Disclaimer: los personajes, lugares, etc... pertenecen a Rowling, a la Warner y asociados, no gano ni un mísero euro escribiendo todo esto!!

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Capítulo Doce: ¿Feliz Navidad?

El Gran Comedor bullía de risas, alegría y emotivas despedidas. Aquella mañana la mayoría de los alumnos de Hogwarts volverían a sus hogares para celebrar las Navidades con su familia, y los que se iban se despedían efusivamente de los amigos que por alguna razón u otra se quedaban en el castillo. Sin embargo, ni Lily, ni Yasmine, ni Estelle parecían muy por la labor de imitar al resto de sus compañeros. La pelirroja de ojos verdes se retorcía las manos nerviosamente mientras observaba la entrada del Comedor y se mordía el labio inferior con gesto preocupado.

Era uno de los pocos días, a parte de los fines de semana, que las chicas no tenían que vestir con sus particulares uniformes, y en esta ocasión se podía apreciar claramente el contraste de estilos entre las tres amigas. Lily vestía unos vaqueros azul claro ajustados y levemente acampanados, combinados con un bonito jersey de algodón verde esmeralda que resaltaba su figura y sus ojos. Calzaba unas gruesas botas marrones y el pelo lo llevaba recogido en una larga trenza que caía casi desecha por su espalda. Iba apenas maquillada, pero lo suficiente para que su rostro resaltara aún más que de costumbre, con sombras claras y pintalabios rosado.

Estelle, sin embargo, tenía la vista fija en la mesa de ravenclaw, y contemplaba taciturna a Adrien, que hablaba animadamente con Lauren Hill, con la que la pelirroja se había sentado a ver el partido de ravenclaw contra Gryffindor, y que ahora parecía más preocupada porque el ahora cazador y capitán del equipo se fijara en sus atributos que en la conversación que estaban manteniendo. La pelirroja de ojos azules era harina de otro costal. Vestía unos vaqueros al igual que Lily, pero a ella se le quedaban más anchos y colgones que a su amiga. Era una chica de estrechas caderas y abundante pecho, casi la antítesis de Yasmine, que lucía unas curvas prominentes y femeninas pero cuyo pecho no era excesivo. Estelle llevaba una camisa morada y holgada, de amplio escote y aires bohemios. Su pelo rizado lo llevaba adornado con una bonita boina francesa de color negro, y calzaba unas botas puntiagudas de tacón también negras. Ella iba un poco más maquillada que Lily, con sombras rosáceas y labios pálidos, pero seguía sin perder la frescura que solía tener cuando iba con la cara lavada.

Y si Lily tenía un estilo de vestir alegre e informal y Estelle romántico y bohemio, a Yasmine se la podría definir como elegante y atrevida. Le encantaba insinuar su curvilíneo cuerpo pero siempre con una elegancia innata, alejándose a pasos gigantes de la vulgaridad. Aquel día vestía una minifalda vaquera y deshilachada, de color claro, con unas tupidas medias oscuras y una chaqueta ajustada gris que llevaba sobre un jersey blanco de lana y escote redondo. Vestía unos botines grises de tacón y el pelo lo llevaba tan liso como siempre y recogido en una cola de caballo alta. Se había maquillado las pestañas con abundante rímel negro y se había marcado la raya de los ojos, de manera que resaltaban más que nunca. La joven morena, al igual que sus amigas, estaba metida en su propio mundo de elucubraciones mientras contemplaba a Claudy sentada al lado de Sirius, en la mesa de Gryffindor. La chica no entendía nada. Tras la sorprendente confesión del merodeador, había esperado impaciente el ataque de histeria y desesperación de Claudy, los improperios hacia su desagradecido novio, los llantos… pero la rubia había sonreído condescendiente, como si aquello solo fuera una broma pesada del chico, y lo había besado delante suya. Yasmine no se quedó a ver el espectáculo, se dio la vuelta decidida y se perdió la cara de pasmo que se le quedó a la ravenclaw cuando Sirius se libró de ella y corrió tras la morena para explicarse. Claro que ya no le había dado más opciones. No había hablado con Sirius desde entonces, y ya hacían dos largas semanas. Lily pensaba que ya tenía superado lo del atractivo merodeador, pero solo Yasmine sabía lo lejos que la pelirroja estaba de tener razón. Anhelaba con cada fibra de su ser la compañía del animago, sus besos y sus caricias, que tan loca la habían vuelto. Cuando pasaba a su lado cerraba los ojos intentando ignorar la mirada implorante del chico y contenía la respiración para evitar a toda costa oler su aroma y dejar que sus hormonas tomaran el control. Y no era fácil. Por fortuna, Henry pasaba cada vez más tiempo con ella, y al contrario de lo que ella hubiera podido imaginar en un principio, lejos de ser el típico macho posesivo y celoso que había pensado la había dejado llorar sus penas en su hombro gustosamente, se había desahogado de todas las maneras posibles y él, en lugar de sentirse celoso y dolido, la había escuchado y la había apoyado en todo momento. Estaba resultando ser un amigo indispensable para ella, y cada vez lo quería un poco más. Por su parte, Henry ya le había confesado, hacía tan solo un par de días, que estaba completa y absolutamente enamorado de ella, y que sabía que tendría que tener paciencia y esperar para poder ser recompensado. A Yasmine jamás se le olvidaría aquella clara noche de diciembre.

Corría por los pasillos que llevaban a la torre de Astronomía sigilosamente, intentando no hacer ruido y procurando que nadie la viera. Era la primera vez que Henry la citaba en aquel lugar, y a la joven le había extrañado bastante, teniendo en cuenta lo reacio que era el muchacho a saltarse las normas del Colegio. Se lo encontró sentado en una de las almenas de la torre, con los pies colgando en el oscuro vacío. Yasmine se quedó contemplándolo unos segundos, y una sonrisa cariñosa apareció en su rostro. Estaba cantando una canción, y a la joven le encantó la melodía, de modo que permaneció unos segundos escuchando en la oscuridad.

-You´re my angel… como and save me tonight…- terminó el chico, la joven lo vio suspirar y sonreír a la media luna que brillaba majestuosa aquella noche.

-Es una canción preciosa- dijo la joven morena dejándose ver entre las sombras. Henry se giró rápidamente y su rostro reflejó alegría y algo de timidez.

No sabía que estuvieras ahí- dijo haciéndole hueco a su lado. Yasmine miró al vacío con regocijo, pero terminó por sentarse.

-No me irás a decir ahora que te dan miedo las alturas- bromeó Henry amistoso- te he visto volar y cualquiera lo diría.- Yasmine sonrió y miró las estrellas.

-En realidad me da miedo la oscuridad- le confesó con los ojos brillantes. Por primera vez en mucho tiempo, sonrió segura de donde estaba, con quien estaba. Estaba a gusto, feliz, sintió que aquel momento era mágico y especial, que sería uno de esos momentos que recordaría toda su vida.- me aterroriza no ver lo que hay a mi alrededor.

-A veces…- dijo Henry tras meditar unos segundos- a veces no podemos ver lo que hay a nuestro alrededor. Simplemente debemos esperar a que la luz aparezca, o intentar buscarla.

-Ya estoy cansada de buscar esa luz. – sonrió apenada la chica.

-Tal vez deberías dejar que la luz te encontrara a ti, Yasmine- al oír aquellas palabras, el vello de su piel se erizó y no pudo más que alzar la vista y mirar a aquellos profundos ojos negros que le transmitían tantas cosas en aquel momento. Era el chico perfecto, guapo, atractivo, divertido y simpático… Por eso su corazón se rompió en miles de millones de trozos de cristal cuando en lugar de ver aquellos ojos negros vio dios radiantes soles grises.

-Mierda…- suspiró desviando la mirada.- joder.- Henry rió amargamente.

-¿Es por él, verdad? ¿Es por Black?- su voz sonaba un tanto resignada y algo cínica, pero se calló en cuanto escuchó los sollozos de la joven.- ey ey ey… - dijo agarrándola de los hombros y apretándolos suavemente- Yas… tranquila…- la joven se echó sobre su pecho y dejó que él la abrazara con suavidad, envolviéndola en un halo de protección.

-Es que…- dijo entrecortadamente- es que no entiendo que me pasa… Henry… tú me gustas…

-Pero no estás enamorada de mí, Yasmine, sino de él- terminó el joven con tristeza.

-Pero yo…

-Yas- esta vez el joven cogió delicadamente la barbilla de la chica y la obligó a mirarle a los ojos- te quiero.

"Vale, eso sí que no me lo esperaba". La gryffindor abrió los ojos de par en par, sorprendida por la revelación de su compañero, que se había puesto repentinamente colorado.

-Te quiero, estoy enamorado de ti hasta la médula. Tú forma de ser, de actuar, de comportarte con la gente… y tu físico- añadió guiñándole un ojo cómicamente seductor que la hizo reír a la vez que lloraba.- y por eso… por eso te voy a esperar. Sé que si soy paciente, algún día me veré recompensado… y tu amor es la mayor recompensa que podría tener nunca.

Después de aquello, Yasmine no pudo más que besar al hombre que le acababa de dedicar semejante declaración de amor.

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-¡Ahí está!- exclamó Lily repentinamente blanca, señalando a la puerta. Sacó de un golpe porrazo a Yasmine de sus dulces recuerdor y a Estelle de sus ensoñaciones, y ambas la miraron confundidas.

-¿Estar quien?- preguntaron mientras veían como Lily se estiraba el jersey y se tocaba el pelo nerviosamente.

-¿quién va a ser? ¡James!- exclamó nerviosa.- chicas, lo que voy a hacer va a pasar a la historia, es más, jamás me veréis volver a hacer algo así por un tío que no sea ese…. ¡engreído cuatro ojos que me está volviendo loca!- y de pronto decidida, se dirigió a James Potter, que se acercaba a la mesa de Gryffindor con su típico aire rebelde y seductor que volvía locas a las niñas y sacaba a Lily de sus casillas, y lo paró en seco.

-Lily… ¿qué quieres?- preguntó el joven siendo consciente de que en breve se formaría una escena a ojos de todos los estudiantes, profesores y demás personal del colegio.

-James Potter- dijo la pelirroja como si fuera a regañarle. Tomó aire, como si fuera muy difícil decir lo que fuera que quisiera decir, pero al final, y ante el asombro de todos, soltó: - Lo siento.

-Se escuchó un Oooooh! de sorpresa general que se extendió poco a poco por todo el comedor, pero sin duda el más sorprendido era el mismo James.

-Lily…- la cogió de los brazos y la zarandeó un poco, como si la pelirroja estuviera loca o fuera de sí- Lily, no sabes lo que dices, ¿qué te pasa? ¿Qué has tomado?- preguntó preocupado por la salud de la chica.

-¡¿Qué?!- exclamó ella hecha una furia- James Potter no estoy borracha, no he tomado nada ni estoy loca. Estoy pidiéndote perdón porque odio que estemos así, porque me gustas, James Potter, porque quiero que dejemos el orgullo, los celos y las tonterías de lado, y porque me gustaría que vinieras conmigo a la fiesta de Navidad del profesor Slughorn.

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-Adrien, tenemos que hablar- Estelle se puso una mano en la cadera y esperó a que Loren entendiera que debía dejarlos solos. Al cabo de unos incómodos segundos de silencio la chica sonrió suficiente y se alejó de ellos unos metros.- ¿qué vamos a hacer?- la intrépida acción de Lily la había despertado de su sopor y la había obligado a actuar.

-Mira, nena- a Estelle no le gustó nada la manera tan poco cariñosa que tuvo de decir aquella palabra- la otra noche lo pasé genial contigo, pero es que…- sí, la otra noche, Estelle la recordaba muy pero que muy bien, es más es una de esas noches que más adelante tildaría como el mayor error de su vida y que la haría sentirse humillada una y otra vez.

Adrien por fin había tenido un buen día, o al menos lo parecía, parecía feliz y contento, y la mimaba más que nunca, regalándole besos incluso cuando Remus no estaba cerca, cosa que era un alivio porque de ese modo Estelle podía disfrutar verdaderamente de lo que hacía, y con el licántropo delante lo cierto es que aquello la incomodaba bastante, aunque no lograba entender por qué. Era una tarde- noche muy clara de diciembre, y Henry se había despedido de ellos comunicándoles con cierta alegría que tenía una sorpresa para Yasmine. Entonces Adrien la había besado tiernamente, más tiernamente de lo que nunca lo había hecho, y la había cogido de la mano. Estelle ya sabía lo que aquello significaba, sabía reconocer aquella mirada en los chicos, y había sonreído a Adrien para animarlo a seguir. El chico la ayudó a levantarse del frío banco donde estaban sentados, alargando la escena y haciéndola dar una vuelta sobre sí misma como si fueran dos enamorados que se ven por primera vez en mucho tiempo. Estelle si que se sentía así, después de lo que parecía un gran bache las cosas empezaban a marchar como debían, aunque cuando Adrien la llevó cerca del bosque comenzó a sentirse intranquila.

No disfrutó. Es más, a pesar del hechizo de calefacción que el ravenclaw hizo con prisas, de que convocó una mullida manta para el suelo y que acondicionó el lugar para que nadie los viera, pasó frío, miedo y dolor. Pensó, tal vez, erróneamente, que todo podría mejorar…

-¿Pero es que qué?- cortó la pelirroja de golpe.

-Que me echaste en cara que yo había dañado a Oly a propósito, Estelle, y eso no voy a perdonártelo.

-Sabes que no hice eso, Adrien.- protestó la muchacha dolida.

-Pues te faltó muy poco.

-Aún así…

-Mejor hablamos luego, ¿vale?- pero a Estelle ya se le había encogido el estómago cuando vio al chico mirar con urgencia a Lauren, que lo esperaba a unos metros y había hecho un gesto que ella no había llegado a ver.- mis padres van a celebrar una cena de Navidad, mi chófer pasará a recogerte a las 6 el día 24, ¿de acuerdo?- se levantó antes de que a la muchacha le diera tiempo a protestar, le dio un fugaz beso en la mejilla y desapareció tras Loren, como si la chica de pelirrojos cabellos rizados fuera completamente estúpida... y ni mucho menos le hizo sentirse mejor darse la vuelta y ver a Remus besando a Shyne con lobuna ferocidad.

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- Claudy…- Sirius llamó a la muchacha, que estaba rodeada como siempre de sus inseparables amigas de alta cuna, y le dirigió una mirada neutra. Tras meditar unos segundos se separó del grupo de chicas con un rápido "nos vemos luego" y se encaró al animago.

- ¿Qué quieres?

- Quería decirte que es mejor que nos demos un tiempo…- el animago no se ando con rodeos, y aquello no pareció importarle mucho a la muchacha, que lo miró fijamente.

-¿Sabes? Siempre creí que tu madre era una mujer con mucha clase, podríamos ser tan felices…- comentó soñadora. A Sirius se le erizó el vello de los brazos pensando en esa posible felicidad.

- Bueno, voy a estar en la casa de mi tío, en la costa, si necesitas algo…- la muchacha siguió mirándolo fijamente unos segundos, hasta que decidió darse la vuelta y seguir la interesante conversación que había estado manteniendo con sus amigas.

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Pero al contrario de lo que el joven merodeador pensaba, Claudy no pensaba ni mucho menos tirar la toalla. Fue la cara de alegría que se le quedó a su enemiga mortal tras el hachazo de Sirius (después de la de pasmo claro) lo que la hicieron reaccionar de la manera más… lógica a su modo de parecer que tuvo. No iba a servirle aquel suculento plato en bandeja tan fácilmente, todavía le quedaba mucha artillería por sacar… iba a sacar todas sus armas de mujer con tal de que Yasmine no volviera a tocar nunca más en su vida a Sirius Black.

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- ¿Entonces vamos a pasar las vacaciones juntos?-preguntó Shyne a Remus con una alegría contagiosa y desbordante. Habían decidido, tras mucho pensar, volver a darse una oportunidad, pero a parte de tener buenas sesiones de sexo más a menudo, Remus seguía viéndola como todos los días, claro que eso no se lo había dicho aún a la chica.

- Verás, mi madre me acaba de comunicar que nos mudamos de casa- el chico balanceó ante los ojos azul eléctrico de la morena un pergamino escrito con una curvilínea letra femenina.- así que hasta año nuevo por lo menos toca mudanza.- explicó el chico.

- Vaya…- la joven siguió con la mirada la carta que se aún se balanceaba ante ella, y de nuevo una sonrisa acudió a su rostro- ¡genial! Así podré decorar tu habitación- exclamó alegremente.- voy a recoger mis cosas, nos vemos en media hora en el vestíbulo- y de un rápido beso robado se despidió de su reciclado novio y corrió fuera del comedor.

- Me parece genial que hayas vuelto con Shyne, Rem.- opinó entonces James, también más feliz que una perdiz, metiéndose en la boca una loncha entera de beicon.

- Sí…- aunque el merodeador de gafas no reparó en el poco entusiasmo de su amigo, dado que ahora mismo flotaba en una nube de algodón rosado con cierta pelirroja loca.- enhorabuena a ti también, Prongs. Has hecho que decenas de chicas se vayan a llorar sus penas a su casa, les has arruinado las navidades, te parecerá bonito ¿no?

El aludido rió a grandes carcajadas, casi atragantándose con el beicon.

-¡Te has levantado de buen humor! Pero en todo caso se las ha estropeado Lily, no yo… ¿Qué me pongo para la fiesta?- preguntó de repente preocupado.

-A Lily le gustarás igual, ya te lo ha dejado claro.- opinó Sirius llegando hasta sus amigos, no parecía muy contento.

-¿Qué ocurre, Pad?- esta vez James sí se fijó en la cara de malas pulgas de su amigo de ojos grises.

-Lo he dejado con Claudy…- informó con voz monocorde.

-¡Pero eso habría que celebrarlo!- gritó Remus feliz de repente, descorchando una botella de champán salida de la nada.

-Pero Henry está con Yasmine- terminó Sirius alicaído.

-Oh- Remus hizo desaparecer la botella tan rápido como había aparecido.

-¿Cómo lo sabes?

Se van juntos a la casa de los tíos de él. ¡Yo pensaba invitarla a lo mismo!- se quejó arrugando la nariz como un niño al que le acaban de quitar su piruleta.- yo a eso le llamo plagio- añadió con rencor. Aunque su rostro cambió del enfado a la estupefacción cuando vio a James riendo con suficiencia, y a Remus imitándolo.

-¡Por Merlín!- exclamó el chico de gafas- ¡menudo merodeador!

-¿Qué merodeador?- se carcajeó también Remus- ¡un merodeador no tira nunca la toalla! Yo no veo a ningún merodeador por aquí. Aparte de nosotros dos claro.

-Ya os vale tíos ¬ ¬ …

Pero al parecer… James y Remus aún parecían encontrarlo muy divertido.

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El camino de vuelta a Londres fue relativamente tranquilo, exceptuando el hecho de que Sirius no cesaba en su intento de entrar en el compartimento de las chicas, que Yasmine se había encargado de cerrar con magia, y de las veces que Snape había tratado de quitarle puntos a los merodeadores por armar escándalo en los pasillos. En realidad era una calma aparente, pues en los corazones de las tres amigas latía la irremediable certeza de que, después de estar tres meses juntas día y noche, y a pesar de sus diferencias y roces, en breve se separarían, aunque fuera por un corto intervalo de tiempo. Las tres estaban demasiado acostumbradas a la presencia de las otras, a su apoyo constante y esa peculiar amistad que las unía. Por eso, cuando se vieron en el andén 9 y ¾, a punto de separase durante un par de semanas, sintieron como se les hacía una gran cuesta arriba.

-Chicas…- Yasmine miró a sus dos amigas largamente, con un nudo en el estómago.

-Nos vamos a ver, vamos a quedar- aseguró Lily, sin poder ocultar el brillo de sus ojos verdes.

-Por supuesto.- confirmó Estelle pálida.

-Os voy a echar de menos- pero la emoción pudo con ellas y las tres se fundieron en un cariñoso abrazo.

-¡Feliz Navidad!- les gritó Iona pasando corriendo a su lado y revolviéndoles el pelo. Las tres amigas se separaron entre risas y lágrimas.

-Pasadlo bien, ¿vale?- dijo Lily sonriendo.

-Y tú, pillina, ten cuidado con James- bromeó Estelle recordando a Adrien y desanimándose bastante.- y tú con Henry…

-Lo mismo te decimos con Adrien- pero esta advertencia era mucho más seria de la boca de Lily que de la boca de Estelle, que sonrió sin fuerzas.

-Os quiero un montón, que lo sepáis. Ser amiga vuestra es… es parte de mí. No es una amistad interesada, ni una amistad circunstancial… estoy muy unida a vosotras, quiero que lo sepáis.

-Estelle…- Lily y Yasmine se abalanzaron sobre la chica de cabellos color fuego y la estrujaron entre sus brazos.

-Vamos, Yasmine- Henry la cogió de la mano al pasar por su lado y la arrastró con él al otro lado de la barrera mágica- ¡ hasta luego chicas!- se despidió el joven alegremente mientras desaparecía en el muro. Lily y Estelle se despidieron con la mano.

-Lily, gracias por darme una segunda oportunidad- dijo Estelle sinceramente. La pelirroja le sonrió y le dio un beso en la frente.- creo que no me la merecía.

-Mi pequeña Estelle, tú eres ahora la que debe darle una segunda oportunidad a alguien.- le aconsejó su amiga. Y como nombrado de la nada, Remus apareció seguido de Sirius, James y Peter.

-¿Dónde está Yasmine?- preguntó Sirius con urgencia.

-Se acaba de ir con Henry.- le informó Lily no sin cierta satisfacción.

-¡Mierda!- el merodeador golpeó la pared del andén con fuerza.

-¡Te vas a hacer daño!- exclamó Lily cogiéndole el brazo y evitando que el muchacho volviera a golpearse.

-Lily…- James le habló esta vez, parecía un poco cortado. La pelirroja soltó al merodeador de pelo negro para centrar toda su atención en él.

-¿Sí?- preguntó algo colorada. No había hablado con él desde que lo había invitado al baile delante de medio instituto, y ahora la vergüenza la embargó por completo.

-¿A qué hora quieres que te recoja el 24?

-Ah, pues a las 6 estaría bien, ¿no?

-Bien, a las 6, hasta, hasta entonces- James se acarició la nuca incómodo, y ambos se acercaron torpemente hasta darse dos besos igual de torpes en la mejilla. El merodeador se despidió de Estelle y los cuatro chicos desparecieron en el muro.

-Supongo que Petunia debe estar esperándome, Estelle, ten cuidado, ¿vale? Y pásalo bien.

-Tú también, y mucha suerte con James- la pelirroja le dirigió una divertida mirada de apuro y desapareció también. Entonces entre el humo del tren, que poco a poco iba despejándose, apareció Lucas Simons, un recio muchacho de cabellos rizados y negros. Estelle sonrió. Volvía a sentirse en casa.

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- ¿Qué tal Vernon, Petunia?- Lily cruzaba los dedos sin que su hermana lo viera para que el trayecto acabara cuanto antes. Su hermana no la había saludado alegremente, ni siquiera la había saludado, se había limitado a abrir el maletero de su Austin Allegro del 73 de un mal golpe e indicarle con un brusco movimiento de cabeza y un "date prisa" con muy malas pulgas que subiera rápido al coche. Desde entonces, los incesantes intentos de Lily por hacer la situación más llevadera eran cada vez mas infructuosos.

- Vernon anda tan bien como siempre- respondió Petunia alzando la nariz petulantemente.- aunque realmente no creo que eso sea de tu agrado.- añadió pitando agresivamente a un peatón que cruzaba debidamente por su paso de peatones interrumpiéndoles el paso. Lily se preguntó qué habría pasado para que su hermana estuviera aún de peor humor que de costumbre, pero empezó a intuirlo cuando su hermana le dijo con rabia:

- Mamá y papá están deseando verte. Tienen una gran sorpresa para ti.- y cerró la boca para no volver a abrirla hasta que llegaron a la casa de los señores Evans, en un barrio industrial a las afueras de Londres.

Petunia aparcó de tan malas maneras como había estado todo el camino, y Lily respiró aliviada cuando salió del coche y vislumbró por primera vez en más de tres meses el pequeño jardincito que presidía su casa. En la puerta esperaba risueña una bella mujer de cuarenta y tantos años, pelirroja y delgada, de bonitos ojos negros, que llevaba puesto un delantal rosa sobre una larga falda blanca.

-¡Mamá!- Lily dejó caer el baúl y el bolso en el cuidado césped y se abalanzó sobre Allendra Evans, que la abrazó cariñosamente- te he echado de menos…- susurró la pelirroja de ojos verdes sintiendo como las lágrimas acudían a sus ojos. Parpadeó un par de veces para recuperarse, pero su madre fue más rápida.

-Mi niña…- sonrió la mujer- ¿estás sensible, Lyls?

-No…- Lily rió intentando disimular su emoción- es que tenía muchas ganas de veros… ¿y papá?- la señora Evans sonrió enigmáticamente, pero de repente el sonido de una bocina rompió el silencio de aquella tarde invernal. Lily se giró sobresaltada y vio a su padre montado en un flamante Volkswagen escarabajo rojo saludándola alegremente. Timothy Evans aparcó despreocupadamente en la acera y se bajó del coche, llegando a grandes zancadas hasta su hija y abrazándola con fuerza. Tim Evans era un hombre de casi cincuenta años, alto y delgaducho, de cabellos castaños y ondulados, ya algo canosos, y unos preciosos ojos verdes que Lily había heredado.

-¡Papá!- exclamó Lily sorprendida- ¿os habéis comprado un coche nuevo?- preguntó repasando con la mirada el bonito coche. Lily amaba los escarabajos, era su coche favorito y estaba deseando comprarse uno.

-Es tuyo, Lilian- espetó Petunia haciéndose paso entre sus padres y su hermana y entrando a la casa entre murmullos descontentos.

-¿¡qué?!- Lily miró a sus padres esperando a que éstos desmintieran la broma de su hermana, pero éstos simplemente sonreían.

-Bueno, es del 75, de segunda mano, pero confiaba en que te gustara- dijo el señor Evans lanzando breves miradas a su esposa.

-Es tu regalo de Navidad, cariño- aclaró la señora Evans con tranquilidad.

-¿Y bien? ¿Te gusta?- preguntó Timothy ansioso.

-¿qué si me gusta? ¡Es precioso!- Lily corrió a través del jardín y se acercó al coche, que parecía esperarla con una sonrisa dibujada entre las dos luces delanteras.- ¡Me encanta!

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- Señor Potter- Gipsy, la anciana elfina doméstica de la familia, le abrió la puerta dócilmente y lo saludó con una rigurosa inclinación de cabeza.

-¡ Gip!- exclamó feliz el merodeador, alzándola en brazos y dando varias vueltas con ella en lo alto- ¿Cómo estás? ¿Y mamá y papá?- preguntó el chico dejándola en el suelo y esperando ávido alguna respuesta. Pero entonces vio el semblante triste de la elfina y un nudo se le hizo en el estómago.

-¿Qué ocurre, Gipsy?

La elfina carraspeó unos segundos y se miró los pies largamente.

El sanador ha venido a verlos, señorito, está en la habitación de los señores- pero no había terminado de hablar cuando James ya subía de dos en dos los escalones alfombrados de la imponente escalera del vestíbulo.

Se encontró con el sanador Sullivan cerrando con sigilo la puerta del cuarto de sus padres. Era el sanador privado de la familia, amigo de toda la vida del matrimonio Potter, y a James no le gustó para nada el gesto de contrariedad con el que lo recibió.

-James… - lo miró profundamente con unos ojos azul pálido realmente escalofriantes.

- Señor Sullivan…

- James, llámame Marcus, nos conocemos de toda la vida.- protestó el anciano de barba blanca dirigiéndose a una silla tapizada que había en el pasillo, donde dejó el maletín negro.

-¿Qué les pasa a mis padres, Marcus?- preguntó el muchacho de gafas preocupado.

-Charlus y Dorea lo han compartido todo en la vida- dijo entonces el sanador. James pudo adivinar una sonrisa nostálgica bajo la tupida mata de barba blanca.- incluso las enfermedades.

-¿Enfermedades?- preguntó James sin entender. De repente se sentía torpe y espeso- ¿qué enfermedades?- el sanador suspiró como si aquello fuera lo más duro que había hecho en toda su vida.

- James, tus padres ya no son jóvenes y fuertes, incluso para un mago, tus padres ya han vivido mucho más de lo que algunos podrían aguantar- dijo el señor Sullivan lentamente- querían tenerlo todo, y sabía que con su amor tenían suficiente, y te lo digo yo, que conozco a tu padres desde que éramos así de chicos- puso la palma de una mano a la altura de un metro del suelo- consiguieron el amor, la gloria, el dinero… pero les faltaba algo.- hizo una leve pausa en la que siguió contemplando el adusto semblante de James a la luz tenue e invernal de aquel oscuro pasillo- les faltabas tú.

-Pero…

-¿Qué quiero decir?- esperó a que James asintiera para continuar- hace 17 años Charlus y Dorea recibieron el mayor regalo que dos personas que se aman pueden recibir: un hijo. Tú has hecho feliz a tus padres durante toda tu vida.

-¿Qué les pasa?- James estaba empezando a cansarse de oír lo importante que era para sus padres, necesitaba saber que les ocurría. El señor Sullivan cerró los ojos y volvió a suspirar como si estuviera haciendo un esfuerzo de corazón inimaginable.

- Tus padres se mueren, James.

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Sirius golpeó la desvencijada puerta de la cocina hasta que, con un fuerte chirrido, se abrió definitivamente. Su tío Alphard le había legado su casa de playa o campo, según los gustos, al que decía que era su sobrino favorito. Pero estaba claro que aquella casa necesitaba más de un arreglo y más de una capa de pintura. Oteó la habitación en la oscuridad y sacó su varita, convocando las diminutas esferas luminosas que le permitieron ver el estado en el que se encontraba la cocina. "No está tan mal", pensó al cabo de unos segundos, solo tendría que arreglar el mobiliario, pintar las paredes, limpiar el césped, ponerle cristales a las ventanas y limpiar el palmo de polvo que reinaba en la casa, además de matar a las ratas y a las doxys que ahora eran dueñas del lugar. Salió al césped y escondió su Harley Davidson negra voladora entre unos matorrales cerca de la casa, ocultándola con un hechizo desilusionador. Fuera hacía frío y un viento helado que olía a salitre, pero Sirius evocó sus días de infancia en la casa, con su amable y anciano tío cocinando para él y para Andrómeda mientras ellos corrían por las verdes praderas del campo, y de repente lo echó en falta más que nunca. Alphard Black había aparecido muerto en marzo de aquel mismo año, al parecer a manos de los llamados mortífagos. Había sido una de las primeras víctimas del movimiento anti-muggle de aquel que se hacía llamar Lord Voldemort y sus seguidores. Sirius se dio cuenta entonces de lo dura que iba a ser la primera noche en una casa llena de felices y nostálgicos recuerdos vagando en ella como almas en pena.

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- Cariño, mañana empezamos con la mudanza- informó Isabella Lupin a su hijo, mientras le apartaba la suculenta sopa de cebolla en un amplio plato de porcelana.

- Mamá, ¿vas a decirme de una vez por qué nos mudamos? ¿Acaso no es esta casa lo suficiente grande?- preguntó Remus por enésima vez aquella tarde. Su madre no le había prestado mucha atención desde entonces, es como si tuviera la cabeza en otra parte o como si quisiera evadir la pregunta de su hijo.- ¿Y por qué no ha llegado aún de trabajar papá?- Remus estaba empezando a mosquearse de verdad, además, no entendía la falta de decoración de la que ahora presumía la casa, sin que hubiera ninguna caja llena de chismes para trasladar.

Finalmente, Isabella Lupin se paró en seco y se volvió a su hijo, con los ojos dorados brillando a la luz de las lámparas de aceite de las paredes.

-Verás, hijo mío- dijo temblorosa- últimamente las cosas no nos han ido muy bien- dijo mirando al techo y cerrando los ojos angustiada.- hace un mes echaron a tu padre del trabajo, y hemos tenido que empeñar algunas cosas… y esta casa, bueno, somos tres, esta casa es muy grande para nosotros tres- dijo recogiendo su plato sin acabar de la mesa y llevándola al fregadero de aluminio. Remus entendió de golpe el motivo de la mudanza.

-Puedo dejar de estudiar, la matrícula de Hogwarts es cara- dijo seriamente. Su madre se volvió violentamente y lo apuntó con una larga cuchara de madera.

-¡Aquí nadie va a dejar de estudiar, Remus! ¡Y mucho menos tú!- gritó ahogando el llanto. Remus se levantó sorprendido y subió las escaleras camino de su habitación sin probar bocado. Cerró la puerta tras de sí y se tumbó en la cama boca arriba. Cerró los ojos intentado abstraerse y no oír los sollozos ahogados de su madre en la cocina, intentando olvidar que era un monstruo, y que la chica a la que amaba lo odiaba por ello, intentando ignorar que eran cada vez más pobres, y que ya nada más podía ir peor.

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- Vaya… es preciosa…- Yasmine acarició con suavidad las suaves cortinas de seda lilas que colgaban en los ventanales de su habitación, que daban a un amplio balcón blanco.

- Sabía que te iba a gustar- sonrió Henry mientras depositaba las maletas de su compañera en el suelo.- no hay mucho polvo, mis tíos se fueron de aquí hará una semana, así que esta todo limpio.

-¿y qué querías arreglar tú de la casa exactamente?- preguntó la muchacha colocándose una mano en la cintura y alzando una ceja acusadora. Henry rió divertido y se acercó a ella, cogiéndola de ambas manos.- yo la veo perfecta- añadió Yasmine sin entenderlo.

- Tenemos que arreglar el desván- dijo señalando el techo de madera- y el sótano-añadió el joven mirándola con aquellos ojos negros que parecían no tener fin.- luego eres libre de quedarte o marcharte.

- Si no hubiera querido venir, Henry, no habría venido- le aclaró ella mientras se daba la vuelta y abría no sin dificultad los amplios ventanales del balcón. Salió a la fría noche de invierno y se apoyó en los blancos barrotes, observando el paisaje y dejándose acariciar por el aire helado.

- ¿Quién vive ahí?- preguntó señalando la casita de madera que había en lo alto de la colina vecina, a pocos metros de la mansión de los tíos de Henry.

- Vivía un anciano que murió este año- le contestó el chico.- vamos adentro, aquí hace un frío que pela- dijo abrazando a Yasmine, que se había quedado prendada de aquella casita en la colina y arrastrándola a la habitación- mañana va a ser un día muy largo…

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- ¡ Ya era hora de que llegarais!- exclamó Lise Simons enfadada mientras saludaba a su hija con un protector abrazo y a su hijo con un beso en la mejilla- la cena está servida desde hace horas. Lise Simons era una mujer menuda, con el pelo tan rizado y pelirrojo como el de su hija, y los ojos tan azules como zafiros.

- ¡Mamá!- Estelle corrió y abrazó a su madre por la espalda, oliendo el aroma de su pelo que la hacía recordar su infancia.

- He llevado a Estelle a tomar algo, para que me pusiera al día de sus novios- dijo Lucas Simons intentando aplacar el ánimo de su madre, que se giró y lo miró ceñuda. Pero pronto se relajó y volvió a abrazar a sus hijos con una sonrisa cariñosa en los labios.

- No vais a cambiar nunca, ¿eh?- les dijo enérgicamente.

- Tú no quieres que cambiemos- señaló Estelle rápidamente.

- ¡Qué razón tienes! Bueno chicos, vamos a cenar, que mañana hay que hacer un bonito y suculento pastel de chocolate.

- ¿Por qué?

- Han vendido la casa de al lado, ¡pronto tendremos nuevos vecinos!

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¡Por fin actualicé! Llevo desde el viernes pasado con remordimentos!! Pero ha sido completamente imposible, así que aquí os lo dejo... lo del 3 va en serio. ¡animaros y dejadme algún review más! aunque sean 4 en lugar de tres, que no cuesta tanto y me animáis... estoy empezando a pillarle cierta tirria a ese número... anda, que así se escribe mejor! bueno ya me he arrastrado bastante paso a contestar a los reviews rápidamente!!

Jusse: Sí, Adrien no se caracteriza por ser un ángel precisamente!! ya veremos que ocurre con Sirius, aunque al parecer la cosa va a liarse un poco!! un beso y gracias por estar ahí siempre!

justweasley: hola guapa!! muchas gracias por tu review, me alegra informarte de que el próximo capi será prácticamente un Lily- James de toda la vida, espero que lo disfrutes! intentaré tardar lo menos posible en subirlo. Un besazo!!

Adhara: Hola wapetona!! jaja pues así estoy yo, entre trabajos, prácticas, teoría... puf llego reventada... voy acelerada jajaja. Y los apuntes ya se están convirtiendo en mis enemigos mortales, ahora mismo debería estar pasando los de anatomía, pero no hay manera! y tu qué estudias? bueno chica un besazo y espero que hasta pronto!!

Nota: la canción que canta Henry es una parte (muy pequeña) de la letra de Angel, de Aerosmith! me encanta ese grupo. Un beso a todos y hasta pronto!!

Roxy