su regazo y cogió su blusa, poniéndosela lo más rápido que pudo, teniendo en cuenta lo mucho que temblaba. Recogió la camisa del animago y la puso a su lado. Sirius se agarraba la cabeza con ambas manos, mientras miraba el suelo sin dejar que la chica adivinara la expresión su rostro.
-¿Por qué me has besado en el pasillo?- preguntó con un tono de voz extraño, que la joven nunca le había oído. Yasmine tardó unos segundos en contestar.
-Quería despedirme, Sirius, y yo… no he sabido, no he sabido controlarme- titubeó avergonzada. Vio como el animago levantaba la cabeza y la miraba con una sonrisa teñida de amargura.
-Despedirte- dijo simplemente.
-No puedo seguir así, no soy el segundo plato de nadie- dijo recordando a Lily y esforzándose por pensar igual que ella y no lanzarse de cabeza al chico.
-Tú no eres un segundo plato- replicó el merodeador.
-¿No? ¿Y quién es el segundo plato, Sirius, Claudy? Porque a mí me da la impresión de que no.- el chico no contestó, pero siguió mirándola con aquellos penetrantes ojos grises, que la hacían sentirse tan desnuda ante él- ¿sabes? Si por mí fuera seguiría así, seguiría viéndome contigo a escondidas, ahogando nuestra pasión en cualquier habitación como esta, porque te has convertido en una droga irresistible para mí- confesó de repente, ruborizándose al momento. Sirius la miró sorprendido, pero ella ya había comenzado a hablar y no pararía hasta soltarlo todo- aguantaría que salieras con otra mientras fueras mío, aunque fuera durante poco tiempo y a escondidas, porque me he dado cuenta de que estoy completa y absolutamente enamorada de ti, porque cuando te veo mi corazón quiere salir del pecho, porque desde el año pasado no pienso en nadie ni en nada más que en ti.- guardó silencio unos segundos, mientras tomaba aliento.- Pero no- dijo al fin- no puedo dejar que me hagas tanto daño que llegue un punto en el que me olvide de quien soy. No puedo permitirme ser tu amante, porque eso no haría más que matarme de celos por dentro, que rebajarme a algo que no quiero. Quiero ser una chica normal, que se enamora de alguien normal, y que tiene una relación normal. Que puede ir con su chico agarrada de la mano y comer juntos en un restaurante rodeado de gente. Por eso fui con Henry a Hogsmeade, aunque eso ya lo sabes.- Yasmine se refería al fin de semana pasado, tras el partido de Gryffindor contra Ravenclaw, a la cita de la joven con Henry. Habían pasado un agradable día en Hogsmeade, aunque hubiera sido aún más agradable si Sirius no hubiera estado de perro guardián para vigilar a la chica, olvidándose claro está de su rabiosa novia Claudy.
-¿Quieres olvidarme… usando a Henry?- preguntó el animago circunspecto.
-No estoy usando a nadie, simplemente me gusta.
-Te gusta, pero no estás enamorada de él.
-Aún no… y de todas formas, tú tampoco estás enamorado de mí… ¿quién puede hacerme más daño, tú o él?- Yasmine se preguntó por qué le costaba tanto al animago decirle que la quería, que dejaría a Claudy y que serían completamente felices. ¡Si hasta había conseguido olvidar lo de Anaïs! Su orgullo aún estaba herido por ello…
-¿Cómo sabes que no estoy enamorado de ti?- susurró Sirius levantándose y acercándose a ella demasiado, aún con el torso desnudo.
-Sirius, por favor…- pero Yasmine no sabía si podría aguantar otro ataque de pasión hormonal, de modo que se retiró unos pasos.
-¿Qué es lo que realmente te molesta?- preguntó el animago empezando a enfadarse por la actitud de la chica- Es Claudy, lo sé, pero ahora estoy en una posición delicada en ese aspecto.
-¿Delicada?- saltó Yasmine comenzando a enfadarse- ¿por qué no la dejas? ¿si tanto me quieres eh?- espetó comenzando a salir tras el tapiz. Sirius se apresuró a ponerse la blusa y a seguirla, cuando la alcanzó estaba doblando una esquina.
-Aún no puedo hacerlo.- le dijo mientras la obligaba a mirarle a los ojos.
-¿Por qué?
-Pues verás, mi madre ha…
-¡Tú madre!- chilló la joven.- ¡lo sabía! ¡Familias de alta cuna! ¿os habéis vuelto a comprometer?
-No, no es eso. Escúchame, Yasmine.
-¡No! ¡Sabía que ese era el problema! El problema es que mi abuelo se enamoró de una muggle, y yo no soy lo suficientemente pura, ¿verdad? ¡ese es el problema! ¡mi sangre!- gritó encolerizada.
-Eso ya te lo advertí- dijo entonces la voz de Claudy a sus espaldas. Yasmine bufó con irritante ironía.- aunque no sabía que fueras mestiza- dijo pensativa. A Sirius aquella confesión también le había pillado por sorpresa, pero no hizo comentario al respecto, pues aquello no le importaba lo más mínimo.
-La que faltaba- masculló Yasmine hastiada.
-Claudy, no te metas- dijo Sirius secamente.
-Pero cariño… ya se lo advertí- ronroneó la rubia rodeando al animago con un brazo- le dije que ella no era suficiente para nosotros, que éramos especiales, de la realeza- dijo orgullosa. Yasmine no sabía si reír o llorar, pero Sirius no parecía muy por la labor de darle la razón a su novia.- ¡seremos una fantástica familia noble!- exclamó Claudy rebosante de felicidad.
-¡Pues ahí podéis quedaros con vuestra asquerosa nobleza!- gritó Yasmine dándose la vuelta bruscamente.
-¡NO!- aunque frenó en seco cuando oyó el grito de Sirius. Claudy se alejó de él asustada- eso no va a pasar, no va a haber familia de nobleza, Claudy- dijo con un tono peligroso.
-¿Y por qué no, si se puede saber?- replicó la joven ignorando la fiereza del animago y recobrando la compostura.
-Si, ¿por qué no?- preguntó Yasmine. Ambas chicas se miraron unos segundos como si no pudieran creerse que exigieran una misma respuesta. Sirius sonrió cánidamente y sacudió la cabeza pesaroso.
-Porque ya no vivo con mi familia de sangre pura. He renunciado a ella- confesó aguatándose una extraña risa... Como si aquello fuera lo más divertido que había dicho en toda su vida.
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Mientras tanto, Remus y Shyne paseaban por la orilla del lago, contemplando las oscuras aguas heladas, cada uno metido en sus propios pensamientos. Hacía ya cerca de dos semanas que el chico de ojos dorados no frecuentaba el comedor durante las comidas, y Shyne había terminado por unírsele a aquellos almuerzos al aire libre. Sin embargo, a la joven gryffindor no le gustaba tanto el taciturno silencio en el que Remus se sumergía cada vez más.
-¿Remus?- el joven emitió un extraño gruñido para darle a entender que la había oído.- ¿qué piensas hacer?- preguntó mirándolo con aquellos ojos azul eléctrico de forma inquisidora. Remus tardó un rato en contestar.
- No lo sé… He mandado algunas solicitudes para otras escuelas de magia, en Francia, Grecia, Italia, pero la que parece estar mejor es la de Francia, Beuxbatons, y no creo que me concedan una plaza.
-¿Por qué no?
Remus sonrió lacónicamente.
-Mírame- dijo dejando de caminar y acercándose a un pequeño muelle que había en las orillas cercanas al castillo. Shyne lo siguió con curiosidad y lo vio asomarse al lago, contemplando su reflejo.- ¿Qué ves?- la joven dudó unos segundos, pero al final contestó:
-Veo un chico de diecisiete años, atractivo, inteligente, y divertido, que tiene toda la vida por delante y que se está amargando por una chica insulsa llena de prejuicios- vio como Remus esbozaba una sonrisa lobuna muy divertido.
- Estabas deseando decirme todo eso a la cara, ¿no?- Shyne se encogió de hombros.
- Lo había pensado, sí.- reconoció- estaba esperando el momento oportuno.- Remus se sentó en el muelle, con los pies encogidos sobre sí mismo, de nuevo con aire ausente.
-¿Sabes que veo yo, Shyne?- ella guardó un silencio interrogante.
- Un chico pobre, de diecisiete años…. Que guarda un horrible secreto. Es un monstruo.
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-¡Sorpresa, James!- Michelle se acercó por detrás al joven capitán de gryffindor con una mueca sarcástica en el rostro. Estaban en la Sala Común y los gryffindors acababan de llegar de la cena. Lily aún no había visto a Yasmine, que había desaparecido tras el almuerzo y, como sus asignaturas por la tarde no coincidían no había podido preguntarle por su conversación con el merodeador. Pero por unos segundos, en los que Michelle se acercó a James y Estelle entró en la Sala Común sin mirarla y se dirigió a la habitación, Lily se olvidó de su amiga.
-¡Hola, Mich!- saludó el chico de gafas incorporándose en el sofá en el que estaba despatarrado.- ¿qué ocurre?- preguntó al ver la cara de la chica.
- Ha habido cambios en el equipo de Ravenclaw- informó la joven de pelo rizado.
- Y no sé por qué pero me da la sensación de que no es tan importante que haya habido un cambio como el cambio que ha habido en sí- dijo James colocándose las gafas bien y observando el fuego pensativo. Michelle le lanzó una mirada confusa e intentó seguir el hilo de los pensamientos de James.
- Bueno, será… Adrien ya no es buscador- soltó la chica.
-¡¿Qué?!- aquella pregunta vino formulada de la boca de James, que parecía haber despertado de golpe, y de la boca de Sirius, que acababa de entrar rápidamente en la sala, siguiendo a Yasmine, que también se había detenido al escuchar a su hermana.
-¿Cómo dices? ¿Y quién es?
- Isaias White.
- ¿¡QUÉ!?-esta vez la exclamación fue mayor, y a ella se unieron Martha Valec, guardiana, y Peter Wilson, compañero golpeador de Yasmine. Solo faltaba Remus para completar el equipo, pero aún no había regresado a la Sala Común, ya que también solía quedarse a cenar tarde acompañado de Shyne.
- ¿El hermano de la seca?- preguntó Martha. Yasmine vio sonreír a Sirius y bufó disgustada.
Isaias White era un joven ravenclaw, del curso de Michelle, y hermano de Claudy. Era un joven de belleza clásica y aires rebeldes, que traía locas a todas las chicas del curso de la hermana de Yasmine y a las más jovencitas de la escuela. Era un fiel seguidor de los Merodeadores, y ya traía de cabeza a su aristocrática familia, se decía que escogía a las chicas por su origen muggle y humilde, y no tardaba en llevarlas a casa para presentarlas a sus cabreados padres. Además, no había dudado ni un segundo en preguntarle a Sirius sobre su estado mental al salir con su hermana.
-Pero, ¿por qué?- preguntó James confundido- ¿qué le ha pasado a Wilkinson?
-A él nada.- dijo Michelle, siendo consciente de que le quedaba aún una buena bomba por soltar- Olympia ha sufrido un pequeño accidente hoy.
-¿Qué? ¿Qué accidente?
Se cayó de la escoba en el entrenamiento. Se chocó contra Adrien y Henry y se cayó al suelo.
-¡Henry! ¿está bien?- preguntó Yasmine de repente pálida.
-Bueno, no para de culparse, pero…
-¡tengo que ir a verlo!- y sin ni siquiera preguntarse dónde podía encontrarlo a aquellas horas salió corriendo de la Sala Común, casi chocándose con Remus y Shyne, que acababan de llegar al grupo. Sirius la hubiera seguido si no hubiera visto la mirada de advertencia de Lily desde la otra punta de la sala, de modo que se quedó un poco intranquilo mientras comentaban la noticia entre todo el equipo.
-Así que Adrien es cazador ahora…- murmuró James pensativo.
-¿Cómo?- Remus frenó en seco al escuchar al chico, sin saber si había oído bien.
James lo miró de arriba abajo sin contestarle. El chico de ojos dorados entendió al instante la mirada de su amigo, y bufó desesperado.
-¡James! ¡Por todos los magos del mundo! ¡Entre Lily y yo no pasó nada!- gritó sin ser plenamente consciente de que todo el mundo lo estaba mirando.- fue una situación comprometida, y simplemente un malentendido.
-¡Pero si no llego a veros, tal vez si hubiera ocurrido! ¿eh, que dices a eso?- preguntó bruscamente el merodeador.
-Que eres idiota, James Potter- dijo Lily mirándolo con los ojos verdes entrecerrados y los brazos cruzados en el pecho.
-Mira, James, no hubiera pasado nada, porque no estoy enamorado de Lily, y aunque es una chica excepcional, tú eres mi amigo.
-¿Y qué tiene eso que ver?- pero James parecía querer seguir en sus trece.
-¡Está bien! ¿qué quieres que haga para que te lo creas?- preguntó Lily tragándose su orgullo, aunque enrojeció rápidamente cuando vio a James alzar una ceja sugerentemente.- ¡Por Merlín!- exclamó la pelirroja- ¡nunca cambiarás, James Potter, nunca!- y aún más roja todavía, se encaminó a la habitación sin volver la vista atrás.
-James- Remus lo miró implorante- ¿me crees? No podemos seguir más tiempo sin hablarnos, créeme, ya tengo bastante con Estelle- aseguró hablando esta vez más bajo. El joven de gafas lo observó unos segundos, aún receloso, pero un gran peso se desvaneció del pecho del licántropo cuando al final, su amigo sonrió.
-Si me miras con esos ojitos, Moony…- bromeó- pero no vuelvas a hacerme esto.
-Te ha dado fuerte, ¿eh?
-Moony…
-Vale, vale- y, como para consolidar su reconciliación, ambos chicos se dieron un varonil pero emotivo abrazo.- pero deberías perdonar a Lily- puntualizó Remus cuando se separaron.
-Todo a su tiempo… se pone tan guapa cuando se enfada…
-Eeeh, James… ¿y Sirius?- preguntó el licántropo mirando a su alrededor.
-¡Mierda!- James se incorporó rápidamente como si tuviera un resorte- ha ido tras Yasmine…- hizo ademán de salir por el agujero del retrato, pero Remus lo contuvo.
-No podemos hacer nada por ayudarle, James. Deja que él solo se dé cuenta de que se está equivocando.- esta vez, James no pudo más que sentarse con aire taciturno en el sofá.
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- ¡Henry!- el pálpito de Yasmine acerca de dónde podía encontrarse el ravenclaw pareció ser acertado. El muchacho caminaba nervioso en la puerta de la Enfermería, con el rostro encogido por el arrepentimiento. Levantó la cabeza al oír a la chica y la miró sin sonreír.
- Yas, hola…- la joven se acercó rápidamente y lo abrazó cariñosamente.
- ¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado?- preguntó la gryffindor separándose de él y mirándolo directamente a los ojos.
- No lo sé… yo, yo estoy bien, pero Oly…
-Vamos, no te preocupes por ella… La enfermera Pomfrey la curará en un santiamén- lo tranquilizó ella.
- No lo sé… estaba muy blanca, y la pierna…estaba, estaba rota, Yas- el chico temblaba nerviosamente y Yasmine sintió un nudo en el estómago.- la enfermera ha puesto una cara muy rara al verla- añadió compungido.
- ¿Y Adrien?- preguntó entonces Yasmine, mirando a su alrededor y descubriendo que no había nadie más con Henry.
- Pues… creo que se fue con Estelle, a celebrar su nuevo puesto o algo así- dijo el muchacho contrariado, como si no entendiera muy bien la actitud de su amigo.
- Vaya… ¿Quieres que pasemos a ver a Olympia, Henry?- preguntó ella entonces. El ravenclaw le lanzó una mirada alarmada.- vamos, así te quedarás más tranquilo, llevas toda la tarde aquí…
Henry suspiró y respiró con fuerza, intentado llenarse de ánimo y fuerzas para entrar a la enfermería, pero cuando Yasmine lo cogió de la mano con delicadeza… no pudo más que se sentirse mejor.
Al contrario que Sirius, que había llegado justo a tiempo para ver a la pareja entrar de la mano a la Enfermería, con una complicidad qué más quisiera Claudy tener con él, y en un instante deseó que todo fuera distinto, para poder ser él a quien la joven morena agarrara de la mano como había hecho con Henry.
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Estelle llevaba unas cuantas semanas dándole vueltas a la cabeza. Desde aquel desgraciado accidente de quidditch en el que Olympia se había lesionado Adrien estaba más feliz de lo normal. En las clases en las que coincidían con los gryffindors, no cesaba de lanzar miradas calculadoras a Remus y a achucharla más de lo normal, cosa que la incomodaba bastante, a decir verdad. Si ni siquiera la había invitado a hacer nada aquellas navidades... Olympia había sido trasladada a San Mungo al final, pues la lesión que había sufrido no podía ser curada por la enfermera Pomfrey, que ahora miraba a todos los jugadores de quidditch, fueran del equipo que fueran, con cierto rencor por haber manchado su pulcro historial. Y esa era una de las causas que inquietaban más a la pelirroja. Mientras que Henry, que ahora pasaba la mayoría de las tardes junto a Yasmine, o bien estudiando o bien paseando, parecía estar aún muy afectado por la desgracia de su compañera, Adrien no mostraba ni el más mínimo gesto de sentirse mal o arrepentido.
Por otro lado, aún estaba peleada con Lily, pero el enfado se iba diluyendo poco a poco a menudo que pasaban los días, y la razón iba regresando a su mente con lentitud pero sin pausa. Echaba de menos a Yasmine y sus locuras, y a Lily y sus ataques de madre protectora. Echaba de menos reír con ellas y hablar de chicos, de música y de estudios, del futuro que les esperaba. Porque siempre habían pensado que el futuro era suyo, de las tres, y que juntas afrontarían todo lo que se les viniese encima. Era una regla no pactada que ella había roto hacía algo más de un mes, y ahora se daba cuenta de lo mucho que se había equivocado con ellas. De modo que aquella última tarde en la que los alumnos tenían el último examen de aquel trimestre, decidió reunirse con ellas y sincerarse.
El último examen resultó ser una práctica de pociones. En general, y excepto algunas asignaturas, Estelle había acusado el no estudiar con la metódica Lily, pero en este caso, estaba desarrollando su examen mejor de lo previsto. Por eso terminó con una sonrisa satisfecha cuando Slughorn dio unas palmadas al aire para señalar que el tiempo de examen había concluido. Mientras el orondo profesor indicaba a los alumnos que pertenecían al club Slug que permanecieran unos minutos después de clase para comunicarles no se qué del día de Navidad, Estelle recogió sus cosas, ignoró, aunque esta vez con un poquito más de remordimiento, la mirada suplicante de Remus, y se dirigió resuelta fuera de la mazmorra. Pero aquel día no era un día como otro cualquiera, aquel fin de semana muchos de los alumnos abandonarían el Colegio para disfrutar de sus vacaciones de Navidad en familia, y al parecer, el licántropo no tenía la intención de perder la oportunidad de hablar con la joven.
-Estelle, tenemos que hablar ahora- dijo con voz firme y seguridad. La muchacha se volvió pero no le miró a los ojos. Notó como su corazón galopaba de miedo en su pecho y la voz apenas pudo salir de su garganta.
-No, no podemos hablar.
-Estelle- Remus acercó un brazo para tocarla, pero ella se retiró rápidamente evitando el contacto.
-¿Qué quieres?- preguntó ella con urgencia.
-¿Crees que soy un monstruo, verdad? Por eso me odias- dijo el joven dolido.- de todas las chicas con las que querría compartir algo, y eres tú, precisamente tú, la que odia a los seres como yo, Estelle- se lamentó.
-No entiendes nada, Remus- replicó ella atreviéndose a alzar la mirada pero sin mantener un contacto visual con los ojos dorados del chico.
-Pues ayúdame a entenderlo, Estelle- suplicó el chico a la desesperada. Al fin, ella alzó la mirada y contempló aquellos ojos que tanto le habían gustado, pero entonces el lobo grande de mirada asesina que una noche la había acosado en el Bosque Prohibido acudió raudo y veloz para hacerla estremecer de nuevo. Se dio la vuelta rápidamente y desapareció por el pasillo, dejando a Remus aún más abatido que nunca.
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-Roberts.- Snape la agarró con una mano que parecía una garra del brazo. Yasmine se dio la vuelta y dibujó una hipócrita sonrisa de alegría en el rostro.
-Créeme, Snape, después de este horrible examen de pociones de lo único que tengo ganas es de descansar- la muchacha se zafó del chico y avanzó a paso ligero por los pasillos de las mazmorras, sin darse cuenta de que estaba yendo por el camino equivocado. Aunque sí que se dio cuenta cuando llegó a una puerta cerrada y un pasillo sin salida.
-Mierda.
-Ahora tendrás que hablar conmigo a la fuerza- repuso Snape con una sonrisa de suficiencia acorralándola en el pasillo.
-¿No me voy a librar nunca de vosotros eh, mortífago?- espetó ella cansada.
-Te dije que no era fácil salir de esto, no sé como pensaste que podrías librarte de tu carga tan solo ignorando nuestros mensajes- replicó el chico sin hacer caso a la acusación de la joven.
-¿Qué quieres?- preguntó Yasmine perdiendo la paciencia y volviendo a sentir un agobio y un miedo que no sentía desde su excursión a la cueva de Bellatrix.
-Las investigaciones están muy avanzadas, pronto sabremos a quien debes llevar al Señor Oscuro. Y debes esperar una señal estas Navidades, necesitamos saber dónde vas a estar.
-¿Y si no lo hago?
-Morirás.
-Pues entonces moriré.
-Morirás… después de haber visto como mueren cada uno de tus seres queridos.- Snape podía haberse regodeado en su desgracia, podía haberse divertido con la simple idea de que aquello pudiera ocurrir, pero su voz destilaba más tristeza y abatimiento que otra cosa. Yasmine lo miró a aquellos pequeños y profundos ojos negros, y de repente se sintió aplastada por el peso de algo mucha más grande de lo que ella podría soportar.
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- Yasmine se está retrasando- comentó incómoda Estelle mientras Lily y ella se contemplaban mutuamente en la habitación de las chicas. Iona y Kate había ido a cenar y a celebrar el fin de los exámenes del primer trimestre, pero Estelle había suplicado a Lily que la acompañara a la habitación para decirle algo muy importante.
- Debe estar al llegar- dijo Lily aún recelosa. No entendía por qué de repente Estelle había decidido volver a hablarle, después de un mes de silencio absoluto.
Permanecieron unos minutos más en silencio, hasta que la esperada joven entró en la habitación bruscamente, tenía le semblante demasiado serio y triste, pero se paró en seco cuando descubrió a sus dos amigas mirándola interrogantes.
-¿Se puede saber qué pasa?- preguntó demasiado bruscamente.
- Estelle tiene algo que decirnos- le informó Lily haciéndose la aburrida, como si no le importara demasiado.
- Pues date prisa, mañana me voy y aún no he hecho las malestas.- replicó Yasmine del mismo modo. Estelle se quedó muda ante la brusquedad de sus amigas, y le dieron ganas de no contarles nada, pero se dijo a sí misma que se merecía aquello y mucho más y las miró a ambas.
- Quería deciros, primero, que os echo de menos- dijo enrojeciendo rápidamente. Aunque suspiró aliviada cuando el semblante de sus amigas se relajó.
- Menos mal, ya creí que nos ibas a decir que no querías volver a vernos nunca más y que te ibas de habitación- sonrió Yasmine. Lily sonrió también, y parecía muy aliviada.
-¿Qué es lo segundo que nos quieres decir?- preguntó Lily suavemente.
- Que siento mi comportamiento.
-¿Y lo tercero?- preguntó Yasmine. Las tres amigas se echaron a reír para aliviar la tensión que había en el ambiente, pero luego Estelle carraspeó y se puso muy seria. Su rostro palideció entonces.
- Veréis… yo… quería explicaros por qué no puedo aguantar… a los licántropos- esperó la reacción de sus amigas, pero ambas permanecieron en silencio y con el corazón en un puño.- veréis… uf, es difícil- dijo sentándose en una cama y retorciéndose las manos. Lily y Yasmine se sentaron una a cada lado de ella.
- Estelle, si no quieres, no tienes por qué contárnoslo- murmuró Yasmine dolida por el sufrimiento de su amiga.
- Tan solo aceptaremos tu postura, sabiendo que tienes un motivo que no sea un simple prejuicio.- dijo Lily, aunque en el fondo deseaba saber que era aquello que tanto aterrorizaba a Estelle.
- ¡No!- exclamó Estelle- he decidido hacerlo, no me voy a echar ahora para atrás.- respiró hondo y comenzó a hablar.- fue en la Navidad de 1973.
- En el tercer curso- dijo Lily para orientarse.
- Así es… era el día de Navidad, y estábamos en una casita en casa de mis abuelos, en mitad de la montaña. Mi padre, mi madre, mi hermano y yo siempre íbamos a pasar la Navidad con ellos- sonrió nostálgica- no quedaba madera, y mi padre se ofreció a ir a buscar un poco al bosque.- tragó saliva, siendo consciente de que a partir de ahora le iba a costar mucho seguir su relato- no regresó… y se hizo de noche, y lo que era una celebración… se convirtió en una pesadilla. Al día siguiente, encontramos a mi padre oculto en unas ramas, bastante lejos de la casita de mis abuelos, estaba lleno de arañazos y mordiscos que no dejaban de sangrar, que no cerraban… dijeron que un hombre lobo lo había atacado…- suspiró apenada, mientras dos gruesas lágrimas se deslizaban por sus pecosas mejillas. Sus amigas tampoco pudieron contenerse, y lloraron en silencio.- lo trasladaron a San Mungo, pero ya estaba muy débil, además, tenía arranques de violencia que nunca le habíamos visto. Olía todo mucho, nos miraba como si fuera una bestia... Estuvo así un par de meses… hasta que me atacó. Ni me di cuenta, estaba a su lado, leyendo, cuando empezó a retorcerse y a gritar, no se transformó del todo, pero saltó sobre mí y me derribó… consiguieron quitármelo de encima y sedarlo… pero ya, ya no despertó… No aguantó la transformación.
Ni Lily ni Yasmine pudieron articular palabra alguna. Y entonces… Estelle se derrumbó… y todas las lágrimas que no pudo derramar en su momento corrieron como ríos por su rostro, abandonándola y pagando una deuda que llevaba años ignorando.
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Buenas!! ya estoy de nuevo aquí, y al final si que ha podido ser a las dos semanas... este capítulo es un poquito light, suavecito y no muy largo, pero os aseguro que van a tener unas navidades moviditas. Por otro lado, últimamente la pareja James- Lily no ha sido muy protagonista, pero les esperan unos capítulos que van a estar prácticamente dedicados a ellos, porque se lo merecen! .
Reviewsss:
Adhara: Hola guapa!! si, parece que Yasmine no va a permitir los caprichitos del chico de ojos grises por mucho más tiempo... pero es que el chiquillo es bien irresistible jeje. Pues si, empecé la universidad hace un par de semanas, y ya estoy lo que es agotada... madre mía, que de apuntes, ahora mismo debería estar pasando apuntes en vez de actualizando, pero en fin, por un ratito... Y gracias por el consejo, te haré caso, porque si no me veo en febrero con el agua al cuello. Un besazo wapetona y gracias!!
Jusse: buenass!! que tal?? ya ves, la de cosas que le pasan... a Claudy aún le queda por dar mucha lata, que pesadita la pobre, y James y Lily... en fin, como no den un pasito alante les vamos a tener que empujar!! Shyne también tiene algún plan guardado por ahí, ya veremos de qué lado va... un besazoo y gracias!
AmparitoBlack89: Hola!! bienvenida a mi humilde fic jeje. Tranquila que aún quedan unos cuantos partidos de quidditch llenos de emoción... y más ahora que Adrien es rival directo de Remus... en fin, espero que te guste y leerte alguna vez más por aquí!! un beso y gracias!!
En fin, el próximo capi no sé exactamente cuanto tardará, porque el trabajo va aumentado y el tiempo disminuyendo, pero haré lo que pueda. Por cierto, creí que mis números de la suerte eran el 8 y el 11... no el 3!! animaros y dejad algún review, que son gratiis y me hacéis felices!! jaja besosss
Roxy
