Disclaimer: los personajes, lugares y tal pertenecen a Rowling y la warner y todo lo que ya se sabe...
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Capítulo Quince: Pesadilla en Navidad
-Está con él- dijo un chico moreno de ojos castaños y voz temblorosa mientras hacía una exagerada reverencia ante otro hombre, cubierto enteramente por una capa negra y cuyas manos blancas como el mármol se crisparon en un gesto de tensión.
-¿Estás seguro?- preguntó con una voz tan fría como el hielo.
-Completamente, la vi entrar y…
-¡Niña estúpida!- gritó encolerizado el hombre de la capa, interrumpiendo a su interlocutor.
-Mi señor… ¿puedo, puedo hacer algo más por usted?- preguntó tan aterrorizado el chico que le costaba articular las palabras.
Lord Voldemort lo contempló unos instantes y, a pesar de que su rostro estaba oculto en la espesa negrura de la noche, pudo adivinarse una sonrisa cruelmente divertida en sus finos labios.
-¿Qué sabes del otro chico?
-¿Potter?
- Ajá- replicó con voz impaciente.
- Él y la pelirroja testaruda, Evans, creo que también…-dijo sin terminar la frase.
- En la fiesta de Slughorn- afirmó Voldemort mientras su tono se volvía esperanzado.
- Sí, mi señor…
- Veo que no todo son malas noticias, mi querido espía… tu madre debe estar muy orgullosa de ti- se carcajeó mientras el chico temblaba sin cesar.- me vas a ser de gran utilidad… Pero ahora, ahora tengo que hacerle una visita a cierta leoncita rebelde…- Regulus Black aún no había levantado la mirada cuando su amo y señor ya se había esfumado… el chico se dejó caer de rodillas en el duro suelo de piedra y un largo y agónico sollozo se escapó de su garganta, intentado mitigar el áspero dolor que sentía al traicionar a su admirado y envidado hermano mayor.
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Un pequeño rayo de sol dorado se filtró por una rendija de la sucia cortina que tapaba malamente el no menos sucio cristal del coqueto saloncito. Yasmine abrió los ojos perezosamente y se frotó la espalda dolorida. Por un momento se sintió desorientada. No estaba en su cama de Hogwarts, ni en la cama de Henry, ni en su cama. Estaba en un suelo de madera, olía a Navidad, y olía a…
-Sirius- recordó sin poder evitar que una sonrisa de oreja a oreja se dibujase en su rostro. Sé giró y se dio cuenta de que su cuerpo desnudo estaba envuelto cariñosamente en una manta blanca que el animago se había encargado de buscar para que no pasara frío. El chico estaba tumbado de lado, con los ojos cerrados y una expresión de paz e inocencia que apenas se le podía adivinar cuando estaba despierto.
Yasmine suspiró recordando los besos, las caricias, los abrazos que se habían regalado aquella noche. Una noche mágica en la que había decidido aceptar las cosas tal y como eran. Aceptar que se amaban, que se deseaban, y que nada ni nadie, ni siquiera ellos mismos, podían evitarlo.
Quiso entonces la muchacha retroceder unas horas en el tiempo y volver a vivir aquello con el chico, querer que fuera eterno, que cada noche fuera como esa. Acarició su pálido rostro con las yemas de los dedos y apartó un mechón de su rebelde flequillo de la cara. Sirius abrió entonces sus impresionantes ojos grises y pestañeó, visualizando a la joven y sonriendo tal y como había hecho ella al despertar.
-Buenos días dormilón- saludó la chica con un susurro. Sirius sonrió más ampliamente y la atrajo hacia él. Sus buenos días fueron mucho más gráficos que los de Yasmine, y cuando la joven vio que aquello desembocaría de nuevo en otra buena sesión de mimos se apartó de mala gana, a regañadientes.
-Buenas días- dijo entonces él, desperezándose de forma muy parecida a la que lo haría un perro. Por un momento ninguno dijo nada, pero cuando fueron a hablar ambos lo hicieron a la vez.
-Sirius…
-Yasmine…
-Habla tú…- ambos volvieron a sonreír, y de nuevo se fundieron en un tierno abrazo.
-No quiero que esto termine- dijo la joven hundiendo su rostro en el pecho del chico. Sirius suspiró y su rostro se ensombreció sin que ella lo viera.
-No tiene por qué terminar, Yas- le dijo al oído, con los ojos grises vidriosos.
-Debe terminar. Tienes que ayudar a tu hermano- replicó ella mirándolo a los ojos casi con desesperación.
-¿Y tú?- preguntó Sirius sintiendo como la felicidad se le escapaba de las manos.
-Yo…- por un momento la chica pensó en Voldemort, en Henry, en Claudy y todas aquellas cosas que hacían imposible que pudiera tener alguna clase de relación con el merodeador, y sin embargo todas aquellas le parecían molestas moscas que quería ignorar y apartar de un manotazo- yo tengo que resolver mis propios problemas…
-¿Problemas?- Sirius alzó una ceja receloso. Había ciertas cosas de Yasmine que le intrigaban sobremanera, y no lograba descubrir de que se trataba. No ayudó mucho que la chica se quedara blanca como la cera y que se alejara de él rápidamente. Fue entonces cuando oyeron unos golpecitos que procedían de la ventana por la que se había filtrado el rayo de sol aquella mañana. Yasmine miró con el entrecejo fruncido y sus ojos se abrieron alarmados cuando vio un feo pájaro negro sostener un pergamino amarillo enrollado pulcramente. Sirius la observó abrir la ventana, coger el pergamino y echar al ave de malas maneras con un manotazo. El rostro de la chica fue desencajándose a medida que iba leyendo la carta y cuando terminó sus dedos se crisparon sobre ella, arrugando el papel. Miró a Sirius, que estaban empezando a preocuparse de verdad, con los ojos aguados y brillantes.
-Henry ha llegado- dijo mientras buscaba a toda velocidad su ropa y se vestía con urgencia. Sirius se levantó también y comenzó a vestirse, pero solo se había puesto los pantalones cuando la joven ya estaba a punto de salir por la puerta de la cocina.
-¡Yas!- gritó siguiéndola y cogiéndola del brazo para frenarla.- ¿qué es lo que está ocurriendo?
-¡Ha llegado Henry! ¿qué va a pensar si se entera de que he pasado la noche aquí? ¿acaso crees que Claudy no habrá corrido a contárselo?
-¿Nada más?- preguntó el preocupado.
-¿Te parece poco?- respondió ella. Después suspiró y abrazó al merodeador, acariciando su cabello negro- Sirius… te quiero, que no se te olvide nunca, ¿vale?
-¿a qué viene todo esto?- el merodeador no entendía nada, ni la reacción de la chica, ni aquel repentino arranque de emoción.
-A nada- ella se acercó a él, y por un instante parecieron retroceder en el tiempo al inicio de aquella noche especial. Le besó en los labios, dulcemente.
-Yo también te quiero- Sirius la abrazó, sintiéndose vacío. ¿por qué le parecía aquello una despedida? La vio sonreírle, regalarle una mirada profunda de aquellos ojos cafés, y después desapareció por la puerta, por el jardín… la vio irse hasta que se perdió entre las altas espigas de trigo que se mecían silenciosa e inquietantemente por culpa de aquel frío aire invernal.
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James lanzó por enésima vez la pelotita roja, que inmediatamente después de rebotar en el techo volvió a su mano como si de un imán se tratase. Rememoró de nuevo aquella escena, que aún no había logrado asimilar, y sonrió con sumo placer. Él y Lily aún no habían llegado a nada más aquella noche, pero ese instante mágico en el que ambos comprendieron que todo estaba en su lugar permanecería en su memoria y en su corazón para el resto de su vida. Después de aquello se habían largado de la fiesta sin despedirse de nadie y la había llevado a un lugar especial. James la había guiado en su aparición hasta el Valle de Godric, donde sus padres tenían la casa en la que él había vivido toda su infancia. No habían entrado, aparecieron directamente a la zona preferida de James: el jardín. En concreto a una pequeña placita con el techo adornado de buganvillas donde sus padres se habían casado hacia bastantes años. Convocó un mullido colchón de plumas y se pasaron la noche hablando, riendo, alternando besos y caricias… acostumbrándose rápidamente a aquella agradable complicidad. Después ambos se habían despedido eternamente frente a la casa de Lily, ocultándose mediante un hechizo del padre de la chica, que no cesaba en su intención de esperar la llegada de su hija mientras observaba a través de la ventana.
Si, había sido maravilloso, y ahora dudaba porque no sabía que debía hacer… ¿esperar a que la pelirroja diera el paso?¿que lo llamara? ¿O llamarla él? Por el momento, y como era aún temprano y Lily debía estar descansando, decidió ir a contarle la gran nueva a sus queridos amigos del alma… Cerró los ojos con una gran sonrisa y apretó con fuerza la esfera roja brillante que colgaba de su cuello sujeta por una delicada cadena dorada.
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A Remus, que oía a Shyne parlotear sin cesar de la aburrida cena con sus padres, le sobresaltó el resplandeciente brillo de color aguamarina que invadió su habitación. Procedía del su baúl, a los pies de su cama, lanzó una extrañada mirada a Shyne, que parecía no haber visto nada pese a que el resplandor había sido lo suficiente intenso. Rebuscó entre calcetines y pergaminos hasta dar con el colgante azulado que James le había dado antes de partir sin ninguna explicación. Era el culpable de aquella extraña luz que aún seguía brillando en su habitación y de la que Shyne aún seguía sin percatarse.
-Y mi padre me dijo que no me dejaría ir… ¿Remus?- la chica lo miró con los ojos azul eléctrico entrecerrados al ver al chico con aquel aire despistado -¿me estás escuchando?
-Sí claro- respondió el licántropo mecánicamente.
-¿Y qué haces rebuscando en tu baúl?- preguntó al ver que aún tenía la mano metida en él.
-Shyne, creo que James me necesita- dijo el chico aún sin coger el colgante.
-¿Me estás echando?- replicó la muchacha.
-No es eso…
-Bah, da igual- la joven hizo un gesto con la mano para restarle importancia y sin dejarle dar ninguna explicación- de todas formas mi madre me espera para comer, y ya llego tarde- se levantó de la silla y dio un profundo beso al licántropo, que respondió también mecánicamente, y luego desapareció de su habitación a paso ligero. Remus la oyó despedirse de su madre y luego la puerta abrirse y cerrarse. Fue entonces cuando se volvió a inclinar sobre el baúl y cogió al colgante por la esfera aguamarina, que aún seguía brillando intensamente. No pasaron ni cinco segundos cuando Remus comprobó que su pálpito era correcto. Algo tiró de su estómago con fuerza y todo comenzó a dar vueltas a su alrededor…
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Sirius observó de mal humor como la esfera grisácea seguía lanzando destellos al frío ambiente que reinaba en su cocina… tan distinto a la acogedora calidez que había sentido en aquel mismo lugar hacía unas pocas horas, con Yasmine sonriéndole desde la puerta, con toda una noche maravillosa por delante.
Era James, él y su ocurrencia de transformar los escudos protectores eventuales del castigo de Dumbledore en trasladores permanentes. Había sido una idea ocurrente, pero Sirius no quería ver a nadie… aún se planteaba el ir a buscar a Yasmine a la casa de Henry y dejarle las cosas claras a aquel ravenclaw entrometido… y lo habría hecho de no ser porque sabía que había algo más detrás de toda aquella confusión. Se colocó un jersey sin muchos miramientos y agarró con fuerza la esfera color gris, dejándose arrastrar a los pocos segundos por aquel violento tirón y el borrón en el que se convirtió la vieja cocina de su tío.
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Lily miró su reloj tumbada en la cama. Imposible, no podía dormir, aquel recuerdo maravilloso no la dejaba en paz, y no es que ella hiciera muy por la labor de alejarlo de sí. Y la pesadilla que la había visitado aquella noche no la iba a ayudar ni mucho menos, había sido tan real…
Se incorporó y sacudió la cabeza alejando los malos recuerdos, entones se preguntó que debía hacer ahora, ¿llamar a James? ¿Esperar a que él lo hiciera? Ardía en deseos de volver a ver al guapo merodeador, pero pensó que tal vez él pensaría que era demasiado impaciente y ansiosa y decidió ir a ver a Estelle y Yasmine. Podían quedar para tomar un té, o tal vez cenar, pero estaba tan nerviosa y excitada que decidió ir en persona a hacer una rápida visita a sus amigas. Se vistió rápidamente con unos vaqueros descosidos y un antiguo jersey de lana y con un chasquido de dedos desapareció de su habitación sin avisar si quiera a sus padres.
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-¿De qué va esto?- preguntó Remus cuando apareció en la habitación de James, que lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja echado en su cama. El licántropo sostenía en algo el colgante, que había dejado de emitir el brillo intenso de color azul claro.
- ¿Te refieres al colgante? Es de Estelle- respondió el chico de gafas sin borrar aquella sonrisa bobalicona del rostro y sin ver como su amigo se ponía blanco como la cera.
-¿De Estelle? ¿Estás loco? ¡Quiero reconciliarme con ella y tú me das un colgante suyo para que crea que se lo he robado?- exclamó corriendo hacia donde estaba James encolerizado.
- Para, lobito, para…- replicó James mientras se incorporaba en la cama y alargaba un brazo entre él y Remus.- era de Estelle en el castigo de Dumbledore, ya no lo echará en falta.- y a la misma vez que el licántropo se retiró de él aún desconfiado Sirius apareció en la habitación y se sentó en un cómodo sillón con elegante dejadez.
- ¿Qué hay, chicos?- saludó taciturno mientras agachaba la cabeza y observaba el colgante como si fuera realmente interesante.
- Por tu parte no parece que haya muy buenas noticias- reparó James mirando a su amigo e intuyendo por donde iban los tiros- ¿Qué te ha pasado con Yasmine?
-¿Cómo sabes…?
-¡Venga, hombre! La casa de Henry está al lado de la de tu tío Alphard.
-¿Cómo lo sabías?- preguntó el chico de ojos grises sorprendido.
-Uno tiene sus contactos…- se jactó James.
-¿Y cuándo pensabas decírmelo?- se mosqueó Sirius.
-¿Y dejar que no resolvierais vuestras diferencias?
- Pues no has ayudado nada, Yasmine ha roto conmigo definitivamente.
-¿Estabais juntos?- se sorprendió Remus. Sirius le lanzó una mirada ofendida.
- Más o menos, aunque ya creo que ni siquiera piensa hablarme- dijo decaído.
-¿Qué ha pasado?- James miró a su amigo con interés, y aunque ansiaba contarles la buena noticia, comprendió que lo primero era lo primero, y Sirius parecía realmente afectado.
- No lo sé, no lo sé- Sirius agachó la cabeza y la sacudió confundido con impotencia- pero cada vez me da más mala espina. Ha recibido una carta temprano, y ha dicho que Henry había llegado, pero hay algo que no me encaja.
- Espera espera espera- Remus alzó las manos para que fuera más despacio- ¿esta mañana? ¿Dónde estabas tú para saberlo?
- Imagínatelo, Moony- James se levantó y le dio un codazo a su amigo, que lo comprendió al instante y lanzó al chico de ojos grises una mirada de disculpa.
-James…- Sirius empleó aquel tono que invitaba a no bromear más con aquel tema.
- Vale, Pad, vale- pero era imposible quitarle aquella sonrisa de estúpida felicidad en el rostro.
- Bueno, tío, suéltalo ya, esa sonrisa me está dando grima, ¿qué es lo que te traes entre manos?- preguntó Sirius hastiado.
-Eso, ¿para qué nos has llamado?- Remus se unió a su amigo, y estaba de acuerdo en que la sonrisa de James estaba empezando a cargarle un tanto a él también.
- Pues… anoche, en la fiesta de Slughorn, Lily y yo…- rodó los ojos y otra enorme y extasiada sonrisa se hizo presa del chico.
-¡No!- exclamó Sirius soltando una carcajada y olvidándose momentáneamente de sus problemas.
- ¡Enhorabuena!- Remus le dio una palmada en la espalda para felicitarle, pero Sirius, presa de la emoción, se abalanzó sobre ellos y los derribó sobre la cama en lo que intentó ser un emotivo (y masculino) abrazo de felicidad.
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-¿Y por qué no me lo cuentas ya?- Estelle miró a su amiga mientras se le contagiaba la sonrisa de Lily.
- Quiero que estéis las dos- la pelirroja de ojos verdes movió la varita con rapidez y la verja negra de la mansión de campo de los tíos de Henry se abrió con un estrepitoso chirrido.
-¿Y cómo sabías donde encontrarla?- dijo Estelle tras contemplar la enorme mansión unos segundos.
-Ha sido fácil, solo he tenido que pensar en ella.- pero no le comentó el mal presentimiento que había tenido acerca de su amiga ni que la urgencia por encontrarla la había ayudado. Estelle se encogió de hombros, a ella aún no se le daba demasiado bien la aparición.
Ambas pelirrojas llegaron a la gran puerta de madera y tocaron la gran aldaba de oro que la presidía. Una fría ráfaga de aire invernal les revolvió el pelo y les erizó el vello.
- Aquí no hay nadie- observó Estelle. Lily se había quedado blanca como la cera.- ¿Qué té ocurre, Lyls?
- Tal vez haya decidido ir a dar una vuelta por los acantilados.- dijo Lily sacudiendo la cabeza.
- Podíamos esperarle aquí, hace mucho frío.- propuso Estelle.
-Mejor la buscamos, ¿vale?- y sin esperar respuesta alguna de su amiga, Lily salió de la mansión por el mismo lugar por el que había entrado.
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Yasmine sintió como las lágrimas calientes rodaban por sus pálidas mejillas y caían por su garganta marcando un río de dolor que solo ella podía sentir en aquel momento. Guardó el trozo del pergamino en un bolsillo de su capa con manos temblorosas. Henry aún no había llegado, la realidad que le esperaba era aún mucho más aterradora. Aquel pequeño paseo a la colina que había cerca del acantilado le recordaba tanto a aquella fatídica tarde de fin de verano, que aún no sabía si aquello no era más que una de las tantas pesadillas que había tenido desde entonces. Pero no, hacía frío, notaba como el aire helado entraba a sus pulmones y la dejaba sin aliento, notaba las altas hierbas rozar su piel apenas cubierta por el fino vestido y la capa, oía el susurro amenazador del viento, el graznido de los cuervos atravesando el cielo oscuro, el olor a salitre y arena, y lo vio… Pensó que su corazón saldría de su pecho al ver a aquella alta y estilizada figura vestida de negro esperándola en el borde del acantilado, con la capa ondeando a su alrededor haciéndole parecer cien veces más grande y temible de lo que era. Yasmine oyó una risa aguda y fría, aunque no supo si era real o una simple mala pasada de su mente, que parecía ir cada vez más lenta…
-¿Y mi hermana?- preguntó con los ojos llorosos, asustada. Paró a unos metros de Voldemort, sin atreverse a acercarse demasiado al borde del acantilado.
-Por ahora a salvo… aún te necesito, necia- replicó el mago con la voz crispada por el odio.- ¿a qué es divertido jugar con la muerte de los demás?- preguntó acercándose a la chica, que retrocedió de inmediato.
-No la toques- chilló desesperada Yasmine mientras sentía como le faltaba el aire para respirar.
-Haz lo que te ordeno… ¿en qué pensabas cuando entraste anoche en la cabaña de Sirius Black?
-¡¿Ahora no puedo tener amigos?! ¡¿Hasta eso me va a quitar!?- gritó mientras su largo cabello se revolvía en todas las direcciones. No pudo evitar un grito de impotencia y un llanto desesperado.
-Hay ciertos amigos, querida Yasmine- dijo Voldemort mientras se aparecía a su lado y la cogía con demasiada fuerza con una sola mano del rostro- que no deberías frecuentar…- con la otra mano, helada y dura, limpió las lágrimas de las mejillas de la chica, pero tan rápido como se había acercado a ella se alejó y alzó la varita en una mano, apuntando al pecho de la gryffindor.- ¡Crucio!- gritó como quien entona una agradable melodía.
Yasmine no supo lo que le sucedió exactamente, tan solo entendió que jamás experimentaría mayor dolor que el que estaba sintiendo en aquel mismo instante, como si cada una de sus fibras nerviosas hubiese sido atravesada por miles de diminutos y candentes alfileres. Tampoco pudo estimar el tiempo que la torturó, pudo haber sido minutos, o tal vez horas, solo recordó que acabó desmadejada en el suelo, escuchando la aguda risa del mago oscuro, como se acercó a su oído y en un suave susurro le advirtió que si volvía a ver a Sirius el dolor sería mucho mayor, su vida sería arruinada, su familia asesinada… y el merodeador de ojos grises la acompañaría a su sucia tumba.
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-¿Y qué piensas hacer ahora?- preguntó Sirius interesado.- ¿vais a formalizarlo?
James se encogió de hombros empezando a preguntarse aquello. La verdad es que deseaba con todo su corazón formalizar la relación con la chica, sobre todo para que todos aquellos descerebrados que iban tras ella entendiesen que ya no podían hacer nada, pero no quería agobiar a Lily.
-Ya lo hablaré con ella- dijo finalmente.- he pensado hacer una fiesta de noche vieja en la casa de mis padres, en El Valle de Godric- dijo tras una pausa en la que ninguno dijo nada. Sirius abrió los ojos interesado y Remus no cambió de postura.
-Me parece genial, espero que invites a muchas chicas guapas y atractivas- Sirius intentó que su comentario pareciera casual, pero su sonrisa les delató que ya había empezado a maquinar algún plan perverso para hacerle ver a Yasmine lo mucho que se perdía.- necesito despejarme- añadió cambiando rápidamente la expresión por otra taciturna y deprimida que no logró engañar a sus amigos.
-Créeme, Pad, liarte con otra chica para hacer sufrir a la que verdaderamente amas no ayuda en absoluto- le aseguró Remus mientras miraba por la ventana el gélido aspecto de aquella calle londinense.- ¿vas a invitar a Estelle?
-Sí, claro, ¿pero qué hay de Shyne?- preguntó el chico de gafas mientras Sirius lanzaba al licántropo una mirada acusadora.
-Creo que es peor eso a lo que tenía pensado hacer yo- le increpó el moreno.
-No voy a hacer nada- se defendió Remus- voy a hablar con Shyne, no creo que lo nuestro funcione- confesó decaído- ella es maravillosa, pero se merece algo mejor que yo. No puedo darle lo que ella quiere.- James se acercó al chico y le dio una palmada amistosa en el hombro.
-No te preocupes, seguro que encuentra a alguien- dijo para tranquilizarlo. Sin embargo la sonrisa con la que Remus le contestó fue bastante débil.
-¿Queréis que vayamos a Godric para echarle un vistazo a la casa? Hace mucho que no voy por allí-dijo pasando por alto la velada con la pelirroja la noche anterior.
-Claro, pero antes me acompañáis a la cabaña, quiero recoger un par de cosas allí- dijo Sirius con el ceño fruncido.
-¿Te vas de allí?- Remus parecía extrañado.
-Sí, aquello ahora me aburre bastante- no dijo que el simple pensamiento estar a 3oo metros de Yasmine en los brazos de otro hombre se le hacía totalmente insoportable.
-¿Y dónde te vas a quedar?-preguntó James eta vez.
-No sé, me buscaré algo por Diagon, tal vez en el Caldero Chorreante, me buscaré algún trabajillo…
James miró a su amigo negando con la cabeza, pero no dijo nada más, simplemente agarró del hombro a su amigo de ojos grises, y Remus lo imitó. Sirius dio un fuerte y enrabietado chasquido con los dedos y todo comenzó a dar vueltas alrededor de los tres merodeadores.
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- Lily, ¿me vas a decir que ocurre?- Estelle seguía a su amiga a duras penas, y jadeaba de cansancio y frío. La pelirroja de ojos verdes miraba frenéticamente hacia los acantilados buscando algo, no parecía notar el viento helado ni parecía escuchar a su amiga de lo concentrada que parecía.
- ¡Debe de estar cerca!- gritó mientras el aire se llevaba sus palabras- lo sé.
-¿Cómo puedes saberlo? No hemos estado aquí nunca, ¡Lily, para!- Estelle consiguió alcanzarla y agarrarla de un brazo, frenándola a duras penas. Lily la miró confusa.
-¿Qué ocurre? Dímelo por favor- suplicó la pecosa chica casi desesperadamente.
- Anoche tuve un sueño, Estelle, sé que te sonara raro, pero tuve un sueño, y fue justo y cuando James me trajo de vuelta a casa. Nunca antes había tenido un sueño así.
-¿Qué clase de sueño?- preguntó Estelle.
-Fue más bien, una pesadilla…- murmuró Lily aprovechando que el viento parecía tomarse una tregua y no necesitaba levantar la voz. Reanudó la marcha mientras intentaba hacer memoria para explicarse lo mejor posible- no fue agradable, soñé que estaba junto al acantilado, y que Yas estaba también, de pie. Estaba muy seria y me miraba fijamente, tenía lágrimas en las mejillas… Había una sombra enorme tras ella, y de repente estallaba una tormenta, y… y no sé, ella andaba hacia atrás, y no veía el acantilado, pero yo no podía ayudarla y entonces…- Lily se dio cuenta de que estaba moviendo las manos con demasiado histerismo, de modo que bajó los brazos y cogió aire para ahogar el recuerdo de aquella escena que tan real había sido en su mente.
- Ha sido solo un sueño- intentó tranquilizarla Estelle.
- Pero cuando he ido a verte… no sé, ¿sabes esa sensación de que se te encoge el corazón y notas que algo va mal?- Estelle negó con la cabeza, pero Lily no lo vio- entonces tan solo he tenido que pensar donde estaba Yasmine para llegar aquí… y cuando he visto los acantilados yo…
- Se te pasará, es solo que tal vez este no sea tu lugar favorito, Lyls, y la verdad es que es un poco siniestro, sobre todo hoy- dijo Estelle mirando las enormes nubes negras que cubrían el cielo haciendo que pareciera mucho más tarde de lo que en realidad era.
- No lo sé, Estelle, yo…¡Por Merlín!- exclamó ahogando un grito y llevándose una mano a la boca. A unos pocos metros distinguieron un bulto negro tumbado entre las finas hierbas que se mecían a su alrededor, cerca del borde de uno de los altos acantilados. Lily echó a correr hacia aquel lugar, seguida de cerca por Estelle, cuya expresión pasó de la sorpresa a la incredulidad y al miedo en cuestión de segundos.
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Yasmine, normalmente de piel morena y bronceada, lucía un pálido bastante antinatural en la piel. Los labios purpúreos y los párpados aceitunados contrastaban con esa blancura impoluta y falsa, que la hacían parecer un cadáver reciente. Sus cabellos oscuros estaban sueltos y esparcidos entre la hierba, los brazos y las piernas en ángulos bastante imposibles que, de haber estado dormida, hubiera sido una postura bastante incómoda. Pero no estaba dormida, Lily cogió con urgencia la muñeca de su amiga, y a pesar de que su mano temblaba incontroladamente, pudo encontrar un pulso débil y regular en la zona. Suspiró no más aliviada mientras se giraba hacia Estelle, que estaba igual de blanca que Yasmine y tenía los ojos abiertos de par en par.
-¿Está…?
-¡Está inconsciente! Tenemos que llevarla a algún lugar, no sabemos cuánto tiempo lleva así, ¡debe de estar helada!- de hecho, estaba tan fría como el hielo.
-¿Qué hacemos? ¿Adónde la llevamos? ¡Henry aún no ha llegado!
- Ya encontraremos algún lado, no podemos aparecernos con ella inconsciente, podría salirnos mal.- cogió la varita e hizo un grácil movimiento con ella. De inmediato el cuerpo de Yasmine se elevó en el aire como sujetado por cuerdas invisibles que caían del cielo. Por si no tuvieran bastante, una fina y densa llovizna empezó a caer sobre sus cabezas.
-¡Joder!- Lily empezó a caminar mientras dirigía el cuerpo, y Estelle se quitó la capa y la echó sobre la joven inconsciente. Caminaron unos cinco minutos hasta que observaron a lo lejos la enorme mansión de los tíos de Henry, pero, mucho antes, una pequeña y abandonada casita se interponía en su camino.
-¡Allí!- gritó Lily sin pensárselo dos veces.
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- Pad, puedes quedarte en mi casa del valle de Godric- dijo James al rato de observar a su amigo meter cosas en una vieja bolsa de cuero. El chico moreno le lanzó una mirada guasona.- lo digo en serio, además, es lo que necesitas, un poco de paz para despejarte en un ambiente rural.
- ¿Hay chicas guapas en el pueblo?- preguntó su amigo. James lo miró con una ceja alzada- ¿Qué? ¡Necesito algo de diversión sin compromiso!- exclamó.
- Esta casa está genial- les interrumpió Remus, que bajaba las escaleras que llevaban a la segunda planta- pequeña, pero perfecta.
- Me alegro de que te guste- dijo Sirius con voz monótona- volveré cuando pueda para terminar de arreglarla.
De repente alguien llamó con fuerza a la puerta principal de la casa, sobresaltando a los tres merodeadores. Sirius dio un respingo y dejó caer la bolsa, pero no se movió para abrir la puerta.
-¿Esperas a alguien?- le preguntó James.
-¿Y si es…?- la imagen de Yasmine llorosa y arrepentida le vino a la mente de forma fugaz, aunque también pensó en la pesada de su ex o Henry en busca de alguna explicación (y si así hubiera sido, él se la hubiera dado con gusto).
-¿Hay alguien ahí? ¡Necesitamos ayuda!- exclamó una voz femenina.
-¡Es Lily!- fue James el que reconoció inmediatamente la voz y se abalanzó contra la puerta abriéndola en cuestión de segundos- ¡Lily! ¿Qué haces aquí?- se retiró de la entrada mientras la pelirroja entraba empapada a la casa, seguida de un cuerpo que levitaba cubierto por una capa oscura, y de Estelle, que estaba blanca como la cera y cuyos rizos se pegaban a su pecoso rostro.
- ¡Es Yasmine!- dijo dejando el cuerpo sobre el suelo, en uno de los cojines que aún sobrevivía de la noche anterior.- no sé lo que le pasa.
Sirius siguió a la pelirroja mientras esta descubría el cuerpo de su amiga cuidadosamente. El rostro aún pálido de la chica sobresaltó a Sirius, que intentó esconder su terror y hacer algo útil.
-¿Qué le ha pasado?- preguntó con una voz totalmente carente de sentimientos que le costó mucho conseguir, mientras salía de la habitación y volvía al poco con una pila de toallas y mantas gruesas.
- No lo sé, vinimos… vinimos a verla y no estaba en casa. Henry no ha llegado aún- dijo la pelirroja mientras cogía las mantas.
- ¿Qué Henry no ha llegado aún?- Sirius la miró con los ojos entrecerrados mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Aquel mal presentimiento que había experimentado aquella mañana se instaló en su estómago de nuevo.
- No aún no, entonces… fuimos a darnos una vuelta- dijo mirando a Estelle significativamente. Su amiga asintió rápidamente- y la encontramos cerca de los acantilados.
- Voy a preparar algo caliente- dijo Remus mientras se dirigía a la cocina y rebuscaba entre la alacena de Sirius. Encontró con suma satisfacción una enorme tableta de chocolate y se puso a cocinar.
- ¿Y tú qué haces aquí, James?- preguntó Lily al chico al cabo de unos segundos. La joven dejó a Yasmine en manos de Sirius tras secarle el pelo y cubrirla con las mantas. Estelle, muy a su pesar, vio que allí no encajaba en ninguna de las dos escenas y se arrastró a regañadientes a la cocina, a hacer compañía a Remus.
- Vinimos a ayudar a Sirius a recoger unas cosas. Íbamos a ir al valle de Godric para ver la casa- Lily lo miró a los ojos y sonrió, ruborizándose inmediatamente. James sonrió también y le invadieron unas ganas terribles de besar los labios rojizos de la pelirroja.
- Aún no les he dicho nada- se disculpó ella separándose un paso de él, mientras bajaba la cabeza avergonzada.
- Yo tampoco…- mintió James. Vio por el rabillo del ojo la mirada de censura de Sirius y escuchó la carcajada incrédula de Remus procedente de la cocina.- Aún no- dijo esta vez con un tono que parecía más bien una advertencia.
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- ¿Por qué te has reído?- le preguntó Estelle, a quien el sonido había pillado desprevenida.
-¿Por qué estás aquí?- Remus le respondió con otra pregunta.
- Porque Lily y yo veníamos a buscar a Yasmine y…
- No me refiero aquí, a Little Hampton, me refiero a aquí, en la cocina- concretó Remus mientras removía el chocolate en un viejo cazo oxidado.
- Eso huele de maravilla- repuso Estelle sin contestar a la pregunta del licántropo.
- No me has contestado.- replicó el sin enfadarse.
- Tú tampoco lo has hecho- Estelle le devolvió una sonrisa totalmente indecente mientras por dentro se preguntaba qué demonios estaba haciendo. Y sin borrar la sonrisa de su cara se dio media vuelta y volvió por donde había venido, dejando a Remus entre alucinado y mosqueado por la actitud de la chica.
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Yasmine aún estaba helada, y Sirius empezó a buscar la manera de despertarla mientras su mente seguía trabajando a la velocidad de la luz y haciéndole miles de preguntas. ¿Por qué le había dicho que Henry había llegado? ¿Qué significaba aquella carta tempranera? ¿Por qué había reaccionado Yasmine de aquella forma? ¿Qué le había ocurrido? Casi sin darse cuenta, se había levantado y había abandonado la casa, dirigiéndose al jardín trasero. Observó unos segundos las matas silvestres que lo poblaban hasta que dio con un grupo alejado de hermosas flores color rojo intenso. Cogió una de ellas con cuidado, ya que su tallo estaba cubierto de pequeños y afilados pinchos, y entró a toda velocidad a la casa. Volvió a sentarse al lado de la chica, esta vez acompañado por Lily, Estelle y James, y pasó la flor rosácea por debajo de la nariz de la morena. De inmediato vieron como la flor fue perdiendo el color mientras miles de diminutas motas de aquel pigmento que la cubrían entraban por las fosas nasales de Yasmine. Fue cuestión de segundos que ella abriera los ojos lentamente y se encontrara con las caras estupefactas de sus amigos. Desde la cocina ya podían apreciar el suave y dulce aroma del chocolate fundido de Remus.
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- ¿Y bien?- Sirius se cruzó de hombros mientras observaba a Yasmine beber de la taza que Remus le había tendido. La chica lo observó sin entender.
-¿Y bien qué?- dijo mientras se relamía.
- No sé, tal vez podías explicarnos que hacías inconsciente al borde de un acantilado un día como este.- replicó el chico de malas maneras. Lily le lanzó una mirada de odio que el animago optó por ignorar.
- Bien…- Yasmine suspiró con fuerza y miró uno a uno a sus amigos, que a su vez la observaban expectantes- Henry aún no había llegado a la casa de la fiesta- Sirius alzó una ceja irónica que Yasmine fingió no ver- así que salí a dar un paseo para hacer tiempo, y de lo demás ya no me acuerdo. Tal vez me golpeé con algo, o me mareé, no lo sé bien, y tampoco me interesa… ¡estoy bien, chicos!- exclamó de manera muy convincente.
- ¿Y si no te llegamos a encontrar?- preguntó Lily conteniendo un escalofrío. Sin embargo, en su voz no había acusación, tan solo una honda y sincera preocupación.
- Me habría despertado yo, y sí, tal vez hubiera pillado un buen resfriado, nada que mis padres no hubieran podido solucionar- reconoció la chica sonriendo arrepentida.
- No vuelvas a dar vueltas por ahí sola.- le replicó Estelle acercándose a ella y pasándole un brazo por los hombros, imitando a Lily.
- Lo prometo, no lo haré- las tres chicas sonrieron y se abrazaron entre ellas.
- Nos has dado un susto de muerte.- le increpó Lily, aunque su sonrisa aliviada relajó a la chica de ojos castaños.
-¿Y qué hacéis aquí vosotras? – Yasmine no había caído en el hecho de que sus dos mejores amigas estaban en Little Hampton sin motivo aparente.
-¡Es cierto! ¡Ya puedes contárnoslo!- exclamó Estelle entusiasmada. Lily enrojeció y bajó la cabeza.
- Mejor luego, ¿vale, chicas?- dijo en voz muy baja.
- Pero, ¿por qué lue…?
- Sea lo que sea puede esperar- interrumpió James recibiendo una agradecida mirada de Lily.- ahora he de anunciaros, bellas damas, que quedan invitadas a la magnífica y estupendísima fiesta de fin de año de James Potter, Sirius Black, y Remus Lupin. El 31 de diciembre en la mansión Potter del valle de Godric Gryffindor.
- ¿¡en serio?!- por fortuna para Lily, Estelle olvidó de inmediato la secreta noticia, maravillada ahora por la perspectiva de una divertida noche de fiesta.
-¡Por supuesto, y si queréis, podéis acompañarnos a echarle un vistazo a la casa- guiñó un ojo a Lily que volvió a sonreír recordando los momentos vividos con el chico en el jardín, pero negó con la cabeza un momento después.
- Vamos a dejar a Yasmine descansar, ahora debe reponerse.
-¡Estoy bien, Lily!- replicó la chica ofendida- pero debería volver a Londres y avisar a Henry- quería, por encima de todo, alejarse de Sirius, sabía que el moreno sospechaba algo por la forma en que la había mirado y le había preguntado lo de Henry.
- Esta bien, está bien, entonces ya nos veremos- James lanzó una significativa mirada a Lily, que asintió casi imperceptiblemente mientras volvía a sonreír. Sirius había recuperado su bolsa de cuero, y ya había terminado de recoger sus escasas pertenencias. Acompañaron a las chicas a la casa de Henry, para ayudar a Yasmine a hacer lo propio. Nadie vio, demasiado ocupados que iban, el rudo pergamino amarillo que se escapó como si tuviera vida propia del bolsillo de la capa de Yasmine. Nadie vio como quedó en el suelo, en mitad del suelo del pequeño saloncito, en mitad de la soledad de aquella cabaña, en mitad del peligro al que todos se verían expuestos si alguna mano inadecuada se hacía con él.
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Lo sé, lo sé lo sé, soy una pesada tardona... pero he estado tan ocupada... pero bueno, por fin he encontrado un poco de tiempo para actualizar, y ahora que estamos de Navidades podré compaginar el estudio con la escritura, ¡¡prometo actualizar antes de reyes, será mi regalo para vosotros!! (lo intentaré ) además, será un capítulo largo porque a partir de enero y durante febrero me va a costar un poco escribir, ¡llegan los exámenes! a todos los que leéis y dejáis reviews millones de besos, os deseo una navidad llena de alegría y felicidad junto a la gente que queréis, y espero que os lo paséis increiblemente bien!! gracias por la paciencia!!
Laura: jajaja si a Remus le queda mucho sex-appeal que demostrar!! un besoo
justweasle: aquí tienes algo de Lily y James, ¡pero nada comparado con lo que se avecina! nuestra pareja favorita aún tiene mucho que dar ajaja un besote y gracias!! =D
Jusse: hola de nuevo! un beso gracias por el review!!
Adhara: madre mia no hay manera de que me pilles ni de pillarte por el msn jaja. Bueno a ver si ahora que hay un poco más de tiempo si podemos charlar un rato. Jajaja si así se suele quedar la gente cuando le digo lo del perro xD... pero últimamente me está afectando bastante créeme el otro día me costó mucho terminarme el filete después de esa práctica! jaja y sí, Sirius es... (tú lo has dicho, no hay palabras!!) jaja vaya, no me acordaba de Jake, pero sí, ahora que le dices le ha dado bastante aire nuestro licántropo de ojos dorados. A mí también me encanta Jacob, jaja y lo del último libro me ha parecido un puntazo! me queda poco para terminar amanecer, y también hace poco que vi la peli. Un beso guapa y ya hablamos vale?? hasta pronto!!
Dariapd: hola!!jaja en este también te puedo asegurar que se me ha ido un poco la ollilla jaja! es pero que te guste. un beso y hasta pronto!!
FELIZ NAVIDAD A TODOS Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!
Besos sabor turrón de Shuchard (o como se escriba jaja)
Roxy
