Hola a todos y todas que leen este fic, me alegra comunicarles que ya medio me puse al corriente con los reviews, y digo medio por que me faltan los de la semana pasada que intentaré contestar el sábado pero ahí la llevo, ya los leí pero no los he contestado :( lo sé soy una vergüenza pero tengo excusa me falta tiempoo! Bueno no los agobio más con mis problemas, y cambiaré del tema, me pedían por ahí que subiera dos capitulos por semana (Sé que este review ya tiene comos dos semanas desde que me lo pusieron pero no había tenido chanza de contestar por aquí porque casi siempre subo los capítulos a la carrera, pero bueno el caso es que me encantaría complacerlos pero lamentablemente eso me resultaría muy difícil ya que con trabajos subo uno por semana, la historia ya está hecha y todo pero la tengo escrita en papel y eso de transcribirla a computadora requiere de tiempo que es lo que me falta, así que esa se las voy a deber y la otra cosa que me angustia y me quita el sueño es que no he podido contestar los mensajes que me deja mi querida Krayteona, corazón amo tus mensajes y siempre me quedo con ganas de contestarlos, pero quiero dejar claro que sino los coontesto no es por sangrona ni nada es porque la computadora no me deja, creo que tienes deshabilitada la opción de recibir mensajes o algo así, pero si tu quieres continuar así por mi no hay problema solo quiero aclarar que no he contestado tus mensajes por eso y no por otra cosa, bueno una vez aclarado el asunto les dejo el siguiente capitulo disfrútenlo y los amantes del taiora ammm será mejor que tengan algo para el estrés a la mano.

Aclaración: Los personajes de digimon no me pertenecen la historia aquí expuesta es sin fines de lucro.

31

Pequeña.

Yumi regresó a la puerta de la escuela donde la esperaba Izzy, la pelirroja había ido a buscar a su amiga que se suponía iría a su casa ese día saliendo de clases pero después de que Mimi saliera tan molesta la había perdido de vista y hasta ese momento no la había encontrado por ningún lado.

-¿La encontraste?

Preguntó el pelirrojo al ver a su novia acercarse. Yumi lo miró y negó con la cabeza.

-No esta por ningún lado.

- Tal vez ya se fue.

-Que extraño, había dicho que iría a mi casa hoy.

-Puede que se le haya olvidado, recuerda que salió muy molesta.

-Tienes razón conociendo a Mimi lo más seguro es que lo haya olvidado.

-En ese caso será mejor que nos vayamos a casa, no ha de tardar en nevar.

Dijo el pelirrojo alzando su vista al cielo para después guiar su mirada a su novia, extendió su mano hacia ella y Yumi sonrió, tomó la mano de su novio y juntos comenzaron a tomar camino.

Alzó su vista al cielo al sentir el primer copo de nieve sobre su nariz, no tardaría en nevar, tenía que darse prisa sino quería que él y Mimi a la cual traía aún dormida sobre su espalda, pescaran un resfriado, lo bueno era que ya faltaba muy poco para que llegaran a su departamento.

Miró a Mimi de reojo y no pudo evitar sonreír al ver que la castaña esta vez sonreía, al parecer esa visión no era tan desagradable como las anteriores.

Japón año 1593

- ¡No soy pequeña!

Protestó una pequeña Mimi de seis años que miraba enojada a su amigo de ojos color zafiro, el pequeño rubio llevaba buen rato burlándose de ella diciéndole que era pequeña y que siempre lo sería.

Mimi miró molesta a Yamato y se cruzó de brazos, odiaba cuando el rubio se burlaba de ella y ella no podía contrarrestar sus burlas porque de cierta forma el niño tenía razón.

-Sí lo eres

Contestó el niño con una sonrisa orgullosa y burlona, la misma sonrisa que la pequeña Mimi de ese tiempo odiaba.

-¡No lo soy! Sólo soy menor que tú por un año.

-Y por eso eres pequeña.

-No es cierto, no soy pequeña.

Yamato sonrió victorioso al ver como las mejillas de su amiga se encendían del coraje, justo el efecto que quería causar en ella, siempre había pensado que Mimi se miraba adorable cuando se molestaba y por eso le gustaba hacerla enojar.

-Entonces demuéstralo.

- ¿Cómo?

- Baja esa manzana.

Mimi alzó su vista hacia donde apuntaba la mano de Yamato y vio como del frondoso árbol en el que ellos se encontraban refugiados del sol colgaba una roja y redonda manzana, el problema era que esa manzana se encontraba a una altura considerablemente alta y dudaba poder alcanzarla, aunque por callarle la boca a Yamato, haría lo que fuera por alcanzar esa manzana.

-Esta bien.

Yamato sonrió al ver como la niña parada frente a él y se ponía de puntitas para poder alcanzar la manzana sabía que Mimi no la alcanzaría era muy pequeña aún pero disfrutaba verla intentar.

Mimi se dio cuenta que poniéndose de puntitas no alcanzaría la manzana pero no podía dejar que Yamato se diera cuenta de ello eso sólo provocaría que el se volviera a burlar de ella, lo miró de reojo y pudo ver la sonrisa en el rostro del rubio, ya se estaba burlando de ella, aún no se daba por vencida y Yamato ya daba por hecho que no podría bajar esa manzana. Optó por brincar, tal vez si brincaba lo suficientemente alto lograría alcanzarla, pero aún así sólo lograba rozarla.

-Te dije que no podrías, eres muy pequeña aún.

-¡Sí puedo! No soy pequeña.

Mimi dio un salto lo bastantemente alto que alcanzó a tomar el nacimiento de la manzana, la castaña sonrió por su logro, un salto más de esos y lograría bajar esa manzana y Yamato ya no podría decirle pequeña. Se preparó para saltar igual o más fuerte que la vez pasada. Dio otro brinco y alcanzó la manzana, Mimi sonrió orgullosa al ver que la manzana estaba en sus manos pero su sonrisa desapareció al ver que no bajaba, ¿acaso de tanto saltar había aprendido a volar? Guió su mirada al suelo y vio como Yamato la cargaba, se había concentrado tanto en su salto que no se dio cuenta cuando Yamato la tomó de la cintura y la elevó para alcanzar la manzana.

-No es justo Yamato yo quería hacerlo sola.

Protestó la castaña dedicándole una mirada asesina a su amigo que la bajó para después sonreír.

-No ibas a poder.

-Ya casi la tenía.

-Eres muy pequeña, jamás podrías bajarla.

Mimi cruzó sus brazos e infló sus cachetes molesta, ahora jamás podría demostrarle a Yamato que ella no era pequeña.

-Tú también eres pequeño.

-Eso no es cierto yo ya tengo siete años y soy más alto que tú.

Dijo el rubio marcando con su mano la clara diferencia de estatura entre los dos.

-Pues yo ya casi voy a cumplir siete y verás que cuando crezca voy a estar más alta que tú.

Sentenció las castaña volteando a ver a su amigo para después mostrarle la lengua en señal de molestia, Yamato rió ante este gesto de su amiga que era sencillamente adorable.

Japón año 2006

Matt abrió la puerta de su apartamento con dificultad, dejó sus zapatos para ponerse las pantuflas y se dirigió a la sala para dejar a la castaña sobre el sillón, la colocó con cuidado y alejó del rostro de la chica un mechón de cabello que caía sobre la mejilla de la chica. La miró por unos segundos y no pudo evitar sonreír se miraba muy linda dormida, y aquella sonrisa que adornaba su rostro en aquellos momentos la hacía ver más linda si es que eso era posible.

El reloj de la sala sonó indicando que ya eran las tres de la tarde y despertó a Matt de sus pensamientos quien miró el reloj y supo que su padre no tardaría en llegar así que sería mejor que se fuera a hacer la comida que en esa ocasión sería para tres.

Sora regresaba cada uno de los pases que su compañera de tenis le enviaba, pero la verdad es que su mente en esos momentos no se encontraba en el juego sino más bien en cierto chico rubio en el cual no había podido dejar de pensar, al parecer el haberle confesado sus sentimientos a Matt no la había dejado más tranquila como ella esperó, ahora estaba más inquieta sabía que la forma en que habían sucedido las cosas le había cerrado a ella todas las posibilidades, ella estaba fuera de sí en aquel momento tal vez si en esa ocasión hubiera hablado la verdadera Sora en vez de la Sora dolida Matt le hubiera correspondido y esa era la idea que la acosaba desde el día de noche buena, tal vez debía hablar con Matt siendo ella misma y no la loca que se presentó en su camerino.

Su compañera se detuvo y alzó la vista al cielo, Sora se desconcertó al ver que su compañera se había detenido y miró a la chica de cabello negro.

-¿Sucede algo?

-Va a nevar, será mejor que lo dejemos por hoy.

Sora alzó la vista y vio que en efecto, unos copos de nieve ya comenzaban a caer sobre ambas.

-Esta bien.

Sora bajó su raqueta y se dirigió hacia su maleta donde guardaba sus cosas, tomó un poco de agua para después ver a su mejor amigo que le sonreía desde el cerco. Sora sonrió y se acercó al moreno que la saludó con la mano al ver que ella lo había visto.

-Tai ¿Qué haces aquí?

-Sabía que cancelarían tu entrenamiento debido a la nieve y vine para que nos fuéramos juntos.

Sora sonrió ampliamente por el comentario de su amigo y asintió.

-Sólo iré a cambiarme.

-Claro aquí te espero.

Tai asintió y se dirigió a las gradas para tomar asiento y esperar a que Sora llegara, Sora por su parte recogió sus cosas y se dirigió de inmediato a los vestidores.

El señor Ishida acababa de llegar de su trabajo, sólo tendría tiempo de comer y tendría que regresar de nuevo, con la nieve que amenazaba en caer ese día lo más seguro era que necesitarían de su ayuda en la televisora. Dejó su saco sobre el perchero y se colocó las pantuflas, ya podía oler la comida que estaba preparando Matt así que sonrió, pero su sonrisa se esfumo cuando observó que en su sillón había una chica dormida y casi de inmediato la reconoció era la chica que había acompañado a Matt al hospital y estaba seguro que esa era la chica responsable del cambio de humor de su hijo.

-Matt ¿Qué hace una chica dormida en nuestra sala?

- A es una amiga.

Respondió el rubio desde la cocina.

-Creo que ya no te dejaré tanto tiempo solo, no me vayas a hacer abuelo antes de tiempo.

Matt sintió como los colores se subían a sus mejillas, se giró hacia su padre que se encontraba sentado tranquilamente en la mesa tomando un vaso se agua y sin poderlo evitar comenzó a gritar.

-¡ Pero que tonterías dices! ¡Es sólo mi amiga!

-Cálmate Matt no es para tanto.

Respondió tranquilamente el señor Ishida sin siquiera inmutarse por el alterado estado de su hijo que en vez de hablar se encontraba gritándole. Hiroaki más que nadie conocía el tan explosivo carácter de su hijo, así que no le sorprendía que Matt se hubiera alterado tanto por un simple comentario.

- ¡¿No es para tanto? ¡Apenas tengo 17 años!

- Uno nunca sabe, los jóvenes de ahora son tan precoses.

Matt sentía que lo ahorcaría sino fuera porque era su padre, ¿cómo se ponía a decir esas cosas? Para empezar ni siquiera estaba seguro de que Mimi le correspondiera, además de que los dos eran muy jóvenes para tener un hijo.

-Papá…

-Ya pues sólo bromeaba. ¿Y quién es ella?

-Ya te dije que es una amiga, su nombre es Mimi, se desmayó al salir de la escuela, por eso la traje.

Contestó Matt poniendo un plato de comida frente a su padre quien de inmediato empezó a comer, miró a la chica y después miró a su hijo que tenía su vista fija en la chica.

- ¿Y esta bien?

- Sí sólo fue un desmayo.

- Lo dices con tanta naturalidad que pareciese que fuese algo normal.

-Es que en ella eso es normal.

Hiroaki casi se ahoga con su propia comida, al principio sólo había querido molestar a su hijo cuando le pidió que no lo hiciera abuelo tan rápido, pero ahora estaba llegando a creer que si sería abuelo pronto.

-¡Matt debiste cuidarte! ¡Ahora que vamos hacer con tu novia embarazada!

Ahora el que había perdido los estribos era el señor Ishida quien después de recuperarse había comenzado a gritarle a Matt, seguro de que Matt había embarazado a la chica que se encontraba dormida en el sillón.

- ¡Ya te dije que no es eso!

Matt también gritó, su padre muy fácil lo sacaba de sus casilla con sus absurdas suposiciones, aunque pensándolo bien, la situación se prestaba para mal interpretarse.

-Además ella no es mi novia.

Hiroaki se tranquilizó con la respuesta de su hijo, giró su vista hacia la chica y la observó detenidamente, no se miraba que estuviera enferma, pero por lo que había dicho Matt y una vez descartada la opción del embarazo lo más seguro era que esa chica estuviera enferma de algo.

- Ella esta bien.

Dijo Matt al ver que su padre no quitaba la mirada de Mimi. Hiroaki volvió a verlo y lo reprendió con la mirada.

- No deberías tomarlo a la ligera, si se desmaya es por algo, tal vez debería ir a un doctor.

-Se lo diré.

Contestó Matt más que nada para tranquilizar a su padre, él conocía a la perfección que es lo que causaba aquellos desmayos, pero explicarlo resultaría algo muy difícil y poco creíble así que lo mejor era dejar las cosas como estaban.

Ambos caminaban por una de las frías calles de Odaiba, ya estaba empezando a nevar con mayor fuerza así que lo mejor para ambos era que se dieran prisa. Sora miró a su amigo que caminaba junto a ella el cual se miraba pensativo lo cual era algo extraño en Tai, él por lo regular hablaba mucho, pero ese día no se le miraban muchas ganas de hacerlo.

-¿Pasa algo?

Preguntó Sora mirando a su amigo. Tai levantó su rostro hacia la chica y esbozó una de sus ya conocidas sonrisas.

- No, todo esta bien.

Eso fue suficiente para Sora, y ambos continuaron caminando, Sora volvió a ver de reojo a su compañero y esta vez no pudo evitar sonreír, le alegraba que Tai la hubiera esperado ya que ella realmente odiaba los días en que se tenía que ir sola a casa, siempre extrañaba la compañía de su inseparable amigo, aunque en esos momentos le estaba empezando a preocupar que Tai estuviera tan callado.

Tai por su parte no había reparado en las curiosas miradas que le echaba su compañera, estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos para darse cuenta de que Sora lo volteaba a ver constantemente como si intentara adivinar que era lo que él pensaba aunque era claro que Sora nunca lo adivinaría, sino se había dado cuenta antes como se daría cuenta ahora que ella era y siempre había sido la dueña de los pensamientos de su amigo que en esos momentos se encontraba con su dilema de si era conveniente o no confesarle a Sora sus sentimientos por ella ahora que la pelirroja se había dado cuenta de los sentimientos de Matt hacia Mimi.

-He estado pensando en lo que pasó en noche buena.

Tai salió de sus pensamientos en cuanto oyó a Sora hablar, volteó a verla y vio que la chica tenía su mirada fija al frente sin atreverse a verlo y con un fuerte sonrojo en sus mejillas.

-Pienso hablar con Matt de nuevo.

Finalizó Sora con una sonrisa dirigida a su amigo que la miró sorprendido.

-¿De que hablas Sora?

Preguntó Tai aún atónito por las palabras de la chica.

-Pienso que la forma en que sucedieron las cosas no fueron las mejores, tal vez si habló con Matt sobre mis sentimientos siendo yo misma tal vez las cosas sean diferentes.

Tai detuvo su andar al oír aquellas palabras, ¿Sora pensaba intentarlo de nuevo? Creyó que con lo sucedido en noche buena a Sora le había quedado más que claro que Matt estaba enamorado de Mimi, definitivamente no había peor ciego que el que no quería ver.

-Tai no me mires así, me haces sentir que digo una locura.

Dijo Sora deteniendo su andar al ver que Tai se había detenido a verla como si ella estuviera loca y es que lo que le había dicho era una locura, era como un suicidio, en noche buena Matt había dejado más que claro su interés por Mimi, entonces ¿Por qué Sora se negaba a verlo?

-Es que Sora… pensé que después de lo sucedido en noche buena, dejarías en paz el asunto de Matt.

-Se supone que una vez que le hubiera confesado mis sentimientos a Matt yo debería de haber estado más tranquila independientemente de su respuesta porque por lo menos él ya sabría lo que siento, pero por como pasaron las cosas, siento que tal vez si hubieran sucedido de otro modo… tú sabes, serían diferentes.

Finalizó la chica desviando su mirada al suelo pero con una esperanzada sonrisa en sus labios de que tal vez podría pasar algo entre ella y Matt. Tai la miró preocupado, aquella forma de ver las cosas sólo lograría lastimar más a Sora, ella tenía que ver la realidad, y le dolía ser él quien tuviera que mostrársela.

-Pero Sora…

-Si bien Matt no me dijo que sí tampoco me dijo que no, más bien no hubo respuesta y decidimos no hablar de ello.

Lo interrumpió Sora aún con su sonrisa esperanzada en sus labios la cual mostró a su amigo junto con unas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos y que le dificultaron a Tai su tarea de abrirle los ojos a Sora.

-Sora si Matt estuviera interesado, ¿no crees que ya hubiera hablado contigo sobre el tema?

-¿Qué quieres decir con eso Tai?

Preguntó Sora borrando su sonrisa de sus labios y mirando de forma triste y acusadora a su amigo quien respiró hondo y continuó hablando.

-Es sólo que pienso que si Matt no ha querido hablar del tema es porque no quiere lastimarte.

-Sólo es tímido, ya sabes como es Matt, no le gusta demostrar lo que siente.

Contestó Sora negándose por completo a esa posibilidad y retomando su camino a casa. La pelirroja sentía como las ganas de llorar se acumulaban en su pecho y las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, comprendía a la perfección lo que Tai intentaba decirle, pero simplemente se negaba a escucharlo.

Tai suspiró al ver como Sora huía de él volviendo retomar su camino, sabía que sería difícil abrirle los ojos a Sora pero alguien tenía que hacerlo. Caminó hasta alcanzar a Sora y la tomó de la mano obligándola a detenerse.

-Sora lo que quiero decir es que…

-¡Sé lo que quieres decir Tai! Y no quiero escucharlo.

Sora se giró a verlo, se miraba molesta, y lo miraba a él de forma acusadora como si él tuviera la culpa de todo cuando lo único que quería hacer Tai era evitar que Sora se siguiera lastimando a sí misma.

-Pero Sora yo sólo quiero…

-¿De que lado estás Tai?

Sora se soltó bruscamente del agarre de su amigo que la miraba sorprendido por su reacción, Tai sabía que sería difícil abrirle los ojos a Sora pero nunca pensó que Sora estuviera tan negada a ver la realidad.

-Sora esto no es cuestión de lados y si lo fuera tú sabes que yo siempre te he apoyado en todo.

-¿Entonces por que no me apoyas ahora? Creí que eras mi amigo.

-¡Y lo soy Sora! por eso no quiero que te lastimes tu sola.

-Gracias pero ese es mi problema no el tuyo.

Sora volvió a girarse y volvió a retomar su camino dando largos pasos, quería irse y estar lejos de Tai lo antes posible.

Tai la miró molesto, estaba empezando a molestarle la actitud tan cerrada de Sora. La observó marcharse por unos segundos en los cual pensaba en los pros y en los contra que había en lo que él tenía pensado hacer. Vio como la chica ya llevaba una considerable distancia lejos de él y no lo pensó más, dijo lo que tenía que decir de la forma más clara posible.

-Matt está enamorado de Mimi.

Soltó Tai sin más, Sora detuvo su andar y permaneció sin voltearse a verlo por unos segundos, las lágrimas estaban empezando ya a salir de sus ojos y sus manos se habían empuñado en señal de evidente frustración.

-Eso no es cierto…

Murmuró la chica para después voltearse a ver con rabia a su amigo, sin darse cuenta estaba desquitando toda su frustración en él.

Tai caminó los pasos que lo alejaban de Sora sin intimidarse por la mirada llena de rabia y dolor que le dedicaba su amiga, no importaba que Sora lo odiara después de eso pero él le abriría los ojos antes de que ella terminara destruyéndose a sí misma.

- Sí lo es, el mismo Matt me lo ha dicho.

- ¡Mientes!

Gritó Sora en evidente llanto, Tai la miró, le destrozaba verla en ese estado, pero aún así el seguía firme, por el bien de Sora el tenía que ser el fuerte en esos momentos para sostenerla cuando ella se desmoronara.

-Es la verdad.

Contestó Tai con firmeza y Sora comenzó a llorar libremente, Tai se acercó a ella y la abrazó cambiando su firme tono de voz a uno dulce y tierno.

-Sora, sé que lo que te estoy diciendo duele pero no quiero que te lastimes, no sería buen amigo si dejara que fueras a hablar a Matt sabiendo que él quiere a otra.

-¿Entonces porque me dejaste hacerlo antes? ¿Por qué dejaste que me humillara así sabiendo que Matt no me correspondería?

Le reclamó Sora soltándose de su abrazo y viéndole con más coraje que la vez anterior.

-Porque sabía que lo necesitabas…

- ¿Necesitaba humillarme a mi misma?

-No, necesitabas sacar todo lo que tenías dentro, necesitabas saber que él lo sabía para estar en paz contigo misma, ahora que ya sabes que lo sabe olvídalo, él quiere a Mimi, no te sigas lastimando a ti misma.

Sora mordió sus labios y miró a Tai molesta, más que molesta estaba furiosa, ¿cómo se atrevía primero a darle ánimos para que fuera de tonta a decirle a Matt que lo quería cuando él sabía que Matt no le correspondía y ahora le decía que no debía decirle a Matt lo que sentía? ¿Pues a que estaba jugando Tai? Y ahora le salía con esa tonta excusa de que ella lo necesitaba.

-Tú no sabes nada.

Aquellas palabras de Sora calaron hasta el alma a Tai, la forma, el despreció y el coraje con que las había dicho le destrozaron el corazón pero el no se iba a dejar caer no ahora que Sora necesitaba que fuera más fuerte que nunca.

-Sólo intento ayudarte.

-Gracias pero no necesito la ayuda de alguien no comprende nada de lo que estoy pasando, que siempre ha tenido una vida perfecta y que no sabe lo que es amar a alguien que no te corresponde.

¿Qué no sabía lo que era amar a alguien que no le correspondía? Él más que nadie sabía lo que era vivir con un amor no correspondido, sabía lo que era tener que levantarse fingiendo que todo estaba bien cuando todo en su interior le gritaba que todo estaba mal, sabía lo que era tener que fingir una sonrisa cuando lo único que quería era llorar, sabía lo que era ver como la persona a la que se ama no te mira más que un amigo, él sabía todo eso y mucho más, así que no iba a permitir que Sora viniera y le dijera que no sabía nada del amor, cuando él más que nadie sabía lo que significaba amar a una persona y eso implicaba dejarla ser feliz.

Vio como Sora se giraba para emprender su camino nuevamente, pero esta vez no se lo iba permitir, no iba dejar que ella se fuera así como así, no después de lo que dijo. La tomó de la mano y la jaló hasta él para después acorralarla en una pared de uno de los locales que se encontraban por la acera. Sora lo miró sorprendida por su acto, pero eso no lo intimidó y clavó su mirada en ella para después acercarse a ella de una forma amenazante y atravesando toda línea que marcara el especio personal.

Sora estaba más que impactada por la actitud de Tai y por la forma en que la miraba, nunca antes había visto a Tai mirar de esa manera, era una mirada penetrante y firme, sintió como su corazón comenzaba a bombear sangre desenfrenadamente y sus labios se entreabrieron para protestar pero de su boca no logró salir nada, aún estaba demasiado impactada para decir algo.

-No vuelvas a decir que yo no sé lo que es un amor no correspondido, porque yo más que nadie sé lo que es eso, sé lo que es levantarte todos los días preguntándote qué hubiera pasado si se lo hubieras dicho, sé que se siente ver que todas las miradas y sonrisas que siempre soñaste que fueran para ti son dedicadas a otro que no las valora, sé lo que es fingir una sonrisa cuando por dentro te estas muriendo de celos, sé lo que es callar tu amor por esa persona sólo para que ella sea feliz y al segundo siguiente arrepentirte por haber callado, yo sé lo que se siente, lo sé porque yo mismo lo he vivido, así que no vuelvas a decirme que no sé lo que es un amor correspondido porque sí lo sé. No eres la única que ha sufrido por eso.

Tai dejo de hablar, pero aún así no alejó su mirada ni por un segundo de ella, era como si esperara una respuesta de Sora pero ella en vez de responder apartó su vista de él y la bajó al suelo, parecía querer comprender cada una de las palabras dichas por Tai. Tai por su parte aprovechó ese momento en que Sora bajó su mirada para detallar cada delicado rasgo en el rostro de ella que ante sus ojos era simplemente perfecto y deseó más que nunca confesarle cuanto la amaba pero Sora levantó su mirada hacia él y no era una mirada triste, ni tierna, era una mirada desafiante que demostraba que la chica estaba molesta.

- Yo no tengo la culpa de que tú hayas sido un cobarde.

Tai se alejó de Sora como si quemara en cuanto la escuchó decir aquella palabra que lo perseguía desde hace tiempo, la miró sorprendido y no supo que decir, él sabía que era un cobarde por nunca haberle dicho lo que sentía pero nunca pensó que oiría esa palabra de los labios de Sora.

-No por que tu no hayas tenido el valor de confesar lo que sentías significa que yo también tenga que callar como tu lo hiciste.

Tai apartó su vista hacia otro lado, aquella palabra dicha por Sora lo había dejado desarmado y vulnerable, tal vez Sora tenía razón, y ella no tenía que callar sólo porque él lo hizo, tal vez el único equivocado ahí era él que se escondía tras su cobardía y pretendía que todos fueran igual que él un cobarde.

-Yo sólo no quiero que te lastimes.

-No necesito de tú lastima.

Contestó Sora girándose para nuevamente emprender su camino, pero al igual que las veces anteriores la voz de Tai la hizo detenerse, esa era la última carta que usaba Tai para hacerla entrar en razón.

-Tal vez tengas razón Sora y yo soy un cobarde por nunca haberme atrevido a confesar lo que sentía, pero dime ¿Qué eres tú? ¿una masoquista? Ya le dijiste a Matt lo que sentías por él y nada salió de eso, dime entonces ¿Por qué te empeñas en hacerlo de nuevo si ya sabes el resultado? ¿Para que decirle a Matt que lo quieres cuando lo único que provocarás es que él te diga a la cara que no te quiere y que está enamorado de Mimi? Dime, ¿Para que quieres ese dolor?

Sora ni siquiera volteó a verlo esta vez, se quedó pensativa por unos segundos, ni siquiera ella sabía como responder a esa pregunta, sabía que en el fondo Tai tenía razón y que ese sería el resultado de lo que haría pero simplemente había algo en su interior que le pedía que lo hiciera.

-No pienso dar marcha atrás, no me importa lo que pienses o digas.

- Luego no digas que no te lo advertí.

Sora sonrió con amargura y esta vez si volteó a verlo.

-No te preocupes, no pienso decírtelo, después de esto dudo que nos volvamos hablar.

En ese momento sintió como el corazón se le desgarró por completo pero nada en su rostro o su actitud dio señas de ese dolor que sentía por dentro, permaneció sereno y con su fuerte mirada fija en la chica que se encontraba parada a unos cuantos pasos frente a él.

-¿Eso es realmente lo que quieres?

Preguntó de manera fría y sin titubeos.

-Creo que es lo mejor para ambos.

Respondió la pelirroja girándose para continuar con su camino no sin antes dedicarle una amarga sonrisa a su amigo.

Tai permaneció de pie aunque por dentro sentía que en cuestión de minutos se derrumbaría por completo, vio a Sora alejarse y poco antes de que la chica desapareciera de su vista se dio la vuelta para dirigirse al lado contrario Sora. Caminó unos cuantos pasos y dio un último vistazo a Sora, pero ella seguía caminando sin voltear atrás y ya era momento de que él hiciera lo mismo.

-Fue un placer coincidir en esta vida.

Susurró el chico sabiendo que después de que él se fuera de ahí, no había marcha atrás y las cosas no volverían a ser iguales, comenzó a caminar y dirigió su mirada al frente, ese día tomaría el camino largo a casa.

- Ya me voy hijo, tal vez llegue un poco tarde por la nieve.

Anunció el señor Ishida desde la puerta a la par que se ponía su impermeable.

-ajá

Respondió Matt desde la cocina mientras lavaba los platos que habían sido utilizados por su padre.

-Y no vayas a hacer nada de lo que te puedas arrepentir.

Hiroaki pudo ir como uno de los platos se rompía y sonrió al darse cuenta que había causado el efecto esperado en su hijo, Matt era tan predecible.

-Ya mejor vete papá.

Oyó que decía Matt desde la cocina y no pudo evitar ensanchar la sonrisa en su rostro.

-Esta bien, ya me voy.

Matt oyó como la puerta se cerraba, y recogió los pedazos del plato que había roto debido al imprudente comentario de su padre, hecho los pedazos en la basura, se secó y se dirigió a la sala para ver a Mimi. La chica seguía sumida en su sueño, y se miraba tranquila, pero a Matt ya le estaba preocupando que no despertara, llevaba más de una hora dormida.

Se puso de cuclillas frente a ella y acarició la mejilla de la chica, adoraba verla dormir, se miraba tan tierna y llena de paz, una paz que le transmitía a él con sólo verla.

Japón año 1600

Era una tarde de verano, y una Mimi de 13 años de edad se encontraba insistentemente intentando bajar una manzana de uno de los árboles del jardín del palacio. Se puso de puntitas y sólo alcanzó a rozarla, dio un pequeño brinco y logró moverla pero no pudo bajarla.

-¿Quieres que te ayude?

Preguntó una voz tras de ella, Mimi se giró y sonrió al ver unos ojos color zafiro que la miraban.

-Sí.

Contestó la chica con una sonrisa y Yamato sonrió complacido, le pidió a Mimi que se subiera a sus hombros y después la elevó para que lograra alcanzar la manzana. La castaña tomó dos de las manzanas que colgaban y después giró su vista abajo para ver a Yamato.

-Listo Yamato.

-¿Ya la tienes pequeña?

-Sí.

Yamato bajó a la castaña de sus hombros y juntos se dirigieron al árbol de cerezo para sentarse bajo su sombra, Mimi le dio una de las manzanas a Yamato y juntos comenzaron a comer.

-¿Ya no te molesta que te diga pequeña?

Preguntó Yamato después de observar a Mimi que comía feliz su manzana, aquella imagen de la chica lo había hecho rememorar años atrás cuando una situación muy parecida había pasado.

-No, después de todo ya acepté que siempre seré más pequeña que tú.

- Entonces de ahora en adelante te diré pequeña.

Respondió Yamato con una sonrisa para después darle una mordida a su manzana, Mimi lo vio y sonrió al parecer a Yamato en realidad le agradaba la idea de decirle pequeña y a ella no le incomodaba para nada, es más le gustaba ese apodo, era lindo y más porque él se lo había puesto.

- Puedes hacerlo, te doy permiso.

Contestó la chica con una sonrisa y ambos se echaron a reír disfrutando de la sombra de aquel viejo árbol y el sabor de aquellas deliciosas manzanas.

Japón año 2007

Matt se encontraba sentado en el sillón individual de su casa, con la guitarra en sus manos, dio un ultimo acordé y anotó lo que llevaba de la canción en un cuaderno que descansaba en sus piernas, una vez que terminó de anotar puso la pluma en su oreja y dio un par de acordes más pensando en cual sería la mejor nota con que se pudiera continuar la canción, ese día se sentía inspirado, y como no estarlo si tenía a su musa dormida en el sillón frente a él. Alzó la vista y la miró sonreír.

-Sólo para ti…

Susurró Matt con una sonrisa y regresó su vista a sus notas, apuntó algo más y continuó con la composición de aquella melodía, que tal vez sólo él llegaría a conocer.

Tai llegó a su casa azotando la puerta y con una cara de pocos amigos que su madre no le había visto desde hace mucho tiempo. Susumu observó a su hijo dirigirse a su habitación, Tai ni si quiera había saludado como solía hacerlo cada vez que llegaba es más ni siquiera había volteado a verla, ni preguntado que iba a comer, sólo había llegado, azotado la puerta y se había dirigido hacia su habitación.

-Hijo, ¿vas a comer?

Preguntó Susumu conciente de que el mayor de sus hijos no había pasado un buen día pero esperaba que la comida lo animara un poco. Pero Tai ni siquiera se digno a contestar sólo se encerró en su cuarto dejando a su mamá preocupada.

Aventó la mochila en la primer esquina que vio libre, se dejó caer pesadamente en su cama y cerró los ojos sólo para recordar lo que minutos antes había sucedido con Sora. "después de esto, dudo que nos volvamos hablar" aquellas palabras volvieron resonar en su mente, tan nítidamente como la primera vez que las oyó salir de los labios de Sora, ella había dado por terminada su amistad sólo por una tonta discusión sin sentido donde él lo único que quería era que ella no saliera lastimada.

Se giró quedando ahora acostado de lado y vio en su buró una foto de él y Sora con el uniforme de futbol, ambos tenían alrededor de once años, en ese entonces Sora solía jugar futbol con él y eran simplemente buenos amigos, las cosas eran más sencillas así, pero él tuvo que enamorarse de ella y arruinarlo todo, ni siquiera se dio cuenta de cuando sucedió, pero él terminó amando todo lo que decía o hacía la pelirroja.

Suspiró y giró su vista al techo, como quería regresar a aquel tiempo donde sus discusiones con Sora se limitaban a que equipo de futbol apoyar cuando hubiera algún juego o a discutir quién era el mejor goleador de la temporada, pero ambos habían crecido y sus intereses habían cambiado implicando ahora los sentimientos, él se había enamorado de ella y ella se había enamorado de Matt, no había más que hacer.

Oyó como tocaban la puerta de su habitación y de inmediato se sentó para ver a la persona que se encontraba en la puerta.

-Mamá dice que está lista la comida.

Le avisó Kari desde la puerta, Tai dijo algo de que en seguida iba y ella se fue no sin antes mirar de manera preocupada a su hermano, sabía que algo le pasaba a Tai, pero estaba segura de que él no se lo diría.

Kari bajó las escaleras y tomó asiento en su lugar en la mesa, su mamá había tenido que salir ese día así que no se pudo quedar a comer así que a Kari no le quedó de otra que esperar hasta que llegó Tai y tomó asiento en una de la sillas justo enfrente de ella para empezar a comer.

Era la comida más silenciosa en la que había estado, por lo regular a esa hora, Tai se la pasaba molestándola o intentando robar su comida pero esa vez parecía que su hermano no podía ni con su propia comida, algún problema muy serio debía tener su hermano para que se le quitara el apetito.

-El viernes iremos a tu escuela hermano.

Dijo Kari intentando hacer un poco de conversación en la mesa pero lo único que consiguió por parte de su hermano fue un desinteresado "ah" así que a la castaña no le quedó de otra más que seguir hablando.

-El equipo de T.K jugará y el equipo de porristas irá a apoyarlos, por eso iré yo.

Continuó hablando la menor de los Yagami, pero esta vez ningún tipo de respuesta obtuvo de su hermano, pareciese como si ella no hubiera dicho nada. Kari no protestó por la indiferencia de su hermano, sólo se le quedó viendo tratando de adivinar que era lo que lo atormentaba.

-Estaré en mi cuarto.

Habló Tai sacando a Kari de sus pensamientos y se fue, la castaña observó el plato de su hermano y vio que había dejado su comida casi intacta, no cabía duda algo le pasaba a Tai.

Miró el reloj colgado en la sala de su casa y después giró su vista a la chica dormida en el sillón, ya llevaba dos horas dormida y Mimi no despertaba, eso ya lo estaba empezando a preocupar, se preguntó si sería bueno despertarla, pero temía que algo le pasara si la llegaba a despertar teniendo una de esas extrañas visiones, lo mejor sería esperar un poco más.

Japón año 1604

Era verano, ambos se encontraban en el bosque cercas del palacio, ambos habían salido a dar un paseo a caballo y caminar un poco pero Mimi había pisado mal al momento de bajar del caballo y se había doblado el pie cayendo al suelo.

-¿Estas bien pequeña?

Le preguntó un preocupado Yamato de 18 años que se encontraba ahora arrodillado frente a ella con su mirada fija en el tobillo de la chica.

- Me duele.

Se quejó la chica, Yamato la tomó en sus brazos y la sentó en una piedra para poder examinar mejor el lastimado tobillo de Mimi.

-Iremos a casa y llamaremos al doctor.

Dijo Yamato al ver que con solo tocarla le causaba dolor a Mimi, aquello no podía ser muy bueno así que lo mejor era que la examinara alguien pronto. La volvió a tomar en sus brazos y se dirigió a su caballo.

Mimi lo miró y no pudo evitar sonreír, él siempre se preocupaba por ella y aunque a veces exageraba adoraba que lo hiciera ya que la hacía sentir que tenía a alguien con quien contar. No pudo resistirse más y depositó un beso en la mejilla de Yamato que lo hizo desequilibrarse por completo y tambalearse nervioso.

-¿Qué..? ¿Qué fue eso?

Preguntó en evidente nerviosismo el chico, Mimi rió por la actitud de su amigo y por las mejillas sonrojadas del rubio.

-Sólo quería darte las gracias.

Respondió la castaña con una sonrisa que fue correspondida por Yamato quien continuó caminando embelesado por la sonrisa de su amiga y sin darse cuenta dio un mal paso que lo hizo caer junto con Mimi y ambos rodaron por una pequeña loma hasta que se detuvieron en suelo firme.

Mimi abrió los ojos una vez que dejaron de rodar y se sonrojó notoriamente al ver a Yamato sobre ella en una forma que daba mucho de que hablar, sintió como su corazón palpitaba a mil por hora y se detuvo de repente al ver a Yamato abrir los ojos y fijarlos en ella a la par que las mejillas de él también se teñían de un color carmín, ambos permanecieron con su vista fija el uno en el otro sin poder apartarla y sin que nada más les importara.

-Perdona pequeña, ¿Te lastime?

Preguntó Yamato apartándose de ella pero aún sin ponerse de pie, los dos permanecieron sentados sin atreverse a verse a los ojos después de haber roto con ese profundo contacto visual que unió sus almas por unos segundos.

-Estoy bien no te preocupes

-¿Segura?

Preguntó Yamato alzando su vista preocupada hacia ella, Mimi lo miró y sonrió, posó una de sus manos en la mejilla de su amigo y lo miró con dulzura.

-Yamato tu nunca me lastimarías.

Aquellas palabras bastaron para calmar a Yamato que fijó su mirada en Mimi y sonrió por la respuesta de la castaña.

Japón año 2007

Comenzó a abrir los ojos lentamente, de nuevo ese terrible dolor de cabeza la asechaba, colocó una mano en su frente y abrió los ojos completamente, miró el techo y no se le hizo para nada familiar, ni siquiera un poco, giró su vista hacia un lado y vio que se encontraba en una casa en la cual nunca había estado, había una tele, una lámpara, otro sillón, una ventana, pero nada de eso le era familiar ¿En dónde estaba?

-Por fin despertaste.

Dijo Matt entrando desde la cocina hacia la sala, en dónde vio como Mimi se sentaba y examinaba el lugar con su mirada tratando de identificar donde estaba.

-¿Qué paso? ¿Dónde estamos?

Preguntó Mimi aún bastante confundida, Matt tomó asiento al lado de ella y le extendió el vaso de agua que había servido para él.

-Te desmayaste y estamos en mi casa.

-¿Otra vez?

Preguntó Mimi tomando el vaso de agua que Matt le extendía para después beber un poco.

-Sí pequeña.

Mimi apartó el vaso de sus labios y susurró aquella palabra que había sido la protagonista de sus visiones.

- ¿Pasa algo?

Preguntó Matt al ver que Mimi repetía aquella palabra y se quedaba pensativa.

-¿Por qué me dices así?

- No lo sé, sólo se me ocurrió ¿No te gusta?

Mimi sonrió al recordar sus visiones y miró a Matt dedicándole la más dulce de las sonrisas.

-Sí me gusta, me gusta mucho.

Respondió Mimi con una sincera sonrisa en su rostro, al parecer en esa vida y en la anterior, para Matt ella siempre sería su pequeña.

Siguiente capitulo:Una mala noche para dos- Publicación: viernes 28 de octubre del 2011

Mimato196

Mayo 2007