Diclaimer: todos los personajes, lugares etc pertenecen a Rowling y la Warner y bla bla bla...

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Capítulo Catorce: Desandando lo andado.

Yasmine contempló por enésima vez el enorme cuadro de los tíos y la prima de Henry, que presidía el salón principal, encima de la chimenea gigante, y después bufó aburrida.

La tía de Henry, cuyo nombre había olvidado, la miraba despectiva alzando una puntiaguda nariz hacia el techo. El pelo de color calabaza le caía rizado de un estirado moño que no le favorecía nada, y llevaba un vestido blanco demasiado recargado que le recordaba a las antiguas muñecas que su abuela paterna coleccionaba. El tío de Henry era un mago enjuto y barrigón, con un bigote respingón color tierra que le tapaba el labio superior. Y la miraba igual que su esposa. La prima de Henry, una chica de su misma edad, bajita, regordeta, con la nariz de cerdito y el labio superior demasiado levantado, tenía la misma mirada idéntica a sus padres. A Yasmine tal vez pudiera haberle caído bien en algún momento, pero tenía un defecto que era superior a todo lo que ella podía soportar: era el brazo derecho de Claudy White. Yasmine la había visto de vez en cuando por Hogwarts acompañando a la estirada rubia, pero no había hablado nunca con ella, ni tenía intención de hacerlo. Se notaba que no eran personas de alta cuna, de la realeza. Se notaba que eran magos de campo incultos e ignorantes, que tras haber ganado una fortuna con la lotería mágica habían dado la espalda a su familia y amigos de toda la vida para abrazar una nueva sociedad que no les correspondía. Si al menos fueran humildes… pero allí estaban, contemplando a una aburridísima Yasmine que no tenía otra cosa mejor que hacer y que entendió por primera vez que la única razón por la que los tíos del ravenclaw le habían dejado la casa era que les había prometido arreglar el sótano y el desván. No había habido ni pizca de amabilidad ni complicidad familiar en el gesto. Ahora fue ella la que lanzó una iracunda mirada a la petulante mujer y soltó una palabra bastante malsonante dirigida a ellos.

Odiaba a ese matrimonio porque ellos eran el motivo por el cual estaba sola en la mansión. Y la mala noticia vino en forma de una inoportuna carta que Henry había recibido aquella mañana. Estaban desayunando cuando un feo ave que la joven no supo reconocer se estrelló literalmente contra la ventana de la cocina. Henry se apresuró a coger el pergamino que el animal traía y a leerlo con el ceño fruncido.

-Es mi padre.- dijo solamente.

-¿Y qué quiere?- preguntó Yasmine intranquila. El joven la miró largamente, parecía muy disgustado- ¿qué pasa?

-Que ya me han jodido la Noche Buena- se quejó él dando un brusco golpe en la mesa.

-¿Por qué?- Yasmine quería saber ya que ocurría, pero el joven no parecía muy a favor de contárselo.- Dímelo Henry.

-¡Mis tíos!- explotó indignado.- ¡no quieren que pase la noche en su casa de campo! Supongo que se esperan que haga una macro fiesta o algo parecido.- dijo encolerizado.

-¡Pero te dejaron la casa! ¿no es así?

-¡Por supuesto! Pero eso es típico de ellos, dejan con condiciones, y encima no cumplen su palabra…

-Vaya…- la chica revolvió sus cereales ahora sin hambre. Las perspectivas de la Noche Buena con Henry parecía ennegrecerse cada segundo.- ¿Pero por qué? ¿Qué te ha dicho tu padre?

-Que mis tíos dan una fiesta de Noche Buena en su casa de Londres, junto a varios ricachones más, y nos ha pedido "que asistamos encarecidamente, en especial Henry, y además me han pedido que esté en Londres cuanto antes"- citó el chico cada vez más cabreado. Yasmine suspiró intentado que no se le notara lo muy decepcionada que estaba sintiéndose.

-Supongo que no podrás decir que no…- aventuró ella. Sonrió con tristeza al ver la mirada de negativa y de frustración de su compañero.- ya veo…

-Yasmine…- Henry se acercó a ella y la hizo levantar la mirada.- lo siento de veras.

-Yo sí que lo siento- replicó ella empezando a maldecir su suerte.

-Iré a ver a mi padre, a lo mejor puedo convencerlo de no ir- prometió el chico.

-No quiero que te enfrentes a tu familia, Henry, iré a recoger mis cosas- dijo Yasmine empezando a levantarse.

-¡No! No hace falta que te vayas, estaré aquí en cuanto acabe todo esto, Yas.- Henry parecía bastante preocupado porque había notado el disgusto de la chica.

-¿Pretendes que pase la Noche Buena sola?- preguntó quizás demasiado duramente. El chico abusó el golpe bajo.

-No me había dado cuenta.- se disculpó decaído.

-No te preocupes, sé que no es tu culpa.

-¿Te quedarás?

-¿Sola en casa de tus tíos?- preguntó fingiendo horror.- ¡No por Dios!- alzó las manos cómicamente y se echó a reír.- ya veré lo que hago, pero mañana te espero aquí, ¿vale?

Henry asintió y se acercó a ella, robándole un beso fugaz y cariñoso.

-Gracias por no enfadarte, no me lo merezco.- le agradeció estrechándola en sus brazos y besándole el liso cabello oscuro.- en cuanto pueda escaparme de la fiesta vendré a celebrar contigo la Navidad como Merlín manda.

-Vamos, date prisa o llegarás tarde a tu casa, tus padres te esperan- le urgió ella. Henry la soltó, la contempló unos segundos más y luego desapareció de la cocina rápidamente.

Y desde entonces, no había vuelto a verlo… había pasado la mañana vagando sin rumbo por la casa, recorriendo todos sus pasillos y curioseando en las habitaciones, pero no había descubierto nada realmente interesante. Hacía mediodía se preparó unos rápidos espaguetis y comió sin hambre, y cuando el reloj casi marcaba las tres de la tarde, una brillante idea se encendió en su mente: ¡la casita de la colina! Casi la había olvidado desde que hacía tres días la había visto desde el balcón, pues las tareas de reforma del sótano les habían acaparado casi todo su tiempo, y el resto lo había pasado hablando y disfrutando con Henry. Pero allí sola, aburrida y sin nada más interesante que hacer, la repentina idea de una rápida visita a la casita de madera resultaba de lo más emocionante.

Cogió una liviana capa gris y se la echó a los hombros, pero en cuanto el primer cálido rayo de sol golpeó su rostro se dio cuenta de que no era un típico día de frío invernal… es más… hacía tanto calor que casi parecía verano.

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Aquel día de Noche Buena hacía tanto calor que casi parecía verano… pensó Sirius mientras arrancaba con la azada las malas hierbas del jardín de la casita de su tío Alphard. ¡Pero si se había tenido que quitar hasta la camiseta!, una camiseta blanca que ahora llevaba colgada del cinturón del pantalón, mientras su torso desnudo y sudado brillaba al sol. Llevaba desde temprano trabajando, y el día había amenazado desde el principio con quemarle hasta las entrañas. Ni una nube, ni una ráfaga de aire, nada. Solo calor y más calor. Hincó de nuevo el azadón en el suelo y cuando lo volvió a levantar alzó la vista unos segundos, lo bastante como para ver a una joven que no reconocía a lo lejos pero que le resultaba muy familiar caminando hacia la casita. Se limpió el sudor de la frente a la vez que se apartaba el flequillo negro de la cara para ver mejor, y se quedó de piedra cuando vio a Yasmine caminar mirando al suelo y con una sonrisa hacia él… al parecer ella aún no lo había reconocido.

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Yasmine vio de lejos a un hombre alto y sin camiseta sostener un azadón en la mano mientras con la otra hacia de visera y miraba hacia ella. No pensaba que pudiera haber nadie en aquel lugar, y menos nadie con aquellos pectorales, pensó a la vez que se sonreía a sí misma y bajaba la mirada. Por lo menos podría hablar con alguien que no fuera ella misma aquel día que parecía presentarse tan solitario.

Sin embargo, la sonrisa no le duró mucho, cuando estaba a una distancia prudente de la casa y pudo reconocer aquella sonrisa picara y burlona en labios del chico el mundo se le rompió en mil pedazos.

-¡Sirius Black!- exclamó notando como enrojecía de pies a cabeza y como la rabia y la impotencia decidían hacer presencia en ella. Se acercó esta vez corriendo hacia el patio y lo encaró sin traspasar la ruinosa verja de la casa- ¿qué haces tú aquí?- preguntó intentando no mirar el torso desnudo del merodeador, cosa que le estaba resultando bastante difícil, a decir verdad. La imagen de Sirius sudado, sin camiseta y con el pelo negro alborotado era demasiado… irresistible.

-Pero si es la señorita Roberts- se burló el chico acercándose unos pasos a ella- ya sabía que estabas loca por mí, Yas, pero esto de seguirme hasta Little Hampton…- hizo un movimiento con la cabeza que pretendía simular sorpresa.

-¡Yo no te he seguido a ningún lado, maldito Black! Eres tú el que me persigue donde quiera que voy- replicó Yasmine de mal humor alejándose la misma distancia que él se había acercado.

-¿Y se puede saber a dónde vas?- preguntó el chico sin cambiar el tono bromista de su voz- porque esta es mi pequeña y humilde casita- hizo notar señalándola tras de sí.

-¡No sabía que era tuya, Black, porque de haberlo sabido me habría alejado un continente de ella!

- ¿Tan malo soy para ti, Yasmine?- preguntó él apoyándose en la verja y mirándola intensamente, mientras dejaba el azadón a un lado.

-Déjate las bromas, Black- medio suplicó la chica empezando a descentrarse.

- ¡¿Sirius?! ¡Quién ha venido?- la voz chillona de Claudy White llegó a los oídos de ambos jóvenes. Sirius suspiró hastiado y Yasmine le lanzó una mirada alucinada.

-¿Está ella aquí contigo?- preguntó sin creérselo.

- En persona- confirmó el chico mientras Claudy salía de la casa a través de una desvencijada puerta de madera. Llevaba un elegante conjunto lila demasiado limpio que contrastaba con todo a su alrededor, viejo y con falta de un arreglo.

-¿Qué hace ella aquí?- preguntó Claudy como una gata sacando las uñas cuando vio a Yasmine tras la verja.

- Eso mismo le estaba preguntando yo- dijo Sirius sin mirar siquiera a la ravenclaw, sino con la vista fija aún en Yasmine.

-¿Sabes? Esto es increíble- soltó la chica morena tras quedarse sin palabras unos segundos, mientras contemplaba a la… ¿pareja? patidifusa. – prefiero estar toda la Noche Buena sola a pasar ni un segundo más con vosotros en general, y contigo en particular, Black.- dijo pronunciando con dureza el apellido del merodeador.- Hasta nunca.- se dio media vuelta y prácticamente corrió colina abajo mientras intentaba ignorar lo muchísimo que le había dolido encontrar a Claudy junto al merodeador.

Entró en la mansión casi sin enterarse por donde pasaba y se lanzó de cabeza al gran sofá del salón. Pensaba tirarse así todo el día y toda la noche, hasta que Henry regresara de Londres y pudiera seguir sus vacaciones navideñas sin ningún sobresalto más… pero el ver a Sirius en aquella casita de ensueño parecía haber revolucionado todos sus esquemas y expectativas. Había intentado no pensar ni un segundo más en él desde aquella escena con Claudy. Ni siquiera se había atrevido a preguntarle acerca de su renuncia familiar, y no es que no sintiera curiosidad ni interés, no, pero temía que Sirius mostrara le mostrara alguna debilidad que consiguiera hacerla ceder. Pero ahora… ahora Henry no estaba, y Sirius estaba en una preciosa casita rural a menos de 300 metros junto a una arpía malnacida que haría todo lo posible por fastidiarle la vida… y ella estaba allí sola, y con un mar de dudas en su ya de por sí confundida mente.

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Olía de maravilla. Una mezcla de vainilla, canela y mucho mucho chocolate. Estelle se sonrió a si misma e inspiró ampliamente a la vez que cerraba los ojos, dejando que todos y cada uno de los olores que inundaba la pequeña cocina la embargaran por completo.

-¡Qué bien huele!- la voz de Lucas le llegó desde el piso de arriba, y poco después lo oyó bajar los angostos escalones de dos en dos. Aunque su madre le ganó en la carrera y llegó antes junto a su hija.

-¡Esa es mi Estelle! Solo tú sabes hacer esos pasteles cariño- dijo emocionada pellizcándole una colorada mejilla.

-¿Lo empezamos ya?- preguntó Lucas echando una mano hacia el dulce… una mano que cuyo trayecto fue interrumpido por un fuerte manotazo de Lise Simons.

-¡Este pastel es para los vecinos!- exclamó la mujer.

-Vale vale vale- su hijo retiró rápidamente la mano a la vez que la sacudía.

Estelle los contempló pelear con una sonrisa en la boca. Se sentía bien aquel día. Ahora se daba cuenta de lo mucho que echaba de menos su hogar, a su madre, su hermano… Lise Simons no había tenido tiempo de preparar el bizcocho, y Estelle se había encargando rápidamente de sustituirla. Hacer un pastel para ella era como abandonarse a un mundo de olores, sabores y texturas de infinitas dimensiones. Le encantaba experimentar, probar cosas nuevas, pero lo que más le gustaba era que mientras los elaboraba con maña y precisión, su mente no tenía espacio para otra cosa, olvidaba todos sus problemas durante unas horas y era ella misma, era Estelle, única, invulnerable.

-Cariño, ¿te pondrás un poco guapa para llevarles el pastel a los vecinos no?- le preguntó su madre sonriéndola con picardía- he visto a un muchacho muy guapo trayendo cajas y cargando muebles.

-¡Mamá!- exclamó Estelle sorprendida- Creí que tú les llevarías el pastel.

-Yo tengo que ir a trabajar, llévaselo tú.- y dicho esto la señora Simons convocó un sombrero de una percha y tras besar a sus hijos en la mejilla desapareció de la casa sin mediar alguna palabra más.

Estelle la vio marcharse por la ventana de la cocina y se mordió el labio inferior pensativa. Tenía ganas de averiguar quién era aquel chico tan guapo que su madre había visto, pero tenía que arreglarse para la cena de Navidad a la que Henry la había invitado. Era una de las fiestas más importantes del año para la alta sociedad mágica, y en esa ocasión los anfitriones eran los tíos de Henry, que en esos momentos estaría con Yasmine en la casita de la playa. Sabía por Adrien que Sirius ya no iba a esas fiestas, y que James estaría en la fiesta de Slughorn (la única que se había atrevido a hacerle sombra a la fiesta de Navidad de los tíos de Henry). Así que le esperaba una larga y aburrida noche rodeada de personas que la mirarían por encima del hombro como si fuera un gusarajo podrido. Invadida por un impulso corrió a su habitación y se puso rápidamente unos vaqueros ajustados, un jersey oscuro y unas botas altas pero sin tacón, y recogió el pastel de la mesa de la cocina, que milagrosamente aún seguía intacto aunque su hermano rondaba por allí y no le quedaba mucho tiempo.

-Te haré uno a ti mañana, Lucas- le prometió a su hermano mientras se recogía el pelo rizado en un moño mirándose a un espejo que había en la pared de la entrada y dejaba el pastel en la pequeña mesita que había debajo.

-Espero que sea verdad.- dijo su hermano mirándola fijamente a través de dicho espejo.

-¿Qué pasa?- preguntó Estelle al cabo de unos segundos, al ver que su hermano seguía mirándola fijamente.

-Me hubiera gustado que pasaras la Noche Buena en casa, con mamá, Mary y yo- le dijo encogiéndose de hombros- hubiera estado bien. Mary me pregunta todos los días por ti.

-Lucas… Adrien me dijo que…

-Adrien… - bufó su hermano sacudiendo la cabeza- ¿aún sigues con Adrien después de lo que me has contado? ¿es que estas ciega? ¡Hay miles de chicos, Est!

-¡Y ninguno bueno para mí!- exclamó la pelirroja echando chispas por los ojos azules y volviéndose bruscamente hacia su hermano- ninguno.

Cogió el pastel y sin dar más explicaciones salió por la puerta de la pequeña casita adosada.

Atravesó la pequeña parcela de jardincito y casi sin darse cuenta ya estaba en la puerta de la casa de sus nuevos vecinos. Parpadeó un par de veces y suspiró para hacer desaparecer la huella de aquel pequeño enfrentamiento y tocó al timbre mientras agarraba precariamente el pastel con una mano.

Oyó unos rápidos pasos amortiguados y la puerta empezó a abrirse lentamente, con un fuerte chirrido.

-Vaya, parece que aquí también se necesita aceite- dijo Remus Lupin antes de mirar a Estelle a la cara. Cuando lo hizo, la pelirroja ya estaba blanca como la cera, con los enormes ojos azules abiertos de par en par sin creérselo y con el pastel temblando en la palma de sus manos. Un delicioso pastel de chocolate que si no hubiera sido por Remus hubiera acabado estrellado en el pulido suelo de la entrada de aquella pequeña casa.

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Yasmine releyó la portada de la revista sin mucho entusiasmo y luego siguió calentándose junto al fuego de la chimenea. Eran cerca de las 6 de la tarde y poco a poco el cielo rural iba oscureciéndose salpicándolo todo de estrellas. La joven sintió una gran desesperanza al estar en un lugar tan bello y tan sola, sin nadie con quien compartirlo. Fue entonces cuando oyó un fuerte golpe seguido de un tenue aleteo y vio una micro lechuza salida de la nada volar hacia ella con un trozo de pergamino mal cortado en el pico. La chica sintió un escalofrío y se acercó a la ventana que se había abierto para cerrarla, seguida de la lechuza que la perseguía incansable. Al final, la morena volvió a sentarse frente a la chimenea y acogió en la palma de su mano a la pequeña lechuza, que le dedicó un mimo a la muchacha antes de entregarle el mensaje. Yasmine sonrió con ternura al animal y lo depositó sobre sus piernas, cubiertas con una manta, para darle calor. Sabía con antelación de quien era la carta, no habría necesitado leerla para saberlo, sabía que su pálpito era correcto y así lo comprobó cuando vio la estilizada letra de Sirius:

Yasmine Ailann Roberts (para que veas que me sé todos tus nombres). Sé que estás sola en casa de los tíos de Henry, aunque no llegue a entender por qué ese cretino te ha dejado allí, y también sé que estarás hambrienta y que te encantaría comer la mitad de un suculento pollo asado que he comprado en el pueblo esta tarde. Claudy no está, se ha ido a una macro fiesta de esas de ricos, y es una tontería que estemos a menos de 300 metros y no estemos juntos. Es tu decisión, pero no voy a intentar nada, sería una cena de amigos. Un beso enorme (donde más ten guste).

Sirius.

La chica no pudo más que reír con el último comentario entre paréntesis, y antes de haber terminado de leer había decidido acudir a la "cena de amigos". Subió los escalones de tres en tres y entró a su habitación dejando a la pequeña lechuza sobre su cama.

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Sirius estaba impaciente… o tal vez nervioso. En realidad no lo sabía, nunca se había sentido así porque siempre estaba seguro de su éxito y nunca había sido rechazado por una chica, pero hacia algo más de media hora que había enviado a Rob a la mansión que había a los pies de la colina y aún no había recibido respuesta. Entró en el comedor, casi desamueblado, y vio el mantel de cuadros blancos y rojos que había sobre el suelo. Las largas velas rojas estaban recién empezadas y una fina gota de cera caía cuan largas eran. El pollo olía de maravilla, y notó como su estómago rugía sin piedad mientras pasaban los minutos. Lo único que le había faltado comprar era el vino, craso error, pero sabía que su tío tenía en la despensa algunas botellas de whisky de fuego que tal vez lo sacaran del apuro. Tan ensimismado estaba pensando si todo estaba en orden que se sobresaltó cuando oyó llamar a la desvencijada puerta de madera de la cocina. Sonrió satisfecho y, poniéndose bien el jersey negro abrió la puerta no sin cierto esfuerzo.

-Buenas noches, Sirius- saludó Yasmine con una cálida sonrisa. Llevaba una larga capa negra con la capucha echada y las manos ocultas tras ella.

-Buenas noches Yasmine- dijo el joven dejándola pasar a la cocina. Fuera se había levantado un frío tan invernal como debería haber sido desde el principio de la mañana.

-He traído unas cosillas, espero que no te importe- la joven deslizó sus manos fuera de la capa, en ellas sostenía dos grandes copas y una botella de vino que parecía tan vieja como la casa del tío de Sirius.- espero que a los tíos de Henry no les importe- comentó sin parecer para nada arrepentida.

-Me viene genial- confesó el chico cogiendo la botella y examinándola minuciosamente. Yasmine le sonrió mientras sacaba de un bolsillo de su capa a la pequeña lechuza de Sirius y la dejaba sobre la mesa de la cocina.

-¿Y dónde está ese suculento pollo?- preguntó ella mientras se quitaba la capa y la dejaba sobre una de las sillas de la cocina. Sirius sintió un cosquilleo de emoción al ver a la joven ataviada con un corto pero elegante y delicado vestido de raso de color violeta, que le quedaba como un guante.

-Por aquí- Sirius se abrió paso hasta el comedor y la invitó a entrar con un elegante gesto de su mano.

-Muy… bonito, Black- rió Yasmine al ver el improvisado mantel y el pollo rodeado de patatas fritas puesto en un enorme plato con grabados dorados.

-Es lo único que he podido conseguir, pero mejor esto que nada, ¿no crees?- preguntó el animago convocando un cojín y poniéndoselo a la chica a modo de asiento.

-Sí lo creo sí- murmuró Yasmine recordando a Henry, que debía estar en la fiesta, y sintiéndose de golpe muy culpable.

-¿Y cómo es que Henry te ha dejado sola aquí?- preguntó Sirius adivinando los sentimientos de la chica y sentándose en otro cojín en frente de ella.

-Asuntos familiares- dijo ella sin tener muchas ganas de hablar de ello.

-La fiesta de Navidad.- concluyó él.

-Sí.

-Claudy quería que fuera con ella- dijo riéndose como si aquello le pareciera muy gracioso. Se calló de inmediato al ver la ceja alzada de Yasmine.-¿Cómo es que tú no has ido con Henry?- preguntó con verdadera curiosidad.

-No me gustan estas fiestas, y si hubiera ido, habría supuesto enfrentarme a una ola de cotilleos acerca de si estamos o no juntos, y eso a nadie le importa, y por cierto ¿Qué hacía ella aquí?- dijo sintiéndose muy celosa al recordarla aquella mañana en la puerta de aquella casita.- no es un lugar muy… adecuado para su exquisita clase, ¿no?

-Quería que volviéramos- dijo Sirius cortando un trozo de pollo y sirviéndoselo a Yasmine.- no sé qué hacer la verdad.- dijo decaído y dejando a Yasmine de nuevo alucinada.

-¿La quieres?- le preguntó casi atragantándose con un trozo de pollo.

-¿Qué? ¡No! No es eso- el ataque de risa de Sirius fue aún mayor que el de antes.

-¿Entonces qué es?- preguntó Yasmine recelosa.

Sirius la miró unos segundos a los ojos, muy serio. Una seriedad que Yasmine jamás le había visto y que por un momento la asustó. Se maldijo al pensar que lo había hecho, que había abierto la puerta para ver en primera fila como Sirius, tan seguro y creído de sí mismo siempre, se convertía por primera vez delante suya en un niño indefenso que no siempre lo sabía todo.

-Es…- comenzó mientras se acariciaba el cabello negro de la nuca mientras intentaba buscar las palabras adecuadas.- es por mi hermano.- dijo al fin. Vio la cara de confusión de Yasmine y supo que no le había explicado nada.

-¿Tu hermano?

-Bueno, tú sabrás… sabrás por qué me fui de mi casa, ¿no?- Sirius la miró otra vez como antes, dudoso, con miedo. Yasmine quiso decirle que sí, para no tener que hacerlo pasar por un mal momento, pero estaría mintiéndole y todo sería aún más confuso.

En realidad no.- dijo mientras se acercaba a él un poco, para acortar distancias y darle un poco de seguridad.

-Bien, es una larga historia- comenzó el joven sonriendo lacónicamente- digamos que la doctrina de mi familia es bastante…

-Slytheriana- concluyó Yasmine, recordando la casa a la que el hermano de Sirius pertenecía.

-¡Sí!

-Entiendo… ya me lo has dicho todo, Sirius.- le sonrió Yasmine- no es necesario que sigas.- eres la oveja negra de la familia.

-Sí, eso es- afirmó el chico- y me siento muy orgulloso de ello.

-Y yo me siento muy orgullosa de ti-confesó ella sonrojándose rápidamente. Vio como el joven se acercaba a ella un poco más, y entonces volvió a armar su guardia- pero aún no entiendo que pinta Claudy en todo esto.- Sirius entendió la acción de la chica y suspiró, pero empezó de nuevo a hablar.

-Verás, mi madre, a pesar de saber que yo estaba completa y absolutamente en contra de sus estúpidas creencias anti-muggles, me pidió en el verano que siguió a nuestro sexto curso un peculiar favor.- guardó silencio para crear un ambiente un tanto misterioso, pero Yasmine le urgió a que siguiera con un impaciente gesto de la mano.- me pidió que me uniera a las filas de un mago un tanto especial y poderoso que estaba buscando seguidores, seguidores inteligentes, y con cierto dominio de la magia.- ahora Yasmine se dio cuenta de que no podía respirar, y que de repente aquella cena se estaba volviendo en su contra aún más de lo que se hubiera vuelto de no haber comenzado aquella conversación.

-Y tú dijiste que no…- consiguió decir para intentar no perderse en sus oscuros pensamientos.

-¡Por supuesto que dije que no!- exclamó Sirius indignado, pero sin estar enfadado con ella- ¡habría muerto antes de haber aceptado aquel favor cruel y estúpido.- y de repente Yasmine se sintió muy mal, traidora, malvada… débil y cobarde.- ¿te encuentras bien, Yas?

-Sigue, por favor- pidió ella con un hilo de voz.

-Me negué en rotundo, y me escapé de casa cuando vi que habían pasado de ser mi familia, a ser mis enemigos. Pero entonces, a principios de este curso, llegaste tú de nuevo a mi vida. Más hermosa y fuerte de lo que nunca habías estado. Y sí, confieso aunque no esté muy orgulloso de que empecé a salir con Claudy por despecho, por tu despecho, aunque no pensé que aquello pudiera írseme de las manos.

-¿Qué ocurrió?

-Mi madre me mandó una carta, me dijo que mi hermano, Regulus, estaba a punto de entrar a formar parte de las filas de ese mago loco que se hace llamar Voldemort, me dijo que tan solo yo podría evitar que aquello sucediera.

-¿Cómo evitar algo así?- preguntó Yasmine hablando más para sí misma que para Sirius, si ella pudiera evitar que le ocurriera aquello… Sirius la miró unos segundos, y la joven contuvo el aliento, ahogando un grito de sorpresa cuando el merodeador de ojos grises dijo:

-Casándome con Claudy.

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-¿¡Qué haces tú aquí!?- gritó Estelle aún sin creérselo.

- Bonito recibimiento, Simons- le espetó el guapo muchacho mientras sostenía el pastel de chocolate y lo miraba golosamente.- ¿esto es para mí, no?- preguntó divertido entrando de nuevo a la casa y dejando a la pelirroja en la puerta.

-¡Maldito estúpido! ¡Devuélveme mi pastel!- exclamó la pelirroja fuera de sí mientras entraba en la casa tras el chico. Lo siguió hasta lo que era la cocina, la casa en sí tenía la misma estructura que la suya, así que no le fue muy difícil llegar hasta el joven.- ¿qué crees que estás haciendo?- preguntó mientras veía como Remus cogía un cuchillo y cortaba un trozo del suculento dulce.

-¿Cómo sabías que el chocolate era mi perdición?

- No sabías que eras mi nuevo vecino- replicó ella de malas maneras cruzándose de brazos.

- Créeme, eso lo suponía. Yo tampoco sabía que tú eras mi nueva vecina, aunque no creo que dures mucho con tal sobrenombre.

-¿Y eso por qué?

-Porque debes estar muerta de miedo-volvió a espetar el chico con los ojos dorados fijos en la pelirroja. La muchacha recordó la naturaleza de Remus y de repente un escalofrío recorrió su espina dorsal, sin embargo, el miedo no se reflejó en su rostro cuando se dio la vuelta y le dijo.

- Que te aproveche.

Remus se quedó allí solo, en medio de la cocina, con la cabeza dándole vueltas mientras asimilaba todo lo que había sucedido en menos de cinco minutos, y luego se dejó caer al suelo, aún con el bizcocho en la mano, aún oliendo el perfume de canela, vainilla y chocolate que la chica había dejado tras de sí.

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-¡No me lo puedo creer!- gritó la pelirroja echa una furia mientras lanzaba montones de ropa por encima de la cabeza. Aún le duraba el cabreo de haber descubierto que Remus era su nuevo vecino, sin embargo, se había sorprendido bastante al darse cuenta de que era más enfado que miedo lo que sentía. Se colocó una combinación blanca ajustada mientras buscaba el vestido rojo que iba a llevar a la fiesta a la que Adrien la había invitado. Entonces, mientras ponía las manos en sus caderas y miraba el armario pensativa, oyó unos golpecitos procedentes de la ventana. No pudo ser su susto mayor cuando se asomó retiró las cortinas y vio a Remus Lupin en cuclillas en el pequeño tejado que había debajo de la ventana. Saltó hacia atrás y se puso una bata encima de la combinación, para después correr y abrir la ventana con un fuerte golpe.

-¡Estás loco!- exclamó roja de furia- ¡te vas a matar!

- En ese caso supongo que te quitarías un gran peso de encima.- replicó el chico con una sonrisa encantadora que recordó a Estelle a James y Sirius.

-¿Qué quieres?- preguntó sin invitarle a entrar y ni siquiera como había llegado hasta allí. Aunque claro, tratándose de uno de los alumnos más aventajados de Hogwarts algo se le habría ocurrido.

- Quiero decirte una cosa.

-¿Qué?- preguntó impaciente ella.

- Que sé que en realidad no me tienes miedo, Estelle.- dijo como si hubiera revelado un gran secreto. Y en cierto modo así fue, pues aquel nudo que apareció en el estómago de la pelirroja no era nada tranquilizador.- pero tranquila, no te voy a agobiar, te voy a dar tiempo a que lo descubras tu solita. Mientras tanto, ten cuidado con Adrien, no es de fiar, y lo peor, Estelle, es que lo sabes.- y con un chasquido de dedos, desapareció dejando a la pelirroja aún más enfadada de lo que ya estaba, aunque en esta ocasión si pudo preguntarse si no estaba más enfadada con ella misma, que con el atractivo licántropo.

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Yasmine no se había dado cuenta de que estaba llorando hasta que Sirius limpió con una de sus manos y con infinita delicadeza su mejilla. De repente, toda esa seguridad que ella había aprendido a sentir se había esfumado, y se había convertido de repente en aquella niña pequeña e indefensa que no sabía lo que hacer cuando algo iba mal. Deseaba por encima de todo tener la fuerza de voluntad suficiente como para poder enfrentarse a Voldemort, como para poder enfrentarse a Claudy y a ella misma, a su madre, a Anaïs y a todos aquellos que en algún momento la habían herido.

-No me voy a casar con ella, Yas- le dio Sirius al oído mientras acariciaba su rostro con delicadeza.

-Deberías hacerlo, Sirius- le dijo ella encogiéndose en su pecho, aunque sintió un gran mareo cuando la imagen de la ravenclaw vestida de blanco con Sirius cogido de su mano le vino a la mente.

-No puedo… no puedo salvar a Regulus.

-Puedes evitar que él caiga, como hiciste contigo.

-Solo yo pude evitar mi caída.

-Él necesita ayuda.

-Tú también necesitas ayuda, Yasmine.- y la chica se le encogió de miedo el corazón al pensar que Sirius pudiera saber algo de su problema con el mago oscuro.

-Sé cuidarme sola- dijo apartándose del chico y mirándole a los ojos con una seguridad que había sacado de la nada, una seguridad inexistente.

-No lo dudo, pero también puedes equivocarte sola. Hacer de tu vida algo que no quieres vivir.

-Sirius, me gusta más cuando bromeas que cuando hablas en serio- dijo ella intentado alejar aquel halo de atrayente madurez que estaba empezando a ver en el joven de ojos grises. El chicho rió divertido y la estrechó con fuerza entre sus brazos mientras reía.

-Me encantan tus comentarios, Yas- dijo echándola sobre el suelo de madera y mirándola a los ojos sin dejar de reír. Sin embargo, las risas se apagaron. Yasmine estaba muy seria, las manos de ambos estaban entrecruzadas, el suelo no estaba frío, y las velas estaban en su máximo apogeo. El joven acarició el rostro de ella, deslizando las yemas de sus dedos por el cuello y haciendo círculos sobre su clavícula. Ahora, en aquel mismo instante, todo estaba donde debía estar. Remus estaba hablando en el tejado con Estelle, James y Lily estaban cenando juntos en la fiesta de Slughorn, y Sirius besaba a Yasmine como si le fuera la vida en ello, como si el mundo fuera a terminar aquella noche, como si no quedara nada ni nadie más sobre la faz de la tierra, como si la naturaleza hubiera decidido, por fin, ponerse de acuerdo y hacer las cosas como el destino tenía previsto… sin embargo, esa extraña fuerza de la vida llamada destino nos juega a veces muy malas pasadas.

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Y capítulo catorce acabado!!

Sé que no es muy extenso, pero era eso o no publicar hasta el mes que viene, porque a principios de diciembre tengo un parcial y voy un poco agobiadilla, aunque intentaré como pueda actualizar la primera semana de diciembre. Bueno como habréis visto este capi es del día de Noche buena de nuestros otros protagonistas. Sé que no estan siendo especialmente emocionantes a lo que acción se refiere, pero agarraros en vuestros asientos que los próximos capítulos serán moviditos, toca celebrar el fin de año por todo lo alto, ¡y nuestros chicos no se van a quedar atrás! Por otro lado, gracias por los 7 reviews!! la cosa va que sube y no puedo más que daros mil veces las gracias porque me hacéis muy muy feliz ^^!! un beso os quieroo!!

Jusse: hola!! bueno la fiesta veremos como terminó en el próximo capi, aunque queda claro que James y LIly se lo pasaron muy muy bien!! jaja un beso y hasta el proximo capii!!!

Un admirador: bueno aquí tienes al resto de los personajes, en este se habrá echado en falta a nuestros James y Lily!! buf muchas gracias por los cumplidos, intento que todo sea bastante detallista, retratar una imagen, una secuencia y adaptarla a lo que nosotros mismos podríamos sentir si la estuviérmos viendo o viviendo. Me alegro de que te guste como escribo, de veras. un besazo enorme!!

Mery Lupin: holaaa!! jaja bueno nunca es tarde para dejar un review, asi que gracias por haberlo hecho. Me alegro de que te guste de veras. un besoo y nos leemos!!

Laura: jaja a mí me encantaría que me pasara eso con mi chico!! ;-) romanticismo 1oo% un besoo nenaa!! jaja

Adhara: Hola guapa!! no problem, lee cuando puedas jaja y si, tocaba capítulo romanticón, que James y Lily se me estaban revolucionando demasié jejeje. Bueno aquí tienes una buena sesión de Sirius para disfrutar. Un besazo y hablamos eh??!! besiitoooss

addicta: y aquí tienes este capi!! un besooo y graciass me alegro de que te guste!

Dariapd: Hola!! pues la historia la creo con un poco de imaginación aunque a veces escasee, aunque te aseguro que a veces es me va la olla y no sé ni lo que escribo!! la continuaré seguro no la voy a dejar a medias, y por su puesto que tu apoyo moral me sirve!! y mucho te lo puedo asegurar!! un besazo y hasta la próximaa!!

Besoos a todoss!!

Roxy