Disclaimer: los personajes pertenecen a Rowling, la Warner y asociados, y yo no gano ni un céntimo escribiendo todo esto.

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Capítulo Trece: I don´t want to miss a thing

James se contempló durante largo rato en el espejo de cuerpo entero que presidía uno de los laterales de su habitación. Un muchacho alto y de complexión delgada y fuerte le devolvió una lánguida mirada a través de unos bonitos pero tristes ojos marrones. Llevaba una elegante túnica de gala negra que lo hacía parecer aún más hombre de lo que era, pero había dado por imposible domar su rebelde cabello azabache. En realidad no le importaba. Hacía tres días que detalles como aquel le parecían completas trivialidades sin importancia alguna. Es más, aquella fiesta de Navidad promovida por el orondo profesor Slughorn había empezado a parecerle también una mera cuestión sin importancia. Si no hubiera sido por sus padres, con los que había hablado aquella misma mañana para comunicarles que no iría a la fiesta, no estaría vestido con aquella túnica que lo hacía sentirse agobiado y presa de una pequeña cárcel. Lo único que milagrosamente conseguía aliviarle era pensar en Lily. Y no pensar en ella como llevaba ya tres años pensando, esta vez era de manera distinta, era como si con tan solo verla una pequeña parte de la pena que sentía en su corazón se escapara y lo dejara tranquilo durante unos segundos. Sus padres conocían la existencia de la guapa pelirroja desde casi la primera vez que James se fijó en ella, y durante aquellos días les había hablado de ella más a menudo que nunca, y pudo adivinar la alegría en los ancianos ojos de su madre cuando les contó que la joven había al final aceptado que había algo entre ellos, así como también había leído la decepción cuando les había comunicado que rechazaría la invitación para quedarse a su lado.

-¡Es una chica maravillosa y tú tienes que aprovechar esta gran oportunidad, James!- le había dicho Charlus Potter con tanta energía que había desencadenado una irrefrenable tanda de toses y resoplidos.

-James…- su madre le habló con suavidad, y cogió una mano del chico entre las suyas temblorosas.- ahora es tu turno de vivir, de vivir por nosotros… no te encierres en ti mismo, y mucho menos en esta solitaria casa.

Y en cierto modo tenía razón. Llevaba tres días en aquella enorme mansión del centro de Londres y cada segundo que pasaba se sentía más oprimido por los oscuros pasillos y las silenciosas habitaciones vacías. Necesitaba con urgencia ver a Sirius y a Remus, aunque sabía que el primero estaría demasiado ocupado poniendo en orden sus prioridades y el segundo entretenido con la rápida y misteriosa mudanza que sus padres habían organizado. Por eso aquel 24 de diciembre de 1977, James deseaba con toda su alma que el reloj marcara las 5 y media de la tarde para ir en busca de la pelirroja que, al menos durante unas horas, sería como el ángel que lo salvara del oscuro pozo de miedo y soledad en el que se hallaba atrapado.

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-Lilian… estás preciosa.

- ¿Tú crees, mamá?- preguntó por enésima vez la muchacha girándose para observarse por detrás. Allendra Evans rió suavemente y colocó en su sitio una costura mal puesta en el vestido de su hija.

- Vas a dejar a tu amigo sorprendido, cariño… si tu padre te deja salir de casa sin cortarle las manos o sacarle los ojos antes- añadió haciendo enrojecer a Lily.

La joven vestía un elegante vestido de color negro. En principio Lily había escogido uno color verde oliva, también muy bonito, pero su madre la había convencido para escoger aquel ejemplar y al final la chica había acabado aceptando. Era un vestido largo, palabra de honor ajustado en el pecho, que caía en dos capas, una hasta los tobillos y otra hasta un poco por encima de las rodillas y algo más transparente, que la hacían parecer liviana y volátil. Como a Lily no le gustaba ir entera de negro, había elegido un vestido que tenía en la zona del pecho y los bajos y laterales de éste, unos bonitos adornos en color esmeralda. Calzaba unos altos tacones del mismo color de los adornos y el pelo lo llevaba recogido en un sencillo moño que dejaba caer mechones rizados de pelo sobre sus hombros adornando su níveo rostro, maquillado con sombras de ojos brillantes y pintalabios claro. Estaba sencillamente espectacular.

Sin embargo Lily dudaba… no estaba segura de si iba demasiado arreglada o demasiado informal, o si tal vez a James no le gustaría y quedaría completamente en ridículo. Por eso el corazón casi le saltó del pecho cuando oyó el timbre de la puerta sonar una vez.

-¡Ya está aquí!- exclamó aterrada tocándose con nerviosismo y delicadeza a la vez el recogido- ¡mamá ya ha llegado!

La señora Evans parecía encontrar el ataque de histeria de su hija muy divertido, pues no paró de reír hasta que Lily se la quedó mirando con severidad.

-Hija mía…- murmuró aún divertida recuperándose poco a poco- termina de arreglarte, nosotros recibiremos a tu galán- resolvió como si aquello fuera a tranquilizar a Lily de alguna manera. Pero no dio tiempo a su hija a protestar, sino que salió del cuarto rauda y veloz y bajó las escaleras a prisa.

-¡Mierda!- exclamó Lily buscando el pequeño bolso de cuentas por la desordenada habitación.

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James observó intrigado el pequeño escarabajo rojo del 73 mientras esperaba (no sin cierto nerviosismo, a decir verdad) que alguien abriera la puerta de aquella coqueta casita blanca y alta adosada a otras dos de muros grisáceos y tristes que tanto despuntaba en aquel barrio industrial. No sabía por qué pero imaginaba a Lily como dueña del bonito automóvil, aunque todas sus elucubraciones se esfumaron en cuanto la puerta se abrió con un chirrido que parecía burlarse del merodeador. Un hombre alto y delgado, de ojos tan verdes como esmeraldas, le abrió la puerta con cara de pocos amigos. El chico supuso que era el padre de Lily, y se extrañó porque el siempre había imaginado a la madre de Lily como un clon un poco más mayor que la pelirroja y ni por asomo pensó que la chica pudiera haber heredado los ojos de su padre.

-Buenas noches… ¿señor Evans?- preguntó James sintiéndose de repente ridículo con el ramo de orquídeas que su madre había mandado recoger a Gipsy del jardín. El hombre le devolvió una mirada de desconfianza aún sin invitarle a entrar a la casa.

-Si, el señor Evans… el padre de la criatura a la que vas a pervertir con tus sucias ideas de adolescente- acusó el padre de Lily apuntándole con un dedo amenazador. James palideció al instante, sin saber si aquello era una broma pesada del señor Evans o por el contrario iba totalmente en serio. Pero por fortuna se ahorró el mal trago de preguntarlo ya que la puerta se abrió del todo y una guapa mujer pelirroja le recibió con una cálida sonrisa.

-Tú debes de ser James- dijo risueña mientras apartaba a su marido con firmeza del campo de visión de James- espero que Tim no te haya asustado demasiado- le susurró al chico al oído mientras le daba un amistoso beso en la mejilla. James negó con la cabeza apurado y después se recompuso. En su vida había estado nervioso por la presencia de los padres de alguna de sus novias, ¿por qué se encontraba así con los de Lily?

-Lily está terminando de prepararse, bajará en un momento, pasa y ponte cómodo, James- la madre de Lily lo cogió del brazo y lo condujo hasta una salita no demasiado grande pero muy luminosa y acogedora, y lo sentó en un bonito sofá blanco con ribetes amarillos.- ¿quieres un refresco, James? ¿té? ¿un zumo?

-Un refresco estaría bien, señora Evans- contestó James sintiéndose un poco mejor.

-Llámame Allendra, James, y a él Tim.

-No, a mí está bien que me llame señor Evans, así no se le olvidará nunca con quien habla- replicó desde la puerta del saloncito el padre de Lily. James tragó saliva incómodo, pero la madre de Lily se echó a reír con alegría.

-¡Tim! ¡Vas a conseguir asustarlo de verdad! Deja al pobre chico y ve a por un refresco para él- el señor Evans la miró con los ojos entrecerrados unos segundos para después desaparecer por la puerta refunfuñando no se qué de "jóvenes y maleducados adolescentes demasiado hormonados". – no te preocupes, James, siempre es así con los novios de nuestras hijas.- dijo tranquilamente. James sintió un vuelco en el estómago al oír la palabra "novio", y se preguntó cómo reaccionaría Lily al escuchar salir aquella palabra de la boca de su madre, pero sus inquietudes no tardaron en ser resueltas.

-James no es mi novio, mamá- se quejó la joven pelirroja mientras oían como bajaba las escaleras. A James se le aceleró el pulso al saber que estaba tan cerca de ella, pero cuando la vio aparecer en el umbral de la salita juraría que se le olvidó hasta su propio nombre.

A sus ojos, Lily siempre había sido bella, hasta con el serio uniforme del colegio (cuya falda muchas veces Yasmine se encargaba de recortar) y con unos simples vaqueros desgastados. La había visto arreglada y hasta en camisón, pero aquella Lily que parecía tan mujer, tan bella, con aquel vestido negro vaporoso y ese recogido informal, y ese rostro que destacaba su belleza más que nunca, consiguieron dejarlo totalmente KO y sin palabras.

-¿James? ¿Estás bien?- Allendra Evans lo sacudió suavemente de los hombros. Aún no había borrado la mueca divertida que había presidido sus labios desde que Lily había empezado a arreglarse aquella tarde. James parpadeó un par de veces y vio a Lily dirigirse una mirada insegura desde la puerta.

-Lily, estás… estás maravillosa- dijo sintiéndose un poco torpe pero triunfante al ver que la pelirroja enrojecía de pies a cabeza.

-Gracias James- respondió Lily- tú también estás genial- dijo mirándolo con aprobación.- será mejor que nos vayamos ya, ¿no crees?- dijo mirando el reloj de cuco que colgaba de la pared. James se levantó automáticamente del sofá y regaló una de sus seductoras sonrisas a la madre de Lily.

-Ha sido un placer, Allendra- dijo cogiéndole la mano caballerosamente y besándosela. La madre de Lily lo miró gratamente sorprendida- espero que volvamos a vernos pronto.- Se dirigió a Lily, que ya había cogido el abrigo y había mirado a James de forma asesina mientras besaba la mano de su madre. En el camino se cruzó con Tim Evans, que lo miró con disgusto.

-Señor Evans, no se preocupe, cuidaré de su hija como si fuera la mía propia- prometió educadamente. El padre de Lily bufó y llevó el refresco a su mujer sin despedirse.- ¿y tu hermana?- preguntó entonces James a Lily.

-Deja a mi hermana en paz, está en casa de su novio- replicó la pelirroja dándole un beso a su madre y a su padre.- papá… yo también te quiero… ¡papá!- Lily sacudió el brazo al ver que su progenitor no la soltaba.

-¡Tim!- le regañó su esposa- James es un buen chico.

-¡Ni siquiera lo conoces, Alle!- replicó enfadado el hombre. James sonrió para sus adentros y siguió a Lily fuera de la casa.

-¡Pasadlo bien, chicos!- les deseó la madre desde la entrada de la casa.

-¡Lo haremos, Allendra!- y recuperando el aplomo y la desenvoltura propia de un merodeador, James le guiñó a su futura suegra un pícaro ojo que hizo que su esposo casi corriera a arrancárselos (los ojos, se entiende xD).

-Conozco a los chicos como él, Allendra, un seductor nato que le hará trizas el corazón a nuestra pequeña.- protestó resignado su marido.

-No creo que James sea así, Tim- repuso ella obligándolo a entrar en la casa- es más… me recuerda mucho a ti cuando eras joven y tratabas de conquistarme… además, tenemos una bonita noche de navidad para pasarla a solas…- y a eso si que el señor Evans no pudo replicar, ya que su mujer le tapó la boca con un cariñoso beso navideño.

- Espera,Lily… -El merodeador cogió una de las orquídeas del ramo y le cortó el rabo, dejándoselo muy pequeño. Cogió a la pelirroja delicadamente del cuello y le puso la flor engarzada en el moño, de manera que quedaba muy bonita y natural- así está mejor- dijo contemplando el resultado. Lily sonrió mientras James dejaba el resto del ramo encima de la valla blanca del jardín, y luego la acompañó a la acera de la casa.

-James…- Lily observó el elegante mercedes que había aparcado en la puerta de su casa- ¿sabes conducir?

- ¿Bromeas? ¡Me encanta conducir! Creo que es lo mejor que han podido inventar los muggles!- dijo abriéndole la puerta del coche y ayudándola a subir. Una vez dentro, Lily le puso una mano encima de la suya, que ya tenía en la palanca de marchas, y lo miró seriamente.

-James… espero que no le hagas a tus hijos lo que creo que tienes pensado hacerme a mí.- bromeó con una sonrisa burlona bailando en sus brillantes labios.

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Lily contempló a James mientras conducía. Había respondido a su pícara broma con una sonrisa tan suya como siempre, pero podía notar en él ciertas diferencias respecto a la última vez que se habían visto. Estaba más serio, más intranquilo, o tal vez demasiado relajado, según lo mirara. Había reparado en las ojeras del chico y en la tristeza que ahora había en su mirada, y eso la había inquietado en cierta medida. Además apenas hablaba, cuando lo normal en él era que no parara de charlar por los codos y de hacer bromas continuamente. Se preguntó si estaba madurando o si por el contrario había algo más detrás del comportamiento del chico.

También Lily guardó silencio mientras callejeaban por la concurrida Londres. Le encantaba ver la ciudad en Navidad, en pleno apogeo de luces y risas, de gente, el olor a dulces y los villancicos. Tal vez sonara tradicional, pero todo aquello la alegraba y la entristecía a la vez, la hacían sentir una nostalgia creciente y un desasosiego inexplicable. Apenas si oyó a James preguntarle el lugar de la fiesta.

-¡Lily!- exclamó el joven desviando momentáneamente la mirada de la carretera para dirigirse a la chica- ¿dónde es la fiesta?- la pelirroja lo miró unos segundos despistada y luego cogió las invitaciones de su bolsito de cuentas. Eran dos pergaminos cortos y alargados de color morado con letras en un dorado resplandeciente, que cambiaban levemente de colores.

-Es en el… ¿palacio de Hampton Court?- Lily no se había tomado la molestia de leer el lugar de la fiesta, pero cuando lo hizo se quedó a cuadros escoceses.

-¡Vaya!- exclamó James divertido.- Slughorn sabe como montárselo bien.

-Y que lo dudes… increíble…

-Bueno entonces pronto llegaremos- James sonrió y apretó el acelerador, y entonces las luces, la música y la gente se volvió una mancha borrosa a toda velocidad. Lily supo reconocer el hechizo de aceleración total.

-James… mientras no nos matemos- dijo abrochándose el cinturón de seguridad.

-Tranquila, tiene un hechizo de repulsión… no nos acercaremos a nada más de medio metro, ni personas, ni árboles, ni farolas… es seguro.- y así lo demostró su sonrisa, pero Lily agarró con fuerza su varita por si acaso tuviera que utilizarla.

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Sí, realmente Slughorn sabía organizar una buena fiesta… solo a él se le ocurriría reservar durante una noche tan tradicional como lo era Noche Buena uno de los palacios más espectaculares y visitados de Londres. Más adelante se rumorearía que algunos magos importantes le debían algún favor, o incluso que los contactos del profesor llegaban hasta la alta sociedad muggle, pero permanecerían siendo rumores que no hacían más que engrandecer la fama del controvertido profesor.

Fuera como fuese, James y Lily comprendieron la magnitud de aquella velada en cuanto cruzaron el río y divisaron a lo lejos el contorno del antiguo palacio.

-¿Son fuegos artificiales?- preguntó Lily mientras alzaba la cabeza intentando vislumbrar el oscuro cielo nocturno.

- Vaya, Slughorn no es que sea demasiado sutil, ¿verdad? Imagina como deben estar los del ministerio.- James sonrió mientras las luces de miles de colores de los fuegos artificiales se reflejaban en sus gafas. Todo lo que fuera ir en contra de Barty Crouch, ministro de magia por aquel entonces, era bienvenido para el merodeador. Lily aún se preguntaba el por qué de la enemistad que James profesaba hacia el ministro, pero no se había atrevido a preguntárselo por miedo a que el chico se negara a contestarle y la tomara por una cotilla.

- Es increíble…

Y poco a poco fueron acercándose al edificio… y descubriendo que estaba decorado con miles de esferas de colores en las almenas, en algunas ventanas y murallas. Pudieron apreciar también de lejos los inmensos jardines, aunque no pudieron así distinguir el laberinto pues el palacio lo ocultaba a su vista y la oscuridad ya era notable.

James aparcó con un derrape un tanto excesivo para impresionar a Lily, pero se dio cuenta de que así no lo conseguiría pues la pelirroja puso los ojos en blanco y se bajó del coche sin alabar su buenísima conducción. Se desanimó un tanto, pero entonces pensó en su madre y en la promesa de que iba pasar un buen rato con su pelirroja favorita, así que bajó del coche y se excusó con una sonrisa de cachorrito (o cervatillo) bueno e inocente que consiguió su propósito: hacer sonreír a Lily.

-James Potter… nunca cambiarás- dijo acercándose a él y colgándose de su brazo.

- Pero así es como más te gusto, ¿eh?…- afirmó el chico cogiéndole la mano caballerosamente y avanzando con ella a través de las enormes puertas enrejadas del palacio. Lily rió con alegría… y por un momento… James se sintió a salvo y protegido del dolor lacerante que estaba acabando con su corazón.

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-¡Increíble!- exclamó Lily parándose en seco y contemplando la enorme pista de hielo que se extendía a sus pies. A su lado, James chocó las manos a un chico de séptimo de ravenclaw que acababa de llegar y que iba acompañado de una guapa oriental que vestía un largo y escotado vestido rojo y que regaló al merodeador una aduladora sonrisa… que para nada gustaron al chico ni a Lily, que no dudó en lanzarle una mirada que si matara la habría fulminado de golpe. Sonrisa que al merodeador le pasó totalmente desapercibida, pues aquella noche solo podía tener ojos para su radiante pelirroja.

- ¿Se supone que para entrar al castillo tenemos que cruzar la pista de hielo?- preguntó el chico interponiéndose entre el merodeador y la chica.

-¿Y los patines?- preguntó la joven del vestido rojo mirando la pista sin mucha alegría. No quería estropear su fabuloso vestido, y menos delante de aquel bombón de pelo negro y gafas…

- No van a necesitar patines, señorita- dijo entonces un chico de unos diecinueve años que acababa de aparecer de la nada.- la pista está acondicionada para que la crucen con sus propios zapatos- miró un segundo a otro extremo de la pista, donde acababan de aparecer otras dos parejas- que tengan una agradable velada- y con una solemne inclinación de cabeza volvió a desparecer para aparecer en el lugar en que la otra pareja se hacía la misma pregunta que segundos antes había hecho la oriental.

- Bueno, pues habrá que cruzar- dijo James con decisión. Cogió a Lily de la cintura y la ayudó a subir a la superficie helada. Comprobaron que, en lugar de quedarse encajados en el hielo, los tacones se deslizaron con suavidad como si en lugar de hielo el suelo estuviera cubierto de cera.

- James… soy un poco patosa- se quejó la pelirroja agarrándose a él al momento.- no se me da bien patinar.

"Es una noticia estupenda" pensó James mientras la agarraba aún más fuerte por la cintura.

-No te preocupes princesa… estoy aquí- "mierda, le he dicho princesa", se lamentó el merodeador rápidamente mordiéndose la lengua. Por fortuna, Lily pareció no oírlo.

-Vale, pero si me caigo no te rías- le advirtió señalándolo con un dedo amenazador. "Me ha dicho princesa y no lo he matado… ¡Lily reacciona!". Aunque la verdad era que estaba deseando que la llamara princesa, solo y exclusivamente a ella.

-Seguro que eso se lo dices a todas- se quejó la pelirroja de repente decaída, mientras avanzaba con James deslizándose lentamente por el hielo. El chico la conducía con elegancia y sin hacer apenas esfuerzo, y la verdad era que a Lily le estaba gustando aquello de que la agarrara tan firmemente, de sentirlo tan cerca, oler aquel maravilloso perfume que lograba hacerla perder la noción de la realidad.- lo de princesa, digo.- James la miró unos segundos con el entrecejo fruncido, como si estuviera pensando algo.

-Y creo que a partir de ahora solo te lo llamaré a ti… si tú quieres, claro- añadió muy serio. Lily lo miró con los ojos muy abiertos.

-¿De verdad?- James rió por el tono de la chica.

-Lilian Evans- dijo cogiéndola de una mano y la cintura y dando un par de vueltas sobre ellos mismos, bailando un vals con música imaginaria- ¿te gustaría ser mi encantadora y preciosa princesa?- le preguntó acercándose a su rostro. Lily se quedó sin palabras… ¿Qué le estaba preguntando exactamente?¿era una broma?¿o era en serio?.

-¡James! ¡Nos vamos a caer!- exclamó ella trastabillando a propósito y haciendo que se separaran unos segundos. Pudo notar que enrojecía y que una gran parte de ella se sentía decepcionaba por haberse separado de James tan repentinamente, pero se recompuso lo antes posible.

-Tienes razón, vamos, ya casi llegamos, Lily- James la volvió a tomar de la mano, aunque ya no la agarró por la cintura, y pronto llegaron a su meta: la entrada al palacio de Hampton Court.

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A James y Lily se le olvidaron de inmediato todas sus preocupaciones en cuanto el mismo chico que les había indicado que había que cruzar la pista de hielo les abrió un amplio portón de madera, les acompañó a través de un patio de armas con cuatro parcelas de césped helado adornado con luces de colores (y hadas bailarinas y brillantes también) y los llevó a uno de los antiguos y sobrecargados módulos en los que se dividía el palacio. Tras abrirles otra gran puerta de madera gruesa, antigua y trabajada les indicó que siguieran por un pasillo ancho adornado con cuadros barrocos y una gruesa alfombra larga y roja. Les dijo que al final, donde podían ver una gran puerta de cristal translúcido, estaba el comedor que el señor Horace Slughorn había alquilado aquella noche para su magnífica cena navideña.

-Lily… siento mucho lo de antes, lo he estropeado todo- se disculpó James cuando el muchacho desapareció y se quedaron a solas de nuevo.

-No, James…- Lily frenó en seco y se volvió hacia él, aún agarrando sus manos- he sido una estúpida, James, no es por ti.

-Solo quiero que esta noche sea especial, Lily, que lo pasemos bien juntos, no quiero que te sientas obligada a nada y mucho menos a…- pero Lily le puso un dedo en los labios y lo miró intensamente. Había vuelto a descubrir aquel extraño brillo amargo en los ojos de James, y el corazón le había dado un vuelco.

-¿Mucho menos a qué, James?... ¿a esto?- Lily se puso de puntillas levemente y depositó un suave beso en los labios del chico. Un beso cariñoso, correspondido, pero fugaz. Sin embargo, Lily comprobó con cierta satisfacción que ese brillo amargo había desaparecido de los ojos del merodeador, que ahora la miraban con sorpresa y cariño.

-Lily…

-¡James, amigo!- gritó una estruendosa voz a las espaldas de los jóvenes. Lily y James se volvieron sobresaltados y vieron a Peter Grace acercándose a ellos con su típica amplia sonrisa que enseñaba sus grandes y blancos dientes.- ¡¿Cómo tú por aquí?! Creí que esto no iba contigo… hola Lily- saludó el chico cuando llegó a su altura, lanzando a la pelirroja una mirada libidinosa. Se colocó de manera que desplazó a la pelirroja a un lado y se interpuso entre ella y el merodeador, que lo estaba torturando interiormente de las peores maneras posibles. Le acompañaba una joven de pelo negro y largo, y grandes ojos oscuros, que vestía un enrevesado vestido color azul.

-¿Y tú, Peter, que haces aquí?- preguntó James un tanto molesto por la interrupción.

-El gordo seboso dice que conoce a unos cuantos dueños de bares europeos de prestigio, y que ha invitado a uno… parece interesante, ¿no?

-Si, muy interesante- James pasó por detrás del chico, agarró a Lily de la mano y le dio un suave apretón.- ¿Por qué no entramos?-dijo mirando el reloj de su otra mano- la cena debe de estar a punto de empezar.

-¡Sí, claro!- exclamó Peter felizmente. Pasó una mano alrededor del cuello del chico y avanzó por el pasillo de esta manera, dejando olvidada a la joven que lo acompañaba.

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Los cuatro jóvenes avanzaron por el pasillo hasta llegar a la gran puerta acristalada, que se abrió poco antes de que llegaran y un pequeño y estirado elfo doméstico con bolas de árbol de navidad colgadas en las orejas los saludó con un "feliz navidad señores" protocolario.

-Vaya…- Lily se olvidó momentáneamente de Peter y su compañera y contempló la sala maravillada.

Era un enorme salón adornado de forma exquisita pero tan recargado como el resto del palacio, tan brillante que hasta hacía daño a la vista. Las paredes estaban cubiertas con un papel dorado brillante con líneas anaranjadas que dibujaban rombos, cientos de candelabros con largas velas encendidas y casi el mismo número de cuadros tan antiguos como los de los pasillos. El suelo componía un extraño mosaico de mármol tan dorado y brillante como las paredes, liso y pulido. El techo era una bóveda acristalada, que reflejaba un cielo despejado lleno de estrellas, y que daba a la sala un aspecto mágico y sobrenatural. Sin embargo, el mobiliario no era para nada exagerado. Tan solo había una gran mesa redonda, de madera oscura y también pulida, y con una extraña estructura. La mesa tenía a su alrededor decenas de sillas acolchadas con una almohadilla roja que parecía muy cómoda, pero el centro de la misma era un tanto peculiar. En lugar de ser una mesa como tal, el centro de ella estaba hueco, Como si hubieran trazado una circunferencia con un compás gigante y le hubieran quitado el círculo de madera que quedaba en el centro. Un centro de mesa, que, curiosamente, estaba ocupado por un ocioso y extremadamente feliz Horace Slughorn. El profesor charlaba animadamente con una joven de ravenclaw de cuarto año, aunque la verdad es que parecía más bien un monólogo por parte del hombre, ya que la chica no hacía más que asentir repetitivamente con la cabeza. James y Lily vieron sorprendidos como el profesor daba por concluida su conversación y como con un solo movimiento de su varita, el enorme sillón de madera tapizado en el que estaba sentado giraba de modo que dio una rápida vuelta sobre sí mismo que le hizo mucha gracia (como un niño en un columpio) y empezó a entablar otro interesante monólogo con un slytherin que tenía cara de ratón. Sin embargo, el chico se apartó un poco, el espacio suficiente para que Slughorn divisara a lo lejos a Lily, y entonces su rechoncha cara se iluminó.

-¡Lily!- exclamó irradiando felicidad, mientras su pequeño bigote de morsa se movía para todos lados. Su pelirroja alumna favorita había llegado. Ni siquiera reparó en el apuesto muchacho que le acompañaba, ni en el escandaloso Peter Grace, que se reía estruendosamente de un cuadro en el que una molesta muchacha regordeta y tapada únicamente con su pelo se ruborizaba azorada.

James se tensó al lado de Lily mientras ella sonreía con sinceridad. No es que Slughorn fuera el mejor profesor de pociones que había tenido, ni la mejor persona que había conocido, pero la verdad es que aquel hombre la entretenía con sus conversaciones y sus discusiones acerca de las pociones y diversos temas… a lo mejor era eso lo que la diferenciaba de los demás, Lily no se contentaba con asentir a todo lo que le decía y aceptar sin rechistar ni agradecer los contactos que el profesor proporcionaba a sus alumnos favoritos, no, Lily hablaba, conversaba, y discutía si algo no le parecía bien a su modo de pensar. Y todo aquello con una educación exquisita y una rápida y mordaz inteligencia.

El profesor le hizo un gesto para que se acercara a la mesa, y Lily le hizo caso, tirando de James tras de sí y deshaciéndose por fin de la molesta presencia de Peter.

-¡Lily! ¡Es un honor que hayas venido!- chilló emocionado, desapareciéndose del centro de mesa y apareciéndose de nuevo al lado de la chica, y cogiéndole una mano galantemente. Depositó un beso en la mano de la chica que le hizo cosquillas con el bigote y luego la miró con cariño, como un padre a su hija- y estás preciosa, como siempre.

Pero a James no le pareció un cumplido demasiado paternal, de modo que se adelantó un paso y carraspeó haciéndose ver. Slughorn dejó de observar a Lily y lanzó una rápida y escrutadora mirada al merodeador.

-¡Pero si has venido acompañado por el joven Potter!- exclamó dando una palmada en la espalda del chico- te has buscado una buena profesora de pociones, ¿eh? Bueno nunca viene mal una ayudita extra- dijo guiñándole un ojo que no le gustó nada al merodeador.- Pero bueno, Lily, siéntate, por favor- Slughorn retiró una silla educadamente y Lily tomó asiento, lanzando una mirada de disculpa a James, que ya pensaba las maneras más dolorosas de torturar al profesor de pociones por acaparar y mirar a su Lily libidinosamente.-¡tengo una sorpresa muy especial para todos!- dijo el profesor con los ojos brillantes. Lily se preguntó cuánto hidromiel de reserva habría tomado ya. Mientras, James se sentó en la silla contigua a la de Lily pasando dificultosamente entre ella y Slughorn para que el profesor no se acercara tanto.

- ¿y de que se trata esa sorpresa, profesor?- preguntó James alzando la voz e interrumpiendo la conversación. El profesor lo miró sin perder la sonrisa, pero apenas le hizo caso.

- ¡Ya lo veréis! ¡Ya lo veréis! Pero creo que ya podemos empezar a cenar… ¡a la mesa chicos!- chascó los dedos y se oyó un fuerte sonido de trompetas salido de la nada. Volvió a desaparecerse y a aparecer sentado en el peculiar centro de mesa, después de regalarle a Lily una sonrisa amable.

- Menos mal que se ha ido- masculló James entre dientes. Lily no le contestó pero le lanzó una mirada de súplica.

- Es solo una noche, James, vamos a pasarlo bien.- el merodeador volvió a mascullar pero no volvió a hablar de Slughorn en los siguientes cinco minutos.

Y el banquete empezó… y Lily tuvo que aguantar algunas de las pesadas bromas de Peter Grace, que se había sentado al lado de James, que reía a carcajadas de sus bromas mientras aguantaba estoicamente que Slughorn no dejara de hablar con la pelirroja. Y por otro lado, Lily tenía sentada a su izquierda a la oriental que intentaba a toda costa llamar la atención de James riendo estruendosamente y perforándole los tímpanos a ella. Además, no solo había alumnos de Hogwarts con sus parejas, también había ex-alumnos que ahora eran famosos y gente importante en el mundo mágico que incomodaba de cierta manera a la pelirroja. Sin embargo, la comida le encantó. En la gran mesa redonda aparecieron pavos asados. Uno cada cuatro personas, exquisitamente preparados, por no hablar de las deliciosas patatas asadas, las humeantes sopas de pollo y las decenas de delicatesen que habían aparecido en la mesa. Cuando la cena estaba a punto de terminar, y ya habían pasado a los postres, Lily sintió una mano sobre su pierna y pegó un respingo sobresaltada.

"Lily"-la voz de James sonó en su cabeza tan nítida y clara como si le hubiera hablado con un micrófono, sin embargo, el merodeador miraba hacia otro lado.

-¿James?- murmuró mientras pensaba "me estoy volviendo loca".

De nuevo oyó la risa clara del chico en su mente, pero miró a James y ¡estaba serio!.

"No te estás volviendo loca, Lily" - James parecía divertirse mucho- "solo tienes que pensar".

"¿Pensar?¿Cómo que pensar?" Lily no entendía nada.

"Mira la solapa de mi túnica, Lily". La pelirroja lo hizo, y vio una bonita orquídea adornando la tela negra.

"¡James!". Lily lo entendió todo de golpe. Recordó la flor que James había puesto en su moño y un hechizo que les permitía hablar a través de los pensamientos.

"No te preocupes, no podré oír nada que tú no quieras". Le tranquilizó el merodeador.

"No me importa que oigas lo que pienso".

"Es que estamos sentados al lado y apenas hablamos". El pensamiento de James se volvió apenado y tristón.

"Podrías hacerme mas caso". Protestó Lily.

"Aquí hay demasiada gente, Peter está empezando a agobiarme".

"¿Bromeas? Tú no tienes que aguantar a una oriental con las uñas largas que quiere que le hagas la cama hoy". La voz de James rió con alegría, pero Lily no le encontraba la gracia por ningún lado.

"Slughorn te está mirando otra vez", señaló James con un matiz amenazador en la voz. "¿Puedes pensar con otra cara Lily?". La pelirroja se dio cuenta de que estaba mirando al frente fijamente con los ojos muy abiertos, como si estuviera subida en una montaña rusa inmóvil.

"Creo que va a decir algo". Lily ya conocía esa cara de entusiasmo en su profesor, que miraba a todos sus alumnos alegremente.

-¡Chicos!¡Chicas!- exclamó volviendo a chascar los dedos y volviendo a sonar las trompetas de antes.- Estoy segurísimo de que a todos os gusta bailar- dijo haciendo que sus alumnos se preguntaran si se le había ido la cabeza por completo.- ¿Sí o no?- preguntó animándolos a contestar.

Sus alumnos e invitados respondieron con tímidos sís, pero en cuanto una nota de guitarra rasgó el aire, algunos gritaron escandalosamente y otras chillaron histéricas.

-¡Entonces nada mejor que darles la bienvenida a los "Black hippogriffs"!

Y entonces oyeron un fuerte golpe y la otra mitad del enorme salón se lleno de un espeso humo rojizo que se extendió entre los alumnos, mientras los acordes de una animada canción comenzaron a sonar. La comida desapareció de las mesas y en ellas aparecieron grandes jarras de ponche y champán, a los que los alumnos no tardaron de echar mano.

-¡Vamos a bailar, Lily!- exclamó James cogiendo a la pelirroja de la muñeca y arrastrándola a la pista de baile. Lily lo siguió con ganas y empezó a bailar con James. "Realmente baila bien", pensó mientras observaba moverse al merodeador.

"¡Gracias, Lily!, ¡Tú tampoco lo haces nada mal!" La pelirroja rió al recordar la flor, pero no le importó, bailó con James y sintió que era muy parecido y muy distinto a la vez que bailar con Yasmine y Estelle.

Los hipogrifos negros eran un grupo de rock que estaba pegando fuerte aquellos años. Sus melenudos cantantes lanzaban gritos de paz, alegría, y amor al aire animando el ambiente y a los jóvenes. Lily pensaba que no podía ir mejor la fiesta cuando la voz de James dijo en su cabeza.

"Vamos a dar una vuelta a los jardines, aquí hace mucho calor". Lily enrojeció al instante pero se dio una vuelta bailando intentando disimularlo. Sintió su corazón galopar en su pecho de emoción y nerviosismo, pero dibujó una sonrisa en su cara al mirar a James de nuevo, que esperaba una respuesta ansioso.

"Vamos". Y el joven la sacó corriendo del salón saludando al frío aire de la noche.

--**--

Hacía frío, y Lily se estremeció. James, caballeroso, se quitó la capa de su túnica de gala y la echó sobre los blancos hombros de la chica, que volvió a sentir como si su corazón se quisiera escapar de su pecho. La pelirroja se volvió hacia el chico y quitó con suavidad la flor de la solapa de la túnica de él, y James hizo lo mismo con mucho cuidado de no hacerle daño.

-Esto es precioso- dijo Lily mientras observaban las cientos de hectáreas de jardines iluminados que se extendían a sus pies. La música seguía escuchándose tan clara como si estuvieran dentro de la sala.

-Tú sí que eres preciosa- se le escapó a James. Lily se rio divertida.

-¿Eso es lo que haces para ligar, don Juan?- bromeó golpeándole con suavidad el brazo.

-No estoy ligando Lily- por fin James entendió que era aquello que llevaba picándole toda la noche sin darse cuenta. Aquello que no encajaba y que de repente tomaba una suma importancia.

-¿Cómo?

-No estoy ligando, porque contigo todo es natural, todo sale solo… eso es lo que no entendía.- Lily guardó silencio y ambos siguieron andando lentamente por los caminos adornados con flores y luces. Unas hadas revolotearon a su alrededor y los espolvorearon con sus estelas de luz de color.

-James…- Lily estaba experimentando millones de emociones a la vez. Sentía que con James todo estaba escrito, todo debía ser como era en ese momento. Un escalofrío que nada tenía que ver con el frío volvió a recorrerle la espina dorsal.

Y de repente empezó. Un golpe de batería y otro rasgue de guitarra llegaron a sus oídos.

-¡Me encanta esa canción!- gritaron James y Lily a la vez.

-¿Cómo?¿A ti también?- James y Lily parecían no poder dejar de hablar a la vez. Pero entonces James la cogió de las manos y cantó:

J: I could stay awake just to

hear you breathing

Watch your smile while you are sleeping

While you're far away dreaming

Lily rió a carcajadas, ahora era su turno, agarró a James de las manos y dio dos vueltas sobre ellos mismos, mirándolo directamente a los ojos:

L: I could spend my life in this sweet surrender

I could stay lost in this moment forever

J: Every moment spent with you

is a moment I treasure

Y era el turno de los dos, casi sin dares cuenta, había estado llegando al centro del laberinto en el que habían entrado sin darse cuenta. ¡Y estaba nevando! Solo en el laberinto, era magia, mágico como aquel momento. James agarró a Lily de la cintura y ella se enganchó a su cuello, y juntos cantaron sin temer quedar en ridículo.

L y J: Don't want to close my eyes

I don't want to fall asleep

Cause I'd miss you baby

And I don't want to miss a thing

Cause even when I dream of you

The sweetest dream will never do

I'd still miss you baby

And I don't want to miss a thing

James se acercó mucho a Lily, que respiraba acalorada mientras cientos de diminutos y blancos copos de nieve se iban arremolinando a su alrededor. No cabía en sí de felicidad, era como una explosión de alegría en mitad de su pecho. Sentía que podía estar mirando aquellos ojos toda su vida. Y rio con ganas cuando James, imitando la chillona voz del cantante, se arrodilló ante ella y cantó:

J: I don't want to miss one smile

I don't want to miss one kiss

I just want to be with you

Right here with you, just like this

I just want to hold you close

Feel you heart so close to mine

And just stay here in this moment

For all the rest of time

Lily no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que James limpió con un dedo suavemente su mejilla. Se había puesto muy serio y la miraba intensamente, como si no la hubiera visto en su vida de aquella manera. Estaba enamorada de James Potter. Ahora podía verlo claro, cristalino. No tenía miedo, porque aquello era así y así debía ser, porque llevaban demasiado tiempo esperando aquel momento perfecto que nada ni nadie podría interrumpir, estallasen mil bombas o el mundo decidiese terminar. Estaba completamente loca por aquel chico que seguía contemplándola como si no hubiera nada más en el universo. James la abrazó, y ambos se dejaron caer en la mullida capa de nieve que se había formado a su alrededor. No tenían frío, estaban aislados de la realidad, y entonces… se besaron. Sus labios se encontraron, primero tímidamente, disfrutando de aquel suave y esperado contacto. Y ya no hubo fugacidad, ni miedo, hubo cariño, amor, y mucha mucha pasión… la nieve pareció derretirse a su alrededor, el laberinto cobró vida... James y Lily eran, al fin, James y Lily… y no querían perderse nada.

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¡Hola a todos! ¿qué tal estáis? ¡yo genial! y debo daros las gracias porque POR FIN la maldición del número tres ha desaparecido!!Hemos pasado de tres a 6 reviews!! increible, jaja ¿podra aumentar ese número? lo veremos en el próximo capìtulo. En fin, que nada, que muchísimas gracias a aquellos que leéis y dejáis vuestra huella en este fic, que me está encantando escribirlo y cada día más gracias a vosotros. Les he tomado un cariño especial a los personajes, y tengo miles de ideas en mente para desarrollar. Sobra decir que vuestra pequeña contrubución es un paso fundamental. Así que ¡gracias!

Amparito_Black89: jaja pronto sabremos quien es el habitante de la pequeña casita de la colina, y si, parece que las vacaciones no han empezado demasiado bien para nuestros chicos, veremos a ver lo que pasa con ellos. Muchas gracias por el review, un besazo enorme!!

Adhara: vale, llámame torpe porque tendrás toda la razón del mundo... pero no sale tu mail. Creo que en la cuenta de cada uno se puede mirar, asi que si quieres coge el mío o si no yo el tuyo, de verdad que es que no salia por ningún lado (o seré yo que no lo veo o ni idea). Filologían Árabe...mmmm... ya me contarás que tal va! xD. Y si, era un capi de transición jeje ha sido una transicón un poco rápida pero si no podíamos tirarnos aquí hasta mayo. Bueno chica que me alegro de leerte siempre por aquí. Un besazo wapetona y gracias!

Jusse: Hola!! si tienes razón, hay muchas muchas coincidencias. A lo de Lily y James ya está medio resuelto este capi, los demás chicos veremos que sucede con ellos en el próximo! un besazo y gracias por seguir ahi!

Dariapd: gracias gracias gracias. Me alegro de que mi historia te guste!! eso es lo que quiero, que llegue a la gente. Así que a ver si nos leemos pronto por aquí, y ya me dirás que te parece. Un beso!!

Camila: hola de nuevo!!me alegro de que te gustara el capi y espero no haber tardado mucho en subir. Jajaja ya veremos que ocurre con estos dos,que estan siempre que si que no que si que no. Un beso wapa!

un admirador: hola! te prometo que a medida que iba leyendo el review me iba poniendo más y más colorada!! Me ha encantado tu forma de definir la historia (gráfica!como una peli!, es lo que intento y me alegro de que lo veas así!). En cuanto a lo de si Yasmine está o no basada en mí... uf, es que no es exactamente así, aunque no te alejas. Al principio, todos los personajes inventados estaban basados en alguien, o bien por su forma de ser o por su físico... a medida que continuaba esa historia, esos personajes han ido adoptando una personalidad propia, independiente, y son bastante distintos a como empezaron. Y lo de Yasmine, que es la más protagonista... bueno en un principio pensé en Lily para la trama de Voldemort, pero no me imagino a nuestra pelirroja de armas tomar en esa situación, de modo que necesitaba otro personaje, y Estelle era demasiado... vulnerable. Bueno, ya veremos por donde va yendo la trama jeje, espero haberte aclarado algo! un beso y millones de gracias, de corazón.

Aclaraciones del capi:

El palacio de Hampton Court, como algunos sabréis, es real, no he estado nunca allí (por desgracia) pero he intentado retratarlo lo mejor posible, ya me diréis cual es el resultado.

La canción que James y Lily cantan, bueno, supongo que muchos de vosotros sabréis que se trata de "I don´t want to miss a thing", de Aerosmith, la bso de Armaggedon (buf, aumentamos los disclaimer!!).

Aún queda bastante navidad por delante, y veremos que ocurre con los demás chicos en el próximo capi. Este era total y exclusivo de Lily y James. ¡Espero que os haya gustado!

Hasta la pró besos!

Roxy